Abril Elena: jajajajja quien tiene hambre, ajajaja que buen comentario.
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Parpadeé sintiendo el peso del rímel trasparente en mis pestañas rubias. Separé ligeramente las piernas desnudas, preparada para la batalla en mi corta falda naranja pastel; junté mis manos ásperas por el trabajo, tanto que tenía que limar los callos de las palmas cada mañana y retocar el esmalte de mis uñas cada cuatro días. Enderezando mi espalda fuerte y atlética, suspiré, lamí mis labios y junté chakra con los dedos en la posición de Tora.
Era ahora o nunca.
—Bunshin no Jutsu.
Dos clones perfectos se pararon junto a mí, ellas también estaban listas para el combate.
Iruka-sensei me sonrió con orgullo.
—Excelente Naruko-chan. Has aprobado tu examen de Genin.
Sonreí brillantemente deshaciendo mis clones.
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Empujé la puerta con mi cadera, mis manos iban ocupadas con un saco de batatas y yuca. Al entrar a mi casa, yo ya no suspiraba. No sabía si decirle hogar a esta casita sobre la montaña más alejada y solitaria que encontré, pero tras cuatro años en el mismo lugar, logré encariñarme con este sitio.
Dejé el saco de batatas en la entrada y avancé al interior. Cuando construí la casa, empleando madera y barro, tuve la maravillosa idea de colocar la cocina y mi alcoba en la misma habitación: el calor de la estufa era lo único que me permitía dormir en las madrugadas de esa helada montaña. Apagué el fuego de la estufa y bajé el agua hirviendo. Mis manos se acostumbraron a maniobrar con ollas calientes y trapos delgados, ya no sentía la quemadura en mis dedos y palmas sino hasta que no llevase un buen rato sosteniendo la olla.
Vertí el agua en mis bolsas para agua caliente; hui de Konoha con pocos artículos y mi trío de bolsas plásticas rojas eran lo más importante. Cerrándolas, puse una sobre mi almohada, otra a los pies del colchón y una en el medio, para después colocar una sábana encima. Con este método, mi cama, que era tan delgada que parecía un futón con patas, conservaría calor hasta la tarde, hora en la que generalmente me acostaba a leer.
Mi desayuno yo lo preparaba junto al alba y consistía cada día de lo mismo: batata o yuca y huevos revueltos de Ramona, mi gallina que fielmente depositaba diario tres huevos en su corral; y acompañaba la comida con la leche de Alexandra, mi cabra madre de tres cabritos: Sancho, Pancho y Chapulín. Bauticé a mis animales con los nombres más raros que leí en mis libros, buscando no relacionar sus nombres con alguna persona conocida por mí.
Acomodada mi cama, salí al exterior nevado despojándome de mi chaqueta. El frío me entumía el cuerpo horriblemente, pero si lograba entrenar así, pelearía con el que fuese en el clima cálido de Konoha. Quedaban pocos meses para los exámenes Chunin y mi inminente batalla contra Ne y Danzo-sama.
¿Y si yo no iba y me olvidaba de todo?
Fuera de Konoha, de las presiones del clan y de las conspiraciones de los ancianos, logré reírme. Me carcajeaba con los pasajes humorísticos de mis libros, le contaba historias de viejas leyendas a Ramona y charlaba con los hijos de Alexandra. Mis emociones dejaron de estar embotadas y tras superar una crisis de depresión que me golpeó un año después de abandonar mi aldea, le fui perdiendo lentamente el miedo a sentir. Por supuesto, era muy fácil amar las emociones viviendo en esta montaña tan protegida y custodiada por sellos y genjutsus, en compañía de seres no racionales, pero sí sentimentales y amorosos.
Al acudir a Konoha, mis crímenes y mi infancia en la guerra volverían a mí. Yo no quería sentir más el dolor, pero Naruko, Shikamaru y Sasuke-kun contaban conmigo para seguir protegiendo su paz.
Ah, y era una orden de Hokage-sama. Yo era un ninja obediente a Konoha, y a su Kage le acataría las órdenes hasta mi muerte.
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A mediodía se daba el cambio de turno diurno. Era el momento perfecto para internarme en la habitación de archivos.
Con un dominio de sellos manuales sin igual, ejecuté las trece posiciones de manos requeridas para el jutsu de transparencia creado por el pervertido de Jiraiya y enseñado a mí a través del Sandaime.
