—Vamos —murmuré —. Crece, crece.
La carcajada de Naruko me interrumpió de mi transe.
—¿Estás hablando con tu pene?
Irritado y divertido, abrí mis ojos. Naruko me miraba con su sonrisa burlona. Ya de casi 10 años, ella y yo empezábamos a tomar forma, y no me refería a nuestra apariencia física: volví a tener fuerza, a escalar árboles usando solo mis pies y a caminar sobre el agua por casi una hora sin sentir ningún tipo de agotamiento, Naruko ya controlaba su chakra a su antojo, realizaba clones de sombra y empezaba desarrollar su manejo respecto al aire. La baraja de jutsus que controlábamos era estupenda, podríamos ser fácilmente unos Chunin.
—No seas ridícula. Mi chakra ya pronto tendrá color, ese es un avance significativo.
—El mío ya lo tiene, pero aún no formo las cadenas de chakra de mi madre.
—Sé franca, te tomará años —comenté relajando mi postura en el césped. Un estupendo control y ese control eran asuntos muy diferentes —. ¿Qué hora es?
Naru consultó su reloj de pulsera. Mi padre se lo regaló cuando ella cumplió 9 años.
—Falta un cuarto de hora para que inicie la Academia. ¿Nos vamos ya?
—Sí, princesa.
Recibí su mano para levantarme y, sacudiéndome la ropa, avancé con ella en relativa calma al interior de la aldea, alejándonos de la zona de entrenamiento privada del Hokage, donde él nos dejaba entrenar. El lugar contaba con tantos sellos de privacidad que prácticamente era como estar rodeados de paredes que cubrían todo lo que hacíamos; por supuesto, mi madre y los demás creían que nosotros trabajábamos en el Jutsu de sustitución y en puntería con kunai y que ese trato especial lo conseguimos gracias a la amabilidad del Sandaime para con Naru, quien me colaba en el campo de entrenamiento.
Manteniéndome un paso atrás de mi esposa, rompiendo así más de un estereotipo de mi pueblo (en Japón es tradicional que las mujeres caminen detrás de los hombres, así vayan juntos. Aunque ya es una tradición que casi no se ve, en el mundo de Naruto puede aplicar debido al contexto social), admiré su larga cabellera rubia de la que colgaban trenzas, de ese modo apartándose el cabello del rostro y dejando gran parte de este suelto. Con su cabello alborotado y la ropa de entrenamiento, Naruko lucía como la feroz guerrera en la que se convertiría, lo cual siempre encontré excitante.
Aunque si bien yo me mantuve acorde a mi ropa anterior, dejando a la vista de todos con mi camisa de malla los músculos que florecían en mi cuerpo, Naru se fue a una versión miniatura de su ropa de adultez: vestidos. Las kunoichis eran expertas en convertir prendas provocativas en armas, sin embargo, Naruko lo llevaba a otro nivel. En lugar de ropa interior, ella empezó a usar unos bodies unicolor, encima de este un short negro muy corto y alguna camiseta holgada encima. En su adultez, Naru usaba bodies constantemente, el detalle estaba en que estos eran armaduras disfrazadas de prendas femeninas cargadas en sellos y protecciones. Ni siquiera el Chidori era capaz de traspasar estas armaduras que Naru ocultaba con vestidos cortos y sensuales, sin ningún temor de exhibirse.
Tomaría varios años para que Naruko volviese a ser tildada de «La Sensual Muerte Rubia de Konoha», pero ya empezaba a ir por ese camino.
Me emparejé con ella e ingresamos juntos a la Academia para poder ver la pelea diaria de las chicas por sentarse junto a Sasuke. Sin el odio por su hermano, el Uchiha igual continuaba siendo un emo malgeniado que solo quería entrenar y no socializaba con ninguno. Yo intenté acercármele una vez, pero obtuve monosílabos groseros de su parte.
