Considerando lo imposible que resultaba dormir en esta noche, mi mente navegó tranquilamente desde los sucesos de hoy hasta recuerdos más lejanos, en esos días en los que dormía junto a Naruko en la casa de mis padres, justo como en este momento.
La paz en el rostro de Itachi al recibir la noticia no tuvo precio. Naruko fue franca y le indicó que era una posibilidad nada más.
—No le hagas creer que tiene que matarte, dile que lo amas y que esto fue por una causa mayor.
—Gracias, Naruko-san.
—Chan —le replicó ella.
—Te lo advierto, Itachi —interrumpí yo, poniéndome finalmente del lado de mi esposa —. Sasuke representa para nosotros un enemigo poderoso que destruyó millones de hogares. Un ligero atisbo de traición, de oscuridad en él, y estará muerto.
—Lo comprendo. Gracias igualmente.
Y con ese tema zanjado, Naruko, para molestia mía, interpretó el acto de una fangirl atolondrada.
—Lo siento, señores Uchiha. Es que venía a pedirle otro beso a su hijo Itachi.
Fugaku puso una cara de asco y Mikoto se rio secamente, comentando sobre el éxito que tenían sus hijos con las mujeres. La tensión estaba en el aire y, tras conseguir que el joven le besase las mejillas, nosotros fuimos escoltados por Itachi fuera del recinto Uchiha.
—Suerte —le dije —. Eres un héroe.
El pelinegro no me respondió. Pasé el camino a mi casa considerando si los celos eran adecuados o una tontería. Itachi era guapísimo, poderoso y varonil, imponía con sus cortos 13 años; por otra parte, tenía 13 años de edad y mi esposa 30, la diferencia era abismal.
—Quita esa cara —se burló de mí Naruko entrando al complejo Nara —. Está muy bueno, fue mi primer enamoramiento y de adulto corta el aliento, pero tú eres el único en el que pienso.
—Compréndeme también.
—Lo sé, Shika. Trataré de no hacerlo de nuevo.
No tuve tiempo de recriminarle el «trataré», en mi casa mi mamá me esperaba con un cinturón en la mano. Mi padre, más pendiente de mí desde que supo lo de mi verdadera edad, se interpuso entre nosotros, exigiéndonos, ya dentro de la casa, que nos explicáramos. Fui yo el que salió con la excusa.
—Queríamos jugar a los ninjas y los ninjas se escapan de los malos.
Mamá alzó las cejas.
—Shikamaru, ¿desde cuándo yo soy la mala? —y miró sospechosamente a Naru, asumiendo que mi actitud provenía de ella.
—¿Cómo no va a hacer la mala? ¡Quiere obligarlo a comer caballa! —exclamó Naruko con horror. Papá sonrió.
—Me gusta la caballa —la miré con diversión.
—Ah... entonces el malo eres tú —me reí, mas Naruko sonrió —. Igual aprenderé a preparártela. ¿Cómo te gusta más? ¿Frita o asada?
Traté de no sonrojarme, casi no lo logré. Naruko conocía mis platillos favoritos y los preparaba cuando tenía ratos libres. Sin embargo, sus comentarios tan «inocentemente tontos» fueron perfectos para que mamá... bueno, para que no la echara y se dejara convencer de papá que Naruko podía quedarse a dormir.
Mamá dijo que no en cada ocasión que él se lo pidió a lo largo de la tarde, salvo cuando papá usó una carta infalible creyendo que no eran oídos.
—Algo ocurrirá esta noche. A donde va Naruko, van los ANBU. No nos caería mal protección justamente hoy.
—¿De qué estás hablando?
—Ya lo sabrás mañana. No puedo decir nada, pero rodearnos de media escuadra ANBU y Jounin, como generalmente está rodeada Naruko... cede por una noche. Confia en mí.
Así que ahí estábamos, Naru y yo en mi vieja cama, la que cambiamos cuando ella se casó conmigo y nos vinimos a vivir a casa de mis padres. Fue una época agridulce que empezó mientras yo me devanaba el cerebro en un bar de BBQ rodeado de los once de Konoha. Naruko y yo mantuvimos nuestra relación tan oculta que ninguno de ellos lo sabía; inició una vez que ella volvió de su viaje con Jiraya y yo le propuse entrenar, brindándole un par de veces la cena en Ichiraku Ramen. Yo le gustaba a Naruko y eso me colaboró para robarle un beso y no ser asesinado después.
