Abril Elena: Hola. Oh, sí que los humillan (y la humillación dura un par de capítulos más, aunque es de parte y parte). El narcicismo de Sasuke, más la creencia (bien fundada a causa de sus fans locas) que él puede seducir a la chica que se le antoje, hacen que el mocoso sea bastante engreído. A causa de que Sasuke no está tan perturbado en esta ocasión, se podría decir que sí se fija en las chicas, pero sigue priorizando en el entrenamiento. Sakura es una chica bastante egoísta, pero es joven y ha tenido una vida fácil.

Me voy a leer ese cuento. Respecto a los ancianos, es una sorpresa. Gracias por los comentarios tan largos, me encanta saber lo que ustedes piensan.

Gensitapotter: Gracias.

Por cierto, Sasuke va a seguir pensando que Naruko y Kakashi andan juntos debido a lo gentil que es él con ella. La comparativa es curiosa, el equipo 7 va a demostrar varios puntos de vista para el mismo suceso, mostrando así cómo cada uno ve y entiende lo que se le da la gana.

0oOo0

Disculpe, sensei...

¿Sí?

Es que su cabello... ¿eres Perro?

Me aseguré de mantenerme respetuosa al dirigirme a él como sensei, pero al hablar de él como Perro, caí en el tuteo.

¿Perro?

El ANBU.

¿Conoces un ANBU? —usó un tono fingido que era obvio.

Tonto.

Él rio.

Sí, Naru. Soy yo.

¿Serás mi sensei?

Sí —dulce, él puso su mano sobre mi coronilla.

¿O sea que seguirás protegiéndome y acompañándome?

Así es, cariño.

Me reí y no dudé en tirármele encima para abrazarlo. Kakashi me recibió con los brazos abiertos y rio conmigo sosteniéndome. Yo besé su mejilla cubierta por la máscara.

No has venido en unos días.

¿Me necesitas?

No. Debe de ser difícil pasar tus noches en vela. Duerme, yo me sé cuidar sola.

¿Ah sí? —burlón me hizo cosquillas en el costado equilibrándome sobre uno de sus antebrazos.

Otros hombres me habían cargado antes. Cuando no los conocía lo suficiente o dudaba de sus intenciones, me sentía muy incómoda teniendo manos tan cerca de mis nalgas, pero alrededor de Kakashi, Shikamaru e, increíblemente, Jiraiya, no me daba ansiedad porque yo sabía que ellos no intentarían nada obsceno. Pues, Shika sí, pero era mi esposo, era distinto.

Dame una pista para mañana.

No, lo siento bonita —Kakashi besó mi frente dejando sus labios cubiertos por su máscara recostados en mi piel dos segundos y me bajó —. Ve a casa, Naru. Nos veremos mañana.

Sí, sensei.

Sonreí en la ducha. Shikamaru acaba de ingresar al apartamento, no imaginé que tocaría la puerta del baño.

—¿Qué?

—¿Te importa si entro a orinar?

¿De verdad?

—No seas tonto, Shika. Eres mi esposo.

—Lo siento, es que... —entró y trató de no fijarse en mí —. Sigues teniendo 12 años.

—¿Te parece que es el cuerpo de una niña de 12 años? —con el chorro del agua cayendo en gotitas sobre mi cabeza, me acaricié la cintura moviendo lentamente las manos a través de mi vientre hasta mi pelvis.

Shika me miró y ladeó el rostro para luego volver a mirar.

—Fuiste de las primeras en desarrollarte. No voy a decir que están del mismo tamaño que antes, siguen siendo pequeños, pero no parecen de una niña.

Claro que no, las niñas eran lindas y sencillas, con piernas delgadas y cuerpos rectos, pero yo me obligué con ejercicios y trucos viejos a desarrollar cintura y muslos fuertes; gracias a que mi pecho empezó a florecer a los 11 años, yo lograba lucir provocativa. Naturalmente, esto en parámetros normales era inaceptable, ¡yo tenía 12!, pero entre Shikamaru y yo las cosas eran distintas.

—¿Hace cuánto no tenemos un rato de adultos?

—Un año. Fue al escaparnos y meternos a ese hotel con el henge.

—Lo recuerdo. Mírame —Shika suspiró y posó sus ojos sobre mí. Él y yo teníamos algo de degenerados, a mí me excitaba que me viera y él sonreí con malicia, disfrutando la vista; la reticencia de Shikamaru era honorable, yo era una niña, pero estábamos casados, éramos adultos, no era lo mismo. Y, francamente, desnuda, yo ya no lucía como una niña pequeña —. Eres mi esposo, tienes deberes para conmigo.