En fin, lo dejé quieto a esperar que resultaría de él. Nunca le dije a Naruko que Sasuke comentó frente a otros hombres que la violaría, aunque no con esas palabras; considerando que él tenía 13 años en ese entonces, y aún no huía tras Orochimaru, no existía de mi parte perdón. Un solo movimiento de Sasuke contra Naruko y estaba acabado.
(Explicación al final.)
—¡Shikamaru!
Le sonreí a Chouji.
—Hola viejo —saludé sentándome junto a él. Naru ocupó puesto al lado de Hinata. De esa forma nos manejamos siempre: distanciados o callados, sin evidenciar nuestra relación a los demás, que ya lo sabían, pero... bueno, eran niños, muy centrados en sus vidas como para fijarse en la de los demás.
—¿Dónde te metes? Han pasado siglos desde la última vez que te vi.
—¿De qué hablas? Nos vimos ayer, aquí.
—Sí, pero no has entrenado conmigo. No logro hacer el Jutsu de sustitución, ¿y tú?
—Aún no me sale. Es una lata, prefiero dormir en lugar de entrenar.
—¿Cómo dices eso? ¡Nos lo van a evaluar esta semana!
Sonreí encantado por el nerviosismo de Chouji.
0oOo0
—Hinata, que bonita te ves —chillé corriendo hasta donde mi amiga. La chica de ojos claros se sonrojó, igual que cada día.
—Gr-gracias Naruko-chan. T-tú tam-también te ves muy bien.
—¿Sí? Oye, ¿practicaste los de los kunai? A mí no me sale —comenté dejándome caer junto a ella. Éramos las únicas chicas que no se encontraban inmersas en una discusión. Al parecer, Ino ofrecía una pijamada y Sakura no se quedaba atrás.
—En la de Ino solo habrá papas fritas y refrescos, mis padres me cedieron la casa de atrás y montarán una fuente de chocolate.
—Uhh.
—¡Eso no es nada! Mi mamá me compró accesorios para hacer bisutería y mi papá nos mostrará jutsus nivel Jounin.
—Ahh.
—Pues yo ofreceré...
Me reí entre dientes, Hinata por su parte suspiró.
—Jamás nos invitan.
—Para que nos invitaran tendríamos que meternos en sus salvajes peleas en las que se arrancan el cabello —arrugué la nariz y Hinata se estremeció —. No, muchas gracias. Oye, ¿y si armamos nosotras mismas nuestra pijamada? Conseguiré maquillaje y golosinas.
—N-no sé s-si m-mi padre... —oh, oh, su tartamudeó empeoró —, m-me dé per-permiso.
—Yo hablo con el viejo —le aseguré. Hinata mostró inquietud respecto a mi forma indecorosa para referirme a su padre jugando con sus dedos —. Te prometo que nos divertiremos.
—Y-yo...
Su respuesta se acalló ante la llegada de Iruka-sensei.
—Buenos días. Hoy hay examen sorpresa.
Ugh.
Convencer a Hiashi de permitirle ser feliz a su hija por una noche pintaba a misión imposible, yo no estaba convencida de que obtendría su autorización. Mientras tanto, necesitaba una fuerte suma de dinero para adquirir un par de abanicos, pero no esos de tela que usaban las mujeres en los días de calor, sino los de guerra, fabricados en metal. Yo me hice experta en el manejo del viento y del chakra empleando abanicos y era algo que ansiaba por retomar, mas esto requería de un manejo del chakra impecable que yo aún no poseía.
Y estos abanicos no eran las únicas cosas que quería emplear de nuevo, deseaba maquillarme, usar labial y unos zapatos de botas altas que me protegieran las piernas. Lo que le dije a Hinata no era mentira, esa noche podíamos maquillarnos y yo podría, ojalá, volver a delinear mis ojos.
Uf, cómo extrañaba los diseños que creaba en mi rostro.
A la salida de la Academia, sostuve la mano de Hinata y la acompañé hasta dónde Ko la esperaba. Yo no le agradaba a ese sujeto.
