Gensitapotter: Quise hacerlo un poco diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en las historias de viaje en el tiempo, en especial porque siempre noto que cuando uno se apega a la línea original no hay sorpresas. ¿Los atacaron tras pasar el charco de agua? Obvio. ¿El ANBU es en realidad aliado de Zabuza? Bah, ya lo sabíamos. Y así con todo lo demás, en cambio al hacer giros de tuerca me puedo divertir haciéndolos sufrir a ustedes. Y no se confíen de las cosas que dice Kurama, las decisiones que tomen después los personajes cambiarán las predicciones del Zorro, un ejemplo de esto (sopiler) va a ser lo que ocurrirá con Itachi en los cuatro años de diferencia entre la matanza y los Exámenes Chunin.
Abril Elena: Gracias por sus dos comentarios, me alegra que le guste el fic. Jajaja, bueno, no lograremos enterarnos exactamente de cómo fue el castigo de Yoshino-san, hoy tenemos un salto de tiempo de un año. Yoshino y Naruko van a seguir conflictuando: la mujer (Yoshino-san) nunca superó su muy entendible miedo hacia Kurama, por lo que no quiere a la niña cerca de su hijo, con el tiempo, como ya imaginarán, considera que Naruko es una mala influencia, por lo que tampoco los quiere juntos, sin embargo, Shikaku apoyará a la pareja.
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Los meses pasaron y nuestra nueva vida continuó. Yoshino-san aún me odiaba, eso era algo que no iba a cambiar; si no se acostumbró a mi presencia en los dos años y medio que vivimos en su casa, ella ya era caso perdido y por mí estaba bien, me molestaba que eso hería a Shikamaru, pero pues... se salía de mis manos. Las cosas marcharon como debían según Shika y Kurama, aunque yo no recordaba mucho de mis años en la Academia.
—Hinata en solitario, Kiba rivalizando con Sasuke, la rivalidad de Ino y Sakura, la cantidad de alumnos... sí, luce idéntico, Naru —me explicó el moreno.
Nuestras conversaciones ocurrían en lugares abiertos y solitarios, como los campos de entrenamiento. La hoja del cuaderno terminamos arrancándola y quemándola, preferimos grabarnos la información y no arriesgar tanto. Dentro de mi apartamento, en las pijamadas ocasionales que nos permitían Shikaku-san, nos dedicamos a fingir ser niños, lo que resultó sumamente divertido. Un infante no ocultaba nada, era franco y nadie esperaba menos de él o ella; yo podía reírme hasta caer por un chiste malo de Shika y los ANBU ni parpadearían.
Fue muy divertido, pero la realidad tocó a mi puerta saliendo de la Academia. Se suponía que me iría sola, Shikamaru iba a jugar un partido de futbol con los demás niños varones y yo no estaba invitada; en mi infancia, me forcé a participar en esos juegos, mas en estos momentos realmente no me importaba mucho, prefería que Shikamaru tuviera un tiempo con sus amigos. Debido a esto, me sorprendió cuando él apareció por mi espalda tomando mi brazo.
—Se acerca el verano —dijo.
—Lo sé.
Shika miró a nuestros alrededores y se inclinó para hablarme muy cerca.
—La matanza.
Ah. Cierto.
—Aún no tenemos a Tachi en nuestro bolsillo. ¿Hablaremos con el Hokage?
—Sí. Hay que hacerlo de una vez. Tú lo conociste mejor que yo, ¿a qué horas está libre?
—Pues... en las tardes se dedica al papeleo, debería de estar desocupado.
—Entonces vamos.
—¡Shikamaru! —los dos volteamos ante el llamado de Chouji.
Mi esposo luchó por no hacer un deje de fastidio. Chouji era su mejor amigo, pero ellos de niños eran... agotadores.
—Hola. Hey, am, olvidé que tenía que ir a un sitio justo ahora.
Chouji, más cerca de nosotros, se desanimó.
—¿Es muy urgente?
—Sí, lo siento amigo. Jugamos mañana.
—Mmm, bueno.
A veces dolía mentirles, solo eran niños. Los adultos ya les fallaban bastante, no era necesario que los otros niños los defraudaran.
—Chouji —lo llamé —. Iré el domingo con Shika al río, ¿quieres venir?
Los ojitos del gordito se iluminaron.
—¡Sí!
—¡Genial! Nos vemos.
—Adiós amigo.
—Hasta luego.
Deshaciéndonos de Chouji, emprendimos la caminata hasta la torre Hokage. Siendo la Jinchuriki del pueblo, el Hokage trataba de estar pendiente de mí, así que las secretarias y los demás sabían que yo tenía acceso libre a la oficina del Sandaime, solo deteniéndome cuando este se hallaba reunido con alguien. Dado que ninguna de las tres secretarias me indicó que aguardara, entré a la oficina «como Pedro por su casa» con un tímido Shikamaru siguiéndome.
