Gensitapotter: ¡Gracias! Me encanta esta pareja y decidí que hacerla hombre/mujer sería lo mejor para esta historia, pues se prestará para muchas cosas interesantes.
Para los fans de cierto ojerudo, aquí hay un vistazo de él.
Feliz año.
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La botella de crema golpeándose contra la pared fue cortesía de mi madre.
Al llegar papá a casa, mamá le contó que yo había besado a una chica de la academia y que le pedí ser mi novia, lo que causó gracia en mi padre, hasta que él se enteró de la identidad de ella, ante lo cual él alzó una ceja. Mamá se puso histérica cuando su respuesta al asunto fue: «es linda, trátala bien». Esa cena fue tan incómoda como la de la noche que le conté a mis padres que le pedí matrimonio a Naruko.
Toda mi vida, las riñas fuertes de mis padres ocurrían a puertas cerradas, lo que yo agradecía. Ya era bastante horrible oírlos.
—¡No quiero que se le acerque!
—¡No es su culpa! ¡Es solo una niña!
—Es peligrosa.
—El sello es perfecto, ¡el Yondaime era un genio!
—¡Mi respuesta es no!
—¡Le gusta a Shikamaru! ¡Tú eres la que dice que hay que permitir que él se desenvuelva! Debiste verlo, caminó hacia ella en línea recta.
—¿Cómo sabemos que ella no lo manipula?
—¡¿Estás loca?! ¡Es una mocosita!
Me tapé el rostro con la almohada, sabiendo que no funcionaría. ¿Qué iba a hacer? El único método de contentar a mamá era inaceptable: abandonar a Naruko. No, me niego, me susurré con valentía, recordando sus lágrimas. Nunca volvería a dejarla sola, no permitiría que llorase.
Para ello, necesitaría trazar el plan.
Con suavidad, saqué el pequeño cuerpo de mi yo de 7 años de debajo de las mantas de algodón. Oculto dentro de la funda de mi almohada estaba el cuaderno que usaría para escribir el plan, lo puse ahí por practicidad, pero en el día tendría que entregárselo a Naru.
La luz de la luna no era mucha, era noche menguante, pero me bastaba. Del interior de los aritos del cuaderno saqué un lápiz amarillo y escribí casi a ciegas.
Matanza Uchiha, debe ocurrir. Itachi aliado. Danzo vivo hasta el ataque de Orochimaru, ese día se le puede matar junto a Sasuke y culpar al Sannin.
Hay que entrenar estos años. Seguir siendo los peores alumnos para no llamar la atención.
Fruncí el ceño, no se me escapaba un ligero detalle.
Iruka debe volver a querer a Naruko.
Lo que significaba que las bromas debían continuar, pero no supe si sería efectivo o no. Iruka-sensei empatizó con Naruko debido a sus mutuas soledades, pero Naruko no estaría más abandonada, por lo que era mi deber encontrar otra forma de unirlos.
Escondí el cuaderno y el lápiz al oír los pasos de papá. La cama chirrió al acostarme, manejar ese cuerpo era una prioridad.
Papá abrió la puerta y no entró, sino que se recostó en el umbral.
—Disculpa, ¿te despertamos?
—No he dormido —mi respuesta evasiva igual lo hizo sentir mal, por lo que fui directo al grano —. ¿Por qué pelean?
—No es una pelea, tu madre y yo no siempre estamos de acuerdo en todo.
Su evasiva tampoco funcionó en mí.
—¿Es por Naruko?
—Sí, pero también por las palabras que le dijiste a la maestra. ¿Dónde aprendiste ese vocabulario?
—En la calle.
Papá alzó una ceja.
—Bueno, no lo repitas, es grosero.
—Trataré papá.
—Bien —asintió creyéndome —. ¿Qué pasó con esos besos?
Me encogí de hombros.
—Naruko es bonita.
—Sí, mucho, muy linda, sin embargo, los besos son cosa de los grandes, no es apropiado que lo hagan.
—Trataré.
Papá volvió a sonreír.
—Presiento que no harás ninguna de las dos.
Le enseñé mis dientes.
—Lo siento. Le seguiré diciendo malas palabras a los maestros si se meten con Naruko y a ella la volveré a besar si eso hace que Naruko se sienta feliz.
Mi padre se limitó a suspirar.
—Eres un buen niño. Cierra los ojos y duerme, Shikamaru.
—Sí, papá.
Esta vez sí le hice caso.
