Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 4
Bella
Tomé una bocanada de aire y presioné el timbre. El edificio estaba ubicado en una de los mejores barrios de la ciudad, no había duda que Edward se codeaba con la crema y nata de la sociedad de Seattle. Estaba enterada que era gracias a la pequeña herencia que sus padres le habían dejado al morir, al ser el hijo menor había sido el principal beneficiario mientras sus dos hermanas mayores habían heredado una pequeña parte.
«Deberías largarte».
Mis pensamientos empezaban a querer intervenir. Sacudí la cabeza y volví a presionar el timbre.
Mi sonrisa fue automática cuando Edward abrió; apresé mi labio inferior en el momento que sus hermosos ojos verdes me recorrieron de pies a cabeza. Admiró mis piernas más de la cuenta gracias al corto vestido de terciopelo en color rojo que traía.
Le gustaba y eso me encantaba.
— Hola —murmuré fascinada ante su mirada lasciva y tendí la botella de champán que traía conmigo.
Edward aceptó la botella, pero no me hizo pasar. Estaba detenido en la puerta con un gesto nervioso.
— Perdón, Bella, yo… —musitó pasando una mano por su caótico pelo— estás hermosa —reconoció abochornado, sus mejillas habían adquirido un leve rubor rosa que lo hacía lucir tan tierno—. Pasa, te estaba esperando.
No pasé desapercibido la frase "te estaba esperando".
Al pasar al lado de él fui consciente que su mano rozó mi cintura, como si quisiera guiarme.
Guardando mi emoción para después observé el bonito apartamento; paredes blancas y decoraciones alusivas a la temporada, un pequeño pero precioso pino navideño y una hermosa mesa con tres lugares disponibles.
De la cocina salió una chica alta, muy delgada, sin peinar, sin maquillar y con sandalias, vestía un horrendo vestido negro dejando su hombro descubierto de lo grande que le quedaba. Eso no fue lo que captó mi atención sino que apenas podía sostenerse por ella misma.
Volteé y vi a Edward. Este rascó los dedos en la frente visiblemente avergonzado.
Emily me miró de la peor manera.
Conocía esa advertencia, así que, sonreí ampliamente ante la sosa y alcoholizada Emily.
— Bella —Edward sonó muy serio—, ella es Emily.
Me quedé esperando que la presentara como su prometida o novia, pero no lo hizo. Sonreí de nuevo al apretar la raquítica mano de Emily y al ver la desilusión en sus ojos oscuros, eso provocó una gran emoción dentro de mí.
Era demasiado gratificante sentir la decepción en los demás.
— Emily —continuó Edward demasiado cortez—, Bella es mi jefa y una buena amiga.
— Encantada —mintió con una falsa sonrisa— soy la futura señora Cullen.
¡Ja! Imbécil. Jamás te pongas una etiqueta que nadie te ha dado, aún. Quise decirle.
— Huele delicioso —dije, mandándola al diablo y caminando hacia la mesa, debía reconocer que tenía buen gusto en decorar, una lástima que ella era un desastre sin sentido de la moda— es un lugar precioso —admití a medias siguiendo mi recorrido hasta el balcón, la vista era espectacular.
Me volví hacia los dos y noté que la mujer estaba al borde del llanto, las lágrimas retenidas en sus ojos me lo decían. No podía creer que fuera tan dramática que a causa de mi presencia quisiera llorar.
— ¿Sucede algo? —indagué con la mejor voz inocente que podía.
— No pasa nada —pronunció Edward, siempre tan amable— yo me haré cargo de servir la cena, ustedes pueden sentarse. —Por supuesto que primero ayudó a la raquítica que se tambaleaba de un lado a otro y después vino hacia mí retirando la silla para que me sentara—. Vuelvo en un momento —dijo.
— ¿Así eres siempre tan callada? —pregunté sin ningún interés y soportando su aliento a alcohol.
— Cuando las personas no me inspiran confianza, sí.
Volteé a verla.
Sus ojos oscuros estaban fijos en mí, retándome. ¿Así que quieres ser una perra conmigo?
— Me gusta tu sinceridad —le dije con una sonrisa arrogante mientras recorría con la mirada su delgada figura—. Nunca es buena idea ser tan confiada y... gris.
Levantó su mentón queriendo intimidarme gracias al alcohol ingerido.
— Quiero que te largues de mi casa —exigió arrastrando las palabras y hablando tan bajo, casi como si estuviera rezando.
— Estoy acostumbrada a la mala actitud de las mujeres celosas —mencioné— a la envidia que puedo provocar por ser como soy. Justo así como te estás portando conmigo, no es nada nuevo, eh.
De pronto su mano apretó con fuerza mi muñeca.
— No te acerques a mi prometido o te juro que…
Me soltó asustada cuando Edward llegó con la comida: lomo de cerdo en salsa pasilla, ensalada de apio, nueces y mandarinas. Se veía apetitoso, sin embargo, la cena era lo menos relevante, estaba fascinada con la actitud de la raquítica.
El alcohol le estaba proporcionando valor para sentirse poderosa. Jamás me habían declarado la guerra tan abiertamente y era simplemente fantástico.
Cuando empezamos a degustar la cena fui claramente consciente que la raquítica hacía de todo por ser el centro de atención de la conversación. Reía hipócritamente al tiempo que jugaba con las hebras cobrizas de Edward, molestaba sus orejas y seguía embriagándose mientras Edward se veía incómodo ante el comportamiento de su novia.
Ella me estaba provocando para darme celos a causa de las copas que traía de más, soportando, esperé paciente a que las malditas horas pasaran y nosotros aún seguíamos en el comedor.
— ¿Sabías que Edward y sus hermanas son mi única familia? —mencionó fuerte apoyando la cabeza en el hombro del hombre que empezaba a robarme el sueño—. En seis meses será mi esposo.
— Deja de beber —Edward le arrebató la copa de las manos de ella.
Emily le dio un fugaz y corto beso en la mejilla haciéndolo resoplar.
— Qué feo debe ser que nadie te quiera —habló atropelladamente— y necesites pasar la nochevieja con unos perfectos desconocidos.
— Emily —advirtió Edward—, por favor.
— Si, debe ser incómodo —respondí—. Aunque considero más feo que te pongas una etiqueta que nadie te ha dado, termines embriagándote para esconder tu inseguridad y al final solo causes verdadera lástima.
— ¡Cállate! —me gritó como si estuviera tres bloques lejos de ella, se incorporó tambaleante y sin quitar sus ojos llenos de odio contra mí tomó la copa de vino arrojando el líquido sobre mi pecho.
Bueno, ¿quieren leer la reacción de Bella?
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Lily, Pepita GY, Diannita Robles, PaolaValencia, Elizabeth Marie Cullen, NarMaVeg, Gabby352, paupau1, Torrespera172, Cassandra Cantu, Adriu, Car Cullen Stewart Pattinson, Noriitha, mony17, saraipineda44, cocoa blizzard, Yaly Quero, Diana, Rosemarie28, Wenday14, Patty, Estefania Rivera, Lu40, Dulce Carolina, Cinthyvillalobo, Isis Janet, Flor Mcarty, Adyel, mrs puff, Maribel 1925, rociolujan, Antonella Masen, Lili Cullen-Swan.
¡Gracias totales por leer!
