—Abuelito —corrí hasta el Sandaime para abrazarlo al ingresar a la habitación. Él se rio y acalló el regaño que Iruka-sensei me dirigía.

—Naruko-chan, buenos días —me saludó abrazándome sin levantarse de su asiento. En la mesa que él compartía con los Chunin se esparcían pergaminos de misiones —. Vaya, que linda te ves hoy.

—¿Verdad que sí? —le sonreí enmarcándome el rostro con mis palmas abiertas, formando con estas una V; me senté en el brazo de su silla y pasé mi brazo por sus hombros, cruzando mis piernas —. Abuelito, ¿nos dejas tener una misión rango C? Estoy harta de limpiar casas ajenas.

—¡Naruko! —me alzó la voz Sakura —. Las misiones rango D son...

—Para los Genin recién graduados —completé por ella —. Ya-da ya-da, pero quiero salir de esta aldea. Afuera hay un mundo esperando a ser descubierto y nosotros nos quedamos aquí paseando perros.

Sandaime-sama rio entre dientes. Él tenía su mano tras mi cintura y me sujetaba con firmeza en la silla. Si yo no hubiese cruzado las piernas, estas habrían envuelto el brazo de la silla, lo que habría sido algo raro de sentir.

—No sé, Naruko-chan. ¿Qué opinas tú, Kakashi?

—¿Eh? —mi sensei se rascó la cabeza, divertido con la situación —. Bueno, una misión rango C sencilla no les caería mal.

—¡Kakashi-sensei! —chilló indignada Sakura. Yo aún no comprendía que pasaba con ella, el sábado se despidió lo más de contenta; y Kurama no me quería decir —. ¿Va a alcahuetear esto?

—Oye, no seas idiota —le dije —. A ti te beneficia una misión rango C. ¿Qué dices abuelito? —le hice ojitos de niña buena, lo que a él siempre lo hacía reír.

—Está bien.

Lo vi estirar el brazo y sujetar el rollo con las misiones rango C.

—¿Puedo elegir? Quiero que tengamos una buena.

—No, Naruko —intervino Iruka —. Los ninjas por ley no pueden...

—Kakashi, cierra la puerta —dijo el Sandaime cortando a Iruka y entregándome el pergamino ante la boca abierta de los demás. Mi sensei obedeció de inmediato, sin cuestionar la orden de su superior —. Oh vamos, Iruka, no seas aguafiestas. Nadie más que yo para consentir a mi nieta honoraria —explicó besando mi mejilla.

Yo estaba muy ocupada viendo el listado como para fijarme de su gesto. La misión de la Tierra de las Olas continuaba libre.

—Cuidado la echa a perder, Hokage-sama —advirtió en tono jocoso Kakashi-sensei.

—¡Esta! —señalé —. La de la Tierra de las Olas.

—Oh, van a caminar un largo trayecto, Naruko-chan. Si lo que quieres es viajar, te felicito, gran elección, conocerás el extremo sur de nuestro continente.

¿Qué?

Ah sí, olvidé decirte eso, en esta realidad la isla está más lejos.

—¿Qué? —pero mi confusa exclamación, dirigida al Kyubi, se vio como una respuesta al comentario del Hokage.

—¡Naruko! —me gritó Sakura —. ¡¿Te mataría revisar un mapa de vez en cuando?! ¡La Tierra de las Olas queda más allá de la País del Agua! ¡Está a dos días caminando! ¡Tendremos que dormir en un barco!

Ups. Estallé en unas fuertes carcajadas que no frenaron ni ante el ceño fruncido de Sasuke, el gesto desesperado de Kakashi-sensei o el breve sermón de Iruka sobre mi poca atención en clases. El Sandaime me dio una palmada en la cadera para que me bajara de la silla; lo hice sin parar de reír, recostándome en una pared a continuar riendo.

De adulta me acostumbré tanto a los vestidos cortos que ya mis rodillas se cerraban automáticamente, no permitiendo entrever mi corta licra negra.