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¡Despierta!
—Ah.
Abrí los ojos de golpe, sentándome del susto que me causó el grito interno de Kurama. Las luces estaban apagadas, la ventana no filtraba luz, era de noche, sabría Dios que horas.
Tenemos un problema.
—¿Naruko-chan? —alcé la cabeza siguiendo la voz del ANBU —. ¿Todo bien?
—Sí.
Mito Uzumaki se equivocó.
Me quedé fría. Me aferré a mi sábana con fuerza, horrorizada de lo que estaba escuchando.
—¿Segura, cariño?
—Yo... tengo ganas de orinar.
—Pues ve, Naru-chan.
Asentí con torpeza. Rígidamente, me retiré mis sábanas y me bajé. Sin calzarme, caminé a oscuras hasta la habitación del baño y encendí la luz de esta. Encerrada, sentada en el inodoro con mi vestido de dormir alzado en mis caderas, esperando que saliera algún líquido de mí, susurré:
—¿Cómo que ella se equivocó?
Desperté hace unas horas y traté de pensar en una estrategia o alguna cosa para ayudarles a ustedes, pero empecé a tener recuerdos de sucesos que yo no viví.
¿A qué te refieres?
Te vi sentada con unos Jounin en un bar, siendo tú una niña. Eso jamás ocurrió, ¿cierto?
No.
¿Entonces qué era este mundo? ¿Un poderoso Genjutsu? No, Kurama no sería tan estúpido como para...
No nos auto-encerré en un Genjutsu. Este mundo es real, pero no es nuestro mundo. Aquí hay cosas distintas.
Esto me estaba dando miedo.
Explícame.
Cuando intento pensar en Akatsuki, llegan a mi mente imágenes que no son mías. Hay un nuevo miembro en Akatsuki.
Sigo sin entender.
Naruko, este mundo no es nuestro mundo. Estamos en otro... otro mundo.
Mi vida era una puta locura.
Un mundo que no es nuestro mundo.
Sí. Y es diferente.
¿En qué?
La tecnología, aquí hay más. El sujeto ese, Zabuza, no existe, Haku murió de niño...
¿Cómo sabes eso?
Te lo dije, estaba tratando de recordar las cosas que vivimos para saber qué hacer a futuro, pero me apareció la memoria de una mujer muriendo al dar a luz, su hijo no nació, y luego sale Haku, él murió de hambre en un puente en el invierno en el que se quedó huérfano.
¿Y la Tierra de las Olas?
Eso no cambia, es igual. El empresario enano va a hacer lo mismo, Tazuna existe, todos ellos existen y están haciendo lo mismo que antes.
No entiendo... ¿por qué no retrocedimos?
Es que sí lo hicimos, estamos en el pasado, pero no en nuestro pasado. Algo salió mal en el jutsu.
Dijiste que era cosa de Mito Uzumaki.
Es cosa de ella. El jutsu está mal porque ella lo creó mal.
¿Cómo se crea un jutsu?
Con sellos y mucho estudio. Los sellos... voy a analizar los sellos. Duérmete.
Bromeaba, ¿no? ¿Cómo quería él que me durmiera?
¿Qué crees tú que es?
Una realidad diferente.
Del puro pánico, logré orinar.
0oOo0
En la mañana, tras un tenso desayuno donde papá no apareció, caminé a la academia con Choza y Chouji. El chisme de mi beso voló a una velocidad atemorizante.
—Así que, dando besos, ¿eh? —y el adulto rió fuertemente. Chouji se le unió.
—Unos cuantos —contesté maliciosamente. Los ojos de Choza-san brillaron.
Debía guardarme para mí mi sarcasmo y comentarios mordaces.
—¿Y exactamente a quien besaste? A Chouji se le olvidó su nombre.
Como respuesta, Chouji se rascó la cabeza riendo entre dientes.
—Naruko Uzumaki.
El resto del trayecto, Choza-san permaneció en silencio. Al día siguiente que le propuse matrimonio a Naruko, y la noticia se corriese, los Jounin me trataron con bastante frialdad, lo que fue muy confuso. Ya Kakashi era receloso y arisco conmigo, pues él fue el único que supo que yo era el novio de Naruko, pero al enterarse de nuestro compromiso me vio con dureza y me pasó de largo. Los chicos de nuestra generación, que sí estaban emocionados, no entendieron el comportamiento de los mayores de la aldea. Fue Naruko quien me lo explicó.
