Abril Elena: Jajajaja debo decir que me gustan muchos sus comentarios, usted no se deja detalle. Es cierto, Sakura y Sasuke son desesperantes, pero no hay que olvidar que son niños en pleno desarrollo mental, además de que Sasuke tiene un problema médico real (narcicismo). Obvio, esto no justifica su comportamiento estúpido, pero nos da el contexto y nos ayuda a entender el porqué de lo que dice y hace.

0oOo0

Naruko.

No supe exactamente qué le dijo Kakashi-sensei a Sakura, pero ella se calmó. El resto del recorrido fue un poco más alegre; hablamos de la Aldea del Agua, de la Tierra de las Olas, el sensei nos explicó el poder de los Kages y la constitución del mundo shinobi. Tazuna-san, tras pedirle una explicación, nos contó la forma idónea de construir un puente, usando mucha ingeniería y matemáticas que apenas logré comprender. Con todo eso, cayó la noche y continuábamos sin presentar ataques.

¿Kurama?

Tranquila. Te avisaré cuando algo ocurra.

—Muy bien chicos, descarguen maletas, nos quedaremos aquí —indicó Kakashi de repente. El sol se había puesto desde hace rato, pero él se aguardó a hallar una zona boscosa para montar el campamento —. ¿Trajeron tiendas?

—Yo no —dije.

—Tengo una.

—Igual yo.

—Sí, yo también.

—Correcto. Tazuna-san dormirá en su propia tienda, las chicas en la de Sakura y Sasuke en solitario. Lo siento, Sasuke, pero no es correcto que duermas con ellas o con Tazuna-san, no lo conocemos.

El hombre alzó las cejas y asintió. El tono relajado de Kakashi no implicaba una acusación, solo eran precauciones.

—A mí no me importa dormir solo.

—Perfecto. Monten las tiendas, Sakura y Sasuke encárguense del fuego. La idea no es mantenerlo vivo toda la noche, solo lo suficiente para calentarnos y dormir tibios. Naruko, acompáñame a recargar las cantimploras de todos, hay un río por aquí.

—Claro sensei.

Yo no era estúpida, si Kakashi-sensei me quería ver a solas era para interrogarme sobre...

—¿Qué conocimientos tienes sobre tu padre?

Le sonreí desde mi puesto, acuclillada con la cantimplora de Tazuna dentro del agua, recargándola.

—Digamos que no hay secretos perfectos y que todo se llega a saber.

—Se específica.

—Está bien. Solo porque te respeto, Perro, te contaré toda la historia, la verdadera historia, pero ahora no. Deja que salgamos de esta misión loca primero.

—¿Misión loca?

—Confía en mí, se va a complicar. Tazuna miente, su vida está en peligro mortal por culpa de su puente, pero su gente no tiene mucho dinero y esto fue lo máximo que lograron pagar.

—Espera, ¿cómo sabes eso? ¿El Sandaime lo sabe?

—Claro, yo le conté. Por eso me dejó elegir la misión.

—No, no entiendo. Si esta misión es de riesgo, lo mejor es devolvernos y...

—Relájate, saldremos airosos.

—... ¿quién eres?

—Naruko, la hija de tu sensei y de la hermosa y secreta novia pelirroja del Yondaime. Soy yo, Perro —le sonreí —. Por favor, confía en mí —repetí.

—Está bien.

Genial, acababa de comprarme unos días en los cuales planear de qué forma contarle la historia a Kakashi. Por ahora solo quedaba estar alerta.

Empieza la prueba de tu amiga Hinata.

¿Eh?

0oOo0

Hinata.

Eran mi padre y mi hermano, nadie más. Alguna vez me bañé junto a Hotomi, mi padre me vio nacer, usar una camiseta holgada para la cena en lugar de mi saco no debería de ser la gran cosa.

Me miré al espejo de cuerpo entero de mi Vestier con indecisión. Mi closet, amplio y luminoso, permanecía vacío en su gran mayoría, yo ocupaba tres gabinetes y media docena de ganchos con vestidos de ocasiones especiales; otra chica, alguien como Naruko o Sakura, tendría ese lugar a reventar de ropa y accesorios, pero yo en ese aspecto no era muy ducha y optaba por la simpleza. Cuando le dije a mi padre que saldría con unas compañeras a comprar ropa, él alzó una ceja.