—Hola —saludé con mi usual buen ánimo, con el que intentaba, sin éxito, caerle bien a los adultos.
—Hola niña. Suelte a Hinata-sama que debemos irnos.
—Hoy los acompañaré —declaré —. Quiero pedirle al padre de Hinata que la deje pasar la noche en mi casa.
—Eso no ocurrirá —dijo Ko secamente —. Hiashi-sama está muy ocupado para recibirla, niña. Yo le comentaré y le informaré de su decisión.
Hice un puchero.
—¡Mentiroso! —exclamé llamando la atención. Ko frunció el ceño —. No le dirás una mierda al viejo ese, ya lo sé.
—¡Naruko!
Ja, el asombro hizo que Hinata abandonase su tartamudeo.
—Que niña tan vulgar —murmuró alguien.
—Si lo sabes, entonces ¿para qué lo intentas, niña? Vamos, Hinata-sama.
—Bah —bufé soltando la mano de Hinata —. Ustedes son un montón de idiotas miedosos, ¡deberían confiar más en las decisiones del Yondaime!
—¿Eh?
Ko palideció y los adultos se vieron entre ellos, alejándose con sus hijos.
—Vamos, Hinata-sama —repitió.
—¿Y-Yondaime? ¿A qué te refieres?
—A nada —me encogí de hombros —. Adiós Hinata, métele un puño a tu hermano de mi parte.
Ella se rio y, abochornada, continuó caminando. En esta realidad hubo un cambio respecto a Hinata, Hanabi no existía, en su lugar ella tenía un hermanito llamado Hotomi.
Sentí la presencia de Iruka-sensei detrás de mí.
—Deberías medir tus palabras. Te lo dije, es ilegal hablar de eso.
—Ya lo sé —chasqueé la lengua —, pero me da fastidio. El sello es perfecto.
—Entiende que nos da miedo.
—¡¿Miedo?! —le recriminé —. ¡Yo soy la que lidia con esa cosa todos los días!
Iruka-sensei lució avergonzado.
—Lo siento... deberías ir a estudiar, no te fue muy bien en el examen.
No le respondí y me alejé muy enojada. ¿Qué haría el resto de la tarde?
... una broma, por supuesto. Y en el complejo Hyuga ni más ni menos.
Reunir la pintura en aerosol fue fácil, lo aburrido fue esperar que cayera la noche mientras, con clones, examinaba el patrón de vigilancia del clan. La realidad era que ellos se confiaban y no mantenían un centinela despierto, por lo que yo lograba hacer de las mías, al menos una vez al año, pues tras mis visitas incrementaban todas las seguridades posibles por un par de meses hasta que se cansaban.
No importaba qué les pintara en las paredes, la idea era ensuciar todo. Penes, palabrotas, idioteces, dibujos horribles, un «Sasuke Uchiha estuvo aquí» de vez en cuando y mi obra maestra de caos se hallaba culminada. Lo que sí fue atrevido fue acercarme a la casa de la rama principal, pero lo hice, después de todo era yo.
Agitando mi lata de pintura, escribí «cabrones clasistas» en la entrada. En una ventana esbocé un pene con testículos velludos y, a un costado, el nombre de Hiashi.
—¿Quién anda ahí?
Mierda.
Tiré la lata de pintura en dirección de la voz masculina y corrí como si... no, mi vida dependía de ello. ¡Los Hyuga me mataban de descubrirme!
—¡Hey! ¡Deténgase!
Luces encendidas, carajo; la sorpresa de ver sus nobles residencias ultrajadas me compraba segundos valiosos que no planeaba desperdiciar. Con mi corazón desbocado y la presión de mi sangre palpitando en mi frente, me entremetí en las callejuelas y salí del complejo Hyuga. Con esos ojos, les sería fácil capturarme en soledad: necesitaba gente.
¡A la zona rosa!