—¿Hm? Oh, Naruko-chan, Shikamaru-kun, que placer verlos por aquí. ¿Se acordaron de este pobre viejo?
Le sonreí al Sandaime, a quien solía referirme como...
—Hola abuelito —emocionada, troté a su lado y le di un abrazo. Joder, me hizo falta el Sandaime; yo no dejaba de apapacharlo cada vez que lo veía. Con su muerte, noté todo lo que él hacía por mí y la forma en que me cuidaba. Shika se quedó allí parado con un rostro serio, recordándome la tarea que debíamos cumplir —. Abuelito, ¿me puedes hacer un pequeño favor?
—Claro, el que se te antoje.
Me paré en puntas para acercarme a su oído.
—¿Podrías pedirles a los ANBU que se alejen? Tengo que contarte un secreto.
Abuelito rio.
—¿Y tú cómo sabes de los ANBU ocultos? —mas no le di respuesta. Inquieto, él hizo la seña con su mano que daba la orden a los ninjas de alejarse —. ¿Niños?
Me separé de mi abuelo y me paré junto a Shika.
—Sandaime-sama —empezó él —. Mi nombre es Shikamaru Nara, tengo 30 años. Ella es Naruko Nara-Uzumaki, de 29 años de edad. Provenimos de un futuro alternativo con un final apocalíptico. Nos transportamos a este lugar, justo en el día que iniciábamos la Academia, con el objetivo de salvar este mundo.
El anciano se nos quedó mirando y se echó a reír.
—Ay niños, han estado leyendo mucho.
—Mi padre es Minato Namikace, Yondaime de esta aldea, y mi madre es Kushina Uzumaki, una princesa de la Tierra del Remolino que vino a Konoha para ser Jinchuriki del Kyubi.
La alegría del Hokage se evaporó gradualmente.
—¿Quién te dijo todo eso? ¿Kyu...?
—¿Kyubi? No, esta información no proviene de él. Le diré algo que Kurama, Kyubi —le aclaré —, no conoce. En estos momentos estamos al borde de un golpe de estado ejecutado por el clan Uchiha, pero usted ya halló una solución: pedirle a Itachi que mate a todo su clan.
—Le estamos diciendo la verdad, Sandaime-sama.
El hombre se lo pensó un par de segundos, abrió la boca, la cerró y la volvió a abrir.
—Si esto es cierto, ustedes ya llevan un año en este...
—Mundo. Llamémoslo realidad.
—En esta realidad, sí. ¿Por qué? ¿Qué pasó en la de ustedes?
—Guerra. Hay un grupo de ninjas renegados que se están uniendo en...
—¿Akatsuki?
—Sí, Akatsuki —suspiré —. Tuvimos enfrentamientos, en uno de ellos murió su líder, pero nuestra aldea quedó completamente destruida. Empezamos a cazarlos uno a uno, hasta terminar, entonces llegó Sasuke Uchiha, un renegado de Konoha, y él volvió a destruir nuestro pueblo, en el proceso dañando varias aldeas. Logré matarlo, pero... era muy tarde. Entre el daño que hizo Sasuke y el que generó Akatsuki, el mundo ninja estaba en ruinas.
—¿Sasuke Uchiha, el hijo de Fugaku? ¿El hermanito de Itachi?
—Sí, ese niño que hoy usted ve será uno de los mayores traidores que tendrá Konoha —dije con fastidio.
—¿Por qué hasta ahora me lo dicen?
—Queríamos cambiar lo menos posible —habló Shikamaru —. Permítanos explicarle, Sandaime-sama.
Así que le contamos todo: la invasión de Orochimaru, su muerte, Tsunade, Akatsuki, el odio de Sasuke y su traición, mi viaje, la guerra, las atrocidades de Sasuke y de los otros ninjas renegados, lo que hizo Danzo, la muerte de Konohamaru y el enredo que ocurrió con el jutsu de Mito Uzumaki.
—Esto es un horror.
—Nosotros tenemos un plan, aunque quisiéramos advertir a Itachi.
—¿Para matar a Sasuke?
—No —dije con fuerza —. A Sasuke lo mato yo.
Shikamaru me sujetó la mano pidiéndome que le bajara al tono. Yo le sonreí.
—¿Puede llamar a Itachi y a mi padre? Dos cerebros Nara piensan mejor que uno.
—Dos cerebros Nara piensan mejor que diez —se burló él llamando a los ANBU —. Traigan a Itachi Uchiha y a Shikaku Nara, es urgente.
—Sí señor.
Los dos hombres aparecieron en pocos minutos, nosotros nos habíamos sentado. Esos cuerpos débiles no aguantaban nada.