Una vez muerto Pain, las misiones en busca de los miembros de Akatsuki eran esporádicas, pasábamos muchos meses entrenando en la aldea y aguardando las notificaciones de los espías, así que los novatos nos reuníamos a comer BBQ por las noches.
—Como dijo mi papá: los abandono —se mofó Naruko esa noche, levantándose y sacando de sus bolsillos un par de billetes que servirían para pagar su parte de la cena.
—¡Que cruel eres! —se burló Sakura —. ¿Tus padres no eran unos pobres campesinos que murieron en el ataque del Kyubi?
Por respuesta, Naruko se rio a pierna suelta.
—Sigue creyendo eso.
Sin dedicarme ni una sola mirada, Naru se fue. Recuerdo que Chouji me preguntó por mi plato, pues apenas lo había tocado e Ino comentó que yo llevaba raro todo el día.
—Es que no tengo hambre... eh, ¡Naruko! Te acompaño.
No era extraño, ¿no? Dos viejos compañeros caminando juntos. Los chicos al menos se comportaron con naturalidad y siguieron comiendo; Chouji tomó mi carne y la puso en su plato, asegurándome que él pagaba ambas raciones. Naruko me esperó en la puerta del restaurante con apenas interés. Ella era así.
A solas en la calle, no intercambiamos ni una palabra; al otro día me enteraría que ella creía que yo estaba caliente y en busca de sexo. Naruko era una chica directa y sin tapujos, con una confianza en sí misma que adquirió en su viaje, confianza que estaba muy lejos de su bravuconería infantil con la que ocultó sus temores e inseguridades de niña. Por consiguiente, al cerrar la puerta de su apartamento, Naru no dudó en estamparme contra la puerta y besarme. Yo estaba tan nervioso que me dejé llevar y nos rodé para arrinconarla en la pared. A sabiendas de como acabaría ello, me frené un poco.
—Espera, espera. No vine a esto.
—¿No? ¿Interpreté mal tus señales y estoy abusando de ti? Aw.
Me reí de sus estupideces, yo siempre lo hacía.
—No, tonta. Es que... —saqué de mi chaleco ninja el estuche aterciopelado de los anillos —. Escucha, la pregunta es muy simple, pero si es un no, trata de ahorrarme la vergüenza porque yo...
—Shikamaru, ¿es enserio? —me interrumpió.
Pálido, asentí. Para ese punto llevábamos dos años de novios, yo tenía 20 y Naruko casi los cumplía, éramos unos adultos hechos y derechos.
—Mira, sé que estamos en lo más parecido que hay a una guerra y que es el peor momento, pero... quería que supieras que te quiero para algo serio, no un juego, y que me he imaginado viviendo contigo. No tengo una casa o unos ahorros para ofrecerte, tendríamos que vivir con mis padres y eso ya es un martirio, pero no quiero que volvamos al campo de batalla sin habértelo dicho.
Para esa altura, Naruko me interrumpió con un beso. Esa noche no dormimos de tanto hacer el amor; había pasado un tiempo desde que lo habíamos hecho así, con calma y dulzura. Al siguiente mediodía me encontré con los nueve novatos, salvo Shino y Naruko (y obvio, sin Sasuke), con una sonrisa de oreja a oreja. Kiba se burló de mí, pero lo ignoré pidiendo un ramen de mariscos.
—Pero es de verdad, Shika —se unió Ino a las burlas —. Anoche estabas todo raro y hoy tan contento.
—En mi libro —Sai y sus libros —, se describe que la felicidad puede provenir de un gran suceso.
—¡Yo sé cuál es ese gran suceso!
—Ilústranos, Kiba —me mofé recibiendo mi pedido. No era Ichiraku, sino un restaurante más genérico.
—Anoche te fuiste con Naruko. ¿La invitaste a salir?
—Ni cerca.
—Vamos, di —insistió Ino sacudiéndome el brazo.
—Bueno, bueno, lo haré —y no fui capaz de hacerlo sin sonreír —. Anoche fui a la casa de mi novia a pedirle matrimonio... y dijo que sí. Me voy a casar en diciembre.
Ah sí, decidimos la fecha de inmediato, diciembre era especial para nosotros.
