Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 5
Bella
Boqueé poniéndome de pie. Edward se incorporó al mismo tiempo sujetando a la estúpida por la cintura porque amenazaba con lanzarse sobre mí.
— ¡Eres una ordinaria! —le grité dispuesta a bofetearla.
— ¡Ya basta, Emily! —Edward gruñó llevándola con él casi arrastras.
Tomé una servilleta e intenté limpiar el líquido sobre la tela de terciopelo. Me debatí algunos minutos si largarme o no mientras los oía discutir fuertemente, realmente perdí la noción del tiempo deambulando por la estancia y mirando desde el balcón, simplemente estaba por irme cuando Edward apareció.
— ¿Estás bien? —preguntó visiblemente apenado—. En el armario puede haber algo para ti, no puedes estar mojada con este clima, enfermarás.
— Tu novia es una loca —escupí enojada.
— Tampoco debiste provocarla —rebatió.
— ¿Acaso querías que me quedara callada? —cuestioné—. No estoy acostumbrada a dejarme pisotear por nadie y, no me importa si es tu novia o el mismo presidente del país.
— Lo lamento —se disculpó por ella—, se le pasaron las copas y ahora mismo se ha quedado dormida.
Arqueé una de mis cejas intentando no sonreír.
— ¿Puedo cambiarme? —pregunté, tirando un poco de la tela del vestido húmedo.
Edward asintió llevando su mano a mi espalda descubierta. Había acertado en elegir un vestido con escote entero en mi espalda. Su tacto era respetuoso y solo las puntas de sus dedos estaban tocando mi suave piel, me guió por el estrecho pasillo hasta la última puerta.
— En el armario hay ropa de Emily.
No me detuve a escucharlo, claro que yo no usaría nada de esa insípida borracha. Así que entré y encendí la luz contemplando la habitación; era obvio que era su alcoba y fue muy extraño que la raquítica no estuviera en la cama.
Con más confianza caminé a la puerta que había en la esquina de la habitación, era el baño y dentro de él estaba el armario; miré la horrenda ropa de colores oscuros y opacos así como Emily lo era e hice una mueca.
Fui a la parte más ordenada: era la ropa de Edward; empecé a curiosear entre las bonitas camisas y las olí llenando mis sentidos de él, descolgué una camisa blanca, la puse después de sacar el vestido y procuré no abotonar los tres primeros botones, no estaba usando sostén así que la sensación de mis pezones rozando con la tela, era agradable.
Sostuve el vestido que acababa de quitarme y lo dejé perfectamente acomodado entre la ropa limpia de Edward, deseando que fuera un buen recuerdo mío.
Cuando salí caminé sobre mis tacones rojos sin hacer el menor ruido. La camisa de Edward cubría muy bien mis muslos, era sabido que me hacía lucir muy sensual, eché el cabello hacia un lado de mi hombro y dejé la camisa un poco más abierta.
Suspiré al verlo apoyado en el balcón, se veía reflexivo y melancólico.
— Está frío —murmuré llamando su atención, él volteó y me recorrió con su mirada. Lo había deslumbrado—. Disculpa por tomar una de tus camisas, no me gustó nada —fui sincera.
— No… yo… —pronunció en monosílabos, en ningún momento quitó sus ojos de mi escote cuando me crucé de brazos y me acerqué a él—. No… no deberíamos estar aquí —su voz fue casi un lamento.
Elevé la mirada.
De pronto me sentí perdida en sus orbes verdes, en la profunda paz que me hacía sentir estar cerca de él, en la tranquilidad que sentía por tenerlo conmigo.
«Solo es deseo». Dictó mi conciencia.
La ventisca fría de la última noche del año sopló fuerte haciéndome acurrucar en el tenso y duro cuerpo de Edward, necesitaba un poco de calor y sus manos no parecían responder.
Lo correcto sería que me fuera, sin embargo, yo nunca hacía lo correcto.
Guardé mis escrúpulos en el fondo de mi conciencia y me volví hacía él. Me presioné en su cuerpo, aplastando los senos en su torso. Podía sentir su reacción, su miembro erecto era evidente al estar presionado en mi vientre, sin pensar dejé que mis dedos acariciaran su mejilla y lentamente fui apoyando la cabeza en su pecho, me sentía bien, demasiado cautivada por su acercamiento, pues Edward acababa de afianzar una mano en mi cadera, rodeando mi cuerpo con fuerza.
Cerré los párpados disfrutando de estos posibles minutos de cercanía.
Fue cuando los ruidos provocados por la pirotecnia destellaron en todo el cielo, cubriendo de figuras de colores el oscuro firmamento.
Era el inicio de otro nuevo año.
— Feliz año, Bella —su aterciopelada voz se había vuelto particularmente ronca.
Levanté el rostro y lo miré.
— Feliz año nuevo —respondí sin dejar de ver sus delgados labios, siendo tan inconsciente relamí los míos.
Podría alzarme en la punta de mis zapatos y besarlo.
— Bella, no —lo escuché decir.
Entonces comprendí que me había acercado tanto a él que nuestros labios estaban a escasos centímetros de distancia, incluso podía respirar su aliento con olor a vino.
— ¿Por qué? —quise saber.
¿Por qué no podía regalarme un beso?
— Yo… yo… —titubeó, inclinando su rostro hacia el mío al tiempo que mis manos rodeaban su cuello.
— Tú también lo quieres —murmuré.
Su respiración se volvió pesada. La tensión entre nosotros y el deseo era más que evidente.
— Pero no debo.
Esas fueron sus palabras antes de dar media vuelta y dejarme sola.
Inspiré. Froté mis antebrazos abrazándome a mí misma para darme un poco de calor y volví mi vista a la ciudad.
Sonreí al ver los cientos de fuegos artificiales iluminando el cielo.
— Ya caerás, Edward —musité en la soledad.
Ese será mi principal propósito de año nuevo.
¿Opiniones?
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: rociolujan, Isis Janet, PaolaValencia, Cinthyvillalobo, Yaly Quero, cocoa blizzard, Flor Mcarty, Dulce Carolina, Lupita, Peerla Salvatore Swan, Lili Cullen-Swan, Patty, Gigi, Lu40, Verochy, ALBANIDIA, Estefania Rivera, jenni317 , Wenday14, Noriitha, elianapeluso750, Antonella Masen, paupau1, Adriu, Pepita GY, nataliastewart, Rosemarie28, Lily, Maribel 1925, mrs puff, saraipineda44, NarMaVeg, Elizabeth Marie Cullen, Cassandra Cantu, Diannita Robles, Car Cullen Stewart Pattinson, Kaja0507, Gabby352, Adriana Molina
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