Shika se mordió el labio.

—Comamos y después comemos.

Sonreí y seguí enjuagándome el jabón. Shika orinó y se marchó. Salí y al vestirme no me coloqué ropa interior, solo una camisa ancha de algodón que usaba para dormir. Shikamaru continuó cocinando en la sección de la cocina; mi apartamento era una habitación amplia y las cosas estaban juntas, pero quedaba espacio para caminar y practicar patadas en los días lluviosos.

Con torpeza, careciendo de costumbre, peiné y trencé mi cabello. Era visible el día en que me arreglaba yo el cabello a cuando lo hacía mi esposo: a él sí le quedaba organizado.

—Sushi —me anunció siguiendo de espaldas a mí —. Pon platos.

En la casa de mi suegra, ella discutía a Shikamaru por su hábito de ejecutar las «labores femeninas» en mi lugar.

Es tu esposa, que al menos que te ponga el plato en la mesa.

Mamá, tal vez no me sirve ni me cocina, pero si hacemos cuentas de nuestras ganancias en misiones, ella es quien pone la comida en la mesa.

Cierto, yo trabajaba más que Shikamaru. O no necesariamente más, sencillamente yo me dedicaba a cumplir misiones de asesinato de corto tiempo, ya que no eran fuera del País del Fuego; y él laburaba en horario de oficina con los de inteligencia, cumpliendo una o dos misiones al mes. De cualquier forma, yo ganaba más, mucho más.

—¿Qué vamos a tomar? —pedí ocupando mi asiento en la mesa.

—Sake.

—Wow —dije con guasa —. Eso es ilegal —agregué con un tono de niña buena.

Mi esposo ladeó la cabeza y me sonrió con ironía, seguro recordando que yo fui quien le proporcioné el licor para su primera borrachera. Desde su punto de vista, Shikamaru no alcanzaba a ver que, a causa de mis piernas abiertas y mi nula ropa interior, mi vagina estaba expuesta.

—Si quieres te sirvo jugo de frutas.

—No me jodas —caí en mi verdadera actitud.

Dejando un plato en el centro con todo el sushi que preparó, Shikamaru trajo la botella de sake que seguro compró en un supermercado, dos pocillos, pues yo no tenía vasitos para licor; y palillos de metal. Ya que estos habían sido utilizados antes, estaban separados y solo era cuestión de agarrarlos. Fingí que uno de los míos se deslizaba de mi mano y Shikamaru, como el caballero de brillante armadura que era, dijo:

—No te agaches —sonreí al ver que retiraba la silla para inclinarse a tomar mi palillo. Abrí más las piernas y fui recompensada con el sonido de un golpe entre la mesa y la cabeza de Shikamaru —. Eres cruel —espetó sin salir de debajo de la mesa.

Me asomé a mirar, él se estaba lamiendo los labios.

—¿Tú crees?

—Le creció vello.

Mi vellito era tan inofensivo y rubio que jamás me tomé la molestia de rasurarlo como hacían otras chicas, yo lo mantenía corto con unas tijeras para que no estorbara.

—Te lo dije.

Shika se incorporó y me entregó mi palillo.

—Come.

Que sexy sonaba Shika cuando se ponía mandón. Crucé mis piernas, apretándome para recibir ese pequeño consuelo en lo que comíamos. En honor de la verdad, yo no hice alguna cosa para provocarlo a lo largo de la cena, pero él soltó de golpe sus palillos en su quinta pieza de sushi y se metió con desesperación debajo de la mesa.

—¿Shika? —me reí. Sus manos me separaron las piernas y él se las colgó en los hombros.

Continuaba siendo extraño que sus manos fuesen así de pequeñas; siendo positivos, yo lucía como una chica de 14 años a lo sumo, tenía que ser difícil para Shikamaru.

—Come —ordenó.

No supe si me lo decía a mí o a él mismo, pues él de inmediato abrió la boca y sacó su lengua para pasarla por todo lo largo de mi sexo.

—Agh —ese quejido era de placer.

—Come.

Joder, era conmigo.

—¿Enserio? —musité tratando de que mis gemidos no ahogaran mi palabra.

—Sí. Mierda, que bien sabe —con sus manos me jaló al borde de la silla para dejarme completamente a su merced —. Come.