Trata de no adquirir prendas que te hagan lucir como una pordiosera.

Su comentario dolió, pero yo ya estaba acostumbrada a su brusquedad. La camiseta que portaba en este momento la eligió Naruko, era de color azul oscuro y me quedaba ligeramente más grande de lo necesario; a mi parecer ocultaba bien mi creciente busto, pero en eso yo me había equivocado antes.

—Hinata-sama, a cenar.

—S-sí —dije sin moverme.

Sería la primera vez en muchos años que mostraría los brazos y el centro de mi clavícula. Hacerlo me daba miedo, era retarme a mí misma, no obstante, confiaba en la decisión de Naruko, ella era una buena amiga, mi única amiga, y siempre pensaba en mi bienestar, me defendía y me cuidaba. Ella era para mí lo que yo creía que debía de ser una madre y por eso la atesoraba inmensamente.

Bajé al comedor siendo consciente de cada brisa en mis brazos expuestos. Esto era una práctica para hoy en la noche, donde estrenaría ese pijama revelador, pero lindo, que me aconsejó Naruko que comprara.

—Al fin bajas. Si vuelves a demorarte, iniciaremos sin ti, Hinata —me advirtió mi padre al verme llegar.

Mi hermanito me vio. Conforme él crecía, la animosidad entre nosotros se daba paso; los ancianos y mi propio padre le estaban lavando el cerebro a mi pequeño hermano, volviéndolo contra mí por el puesto de líder de clan. Si no fuese porque rendirse significaba volverme parte de la rama secundaria, yo habría declarado que a Hotomi le podían entregar perfectamente el título de heredero Hyuga.

—¿Y tu chamarra? Te ves rara sin ella.

No era un comentario completamente antipático, ¿no?

—Tenía calor —me justifiqué.

Conocía la respuesta que daría Naruko: no me la quise poner. En términos generales, yo consideraba a Naruko un poco grosera, pero esa grosería valiente de su parte era por lo que la admiraba tanto, ella no tenía pelos en la lengua para decirle a las personas por dónde podían irse. Quisiera ser un poco más como ella, más audaz y asertiva en mis comentarios, quizá así lograría ser más feliz conmigo misma.

—Deberías ir y ponértela. No me gusta cómo te ves.

Mi padre no intervendría en nuestra plática, él jamás lo hacía. Hotomi me mandaba a hacer cosas y yo lo complacía de forma sumisa.

Lo que iba a decir me metería en problemas, pero Naruko siempre se metía en problemas y aun así su vida era mejor que la mía.

—L-lo que yo no veo es cómo mi ropa es t-tu problema.

Sí, y casi ni tartamudeé. Sonreí serenamente tomando mis palillos. Lo acababa de lograr.

0oOo0

Hotomi.

¿Y a esta, qué mosco le picó? No supe ni qué contestarle, ¡mi hermana me acaba de refutar! Y se sonreía tan campante, orgullosa de dejarme con la palabra en la boca.

0oOo0

Hiashi.

Jum, aún tartamudea. Bueno, se defendió, ojalá así se defendiera en el campo de batalla.

0oOo0

Naruko.

Era una pena, pero tenía que soltarme la trenza. Cuando decidí dejarme el cabello largo, no creí que este llegaría jamás a mis caderas, pero luego, tras ver el retrato de mi madre y escuchar todas las historias sobre ella, quise dejarme crecer el cabello hasta que este llegase a mis tobillos, idéntico al cabello pelirrojo de mamá. En esta realidad ya mi cabello se acercaba a mis rodillas, lo que me emocionaba.

No era mentira que en las misiones un cabello excesivamente largo era estorboso y que en el día a día sus cuidados quitaban tiempo valioso que podía dedicarse al entrenamiento u otras actividades, pero decenas de Kunoichis en el mundo portaban un cabello largo, yo no iba a ser la excepción solo por pereza. Además, sonriendo, recordé que mi cabello era lo que me brindaban los mejores ratos con mi esposo.