—¿Nos mandó a llamar, señor? ¡Shikamaru! —jadeó sorprendido mi suegro.
El Hokage volvió a mandar lejos a los ANBU.
—Cuénteles lo que me dijeron.
Y volvimos a relatar toda la historia, dejándolos con la boca abierta.
—Pero, ¿cómo es posible? —solicitó el Nara.
—Mito Uzumaki desarrolló este Jutsu por temía que Madara Uchiha continuase con vida. Y Kurama se lo aprendió, así nos trajo acá; aunque hubo un error en el procedimiento, el resultado es casi igual al esperado.
—¿Quién es Kurama? —quiso saber Itachi.
—El Kyubi, ese es su nombre real.
—¿Y cuál es el plan que tienen ustedes?
—Tratar de cambiar lo menos posible y esperar a los exámenes Chunin, allí aguardar a que Orochimaru ataque y se arme el revuelo para matar a Sasuke, luego matar a Orochimaru y, si se puede, matar a Danzo y a muchos miembros de Ne, todos los que se pueda; esperamos también que usted sobreviva —aclaró Shika al Hokage —. Luego, dedicarnos a buscar a Tsunade para que cure a Lee, uno de nuestros compañeros que quedará gravemente herido en los combates preliminares y que será fundamental en la guerra; y continuar con esta tratando de que Pain no destruya la aldea.
—Muy bien. ¿Cómo se supone que matarán a Danzo? Tendrán solo 12 años de edad y, por lo visto, tendremos que enfrentarnos incluso a un Biju ese día.
—Pues... —musité —. Yo esperaba que tal vez Itachi hiciese una visita y, ya saben, tumbara más de una cabeza en el proceso, incluyendo a Danzo. ¿Hay una posibilidad de nombrar a Itachi un miembro de la aldea luego del ataque? Digo, aclarar que fue lo que pasó y...
—No —nos interrumpió el propio Itachi —. No quiero ensuciar el nombre de mi clan.
—Amigo, créeme —dije —. Tú eres lo único bueno que ha parido ese clan. Además, estás enfermo, creo que en eso no hubo variación de una realidad a otra. Aún no debes tener los síntomas, pero para salvarte necesitaremos a Tsunade.
—¿Enfermo de qué? —solicitó el Sandaime.
—Se quedará ciego y hay algo en sus pulmones, no sé muy bien qué. Contamos con suficiente información de los Akatsuki para que su espionaje no sea...
—No —me interrumpió Shikamaru —. Naru, te lo dije, sin cambios.
—¿Te parece justo con este pobre muchacho?
—No, pero... es mejor no cambiar tantas cosas. ¿Y si alteramos algo?
—Kurama revisó esta realidad de pies a cabeza, él sabe lo que va a pasar.
—¿Y ya le preguntaste que pasaría si permitimos que Itachi vuelva a la aldea? —me sonrojé, no lo había hecho —. Tú y tus aceleres.
—¡Oye!
—Hey —nos interrumpió Shikaku —. ¿Podrían explicarme algo de una vez? ¿Qué es eso de Nara-Uzumaki?
—Ah... es que nos casamos, tenemos casi una década de matrimonio.
El Hokage dejó caer la mandíbula y mi suegro abrió los ojos. Itachi nos sonrió.
—¡Eso es fantástico!
—¡Por eso están juntos a cada rato!
—Sí papá —y mi esposo me miró —. Pregúntale al Kyubi, a ver si se puede.
Dile que sí, ya vi lo que sucederá. Itachi tendrá un futuro aquí, vivirá hasta muy viejo y se casará por amor con la amiga tuya.
—¿Mi amiga?
Hinata Hyuga.
—¡No inventes! —chillé emocionada.
—¿Qué? —pidió Shikamaru sonriendo.
—Si se queda aquí, Itachi incluso se va a casar, y por amor, no por un arreglo.
—Felicitaciones niño —comentó mi suegro.
—¿Y puedo colaborar a la aldea matando a Danzo?
En lugar de responderme, Kurama me brindó una visión.
Orochimaru estaba muerto, el Hokage de pie y los ANBU lo rodeaban. De sorpresa, Itachi apareció con su clásico traje ANBU y una banda de la aldea, todo empapado en sangre, y tiró a los pies del Sandaime el cadáver degollado de Danzo.
Los ANBU y los Jounin que fueron a apresarlo se detuvieron ante la mano alzada del Hokage.
—Misión cumplida, Sandaime-sama. Todos están muertos.
—Tan eficiente como de costumbre, Itachi.
—Joder, va a matar a todo Ne.
—Muy bien, eso responde. Itachi volverá a ser un miembro de la aldea, luego miraremos cómo ocultar la verdadera razón de la matanza.
—¿No hay forma de salvar a Sasuke?
—Espera pregunto —sonreí.
