Con delicadeza me estiré y arranqué una hoja del arbolito frente al edificio en el que se ubicaba mi apartamento. Apoyé la hoja en mi frente, concentré chakra y la sostuve ahí. Seguí caminando hasta la Torre Hokage, más pensativa que otra cosa.
Con años de entrenamiento en mi primera vida, obtuve un control muy preciso de mi chakra, similar al que poseía justo ahora en esta nueva vida. Yo lograba sentir la energía en el aire y lo capturaba colocando chakra en los abanicos que antiguamente manejaba; el nivel para lograr tal hazaña era inmenso, sin embargo, se quedaba en pañales con el nivel de control que tuvo mi padre. Papá fue tan hábil que conocía los puntos de chakra de su cuerpo y los activaba y desactivaba a voluntad; solo un Hyuga o un genio médico era capaz de hacer algo así.
A lo largo de mi vida, fui muy feliz de usar un clon para generar el Rasengan, pero la realidad era que yo desperdiciaba toneladas de chakra. Ero-sennin al inicio de mi entrenamiento se fue por la rama fácil, reconociendo que yo no era ningún tipo de genio, enseñándome a usar mi chakra en abundancia en lugar de regularlo, otorgándome la idea errónea de que yo podía apoyarme para siempre en el chakra de Kurama. En parte sí, Kurama estaría conmigo hasta mi muerte, no obstante, ¿qué era yo sin él?
Así que me decidí a los 18 años por el camino difícil y empecé a aprender jutsus de verdad, a dejar de confiarme y de creerme «super wow» por mis clones; a Sasuke le dije ayer lo mismo que me dije a mí años antes: nacer en un clan no te da ventajas. El Sharingan o mi chakra Uzumaki desproporcionado no significaban que seríamos grandes shinobis. Probablemente resaltáramos entre los otros ninjas de nuestras generaciones, pero en el fondo no éramos la gran cosa.
Bueno, estoy siendo algo dura, me dije tomando el camino de la derecha y pausando mi chakra; la hoja se deslizó de mi frente y fue a dar al suelo. Desde aquí podía ver la rosa cabellera de Sakura. No es culpa de nadie nacer prodigio o estorbo, Lee parecía un prodigio a primera vista, pero todo fue gracias a su trabajo; el mismo Itachi ha estudiado desde que tiene uso de razón para tener el nivel que tiene.
Lee jamás alcanzaría a Itachi, pero todo el poder que logró él fue suyo, no era un regalo del destino o de la naturaleza, ni de un padre desesperado. Y si yo quería ser alguien, tendría que entrenar inteligentemente.
—Buenos días —saludé a mi compañera.
Sakura vaciló entre fruncirme el ceño y asentir.
—Buenos días, Naruko... oye, ¿dónde compraste esas botas? —me miró las piernas.
Las botas negras ninjas, que me llegaban a mediados del muslo, no eran un elemento decorativo. Ellas tenían tres usos: dar sensualidad a mi apariencia, lo que era una ventaja femenina en el campo de batalla; esconder sellos de armas y alimento y protegerme las piernas descubiertas por culpa de mis cortos vestidos y shorts.
Usar el chakra de Kurama para curar cada pequeña herida de mi cuerpo acortaba segundos de mi vida. Yo no era estúpida, no iba a permitir que mi cuerpo se expusiese a semejante peligro, pero tampoco me permitiría sangrar en el campo de batalla. No, Kurama me seguirá curando, solo que la idea era que fuese más difícil herirme.
—Me las regaló el Sandaime por haberme graduado.
—¿Él es familiar tuyo?
—No, pero le digo abuelo. Él es mi tutor legal.
Sakura ladeó la cabeza de forma pensativa.
—¿Por qué?
—Yo soy hija de un conocido suyo que murió en el ataque del Kyubi, así que él se encargó de mí, solo que yo no fui criada con el resto de su familia. Llamémoslo un apoyo económico.
Diciéndolo de tal forma, sonaba cruel.
—Ah. Tenía entendido que eras hija de campesinos.
—Lo soy.
Bueno, mi padre era hijo de campesinos.
—Buenos días.
Sasuke llegó. Quedaba aguardar a Kakashi.
0oOo0
A eso era justamente a lo que me refería. A mí me daría muchísima vergüenza salir de casa tan... sexy como Naruko, pero a ella parecía darle igual mostrar la parte alta de sus piernas y que su camisa rosa no le cubriese más allá del borde de sus shorts azul claro. Incluso Sasuke la notó y, por su ávida mirada a Naruko, él gustó de su estilo.