—Abran esa puerta y traigan al constructor del puente.

0oOo0

Ay Minato-sensei, ¿por qué presiento que incluso con usted vivo, esto no habría ocurrido de otra manera?, le dije mentalmente a mi sensei.

Tazuna-san, el constructor del puente, no se vio muy impresionado por mi equipo de Genin, incluyendo a la risueña Naruko que casi no logró superar sus carcajadas. Yo creí que el tono despectivo y las palabras que le dedicaron el cliente a mi estudiante la harían enojar, pero ella nos sorprendió.

—¿Esto es un ninja? Más bien una niña.

—¡Ja! Esta niña puede patear tu trasero de aquí hasta tu tierra, viejo borracho —se defendió desde el suelo donde se hallaba sentada.

Bueno, era cierto que Tazuna-san venía algo bebido, y considerando que eran las ocho de la mañana...

—Nos encontramos en la entrada sur de la aldea en dos horas. Empaque correctamente alimentos, ropa y artículos personales para dos semanas de viaje.

En la academia debieron enseñarles que cada semana de viaje significaba dos mudas de ropa nada más, ¿cierto? Eso esperaba yo.

—¿Y dónde queda esa entrada? —solicitó saber sin mucha gentileza nuestro cliente.

—Yo en persona lo guiaré. Estaré aquí en una hora para recogerlo, Tazuna-san.

—Espere sentado —dijo Naruko —. El médico le diagnosticó a nuestro sensei retraso crónico.

—¡Naruko!

Uno esperaría que siendo su compañera de aula por años y conviviendo con ella en el equipo durante días enteros, Sakura estuviese habituada a la boca floja, y sucia, de Naruko.

—Hum —vaya, una intervención de Sasuke, ¿por qué presentía que se nos vendría encima otra pelea? —. Te estoy viendo los calzones.

Sasuke debería tener más cuidado y no conflictuar de semejante forma con Naruko delante del Sandaime.

—No es cierto, tengo licra —y como prueba, Naruko separó las piernas, sus rodillas cayeron a los lados sin pudor alguno. Sí, Naruko era indudablemente hija de Kushina-san —. No vas a andar viendo nada de gratis.

Sasuke se sonrojó, desvió la mirada y se marchó con furia. El Hokage miró a Naruko.

—Cierra las piernas, hija. Ahora largo, que pase el siguiente equipo.

—Adiós abuelito.

—Adiós, mi amor.

0oOo0

Como una ninja formada en la guerra, yo era perfectamente capaz de sobrevivir con las mismas tangas y el mismo vestido por semanas, pero eso no significaba que esa fuese mi primera opción. Las infecciones vaginales a causa de la poca higiene era un mal de la guerra que yo no tenía por qué volver a vivir.

Ayer dejé lista mi maleta, repleta de pergaminos largos. Con pincel y tinta negra, dibujé varios círculos y runas alrededor de estos, esa fue la parte más complicada y me tomó 15 minutos, el resto fue rápido: colocaba un montoncito de ropa sobre uno de los círculos y aplicaba chakra sobre el papel y ya estaba, sellada mi ropa. Fueron en total 7 círculos, lo que significaba que yo tenía 7 mudas de ropa para el día; repetí mi procedimiento para pijamas y artículos de higiene personal. En cuestiones médicas, vendajes y eso, yo ya tenía todo listo desde hace meses en unos pergaminos que tenía guardados en espera de este glorioso día: mi primera misión rango C.

Oh, y la comida también estaba empacada. Revisé todo por última vez y me puse mi mochila de la academia. Ahora solo quedaba ir a despedirme de Shikamaru y pedirle a él que me despidiera de Teuchi, Ayame e Iruka-sensei.

¿Dónde está Shikamaru?

Insisto en que aprendas rastreo y me dejes dormir, se quejó Kurama. En casa de sus padres.