—Yo soy la hija del Yondaime Hokage, su única hija. Los Jounin y ANBU me criaron en remplazo de papá, a distancia, por supuesto, pero me vieron crecer. Así como un padre se enoja al enterarse que su hija se marchará de su hogar para vivir con otro hombre, ellos se están enojando contigo a nombre de mi padre. Quieren que yo continúe siendo la niña del Yondaime.
—Ya eres una mujer.
—Soy joven y una hija para ellos.
—De malas, serás mi esposa. Si no quieren entender que eres una mujer, te haré mujer frente a ellos.
Ese recuerdo me hizo sonreír, tuvimos una bonita boda. Y nuestra noche de bodas… uf. No era por el sexo, nosotros compartimos momentos íntimos antes y, de hecho, ni siquiera tuvimos sexo esa noche, nos dedicamos a hablar y a soñar acostados en el piso de su vacío apartamento; ella ya había mudado sus cosas a mi casa, donde vivimos un par de años. Ella y yo queríamos una casa grande, con un jardín donde yo pudiese cultivar plantas medicinales y criar ciervos, ella sería Hokage, yo un Jounin retirado que jugaba al Go todo el día. Mencionamos a los hijos que nacerían luego de matar a Sasuke y a los miembros de Akatsuki.
Sonó tan fácil, suspiré internamente.
Las risitas de Ino y el resto de chicas no se hicieron esperar al momento de sentarme junto a Naruko en las mesas del salón. Me recosté inmediatamente en la tabla, con sueño, pero fui tironeado con brusquedad por mi esposa. Ella, frenéticamente, me arrastró fuera con una cara que no daba opción a refutarle.
A Naruko le temblaron las manos al contarme lo que estaba sucediendo.
—¿Una realidad diferente? ¿Eso es posible?
Naruko asintió con vacilación.
—Kurama siguió revisando, parece ser que no se puede retroceder en el tiempo con ese jutsu.
—Pero esto —miré a mi alrededor: el techo de la Academia —. Esto es real.
—Sí. Kurama lo describe como dos ríos con un fuerte caudal separados por un margen de tierra minúsculo. Nosotros estábamos en uno de los ríos y necesitábamos ascender, pero no podíamos nadar contra corriente, así que el chakra nos hizo cruzar el río en línea recta hasta llegar al margen de tierra, en el que sí podíamos caminar. El chakra nos hizo ascender hasta el punto de tiempo que necesitábamos y ahí ocurre el error.
—¿Nos fuimos por el otro río?
—Sí. Mito se equivocó en los cálculos.
—¿Cómo descubrió todo esto Kurama? ¿A qué vienen sus... destellos de esta realidad?
—Parece ser que aquí el Kyubi recibió en su creación poderes videntes.
Parpadeé.
—Eso es bueno —jodidamente bueno.
—Sí... hay cambios, Shika.
¿Por qué sonaba tan asustada?
—¿Qué tipo de cambios?
—No lo sé, no muchos, Kyubi dice que los ríos son hermanos, pero... tengo miedo. El mundo que dejamos continua. Shika, nos fuimos, los dejamos a todos.
Oh.
—Naru... mi amor, no había mucho que recoger allá —extendí mi mano y sujeté la suya. La miré a los ojos, esos hermosos ojos azules —. Estaremos bien, saldremos de esto juntos.
Naruko me sonrió lentamente.
—Kurama me está hablando. Dice que las diferencias son mínimas, pero que no hagamos ningún tipo de cambio porque si no las cosas se ponen borrosas.
—Está bien. Sin cambios.
Tras el regaño infernal que nos metió Iruka sensei por llegar tarde, ocupamos nuestros asientos sin dejar de ver a la mujer desconocida junto a la mesa del docente. Era una Chunin que yo no recordaba.
—Repetiré para todos. Ayaka-sensei es nuestra nueva docente que remplazará a Yuki-sensei, quien lamentablemente tuvo que retirarse de la Academia. Ella les dictará las materias de…
Maldita sea.
Hace cinco minutos nos dijeron específicamente que no hiciéramos ningún cambio, ¿y qué fue lo primero que hicimos? Un puto cambio.
—Es algo menor —argumentó Naruko en el almuerzo, el cual tomamos en la azotea de la academia, sentados en el suelo y usando una banca de mesa —. Kyubi dice que no importa.