Junto a Naruko, yo lucía como una niña en mi vestido rosita y mi larga licra que me cubría hasta la rodilla. Ya se me estaba haciendo costumbre sentirme inferior al lado de Naruko, intimidada con su confianza y lo perfecta que lucía.
¿Qué le decía yo, cómo la humillaba?
—Hola.
—¡Kakashi-sensei! ¡Llega tarde! —exclamé furiosa. Nos hizo esperarlo por media hora.
Naruko se rio.
—Ay Kakashi-sensei —se quejó ella.
Sasuke apartó la vista.
—Entremos. Quiero que nos asignen una misión.
—¡Sí! —lo apoyé sonando dulce y espontanea. Si Sasuke veía que yo estaba de acuerdo a todo lo que él decía, seguro se fijaría en mí.
—¿Vamos a hacer solo misiones o entrenaremos? —le pidió Naruko al Jounin.
—Por un par de días haremos misiones al tiempo completo, luego mezclaremos.
—Correcto.
—Vamos pequeños ninjas —dijo Kakashi-sensei burlándose de nosotros.
A modo de citar la confianza de Naruko, ahí estaba el ejemplo: yo mantenía una distancia y un tono de voz respetuoso para con el sensei, pero ella era tan relajada que se atrevió a caminar cerca suyo, recibiendo un toque ligero en su hombro por parte de Kakashi-sensei.
0oOo0
Pensé cuidadosamente toda la noche en lo que dijo Naruko y encontré que ella tenía razón. No me lo había planteado así, por lo que le di el beneficio de la duda a ella.
—Muévete idiota —me dijo Naruko al ver que yo me estaba quedando rezago.
—Hmp.
Tal vez ellos, Kakashi y Naruko, se veían mutuamente como hermanos o tutor-infante y yo malinterpreté las cosas, pero ¿qué más podía pensar yo cuando ella usaba esa ropa tan corta y se dejaba tocar de ese hombre? Los hermanos no tocaban la espalda de sus hermanas, ellos no las tocaban de ninguna forma; y el hecho de que él bajase su mano tan rápido, fingiendo que era un gesto casual, era indicativo de que Kakashi ocultaba su deseo hacia ella.
¿Naruko me dejaría tocarla así? ¿Por qué no habría de hacerlo? La muy zorra salía con Shikamaru y luego dejaba que su instructor Jounin la tocase mientras caminaba junto a él. Sakura, contrario a ella, mantenía su lugar detrás de mí, como una dama. Lástima que ella fuese tan escandalosa y falsa.
(En la tradición japonesa, las mujeres caminan varios pasos detrás del hombre, aunque ellos vayan juntos. Incluso siendo esposos no se acercan al caminar y antiguamente estaba muy mal visto que las mujeres y los hombres caminasen a la misma altura.)
Al menos Sakura mantenía sus vestidos al nivel de la rodilla. Todas las mujeres respetuosas lo usaban mínimo a esa altura, igual que mi madre. Hasta la exhibicionista de Ino se cubría con vendajes el vientre y las piernas.
0oOo0
Naruko se estaba convirtiendo en una hermosa adolescente. Minato-sensei habría estado tan orgulloso de ver la belleza de su hija.
En ocasiones, paseando entre las tiendas, me quedaba viendo las zonas destinadas a las niñas y adolescentes, imaginando lo feliz que serían Minato-sensei y Kushina-san adquiriendo lo que estuviese de moda para su hija. Ellos no habrían escatimado en gastos para criarla, dotándola de todo lo que necesitase para ser una ninja poderosa, una jovencita con una alta autoestima y una persona con valores íntegros.
La miré de reojo y ella me atrapó. Me sonrió y yo a ella. Volví a apretar su hombro, transmitiéndole así el cariño que le profesaba.
0oOo0
La primera misión que nos asignaron fue pintar vallas de madera. Tardamos dos días en completarla y al hacerlo nos pagaron 100 yenes a cada uno (desconozco el funcionamiento del yen, así que, aunque diga que son yenes, me basaré en el dólar estadounidense para facilitar la comprensión del valor de la moneda). La siguiente misión fue pasear perros por cinco días una hora diaria, 25 yenes, limpiar una casa en desuso, 50 yenes. Al finalizar la semana, mi gama-chan rebosaba.
—¡Qué bonito te ves, Gama-chan! —chillé de contenta sujetándolo entre mis manos.
Kakashi se rio.
—¡Naruko! —más que enojada, Sakura lucía consternada —. ¿Tú le hablas a tu monedero?
—Claro —dije como si fuera obvio, enseñándole a Gama-chan —. ¿No te parece que está hermoso?
Sakura no se molestó en contestar, Sasuke disimuló una risita con una tos. Kakashi sonrió con su ojo.