No había podido hacer esto antes porque necesitaba un dominio perfecto del chakra, dominio que alcancé. Como prueba de semejante hazaña estaba mi examen de graduación: hice dos putos Bushin no Jutsu. Logré moldear mi espléndido chakra Uzumaki al punto de hacer un jutsu que hasta civiles lograban.
No me iría de aquí sin esos documentos, así tuviese que adelantarme a Itachi y matar a todos estos cabrones.
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La celebración con Chouji y Kiba fue espléndida: los tres nos atiborramos de frituras, corrimos cerro arriba y pasamos toda la tarde acostados en la cima contemplando las nubes.
—¿Se imaginan? No más deberes escolares, no más informes y no más clases.
Le sonreí a Chouji.
—Viejo, al fin podremos dormir.
—Y saldremos a misiones como verdaderos ninjas.
Ellos se rieron y continuaron señalando las nubes. Mis amigos, de niños, eran bastante lindos e inocentes, dolía hasta cierto punto saber que todos esos sueños y anhelos eran falsos. Nombrados Genin aumentaría nuestro flujo de trabajo y estudio, la Academia nos obligaba a despertar a las 6 a.m., las misiones nos tendrían despiertos desde la madrugada y nos devolverían a casa muy tarde.
El estrés de la guerra y de la muerte condujo a Kiba por un par de años a las adicciones, ya fuesen licor o mujeres de baja reputación. Cada mes, él desperdiciaba su sueldo en barrios nocturnos; yo mismo tuve problemas de licor como mi padre, pero la presencia de Naruko me estabilizó. Chouji cayó en una depresión severa y juró que una vez asesinado Sasuke dejaría la vida ninja. Jamás lo logró, Chouji fue dado de baja en la pelea contra Zetsu un año antes de que diéramos con Sasuke.
Oyendo su palabrerío, cerré los ojos y me dormí. Necesitaba descanso para esta noche.
Con mi padre enterado de a dónde iba yo, fue muy simple para mí fugarme de mi casa y escapar por los tejados en dirección de la Torre Hokage. Se suponía que Naruko estaría allí desde las once de la noche, pero cuando yo llegué el Sandaime se encontraba a solas con una jarra de café y panes dulces.
—Hola Shikamaru. Aún nada.
—Comprendo.
Tal vez era temprano. Tomé asiento y me relajé, los ANBU no estaban. Pasó un cuarto de hora, luego media hora y Naruko no aparecía.
—¿Crees que...?
—Hokage-sama, con nuestros conocimientos teóricos y prácticos, alcanzar nuestros niveles de habilidad fue fácil. Más para Naruko, cuyo chakra es monstruosamente grande, sin contar con Kurama.
—Sí. Disculpa la desconfianza, es que... estoy nervioso, necesito que lo de hoy salga bien porque ya encontré la manera de traer de vuelta a Itachi y darle a él la oportunidad de matar a Danzo por el lado legal.
—¿A qué se refiere?
—Estuve pensando en lo que dijiste sobre usar los medios de comunicación civiles para enseñar las fotos de los Akatsuki.
Por respeto, nosotros no podíamos decirle de plano al Hokage «no haga nada», porque... pues él era el Hokage, pero sus decisiones, externas a nuestro control, me llenaban de zozobra. ¿Y si alguno de sus dictámenes era erróneo?
—Fue un método muy útil. Con la promesa de recompensa, los civiles hablaron y los Akatsuki se vieron acorralados en todas las direcciones.
—Sí. Los civiles son fáciles de manipular con los periódicos. Si Itachi acaba con Danzo y Ne mientras ocurre el atentado contra mi persona y la aldea, al día siguiente se pueden publicar lo que Naruko encuentre hoy a modo de prueba para que el pueblo acepte a Itachi y comprenda que todo fue un malentendido.
—¿Malentendido?
—Sí. Diremos que Itachi recibió esta orden de Danzo porque los Uchiha estaban considerando un golpe de estado.
—Itachi jamás permitirá que algo así se publique sobre su clan —le recordé.