Shikamaru sería el primero en morirse si algo le ocurría a mi cabellera.

—Sasuke —lo llamé. Yo a veces caía sin darme cuenta en un tonito de niña consentida que esperaba que todos satisficieran sus deseos.

—¿Qué quieres?

—Vigila mi cena —pedí sin pausar el movimiento de mis dedos a lo largo de mi trenza. Sobre el fuego se asaba un conejo que Kakashi-sensei capturó, degolló y desolló. Sakura casi vomita.

—¿Cómo por qué?

—Porque si mi cena se quema, me comeré la tuya y te tocará comerte el trozo malo —continué usando mi tonito mimado, sonriéndole con dulzura, en una obvia burla hacia él.

Sasuke hizo una mueca.

—No peleen niños, yo vigilo la carne —comentó Kakashi —. No quiero que nuestra primera misión importante se arruine porque ustedes se quemaron las manos.

—Gracias sensei —dije metiendo mano en mi mochila. En el pergamino azul, donde se almacenaban los pijamas, se guardaban también mis artículos de higiene, entre ellos mi peinilla negra de cerdas gruesas.

Peiné mi cabello mientras la carne terminaba de hacerse. A causa de tantas trenzas, en los mechones se me formaban ligeras onditas que simulaban unos coquetos rizos. Dicho y hecho, al estar lista la carne, Perro nos la sirvió.

—Yo mantendré la guardia arriba toda la noche —nos avisó Kakashi levantándose con su bento, encima de este su trozo conejo cubría el resto de la comida —. Los animales podrían interesarse en el olor, así que laven todo al terminar y váyanse a dormir. Eso lo incluye, Tazuna-san.

—Sí, por supuesto.

Tras él irse, suspiré.

—¿Qué? —curioseó Sasuke.

—Kakashi-sensei siempre ha sido un misterio, nunca he logrado verle el rostro.

—Es su privacidad —dijo Tazuna —. Aunque me sorprende que sea capaz de respirar con esa máscara.

—Los años generan costumbre, supongo.

Aunque Sakura lo hizo a regañadientes, aún traumatizada por los minutos finales del conejo, terminamos la cena pronto. Cedí a que fuéramos nosotras las que lavásemos los platos, palillos y cubiertos, puesto que alguien debía quedarse con Tazuna y yo quería ir al río. Me llevé mi mochila y en el río le dejé todos los trastes a Sakura.

—¿Qué crees que estás haciendo? —susurró ella.

—Desnudándome. No me gusta dormir sin bañarme primero —una a una, dejé que mis prendas cayeran en la arena.

—¿Estás mal de la cabeza? ¿Y si te ven?

—Sasuke no se moverá del campamento, Tazuna ya está dentro de su tienda, a lo sumo me vería Kakashi-sensei, pero ese hombre me cambiaba los pañales de bebé.

—¡No es lo mismo!

Avergonzada, Sakura cubrió sus ojos y ladeó su rostro en otra dirección. ¡Qué dramática! Yo aún tenía encima mi ropa interior. Solté mi sostén y me retiré mis cacheteros, buscando en la oscuridad una piedra lo suficientemente alta para sentarme y empezar a bañarme usando mis manos como baldes para el agua.

—Está fría —me quejé.

—Te dará hipotermia.

—Bah.

Me olvidé de Sakura y me centré en el entorno. Necesitaba aprender a ser sensor, pero...

Olvídalo. Concéntrate en la misión. Será difícil.

¿Más que con Zabuza?

Porque si era así, estábamos jodidos.

No, para nada, ni por asomo. Simplemente será difícil, Kakashi no podrá con todo.

¿Y para qué están mis jutsus?

Sí, pero no puedes ir por ahí mostrando tus técnicas de golpe, tienes que medirte.

Cierto. Ugh.

—Muévete, no me voy a devolver yo sola.

—Ya va, ya va —musité limpiándome con el agua las axilas y la vagina. El cabello, de noche y en pleno bosque, ni loca me lo mojaba, eso sí era buscarme una hipotermia.