—El interior es lo que cuenta.
—¡Sí! Y este interior está llenó de billetes.
—¿Qué harán con su dinero? —preguntó Sakura —. Yo creo que me compraré ropa nueva y algunos pijamas.
—Tsk, debo comprar mercado —comentó Sasuke. El cabrón se nos abría conforme pasaba tiempo con nosotros. Era inquietante lo poco que me importaría en este momento atravesarlo con un Rasengan o un kunai —. Y adquirir armas.
—¿Puedo acompañarte a comprar ropa? —le dije a Sakura —. Quiero unas yukatas nuevas y Hinata-chan va a ir conmigo.
—Supongo... disculpe, Kakashi-sensei, ¿puedo hacerle una pregunta?
—Adelante —dijo sin pausar su lectura. Sakura aún no se daba cuenta del tipo de libros que leía Kakashi y yo temí que su duda fuese al respecto.
—¿Lo que ganamos le alcanza a usted para vivir? Es que... bueno, para nosotros es mucho, pero para pagar vivienda y comida no sé si alcance.
—No te preocupes. Es cierto, 175 yenes no me alcanzan ni para mi mercado usual, pero los instructores Jounin reciben un estipendio por parte de la aldea. Sobre eso, Sasuke, Naruko, ¿ustedes saben hasta que edad la aldea les va a proporcionar su cuota mensual?
—¿Eh? —Sakura lució perdida.
—Ellos son huérfanos que viven fuera de un hogar de acogida o un orfanato, la manutención se las da la aldea.
—Ah, cierto.
—El Daimyo dijo que yo recibiría dinero hasta los 25 años de edad —dijo Sasuke.
—A mí me pagan automáticamente los servicios y el apartamento está a mi nombre, así que no hay que pagar arriendo; aparte, a mí me dan dos salarios mínimos.
—¿No te lo recortaron al graduarte? —preguntó Sasuke.
—No —lo miré con confusión —. ¿A ti sí?
—Sí. Salario mínimo y medio —frunció el ceño —. ¿Por qué no te lo recortaron?
Yo no sabía que me lo tenían que recortar. Kakashi fue quien me sacó del apuro.
—Hokage-sama es el tutor de Naruko, igual que contigo, Sasuke, sin embargo, no son casos iguales. El Hokage tuvo una íntima relación con los padres de Naruko-chan y él pone de su propio dinero para completar la cuota mensual de Naruko, él le regaló el apartamento y paga sus servicios, contrario que contigo, con quien él no tiene ningún vínculo afectivo. Lamento si suena algo rudo.
Esas fueron el tipo de cosas que yo aprendí de mayor respecto al Sandaime.
—No hay problema —musitó Sasuke.
—Bueno, disfruten el fin de semana. Nos vemos el lunes.
—¡Espere! —Sasuke lo llamó —. ¿No entrenaremos el sábado?
—No, lo siento. Tengo una misión.
—Ah.
—Adiós niños.
—¡Adiós Kakashi-sensei!
0oOo0
—Entonces, Sakura, ¿vamos mañana de compras?
Solo a mí me pasaban este tipo de cosas.
—Supongo —repetí no muy animada. Naruko, como de costumbre, ni se dio por enterada —. ¿Hinata irá? —ella era linda y amable.
—Sí, quedamos de vernos a las diez de la mañana en el centro, frente a la estatua del Primer Hokage.
—Ok. Estaré allí.
—Correcto. Adiós.
0oOo0
Se acercaba la misión de la Tierra de las Olas, yo preferiría que mi relación con Sakura mejorase para entonces, mal para mí que eso significaba pasar un fin de semana aguantándome sus comentarios tóxicos. Ni modo, me tocaba resignarme, al menos tendría ahí a Hinata-chan para distraerme.
Con tanto entrenamiento en estos días, me olvidé de dedicarme un tiempo para mí y mi feminidad.
—¡Naruko-chan!
Me sorprendí de oír a Kakashi.
—Hola —y viendo a mi alrededor, asegurándome de que los civiles estaban los suficientemente lejos, dije —. Hola Perro.
—Hola Naru. Quedé con una dudad, ¿tú tienes suficiente para las yukatas y lo otro?
Le sonreí a Kakashi. Él siempre fue tan cuidadoso conmigo, protegiéndome como un padre.
—Sí, gracias. Tengo 1000 yenes para estos quince días del mes, usaré 500 en las tiendas y dejaré el resto, más lo que gané hoy, para comida y demás gastos.
—Correcto. Bueno, adiós Naru-chan.
—Adiós.
