Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 9

Emily

Inspiré.

Estaba realmente emocionada por verme con el vestido de novia. Me miré de perfil frente al gran espejo, observando lo blanco del vestido, el hermoso encaje con el que estaba confeccionado y los pequeños detalles bordados a la altura del pecho le daban ese toque romántico que buscaba.

— Este es el vestido —murmuré sonriendo.

Mi amiga Jane enarcó sus cejas y se acercó a mí.

— Te ves preciosa, Emily —dijo tras de mí antes de aclararse la garganta— solo que ¿no te parece que el vestido es un poco anticuado? Eres muy bonita y joven, mereces usar otro tipo de vestido para el día de tu boda.

Mi sonrisa se desvaneció.

— ¿Acaso pretendes que vista igual a esa zorra? —le increpé.

Jane puso los ojos en blanco y negó.

— No comprendo tu coraje hacia la chica.

— Es una zorra, Jane. Está tras de Edward, ¡mi prometido! Le coquetea descaradamente, se le quiere meter por los ojos pero no se lo permitiré. ¿Has visto lo descarada que es en sus redes sociales? Siempre se muestra casi desnuda.

Jane abrió mucho los ojos antes de empujar con su índice el armazón de sus gafas por el puente de la nariz. Se quedó pensativa y fue a sentarse en el pequeño sofá que estaba arrinconado en la pared, miró por mucho tiempo el móvil en sus manos.

— Busca su perfil en instagram y me darás la razón —le insté mientras me seguía mirando frente al espejo.

No había duda que había elegido mi vestido de novia.

— Emily —la voz de Jane fue solo un débil murmullo. La miré por el espejo— ¿a dónde dijiste que había ido Edward? —indagó.

— A París, ¿por qué? —respondí sintiendo un dolor de estómago, volteé hacia a Jane.

— Ella está en París —susurró—, publicó una fotografía hace segundos.

Caminé hacia mi amiga y le arrebate el móvil, al instante cubrí mi boca para acallar un sollozo, había empezado a llorar al descubrir que ella estaba en París.

Me dejé caer de rodillas sin importar que pudiera arruinar el bonito vestido blanco, no podía parar de llorar, me dolía el pecho por saber que ella estaba con Edward.

— Edward me mintió —logré decir entre hipidos al tiempo que limpiaba la nariz con el dorso— me aseguró que solo estaba con Seth y otro tipo, y no es verdad.

Jane peinó mi cabello con sus manos.

— Tranquila, Emily. Quizá esa foto es antigua y ella la publicó solo por hacerlo, todos hemos hecho eso alguna vez, ¿no?

Sacudí la cabeza de un lado a otro.

Esa zorra lo había hecho a propósito, con toda la intención de lastimarme.

— No la quiero cerca de Edward —sollocé.

— ¿Por qué no te embarazas? —cuestionó Jane—. Es la única forma que veo para que esa mujer deje en paz a tu hombre.

Levanté el rostro y miré a Jane.

— ¿Qué dices? Yo nunca sería capaz de embarazarme sin antes hablarlo con Edward. Además… —dudé, mis mejillas se sentían calientes— no he tenido intimidad con Edward desde hace tiempo.

— ¿¡Qué!? ¿por qué? Amiga, eso no es normal. ¿Qué ocurre? Cuéntame, soy toda oídos.

Avergonzada, bajé la mirada.

— Es que últimamente Edward se duerme temprano y yo muchas veces termino tarde de revisar las tareas de los alumnos o tardo en preparar mis clases para el día siguiente. Nuestros horarios son complicados, Jane.

— Escúchame —Jane me hizo mirarla— deja de tomar la píldora, debes embarazarte antes de que Edward… —sacudió la cabeza— por favor, Emily, hazlo, no tienes opción.

— ¡No lo haré! —grité—. No es tan fácil como crees. Edward usa preservativo desde casi siempre.

Mi amiga enmudeció.

Llena de vergüenza me puse de pie y tomé mi móvil marcando a Edward, marqué el número tantas veces como pude hasta que el celular sonó apagado.

Me arrinconé volviendo a llorar. No quería pensar que estaba con esa zorra.

Bella

Me paralicé.

Los labios de Edward estaban sobre los míos; suaves y apasionados como los había imaginado tantas veces. Su boca estaba devorando prácticamente la mía.

Cerré los párpados dejándome llevar, los movimientos de sus labios se sincronizaban a la perfección con los míos. De pronto sentí su brazo rodear fuertemente mi cintura y acercarme a su cuerpo mientras una de sus manos sostenía mi rostro.

No perdí tiempo y dejé a mis manos vagar en el pelo de su nuca.

Edward gruñó exigiendo adentrar su lengua en mí y yo por supuesto se lo concedí, abriendo mi boca para él. Dejando que diera rienda suelta a sus deseos más salvajes, pues estaba avasallando con ferocidad y ansias.

Podía sentir su desesperación cuando me fue llevando con él. Sin dejar de besarnos me guío hasta algún lugar, podía adivinar que era un rincón de la terraza, no me interesaba saber. Por el momento, estaba disfrutando su sabor y era lo que importaba.