Gracias. Entiendo tu punto, pero igual estate pendiente en la misión.

Yo nunca me duermo sin primero asegurarme que estarás bien, niña.

Me ruboricé ligeramente.

Cerré la puerta de mi apartamento, eché doble seguro y pegué un sello de seguridad en la puerta.

—Adiós —me despedí de mi hogar.

Si Shika estaba con sus padres, eso significaba que Yoshino-san y yo tendríamos un nuevo encuentro.

... ni que pensar al respecto. Traté de caerle bien a la nueva Yoshino-san, la de esta realidad, pero fue tan caso perdido como con la anterior. Según ella, la nueva, yo corrompí a su hijo y lo convertí en un vándalo.

El barrio Nara ya me conocía, no que les agradase mucho verme; siendo compuesto en su mayoría por ninjas, no hubo tantas miradas desdeñosas u odiosas, solo veloces vistazos. El hogar de los patriarcas Nara era el más bonito, no por eso muy grande o espectacular; ellos eran una familia normal sin mucha importancia por su título noble.

Toqué a la puerta respetuosamente.

—Buenos... hola niña.

—Buenos días, señora Nara. ¿Está Shikamaru? Quisiera despedirme.

—¿Despedirte? ¿Te irás a alguna parte? —al menos me abrió y me dio paso.

Me retiré los zapatos en su entrada.

—Sí señora. Me asignaron una misión rango C en la Tierra de las Olas —expliqué.

—¿Cuánto tiempo estarás fuera?

—Se librará de mí más de dos semanas —comenté con sarcasmo. Ella apretó la mandíbula.

—Shikamaru está en su habitación, conoces el camino. Cuando termines de hablar con él, vete.

—Sí... oiga, señora —hora de hablar del elefante en la habitación —. ¿Yo a usted por qué le caigo tan mal? ¿Es por el Kyubi?

—¡No digas ese nombre!

Crucé los brazos sobre el pecho.

—Kyubi —repetí —. Le aseguro que no quema decirlo.

—Tú no sabes nada, mocosa insolente.

—Yo lo veo muy seguido, a la bestia —aclaré —. Sí sé, y lo admito, es espantoso, su chakra quema y tiene una sed de sangre indescriptible. Debe de haber sido horrible verlo agitar esas colas gigantes con la intención de desaparecer su hogar, señora Nara, pero eso no fue mi culpa.

Ella no me respondió, prefirió irse.

Negando con la cabeza, subí las escaleras. Encontré a Shikamaru tendido en su cama, la baba le caía por la mandíbula. Lo más probable era que él aún no se levantaba de la cama.

Me senté junto a Shika y puse mi mano en su quijada, mi esposo de inmediato sujetó mi muñeca. Esos reflejos no desaparecían de nosotros.

—¿Naru?

—Ajá. Buenos días.

Él se limpió su saliva antes de darme un beso.

—¿Sí te asignaron la misión que querías?

—Sí. La Tierra de las Olas se movió de lugar en esta realidad, el viaje durará más de dos semanas.

—Qué problemático... —sonrió —. Tus piernas siempre se han visto increíbles en minifalda.

—Cómprame más minifaldas para que me las veas todos los días —me burlé —. Adiós Shika.

—Adiós —me incliné y le di otro beso. Shikamaru me sujetó allí para susurrarme —. Te amo.

—Y yo a ti —me alejé con una mueca —. Lávate la boca, apesta.

Él se rio.

0oOo0

—¡Mamá! —entré al despacho de mami con una alegría que opacaba mis modales.

—Sakura, ¿no ves que estoy con un cliente?

—Mami, ¡me asignaron una misión rango C! —chillé de la alegría.

—Oh —mamá soltó su pluma —. ¡Tu primera misión importante!

El cliente de mamá, un señor encorbatado, asintió con una sonrisa.

—Felicitaciones, niña.

—Cariño, que alegría. ¿Me disculpa un minuto? —pidió al cliente para poder levantarse.