Creo que se podría lograr si...
—No, lo siento. Lo consumirá el odio.
Y no sentí ningún pesar por mi mentira. Planeaba matar a Sasuke con toda la sevicia que él usó para matar a nuestra gente.
(Las visiones de Kurama no son exactas, cambian según los personajes interfieran o decidan cosas distintas en el futuro.)
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Salí de la torre Hokage sujeto a la mano de mi padre, acción a la que me acostumbré. Papá me vio con curiosidad, mas no me habló al respecto sino hasta cuando no estuvimos en casa, frente a frente en el tablero de Go.
—Ya entiendo tu cercanía con Naruko. ¿Qué edad tenías cuando ocurrió la boda?
—20 años.
—¿Y qué dijo tu madre?
Sonreí.
—Lo que te imaginas: no estuvo de acuerdo. Vivimos con ustedes dos años y medio, nos mudamos luego a una casa cercana al complejo Nara. Tú me ayudaste a pagar mi parte de los muebles.
—¿Dos años y medio?
—Parte de mi sueldo se lo pasaba a Kurenai-sensei. Ella quedó embarazada de Asuma-sensei, mi sensei, quien murió, pero como no estaban casados ella no contaba con una pensión y se le complicaron las cosas. Papá, ¿ahora sí das tu autorización para que yo duerma más seguido en casa de Naruko?
—Hay ANBU todo el tiempo mirando.
—Lo sé, se los retiraron cuando cumplió 12, aunque aún no se había graduado. Danzo ya no la consideraba una herramienta apta para su Ne y no existían más peligros para ella. Tranquilo —le sonreí —. No voy a su casa para eso, es que... extraño amanecer con ella a mi lado.
Papá me sonrió con suavidad.
—¿Puedes mostrarme tu verdadera apariencia con un henge?
—Claro.
¿Qué daño podría hacer? Mi verdadera apariencia era con el uniforme Jounin, el rostro lampiño, mis orejas perforadas carentes de aretes y mi cabello más largo, siendo mi altura similar a la de mi padre, quien en este momento me sonreía con orgullo.
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Me acostumbré a alternar entre pantalonetas y vestidos; de cualquier forma, hubiese dejado en descubierto mis pantorrillas, así que no tendría para culpar de mi caída y raspón en la rodilla derecha a nada más que mi torpeza. De ser más joven, los ninjas que estuviesen cerca de mí me habrían levantado y me habrían recomendado lavar la zona herida, una vez entré en la Academia esas gentilezas se acabaron.
Los ninjas que por respeto a mi padre intentaban cuidarme a la distancia eran bastante básicos en ese aspecto: yo era indefensa hasta que me empezase a preparar como ninja, después tenía que endurecerme y hacerme fuerte.
Me levanté por mi cuenta del piso y flexioné con cuidado mi pierna derecha, examinando el raspón. Salvo por la tierra que soplé con cautela, no era más que una herida normal, un feo golpe que sangraría un rato y después Kurama sanaría.
Continué caminando y llegué a Ichiraku, donde Iruka-sensei me esperaba. Mi relación con mi maestro no era igual a la de antes, pero se hacía lo que se podía. Por ahora, él me consideraba una presencia tolerable que le preguntaba de temas de clase en el restaurante y le contaba historias ficticias de mis supuestos juegos de muñecas.
—Bienvenida.
—Hola señor Teuchi —saludé al tendero —. ¿Y su hija?
—En clases.
De joven, Ayame estudiaba en una escuela nocturna tres noches a la semana y un asistente le colaboraba a Teuchi.
—Ah... hola Iruka-sensei.
—Hola Naruko... estás sangrando —notó soltando sus palillos.
—Ah sí —me encogí de hombros —. Es que me tropecé. No importa, ya se cerrará. Yo me curo muy rápido —chasqueé mis dedos —. Así de rápido.
Iruka-sensei, entendiendo mi indirecta, pero creyendo que yo ignoraba la misma, asintió tragando saliva.
—¿Qué te sirvo hoy, niña?
—¡Un miso ramen de cerdo!
—Enseguida.
—Deberíamos limpiarte la rodilla —insistió mi profesor.
—Estaré bien. Iruka-sensei, préstame tu banda ninja.
—No, ¿cómo se te ocurre? Esto solo lo pueden portar los ninjas.
—¿Y de dónde vienen las bandas? Se me olvidó.
—Esto lo vimos en clase —me riñó para proceder a contarme toda la historia. Me agradaba escucharlo, era tranquilizante.
Tras la llegada de mi ramen, aparecieron por ahí más shinobis. Era la hora pico y todos buscaban lugar para meter la cabeza y llenar la panza. Mi comida estuvo deliciosa y me quedaba espacio para más.
—Segunda ronda —pedí entregando mi cuenco al chef.