Le hice caso con las manos temblorosas. Puse una pieza de sushi en mi boca y lo mastiqué con lentitud, estremeciéndome entera. Shikamaru usaba sus dedos para penetrarme mientras su boca succionaba mi clítoris.

Mi primera vez no fue con Shika, sino que ocurrió en mi viaje con Jiraiya. Tuve un par de noches de locura en las que aproveché lo descuidado que solía ser mi padrino para escaparme con unos chicos pueblerinos. La experiencia no fue la mejor, lo repetí tres veces en diversos sitios antes de darme por vencida. Los chicos adolescentes llanamente no eran buen polvo. Volví a intentarlo con mi crush un mes antes de retornar a Konoha. Sí, mi crush, Itachi.

Por eso tantos nervios alrededor del jovenzuelo Itachi. El Uchiha fue mi primer polvo real y vaya que fue sensacional. En un momento estábamos peleando en solitario mientras yo hablaba de lo bueno que estaba su culo sin esa capa de Akatsuki y en el siguiente él me tenía acorralada y me estaba besando. Quizás Itachi necesitaba descargarse y yo estuve ahí justo en su momento de debilidad. No importaba por qué ocurrió, fue sexo rudo contra un tronco para mi felicidad.

Yo creía hasta ese punto que los hombres solo podían funcionar una vez por unas horas, pero Itachi me rectificó mi suposición. Él no dudó en tirarme al suelo, ponerme en cuatro y lamerme hasta el alma antes de cogerme con sevicia inhumana dos veces más.

Uff, que rico estuvo Itachi. Y más rico estuvo Shikamaru después de que se lo conté, esforzándose al máximo para, de alguna manera, dejarme en claro que él era mejor. Los niños y sus egos.

—Ahh —exploté en la boca de Shika sosteniéndome del borde de la mesa.

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Lamí cada preciosa gota que salió de ella antes de salir de debajo de la mesa. Me apoyé en mi silla sintiéndome un rey, limpiando con mis dedos mi mandíbula y mejillas untadas con los líquidos vaginales de mi esposa temblorosa.

—Mmm, Shika —sonó tan necesitada y deseosa que mi pene se sacudió.

Con mi mano tensa, sujeté uno de los rollitos de sushi y me lo llevé a la boca, aprovechando para lamer mis dedos.

—Que rico sabes.

—Ja, ja, ¿qué soy? ¿Una salsa?

—¿Por qué no? —le sonreí con prepotencia. Tomé otro rollito y lo fui a meter a mi boca; yo me escurría de mi silla, así que tuve que ver hacia arriba para comprender que era lo que estaba haciendo Naruko.

Mi niña bonita se levantó, perdió una de sus manos dentro de la camisa y la sacó con un dedo empapado en el líquido blancuzco que su vagina generaba debido a la excitación. Ella tomó un rollito de sushi y pasó su dedo por encima del alga, untando todo el líquido de su dedo en la comida, después rodeó la mesa y se sentó en mis piernas quedando nosotros frente a frente.

—Abre la boca.

Acepté el bocado y luego de masticarlo dos veces, teniéndolo en mi boca, besé a Naruko. Iniciamos un juego con nuestras lenguas y los trozos de pescado y arroz que navegaban de boca en boca, deslizándose por nuestros labios para aterrizar en mi regazo. Naruko inició el manoseo al agarrar mi erección, con mi mano derecha cogí su pecho acariciándolo por encima, más interesado en apretar su pezón.

Con los ojos cerrados, casi podía fingir que nuestros cuerpos eran los adecuados.

Al separarnos, cada uno tenía su ración para masticar y tragar. Mutuamente nos dedicamos miradas y sonrisas perversas. Naruko sujetó entre dos dedos mi pene oculto por mi ropa. Pronto ella se habría deslizado al suelo para quitarme los pantalones.

Era un orgullo decir que mi pene pasaría por el de un adulto; un adulto corto en centímetros, pero un adulto.

—¿Lo has medido?

—Erecto tiene 8 centímetros.

—El grosor está bien, delgado, pero bien. Me gusta —y con deseo de recalcar su opinión, Naruko pasó su lengua a lo largo de mi miembro.

Tomé otro rollito y lo comí recibiendo una mamada muy corta.

—¿Qué pasa? —dije al verla apoyarse en mis piernas para levantarse y alejarse del suelo, a similitud con una serpiente por el poco espacio entre mi cuerpo y la mesa.

—Quiero sentirlo ya.

Sin mayores preparaciones, con la única intención de satisfacer su capricho, Naruko volvió a ocupar mis piernas más que dispuesta a ensartarse en mí.