—¡Amigo!
—¡Shika!
—¡Felicitaciones!
Tras recibir sus abrazos y ánimos, Chouji empezó con las preguntas.
—No sabía que tenías novia.
—Sí, desde hace un par de años.
—Entonces, ¿qué? ¿Acompañaste a Naruko y fuiste a la casa de tu prometida?
—No exactamente, Kiba.
Naruko y yo lo habíamos hablado: no lo ocultaríamos más. Ella estaba en ese momento almorzando con Kakashi y contándole. Su sensei conocía de nuestra relación, mas él creía que era algo superfluo.
—¿Cómo? ¿Dejaste a Naruko a mitad de camino? Que poco caballeroso, viejo.
—No, es que... Naruko es mi novia.
Y todos se emocionaron, menos Chouji e Ino.
—No, di que es mentira —susurró mi amigo frenando la emoción de los demás —. Shikamaru, ¿fuiste tan estúpido?
—Oye, ¡¿Qué te pasa?!
—Él tiene razón, Sakura —la interrumpió Ino con el rostro serio —. La mamá de Shikamaru detesta a Naruko, le tiene aberración.
—Oh.
—¿Ya les contaste?
—Esta noche lo hago.
—¿Por qué no se los dijiste anoche?... ¡Shikamaru! ¡Eso es para después de la boda!
Mamá, por supuesto, se negó.
—No, jamás. ¡No bajo mi techo!
Papá la miró con sorpresa.
—Es la novia de Shikamaru y si ella hace feliz a nuestro hijo, es bienvenida en esta casa.
—¡¿Te enloqueciste?! ¡No la quiero cerca de nosotros! ¡Los Jinchurikis son peligrosos!
—¡Es una buena muchacha! Es educada y fuerte, ¡incluso podría ser Hokage!
—¡No me interesa!
—Mamá —los corté con fastidio y dolor —. Si tanto te molesta, no te preocupes. Dame un año, ahorrare y compraré una casa para que nos larguemos.
—Anula el compromiso —fue la respuesta de mamá.
—No puedo, la deshonré.
—Por una noche no...
—La he deshonrado desde hace años. Me tengo que casar con ella.
—¡Basta! —interrumpió mi padre —. Esto no está en discusión. Es mi casa, es mi clan y es mi hijo. Si ella lo hace feliz, se casarán y vivirán aquí cuanto tiempo sea necesario, nadie los va a echar.
—También es mi casa y mi clan.
—¡Pero yo soy el hombre! —papá golpeó la mesa incorporándose y ganando altura para imponerse sobre mamá. Yo nunca lo vi usar su poder social en ella; fue horrible —. Soy el líder del clan, ¡yo decido! Te dejo el mando de todo, pero si vas a interferir en la vida de mi hijo, tendré que recordarte cómo funciona el mundo. Shikamaru se casará en diciembre por todo lo alto, como es su deseo...
—En realidad queremos algo sencillo —logré decir.
—¡Sencillo será! ¡No me importa! Y su esposa vivirá en esta casa y tú no le harás la guerra —señaló a mi madre, ella lo vio con miedo. Yo estaba encogido en mí mismo, incapaz de pedirle a papá que bajase la voz —. Está decidido y no quiero oír una sola queja al respecto —ambos asentimos. Papá se calmó y me sonrió —. Tráela a cenar, quiero conocerla mejor.
—Shikaku —mamá reunió valor para hablar —. Ella no es del clan Nara, no puede casarse con el futuro líder de nuestro clan. No es honorable.
—Ella es la hija del Yondaime Hokage y de Kushina Uzumaki, una heroína de guerra y la última princesa del clan Uzumaki. Además, es Jinchuriki del Kyubi, siendo las anteriores Mito Uzumaki, esposa del Primer Hokage; y la propia Kushina Uzumaki, esposa del Cuarto Hokage. Esa niña trae más honor a este clan que cualquier muchachita Nara.
Y estuvo decidido, pero mamá tenía razón en algo: aunque fuésemos un clan de poca monta que pasaba desapercibido bajo el radar, lo cierto era que el matrimonio de un futuro líder era un asunto político y que la prometida no fuese del clan no sentaba un buen precedente. A mí no me importaron los comentarios de mi gente e hice los oídos sordos de ellos hasta que estos involucraron directamente a Naruko.