—Muy bien, comerás luego —determinó Iruka-sensei —. Esa rodilla tuya está terrible. Dale el plato para llevar, Teuchi. Vamos, te curaré en tu apartamento.
—¿Qué? No, no quiero, no me gusta el alcohol —hice un mohín —. Arde.
—Esa es la única forma de curarte y asegurarnos que no haya infección.
—No es la única —murmuré malhumorada. Enserio ardía ese corte, ¿dónde estaba Kurama? Ah, seguro que tan profundo en su sueño que él ni notaba lo que ocurría. Puse mis manos enfrente y fingí no recordar la posición que ya nos habían enseñado en clase —. ¿Cómo es que es la del Tigre?
—Con los dos dedos —Iruka me sonrió —. Naruko, tú no sabes jutsus médicos.
El ninja junto a nosotros se rio. Teuchi-san puso el plato para llevar frente a mí y se quedó a mirarme con las manos en la cadera.
—Vamos Naruko-chan, quiero ver un Jutsu.
—Lo siento, no me sé ningún Jutsu, Teuchi-san, pero no necesito un Jutsu para curarme —admití sin pena.
—¿Entonces qué se supone que haces? Deja de evadirme, tengo que aplicarte alcohol.
—Nah, solo... vamos despierta —pude haber hecho eso en voz baja o sin hablar, pero... agh, no lo sabía, yo... cuando me graduase de la Academia dejaría de jugar a la niña débil y quería dejarlo claro de una vez. ¿Ese sería un cambio muy grande? Ojalá no o Shika me regañaría —. Despierta, saco de pulgas.
¿Cómo te duermes tan profundo en este mundo, Kurama-chan?, lo regañé.
Déjame ser feliz unas horas. No te va a pasar nada.
—¿A quién...? —con duda, Iruka-sensei no completó su pregunta.
—Generalmente está despierto o dormitando —expliqué bajando las manos. Kurama me gruñó —. Y se asegura de que mi salud esté bien, él tenía que estar muy profundo para no notar el corte, pero ya se despertó.
—¿Quién?
—Kyubi —dije con simpleza, volteando a verlo. Teuchi brincó en su puesto, el asistente dejó caer algo en la cocina y el ninja junto a mí se levantó horrorizado, los otros me estaban mirando con pánico. El único civil en el restaurante se echó a temblar —. ¿Qué? Creí que todos los mayores sabían del Biju.
—Naruko, silencio —ordenó Iruka-sensei —. Ese tema se encuentra bajo pena capital, incluso para ti.
—Lo siento. Como sea —me encogí de hombros y tomé una servilleta —. Mire —usé el papel para limpiar mi herida, la carne rosa ya estaba cerrada, en un rato luciría normal; Teuchi y los otros se inclinaron para examinar el raspón. Mi sensei ni se inmutó, tal vez fue una mala idea dármelas de franca —. No se asuste.
—¿Cómo no quieres que me asuste si tú lo despiertas tan campante? —me riñó con verdadero enojo. Los demás estaban pendientes de mi respuesta, excepto Teuchi, quien volvió a su oficio.
—No es peligroso, hay una gran jaula que lo encierra, la que construyó el Yondaime —miré a Teuchi verter el contenido de mi ramen para llevar en un tazón —. El sello que fabricó ese señor es increíble.
—Yondaime era un genio —estuvo de acuerdo el ninja a mi lado sentándose.
—Sí —sonreí —. Debió ser un gran tipo —me habría encantado hablar más con mi papá, pero era algo de lo que ya no podía lamentarme —. Iruka-sensei, ¿le conté que me regalaron una nueva muñeca? Es de porcelana y es ¡tan linda!
Fue un obsequio de un ANBU que yo apostaba que era Kakashi. Iruka me sonrió con duda y me continuó la conversación. Bueno, objetivo cumplido: me mostré ante él, y los demás, como la Jinchuriki que conocía de su destino, pero a la vez seguía siendo una niña pequeña juguetona y algo afeminada.
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Yo no sabía que pensar de Naruko, en ocasiones lucía inofensiva, tanto, que ella me hacía avergonzarme de ese odio que por un tiempo le tuve, pero luego hacía una broma y se ponía desagradable y yo me volvía a estresar. Sin embargo, analizándolo justamente, tanto sus aspectos más agrios eran los propios de una niña alegre y algo frívola, mas esa soltura con la que Naruko habló del Kyubi, eso me superaba, aunque ella no parecía notarlo.
Pobre, debió acostumbrarse a la presencia de ese monstruo.
—Iruka-sensei, ¿usted me puede hacer un favor? —pidió sujetando mi pantalón.
Por costumbre, la acompañé a su casa. Al principio ella no quería, era muy recelosa, pero entró en confianza. Su precaución era algo muy sabio e innecesario, los ANBU no eran nada discretos cuando se trataba de decirle a alguien «ponle una mano encima y te la cortaremos».