—Espera —sostuve sus caderas —. Hazlo despacio.

—¿Para qué?

Excitada, ella se enojaba si uno la detenía.

—Técnicamente aún eres virgen.

—¿Acaso olvidaste las cogidas de estos años?

Sonreí.

—Para nada, mi amor, pero ocurrieron con henge. Yo no recuerdo que tú hubieras sangrado en ninguna y tú dices que sangraste la primera vez con ese chico campesino.

—Sí —murmuró viendo mi pene —. Al menos es pequeño, no dolerá tanto.

—Auch —dije en defensa de mi orgullo.

—No te sientas mal, ya es bastante para tu edad.

Y con cierto cuidado, Naruko se deslizó dentro de mí. Su rostro se contrajo un tanto.

—¿Duele?

—Es una presión fastidiosa.

Se balanceó suavemente. Yo solté sus caderas y sujeté los bordes del espaldar de mi silla. Era preferible que Naruko marcase ella misma el ritmo, así no se lastimaría por un exceso de energía de mi parte; o si se lastimaba, no sería por mi culpa, sino por lo frenética y brusca que podía ser ella en ocasiones.

De mi parte, me dedicaría a disfrutar la sensación.

—Esto se sale —se quejó ella.

Tuve que carcajearme ante lo adorablemente quejicas que sonó ella.

—Naru, tengo 12.

—Egh, extraño tu miembro, era tan bonito —resoplé. Naru levantó la cabeza bruscamente, con los ojos brillando: tuvo una idea —. Transfórmate tú.

—A-ah.

—¡Shikamaru!

Ok, hora de intervenir.

—Mi amor —solté la silla y sujeté su rostro contrito por mi negativa. Puse un suave beso en sus labios —. Se realista, tienes 12 años, ya te estás lastimando con lo poco que te puedo ofrecer en este momento, un tamaño mayor te heriría de verdad.

—Lo sé, pero... —arrugó el rostro —. Te extraño. Extraño la vida que compartíamos antes.

—Y yo. No he olvidado las lunas de miel que improvisábamos los fines de semana, ni lo hermoso que era tenerte entre mis brazos y amarte hasta la locura —su sonrojo no tardó en aparecer, acompañado de una mirada tierna. Casi una década de matrimonio y cinco años en esta realidad daban sus frutos: su rubor no cargaba vergüenza, ella aceptó mis dulces palabras sin sentir que eran algo que no mereciese —. Ya hicimos lo más importante. Descansa hoy y mañana volvemos a intentar. Hay tiempo.

—Pues sí —ella continuaba sin estar de acuerdo, pero me haría caso. Oh, oh, ¿por qué lucía tan... divertida? —. Entonces me bajo.

—No, no —la sostuve en su puesto: mi tenso y duro pene. Yo era un caballero, si ella estuviese realmente lastimada, yo mismo la bajaría, pero con su sonrisa maliciosa, Naruko me dijo que solo estaba blofeando.

—No lo sé, hay que esperar. Hay tiempo.

Maldita mocosa.

—No seas mala —me recosté en la silla —. ¿Te quieres bajar? —pregunté con cautela.

Ella negó y continuó moviéndose.

—Hay presión, pero se siente muy bien. Ten —cogió mis manos y las puso sobre sus pechos —. Entretente con eso.

Me lamí los labios, no necesitaba decírmelo dos veces.

0oOo0

Kakashi se la fumó verde si creyó que yo no iba a desayunar. Ja, la primera lección que le aprendí fue a no salir de casa con hambre. Yo podía pasar días sin comer decentemente en medio de las batallas, solo dando pequeños sorbos de miel para no desmayarme, pero iniciar el día, o el enfrentamiento, sin comida era iniciar mal.

Con paciencia, preparé mi desayuno y el de Shika, me di una larga ducha con agua caliente y le dije a Shikamaru que me hiciera dos trenzas para que sostuvieran todo mi cabello, pero que al llegar a mi nuca estás se unieran y se convirtieran en una sola.

Tras esto, y alistar mi mochila con armas y un refrigerio, le di un beso a mi esposo y salí a de mi apartamento. Al llegar al campo de entrenamiento designado, mi reloj de pulsera marcó las 7 a.m.

—¡Naruko! ¡Llegas tarde!

¿Cómo hacían las chicas para gritar tan agudo?

—Lo siento, me entretuve en el camino —mentí caminando hasta ellos, quienes se sentaban bajo las sombras de los árboles —. ¿Y el sensei?