Él se sentó dejándome de pie. En ese momento, sus manos codiciosas empezaron a subir y bajar por mi espalda hasta mi trasero el cual amasó, al tiempo que sus labios besaban mi cuello dejando un reguero de besos en mi escote hasta que hundió su rostro en el valle de mis senos.

Jadeé. Estaba completamente excitada y necesitada de él.

— ¿Por qué…? —mi invitación se quedó a medias cuando lo sentí succionar, me había marcado uno de mis pechos.

Respiré con dificultad cuando Edward siguió entretenido con mi escote mientras sus manos apretaban mi cadera.

— Señorita, Isabella.

Edward y yo nos paralizamos.

Volteé inmediatamente hacia donde estaba James. El hombre vestido en un elegante traje italiano se aclaró la garganta, sin dejar de mirarnos, se acercó.

— La estoy esperando, señorita —me ofreció su mano de una manera cortés— le recuerdo que cenaremos juntos esta noche.

Edward resopló. No había quitado sus manos de mi cintura.

Tragué saliva.

Mi respiración seguía siendo trabajosa; tratando de calmarme, llevé una mano a mi escote.

Edward se incorporó sin soltarme y pude darme cuenta de la mirada furiosa con la que enfrentaba a James.

— Hola, señor Cullen —saludó James con tanta caballerosidad que daba pereza—. Disculpe que los interrumpa, debemos atender una cena de trabajo.

Suspiré. En mala hora se me ocurrió aceptar una maldita cena para hablar de trabajo.

— Debo irme —dije—, es sobre otra campaña que el señor Witherdale está ofreciendo para la agencia.

Miré directamente a los ojos de Edward y supe que nos debíamos una explicación de lo que había sucedido entre nosotros. Él asintió aceptando a regañadientes que me fuera con James.

Acomodé mi ropa y caminé por delante .

.

Desde que llegamos al restaurante Sur Mesure no pude concentrarme en la conversación, tan solo miré distraída como James parloteaba sin cansancio sobre la nueva promoción que necesitaba de nosotros.

Me sentía acalorada y había perdido el apetito.

James no tardó en darse cuenta que desde que pedí el postre no me atreví a comer del delicioso crème brûlée.

Llevó la servilleta a la comisura de sus delgados labios y sin quitar sus ojos de mí, dijo:

— Es por el señor Cullen que no puedes aceptarme —afirmó—. No sabía que ustedes dos…

— No estoy aquí para hablar de mi vida privada —lo interrumpí en el tono más mesurado que podía.

Él asintió dando un ligero sorbo al vino que había en su copa, sin embargo, en ningún momento quitó sus orbes azules de mí.

— Estás enamorada —aseguró—, lo veo en tu rostro.

Mi indignación fue tal que me incorporé lanzando la servilleta sobre la mesa.

— Buenas noches, señor Witherdale —dije— cualquier cosa relacionada a mi trabajo queda a cargo de mi asistente.

Di media vuelta saliendo a toda prisa del restaurante, apenas crucé las puertas de cristal del lugar y la mano de James me detuvo haciéndome voltear hacia él.

Era un hombre imponente, elegante y con gesto amable.

— Lo siento, Isabella. No fue mi intención enfadarla —se disculpó—, solo que para mí es tan extraño que el señor Cullen prefiere tenerla oculta, si usted fuera mi novia, yo le presumiría por todos los rincones del mundo.

Bajé mi vista a su agarré y él me liberó.

No era de extrañar que James estuviera escandalizado, era de otra época. En cierta forma me provocaba ternura que fuera tan propio.

— Los caballeros no tienen memoria, señor Witherdale. Espero que olvide lo que vio.

— Soy incapaz de hablar mal de una dama, señorita Swan —mencionó ofendido al tiempo que abotonaba su traje—. Permítame llevarla de regreso al hotel.

Necesitaba hablar con Edward, así que lo único que deseaba era volver porque no permitiría que se arrepintiera de lo que sucedió, de ninguna manera quedaría de nuevo como estúpida.

Iba a aceptar el ofrecimiento de James cuando mi móvil sonó: era Liam.

— Hola, tú —respondí con una gran sonrisa.

Isabella, tu papá… —susurró atropelladamente—, tu papá está muy grave en el hospital, debes volver, nena.


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Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: rociolujan, saraipineda44, Cinthyvillalobo, nataliastewart, mony17, Estefania Rivera, Maiisa, Lili Cullen-Swan, Gigi, angryc, diana0426a, Rosemarie28, Elizabeth Marie Cullen, Wenday14, Diannita Robles, Maryluna, Gabby352, kaja0507, Jimena, Isis Janet, magic love ice 123, Noriitha, Adriu, Cassandra Cantu, ninacara, Patty, Lidia Hernandez, mrs puff, Yaly Quero, Antonella Masen, cocoa blizzard, Flor Mcarty, Sheei Luquee, Daniela, Dulce Carolina, Franciscab25, NarMaVeg, mcarolinagame4, paupau1, Verochy, ALBANIDIA, Car Cullen Stewart Pattinson, PaolaValencia, AletwilighterForever, Smedina, Pepita GY y comentarios Guest

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