—Lo sé, pero… es peligroso. No sabemos que pueda desencadenar esto —medité con inquietud —. No podemos causar diferencias o todo se saldrá de control —ahí me detuve, notando que Naruko tenía un arroz en la comisura de su boca. Ella comía de un bento prefabricado, una obvia señal de un ANBU sin inclinación por la cocina cuidándola esa noche. Por inercia, tomé el grano con mis palillos y se lo introduje en la boca a Naruko.
Ella me sonrió. A lo largo de la mañana Naruko se calmó, indiscutiblemente apoyada en las palabras de Kurama, quien seguro debía de estar adaptándose a este mundo, er, realidad.
—Así no pasaremos de incógnito —se burló.
—Lo siento, no puedo evitarlo —sonreí perezosamente. Pues si Kurama la tenía a ella tan calmada, yo podía relajarme.
—¿Recuerdas la vez que hiciste algo similar sin saber que Ino observaba?
—Sí, fue un trozo de carne, a Ino casi se le estalla la cabeza. Le hizo un show a Sai por no ser tan gentil y caballeroso.
—Te pasaste el resto de la tarde con cara larga —rió.
Hice una mueca.
—No me gusta ser demostrativo, disfruto mimarte, pero en privado.
—Y yo disfruto siendo consentida… gracias —se inclinó hacia mí. Compartimos un beso antes de retomar a nuestro almuerzo —. Kurama insiste que sin cambios.
—Es lo mejor. ¿Por qué?
—Hinata. Quisiera ayudarla.
Ah sí, la cruel infancia de Hinata.
—Lo siento, princesa. Lo mejor es que no. Ella ya sobrevivió a ello una vez, podrá hacerlo de nuevo.
—Yo hablaba con ella —me recordó —. Nos sentábamos juntas en las clases de kunoichis y me copiaba de sus exámenes. Ella me enseñó la forma de comprar sostenes.
—Ustedes dos se desarrollaron jóvenes —murmuré —. No lo sé, amor. Si Kurama dice que las similitudes son inmensas, trata de comportarte como la última vez y de no cambiar mucho. Ahorita en el salón te doy el cuaderno que debes esconder.
—Ajá.
0oOo0
A lo largo de la mañana obtuve una paz interior respecto a lo que ocurrió. Mi miedo y susto disminuyeron conforme yo respiraba. Quizás mi realidad quedó hecha ruinas, pero tenía ante mí la oportunidad de salvar esta realidad, de proteger a esta gente, a estos amigos tan similares a los anteriores.
Esa tarde Shika y yo no pudimos ir al parque porque fue su mamá quien lo recogió. En su lugar, me fui a mi apartamento a merendar y hacer mi tarea. Ahora yo no andaba con un cuaderno en mi mochila, sino con seis, siete contando el que me entregó Shikamaru. En total eran más de 15 cuadernos, uno para cada asignatura, y en el día veíamos 6 materias. Como hoy tocó historia del mundo ninja, mi tarea era respecto al Primer Hokage y la guerra que se lidió en su tiempo; yo también tenía deberes de matemáticas, una investigación sobre lo que era el chakra y dibujar un mapa de la Tierra del Fuego.
El mejor lugar para hacer las tareas era la biblioteca, pero no supe si hacerlo o no, pues generalmente yo no presentaba mis tareas en la Academia. Bueno, primero me daría un baño y luego pensaría en qué hacer.
Seguía resultándome chocante ver en la ducha un pecho plano, un estomago redondo y una vagina suave como nalga de bebé. De joven tuve un cuerpo atlético, era la más fuerte de mi generación, eso gracias a mis constantes bromas y carreras huyendo de los Chunin. Y, siendo franca, la musculatura me serviría más que un mapita sobre mi país.
Sin mucha importancia por el pudor, obvié la ropa interior y me coloqué un short negro que, francamente, era lo mismo, especialmente en este cuerpo de mocosa, debajo de un vestido azul claro que alguna vez me regaló el Sandaime, mas que yo me abstuve a usar en el pasado porque no lo encontraba útil. Eso nunca más ocurriría.
Salí de mi apartamento con unas monedas que me alcanzarían para una botella de agua y un paquete de globos de colores.