—Por supuesto. ¿Qué tipo de misión es?

—Escoltaremos a un constructor de puentes hasta su tierra natal y allí permaneceremos hasta que él culmine un importante puente que conectará su isla con la Tierra del Fuego.

Omitiendo que el sujeto en cuestión era un borracho y que la tierra natal del tipejo ese era un pueblito, la misión sonaba increíble.

—Que asombroso. ¿Qué rango es ella, doctora?

(Tengo entendido que en algunos países les dicen licenciados a los abogados, pero en Colombia se les dice doctores. Los licenciados, aquí, son los profesores.)

—Genin, la mejor kunoichi de su generación —mamá fue dichosa abrazándome y besándome la mejilla.

—Se nota si la aldea le confía una misión así. ¿Con quién irás?

—Con mi equipo.

—Con Sasuke Uchiha, el mejor shinobi de su generación. Y tu sensei, ¿cómo es que se llama?

—Kakashi Hatake.

—¿El discípulo personal del Cuarto Hokage?

—¿Kakashi-sensei fue alumno del Yondaime? —jadeé. Yo no sabía que él era tan notable.

—Bueno, eso no importa ahora. Ve a empacar. ¿Cuándo te vas?

—Ah sí... ¡Ya! Debo irme. Estaré arriba mamá.

—¡No olvides pasar por el despacho para darte algo de dinero para el viaje!

—¡Sí! —contesté, iba en las escaleras. En voz baja, mirando a mi atuendo, dije —. Pero primero me cambiaré.

A salvo, con la puerta de mi alcoba cerrada, una a una, descendieron las lágrimas. Las bolsas de mis compras continuaban amontonadas en mi escritorio, ayer no quise desempacarlas para alargar la mágica sensación de felicidad que ellas me proporcionaban. Todo el fin de semana fue tan especial, tan emocionante... sentí tanto orgullo de mí misma por haber hecho mi primera compra con amigas, como toda una adolescente independiente, digna de una experimentada kunoichi.

Midiéndome cada una de mis faldas, vestidos y sostenes, incluso los pijamas, me sentí bonita. Me sentí bonita al ser alabada por mamá, me sentí bonita ante los comentarios de mis amistosas vecinas, me sentí bonita al ver mi reflejo en los vidrios de los diferentes establecimientos por los que pasé caminando, pero Sasuke-kun no me vio bonita y eso rompió toda mi ilusión.

Yo solo quería que él me viese, que reparara en mí y me dirigiera la palabra, no mucho, un «buenos días Sakura» bastaba.

0oOo0

—Hoy van a llover ranas naranjas —comenté con guasa a Kakashi-sensei —. Usted llegó antes que nosotros, ¡qué milagro!

Él me sonrió con su ojo sin detener su profunda lectura, notándose el sarcasmo.

—Bueno, no iba a dejar esperando al cliente —le sonrió a Tazuna y cerró su libro —. Pero mira nada más: las yukatas te sientan fenomenal, cariño.

—Lo sé —me carcajeé, contenta por sus piropos bienintencionados.

—¿Trajiste suficiente ropa y comida?

—Sí señor.

—Esa mochila se ve pequeña —comentó Tazuna. Yo me encariñé con ese viejo marica, era cuestión de que él volviese a conocerme para que nos lleváramos bien —. ¿Si empacó ella bien?

—Sé que su apariencia y comportamiento no lo aparentan, pero Naruko es una Uzumaki. Los Uzumaki fueron un poderoso clan ninja de la Tierra del Remolino que...

—Los conozco. Son pelirrojos, quedan pocos en el mundo —intervino Tazuna.

—Heredé el cabello rubio de mi padre.

Kakashi pegó un brinquito. Le sonreí con descaro.

—A-así es —farfulló. Tras una profunda respiración, Kakashi continuó con su explicación —. La especialidad de los Uzumaki es el sellado, ellos son capaces de almacenar lo que sea, o a quien sea, dentro de un sello. ¿Podrías mostrarnos tu mochila, Naruko-chan?