Al pararme de la roca, Sakura se giró; estaba muy oscuro para ver si ella se había ruborizado. Me protegí los pies de la arena pisando mi ropa sucia y de mi mochila extraje mi pergamino con pijamas. Ja, me vería ridícula con esa pijamita de manga larga y mi gorrito de seda en medio de un campamento ninja, pero yo no iba a dormir sucia; mi piel tendía a las rozaduras por el sudor.

Culminé colocándome mis botas ninja, que se escondían gracias al pantalón ancho; y sellando mi ropa sucia en el lugar donde antes estuvo el pijama, ya luego en la casa de Tazuna reacomodaba las cosas.

—Ya.

—Naruko, estás loca.

Quizá por la falta de luz, Sakura no notó una diferencia en mis ropas, pero frente a la fogata mi pijamita azul de algodón y poliéster resaltó.

—¡¿Trajiste pijamas?!

—Naruko, ¿desperdiciaste empacar armas por usar ese ridículo gorro?

—Ay Naruko, hay prioridades, pequeña.

Bueno, cada miembro de mi equipo me riñó muy a su estilo personal. Solo faltaba Tazuna...

—De repente, ya no me siento tan seguro.

—Duérmete viejo —me burlé —. Llegarás vivo para la mañana.

Lo bueno fue que me dejé los zapatos al dormir, o si no, no habría sido capaz de cumplir esa promesa.

0oOo0

Sakura.

Los infernales ronquidos de Naruko no me dejaban dormir ni un poco, ¡era peor que dormir con mamá! Y los sonidos afuera me sobresaltaban; Kakashi-sensei tenía razón, los animales intentaron acercarse a nuestras tiendas. La sombra de Kakashi-sensei proyectada por el fuego moribundo y sus «shu», espantándolos me tranquilizó ligeramente; el Jounin no se durmió en su puesto y nos cuidó, tal como él dijo.

No supe si alcancé a dormir, podría ser que sí, ya que me sacudí muy fuerte ante el sonido de nuestra tienda siendo abierta.

—¡¿Qué estás...?!

—Shh, atacaron a Kakashi.

¿Cómo sabía eso Naruko? No pude plantearle mi inquietud, el sonido de metal contra metal resonó.

—¡Despierten! ¡Protejan al constructor!

Naruko salió disparada fuera de la tienda de campar, yo tardé en responder al ataque porque demoré en colocarme mis zapatos. Al salir, ella y Sasuke tenían la situación controlada, o eso pareció a mis ojos: ambos respondían los ataques de sus oponentes, unos sujetos con espadas, con sus mochilas y con Tazuna a la vista y rodeado por ellos dos, en una clara preparación. Incluso en su ridícula pinta, Naruko se mostró mil veces más preparada que yo, que incluso dormí con mi indumentaria ninja encima previniendo un ataque.

—¡Sakura!

Tampoco alcancé a responder, Kakashi-sensei me golpeó al correrme a un lado, encarando al sujeto que trató de matarme por la espalda.

Intentaron asesinarme.

—¡Sasuke! —era Naruko, ellos acababan de vencer a sus espadachines, aunque estos continuaban conscientes. Intentaron asesinarme —. Ayúdame con Tazuna, carguémoslo a los árboles.

—Si llevamos la pelea a los árboles, el constructor se nos caerá.

Tazuna-san tenía los ojos muy abiertos y temblaba agachado en el suelo. Kakashi-sensei continuaba peleando, aparecieron más enemigos, pero él los había derrotado, dándonos tiempo para ponernos a salvo.

Intentaron asesinarme.

—Son civiles, no nos seguirán arriba, no pueden, no saben.

Vi a Naruko y Sasuke cargar con el peso de Tazuna-san y llevarlo hasta bien arriba, donde por la oscuridad mis ojos los perdían. Los espadachines estaban allí, en el suelo a unos metros de mí, retorciéndose, dispuestos a continuar peleando, salvo que ahora yo estaba sola.

Intentaron asesinarme.

Hubo un nuevo choque de metal y los espadachines cayeron fulminados al suelo, muertos.

—Sakura.