... un ANBU llegó. Dos más... sí, media escuadra de doce, como dijo papá. Rodé en la cama, acomodé mejor mi almohada y cerré los ojos. Ni siquiera la pereza Nara logró que yo conciliara el sueño. Lo más probable era que Naruko estuviera despierta y hablando con Kurama. La matanza ya debía de haber comenzado: niños, mujeres, hombres, ancianos, bebés, todos cayendo bajo el filo de la espada de Itachi.
Al enterarme del requisito legal para nuestra boda, tuve que ir con Naruko, que se hallaba en una de las cenas grupales que organizaban los novatos y el equipo de Gai, a pedirle un permiso especial.
—Miren, llegó el novio.
—¿Cuándo lo vas a superar? —me burlé de Ino. Sin un secreto o una privacidad que mantener, besé la mejilla de Naruko y me senté a su lado.
—¿Qué vas a querer, Shikamaru? Hay carne.
—No, cenaré en mi casa. Vengo a comentarte algo de la boda.
—¿No falta mucho aún?
Ja, dizque que son las mujeres las que se obsesionaban con el matrimonio. Por Naruko todo habría sido planeado la semana anterior a la fecha.
—Sí, pero el clan necesita asegurar algo. Tienes que entender que será un matrimonio político...
—Creí que sería privado. Acordamos eso.
—Lo será, pero estarán los líderes de los demás clanes, como es la costumbre. Yo seré el próximo líder de mi clan y hay protocolos que se deben seguir.
Naruko suspiró.
—Supongo. ¿Qué es lo que me vas a pedir, que use un kimono antiguo?
—Am, sí, tal vez sea necesario, pero lo que te quiero comentar es que un líder de clan no se casa con una persona cualquiera, tiene que haber un apellido o algo de valor de por medio. Para evitar el escándalo y el desagrado de mi clan, mi padre cree prudente que en la boda se mencione tu ascendencia.
Recuerdo que Sai entrecerró los ojos, los demás no entendieron a lo que yo me refería.
—Disculpa, Shikamaru —habló Sakura —. No sé si estoy entendiendo bien, pero... ustedes los herederos de clan requieren para casarse de un noble o de un apellido con fuertes antecedentes militares, ¿cierto?
—Sí —dijo Ino —. O un miembro del mismo clan que sobresalga.
—Entonces, ¿de qué sirve hablar de la ascendencia de Naruko? Sus padres eran campesinos que no vivían en esta aldea.
Naruko sonrió y tragó el trozo de carne que masticaba. Ella lucía tranquila en cada momento; con los años, Naruko se hizo muy sabia y mesurada, no que ella hubiese abandonado su actitud explosiva, solo que... Naruko se convirtió en una de esas mujeres que hasta ensuciándose se ven elegantes.
—¿La de mi padre y la de mi madre?
—Así es.
—Supongo... ¿esto será noticia en el pueblo? ¿Saldrá del clan?
—Eso me temo. Nuestras relaciones con la Tierra del Relámpago son estupendas, eres una buena amiga del Jinchuriki de allá y de su hermano el Raikage.
—Y no importa lo que se revele de mí, a Akatsuki le da igual mis genes.
—¿Qué decides, princesa?
—Aw, Shikamaru romántico.
Ignoré a Ino. Yo no lo dije por romanticismo. Nunca, al referirme a Naruko como princesa o Hime, estaba siendo romántico, solo le recordaba a mi pareja quién era ella.
—Está bien. Que se haga así.
En nuestra boda volteamos a ver a los once de Konoha mientras la Hokage hablaba; Kakashi, la propia Tsunade y algunos líderes de clan nos imitaron. Al escuchar las palabras: «Nos encontramos aquí reunidos para presenciar el enlace matrimonial de Shikamaru Nara, hijo del distinguido Shikaku Nara, líder del clan Nara; y Naruko Uzumaki, hija del glorioso Yondaime Hokage, Minato Namikace, el Relámpago Amarillo de Konoha; y Kushina Uzumaki, La Muerte Roja de Konoha, grandes héroes de guerra.», a Kiba se le cayó la mandíbula, Ino se fue de para atrás y Sakura quedó en shock. Luego de la ceremonia, Naruko se burló de sus caras.
—¿Cómo era que decías, Sakura? ¿Dos pobres campesinos de las afueras?