—Por supuesto.

Tazuna se mostró intrigado ante la pila de pergaminos en mi mochila.

—Comprendo, todo va dentro de los pergaminos, a salvo de la humedad y el calor.

—Sí —asentí —. Y puedo llevar muchas más cosas, cargando muy poco peso.

—¡Es asombroso!

—Hola —ugh, llegó el malparido de Sasuke.

—Hola, hijo de puta —Tazuna alzó las cejas. Yo me crucé de brazos frente al mocoso —. ¿Exactamente qué fue lo que le dijiste a Sakura esta mañana?

—No veo cómo es de tu incumbencia —me sonrió con mofa.

—Es de mi incumbencia por dos motivos, el primero es que es mi compañera y me preocupa su seguridad, incluyendo su estabilidad mental. El segundo motivo es que Sakura es una niña que carece de confianza propia y que puede ser fácilmente atacada y humillada por un estúpido como tú.

—Deja de insultarme —gruñó —. Solo le di un consejo: que no se vista como una puta, igual que tú.

Los mayores se tensionaron.

—Vuelve a llamar así a tus compañeras —dijo Kakashi —, y tú y yo tendremos una charla de hombre a hombre, Sasuke.

—No necesito que usted me defienda —le dije a mi sensei, luego volteé a ver a Sasuke. Lo examiné unos segundos antes de decirle un par de verdades —. Para alguien que creció bajo la presión de ser el segundo hijo, el menos talentoso, el niño que no es Itachi, debió sentirse glorioso que tu hermano mayor se convirtiera en un prófugo de la ley y tú en una especie de superviviente. Sin competencia, fue muy fácil creerse esa historia del héroe, del niño prodigio que es mejor que los demás, del genio sin igual —negué con una mueca de desagrado. Sasuke iba a reventarse los dientes de tanto apretarlos —. Y usas todo ese ego inflado que tienes para menospreciar a los demás, para pisarnos como cucarachas, pero la triste verdad es que tú no eres nadie, Sasuke.

—¡Cállate! ¡Tú no sabes nada!

Segunda vez en el día que me decían esa frase.

—Sé muchas cosas. Sé que el mejor talento en los novatos Genin de los últimos años no eres tú, sino que fue un Hyuga graduado el año pasado, un tal Neji. Sé que, a tu edad, tu hermano ya era ANBU, que Kakashi-sensei ya era Jounin —el aludido se removió incómodo. A lo lejos vi a Sakura, ella usaba su clásico vestido rosa con licra —. Que, a tu edad, el Yondaime Hokage ya era Chunin y que, solo un par de años mayor que tú, el Sandaime se convirtió en Hokage en plena Primera Gran Guerra Ninja, liderando nuestro país hasta esta fecha, y contando. Al lado de todos estos sujetos, reluce el hecho de que tú no eres más que una muñeca de porcelana decorada con tragedia y guardada en una estantería.

—¡Estoy harto!

Igual yo, estaba harta de este tipo. Mi ira ni siquiera era respecto a lo sucedido en nuestra realidad, sino a lo que me mostró Kurama caminó a la entrada sur, tras mucho insistirle yo.

... Naruko es una mala influencia, es una chica fácil y promiscua que calienta a los hombres a su alrededor. Tú eres una buena muchacha, no permitas que Naruko te arrastre a su mundo de corrupción y provocaciones. Y no te vistas como ella o tendré que asumir que eres una puta también.

No me importaba lo que él decía de mí, sino el hecho de que cogió a Sakura, la hizo bolita como a un papel y la tiró muy lejos.

Esquivé el golpe de Sasuke y el intento de frenar la inminente batalla de Kakashi. Usando mi verdadera velocidad, me paré detrás de Sasuke y sujeté sus brazos tras su espalda, usando mi pie en su columna para dominarlo; intercalé sus brazos, de modo que mi mano derecha sujetaba el izquierdo y viceversa, creando con sus extremidades superiores una X.