La noche no era motivo para dormir en las zonas más ruines de la aldea, donde las mujerzuelas eran las reinas y los shinobis tiraban su dinero arduamente ganado en misiones. Este tipo de lugares era en los que Jiraiya me metía para sus investigaciones; también de los que frecuentaba Kakashi y, entre otros, mi suegro.
Shikaku Nara era todo un señor, su vida sexual y sentimental se limitaban a su esposa, pero su inclinación a la bebida le ganaba en ocasiones.
¡Eso! ¡Un bar! Pero ¿a cuál? Necesitaba un sitio dónde no fuese entregada a los Hyuga, o sea, uno dónde...
Esa risa... ¿él en un bar de la zona rosa?
(La zona rosa es lo mismo que el barrio rojo, lugares de licor y prostitución.)
—¡Iruka-sensei! —pregunté metiendo mi cabeza en las cortinas del bar.
Lo veía y no lo creía, mi Iruka-sensei en un bar de mala muerte jugando a las cartas con varias botellas de sake. Wow. Bueno, los adultos en ocasiones necesitábamos ratos de esparcimientos, pero ¡wow!
—¿Naruko? ¿Qué haces aquí?
Parpadeé.
—¡No hay tiempo! ¡Escóndame! —dije corriendo a su mesa, que era la más cercana a la entrada. Ocupé un puesto junto a los otros ninjas presentes, solo reconocí a Asuma-sensei, quien, si mi memoria no me fallaba, debía de estar recién instalado en Konoha tras sus años de servicio con el Señor Feudal.
—¿Eh? Oye niña... —Asuma se silenció al verme juntar las manos y ejecutar el Jutsu de transformación convirtiéndome en un viejo amigo mío de la Tierra del Té, quien tenía unas características tan promedio que pasaba desapercibido dónde fuese; y por eso él era mi transformación más usual.
Acciones ahorita, explicaciones inventadas después.
—Denme cartas —pedí metiendo la mano en la baraja a repartir y tomando un puñadito entre mis dedos. Apenas las estaba acomodando cuando entró un tropel de tres Hyuga en el bar.
Dos entraron al interior a revisar con el Byakugan, el otro se quedó en a la entrada, y muy cerca de nosotros, sin su Byakugan activo.
Ja, confiados hijos de...
—¿Han visto a una persona pequeña? Creemos que tal vez sea un niño de la Academia.
—No señor —contesté con una voz profunda y masculina. Para disimular, acomodé mis cartas tratando de organizarlas según los grupitos, diamantes con diamantes, corazones con corazones y... ¿cómo se llamaba esa otra figura?
—Bueno, gracias.
—¡Aquí no está!
—¡Sigan buscando! —exclamó el tercer Hyuga. Los que estaban en el interior corrieron fuera sin detallarse en mí.
Aguardé unos segundos antes de dejar caer mi Jutsu y empezar a reírme.
—Naruko, ¿qué fue lo que hiciste? —ordenó saber Iruka-sensei en voz baja, pero energica.
—¿Yo? —exclamé indignada —. Nada, si yo soy un angelito.
—Ja —se burló Asuma-sensei —. Un demonio es lo que eres —de inmediato, Iruka-sensei le golpeó el brazo. Yo jadeé y me encogí en mí misma; Asuma-sensei entendió y los otros Chunin se mostraron incómodos —. No, ¡no! Yo me refería a que eres cansona con la gente y siempre andas causando caos, o eso es lo que todos dicen.
—Ahh —relajé mis hombros —. Yo solo hago una que otra jugarreta.
—¿Les hiciste una broma a los Hyuga? —pidió otro de los Chunin.
—Algo así, les pintarrajee todas las paredes con pipís (esta es la forma infantil en mi país de llamar al pene).
Iruka-sensei casi se muere. Los otros se mostraron nerviosos y risueños.
—¡Naruko! ¡¿Sabes en los problemas en los que te puedes meter?!
