Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 12

Emily

Abrí mucho los ojos mientras procesaba todo el relato de Jane.

— ¿Quieres decir que esa mujer tiene pareja? —pregunté sintiendo un bálsamo de tranquilidad recorrer mi pecho.

Jane sujetó mi mano acercándose más a mi rostro.

— El tipo está buenísimo —susurró al tiempo que sus mejillas se pintaban de rosa intenso— deben ser novios porque estaban tomados de las manos y lucían bastante cariñosos.

— Quieres decir que... no tengo qué preocuparme por Edward —musité con una sonrisa.

Jane empujó el armazón de sus gafas por el puente de su nariz, viéndome con esos orbes azul intenso.

— Discúlpame pero Edward no se compara con el tipo fortachón que trae la zorra —explicó mordiendo las uñas— lo hubieras visto, es el sueño de toda mujer. Alto, con el mejor cuerpo que he visto en mi vida, parece modelo. ¡Es guapísimo! —gritó entusiasta antes de que su sonrisa se borrara— ya sabes, es de esos que nunca en esta vida ni en la próxima se volverían para verte. A menos que luzcas como esa enana acomplejada.

Reí al escuchar la mención del nuevo apodo.

— ¿Qué? La zorra es una enana que usa dieciocho centímetros más al montarse en unos zapatos de tacón, con decirte que yo soy enana y esa tipa estaba de mi estatura, pero la diferencia era que usaba tacones, es una falsa.

— Alguna vez leí un artículo que las piernas se estilizan al usar zapatillas altas —le dije— a mí nunca me han gustado, soy muy alta para agregar más estatura a mi figura.

— Tú eres perfecta, amiga —me animó— solo deberías ser más atrevida, no sé… usar escotes y ropa ajustada. Tienes una figura estilizada y necesitas presumir, yo mataría por verme un poco como tú —esto último lo dijo dándole una gran mordida a una dona glaseada que comía—. Anímate, Emily, no digo que hagas un cambio brusco sino poco a poco, empieza por tu ropa de dormir.

Se bajó de la silla sin dejar de comer su dona y caminó hacia mi habitación. Fui tras ella y me quejé al verla sacar mi ropa del armario.

— ¿Qué haces?

— Estoy viendo por dónde empezaremos el cambio y déjame decirte que estamos muy lejos de nuestra meta —lanzó sobre la cama mis pijamas de algodón— necesitamos ropa más coqueta, esto no nos sirve. Oye… —murmuró volviendo a meterse al armario— Edward tiene su espacio muy ordenado, ¿por qué?

— Edward se encarga de sus cosas, es demasiado ordenado, así que prefiero no tocar nada de él.

— ¿Ya dejaste los anticonceptivos? —preguntó cambiando de tema dejando de husmear entre la ropa de Edward.

Bajé mi vista.

— He estado meditando esa idea tuya —susurré avergonzada—, pero no sé...

Jane caminó hacia la cocina haciéndome seguirla de nuevo.

— ¿Qué haces? —pregunté tontamente al ver que echaba al basurero mis pastillas anticonceptivas.

— Iniciaremos operativo bebé a bordo —explicó—, solo faltan cuatro meses para la boda, si quedas embarazada quizá no se te noté para ese entonces.

— Cuatro meses —repetí ensimismada.

— Hoy, cuando Edward llegue lo vas a seducir —continuó Jane—, vas a procurar que no use preservativo, ¿entendiste? Debes buscar ese bebé cuanto antes.

Suspiré indecisa.

— Estoy molesta con él —confesé— no puedo dejar de pensar que esa zorra estaba con Edward en París, solo que no me atrevo a reclamarle.

Jane rodó los ojos.

— ¿Qué hiciste entonces?

— Lo único que se me ocurrió es no estar con él.

— ¿Estás loca? Ese castigo no funcionará, debes hablar, Emily, cuestionarlo por qué te mintió y te dijo que ella no iría —sacudió su mano frente a mí—. Olvídalo, por lo pronto nos enfocaremos en el bebé.

Hice una mueca, me sentía mal por engañar a Edward, yo no era esa clase de persona.