—Lo sé. Diremos que eso fue lo que ocurrió, pero que los Uchiha jamás lo planearon ellos mismos, que fue Danzo usando el poder del Sharingan que le robó a Shisui para lavarles el cerebro y obligarlos a hacerlo. Añadir que Itachi lo descubrió y lo amenazó, pero al no tener pruebas él no podía hacer nada y que Danzo le dijo que, con ese comando instaurado en sus mentes, los Uchiha no retrocederían y que sí eran un riesgo real, así que sus ninjas de Ne los exterminarían dejándolo solo a él vivo para poder culparlo. Al final, Itachi aceptó hacer él la misión con la condición de que Danzo le permitiera a su hermanito Sasuke vivir y para proteger a las mujeres de su clan de ser violadas en el proceso de la matanza.
Sólido, se decía la verdad lo suficientemente deformada para justificar a Itachi y culpar de todo a la rata de Danzo tocando dos temas sensibles para las masas: mujeres y un niño indefenso.
—¿Luego qué?
—Que Itachi contactó conmigo, pero que yo sin pruebas no podía recibirlo en la aldea porque su crimen era atroz, así que él espió a Danzo desde el exterior, descubriendo la alianza con Orochimaru, quien engatusó a los ninjas de Suna haciéndose pasar por el Yondaime Kazekage y les ordenó atacar la aldea. Al traer esa información y proporcionar pruebas, se le creyó a Itachi y se le aceptó de nuevo como ninja, siendo su primera orden acabar con Ne y Danzo.
Gran plan.
—Propongo otra cosa —dije.
—Habla.
—Que Itachi se infiltre en el edificio que conduce a Ne desde la madrugada. Él se va a tardar varias horas acabar con toda esa gente; empezando muy temprano, él puede tomarlos desprevenidos y terminar al parejo con los exámenes Chunin, volando el edificio tras mi pelea con Temari y apareciendo ante usted con el cadáver de Danzo, eso sería dramático, pero serviría para aclarar todo de una vez, descubrir a Orochimaru, frenar el ataque y matar al Sannin en el palco.
En lugar de opinar respecto a mi idea, el Hokage se rio.
—¿Temes que no pueda ganarle a mi alumno?
—Temo que usted no sea capaz de asesinarlo. Usted y Orochimaru tienen un vínculo afectivo, Itachi no, él es un asesino capaz.
—Supongo que tienes razón en eso.
—¿Razón en qué?
Naruko había llegado.
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Ajusté mi banda tras mi nuca con una emoción que no era capaz de nombrar. Tras muchos años de arduo estudio, cumplí mi objetivo y me convertí en una kunoichi de Konoha.
Le sonreí a mi reflejo en el espejo, pero de inmediato fruncí el ceño. Mi gran frente, blanco de las burlas de Ino, no era mi único complejo. Ya había cumplido 13 años y menstruaba... ¿dónde estaban mis senos? ¿Por qué no llegaron a la par que el vello, la sangre y los dolores? Ino los tenía más grandes que yo, aunque no tanto. En otras circunstancias, yo estaría un poco tranquila, pues no era la única chica pecho plano en la Academia, solo Ino tenía un busto decente, el resto teníamos unos picos inestables que se sostenían con unos sostenes de principiantes cuya forma no distaban de los tops que usaban las niñas pequeñas en el río.
Y todas las demás éramos así, salvo Naruko.
Lo de Ino era tolerable porque no era mucho y ella no lucía muy diferente al resto, pero Naruko... agh, ¡cómo la odiaba! De niña la detesté porque cuando todas nos enteramos que a Sasuke le gustaban las niñas con el cabello largo y decidimos dejárnoslo crecer para gustarle a él, Naruko ya lo portaba largo; su cabello siempre fue el más largo de toda la Academia, otra cosa con la que yo no podía competir, pues si el mío tocaba mi cintura, el de ella se acercaba a sus rodillas.
Recuerdo que la encerré en el baño y le dije tajantemente que Sasuke-kun era mío y de nadie más, pero ella se echó a reír. No comprendí qué le daba tanta risa; luego ella me dijo:
—Ay Sakura, a ese imbécil yo no lo recibo ni regalado.
¡¿Cómo se atrevía a llamar a mi Sasuke-kun imbécil?! Pero Ino llegó molestando que abriéramos el baño y Naruko se me escapó. Después olvidé insultarla, pero ella no se acercó a Sasuke y mostraba señales de un noviazgo con Shikamaru, el vago perezoso. Al darnos cuenta que ellos sí continuaban de novios y que no fue una cosa solo del primer año, Ino dijo:
—Se merecen. Dos buenos para nada, son el uno al otro.