Brinqué en mi puesto, pero era Kakashi-sensei. Al mirarlo a él, pude ver la sangre y los sujetos detrás de él tirados en el suelo y con sangre fluyendo en borbotones de sus cuerpos.

Alguien había muerto. Una persona lo asesinó. La persona en la que yo confiaba para cuidarme mató a un desconocido, tal vez a más de ellos.

E intentaron asesinarme.

—Muy bien, Sakura, excelentes reflejos —¿qué decía Kakashi-sensei? ¿Reflejos? —. Sacar tu kunai para protegerte fue una gran idea, pero ahora necesito que me lo entregues.

¿Kunai? Al descender mi vista, vi mis manos temblorosas y juntas en mi pecho, sujetando un kunai. ¿En qué momento yo...?

—¿Kakashi-sensei?

—Soy yo, bonita. Lo hiciste muy bien, pero necesito que me des el kunai.

—¿El kunai?

—Sí, tu kunai.

Asentí. Mi kunai se deslizó de mis manos. Kakashi-sensei se abalanzó para agarrarlo, pero su veloz movimiento no causó ningún efecto en mí. Yo confiaba en él.

Intentaron asesinarme.

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Naruko.

—No vean la sangre —dije tanto para Sakura como para Sasuke.

Kakashi ejecutó una masacre con los espadachines, dejando a uno vivo, solo uno, para interrogarlo contra un árbol. Tazuna se aferraba a sus cosas temblando como un ratón mojado, impactado por lo sucedido, Sakura estaba pálida y Sasuke... él no dejaba de observar los muertos.

—Recojan el campamento, tenemos que movernos —ordenó Kakashi. El tipo al que él interrogaba tenía las manos quemadas producto de la «amena charla» que sostuvo con mi sensei —. Miren hacia otro lado.

Y acto seguido, sacó un kunai, empujó al tipo ese al suelo y, sujetándolo del cabello, Kakashi le elevó la cabeza y cortó su cuello con la misma facilidad con la que asesinó al conejo de la cena.

Ninguno le obedeció, todos lo vimos matar a ese pobre sujeto. Bueno, el pobre sujeto trató de hacernos picadillo nocturno, así que...

—¿Quiénes son? ¿Ladrones? —preguntó Sasuke.

—No. Son asesinos a sueldo contratados para asesinar a Tazuna —indiferente de la sangre en su ropa, Kakashi se cruzó de brazos —. ¿Algo que decir, señor constructor?

Conforme más nos datos revelaba Tazuna, más me miraba Kakashi. Todo lo que el hombre dijo encajó con lo que yo le conté.

—Continuemos la misión —dije, mas no se oyó, solo lo modulé para que Kakashi me leyera los labios.

—Ustedes... ustedes me ayudarán, ¿verdad?

Perro se tomó unos segundos para pensarlo.

—Como sea, no podemos irnos a mitad de la noche y dejarlo aquí tirado —por algún motivo, Kakashi trajo un clon de sombras —. Este clon los acompañará, él se sabe el camino. Irán por los árboles, allí no nos pueden seguir y carga con Tazuna será simple. Por cierto, gran idea Naruko.

—Gracias.

—Tú te quedas aquí conmigo.

—¿Hm?

—¿Sensei? —Sakura continuaba conmocionada.

—Ella me ayudará a recoger la tienda. Los alcanzaremos en el punto de reunión, el clon les indicará.

—¿Pero no es más seguro dejar el clon a hacer el aseo y que usted personalmente nos acompañe?

—Tranquila Sakura —le sonrió. Kakashi la ayudó mucho en este viaje —. Estos hombres son los únicos matones que nos encontraremos por un tiempo. Fueron enviados aquí para matar a Tazuna, cuando Gato se entere que fallaron, mandará a más. Sin embargo, eso tardará unos días, así que andando.

0oOo0

Kakashi.

—¿Qué está sucediendo?

La Naruko que yo conocía era una pequeña testaruda y dulce niña, ¿por qué sabía tanto de las conspiraciones relacionadas con una isla de la Tierra del Agua?

—¿Alguna vez has pensado en el Kyubi?

¿El Kyubi?

—No. ¿Qué tiene que ver la bestia con este asunto?