Crucé mis brazos bajo mi pecho mirando la bonita fotografía de Edward y mía pegada en la puerta del refrigerador.

Respiré hondo.

En cambio, una vez había escuchado que en la guerra y en el amor todo se valía. Y sabía que con un hijo él nunca me dejaría.

Bella

— Solo esta noche, Bella —susurró, antes de que sus labios se estrellaran en los míos.

Una de sus manos sujetó mi cabeza con suficiente fuerza mientras su boca era demandante al punto de quitarme la respiración. También saboree un poco de vino comprendiendo que había bebido antes de venir conmigo.

— Sabes a alcohol —logré pronunciar cuando empezó a repartir besos por mi rostro y cuello.

— Necesitaba valor —dijo en un jadeo mientras succionaba mi cuello completamente desesperado.

Con la misma ansiedad que él tenía, empecé a desabotonar su camisa, atrayendo su cuerpo con mis manos recorriendo su espalda y omoplatos con mis uñas. No había un centímetro de piel que nuestras manos no tocaran y se deleitaran con la suavidad.

Caminamos por la estancia sin dejar de besarnos y tocarnos estaba siendo guiada a trompicones por Edward en mi propio penthouse dándome varios pisotones y casi caímos, fue cuando sentí que mi espalda se golpeaba contra una superficie dura, era la pared.

No logré quejarme porque Edward no perdió tiempo en previos o disculpas, solo me sujetó por las nalgas haciéndome envolver sus caderas con mis piernas.

Me aferré a su cuello para no caer y también para dejar pequeños mordiscos en su hombro. Lo escuché sisear mientras hacía a un lado mis bragas tanteando con un dedo cuan húmeda y necesitada estaba.

No hubo reservas, sus ojos se quedaron fijos en los míos mostrando en ellos la pasión desmedida que sentía, me abalancé sobre su torso invitándolo a seguir, fue en el preciso momento que se enterró dentro de mí de una sola estocada, arrancandonos jadeos a ambos.

Me paralicé, mi cuerpo se puso rígido ante semejante invasión sin previo aviso.

—Perdón… —gimió sin voz y completamente detenido, sin moverse, sosteniendo mi peso con sus manos.

Cerré mis párpados y tomé una honda bocanada de aire, asintiendo, no quería disculpas solo necesitaba que me hiciera suya.

Edward lo comprendió porque sus caderas empezaron a arremeter a un ritmo fuerte y despreocupado.

Lo besé con la necesidad de amortiguar mis desvergonzados gemidos, solo que Edward se movía tan deliciosamente dentro de mí que fue imposible hacerlo y terminé recitando el mejor concierto para sus oídos con mis jadeos descontrolados. Entretanto él se hundía y salía dentro de mí.

Mis pechos saltaban con cada arremetida mientras Edward empezaba a degustar cada uno sin contemplaciones, los mordió y saboreó con su lengua descubriendo que era muy sensible a ellos. No iba a durar. Me sentía al límite y sabía que él estaba en las mismas condiciones.

Por ello me aferré con fuerza a su cuerpo sudoroso hundiendo mis uñas en su espalda. Le entregué el clímax más intenso al hermoso chico de ojos color verde, no tardó mucho para que él me respondiera viniendose dentro, llenándome de él.

La figura de Edward Cullen se inclinó sobre mí totalmente débil después de su orgasmo, mis piernas flaquearon y mi cuerpo se volvió lánguido.

— ¿Estás bien? —La preocupación de Edward fue evidente al sostenerme con mayor fuerza entre sus brazos.

¿Cómo podía preguntar semejante tontería después de la follada que me había dado?

Mis piernas se empezaban a sentir adoloridas al igual que mi espalda que había recibido el fuerte impacto por haberme apoyado en ella.

Apenas me puso sobre los pies mi camisón cayó dejándome desnuda, reímos nerviosos al ver que no lograría dar un paso sin caer, me sujetó entre sus brazos, llevándome al estilo novia a mi habitación.

Me sentí extraña. Era la primera vez que un hombre que no fuera Liam estaba conmigo, en mi recinto de paz como le llamaba a mi penthouse.