Y tenía razón. Con tantos insultos a mi Sasuke-kun y peleas, especialmente esa en la que ella se burló del clan Uchiha, Naruko dejó más que claro que no mostraba ni el más mínimo interés hacia Sasuke. Perfecto, pero... ¿y si a Sasuke le gustaba? Después de todo, Naruko era la chica con la que él más hablaba, aunque fuese en exclusivo para tratar mal a sus mutuas madres. Y ahora Naruko andaba con un par de globos delante de su cuerpo que se agitaban cada vez que corría o saltaba.
Eso, sumado a sus vestidos cortos, sus labios pintados que mamá no me permitía imitar y la sensualidad con la que solía moverse al enseñarle pasos de baile a Chouji, me hicieron odiarla con toda mi alma. A ella no la logré intimidar, Naruko no le tenía miedo a nada, era super segura de sí misma. Agh.
¡¿Realmente ese gordo quiere aprender a bailar?! ¡¿No puede enseñarle lejos de Sasuke-kun?! ¡Cha!
—¡Sakura! Baja de una vez que llegarás tarde.
—¡Sí mamá!
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Con las pruebas que relacionaban a Danzo con la masacre Uchiha, hundiríamos a ese viejo maricón de mierda al foso más oscuro (esto no busca ser un insulto homofóbico, lo aclaro porque hay gente delicada. Naruko usará este tipo de términos para ofender gente, pero es por su vocablo malhablado, no por una cuestión de odio hacia la comunidad LGBTIQ).
Con Kurama, el Sandaime y Shikamaru asegurándome que los ANBU no cuidarían más de mi apartamento, confiadamente llegué a casa bien pasadas las dos de la mañana. Considerando que tuve que despertarme a las 6:15 a.m., yo estaba rendida y muerta del cansancio. Los niños debían dormir más que lo adultos, lo descubrí a las malas.
—Hola —musitó Shikamaru dejándose caer en la mesa.
—Hola —bostecé con los ojos cerrados. Recordaba ese día, era uno de los más importantes de mi vida y planeaba dormir antes de que la estampida de ridículas mocosas armara un alboroto en el que solo un Nara dormía.
Ja, Sakura, Ino y las otras intentaron estrangularme ese día por haberle robado su primer beso a Sasuke. Joder, mi primer beso fue con ese cabrón. Que ganas de escupir me generaba ese recuerdo.
Fue increíble, pero dormí por sobre el escándalo. Vagamente las escuché, pero mi mente seguía en la sensación de andar en una nube. La pelea la separó Iruka con unos gritos y... no sé, alguna cosa. Luego él siguió hablando, nos felicitó y dijo algo más, ni idea.
—¡Esto es inaudito! —jodido Iruka-sensei y sus gritos levanta muertos.
—Agh —yo solo brinqué, pero Shikamaru se cayó de silla. Los demás se rieron de él, yo parpadeé atontada en dirección de mi maestro.
—¡Es el día más importante de su carrera como ninjas y...! ¡Ustedes durmiendo!
—Lo siento —murmuré incapaz de sostener los ojos abiertos. Quejándose, Shika se levantó —. Es que me dormí muy tarde.
—¡No es excusa! ¡Abran esos ojos y pongan atención! —uy, que bravo se puso. Iruka-sensei estaba leyendo el listado de equipos. Puse mi codo en la mesa y lo usé para apoyar mi mejilla en mi puño, indiferente de esos equipos de niños civiles que no prosperarían —. Equipo 7: Sasuke Uchiha, Naruko Uzumaki, Sakura Haruno. Su sensei será Kakashi Hatake. Equipo 8...
La formación original se sostuvo en los 9 novatos. Genial, todo normal allí, entonces ¿por qué Shikamaru movía sus dedos con nerviosismo?
—¿Qué? —murmuré bajito.
—No recuerdo que Sakura te tuviese un odio especial —comentó en mi oído. Yo miré a dónde él veía: Sakura me estaba asesinando con los ojos.
—Ni yo.
¿Una diferencia entre realidades?
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Era ofensivo, era despreciable, era...
¡Cha! Naruko no me va a quitar a Sasuke-kun.
No, era imposible. Nuestro amor tenía que triunfar por encima de ella. Cuando Iruka-sensei dijo que podíamos salir al patio porque nuestros senseis vendrían por nosotros después de la una de la tarde, me abalancé sobre Sasuke antes de que me lo ganaran.