—¡Naruko! ¡¿Qué estás haciendo?! —chilló Sakura, corriendo a nuestro encuentro.

Era evidente que ella estuvo llorando.

—No te metas, niña. Ahora —tironeé y ejercí presión en la columna del moreno, arrancándole un grito. Los Chunin de la entrada salieron de su caseta de seguridad a mirar, pendientes de si debían intervenir —. La próxima vez que vengas con tu superioridad, narcicismo y ego a minarnos a nosotras, ten la gentileza de venir con el Sharingan. Digo, si no puedes ni con lo que se supone que por genética es tu derecho —me reí secamente y no completé mi frase. Solté los brazos de Sasuke y pateé su espalda, justo donde yo apoyaba mi pie, mandándolo a rodar varios metros —. Menos vas a poder conmigo.

—Qué fuerte —murmuró Tazuna.

—¡Basta ya! Ustedes no pueden pelearse así a minutos de empezar una misión —nos regañó Kakashi caminado hasta Sasuke para asegurarse de que él siguiera en una pieza.

—¡¿Cómo fuiste a...?!

—Dime una cosa —corté el repertorio de gritos de Sakura —. ¿Te cambiaste la ropa por lo que dijo este idiota? —apunté a Sasuke con mi dedo.

—Am... no, yo no...

—Vaya —suspiré —. Grandioso, mi equipo está compuesto por un marica miedoso y por una niña cobarde.

—Naruko, estás yendo muy lejos —me advirtió Kakashi. Sasuke estaba de pie junto a él, ayudado por él, mejor dicho.

—No, ella tiene que oír esto —aseguré sin dejar de ver a la tímida Sakura, quien volvía a llorar, aferrándose con una mano a su otro brazo: era la imagen misma de la derrota —. Si un hombre dice que tu valor se limita al largo de tu falda, le pateas los testículos y no le haces caso. Este mundo está lleno de sujetos como Sasuke, perdedores que proyectan sus inseguridades en los demás; en pocas palabras, un brabucón.

—¡Él solo me dio un consejo!

—Te llamó puta.

—Tú... ¿tú cómo sabes eso? No estabas con nosotros.

Me encogí de hombros.

—Eso no importa. Si le haces caso al mismo sujeto que te humilla y te llama ramera, créeme, Sakura, tu vida será un infierno.

—Esta discusión se acaba ya —ordenó Kakashi. Alcé las manos en señal de rendición —. Tenemos que irnos, hay una misión, no pueden dar un espectáculo frente a un cliente.

—Lo siento. Andando... tú estás bien, ¿no? —pregunté a Sasuke, viéndolo de reojo. Él lucía como si fuera a desagarrar mi cuello, pero su posición encorvada me ilustró respecto el doloroso golpe que le proporcioné —. Ja, Uchiha —me burlé del apellido continuando con mi camino —. Tú no eres ni la sombra de lo que es tu hermano.

Uno de los Chunin le hizo una mueca al otro, dándome la razón. Minutos después, con todos andando, no se alcanzaban a ver las puertas de la entrada sur.

Nuestra misión acababa de comenzar.

0oOo0

Estornudé.

Saqué de mi bolsillo un trapo que mantenía para la mucosa y me soné la nariz. Con esta nevada interminable, los resfriados eran un peligro constante.

Continué pateando el tronco de metal que robé de un barco años atrás.

0oOo0

No era que Naruko no tuviera la razón, Sasuke era un niño malcriado, pero él no actuó con verdadera... agh, ¿a quién engañaba? El maldito mocoso era un bastardo completo, pero Sakura no necesitaba pasar por semejante humillación en público. La pobre niña se pegó a mí el primer día del viaje sin parar de llorar.