—Mucho, de hecho. Te sorprenderá saber que Kyubi tiene un nombre, Kurama, es de sexo masculino y tiene una voz muy gruesa. Siempre nos pintan a las bestias de cola como unos monstruos o unos animales sin raciocinio, pero son tan pensantes como nosotros.

—Ve al grano, Naru-chan.

—Kyubi tiene el poder de ver el futuro y en ocasiones me da pistas de lo que ocurre —reveló —. Me avisó del ataque, de lo que ocurría con Tazuna... piensa en el Kyubi como un fastidioso amigo que está contigo viendo una película basada en un libro. Este amigo ya se leyó el libro y antes de que ocurran las escenas, este amigo fastidioso te dice lo que sucederá.

Curiosa analogía. La relación de Naruko con el Kyubi era un tema recurrente en mi cabeza: me aterraba que ella recibiese consejo de ese ser, pero me aliviaba que una bestia casi invencible fuese su protector.

—Comprendo. ¿Kyubi te avisará de lo que siga sucediendo?

—Creo que sí —ella miró el reguero de sangre y carpas —. He escuchado sobre el mercado negro.

—Es ilegal —Naruko me miró con una sonrisa dudosa —. Ninguno de ellos tiene valor. Si matamos a uno con precio, lo venderemos y repartiremos las ganancias con el equipo.

—¿En partes iguales?

—Claro que no.

Naruko se rio.

0oOo0

Naruko.

Alcanzamos al equipo y a Tazuna una hora después. A pesar de su poco interés en vender los cadáveres que nos topamos, Perro no estuvo por sobre esculcar los cuerpos. Robamos dinero, armas e incluso encontramos una espada bonita que Kakashi me permitió quedar.

El clon de Kakashi-sensei custodiaba afuera de un hostal.

—Se encuentran en las habitaciones 04 y 06. Sakura está en la 05 —nos informó antes de evaporarse.

Kakashi se tomó dos segundos en analizar los recuerdos que le trajo el clon.

—Trata de dormir, Naruko-chan.

—Sí —subí mis manos y me retiré mi gorrito. Me lo pondría luego, fuera de las miradas indiscretas y algo burlescas. Los chistes se los aceptaba a mi equipo, no a gente desconocida.

Kakashi me escoltó hasta la habitación de Sakura. No supe para dónde se encaminó él después, ya que Kakashi-sensei no se movió de la puerta hasta que yo no entré y cerré. En lugar de camas, encontré dos futones, uno ocupado por Sakura.

—¿Naruko?

—Hola —susurré a la chica de ojos jade que se sentaba —. ¿Todo bien?

—... ¿qué pasó allá? —pidió prendiendo la luz. Sakura se veía muy mal.

—Trajimos las carpas —yo podía ocultar el robo del dinero y de las armas, pero no la espada —. Kakashi-sensei me dejó tomar una de las espadas. ¿No crees que sería interesante aprender a usarla?

—Supongo —musitó. Me quité mi mochila y la dejé a los pies del futón ya preparado para la noche, la espada la puse a un lado. Me intenté quitar mis zapatos, pero Sakura negó con la cabeza —. Déjatelos puestos, yo me demoré porque no tenía puestas las sandalias ninja.

Miré a mis pies. ¿Cuántas veces no luché yo descalza? Sakura se habría paralizado así tuviese encima una armadura, pero yo le podía decir eso.

—No te preocupes, Kakashi-sensei tiene razón, ya no estamos en peligro. Tardarán un tiempo en darse cuenta que los mercenarios fallaron, como mínimo un día, así que esta noche tendremos el lujo de dormir tranquilas.

Y por una vez en su vida, Sakura asintió a mis palabras y me creyó sin vacilar.

El ataque la cambió, me comentó el Kyubi una vez la luz estuvo apagada y yo me arropé con la sábana del futón.

Eso no era una sorpresa, la muerte cambiaba a cualquiera.

0oOo0

Sasuke.

(Por favor, recuerden que el niño tiene narcicismo y que esto es un problema mental real.)