—Ellos se lo buscaron —musité revisando mis cartas. Aunque Jiraiya me enseñó, yo no sabía jugar, no recordaba las reglas.
—Y según tú ¿qué hicieron? Naruko, esa gente puede hacer que te metan a la cárcel.
—Pues es que todas las niñas están hoy en las pijamadas de Ino y Sakura —no quería, pero se me humedecieron los ojos. Controlar el cuerpo de una niña que químicamente era impulsiva y carecía de control emocional era difícil; obvio, esa era mi excusa para lo dolida que me sentía. Los niños eran personas muy crueles —, pero en ninguna me reciben, así que quise hacer la mía con Hinata, que es muy amable conmigo, mas el idiota que la recoge no me dejó ir a hablar con el padre de ella.
—¿Te refieres a lo de hoy? —preguntó Iruka-sensei con calma.
—Ajá.
—No te pongas así —me indicó con suavidad y dulzura —. Ya te lo dije, tienes que comprendernos. La gente...
—Sigue asustada —completé interrumpiéndolo y limpiándome el rostro —. Ya lo sé... Kyubi.
—¡¿Ella sabe?! —se sorprendió Asuma-sensei.
—Sí, pero no me preguntes quién le contó.
—Pues ¿quién más iba a ser? No se necesita ser un genio para unir dos y dos cuando esa cosa se pone a hablar.
—¡¿Hablar?! ¡¿Ese monstruo habla?! —jadeó uno de los Chunin.
—Sí.
Iruka-sensei mantuvo la mesura por el bien de la conversación.
—¿Qué dice?
—No mucho, sobro todo duerme, pero cuando despierta insulta al Yondaime y a una señora, una tal Kushina —miré el rostro tenso de Asuma-sensei. Él debía saber a quién me refería.
—No conozco a nadie con ese nombre —murmuró uno de los Chunin.
—Ni yo, pero no hace más que nombrarla junto al Yondaime y decir palabrotas.
—Que tú no vas a repetir —me indicó Iruka-sensei.
Sonreí.
—Seguro, aunque a veces dan ganas.
Los ninjas rieron entre dientes, Iruka-sensei negó con la cabeza y sacó su billetera.
—¿Cuánto es lo mío?
—¿Te vas ya?
—Sí, hay que acompañarla a su casa. No puedo dejarla en este sitio, legalmente soy su garante.
—No eres su tutor.
—No, pero sí su maestro. Al saber que estaba aquí, soy responsable de lo que le pueda ocurrir si la dejo sola. Ven Naruko, y crucemos los dedos para no toparnos con esos Hyuga.
0oOo0
—Uy —exclamé asustado, asombrado y sorprendido, todo al mismo tiempo, viendo la cantidad de grafitis que los Hyuga se esforzaban por borrar con agua enjabonada.
—Hokage-sama, buenos días.
Ladeé mi cabeza para ver al Hokage llegar junto a un ANBU.
Bajo tecnicismo, no debía de haber problema si yo deambulaba por el complejo Hyuga, así que lo hice. Aquello tenía la huella de Naruko en todo su esplendor; no importaba que el nombre de Sasuke estuviese escrito en la mitad del barrio, era evidente a mis ojos que Naruko era la culpable. Separé los labios de impresión al ver la forma vulgar en la que ella se refirió al patriarca Hyuga.
Naruko se había superado y no para bien. Con su historial de vandalismo, ella era un objetivo a investigar y si llegaban a comprobarle que fue ella... joder, estaba frita. Los Hyuga se la iban a comer con salsa de soya.
Salí de ahí y troté hasta la Academia, esperando que con lo temprano que era mi clase estuviese vacía. Me equivoqué, muchas niñas ya estaban por ahí y hablaban de lo fabuloso que la pasaron en las dos pijamadas que tanto se comentaron en días anteriores. Naruko ocupaba su asiento durmiendo sobre este.
—Naru —le sacudí el brazo depositando mi mochila en la mesa.