Me alejé de mi apartamento unas 20 cuadras antes de dejar de correr; ese cuerpo se me estaba cansando. Tomé la ruta al este, donde quedaba la gente de bien, o sea, de dinero, como la familia de Sakura, la de Ino y el clan Hyuga, aunque ellos se hallaban más al norte, a casi 30 cuadras del centro y de la zona rosa de la aldea. Konoha conocía a su Jinchuriki, todos me miraban con fastidio, detestándome por aparecer y recordarles su tragedia. De niña los odiaba, de adulta los comprendía y me apenaba por ellos.
Necesité de entrar a tres tiendas para que alguien se dignase a venderme el paquete de globos y la botella de agua; en el trato hacia mí, esta realidad no se diferenciaba de la otra. Mi idea era simple, rellenar los globos con el líquido y tirarlos desde los tejados, escapando por ahí; no obstante, antes de verter la primera gota, recordé la sed que tuve antes de este loco viaje. Mierda, enserio era loco.
No, no usaría el agua. En su lugar, opté por devolverme a mi casa, conseguir refresco y usar eso, o al menos ese fue el plan que se me destruyó al toparme en el camino con una personita que en esta nueva vida no me conocía, no que a mí me constase: Itachi Uchiha.
Háblale. Es el mismo de nuestro mundo.
¡Sí!
Lo emparejé en la calle y me le quedé viendo; él irremediablemente me notó, por lo que me sonrió. Itachi fue un buen tipo al que forzaron a ser lo peor de lo peor.
—Hola —balbuceé acercándomele y acompañándolo sin esperar una invitación.
—Hola.
Él no era más que un niño, a su edad yo dormía como piedra y apenas controlaba un puñado de jutsus. Me sorprendía que Itachi no se hubiese suicidado tras hacer lo que hizo. A mí no me iba a pesar matar a Sasuke, salvo porque eso heriría a Itachi.
—Eres muy guapo. ¿Cómo te llamas?
—Itachi Uchiha —me sonrió con amabilidad. La ruta por la que él iba era al oeste. Al este quedaba la gente importante y de dinero, al oeste el clan Uchiha.
—Itachi... ¿te puedo decir Tachi?
—Claro.
—¿Eres ninja? Claro que lo eres, tiene una hitai-ate —señalé con risa. Ser una tonta a los 6 años estaba bien visto —. ¿Qué rango tienes?
—Te diré si me prometes no decirle a nadie —dijo en susurro, jugando al misterioso. Yo asentí —. Soy un ANBU.
—¡Mentiroso! —me reí —. Los ANBU son un montón de adultos, además yo conozco varios, te habría visto antes.
—Es que me oculto muy bien —continuó el juego.
—¡Itachi! —la voz regañona nos sorprendió a ambos. Esta procedía de un hombre de aspecto severo.
—¿Quién es ese? —pregunté, pero me ignoraron. Nos paramos en la calle, mas no era una hora concurrida y no estorbábamos.
—Buenas tardes, padre.
Ah, así que él era Fugaku Uchiha.
—Te estamos esperando desde hace rato. Deja de hablar con esa niña y vente.
—¡Oiga! Esta niña tiene nombre, viejo amargado —le grité. Itachi ocultó su sonrisa ante el ceño de su papá.
—Tsk, que molesta.
—Tsk, que molesto —le devolví el insulto imitando su tono de voz —. Adiós Tachi... no, espera —sujeté su muñeca. Una idea maliciosa cruzó por mi mente.
Después de todo, ¿cuándo tendré esta oportunidad de nuevo con Itachi Uchiha?
—¿Sí?
—¿Me das un beso de despedida?
Shikamaru iba a matarme cuando le contara. Por su parte, Itachi soltó una risita y su padre un bufido.
—Despídete de la mocosa esa y ve a la casa que tenemos algo importante que discutir.
—Sí padre —tras inclinar la cabeza, me volteó a ver con humor —. Ay niña, en que líos te metes.
—Soy Naruko —le tendí la mano izquierda, la derecha la ocupaba con la botella de agua. Riendo, Itachi extendió su mano izquierda con poca naturalidad; nadie estrechaba la mano izquierda.
—Mucho gusto, Naruko —al dar el apretón de manos, Itachi se inclinó y besó mi mejilla izquierda. Él olía muy bien —. Fue un placer, ya nos veremos.
—Claro. Ve con tu histérico padre antes de que se le explote la próstata.
Ups. No, ay no.
Itachi me miró con rareza, sonrió vacilante y se marchó.
Dije próstata, ¿qué niña de 6 años sabía lo que era la próstata?