Un paso antes de estar al nivel de su mesa, me contuve, relajé mi respiración y fingí que llegaba casual. Para Sasuke-kun yo tenía que lucir bonita, simpática y fresca.
—Hola, Sasuke-kun —dije lo más dulce que pude —. ¿Escuchaste lo que dijo Iruka-sensei? Estaremos juntos en equipo.
—Hum.
¿Por qué se estaba yendo?
—¿Sasuke-kun?
¿Acaso Ino le hizo ojitos? No, Ino-puerca hablaba con una de nuestras compañeras. ¿Era Naruko? Nah, ella seguía dormida en su mesa, la muy zángana.
—¡Sasuke! ¡Espérame!
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—¿No vienes conmigo a buscar a Ino, Shikamaru?
—Nop.
Le fruncí el ceño a mi perezoso amigo. Shika en ocasiones se pasaba de grosero.
—¿Por qué se durmieron hoy? Es un día importante.
—Estoy cansado. Anoche hicimos una pijamada en casa de Naru.
—Ustedes y sus pijamadas —habló Kiba apareciendo detrás de mí —. ¿No están ya grandes para eso? Además, en casa de Naruko no hay adultos, ¿quién los vigila?
—Nadie. Por eso las hacemos.
El comentario de Shikamaru venía con malicia. Mi amigo siempre fue así, confiado e inteligente en el ir y venir de la vida. Yo lo había visto conversar con adultos como si fuera uno de ellos, responderles con sarcasmo y con comentarios subidos de tono que yo no comprendía. Me limitaría a decir que aquello era un rasgo de los niños Nara, pero yo no conocía a otro niño Nara con ese comportamiento; además, Naruko, una chica cualquiera, era idéntica a él.
A veces les tenía envidia, especialmente a Naruko, que era la más vulnerable. Con Shikamaru nadie se metía, todos se burlaban de su pereza y ya, no lo agredían como a mí por ser de huesos grandes. Pero con Naruko, tanto grandes como pequeños, la miraban de mala manera. Yo no sabía que lo causaba, sin embargo, Naruko se burlaba de ellos, incluso de los maestros. Ella no parecía sentirse mal porque la mayoría de las chicas de la Academia no se sentaban con ella a almorzar, al contrario, se acercaba a mí y jugaba conmigo.
—Chouji, un paso adelante, al lado, atrás. Siguiente pierna.
Y por imitarla, sin quererlo, aprendí a bailar. A mamá le gustó tanto que me animó a seguir aprendiendo; yo no le dije que era Naruko la que me enseñaba porque una vez vi una pelea entre los Nara debido a una cita de Shika y Naru. Esa noche pregunté en mi casa por qué Yoshino-san no gustaba de Naruko, pero lo único que obtuve fue un:
—Las personas pueden ser así en ocasiones y no entendemos el por qué. Tú sigue siendo amable con ella.
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En la hora del almuerzo besé la mejilla de mi esposo y me alejé de él en busca de Sakura. En mi anterior vida, yo pasé el almuerzo en el baño debido a una terrible diarrea producto de una leche vencida. Como los ANBU se habían retirado, confiando en mis habilidades para cuidarme, en el desprecio que Danzo me tenía y por mantener un respeto hacia la hija de su héroe que ya florecía para convertirse en una adolescente, nadie vigiló por una semana mi nevera y yo dejé caducar una leche que terminé tomando.
En esa ocasión, alguno lo notó y me remplazó parte del mercado dañado, dejándome pegado en la puerta de la nevera un tablero acrílico con un marcador borrable y un bonito mensaje.
«Naru-chan, la comida tiene fecha límite. Ten cuidado.»
Hoy, con mi estómago a salvo, tomé el bento que me trajo Shikamaru y fui a las bancas a buscar a Sakura; ella solía sentarse alrededor de esa zona. Sakura y yo logramos ser cercanas en la temporada en que salíamos de misión con Sai y Yamato-sensei. Al ser las chicas del grupo, compartíamos habitación y nos dormíamos juntas siguiendo las reglas de las kunoichi que nos enseñaron en la Academia: «En misiones con compañeros varones, las señoritas se duermen juntas para conservar calor sin acercarse tanto a los hombres.»
Luego yo entendería que esas indicaciones eran para protegernos de violaciones por parte de nuestros mismos compañeros de equipo.