—¿Hum?
—Arriba. Tenemos que hablar —afuera, en la desierta terraza, le dije exactamente lo que pensaba —. Estás loca.
Naruko me respondió con su sonrisa zorruna.
—Ya necesitaban una mano de pintura.
Alcé una ceja.
—Naruko, tienes más de 30 años, no eres una niña. Tú sabes perfectamente lo que puede ocurrirle a la persona responsable, los Hyuga tienen el poder para enviarte a una correccional de menores.
En otra situación, mi esposa habría inflado uno de sus cachetes con vergüenza y habría dicho una excusa floja. Hoy, ella frunció el ceño y lució acongojada. Esto no era una jugarreta normal.
—Lo sé, pero estaba muy enojada.
Odiaba ver a mi esposa llorar.
—Mi amor, ¿qué ocurrió? —su explicación fue dolorosa. Naruko conoció el rechazo en sus dos vidas y yo creí que ella ya estaría acostumbrada, mas, siendo franco, no existía forma de acostumbrarse a la indiferencia. Considerando que al final del relato Naruko se encontraba llorando a pleno, no debió sorprenderme la acción de Iruka-sensei.
—... se quedó a jugar conmigo a las muñecas y me dejó maquillarlo. Incluso le puse labial —se rio sin dejar de llorar.
Sin hallarle humor a la situación, la envolví en mis brazos.
—¿Por qué no me buscaste?
¿Por qué yo no la busqué? ¿Por qué no me di cuenta de lo mal que ella estaba ayer? Era mi maldita esposa, yo tenía que estar pendiente de su bienestar.
—Pensé que estabas jugando con Chouji y no quise entrometerme, pasas todo el tiempo conmigo y es injusto para ti.
—No seas tonta, mujer —me distancié para verla a los ojos —. Tú eres mi prioridad, siempre y bajo cualquier circunstancia. Si quieres una pijamada, hazla conmigo —suspiré —. Sé que anhelas amigas y que Hinata es una dulzura, pero tú sabes cómo es la gente. Hasta que esos niños no tengan más independencia, estamos solos, mi amor.
—Yo lo entiendo —me sujetó las manos —, pero la pijamada era de niñas, con maquillaje, juegos de mesa y hablar de chicos.
—Cariño, odio repetirlo, pero estás a punto de cumplir 32 años.
—Lo sé, pero nunca pude hacerlo y creí que esta vez sería diferente y que yo...
Sujeté su rostro reteniendo mis propias ganas de llorar. Naruko tuvo esperanzas y estas se hicieron cenizas, de nuevo.
—Lo siento. Quise darte la infancia que se te negó, no sabes lo que me duele verte así, pero hay cosas que no puedo controlar —suspiré nuevamente —. Papá me deja quedarme contigo cada vez que se lo pido. Hagamos hoy esa pijamada.
—Los ANBU...
—No tiene que pensar algo raro, somos dos novios de 10 años que se reúnen en tu casa a jugar. Iré a tu casa esta noche y si quieres una amiga para maquillarla, cocinar o jugar a las muñecas, seré esa amiga.
Me sonrió sonrojada. Ahí estaba esa hermosa belleza de la que me enamoré.
—Tienes más de 30 años —me devolvió con humor.
—No me importa, lo que sea con tal de que esta sonrisa no se borre de tu rostro.
Fui premiado con un beso muy dulce.
En el salón nos esperaba el Hokage, los tres maestros y Hiashi. Mierda.
—Finalmente aparecen —comentó el Sandaime —. Los estábamos esperando.
—Disculpe —murmuré.
—¿Por qué sus cosas están aquí y ustedes no? —preguntó Mizuki.
—Naruko quería que la acompañara al baño —justifiqué.
Al estar sentados, el Hokage continuó hablando.