No fue una gran sorpresa que, al llegar a mi casa, al revisar el sobre con mi dinero que me entregaba el Hokage cada mes, hubiese más dinero dentro del que yo había dejado.
0oOo0
Con perspicacia, pasé mi mañana elaborando una lista de artículos para adquirir en las tiendas. Hablé con mamá en la cena y, sin mencionar a Naruko, le expliqué lo que haría hoy, así que antes de ir a su despacho ella me entregó 700 yenes.
La verdad era que estaba muy emocionada y nerviosa, sería la primera vez que saldría de compras sin mamá. ¿Y si yo elegía algo feo? ¿O me timaban? Oh no, ¿y si gastaba todo el dinero en ropa que no servía?
Me empezaba a arrepentir de aceptar la compañía de Naruko, aunque, francamente, yo mentí al hablar con el equipo, solo quería parecer autosuficiente ante Sasuke, obvio yo iba a elegir todo de un catálogo junto a mamá, no saldría sola a las tiendas. ¡Qué horror!
Naruko y Hinata me aguardaban comiendo un helado sentadas en una de las bancas que rodeaban la gran estatua de cobre de nuestro Primer Hokage, Hashirama Senju.
—Buenos días —Hinata lució feliz de verme, Naruko apenas notó mi presencia —. ¿Naruko?
—¿Hum? —parpadeó y me miró —. Lo siento, estaba pensando en algo. ¡Hola Sakura! —¿cómo le hacía para inyectarse energía de golpe en plena conversación? —. ¿Listas?
—S-sí.
—Ajá... ¿Dónde iremos primero?
¿Qué se suponía que hiciera? Hinata y Naruko eran menores que yo, yo no esperaba que ellas tuviesen mucha idea. Esto pintaba feo.
—¿Ropa interior, pijamas o general?
—Hice una lista —entregué a la rubia mi papelito. Esperaba burlas o una respuesta similar a la que obtendría de Ino, pero Naruko me sonrió.
Ella sonreía todo el tiempo.
—Genial. Esto es muy inteligente de tu parte.
0oOo0
Sakura y Hinata eran niñas terriblemente inseguras, ambas demostrándolo de formas completamente diferentes: una con una timidez crónica, la otra con altanería, pero al final eran niñas acomplejadas.
En mi viaje con Jiraiya, estudié la materia de la vida de mano de las prostitutas y mujerzuelas que él frecuentaba; ero-sennin me dejaba comprar revistas para poder leerlas por las noches, así que aprendí muchas cosas, siendo la principal lección quererme a mí misma. Era curioso, pero las revistas de moda no eran tan críticas contra el peso y las imperfecciones, al contrario, cada mes publicaban artículos hablando de esos temas con los que las chicas nos podíamos identificar.
Se sintió agradable no sentirme sola en el mundo y planeaba brindarles esa experiencia a Hinata y a Sakura.
Además, esto ya no era un asunto de belleza, sino una estrategia. El hermanito de Hinata, el chico ese que remplazaba a Hanabi en esta realidad, era muy agresivo y pedante; siendo varón, y Hinata incapaz de ponerlo en su sitio, él era un fuerte candidato a ser el líder del clan. Si él llegaba a remplazar a Hinata en esa posición, mi amiga sería marcada con el sello maldito. Yo necesitaba que Hinata cogiese valor, y rápido.
Con Sakura la historia no era muy diferente, siendo una fangirl gran parte de su vida, ella basó su existencia, gustos y elecciones a lo que «Sasuke» encontraba correcto. De hecho, era incluso más triste al recordar que el propio Sasuke no hablaba con ella y que eso que «Sasuke» encontraba correcto era la propia forma de Sakura de improvisar con lo que su mamá le decía sobre cómo debía lucir una dama.
Era increíble, pero una abogada del talante de la señora Haruno le inculcó a su hija a ser una mujer dependiente de un hombre.
En lugar de ir a una tienda de pijamas para adolescentes, las guié a una tienda de misma temática, pero para adultas, acabándome mi helado en el proceso. Nada de jirafas sonrientes o florecitas.
—Naruko, aquí no encontraremos algo útil —musitó Sakura. Sin sus enojos, ella me demostró la niña que era —. Es donde compra mi mamá.
—Lo sé. Bueno, no sé dónde compra tu mamá, me refiero que aquí vienen las mayores. Tranquila, siempre hay algo bueno en este sitio.
Hinata lució consternada ante las cortas batas y los diminutos pijamas.
Perviértela.
¿Qué comiste? Yo no haré eso con Hinata.
Entre tú e Itachi la ayudarán a hacerse más fuerte, pero para que ella acepte a Itachi necesitará ser un poco más abierta de mente.