—Hola Sakura —saludé alegremente sentándome con ella al encontrarla comiendo en solitario.
Vaya, ¿qué fue lo que le hice en este mundo para que ella me detestara? Que yo recordase, ella y yo casi no interactuamos a lo largo de las clases.
—¿Qué quieres? —gruñó.
—Bueno, nos enlazaron en el mismo equipo y caí en cuenta de que nunca hemos hablado —me encogí de hombros —. Desde hoy trabajaremos juntas, pero no me sé ni tu apellido.
—Es Haruno, ahora largo. Estoy esperando a Sasuke-kun.
—¿Sasuke? No lo he visto —destapé mi bento fingiendo no darme por enterada de su fastidio hacia mí —. Dormí toda la mañana en el salón.
—¿No te da vergüenza? —me criticó.
Separé mis palillos.
—No —negué con la cabeza y me llevé con los palillos una cantidad mesurada de arroz a la boca —. Eres la mejor de la clase, ¿cierto?
—Sí.
Bueno, Sakura comió un bocado, era un avance.
—¿En qué te especializas?
—¿Eh? ¿De qué hablas?
—Todos los ninjas deben especializarse en algo. Por ejemplo, Sasuke, Shikamaru y Chouji tienen como fuerte el ninjutsu, Hinata es supremamente hábil en taijutsu y lo mío es el arte del sellado, o sea, fuinjutsu.
—Todos los ninjas deben saber esas ramas de los jutsus, tarada.
Traté de omitir su insulto para no tomármelo personal. Ella no era más que una niña inmadura.
—Sí, debemos controlarlas, pero hay que especializarse. Tenemos que mirar cual es la que más nos gusta y se nos facilita y después explotarla de manera independiente. ¿Tú no...? Oh, disculpa, olvidé que provienes de un hogar civil.
—Valientes palabras dichas por una huérfana.
Maldita hija de...
—Fingiré que lo dijiste de forma amable. Incluso en mi orfandad, yo pertenezco a un clan. Medio extinto, pero es un clan —dije con sarcasmo —. Tengo de dónde basarme para estudiar. Las clases de la Academia no son suficientes en la vida ninja.
—No escucharé un sermón de la peor estudiante del curso —dijo levantándose —. No me sigas.
—Está bien. ¡Oye, Sakura!
—¿Qué? —me miró con el ceño fruncido.
—Mañana te darás cuenta que tener un historial de notas perfecto no sirve en la vida real. Disfruta tu almuerzo —le sonreí.
Ella se fue agitando su cabello rosa y yo continué comiendo.
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—Es sabia —comenté.
Los otros Jounin asintieron a mis palabras. El Hokage no despegó los ojos de su bola de cristal.
—Así es. No te dejes confundir por sus notas, Kakashi, Naruko es más de lo que aparenta.
—Tengo entendido que ella conoce del Kyubi —reveló Asuma.
—¡¿Qué?! —exclamó Kurenai.
Eso tenía mucho sentido. Yo la cuidé y la atendí por años, Naruko siempre pareció saber de más.
—¿Cómo lo descubrió? —pregunté al Hokage.
—Hablando directamente con la bestia —más de uno jadeó —. Los equipos más prometedores son el siete, el ocho y el diez, donde se hallan todos los niños con clan. La regla de aprobar solo tres grupos de graduados, les recuerdo, no es obligatoria. No supongan que, por habérseles asignado un grupo civil, ellos no podrán pasar. Ejecuten la prueba que crean más conveniente para examinar las habilidades y el trabajo en equipo de sus estudiantes. Tanto los equipos con niños de origen ninja y los equipos constituidos por niños civiles pueden ser aprobados o reprobados. No subestimen a ninguno.
Libres de la reunión, mis compañeros irían a recoger a sus alumnos. Yo me dirigí al apartamento de Sasuke para conocerlo mejor, luego iría al de la chica esa, Haruno. Con Naruko no era necesario, pero igual iría de pasada para asegurarme que todo estuviese bien.
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Como nos dijeron, los Jounin aparecieron tras el almuerzo. Kakashi, normal, llegaba tarde. Me despedí de Hinata, de Shikamaru, de Kiba y de Chouji.
—Suerte con ese idiota —me dijo el chico perro refiriéndose a Sasuke.
—Ajá. Adiós guapo —se lo decía a Akamaru, quien me ladró y movió su cola ante mi tono mimoso.