—Dime Naruko.
—¿Usted sabe dónde puedo comprar tinta, pinceles y papel?
—¿Quieres pintar?
—No, es que estoy estudiando unos sellos que vi en mi libro de clases, pero uno de los ANBU dijo que no funcionarían en una hoja con cuadritos, como la de mis cuadernos, y que era mejor con tinta que con lápiz.
—¿Te gusta el sellado? Es una rama compleja de los jutsus.
—Me llama la atención. Me han dicho que mi apellido tiene que ver con ninjas de sellado.
—Sí, los Uzumaki, un clan extinto —esos ANBU eran muy lenguas flojas —. Hablaremos de ellos el siguiente año, cuando iniciemos el estudio de las líneas de sangre.
—Ah... ¿sí sabe dónde comprar los pinceles y el papel?
Claro, ella continuaba pensando en lo suyo. Como dije, frívola, ni siquiera le importaba que existiese un clan con su nombre y una posible familia para ella.
—Sí, tienes que ir a un lugar que venda materiales ninja.
—Creí que sería mejor en una papelería.
Me reí entre dientes.
—Lo más adecuado es en una tienda ninja porque sus materiales son específicos para la creación de sellos.
—Ah, bueno sensei.
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Iruka-sensei se equivocaba, papeles vírgenes eran mejores para los trabajos de sellados, pero era entendible, ningún ninja se desarrollaba adrede como experto en sellos, ellos se facilitaban la vida simplemente usando unos papeles prefabricados. Que yo recordase, en la Academia solo nos enseñaron tres sellos: el explosivo, el de almacenamiento de víveres y el de armas, los tres con capacidades minúsculas e insignificantes.
A lo largo de mi vida, el sellado fue para mí una herramienta que más o menos cobraba protagonismo por su dificultad, pero vi hermosísima esa rama de la vida ninja cuando me permitió pagar mi parte de la amueblada de mi casa: aprendí sellos para cadáveres y así vendí el cuerpo de Kabuto, Zetsu y de otros Akatsuki, haciéndome rica. En esta realidad, planeaba robar el cuerpo del ninja renegado que nos tocase enfrentar en la Tierra de las Olas mientras Kakashi y los otros durmieran para empezar a amasar una fortuna a mi nombre.
Y para lograr semejante hazaña, yo necesitaba práctica. El conocimiento teórico lo tenía bien grabado en la cabeza, el problema era la ejecución.
—¿Me acompañas a la papelería? —pedí a Shika extendiendo mi mano en su dirección. Hoy no lo recogían, Konoha era lo suficientemente segura para que los niños que salían de la Academia se devolvieran solos para sus casas.
—¿Qué vas a comprar?
—Un diario.
Mi esposo alzó una ceja.
—¿Un diario?
Con un diario, los ANBU ni se molestarían en mirar el contenido, asumiendo que eran los pensamientos estúpidos de una mocosa.
—Sí, un diario rosa con corazones.
Shikamaru masculló algo inentendible, pero que parecía ser un: «esto no me lo pierdo» y tomó mi mano.
—Vamos pues, Naruko-hime.
Al rato nos soltamos de las manos, detestábamos ir así de agarrados.
Shikamaru fue quien eligió la papelería, ya que comentó que él conocía el lugar perfecto para mí. Considerando mi primera infancia, donde renegué de la feminidad, y mi adolescencia escandalosa, en la que varios de los nueve novatos se asombraron de descubrir, o recordar, que en realidad yo era mujer, resultaba supremamente irónico que el lugar al que se refiriera Shika era una tienda rosita en la que sería más fácil ubicar a Sakura e Ino que a mí.
Mi condenado esposo, burlón, me señaló el interior, retándome a entrar.
—Muy bonito —dije con sorna para provocarlo. De hecho, no era tan feo, solo exagerado: parecía vómito de unicornio.
Pasando por alto que las madres alejaron a sus hijas de mí y que las dependientes ni se nos acercaron a preguntar en qué nos podían ayudar, el trato fue agradable; al menos nadie me insultó. La sección de cuadernos incluía cuadernos en colores metalizados, portadas con tela de felpa y hojas con olores frutales.
—Mira, justo para ti —divirtiéndose de lo lindo, Shikamaru me enseñó un cuaderno repleto de felpa rosa con un corazón fucsia.
—Ok, no puedo con esto —dije —. Tal vez algo naranja.
—No, Naruko-hime, este me parece más indicado.
Bufé y se lo quité de las manos. Con una sonrisa le enseñé su contenido.
—Lo necesito liso y este tiene hojas rayadas.
Shika agrió su rostro y me rapó la agenda de las manos.