—¿Qué se supone que haremos con ella? —me preguntó en susurros Tazuna-san en nuestra parada del almuerzo —. Cuando una niña llora, lo mejor es llamarle a la madre.

—Lamentablemente, los Genin ya son ninjas, pero no dejan de ser jóvenes. Sakura tiene un fuerte enamoramiento por Sasuke, él la hirió y Naruko, a quien Sakura odia, hizo un espectáculo al respecto. La niña está confundida, hay que darle tiempo.

—¿Su estado no perjudicará la misión?

¿Y ese nerviosismo a qué venía?

—No se preocupe, yo soy un Jounin, una misión rango C es sencilla para mí.

—Sí.

No me gustó la intranquilidad en los ojos de Tazuna-san. Decidí acercarme a la pobre niña, que comía sola a los pies de un árbol. Sasuke y Naruko-chan también comían solos, pero ellos no lucían tristes, el moreno era una bola de ira que hervía y Naruko andaba relajada. Me deslicé junto a Sakura, sorprendiéndola.

—Kakashi-sensei.

—Hola, ¿quieres salsa teriyaki? Me sobró —le enseñé la bolsita plateada en la que venía el aderezo de mis dangos.

—Am, sí, gracias —tomó la bolsita sin saber muy bien qué hacer con ella.

—De nada —recosté mi cabeza en el tronco. Sakura echó algo de la salsa en su arroz y continuó comiendo su bonito bento; era un prefabricado, pero de los caros. Sasuke y Naruko me robaron miradas curiosas, mas se mantuvieron clavados en su propio almuerzo —. Sabes —empecé en voz baja, aunque yo dudaba que los otros miembros del equipo nos oyesen —. Tan duro como sonó, Naruko tiene razón.

Más lágrimas.

El llanto era algo complejo de asimilar. Muchos bromeaban diciendo que las lágrimas de las mujeres eran espantosas porque no existía método para consolarlas, pero el verdadero llanto que dolía ver era el del hombre. Los hombres y las mujeres teníamos un vaso que se llenaba con agua, las mujeres marcaban un límite a mitad del vaso y al alcanzar esta marca, tiraban el agua, o sea, lloraban. Los hombres no, los hombres esperábamos que el vaso se rebosara por completo para dejar salir nuestras emociones.

A mi mente llegó la única vez que vi a Minato-sensei llorando; él no lloró con la muerte de su padre o con la de su madre, ambas situaciones perfectamente entendibles, pero una tarde de jueves él se encerró en su oficina, le dijo a sus secretarias que no estaba para nadie, mandó lejos a los ANBU y se permitió a sí mismo llorar por casi una hora. Yo entré por un descuido de las mujeres y por mi imprudencia, mas así pude ver la ejemplificación de un vaso rebozado.

—Yo... yo solo quería que él me notase.

Sobraba decir de quién estaba hablando la niña.

—Lamento si la respuesta de Sasuke no fue lo que esperabas. No sé si te sirva de consuelo, pero lucías muy bien.

—Gracias.

Jum, no parecía convencida.

—¿Por qué odias a Naruko? Tú no le agradas mucho a ella, pero Naru-chan te defiende y trata de hablar contigo.

—Solo mírela.

Lo hice. Vi disfrutar de su almuerzo a una jovencita explosiva, dinámica, alegre, coqueta... ella era el mayor orgullo de Minato-sensei y Kushina-san, mi propio mayor orgullo.

—¿Qué tiene que no te agrada?

—Yo era la mejor alumna de la Academia, respondía cada pregunta de forma perfecta, me trasnochaba, pasaba horas en mi escritorio cada día, Naruko se dedicaba a jugar y pasaba todos los exámenes en el último minuto sin que nadie supiese cómo. Ella sabe mucho del mundo, no me refiero a mapas sino a... siempre luce genial, no da un paso en falso; ella grita y pelea, no le tiene miedo a las consecuencias. Y ella es... tiene senos —esto último lo dijo entre dientes.