A solas con mi viejo equipo, me recosté sobre la mesa y cerré los ojos. La tardanza crónica de Kakashi me otorgaba un par de horas para reposar y dormir más.
Te espiaron.
¿Quién?
El Hokage. Tiene un Jutsu para espiar al pueblo. Se llama Tomegane no Jutsu.
¿Él tiene ese as? ¿Por qué no lo usó contra Danzo?
Tal vez no es infalible. Tienes que preguntarle.
—Mmm.
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Jum, Naruko era un lastre dormilón como de costumbre. ¡Maldición! Tener que cargar con estas dos en mi equipo, ¿por qué no me pusieron hombres? O sacar a la inútil de Sakura y poner otro hombre. Naruko era fuerte, no a mi nivel, pero se podía defender, Sakura ni a eso llegaba. Y lo peor de todo, era la líder de mis acosadoras.
Estar en un equipo con ellas sería un fastidio, pero lo soportaría todo con tal de tener más poder para alcanzarlo.
Itachi.
—¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste, hermano?
—Lo siento, Sasuke. Fue por una causa mayor. Te amo, hermanito.
Con un genjutsu, Itachi me durmió. Fui despertado por los ANBU para ser llevado a una sala de interrogatorios de dónde se requirió una orden del Hokage para sacarme, ya que ellos creían que yo era cómplice de Itachi.
Quiero respuestas.
Y para obtener mis respuestas, necesitaría ser más fuerte. Tal vez no fuese tan malo que me emparejaran con dos niñas, así cargaría mi peso y el de ellas, haciéndome más hábil en batalla.
Bueno ¿y cuándo planeaba aparecer ese Jounin? Fue increíble, nos hizo esperarlo hasta las cuatro de la tarde.
—Hola —y tenía el descaro de saludar tan alegre —. ¿El equipo 7?
—Sí. ¿Es Kakashi-sensei?
Como detestaba a Sakura. De todas las chicas que me acosaban, ella e Ino eran las más obsesivas; ¿no tenían nada mejor que hacer? E incluso, yo prefería a Ino mil veces antes que a Sakura. Ino, escandalosa como nadie, era real, Sakura fingía un comportamiento delante de mí y actuaba diferente con el resto.
¡Qué asco!
—Así es. Niña, despierta.
—¡Naruko! —rugió la de ojos jade antes de caer en su tono dulzón y ficticio —. Discúlpela, sensei. Yo le digo a Naruko que el salón no es para dormir, pero no me escucha.
—¿Eh? ¿Ya llegó? —Naruko levantó la cabeza de sus brazos y parpadeó con sueño en dirección de Kakashi. Que extraño, sus ojos se agudizaron al verlo, ¿ella lo conocía? —. ¿Usted... usted es Kakashi-sensei?
—Así es —y él se aclaró la garganta. ¿Qué ocurría entre ellos? —. Los espero en el tejado, tenemos que hablar.
Lo seguimos. Naruko no tuvo reparo en bostezar ampliamente y estirarse, ganándose una mirada de desaprobación de Sakura y un comentario de Kakashi sobre dormir correctamente por las noches.
Por detrás, Naruko estaba bien formada. Shikamaru era muy suertudo. Yo habría considerado enamorarla y robársela solo para ver al Nara ardido, pero era demasiado trabajo e Itachi no se hizo legendario pasando tiempo con mujeres; además, no me interesaban las citas, solo... Naruko me incomodaba, ella y Hinata eran las únicas que no estaban detrás de mí, pero Hinata no se interesaba en nadie, era un fantasma en clases, contrario a la contundente presencia de Naruko.
En el tejado, Kakashi se sentó en la baranda y nosotros en el escalón frente a él.
—Correcto, van a presentarse uno a uno diciendo sus nombres, su edad, lo que les gusta, lo que no, su hobby y su sueño para el futuro. ¿Quién quiere empezar?
Se formó un breve silencio.
—¿Em? Sensei... ¿y si se presenta usted?
—¿Yo? Mi nombre es Kakashi Hatake, tengo 26 años. Lo que me gusta... no lo sé, lo que me disgusta... am, nunca había pensado en eso. Mi hobby... tengo muchos pasatiempos. Y respecto a mi sueño... no, no les voy a hablar de eso.
Indignada, Naruto abrió sus brazos enseñando sus palmas.