—Aún no ha llegado —la respuesta de Sasuke cargó con su acostumbrado tono seco.

—Bueno —saqué de mi bolsillo un bonito y portátil juego con botones y con una pecera con agua, aritos y estacas. La idea era oprimir los botones e impulsar por la presión los aritos dentro de las estacas.

Una hora después estaba harta del dichoso jueguito y lo guardé de nuevo en mi bolsillo. Hoy decidí usar pantalones negros y una camisa naranja con el estampado de la aldea junto al pecho; en la espalda, igual que con toda mi ropa, incluyendo la civil, yo cargaba el símbolo de los Uzumaki.

—¿A qué horas piensa llegar ese hombre? —se quejó Sakura.

—No lo sé, pero me despiertan cuando lo haga —pedí empujando mi mochila un poco más allá para usarla de almohada, recostándome bocabajo en la hierba.

—¿Qué haces durmiéndote? ¿Y si llega en dos minutos?

—Pues en dos minutos me despiertan, dah.

Cerré los ojos y decidí ir a visitar a Kurama. Mi biju dormía como un bebé en su jaula. Yo me metí entre los barrotes ocasionando que a él se le abrieran los ojos. Confiando en mi presencia, Kurama cerró los ojos de nuevo y me permitió recostarme en su cálido pelaje.

No supe más del mundo hasta que...

—¡Llega tarde!

¿Hum?

—¡Despierta floja!

¿Alguien me estaba tocando?

—Naruko-chan, buenos días —abrí un ojo, topándome con un sonriente Kakashi; fue él quien me sacudió el hombro. Con torpeza revisé mi reloj, 10:00 a.m. —. Despierta, cariño.

—Buenos días Kakashi-sensei —me incorporé bostezando —. ¿Ya va a empezar la prueba?

—Sí —él se rio —. Me da la impresión de que no estás durmiendo bien de noche. Arriba.

Sujeté sus manos y me levanté.

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Jum, al menos podrían disimular. Que un Jounin levantase la mochila de un Genin era rebajarse, yo jamás lo habría hecho.

Sacando dos campanas, el sensei nos explicó la prueba. Así que uno de nosotros regresaría a la Academia... Naruko y Sakura eran débiles, pero de las dos Naruko era la que menos estorbaba. De primera mano constaté varias veces lo duro que podía golpear mi compañera rubia; sus jutsus eran patéticos, sin embargo, Sakura entera era patética.

—Pueden atacar en 1, 2, 3 —sin dudarlo, Sakura y yo nos escondimos entre la maleza. Para movernos a esa velocidad, los instructores de la Academia nos enseñaron a cubrir nuestro cuerpo con chakra. Yo creía que me movía muy rápido, pero el ojo de Kakashi me siguió muy evidentemente. O quizás era porque yo no me había alejado tanto, pues tenía curiosidad de ver la manera en que Naruko lo atacaría.

—Deberías lavarte la cara, querida. Hay un rio por allá.

—Sí... —como un zombi, Naruko se alejó del sensei, quien la vio con diversión.

Ok, ¿de qué forma atacaba yo a Kakashi? Me alejaría y planearía una estrategia mientras Sakura y Naruko realizaban algún movimiento. Yo no conocía los poderes de ese hombre, aguardar era lo más conveniente.

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Con el rostro despejado, activé mis sentidos, cortesía de Kurama. Por desgracia, yo no heredé las capacidades sensoriales de mi padre.

¿Cómo se supone que las heredarías? Él las desarrolló por su cuenta.

—Espera, ¿qué? ¿O sea que yo puedo tenerlas?

Si te dignaras a entrenarlas en lugar de considerarlo caso perdido y atenerte a mí, sí.

Me sonrojé y mascullé una palabrota. Fue Shikamaru y la batalla los que me hicieron caer en cuenta de que yo me relajaba en demasía en el chakra del Kyubi y que lo único que manejaba era una decena de jutsus, convirtiéndome a mí, la reina de lo impredecible, en predecible. En vez de buscar grades y poderosos jutsus, me centré en simples jutsus generales y elementales, usándolos para planear ataques y sorprender a mis enemigos.

Bueno, por ahora me centraría en el trabajo entre manos. Sasuke estaba en los matorrales y Sakura sobre aquella colina. Él estaba más cerca, así que me transporté hasta él con un jutsu silencioso.