—Encontraré el cuaderno con hojas blancas y con la portada más ridícula que exista —me aseguró yendo a revisar cada una de las estanterías.
La pereza Nara se le espantaba a Shikamaru de tres formas: sexo, él siempre estaba listo para el sexo; burlarse de mí o consentirme. Cada mañana, con un amor incuestionable, Shikamaru me sentaba en la cama de espaldas a él y me trenzaba el cabello para que «no me fuese a estorbar en el entrenamiento», a sus palabras. Y cada noche me lo soltaba él mismo, era un placer que no se ahorraba ni por más cansado que estuviera.
Suspirando como una idiota, recibí de él un cuaderno rosa chicle con pegatinas y hojas blancas.
—Eres malo —me quejé.
—Dame un beso —pidió en voz baja.
—¿Me lo pides después de conseguirme esto? —sacudí el cuaderno junto a nuestras cabezas.
Shikamaru asintió y se acercó, muy confiado de que recibiría su pedido. Obvio lo besé, un simple piquito en los labios que no alterase demasiado a la gente por ver a dos niños de la Academia intercambiando fluidos.
—Ten.
El chillido emocionado que solté era vergonzoso, pero... el idiota de Shika sacó de detrás de su espalda un cuaderno naranja terroso, liso y con un cordón para cerrarlo. Era hermoso.
—Idiota —él se rio de que yo lo empujara —. Que malo eres.
—Mamá me trajo hace unos días mientras acompañábamos a una amiga de ella. Lo vi y supe que te encantaría.
Abochornada, me encaminé con él a la caja. El dinero que me daba el Sandaime era un más que suficiente para vivir con lo justo; afortunadamente, mucho del mercado que llenaba mi despensa y la nevera no era comprado con mi dinero, sino con el de los ANBU y los otros ninjas que solían dejar regalos o dulces. No era tan extraño que, cuando un ninja que sabía de quién yo era hija, y buscaba mostrar sus respetos a mi padre, regresara de sus viajes al extranjero con vestidos, comida o artículos variados, como perfumes, a veces incluso armas.
De ser yo un hombre, las cosas habrían sido distintas. Una niña desamparada generaba mayor coraje en los varones que un niño. Si yo hubiese sido hombre, a nadie le habría asustado que me fuesen a violar y los ANBU y diversos Jounin no me vigilarían con lupa, sacrificando horas de preciado descanso; ellos tal vez me hubiesen dejado un par de carritos de juguete, pero no mucho más. Un hombre debía valerse solo, especialmente un hombre criado en un pueblo ninja, pero una mujer no dejaba de ser mujer así fuese criada por lobos, por lo que obtuve un mejor trato.
¿Era una actitud machista? Sí, pero dentro del machismo, las mujeres contábamos con unos privilegios que me fueron dados a lo largo de mi infancia. Quizá no tuve familia o cariño humano, pero no me faltó nada y en mi mesa siempre encontré comida salubre y caliente, y eso era más de lo que la mayoría de Jinchurikis obtenían.
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Llegó el día, el fatídico día de la masacre Uchiha y yo continuaba con un deje de sospecha. Kiba comentaba sobre un truco que le enseñó a hacer al perro de su hermana; él aún no obtenía a Akamaru. Por una vez entre mujeres, Naruko se sentó con Hinata y, de lo que yo veía, mi tímida compañera disfrutaba del cambio.
—Discúlpenme —dije antes de recordar que estaba con niños y que podía ser maleducado.
—¿A dónde vas?
—Sí, ¿ya extrañando a tu novia?
Ignoré a Chouji y a Kiba. Desde esa zona de la cafetería lograba ver a Sasuke comiendo solo sus onigiris. Ese sádico asesino, el cruel cabrón que atentó contra la vida de mi amada esposa, sonreía con infantilidad agregando salsa de soja al pescado dentro del bento que le preparó su mamá esa mañana.
—Naru —las interrumpí —. ¿Vienes un momento conmigo?
—¡Claro! Hinata, cuídame el plato.
—S-sí.
Tomé a Naru del brazo y la conduje al bote de basura, donde no pululaban niños ni maestros.
—¿Qué pasa Shika?
—Es hoy.
—Oh... sí, ya lo sabía. ¿Nervioso?
—Cuando Itachi te preguntó lo de Sasuke en la oficina del Hokage, ¿dijiste la verdad?
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Te atrapó.
Cállate bola de pelos.
—Lo hice. Sasuke está perdido.
Shikamaru me miró sin lucir impresionado.
—Jamás has podido mentirme.
Era verdad, me daba vergüenza engañar a quien tanto me quería.
—Kurama cree que hay una posibilidad —admití sin interés —, pero yo lo considero muy peligroso.
—¿Qué dice Kurama?
Resoplé con enojo dándole espacio al biju de hablar.