Espera, ¿ellos son de esas parejas que tienen sexo desde el inicio?
No que tuviese algo de malo, yo misma lo era, pero ¡estábamos hablando de Hinata Hyuga!
Sí.
Oh, eso no me lo perdía.
—Esta me gusta —Sakura nos enseñó un pijama lila pastel.
En las tiendas de mujeres siempre había secciones más infantiles, mas no destinadas para jovencitas. Muchas mujeres eran afines con los gustos de su adolescencia, pero evolucionados.
—¿Qué tela es? —curioseó Hinata —. Brilla y es muy suave.
—Seda —le dije —. Mira el precio.
—Vaya, no es tan caro —suspiró emocionada Sakura —. Me llevaré algunas.
—Por tu cabello, te luce el amarillo.
Ella se detuvo pasmada.
—¿Amarillo? ¿No es muy vibrante?
—No en pastel. Creo que hay una allí. Vamos Hinata, tu turno.
Ponerle shorts de seda para dormir a la tímida Hinata quizás fuese demasiado.
—¿No me dará frío?
—Para eso están las mantas.
—Es que es tan corto... ¿y si me ven?
—¿En tu casa desayunan en pijama? —ella negó —. Entonces nadie te verá... ¿o es que alguien te visita por las noches, Hinata-chan?
El rubor en sus mejillas fue tan adorable.
—¡Ab-ab-absolutamente no!
—No la molestes, Naruko —Sakura me frunció el ceño, pero no tan pronunciado —. ¿Tú comprarás algo?
—Solo quiero un gorro de seda, el mío me queda pequeño.
¿Qué hago con Sakura?
0oOo0
Sakura Haruno era más falsa que una moneda de cuero. Era del tipo de personas que yo prefería dar como caso perdido.
Sácala de su zona de confort.
Está bien, Kurama.
Al menos me divertiría un poco viéndola sufrir. Esa muchachita era una perra, nació así y se moriría siéndolo. Pero Naruko no me escuchaba, ella continuaba siendo una persona muy optimista, creyendo que todos podían redimirse; solo su rabia le permitía sacrificar a Sasuke. Cerré los ojos y traté de pensar en Sakura a futuro; esas visiones fueron un regalo no esperado muy beneficioso.
Vi a Sakura llorando en su casa con todas sus compras.
0oOo0
Respecto al cuidado capilar, no dudé de las palabras de Naruko, ella era poseedora del cabello más hermoso que yo jamás hubiese visto, así que adquirí mi propio gorro de seda para dormir, igual que Hinata. Dado que, después de los pijamas mi prioridad era la ropa interior, fuimos a una tienda al respecto, y esta vez sí una normal. Bueno, ni tan normal, aquí no era donde me traía mamá usualmente.
—¿Qué copa son ustedes? Creo que llegué a la copa B.
—¿Qué es la copa B?
Naruko me miró con ambas cejas alzadas, incluso Hinata lucía curiosa.
¿Qué?
—¿No sabes tu talla de brasier?
Me sonrojé hasta la sien. Rápidamente giré a ver a mis alrededores, pero escondidas tras ese alto estante nadie nos veía.
—Bueno, yo...
—¿Puedo mirar? —la rubia señaló mi busto.
Asentí ante la petición de Naruko. Creí que ella asomaría sus ojos debajo de mi blusa, pero no, lo que Naruko hizo fue sujetar mis dos senos con sus manos.
—¡¿Qué estás haciendo?!
Hinata balbuceó algo con una diversidad de tonos rojizos en el rostro.
—Sí, es poquito —fue lo que contestó la rubia soltándome —. Pero te apuesto que conseguiremos algo bueno.
¿Eso era todo? ¿Dónde estaba el ataque? Ino siempre me hacía sentir incómoda, ella era otra que sujetaba mis senos sin permiso, mas lo hacía para mofarse de mí.
«¿Si ves, frente de marquesina? A Sasuke-kun lo tendré a mis pies muy pronto, mientras que tú sigues luciendo como un niño.»
Y por su parte, mamá se reía de mí cuando le decía que quería un brasier de verdad, incluso se lo comentaba a sus amigas y todas ellas me paraban en la sala de mi casa para reírse.
«Pero si eres una niñita, aún te falta mucho para llenar un corpiño.»
—¿Y tú, Hinata? ¿Qué talla eres?
—C-creo que y-yo tam-también llegué a la B.
—Ah... —y sonrió con malicia —. ¿Quieres que te ayude a comprobarlo?
—¡N-no!
Naruko se rio de su grito de pánico, para luego rodear con un brazo sus hombros.
—Relájate.