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—Creo que me descubrieron —me reí del susurro de Naruko. Ella insistía en sentarse junto a mí en las clases, tan cercanos que nuestras piernas no dejaban de tocarse.
Me encantaba.
—Es realmente muy difícil que nos descubran —respondí en voz baja aprovechando la ausencia de Iruka. Los viajes en el tiempo que terminaron siendo paseos entre realidades dichos por una niñata que aún no mudaba los dientes solo traerían risas.
—Le dije a Itachi Uchiha que se fuera con su padre antes de que a él le explotara la próstata. Itachi me miró raro, él sabe que no es una palabra normal.
Fruncí el ceño.
—¿Y tú qué hacías con Itachi Uchiha?
—Engañarte —se rio. ¡¿Qué?! —. No pongas esa cara, Shika, es broma. Solo me dio un beso.
¿Estaba hablando enserio?
—¡Naruko! —me quejé —. Te dije que no cambiáramos nada —la regañé en susurro.
—Es que me lo encontré y Kurama dijo que le podía hablar. Recuerda que igual tenemos que tenerlo de nuestro lado, lo anotaste en ese cuaderno.
—¿Lo leíste?
—Anoche. Matar a Sasuke será fácil, pero hay que entrenar para matar a Danzo.
—Lo sé. Hoy iniciamos —tomé entre mis dedos un mechón de su cabello —. ¿De verdad te besó?
—No te pongas celoso —se burló de mí —. Fue un besito en la mejilla.
—Siempre te gustó Itachi.
Naruko me miró con ternura y se recostó en mi hombro para murmurar en mi oído:
—En mis fantasías solo estás tú.
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—No me gusta.
Aprovechando que tenía la mañana libre de mis ocupaciones y Shikamaru se encontraba en la Academia, me senté con Yoshino a debatir todo este asunto de Naruko Uzumaki.
—Ni a mí, pero te lo digo, fue al verla que caminó hasta ella.
—A Shikamaru no le gustan las niñas, nunca quiere juntarse con Ino porque cree que tiene piojos. ¿Qué posee Naruko de diferente?
—No lo sé. Tal vez fue que la vio vulnerada.
—¿A qué te refieres?
—Todos los adultos empezaron a alejar los niños de ella —me encogí de hombros —. La pobre lucía muy herida y Shikamaru la miró justo en ese momento.
—Sigue sin gustarme. Meterá en problemas al clan.
—Escucha: Hiashi, Fugaku y el resto estuvieron ahí, vieron y escucharon a Shikamaru hablar sobre el cabello de Naruko. Si me dicen algo, les recordaré que fue cosa del niño y que yo simplemente no estoy interviniendo.
—¿Y la aldea? ¿Qué pasará cuando todos se enteren que el heredero Nara está... enamorado de la niña biju?
—Hey, hey, hey —sacudí mi mano indicándole que le disminuyera al tono —. Estás loca, ¿quieres a los ANBU acá? Yoshino, son niños —mas eso no la convencía —. Está bien, no pienses en Shikamaru y su felicidad, piensa en el deber.
—¿El deber? —pidió indignada.
—Sí, el deber. Esa niña nos salvó la vida, sin ella no hubiéramos tenido la más mínima oportunidad de sobrevivir. Le debemos eso a ella y a sus padres. No olvides quién venía a esta misma casa cada viernes a cocinar contigo trufas, porque era la madre de Naruko, tu mejor amiga, no una cualquiera.
—No necesitas recordármelo.
—Pareciera que sí. Dime, ¿tu miedo te ciega? Es la hija del Yondaime y de una princesa del clan Uzumaki, por linaje ella bien podría ser princesa de Konoha, igual que Tsunade-sama. Su gente fundó nuestra aldea y mujeres Uzumaki preservaron al Kyubi asegurándonos un arma por generaciones. Se le tiene una deuda inmensa a Naruko Uzumaki, así la aldea no quiera admitirlo; y si mi hijo la hace feliz, los dejaré estar juntos. Fin de la discusión.
—¡¿Cuál fin de la discusión?! ¡¿Es que no me entiendes?! ¡Tengo miedo!
—¡Claro que te entiendo! —estampé mi palma en la mesa del comedor —. ¡Cada vez que la veo recuerdo a la bestia! ¡Pero no puedo culpar a esa niña! ¡No puedo!