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Por un instante creí que se trataba de Kakashi, pero era la torpe de Naruko ejecutando un jutsu nivel Chunin. ¿Cómo era eso posible?

—Hola.

—Largo —le gruñí.

—Escucha, siendo franca, ni tu ni yo, ni Sakura, somos capaces de medirnos frente a Kakashi-sensei. Él es un ninja élite.

—¿Y tú de qué lo conoces?

—¿Recuerdas que te conté alguna vez que los ANBU cuidan de los huérfanos? Bueno, él estaba entre ellos. Imagínate, un ANBU, nosotros estamos recién graduados de la Academia, no hay forma en este mundo de que le ganemos.

—No necesito ganarle, solo quitarle una campana.

—Ese sujeto es capaz de masacrarnos a diez metros de distancia, no nos dejará tocarlo si él no quiere. Necesitamos un plan. Busquemos a Sakura.

La miré con molestia.

—¿Es que le tienes miedo a Kakashi?

—No —dijo con sencillez —. Es un tipo muy amable, pero no deja de ser lo que es.

—Yo lo haré solo. Encárgate tú de tu campana.

—¿Y Sakura?

—Ella es un fastidio. Nos colaborará más si se sale del equipo.

Naruko parpadeó sorprendida.

—Como gustes, idiota.

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Desde mi punto de vista no lograba captar que sucedía, creí que subiéndome a una colina lograría tener una mejor visión, mas apenas lograba observar el cabello del sensei.

—Hola.

Involuntariamente dejé salir un chillido de pánico.

Baja la voz o él te verá, me dije.

—¡Naruko! —gruñí con los dientes apretados —. ¿Qué haces aquí asustándome?

—Te estaba buscando. ¿Por qué no planeamos una estrategia entre las dos? Solas no seremos capaces de vencer a Kakashi-sensei.

—Sí, claro —dije con sarcasmo —. Y luego dejamos por fuera a Sasuke-kun.

—Podríamos...

—Cállate y vete. Es obvio que Sasuke logrará tomar una campana y yo tomaré la otra campana y tú estarás fuera.

¡Cha! Ella no se interpondrá en nuestro amor.

—Sakura... está bien —suspiró.

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Mocosos imbéciles, ¿cómo fue que Zabuza y Haku no nos desgarraron en pedazos? Ah sí, el miedo hizo colaboradores a este par de...

—Hola sensei —saludé amigablemente a Kakashi.

—Creo que no entendiste el concepto del ejercicio, Naruko.

—Es que necesito preguntarle algo.

Sakura y Sasuke no estaban tan lejos, quizá oyeran.

—Claro, pregunta.

—Mire, yo sé que no hay manera de que nosotros por nuestra cuenta podamos vencerlo a usted —lo señalé con mis palmas unidas, algo tímida por lo que iba a hacer: echar al agua a los tontos —. Hablé con Sasuke y Sakura, pero ninguno quiso hacerse en equipo conmigo. Uno dijo que yo me preocupara por mi campana, que él se preocupaba por la suya y que la otra bien podría retirarse del equipo; la otra me dijo que él sería capaz de coger su campana, así que ella iría por la suya y que yo estaría fuera. En resumen —agité mis manos de forma circular, como si estuviera borrando algo —. ¿Puedo usar dos clones de sombra en remplazo de mis compañeros? Es que sola no creo ser capaz.

—¿Saber hacer los clones de sombra? Eso es un jutsu nivel Jounin.

—El Sandaime me lo enseñó —bajé la voz —. Sabes que tengo mucho chakra, no me cuesta trabajo hacer decenas y decenas de clones.

Kakashi asintió.

—Está bien... Naruko, espera. Mejor no.

—¿No?

—No. Ve a los troncos y siéntate. ¿Trajiste comida?

—Sí.

—Ve y come, cuando suene la campana te daré tu bento de almuerzo.

—Oh —me encogí de hombros —. Está bien, Kakashi-sensei.

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Pero... ¿Naruko tenía comida? ¡Yo me estaba muriendo de hambre!

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Ese hijo de puta debió permitirle traer comida. La estaba dejando comer como si nada. ¿Es que Kakashi planeaba pasarla sin el examen?

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Sasuke y Sakura lo intentaron; esta vez Sasuke no logró tocar la campana, Kakashi lo golpeó más fuerte y lo enterró bajo tierra dejando su cabeza por fuera para que él respirara. Con el intento de ataque de Sakura, quien usó shurikens, Kakashi empleó un genjutsu que la hizo gritar.

