Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 8
Bella
No pude evitar sentir un pinchazo de celos al verlo tan preocupado por la insípida esa.
Me senté en el medio de la cama abrazando mis piernas mientras lo miraba: Edward caminaba nervioso por la habitación pasando en repetidas veces una y otra vez la mano por las hebras de pelo cobrizo. La borrachera que traía minutos atrás había desaparecido pues ya no arrastraba las palabras y caminaba sin tambalearse.
— Cálmate, Emily —le pidió ansioso—, quizá la gata está por ahí, recuerda que luna nunca se va más de dos apartamentos lejos de nosotros.
Rodé los ojos.
— Sí, estoy bien —murmuró, alejándose hasta el otro extremo donde estaba la ventana cubierta por una cortina azul— estaba dormido —mintió fingiendo un bostezo que me hizo reír, volteó a verme por un par de segundos y pude apreciar su rostro enrojecido—. Te hablo mañana, Emily —comentó muy bajo—, adiós.
Guardó su móvil en el pantalón y empezó a abotonar la camisa. Lentamente elevó su mirada y la fijó en mí.
— Lo siento, Bella. Esto no debió pasar, yo… yo realmente no entiendo mi comportamiento.
Elevé mi mentón mirándole con tanto desprecio.
— ¿Quién te entiende? Vienes a mi habitación, buscándome y ahora te arrepientes. Sabes —bajé de la cama y caminé hacia la puerta— lárgate.
— Escúchame —pidió acercándose—. Tú mereces más que solo una noche.
Lo miré a los ojos antes de dar dos pasos atrás impidiendo que me tocara como pretendía hacerlo.
— ¿Qué sabes tú de mí? —increpé— por si no te has dado cuenta soy activamente sexual y si quiero voy a buscarme a quien mejor me parezca.
Sujetó mi brazo.
— Estás aferrada en tener una noche conmigo, estás tan cegada que no te das cuenta lo que vales realmente —la punta de sus dedos tocaron mis labios— pero no sucederá, Bella —habló tan bajo como si quisiera convencerse— porque no soy hombre de aventuras y tú tampoco eres de esas.
— Vete —le indiqué que saliera cuando abrí la puerta— no quiero que te acerques a mí.
— Bella —insistió, acunando mi rostro con sus manos, haciéndome mirarlo— en verdad te aprecio, creí que podíamos llevar una amistad sana, no puedo ofrecerte más. Lo siento.
Mis ojos picaron al darme cuenta de su convicción. ¿Qué demonios me pasaba con él? Era solo uno más.
Inmediatamente sentí frío cuando no tuve su toque, apreté fuertemente mis párpados y me abracé a mí misma al verlo salir de la habitación.
— Déjalo que se vaya —murmuré— olvídate de él, Isabella. Olvídalo.
Sintiéndome impaciente y de mal humor marqué el número de Liam.
— Oye, hasta que te dignas a hablar conmigo…
— Liam —lo interrumpí—, necesito hablar contigo, quiero un consejo, amigo.
.
.
Llevábamos tres días en París. Edward, Seth, James y yo trabajamos de manera profesional hasta llegar a un acuerdo sobre lo que realmente quería plasmar visualmente James en la publicidad. Recorrimos varios lugares icónicos de la ciudad mientras nuestros diálogos se centraron en el comercial.
Edward y yo solo intercambiamos ideas sobre el proyecto y una vez que terminaba nuestro trabajo él se despedía para irse a encerrar en su habitación. Mientras él se alejaba había decidido aceptar pasar tiempo con James, las cenas fueron cautivantes, dándome cuenta de lo agradable que era y de todo la sabiduría que había tras el hombre de cincuenta y un años.
Me era interesante su madurez, no lo podía negar. No obstante me alegré más cuando una tarde James recibió una llamada necesitando de su presencia con carácter de urgente, dejándome sola, al fin.
El viento despeinó mi largo cabello logrando que algunos mechones cosquillaran la piel de mi cuello, seguí caminando en la terraza del hotel admirando el paisaje con la imponente torre eiffel en el fondo.
Volteé al escuchar los ruidos de la cámara fotográfica de Seth.
— No hagas eso —me quejé cuando continuó sacando fotografías mías.
— Creo que me darán una buena plata por sacar fotografías paparazzis de Isabella Swan —bromeó—. ¿Qué haces aquí tan sola?
Inspiré, volviendo mi vista a la ciudad.
— Estoy disfrutando de mi soledad. ¿Y tú qué haces por aquí? —me interesó saber— pensé que también ibas a encerrarte en la habitación para no verme, no sea que me vaya a dar por morderte —mencioné irónica.
Seth rio. Enfocó el lente de su cámara hacia la torre y empezó a capturar todo lo que veía.
— Ten un poco de paciencia para mi amigo —dijo—, supongo que si le mintió a Emily por venir hasta aquí es por algo, ¿no?
— No entiendo, ¿le mintió? —indagué—, ¿por qué?
Seth dejó de mirar por el lente de su cámara y miró mi rostro. Era un hombre alto, delgado, pelo oscuro y de una sonrisa contagiosa.
— Bueno, solo omitió mencionar que tú venías incluida en el viaje. Le dijo que venía a trabajar, lo cual es verdad —encogió los hombros.