—Ocurrió un incidente en el complejo Hyuga, un terrible acto de vandalismo que apunta a uno de sus compañeros: Sasuke Uchiha —hubo un jadeo colectivo —. Por supuesto, nadie es tan estúpido como para escribir su propio nombre en el lugar del crimen, por lo que dudamos de que Sasuke sea el culpable. Sin embargo, dado que alguien nos quería hacer pensar que Sasuke era el responsable, suponemos que el verdadero autor del crimen debe de ser un alumno que sostiene algún tipo de rencor contra Sasuke.
—Hokage-sama —alcé la mano.
—¿Sí, Shikamaru?
—¿Por qué cree que es uno de nosotros? Pudo haber sido cualquiera en la aldea.
—Miembros de mi clan alcanzaron a ver al vándalo —comentó Hiashi —. Se trató de una persona pequeña que encaja con el físico de un niño o niña de sus edades.
—Así es. No se lo tomen a mal, pero empezaremos con los viejos confiables. Kiba-kun, ¿dónde estuviste anoche?
La clase entera rio y el chico perruno se sonrojó.
—En mi casa, cenando con mamá y mi hermana.
—No te ofendas si lo corroboramos luego. ¿Naruko-chan?
Vi a Iruka pasar saliva.
—Estuve en mi apartamento.
—¿Qué testigos tienes? —pidió el papá de Hinata.
—Pues señor Hyuga, ahí sí yo no sé, toca es mirar que ANBU me estuvo cuidando anoche.
Su respuesta se ganó más de una mirada rara. El Hokage frunció el ceño.
—No sabía que ella contaba con protección ANBU —comentó el noble. Quizá debieron haber bajado la voz.
—Bajo los parámetros de la ley, no, pero muchos ninjas se ofrecen y ellos mismos organizan los turnos. Sin embargo, ninguno nos va a decir nada porque sería reconocer que van contra mis órdenes. ¿No tienes otro testigo, Naruko-chan?
—No señor.
—Yo, Hokage-sama —intervino Iruka.
Naru y yo compartimos una mirada.
—¿Iruka? ¿Tú?
—Sí. Anoche precisamente me encontré con los Hyuga mientras ellos buscaban al culpable, yo estaba jugando cartas con unos amigos en un bar. Asumiendo su misma lógica, Hokage-sama, fui a ver dónde se encontraba Naruko, pero ella estaba en su apartamento.
—¿De qué forma corroboramos esa historia?
Ese Hiashi era muy desconfiado. Algo les susurró Iruka enseñándoles sus uñas pintadas de azul celeste que ya habían llamado mi atención. Al finalizar con el relato del Chunin, el Hokage se estaba riendo y Hiashi tenía una mirada de desaprobación.
—Está bien, eso exonera a Naruko. Seguiremos buscando, si alguien tiene una pista, puede venir a mi oficina o a la de su sensei. Hasta luego, niños.
—Adiós Hokage-sama —coreamos.
Ojalá y nuestros problemas se hubieran solucionado con esa resolución del Hokage.
0oOo0
—¿Qué tienes que ver tú con los ANBU?
La forma de abordarme de Sasuke brilló por su falta de tacto: él atrajo toda la atención del patio de la Academia.
Mentí.
—Ellos cuidan en sus días libres a los niños y niñas huérfanos que no podemos vivir en los orfanatos.
—¡¿Enserio?! ¡Qué amables! —exclamó uno de los que se acercaron a ver. La gran mayoría eran chicas que deseaban seguir babeando por Sasuke. ¿Yo era así de pequeña, pero con Itachi? ¡Qué horror!
—Sí, me di cuenta porque hace unos años enfermé mucho y ellos me trajeron la medicina.
—Yo nunca los he visto —gruñó Sasuke.
—Eso no es problema mío, ante mí se mostraron, tal vez no quieren que tú los veas.
—¡¿Y qué tienes tú que no tenga yo?! —me sujetó de la camiseta.
Todo indicaba que los problemas de celos de Sasuke no eran exclusivos para con su hermano. ¿Complejo de inferioridad quizás?