Ja.
Tras la boda no hubo fiesta. De hecho, la ceremonia se hizo de mañana, se elaboró un almuerzo para los asistentes y se acabó todo. Naruko se cambió y volvió a los campos de entrenamiento, yo fui a lo mío, a servir en las oficinas de estrategia. Al siguiente día partiríamos a buscar a Suigetsu, quien se había separado de Sasuke momentáneamente. Lo logramos, fue una ardua batalla bajo el cielo nocturno de la Tierra del Té, pero lo asesinamos antes del alba. Nuestra noche de bodas fue en casa de Naruko, un encuentro en el que no hubo sexo, nos dedicamos a hablar de lo que queríamos de nuestro futuro. Al volver, tuvimos que mudarnos a donde mis padres, ahí comenzó el dichoso martirio.
Papá y mamá fueron dos polos opuestos que se contradecían continuamente. Mi padre desde el principio aceptó a Naruko y esa primera mañana en el hogar se burló de ella para hacerla entrar en confianza.
—Qué considerada que es mi nuera, yo esperando que la calentura post matrimonial los hiciese querer romper la cama, pero escuché que se controlaron.
Ok, mi padre se pasó. Naruko se sonrojó hasta la sien y yo me atraganté con mi desayuno. Recuerdo que mamá dijo que...
—Shika.
Abrí mis ojos para ver a Naruko rodar sobre sí misma en la cama y encararme.
—¿Qué?
—Kurama activó mis sentidos por un rato. Los ANBU están aquí, pero rodean la casa, el más cercano está en el árbol frente a tu ventana, pero como está cerrada...
—Podemos hablar —completé.
—Ajá. Tu habitación no cambió mucho con los años.
Sonreí.
—Yo guardé todos mis juguetes, incluso de adulto.
Naruko rio entre dientes.
—Me pediste una habitación en nuestra casa para tus colecciones.
—Sabes, si las cosas salen bien y Pain no destruye la aldea, perdimos esa casa.
Suspiré. Nuestro hogar fue un regalo de bodas por parte de la Hokage. Tsunade-sama nos lo comentó al finalizar la ceremonia.
—No es necesario que compren una casa, tienen la finca Namikace construida por tu padre a vuestra disposición. Lamentablemente se destruyó en el ataque de Pain, pero se puede reconstruir.
—Abuela Tsunade, no sé si tengamos tanto dinero para intentarlo. Yo ni siquiera sé dónde se ubicaba.
—Cerca del clan Nara. ¿Tú la conociste, Shikamaru?
—De lejos. Era un palacio.
—Sí... Konoha tiene una deuda impagable con la familia Namikace y contigo, Naruko. La aldea pondrá el dinero de la restauración.
Les tomó dos años y medio, pero nos entregaron justo lo que queríamos: una gran casa para llenar con niños, jardines amplios y tal cercanía con mi clan que no resultaba molesto para los miembros del mismo que el heredero se hubiese marchado de casa.
—La extrañaré. Hicimos mucho ruido en ella.
—Y tenías tus plantas medicinales... Shika, no puedo dejar de pensar en Itachi.
—Él estará bien.
—Tengo miedo por él y por estas personas del clan Uchiha. En el fondo, no eran tan malas.
—Nadie es malo en el fondo, princesa, solo son niños asustados que fueron heridos. ¿Recuerdas cuándo descubrimos lo de Orochimaru?
—Sí. Un huérfano que se sintió impotente y buscó refugio en los jutsus para calmar su miedo a la muerte.
—La culpa es del mundo que crea monstruos. Trata de dormir, Naru.
—Sigue tu propio consejo —me dijo picoteando mis labios y acomodándose sobre la almohada que le entregó mi madre.
Mi madre... amaría siempre a esa mujer, pero lo que le hacía a mi esposa me dolía.
Cerré los ojos y me limité a recordar las cosas buenas para que estas me arrullaran y lograran calmar mi inquietud. Cientos de personas estaba muriendo de la peor manera, caían una a una, sin embargo, mis padres, mi esposa y yo estábamos cobijados dentro de una casa, a salvo y con guardias. Considerando el tipo de vida que llevábamos, debía considerarme afortunado.