Kakashi me despertó sacudiéndome el brazo. Al ver mis ojos abiertos, él me indicó que me aseara; por su piel fría, él ya se había bañado. El sensei se retiró, presumiblemente a buscar a las niñas y al cliente.

Naruko fue muy útil anoche, se mantuvo al parejo de mí y fue ingeniosa al darse cuenta que nuestros enemigos eran civiles. Fue una lástima que yo no pudiera quedarme atrás a revisar los muertos, yo escuché alguna vez que los cadáveres dejaban atrás objetos preciosos, como dinero y medicinas, pero Kakashi me necesitaba cuidando al constructor junto a él, ya que Sakura no sería capaz de mucho.

Esa era la desventaja de ser el más fuerte del grupo: me pegarían al peso muerto que cargábamos y la persona en el medio, Naruko, se llevaba las partes interesantes de las misiones. Al menos, la rubia no se obsesionaba conmigo como Sakura o Ino, con ella yo sí podría sentarme a conversar de forma civilizada. Bueno, eso si Naruko estaba de humor, porque cuando se las tomaba contra mí ella no dudaba en atacarme.

Me duché pensando en las palabras que Naruko me dedicó en estos días, así como en la paliza que me dio al iniciar el día de ayer. Que ella me comparara constantemente con Itachi era una molestia. Obvio yo no estaba al nivel de Itachi aún, pero lo lograría. Quizá matase a mi hermano en un futuro próximo, y ese día le enseñaría el cadáver a Naruko para que viese a su admirable Itachi hecho cenizas.

Sí. La actitud de Naruko era porque ella se dejaba impresionar de mi hermano, pero una vez yo me reuniera con Itachi en igualdad de condiciones, sin saber en qué depararía nuestro encuentro, la rubia entendería que yo era superior. Sasuke Uchiha siempre sería superior a Itachi, a Naruko, a Kakashi, al que fuese.

Duchado y con la ropa de ayer, cambiándome solo los calzoncillos, bajé al comedor de la posada cargando con mis objetos personales. Ya era de día y nos tomaría un rato salir para continuar con la misión.

Naruko ya estaba desayunando en una de las mesas con su mochila y una espada en el asiento junto a ella. Saludando, me le senté enfrente.

—Buenos días. ¿Y Kakashi-sensei? —pidió sin mirarme.

Mi compañera era bastante distraída, rara vez colocaba atención a lo que los demás le decían y tampoco miraba a su interlocutor al hablar.

—No lo sé, pensé que estaba con ustedes.

—Sí, nos despertó y se fue. Me dijo que pidiéramos desayuno, que él pagaba.

Asentí. Alcé la mano y una mesera acudió a mí. Pedí más de la cuenta, tenía mucha hambre, sin embargo, yo pagaría el arroz para no molestar a mi sensei ni hacerle gastar de más.

—¿De dónde sacaste esa espada? —pregunté con interés. El Kenjutsu era una prioridad, yo recordaba a Itachi blandiendo armas de alcance medio.

—Se la retiré a uno de los cuerpos, el sensei me dejó.

Justo lo que dije, la persona que se quedaba atrás era la que obtenía la mejor experiencia. Una espada decente costaba alrededor de 3 mil yenes (recuerde, digo yenes, pero me baso en el dólar estadounidense), las mejores superaban los 10 mil yenes, y Naruko acababa de conseguir una gratis.

—¿Tomaste dinero de los cuerpos? Eran mercenarios, les debieron pagar antes de la misión, por lo menos una parte.

—No lo sé, el sensei atendió los cuerpos mientras yo recogía las carpas. Y yo solo tomé la espada.

Por supuesto, la persona con mayor rango también se llevaba la mejor parte, incluyendo los billetes.

Llegó la camarera con mi desayuno e hicimos silencio, cada quién en lo suyo. Al rato aparecieron Kakashi, el cliente y Sakura, ella sonreía y lucía menos pálida, le sirvió dormir. El silencio perduró, salvo por sus voces pidiendo sus respectivos desayunos (en Japón es de mala educación comer y hablar. Digamos que entre gente cercana ocurre, como Naruko y Shikamaru o con Iruka, pero no está bien visto.)

0oOo0

Sakura.