—¡No nos dijo nada!
El sensei se rio en voz baja.
—Empiezas tú, niña rubia.
Naruko frunció el ceño. ¿Qué la tenía tan pensativa?
—Mi nombre es Naruko Uzumaki, tengo 12 años. Me gusta el ramen, pasar tiempo con Shikamaru y estudiar sellado; me disgustan los traidores, los mentirosos y la incomprensión. Mis hobbies... bueno, me gusta maquillarme y entrenar. Mi sueño es defender mi aldea.
—Mmm, excelente. El que sigue.
—Mi nombre es Sakura Haruno y tengo 13 años. Lo que me gusta... el niño que me gusta... —¿eso era un chillido? Me asombré de que el Jounin mantuviera la compostura y no se burlara de ella —. Lo que me disgusta es Naruko —la aludida sonrió apretando la boca en señal de desagrado —. Mi hobby es la lectura y cocinar —¿enserio? ¿Eso era un ninja? —. Y mi sueño...
Otro chillido de loca. ¿Estaba excitada? ¿Eso era?
—Muy bien. El que falta.
—Mi nombre es Sasuke Uchiha, tengo 13 años. No me agrada casi nada y me desagradan muchas cosas. Yo no tengo un sueño, tengo una meta: hacerme tan fuerte que pueda pelear con una persona en específico hasta el punto de destruirlo.
Casi paso por alto la veloz mirada de reojo que me dedicó Naruko.
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Mientras Kakashi nos explicaba en qué consistía la prueba de mañana, yo pensé en las palabras de Sasuke.
No es odio. Lo que quiere son respuestas, pero si Itachi no está dispuesto a dárselas o lo que oiga no le agrade, estará preparado para matarlo.
Grandioso, Sasuke iba por un camino similar al de la vez anterior. Debía estar pendiente de su comportamiento y...
No. Espera, no lo mates. Ese día se definirá todo en medio de la invasión.
Si tú lo dices, Kurama.
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Increíble, más pruebas. Yo era un Uchiha, que las examinaran a ellas, conmigo era innecesario. Ja, mañana se lo mostraría a ese Jounin y lo dejaría con la boca cerrada, así él me entrenaría sin chistar.
Sakura fue la primera en irse, encismada en sus pensamientos. Yo retrasé mi ida lo suficiente para que ella me rebasara y no se fijara en mí. Naruko se acercó al sensei, pero yo no alcancé a oír de qué hablaban.
No aguanté mi curiosidad al oír la risa de Kakashi y, bajando por las escaleras, giré mi cuello para mirar lo que hacían: Kakashi estaba colocando la mano en la cabeza de ella.
¿Ellos se conocían? Sí, debía ser así, pues Naruko, de un brinco, se le trepó para abrazarlo. ¿Era normal que un adulto pusiese sus manos bajo el trasero de una niña de 12 años? ¿Y que ella lo besase en la mejilla abrazando su cuello para luego recibir cosquillas de este adulto?
Y él la besó, al hacerlo me frunció el ceño. Me retiré.
Es curioso, por no decir indecente... creo que no tendremos problemas para pasar el examen.
Obvio Kakashi no se negaría a ser el sensei de su novia.
(¿Conocen a esas personas qué, porque una niña ya menstrua o le salen senos, dicen que son «mujercitas»? Bueno, es básicamente lo que pasa con Sasuke. Eso se llama Complejo de Santas y Putas, y es una creencia muy arraigada en la mente de algunas personas (tanto hombres como mujeres) que no son capaces de interpretar a una mujer como un ser digno de respeto y al mismo tiempo como un ser sexual.
Hay varias formas de notarlo, pero una de ellas es esta: una niña, que ya está en desarrollo, interactúa con algún hombre y el primer pensamiento de la persona con el complejo es que son pareja. Kakashi tiene 26 años, Naruko 12, en ninguna cabeza sana cabe creer que sostienen una relación romántica, pero como la persona con el complejo tiene interiorizado que la chica que se acerca a un hombre tiene exclusivamente intenciones sexuales (y que es una puta), asume que ella busca sexo, sin importar que aún es una niña y sin considerar el contexto.
Solo como añadido, Sasuke padece del trastorno narcisista producto del orgullo inflado que le proporcionan sus excelentes habilidades, sus fans y los civiles que lo alaban como el gran y último Uchiha.)