Desperté con normalidad, abriendo los ojos ante el toquido de mamá, quien me anunciaba que debía alistarme para la Academia. Generalmente ella me llamaba varias veces antes de conseguir que yo me levantara, pero hoy no sería así: Naruko estaba conmigo.
Una rabia que contrajo mamá tras mi matrimonio fue comprobar lo madrugador que me volví. Naruko se iba desde muy temprano a entrenar y perfeccionarse, yo hacía lo mismo, pero una hora después, así que podía dormir más, no obstante, me despertaba antes que la propia Naruko para prepararle su desayuno y peinarla. En parte, yo lo hacía para que mamá no madrugara tanto, pero eso ella no lo entendió.
—Buenos días —murmuró Naru rodando hasta mí.
—Mmm —enterré mi cabeza en su cabello rubio por un segundo antes de separarme —. Báñate primero.
—Lo que quieres es no bañarte.
—Hace frío —fue mi excusa.
Papá fue al apartamento de Naruko ayer en la noche para traerle una muda de ropa limpia y los cuadernos del siguiente día, permitiéndonos sentarnos en el comedor a hacer la tarea. Tras la masacre Uchiha, Konoha quedaría sin policías y los ANBU se ocupaban, cediéndonos más tiempo en solitario a Naruko y a mí para entrenar con propiedad. El mismo Sandaime se ofreció a entrenar con nosotros los domingos, sin embargo, él debía salir del lío Uchiha primero.
—Buenos días Shikamaru. Que madrugador —me alabó mamá mientras yo ocupaba un asiento en el comedor tradicional de nuestra casa —. ¿Dormiste bien? No estás acostumbrado a compartir la cama.
—Dormí bien. Naruko ronca un poco, pero no es molesto.
—¿Dónde está ella? —el amor en la voz de mamá se esfumaba al hablar de mi esposa.
—Bañándose. Mamá, ¿qué hay de desayuno?
—Sopa miso, arroz y salmón asado.
—A Naruko le gusta el miso —comenté bostezando —. ¿Y papá?
—Fue llamado esta madrugada a donde el Hokage —ella frunció el ceño —. Hoy los acompaño yo a la escuela.
—¿Sucedió algo? —me hice el tonto.
—No lo sé. No te preocupes, no será nada.
Yo recordaba perfectamente la época de la matanza Uchiha porque mamá lloró mucho; si ella estaba tan calmada, significaba que aún no se enteraba de lo ocurrido. Naruko apareció un rato después con un peine negro que me pertenecía, su cabello húmedo secándose con una toalla y adornada con un vestido purpura.
Mamá la ignoró asando el pescado.
—Shika, no me alcanzo atrás. ¿Me ayudas?
—Claro. Siéntate.
Con Naruko acomodada sobre el cojín del comedor, yo me arrodillé tras de ella y tomé la peineta. Cada mañana yo peinaba a mi esposa, era una acción que me relajaba muchísimo. Nosotros teníamos nuestra rutina: en las mañanas yo la peinaba, le trenzaba su hermoso y liso cabello rubio para soltárselo por las noches tras su ducha.
Descuidadamente, indiferente de la presencia de mi madre y del hecho de que yo no debería ser capaz de hacer una trenza decente, desenredé el cabello de Naru, tomé un mechón de su sien y empecé a trenzar enlazando los pequeños mechones hasta crear una trenza gruesa y pareja. El cabello de Naruko no era tan largo, le llegaba a mitad de espalda. Cuando era niña, ella cortó su cabellera lo suficiente para lucir como un hombre, dejándoselo crecer en su adolescencia al obtener mayor confianza en sí misma y en su belleza.
Ojalá ese corte no se repitiese, pues yo amaba su cabello.
—Mamá, ¿tienes una liga o una moña que me prestes? —pedí al terminar con el trenzado.
Mamá, que no se daba por enterada de lo que ocurría, alzó ambas cejas al verme con la trenza ya hecha.
—¡Shikamaru! Wow, ¿quién te enseñó a hacer trenzas?
—A Naruko le gustan, pero no es capaz de hacérselas sola, así que aprendí para ayudarla.
—Que amable de tu parte —musitó sin mucho placer —. Permíteme le bajo al fuego y te traigo una liga de cabello.