Al sonar la campana, él tomó ambos cuerpos, primero Sasuke, y los amarró al tronco. Yo me reí a mis anchas de cada uno.

—¡Cállate Naruko!

—Tsk.

—Tsk —le devolví —. Te pareces mucho a tu padre en lo amargado —le dije a Sasuke.

—Tú no conociste a mi padre.

—Sí lo conocí. Yo soy amiga de Itachi, bueno, era, digo, no sé si él aún cuente como amigo, después de todo ni siquiera se ha tomado la molestia de enviarme una postal desde la cueva bajo tierra donde debió haberse enterrado para que la ley no lo capturara —estallé en risas.

—¡¿Te parece gracioso lo que hizo mi hermano?!

—No y me gustaría saber por qué los mató a todos. Yo recuerdo perfectamente a Itachi, era un muchacho muy educado y pacífico.

—¡Es un loco!

Con que eso era lo que pensaba Sasuke de su hermano.

—Basta los dos —nos interrumpió Kakashi parándose delante de nosotros con los brazos en la cintura —. Vamos a hablar de lo que ocurrió hoy y por qué terminaron atados en ese tronco.

—¿Eso me pregunto yo? —exclamó Sakura —. Sensei, Naruko no peleó contra usted, ¡no hizo nada!, y usted la dejó desayunar y sentarse aquí a reposar.

—¿Ustedes creen que hicieron algo mejor que ella?

—Claro que sí —respondió Sasuke —. Yo peleé por mi campana, no fui ante usted a ponerle quejas.

—Poner quejas —se burló Kakashi —. ¿Saben qué fue lo que hizo ella? Rendirse. Si esto fuera un escenario real, en una pelea real contra un enemigo real, ella se habría rendido frente a su oponente. Díganme, ¿no les explicaron lo que le sucede a las kunoichi cuando son atrapadas por el enemigo?

Fruncí el ceño, ellos ladearon los rostros evitando el ojo de Kakashi.

—Fue su decisión.

—¿Fue su decisión? ¿Estás segura, Sakura? ¿No querrás decir que Naruko fue obligada a tomar esa decisión?

—¡Nadie la obligó! ¡Ella pudo pelear contra usted igual que nosotros!

—Hasta donde yo tengo entendido, Naruko lo intentó. Por eso, ella es la única que pasó el examen.

—¡¿Qué?!

Wow, Sasuke también sabía gritar.

—¡Kakashi-sensei eso es muy injusto! ¡Yo no la vi hacer nada!

—Naruko hizo algo muy importante: al contrario de ustedes dos, ella fue la única que descifró la verdad oculta tras este ejercicio.

—... ¿verdad oculta?

—Piénsenlo. ¿Qué fue lo que intentó hacer Naruko? ¿Qué fue a hablar con ustedes?

—Ella... ella quería que hiciéramos una estrategia nosotras dos.

—¿Sasuke?

—Me dijo lo mismo... y mencionó a Sakura.

—¿Podría uno de ustedes dos decirme exactamente en qué fue lo que pensó Naruko? —les dio tiempo, pero ninguno habló —. ¿Por qué creen que fueron asociados en equipos de tres? ¿Ese es un numero mágico o qué? —más silencio —. La respuesta es tan simple, ¡trabajo en equipo!

—... ¿trabajo en equipo? ¿Ese era el chiste?

—Ese era el chiste. Naruko fue la única que tuvo la consciencia de decir: no soy capaz, necesito ayuda. Ella los buscó a los dos, pero ustedes estaban demasiado ocupados en ustedes mismos. Sakura, tú no consideraste su ayuda, palabras más, palabras menos, le dijiste a tu compañera que era un estorbo. Y Sasuke, tú crees que todo es por ti, que solo tú importas y que los demás te llegan a la suela de los zapatos. Estuviste dispuesto a sacrificar a Sakura porque tú, al igual que ella con Naruko, consideraste que es un estorbo. Ninguno se tomó enserio las palabras «ataquen a matar». Esto no es la Academia, no es un juego; parafraseando a Naruko, no hay manera de que ustedes puedan vencerme a mí. Debieron prever eso y usar la cabeza.

—¡No es nuestra culpa que ella lo conozca a usted y sepa de su fuerza! —le gritó Sasuke —. Yo ayer los vi, usted la estaba cargando y besando.

—Oye —dije en seco.

—¿De qué estás hablando? —curioseó Sakura con impresión.

—Sasuke, no malinterpretes las cosas a tu favor. Le di un beso en la frente, eso fue todo.