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Bostecé ampliamente en clase y me recosté en mis manos. Iruka me miró de mala manera y continuó con su explicación de... no sé, un tema ahí. La clase era aún más aburrida de lo que recordaba; Naruko continuaba con sus sellos y caligrafía, ella necesitaba un pulso perfecto antes de atreverse a colocarles chakra o podrían explotar. ¿Qué me ponía a hacer yo? Necesitábamos entrenar, esta teoría no...
—Naruko —susurré.
—¿Hum?
—Escapémonos en el almuerzo —sugerí —. Llevémonos a Kiba y a Chouji, lo más probable es que se atrasen y los capturen, dándonos tiempo de huir.
—Shikamaru, vil general, ¿sacrificarás a los peones sin dudarlo? —dijo con asombro y burla.
—Niños, silencio —nos riñó Iruka.
Tratando de no hacer tanto ruido, nos reímos. Naturalmente, no nos iríamos sin haber almorzado, por lo que nos sentamos con los muchachos... er, los niños.
—Quisiera que mamá me empacase BBQ —protestó Chouji al abrir su tercer bento y descubrir que en ninguno tenía su preciada carne —. Solo tengo pollo, huevo, arroz, miso y verduras.
—Yo tengo ramen prefabricado, créeme, lo mío es peor —le comentó Naruko.
—A mí ni me veas, me mandaron pescado —Kiba arrugó el rostro.
—Yo traje carne, te la cambio por tu pollo —negocié. Me daba igual comer una cosa o la otra, además, la sazón de la mamá de Chouji era espectacular —. Estoy muy aburrido en estas clases.
—Es horrible, ¿cuándo podremos pelear? Yo quiero romperle la cara al tonto ese.
Miramos en la dirección que la quijada de Kiba señalaba, era Sasuke. Ellos se llevaron muy mal toda la vida y en esta realidad eso era una constante.
—Te apoyo —musitó Naruko —. ¿Y si nos escapamos de la Academia?
Chouji, con su boca llena, no pareció muy convencido; él se nos uniría cuando yo lo hiciera. Kiba, por supuesto, lució encantado.
—Hasta que dices algo inteligente, Uzumaki. ¿Cómo le hacemos?
—Bueno, podemos escondernos antes de que suene el timbre y quedarnos ocultos —propuso mi esposa —. Una vez no se halle nadie en el patio, corremos a la parte de atrás y salimos.
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Mi plan era estupendo, obvio. Los niños, esos idiotas de rostro lindo y rechoncho, nos creyeron a Shika y a mí cuando les dijimos que nosotros nos ocultábamos en el baño exterior porque quedaba bien atrás y ellos nos podían avisar de que no había moros en la costa mientras avanzaran al muro trasero, saliendo los cuatro juntos.
—Esto es demasiado arriesgado —murmuró Shika contra mi boca.
Claro que yo no perdí el chance de arrinconar a mi esposo en un cubículo y abordarlo.
—Los ANBU confiaban mi seguridad a los Chunin que dan clases —me distancié de él y puse la posición de manos de tigre —. ¿Qué tan buenas son tus reservas de chakra? —impulsé mi chakra y me transformé en mí... no, no en mi yo de 6 añitos, sino en la mujer de 29 años con gran busto y trasero firme que llegaría a ser.
—Soy un Nara, no un civil —y, ofendido, me imitó.
Era una ilusión, pero igual no tuve problema en sujetar ese rostro perfecto y besarlo. Shikamaru era un caballero y un hombre cabal, yo notaba su renuencia a tocarme en mi cuerpo infantil, no obstante, teniéndome de grande...
—Auch —protesté al ser estampada de frente contra la pared del cubículo. Por respuesta, Shika me dio una nalgada y se restregó contra mí, permitiéndome sentir su erección.
—Tenemos que escaparnos de esos putos ANBU un día de estos. Me niego a ser célibe hasta que cumplas los 16.
—De mi parte, una vez tengamos 12 y tú un tamaño medianamente decente... ¡oye! —me reí al sentir que me volvía a golpear.
En la cama, Shikamaru era una mierdecilla mandona. Oh, solíamos tener sexo silencioso y tranquilo, nos acostumbramos por tanto tiempo en su casa, pero a solas y con tiempo, a mi Shika se le ocurrían los mejores juegos y asumía una actitud de macho que me derretía.
Sonó la campana justo a tiempo para que Shikamaru se le acabase su chakra.
—Maldita sea —gruñó. En su tamaño actual, él me llegaba a mi ombligo —. Agh, tengo que entrenar.