Al dejarnos a solas, Naru no vio problema en girar el cuello para besarme la boca. Fue rápido y seco, como los primeros besos que nos dimos al mudarnos a la casa de mis padres, quienes tardaron un par de semanas en adaptarse a mi comportamiento matutino. Papá me llevó aparte y me felicitó por lo enamorado que me veía, mamá no me lo comentaba ni me pidió recibir el mismo trato, pero sí se fijaba en las elaboradas trenzas que yo realizaba cuando nosotros teníamos tiempo o a Naruko se le antojaban.
—Ten —recibí la liga rosa y anudé el final de la trenza —. Te quedó muy bonita, Shikamaru.
—¿Verdad? —Naruko le sonrió. Ella intentó ganarse a mi mamá el primer año de matrimonio, para después dejarlo como caso perdido. Quizá Naru lo iba a volver a intentar —. Su hijo es muy cariñoso, señora Nara.
Mamá no le respondió. Finalizado el desayuno, los tres salimos tomados de las manos. La gente en la calle estaba rara, se susurraban cosas que yo alcanzaba a oír:
—Los mataron a todos.
—Un único niño quedó vivo, el pobre está en shock.
—¿Quién lo hizo?
—Aún nadie sabe.
—Hablamos de más de 500 personas, tuvo que haber sido un ejército.
—Mataron incluso a los bebés. Es abominable.
Conforme avanzábamos, mamá lucía más preocupada.
0oOo0
¿A esto se refería Shikaku al decir que algo ocurriría?
No, tenía que ser mentira, porque si fuese cierto, mi esposo estaba enterado de que harían un asesinado en masa en el clan Uchiha. ¿Mi Shikaku era cómplice de algo? No, él era un gran hombre, Shikaku no intentaría atacar a su amada aldea.
¿Y si yo me acercaba a mirar lo que ocurrió?
Pero la manito de Shikamaru sujeta a la mía me hizo arrepentirme. Mi bebé tenía 8 añitos, de estar bajo mi poder, él jamás vería la sangre correr. Por mala fortuna, Shikamaru nació en un pueblo ninja y su destino eran las armas, mas yo lo mantendría alejado de las matanzas todo el tiempo que pudiese.
—Gracias por traernos, señora Nara. Y gracias por el desayuno, estaba muy rico.
Parpadeé en dirección de la niña Uzumaki; ni siquiera había notado que habíamos llegado a la Academia. Naruko era una mezcla homogénea de sus padres, heredando el cabello liso de su madre, con el color rubio de su padre, los ojos de este y los rasgos faciales de su mamá, Kushina. Pero al verla, yo solo veía a ese monstruo, al que le bastaba con un solo rugido para que los huesos me temblaran.
—Adentro.
No pasé por alto la mirada extrañada que me dedicó Shikamaru. Él no lo entendía, él no comprendía mi miedo. Shikamaru veía únicamente a su amiga, a la compañerita juguetona y bonita que lo trataba con dulzura. Al menos, él no vivía con el miedo de que la bestia saliera del interior de Naruko y devorase nuestro pueblo.
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Lágrima tras lágrima me empañaban la visión. No era un momento para llorar, debía moverme y emplear el mundo de los cuervos para no dejar un rastro de olor que los ANBU pudieran seguir; ingresando en el mundo propio de los cuervos a los que tenía acceso gracias a mi contrato de sangre, yo desaparecía por completo de nuestro mundo. Ningún perro, Byakugan o ninja rastreador daría con mi paradero al volver, en un punto de mapa completamente diferente, a aparecer. Una vez hubiese salido de las fronteras de mi país natal, estaría relativamente a salvo y podría esconderme en un pueblito cualquiera a esperar la fecha de encuentro con los Akatsuki.
Mi confianza estaba en la seguridad de Naruko y en las visiones que el Kyubi tenía de nuestro propio futuro. Hice lo que ella me dijo: le expliqué a Sasuke que no podía revelarle el porqué de la matanza, pero que lo hice por su bien y el de nuestro clan, que era lo mejor y que lo amaba. En un inicio, yo no esperé una recompensa de la vida por lo que hice, vislumbré mi final a manos de mi hermano, pero si Naruko-chan tenía razón, yo podría incluso enamorarme y gozar de una vida tranquila.
Tal vez fuese una ilusión, un genjutsu en el que me permití, feliz, caer. Las esperanzas eran para los niños y yo era un shinobi, pero sería egoísta y tendría fe en mi futuro.