—Sí. Y si me estaba cargando es porque él velaba por mí cuando era ANBU y yo lo reconocí ayer y me emocioné al verlo.

—¿Cuál es la diferencia de la frente a los labios? Es lo mismo.

—Viejo, la diferencia es del tamaño de esta aldea —espeté.

—A la próxima que quieras inventar historias, trata de que una de las versiones no cargue con la pena de muerte —dijo Kakashi —. E igual, nuestra relación amistosa no tiene ninguna importancia. Suyo es el mérito de descubrir sola el ejercicio.

—¡Claro que importa! Si no, ¿cómo habría sabido que usted era tan fuerte?

—¡Es que es obvio! Soy un Jounin, es lógico que puedo barrer el suelo con ustedes. ¿O crees que tú puedes enfrentar a un Jounin? Hasta donde sé, eres un miserable Genin, lo más bajo en la cadena.

—¡A mi edad Itachi ya era capitán ANBU! ¡Y ambos somos Uchiha!

—Ambos son Uchiha, pero tú no eres Itachi —dije —. Tu hermano es un genio de los que muy rara vez aparecen. No te molestes en compararte con él, jamás serás capaz de alcanzarlo. Cuando llegues a su nivel actual, él ya será 100 veces más fuerte.

—¡Tú no sabes nada!

—Claro que lo sé. El mundo ninja funciona así: algunos tienen ventajas y otros no. No te equivoques, nacer en un clan no te da ventajas. Itachi pudo matar a tanta gente tan rápido porque casi la mitad de los Uchiha eran civiles o policías de poca monta, los Genin eran un puñado de niños y solo unos diez de los tuyos tenían realmente el poder de un Jounin Élite, pero eso era algo fácil para Itachi. ¿Sabías que el Yondaime fue hijo dos humildes campesinos que cultivaban tomates? Él ni siquiera nació en Konoha, sino a las afueras; y aún así se convirtió en el ninja más fuerte que ha producido esta aldea, más que Itachi, y eso que murió a los 23 años de edad. Algunos nacen para ser poderosos, a algunos los obligan —puse mi mano en mi vientre, acariciando el sello —. Y otros trabajaran muy duro para conseguir muy poco.

—Ella tiene razón. Sus calificaciones o su linaje no sirven de nada. Deben trabajar arduamente hasta descubrir en cual de estas tres categorías están ustedes: los escogidos, los obligados o los olvidados. Bueno, suficiente de discursos. Naruko, almuerza, los demás, mírenla comer. Les daré una segunda oportunidad para que pongan en práctica lo que les dije, vendré en una hora. Naruko, si los alimentas, están reprobados los tres.

Y con eso, se esfumó en un remolino de hojas.

—Al fin —me levanté y tomé los tres bentos —. A ver, abran la boca.

—¿Es qué no lo escuchaste?

—No nos puedes dar de comer.

—¿Quieren callarse y dejar de seguir las reglas? —dije con exasperación —. Si yo hubiese echo caso a todo lo que Kakashi dijo, estaría atada a ese tronco y con el estómago vacío. Usen la razón y la lógica, ya será difícil enfrentarse a él y en este estado... Sakura está al borde del desmayo.

Sasuke miró a la chica de ojos jade.

—Está bien.

Abrí los bentos, separé los palillos y puse el primer bocado en la boca de Sakura, la que más urgente necesitaba comer.

—¿Qué jutsus tienen ustedes? Sé algunos de tierra y una bomba de agua, además hago clones de sombra.

—Bueno, yo... —Sakura vaciló —. Solo tengo lo que nos enseñaron en la Academia.

—Correcto. Espera —dejé su bento en el suelo y tomé el segundo con un nuevo par de palillos —. ¿Y tú Sasuke?

—Sé jutsus de fuego y mi puntería es perfecta. Gracias —musitó antes de abrir la boca y recibir un bocado de arroz.

De inmediato, el cielo se ensombreció y Kakashi apareció envuelto en una nube de furia. Al desplegar parte del instinto asesino propio de un Jounin, Kakashi logró envolvernos en un genjutsu que aumentaba nuestro pánico.

—Tú... ¡los alimentaste!

—¿Qué más quería que hiciera? Estamos juntos en esto.

—¿Ah sí?

—Sí, lo estamos —decretó Sasuke.

—Así es, sensei —temblorosa, Sakura nos apoyó.

—Entonces... están aprobados —y al carajo se fue todo el show que montó con el genjutsu.