0oOo0
Naruko-chan era tan espontanea, tan sensible y tan... fuerte. Yo habría muerto de tener que hablar con una de esas vendedoras, generalmente yo compraba a solas lo que necesitaba, pero Naruko-chan no se hizo problema en ir hasta donde una de ellas y preguntarle si vendían en esa tienda toallas sanitarias de tela.
—Pasillo 6.
Tras su adquisición, Naruko nos guió a un corredor donde solo se veían sostenes. Yo escogí unos beiges, pero Naruko, que estaba explicándole a Sakura cuales podía usar, los devolvió a la estantería.
—Tú, mi amiga, comprarás algunos con color.
—¡Na-naruko-chan! —tartamudeé impactada —. ¿N-no crees que son muy atrevidos?
—Te diré atrevida si te pones uno rojo de encaje —oh no, que vergüenza —. Tranquila. Vi unos con flores preciosos, espera acá.
Al irse, Sakura se acercó a mí con un bonito sostén rosa.
—¿Ella siempre es así de... sabia? Me refiero a que...
—Sí —asentí, entendiendo lo que quería decir —. Desde niñas Naruko-chan ha sabido decirme que combina, que no, pero nunca he entendido de dónde lo aprendió. E-ella se viste muy bien.
—Sí —suspiró —. Eh, Hinata, tú que la conoces bien, ¿crees que ella estaría interesada en salir con Sasuke?
Sonreí.
—No, lo odia. Naruko-chan está muy enamorada de Shikamaru, ellos pasan mucho tiempo juntos, incluso duermen juntos.
—¡¿Qué?!
Mi rubor empeoró.
—N-no, no, lo dije mal. Ellos hacen pijamadas y esas cosas, por eso Shikamaru se queda a dormir en casa de ella, es todo.
—Ah —Sakura lució menos choqueada —. ¿Ella vive con alguien?
—No, sola.
—Hola —Naruko volvió con varios brasieres —. Lo prometido, sostenes que parecen sacados de un cuento de hadas.
Sonreí, era cierto. La decoración era de castillos, flores, varitas mágicas y princesas.
—Ay, yo quiero uno —chilló Sakura de encanto.
Tras tener todas varios modelos, fuimos a un probador para medirnos nuestros sostenes.
—¿Entramos juntas?
—Claro que no, Naruko.
—Bueno. Entonces entra Sakura primero, te esperamos aquí afuera para verte.
Sakura parpadeó confusa.
—¿Eh? ¿Salir solo con el brasier?
—Sí. ¿De qué otra forma podemos asegurarnos las tres de que te quedaron buenos?
—¿Y-yo tengo qu-qué...? —me señalé. Naruko asintió.
En menos de nada, estuvimos las tres agolpadas dentro de uno de los probadores.
0oOo0
Qué sencillo, me burlé mentalmente.
Las inseguridades de Sakura y Hinata eran tales que una persona con malas intenciones podría aprovecharse muy fácilmente de ellas. Lo importante era que yo podría observarlas cambiarse y eso, para Hinata, significaba romper con un candado de temor insano.
Yo comprendía el pudor a la perfección, pero si Hinata no se forzaba a salir del caparazón, iba a terminar con ese puto sello en la frente. Así tuviese que convertir a mi dulce Hinata en una prostituta, yo la salvaría de someterse de semejante forma ante su insufrible familia.
—Cierren los ojos.
Bah. Obedecí sin verdadera intención de ver sus cuerpos. La felicidad de Sakura al lucir sus sostenes de realce era para mí un premio.
Esa confianza solo le traerá problemas.
Cierra la boca.
¿Qué problemas podía ser que una chica se quisiese cada vez más?
0oOo0
Luego de un delicioso almuerzo, nos quedaban a unos 300 yenes a cada una. Bueno, Hinata...
—Las ventajas de ser rico —se burló Naruko de buena manera ante los 1000 yenes que Hinata aún poseía —. ¿Cuánto te dio tu padre?
—2000 yenes.
Silbé por lo bajo.
—Wow. Si tu padre no tuviese un palo metido en su recto todo el tiempo, le pediría adoptarme.
¡¿Cómo se le fue a ocurrir decir algo así?! Sin embargo, Hinata rio entre dientes guardando su billetera.
—¿Qué s-sigue, Naruko-chan?
—Ropa, por supuesto. Quiero yukatas.
—¿N-no crees que son im-imprácticas? Mi padre dice que los pantalones...
—Tu padre usa kimonos —le dijo Naruko. ¿Era yo o Naruko usaba un tono de asco al referirse al señor Hyuga?
—Sí, pero él no hace misiones. No sé cómo podría yo pelear en vestido.