—Suena como si tú quisieras ser un poquito así.

—Mamá me mataría. Ella dice que una chica correcta es tranquila y no alza la voz.

—No existen las chicas incorrectas, todas son correctas. Tú eres una chica correcta y Naruko también.

—Pero ella no se comporta como una dama.

Quedaba algo de tiempo, quizás alcanzase a contar esta historia.

—¿Tú alguna vez has escuchado de la novia del Yondaime?

(Recuerden que esto es un universo alterno. En unos años, cuando salga de esta historia y de las de Harry Potter, quiero publicar una historia que estoy fabricando basada en esta relación entre Kushina y Minato, en la cual Naruto nunca nace y Kushina no puede casarse con Minato porque él es el Yondaime y ella una extranjera. La relación entre ellos se parece mucho a la que va a ser descrita a continuación.)

—¿El Yondaime estuvo casado?

—No, era su novia. ¿No has escuchado de ella?

—No —genial, capté toda su atención.

—Minato-sensei era un hombre de procedencia humilde, él no provenía de ningún clan y no fue criado con las altas expectativas en las que son criados la mayoría de los niños que se sabe que serán importantes. Cuando fue nombrado Hokage a sus cortos 21 años, él declinó la oferta de matrimonio del Daimyo con una de sus hijas; y continuó declinando cada propuesta o insinuación de matrimonio porque tenía novia.

—¿Por qué no se casó con su novia?

—No podía. Ella era una emigrante nacida en otra tierra, una chica humilde como él y muy parecida a Naruko.

—¿En qué?

—En lo ruidosa, lo testaruda, lo grosera. Era todo lo contrario a lo considerado «dama», ella era una mujer que no calificaba en el puesto de primera dama de Konoha. A ella no le interesaba el té, las ceremonias o lucir kimonos de seda parada junto al Hokage, ella quiso una vida sencilla.

—¿Usted la conoció?

—Soy la única persona que sabe su nombre.

—¿Qué?

—Minato-sensei mantuvo en total secreto la identidad o el lugar de residencia de su novia para ahorrarse problemas; él sabía que si su nombre se daba a conocer sería presionada u amenazada para amoldarse a lo que era requerido; y él así mismo sabía que ella no era nada de lo que un Hokage necesitaba, pero al mismo tiempo, ella era su mundo entero.

—No comprendo su punto.

—Mi punto es que no necesitas ser alguien que no eres, ni forzarte en el papel de «dama», obligándote a suprimirte a ti misma para encajar en los estándares de alguien más. Esa mujer, la novia del Yondaime, era fuerte, ruidosa y, francamente, en sus enojos daba un miedo que no te imaginas, nos paralizaba a los dos del puro terror, pero si hubieras visto el amor con el que Minato-sensei la veía, comprenderías —miré a Sakura, buscando que mis palabras se le grabasen en la mente —. Siendo tú misma, encontraras a esa persona cuya meta del día sea llegar a casa para cenar contigo. Si te diste cuenta que Sasuke no es esa persona, no lo fuerces, ni te fuerces tú. Significa que él no es y punto. Sé tú misma y espera, la persona indicada llegará a ti.

Mi linda estudiante asintió con una sonrisa vacilante. Debía ser difícil comprender que los consejos de su madre eran errados.

—Kakashi-sensei, ¿qué pasó con ella tras la muerte del Yondaime?

—Murió en el ataque del Kyubi. Fue de las primeras en caer.

—¿Él se alcanzó a enterar?

—Sí, él vio su muerte. Sabes, existían formas de acabar con el Kyubi sin sacrificar la vida, sé que Minato-sensei las conocía, pero imagino que para él una vida sin ella no era una perspectiva soportable.

—Espere, ¿él se suicidó? —lució horrorizada.

—Él se sacrificó —corregí levantándome. Era hora de irnos —. Solo que... en esos instantes, él valoró menos su propia vida. ¡Nos vamos!