Si Itachi le dice que lo hizo por un bien mayor y le recuerda que lo ama, Sasuke no desarrollará odio por él. Sin embargo, la cadena de odio de los Uchiha seguirá en sus venas y en sus hijos.
Ja.
—Que técnicamente sí, Sasuke se salva en lo tocante a su odio hacia Itachi, pero sus hijos, y él mismo, heredarán la cadena del odio Uchiha.
—¿Y te parece correcto condenar a unos niños que aún no nacen y a un mocoso que ni siquiera se ha graduado de Genin?
Fruncí el ceño.
—¿Olvidas que él intentó matarme?
—No, lo recuero cada vez que lo veo, así como lo que le hizo a Sakura y lo que permitió que le hicieran a Ino, sin embargo, ese Sasuke no es este. Míralo, Naruko. Es un niño.
No lo miré.
—Entiendo tu punto, pero no deja de ser el mismo cabrón. Sasuke está a nada de convertirse en un ser de odio casi imposible de parar.
—No a nada, Naruko, él sufrió un trauma irreparable. No subestimes cuánto sufrió Sasuke. Y él, en estos momentos, no es más que un niño —me encogí de hombros ignorando su razonamiento —. Dime, mi amor, ¿acaso quieres ser tú quien siga con la cadena de odio?
¿Qué?
—Shika, yo no... lo hago por todos nosotros.
—Miéntete si quieres —suspiró —. Estaré con los muchachos, cariño —y aunque se inclinó a besarme la mejilla con dulzura, sentí su enojo.
¿Él tenía razón? ¿Lo estaba haciendo por mí, por el gusto de matar a Sasuke?
Sí.
Cállate.
Déjame terminar. Claro que quieres matarlo, yo también quiero, Naruko. Si pudiera salir de esta jaula, sería solo para ir a despedazarlo con mis dientes, y eso no te hace mala persona.
¿Entonces?, le pregunté yendo a mi mesa. Hinata me sonrió, pero no se animó a hablarme. Yo comí un bocado acallando cualquier posible intento de conversación.
Estás siendo razonal, no malvada. Por lógica, cosa que tu esposo posee a cántaros, lo más adecuado es matar a Sasuke, pero por humanidad, perdonarlo es lo más... humano.
Yo era una adulta, no necesitaba que Kurama me diese la respuesta: sí, era lo lógico, pero yo me estaba apoyando de esa lógica para ser malvada y joderle la vida a un niño. Yo quería la muerte de Sasuke y pasé por encima de la verdad y de las esperanzas de Itachi para conseguirlo. Pronto en unas horas yo habría sellado el destino de un mocoso de ocho años y sumido en una depresión profunda al pobre Itachi.
Itachi...
Fuera de mi padre, no conocía a un héroe más grande que él. Itachi no se merecía semejante dolor.
0oOo0
Mamá me recogió en la tarde. Naruko y yo no intercambiamos sino un «gracias» cuando le alcancé su borrador caído en clase. Nuestro ambiente estaba tenso y tardaría un tiempo en que volviéramos a ser los mismos.
—Te prepararé caballa asada para la cena —me prometió mamá con una sonrisa.
—Hey —carente de todo respeto, Naruko se interpuso entre nosotros dos y me palmeó el brazo. Yo ya estaba enojado con ella, que hiciese algo así frente a mamá me empeoró el humor.
—¿Qué quieres? —traté de sonar calmado. Mi esposa era el toro bravo, yo la calma. A veces resultaba difícil, pero era la única forma de que nuestro matrimonio funcionase.
—Oye niña, ¿qué falta de modales son esos?
Naruko la ignoró.
—Sí hay una posibilidad... iré a decírselo.
Sonreí. Francamente, yo también soñaba con matar a Sasuke y si me daban la oportunidad de hacer ahí mismo, con esa forma infantil, lo haría; lo que yo no quería era que mi esposa cometiera un error y arriesgara sus valores y principios éticos por culpa del odio.
—Gracias.
Gracias por continuar siendo la luz en medio de la oscuridad, mi amor.
—Vámonos Shikamaru. Esa niña te tiene idiotizado —determinó mamá jaloneándome el brazo.
—¿Quieres venir conmigo?
¿Fugarme de mamá? Wow, eso era fuerte y el sermón que se armaría en mi casa sería épico... pero no podía decirle que no a ese rostro hermoso.
—Shikamaru, ni lo pienses... ¡Shikamaru!
Me solté de la mano de mamá y me eché a correr junto a Naruko en dirección del complejo Uchiha. Mamá me persiguió, naturalmente, pero la perdimos. Ella era una Chunin muy competente, no obstante, nosotros nos hicimos maestros del escape en las batallas contra Akatsuki y ella no fue capaz de dar con nuestra ubicación.