Mordí mi labio inferior mientras procesaba la nueva información.
— Sé que le gusto —admití complacida— quizá le gusto más de lo que él mismo cree. Pero eso no significa que voy a rogarle. Ya decidí que hay más hombres interesantes.
Seth sacudió la cabeza sin dejar de sonreír.
— Lo dices por Witherdale ¿no? Tienes unos gustos bastante extraños. De Edward a James —soltó una carcajada.
— ¿Cómo conociste a Edward? —pregunté.
— En la escuela secundaria.
— Ah, supongo que Emily no es de tu agrado —afirmé— porque si no fuera así, no habrías hecho que Edward fuera a mi habitación.
Seth exhaló de forma ruidosa.
— Lamento lo que hice. Te aseguro que no volveré a intervenir en nada que tenga que ver con ustedes.
Escuchar lo apenado en su voz me hizo sentir en confianza. No era un hombre malo, quizá solo un poco despistado.
— De todos modos me contratarán, ¿verdad?
Reí. Seth era demasiado divertido.
Caminé de regreso a la habitación ignorando las divertidas preguntas de Seth.
— No me has dicho, ¿ocuparé el puesto de fotógrafo o de gerente?
— Seth, envíame las fotos que me tomaste —le pedí.
Me apoyé en la puerta en cuanto entré en la habitación y me reí al escuchar el sonido de un mensaje: eran las fotos que Seth había tomado de mí.
Observé cada una.
Una perfecta idea se cruzó por mi mente
— Ahora sabrás que estoy en París, estúpida —articulé maliciosamente mientras publicaba una imagen en mi instragram.
En la imagen estaba mirando hacia la torre eiffel, se podía apreciar la taza de chocolate en mis manos y los croissants sobre la baranda.
Publiqué la instantánea con la etiqueta París.
Reí de lo más divertida dejándome caer en la suavidad de la cama.
Edward
Ignoré las llamadas de Emily.
Tenía cuarenta y seis llamadas perdidas y no respondería ninguna, apagué el celular en cuanto salí de la habitación.
— ¿En dónde estabas? —le pregunté a Seth al verlo en el pasillo.
— Estaba con Isabella, ¿por qué? —rio al estar viendo su celular— le acabo de enviar unas fotos que le tomé —me mostró las imágenes— se ve hermosa, ¿no? Supongo que le gustaron porque acaba de publicar en su instagram una de mis fotos y me dio créditos —alardeó.
Arrugué el entrecejo al ver la pantalla del celular de Seth.
Fue imposible no sentir coraje al ver la imagen en instagram.
— Lo hizo a propósito —mencioné.
— ¿De qué hablas? —inquirió.
— Bella subió esa imagen con toda la intención de que Emily la vea —expliqué lo obvio.
Seth me quiso detener, sin embargo, seguí mi camino hacia la habitación de ella, aporreé la puerta olvidándome de mis buenos modales.
Bella abrió dejándome ver lo hermosa que estaba. Usaba unas botas negras más arriba de las rodillas que fueron capaces de quitarme la respiración al ver sus hermosos y torneados muslos, agradecí lo corto de su falda.
— ¿Qué quieres? —se encaminó hacia la terraza sin importar dejarme como imbécil bajo su puerta. La seguí.
— ¿Por qué lo hiciste? —quise saber, pero no medí mi fuerza al tirar de su brazo y estrellar su cuerpo contra el mío.
— ¿¡Qué demonios!? —gruñó—. ¡Suéltame!
— No lo haré —la enfrenté, sujetando sus antebrazos— subiste esa maldito foto para molestar a Emily, no te atrevas a negarlo.
Soltó una carcajada.
— Mi vida no gira en torno a ti, Edward Cullen. Ahora suéltame que tengo una cita.
Junté las cejas. El estómago se resolvió en el instante que la escuché.
— ¿Una cita? —inquirí— ¿con quién? —No pude evitar el tono de mi voz, estaba enojado con ella—. ¿Con James? ¿estás saliendo con él?
— No te incumbe, Edward. No puedes rechazarme y después exigir explicaciones, tuviste tu oportunidad y no la quisiste. Así que, déjame en paz.
— ¿Qué quieres, Bella? —sujeté su mentón acercándome a sus labios—. Quieres que te bese para que te olvides de irte con ese imbécil, ¿eso quieres?
No pensé.
Me incliné hacia ella capturando sus labios.
Inundando mis sentidos con su exquisito sabor.
No sé qué piensen de este capítulo, ¿les gustó?
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Peerla Salvatore Swan, rociolujan, saraipineda44, Wenday14, mrs puff, Lili Cullen-Swan, Noriitha, Isis Janet, Antonella Masen, Pepita GY, nataliastewart, Verochy, Cinthyvillalobo, mony17, Gabby352, Elizabeth Marie Cullen, Maribel 1925, Adriu, PaolaValencia, Gigi, Estefania Rivera, NarMaVeg, Yaly Quero, Cassandra Cantu, iza, Dulce Carolina, Flor Mcarty, Patty, Torrespera172, Lily, cocoa blizzard, paupau1, ALBANIDIA, EmilyChase, Car Cullen Stewart Pattinson, Smedina, Rosemarie28, Diannita Robles, kaja0507 y comentarios Guest
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