—Pues fácil —se levantó del asiento de la cafetería señalando sus piernas descubiertas. Hoy sus zapatos eran de los normales —. Vestidos cortos.
Hinata se ruborizó.
—Tú... tú usas vestidos muy cortos, ¿no es incómodo? —curioseé.
Naruko frunció el ceño y se sentó.
—Mira, odio decirte esto, pero mientras más escote en la blusa y más corta la falda, mejor para una kunoichi.
—¡Na-na-naruko!
—Lo siento, pero yo no hago las reglas. Seamos francas, mientras más se exhibe una mujer, menos atención le ponen los hombres a lo que dice y más atención les dan a sus pechos o a sus muslos. En una batalla tener al enemigo mirando los escotes y no los jutsus es una ventaja táctica.
No era que ella no tuviese razón, yo ya había escuchado de eso, pero...
—¿Las kunoichis se visten realmente así?
—S-sí —respondió Hinata —. Kurenai-sensei usa un vestido corto hecho de vendajes y mallas y yo una vez vi a una kunoichi cubierta solo de tela de malla, minifalda y una gabardina. T-to-todos los hombr-bres se le quedaron vi-viendo.
—Su nombre es Anko Miratashi y pertenece al escuadrón de ninjas especialistas, llamados Tokujo —nos narró Naruko —. Son Chunin y Jounin de élite especializados en un área en específico.
Otra vez ese asunto de las especializaciones. Tal vez Naruko tenía razón y yo debía investigar más al respecto.
—¿Sabes en qué se especializa Miratashi-san?
—Tortura y asesinato —tragué saliva. Una persona obtenía títulos por su capacidad de matar, era aterrador —. En fin, no le demos rodeos: ustedes deberían vestir un poco más como kunoichis. Sakura, ¿supones que mis botas son por moda? Están repletas de armas y sellos.
—¿Enserio?
—Por supuesto. Y Hinata, esa chamarra tuya es muy linda, pero a menos que la conviertas en una herramienta, es más un estorbo que una utilidad, especialmente en clima cálido.
Miré mi atuendo habitual, fuera de mi porta-kunai, yo no cargaba armas conmigo. Tenía una bolsa de shurikens, pero no vi necesario usarla hoy.
—¿Una herramienta? ¿De qué manera? —Hinata continuaba interesada.
—Con sellos puede convertirse en un chaleco bomba de alcance medio.
—¿Eso no es peligroso?
—No, los papeles bomba son inofensivos a menos que se activen. O podrías usarla como... no sé, es complejo. Yo siento que te quitan movilidad.
—Un poco, pero... yo... me daría mucha vergüenza que...
—¿Qué se note que crecieron? —Naruko señaló sin pudor los senos de Hinata. Ella asintió. Vaya, quisiera tener ese problema en lugar de comprar brasieres con relleno —. Hinata, eres una joven muy bonita, lúcelo. Hagamos nosotras dos esto, usa tu chamarra, pero amarrada a la cintura y por blusa usa una ancha camisa negra de mangas cortas. Una camisa ancha y una chamarra ancha tienen la misma función, ¿cierto?
—S-supongo que sí.
—Bien. Úsalo así y cuando te sientas incómoda te pones la chamarra.
—Está bien, Naruko-chan.
0oOo0
Avanzaste con Hinata, pero con Sakura retrocediste tres pasos.
—¿De qué hablas? Has parloteado de lo mismo todo el día —me quejé en voz alta, a salvo en mi casa.
El ambiente de Hinata la atacará por su nueva elección de ropa, pero la niña sabrá darle provecho. Sakura es demasiado débil.
—Oye, ya luego se pondrá a entrenar.
Me refiero a su mente. Hoy te hizo caso, pero el lunes verás cómo te va a odiar.
¿Odiarme? Solo le recomendé una minifalda y sostenes de verdad, ¿qué tanto era?
El fin de semana transcurrió, Shikamaru se quedó esa noche de nuevo conmigo y nos besuqueamos hasta la madrugada, estimulándonos mutuamente; aunque nosotros tuvimos anteriormente sexo por medio del henge, yo portaba dos sellos en mis caderas que me otorgaban seguridad para no embarazarme. No sabíamos si esa probabilidad existía con una transformación, pero no correríamos riesgos. Este método lo usamos en nuestra realidad original y funcionó al 100%.
El domingo dormí hasta tarde, despertándome para el almuerzo. Preparé los pergaminos que empacaría en mi mochila para el viaje a la Tierra de las Olas, preparé mentalmente el discurso/gritería que le diría a Kakashi para que nos dejara pedir una misión rango C y cosí en cada una de mis nuevas yukatas y camisas el símbolo de mi clan.