—Y yo —admití —. Me cuesta regular el chakra —solté mi trasformación y volví a mi nuevo tamaño —. Este lugar huele horrible.
—¿Qué querías? Es el baño de los hombres. El de las mujeres quizás huele a fresas, pero ustedes no salen de allá.
Bufé. Tras un par de minutos, tocaron a la puerta y la voz de Kiba se coló adentro.
—Todos están en clases —la emoción del niño era palpable.
Salimos riéndonos. Lo mejor de ser una niña era el vivir en paz, el no conocer de una mayor preocupación que esos pequeños problemas referentes a las tareas escolares, el comer verduras y el irse a dormir temprano. Como se predijo, ya en el muro que separaba la Academia de la calle, nos descubrieron.
—¡Oigan! ¡Alto! ¡Niños!
Shikamaru, el más fuerte, logró escalar y sentarse en la cima del muro, pero mis brazos débiles no eran capaces; yo sufrí mucho por esto en mi primera vida, pues mi cuerpo, por más chakra que tuviese, no dejaba de ser el cuerpo de una mujer y fisiológicamente éramos más débiles, lo que se reflejó en que solo Kiba y Shikamaru lograron escalar el muro por su cuenta, cuando por edades deberíamos tener la misma fuerza.
—Ayúdalo —le indicó Shika a Kiba, señalando a Chouji, mientras él a mí me tendía la mano, jalándome para subirme.
Cómicamente, por el peso de Chouji, Kiba y él se cayeron. A mí Shikamaru me sostuvo con fuerza y me ayudó a llegar a la cima del muro, desde dónde nos tiramos.
—Corre —no supe cuál de los dos lo gritó más fuerte, pero salimos a semejanza con una estampida de rinoceronte, internándonos en la urbe de Konoha.
Con los Chunin detrás, nos lanzamos en la multitud buscando un escondite; Shika lo halló antes que yo y me tironeó dentro de una tienda de plantas sin clientes.
—Hola, buenas tardes —la ancianita que atendía nos vio con sus ojos cubiertos por cataratas.
—Buenas —saludé —. Solo estamos mirando.
—Oh, muy bien hija.
Con Shika nos fuimos al fondo, detrás de esos pinos sembrados en materos que nos llegaban a los muslos. Aguardamos unos minutos, mas no apareció nadie dentro de la tienda. Al salir descubrimos que logramos perder a los instructores de la Academia. Shika y yo no nos lo pensamos dos veces y corrimos como alma endemoniada a los campos de entrenamiento.
—Estoy harta de ser tan débil, no me voy de aquí hasta no sentir que mejoré —determiné en el campo #7.
Con el conocimiento de lo que debíamos hacer, fue fácil organizarnos en un estiramiento breve, pues el cuerpo caliente ya lo teníamos con semejante carrera. Patear el tronco resultó horroroso, nuestros cuerpos eran idénticos al de un bebé: frágil y quejicas.
—No —desistió Shikamaru en algún punto, con moretones en las piernas —. Chakra.
Así que nos movimos a ejercicios de chakra. Eso de sostener una hoja en la frente sería eternamente mi mayor dolor de cabeza, pero le dio descanso al cuerpo y eso nos benefició mucho para continuar entrenando y luchando entre nosotros hasta que Shikamaru se detuvo de golpe.
—¿Qué?
—Naru... es de noche —comentó anonadado examinando el cielo.
¿Eh?
—¿Y qué pasa?
—¿Cómo que «¿y qué pasa?»? ¡Mis padres!
Ups. Ja, ventajas de crecer sola: yo no le debía nada a nadie.
Acompañé a Shika mutuamente comentando de nuestra hambre; sí, la sentimos por la tarde, pero creímos necesario aguantarla y de una vez irnos acostumbrando de nuevo a ser funcionales en medio de las necesidades. Detuve mis pasos frente a la casa de Shikamaru, rodeada por miembros de la policía Uchiha, y de dónde su madre surgió histérica.
—Adiós —me reí dando un paso hacia atrás.
—¡Oye!
—¡Shikamaru!
Uich, ¿eso fue una cachetada? No me quedé a averiguar. Corrí y corrí, ahora sí muy agotada, en vía a Ichiraku. El restaurante fue para mí como una visión angelical: comida.
—Bienvenida —me saludó el chef cuando entré.
—Buenas... ¡Iruka-sensei!
—¡Naruko!
Su grito debió despertar a las palomas.