—Aléjate de ella —se metió Shikamaru soltando su agarre de mi pobre ropa.
—¡Shikamaru! —gritó Ino —. ¡No empujes a Sasuke!
—¡Sí! ¡Deja en paz a mi Sasuke-kun!
—¡Sasuke es mío!
—¡No, es mío!
Fuera de la gritería femenina, la discusión entre nosotros tres continuaba.
—No te metas, Nara. Esto es entre tu novia y yo —Sasuke sonrió con saña —. ¿No crees que puede defenderse sola?
—No me importa si ella es el maldito Hokage, no voy a dejar que le pongas un dedo encima a mi novia.
Uf, Shikamaru lucía muy sexy. Esa situación me traía un recuerdo de un enfrentamiento con un ninja de la Aldea de la Lluvia en el bar de Ichiraku. El sujeto ese se había propasado conmigo y yo lo insulté, así que el muy cobarde trató de atacarme, siendo sujetado por Shikamaru.
—No seas machito y deja que ella me golpee —se burló ese sujeto —. ¿O qué? ¿Vas a jugar al hombre rudo cuando todos sabemos que tu mujer es más fuerte que tú?
—¡Eso no tiene nada que ver! ¡Ella podría ser la maldita reencarnación del Sabio de los Seis Caminos e igual no me importaría! ¡Es mi esposa y no voy a dejar que le pongas una mano encima!
La pelea terminó cuando los compañeros de ese sujeto le recordaron que si continuaba peleando con nosotros se podía crear un incidente internacional. Como fuese, esa noche lamí entero a Shikamaru.
Esta vez la pelea fue detenida por los maestros.
—¡Shikamaru Nara y Naruko Uzumaki al salón!
—¡Pero él empezó! —protesté señalando a Sasuke —. Todos lo vieron.
—¡Silencio! —Mizuki hijo de puta —. ¡Al salón!
Allí, astutamente, Ayaka-sensei y él nos aislaron de Iruka, quien era un hombre justo y equitativo y no permitiría la injusticia de que nosotros...
—Van a estar castigados toda la semana.
—La semana acaba hoy —me burlé.
La profesora se sonrojó.
—Pues la siguiente. ¿En qué estaban pensando? ¿Y tú? ¿Mintiendo así?
—¿En qué mentí? —solicité saber.
—En que los ANBU cuidan niños huérfanos, ahora todos los estudiantes van a estar buscándolos sin hallarlos porque los ANBU trabajan para cosas más importantes.
Alcé las manos, indignada.
—¿Y qué se suponía que les dijera? «No compañeros, los ANBU no cuidan de los niños, sino de los Jinchurikis» —con eso los callé —. «No Sasuke, tú y tu maldito ego no significan nada para la aldea, asegurar al Kyubi es más importante.»
—¡Silencio! ¡La ley...!
—¡Coman mierda! ¡Ustedes saben perfectamente por qué me cuidan los ANBU! Lo único que quieren es castigarme sin un motivo.
—¡Basta! No voy a discutir contigo, niña grosera. La siguiente semana limpiaras las aulas junto a tu amigo.
—Pues espere sentada, porque yo no lo voy a hacer.
La mujer, irritada profundamente, se desinhibió de su lógica y se entregó a sus impulsos, sacando un kunai de su porta herramientas. Entre los civiles y ninjas que me odiaban, existían tres categorías: los que me tenían miedo y lástima, los que me temían y aún tenían pesadillas con Kurama y los que me odiaban. Ella pertenecía a estos últimos.
Lo que pudo haber sido una pelea muy interesante, pero demasiado reveladora de nuestras habilidades, se cortó ante la espada que chocó contra el kunai. Era un ANBU, y no uno cualquiera: Kakashi.
—Tengan por seguro que el Hokage será notificado de esta acción.
¿Eso significaba que Kakashi nos espiaba dentro de la Academia?