0oOo0
El lunes llegó con fuerza. Le sonreí a mi espejo, feliz de lo que veía. Mamá me felicitó por cada una de mis compras, incluso la de los sostenes, diciendo que «lucía como una flor en primavera». Aún no estaba muy segura de que quiso decir mamá, pero sonaba bonito.
Me coloqué la minifalda azul oscuro que me recomendó Naruko con una mini licra que me cubriría la ropa interior y mi nueva camisa lila, debajo estaba mi nuevo sujetador. Todo nuevo, me encantaba. Mi reflejo lucía espléndido.
Ojalá Sasuke pensara lo mismo.
El punto de encuentro era el puente sobre el río sur de la aldea, cercano a la Torre Hokage. Naruko y Kakashi-sensei, como de costumbre, llegaban tarde, cediéndome minutos valiosos a solas junto a Sasuke-kun.
—Muy bueno días, Sasuke-kun —lo saludé tan dulce como cada día —. ¿No luce hermosa la mañana?
—Sakura —oh, era la primera vez que me contestaba. ¡Sí! —. Dime, ¿fuiste con Naruko a comprar esa falda?
¿Eh? ¿Notó mi atuendo? ¡Mi sueño hecho realidad!
—Sí, Sasuke-kun. ¿No luce bonita?
Por algún motivo, su cara se agrió.
—No, para nada —dijo sílaba por sílaba, a la par mi corazón se rompió —. Naruko es una mala influencia, es una chica fácil y promiscua que calienta a los hombres a su alrededor. Tú eres una buena muchacha, no permitas que Naruko te arrastre a su mundo de corrupción y provocaciones. Y no te vistas como ella o tendré que asumir que eres una puta también.
No entendí ni la mitad de lo que dijo, pero capté lo básico: Sasuke-kun me acababa de llamar puta debido a la ropa que me recomendó Naruko.
—Lo siento —murmuré sin saber por qué me estaba disculpando. ¿Por juntarme con Naruko? ¿Por desagradarle a Sasuke? ¿Por no analizar que esa bonita minifalda podía desagradarle a él?
—Deberías. Ahí viene.
La causante de todos mis problemas portaba su ropa nueva: una yukata azul pastel que no pasaba de una pulgada más abajo del final de la curva de su trasero con un obi grueso de un azul más oscuro con un patrón de flores rosadas, naranjas y amarillas. Sus botas negras, en las que ella decía que ocultaba armas, venían incluidas en su atuendo. Lo que jamás variaba en Naruko eran sus peinados trenzados, a veces simples y en ocasiones complejos.
—¡Buenos días, vagos! —nos saludó empleando un insulto, nada raro en ella —. Buenos días, Sakura-chan.
No le respondí y le di la espalda, deseosa de que Kakashi no apareciera hoy, que dijera que no había ni misiones ni entrenamiento, para ir a mi casa a cambiarme.
A Sasuke-kun no le gustó mi atuendo. Me sentía la mayor perdedora del mundo.
—Bueno, ¿y a ti qué mosco te picó?
Naruko seguía hablando conmigo. Ella no sabía darse por vencida.
—No está dirigiéndote la palabra —le respondió Sasuke-kun por mí. ¿Sasuke-kun me estaba defendiendo? —. ¿Es que no entiendes?
—Sí entiendo, metiche, pero si un día ella me va a hablar normal y al otro me ignora, merezco una explicación.
Me giré para contestarle; ellos lucían a punto de iniciar una de sus discusiones. Solo Naruko se fijó que yo iba a hablar. Abrí la boca, pero Sasuke me ganó.
—¿Qué estás usando de todas formas? ¿Eres una ninja o una vendedora en una sex-shop?
Sasuke tampoco gustó de su ropa. ¿Qué le respondería Naruko?
—¿De verdad? ¿Atacando mi forma de vestir en lugar de mis argumentos? Joder Sasuke, sabías que eras un perdedor, pero no que tenías un pene pequeño.
...
—¡¿Cómo me estás hablando?!
—¡Cómo oíste, gran hijo de puta! Con mi ropa no te metas o te clavaré un palo en el culo.
—¡Hola, buenos días! —Kakashi-sensei interrumpió la creciente disputa con su ánimo mañanero —. Vaya, ese viaje de compras sí que rindió sus frutos. Muy bonitas se ven las dos. Vamos marchando a la Torre Hokage, quiero una buena misión.
Al sensei sí le gustó la ropa, pero sus opiniones eran tan carentes de valor como la de los vecinos amables que me felicitaron por mi atuendo esta mañana, aunque las palabras de ellos me hicieron sentir muy feliz. Ahora lo único que sentía eran ganas de llorar.