Esperé contenta mi ración de comida. Desde su asiento, Kakashi-sensei me sonrió. Unos momentos atrás, él me pidió ir al final del pasillo para «intercambiar unas palabras conmigo». Imaginé que me sermonearía por mi inutilidad por la noche o algo parecido, pues fui la única que no participó en el ataque, pero fue todo lo contrario.

Partiremos dentro de un rato. Iremos por una ruta civil, así que Sasuke, Naruko y yo nos mantendremos alejados de Tazuna para no dar sospechas. Se requiere de un miembro del equipo con el cliente y pensé en ti: Naruko es muy ruidosa y Sasuke demasiado inquieto, ellos no sabrán mezclarse entre civiles.

¿Mezclarme? ¿Cómo... infiltración?

Exacto, Sakura-chan. Le dirás a todos que eres la nieta de Tazuna y te retirarás la indumentaria shinobi. Mantendrás los kunai contigo, pero en tus bolsillos. Confío en que cuidarás del cliente.

Por supuesto, Kakashi-sensei.

Era grandioso, él no solo no estaba enojado, sino que me encargaba la protección inmediata del cliente, de darse un ataque yo me encontraría en la primera línea. Ante la llegada de la comida, no vacilé al tomar el primer bocado ni pensé en las calorías de la comida, necesitaría todas mis fuerzas para esforzarme al máximo y ser útil esta vez.

0oOo0

Tazuna.

Ver la muerte de esos sujetos anoche fue espantoso, los shinobis eran sujetos muy duros y curtidos, incluso estos niños que me rodeaban. Incluso la muchacha de cabello rosa. Un hombre de mi pueblo habría vomitado ante la visión de tantos cuerpos cercenados, pero ella, temblando hasta los huesos y atemorizada, se mantuvo firme en su puesto con un cuchillo en la mano. Sí, ella se asustó, pero se quedó allí de pie y dispuesta a luchar.

Según lo que dijo el mercenario, Gato se encuentra a tres días del punto del ataque. En base a eso, doy por sentado que tenemos aproximadamente cuatro días, o cinco, antes de vernos en riesgo de nuevo. Durante este tiempo, usted estará a salvo.

Lo que le agradezco, Kakashi-san.

Por ello, le pido que me colabore con una didáctica que pondré en marcha con mi equipo.

Entonces, poco después de despertarme, me explicó su plan: que nos moviéramos por las rutas civiles para trabajar con la rubia y el chico sombrío sigilo, al mismo tiempo que la muchacha de ojos jade se quedaba conmigo.

Sakura se asustó ayer por la masacre, pero eso es bueno: acaba de aterrizar respecto a la realidad de la vida shinobi. Usaré eso para que ella se sienta útil al hallarse en primera línea de batalla. Usted no correrá peligro, yo estaré pendiente en cada momento.

Comprendo. Ella se meterá en el papel de un ninja en, sin saberlo, una situación controlada.

Exacto. Eso la motivará a entrenar más. Ella ha vivido una vida protegida, sus intereses no han sido precisamente sus jutsus, por eso ha sido una carga hasta ahora.

La lógica que él colocaba en sus palabras era correcta; aun así, le fruncí el ceño.

Es una niña, ni siquiera una adolescente. Debería estar en su casa con su mamá, suspirando por chicos y haciendo la tarea, no portando armas.

Así funciona la vida shinobi.

Y él tenía razón, yo lo comprendía, mas no me gustaba. Ver la emoción con la que la niña se retiró su hitai-ate me hizo darme cuenta que muchas señoritas como ella o como la rubia ruidosa estaban siendo puestas en situación de riesgo por las necesidades de sus países. Quizá en un mundo con mayor paz esto no fuese necesario, pero nuestro mundo no era pacifista, amaba la guerra y el correr de la sangre.

—Protégeme, shinobi —le dije al irse los muchachos y el shinobi.

Por el bien futuro de Sakura, la niña que ella era debía morir para dar paso a la guerrera que la joven tendría que ser por el resto de su vida. Era molesto saber que yo contribuía para moldear con dureza a una infante, pero era más molesto imaginar que por su propia debilidad ella moriría.