No podía procesar lo que había pasado, me sentía realmente conmocionada y a la vez tan soñada, fue cuando Edward me depositó en medio de la cama quitando mis bragas y cubriéndome con su cuerpo para besarme de una forma desaforada, enterré mis dedos en su pelo y lo atraje hacia mí, abriendo mis piernas para acunarlo.

Esto aun no acababa. Edward me lo estaba haciendo saber, pero yo quería ser partícipe y compensar lo que había hecho por mí, me removí debajo de su cuerpo y en un fácil movimiento me subí sobre él quedándome encima de sus caderas le ayudé a quitar sus pantalones y bóxer. Admiré su miembro y le di un guiño antes de sentarme sobre él, montandolo.

Gemí tan fuerte entregándome en todos los sentidos a él.

.

Parpadeé, acostumbrando mis ojos a la luz. Era de día y todo estaba completamente iluminado en la habitación.

Estiré mis piernas sintiendo el ligero escozor en mi entrepierna, me sentí dichosa y me removí entre las sábanas blancas, acercándome a Edward que estaba al lado mío frotando su rostro y por sus exagerados resoplidos y movimientos sabía que estaba preocupado.

— Buenos días —saludé sin ocultar mi sonrisa.

— Bella —susurró, mirándome— no usé condón.

Le di una sonrisa tranquilizadora antes de enredar la sábana sobre mis senos, me puse de rodillas sobre la cama y alargué mi mano recorriendo con la punta de mis dedos su tórax desnudo.

— Estoy cuidándome —revelé, sin agregar que era la primera vez que no exigía el uso de preservativo a mi amante.

— ¿De verdad? —inquirió dudoso poniéndome de mal humor.

— No soy ninguna perra para embarazarme a propósito —me dispuse a ponerme de pie y él me detuvo sosteniendo mi brazo.

— Lo siento —me hizo mirarlo—. No es mi intención hacerte sentir mal. Es solo qué… —dudó— nunca había hecho esto.

Junté las cejas sin comprender del todo. ¿Nunca había follado tan deliciosamente o nunca había olvidado usar condón?

— Está bien —le dije—. Necesito una ducha, ¿quieres acompañarme? —le di un guiño.

Sonrió débilmente mientras sacudía la cabeza.

— Debo irme —se incorporó poniendo su bóxer y pantalón— te veré en la oficina.

Sonreí.

— Hoy es sábado —le recordé.

Edward me volteó a ver y no comprendí la pesadumbre en su mirada, lo escuché maldecir y vestirse apresuradamente mientras lo seguía fuera de la habitación, aún con la sábana enredada alrededor de mi cuerpo.

Tomó su celular del piso y llevó una mano a su pelo mientras leía.

— Olvidé que tengo un compromiso —musitó, abotonando su camisa.

No pude evitar que los celos descontrolados nublaran mi razonamiento. Me llené de coraje y desilusión al pensar que se encontraría con ella.

Levanté mi mentón reteniendo entre los dientes mi labio, lo miré fijamente.

Pero bien, ¿cuándo algo me ha detenido? Si ya lo tuve, bien lo podría tener todas las veces qué yo quisiera.

Sonreí sintiéndome mejor cuando su mirada ardiente me observó dándome la razón.

Esto aún no se acababa.

Tú eres mío Edward Cullen y te lo demostraré.


Que tengan un hermoso San Valentín 💕

Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior:Gabby352, Rosemarie28, Smedina, maucarol18, Diannita Robles, Kaja0507, PaolaValencia, AletwilighterForever, Noriitha, Jade HSos, Dulce Carolina, Flor Mcarty, ALBANIDIA, Lily, Daniela, Cassandra Cantu, Rosalia, NarMaVeg, NaNYs SANZ, terewee, Verochy, Isis Janet, paupau1, Torrespera172 , Pepita GY, Sheei Luquee, nydiac10, Andii, Wenday14, Patty, cocoa blizzard, Estefania Rivera, diana0426a, Maribel 1925, Cinthyvillalobo, Diana Sabate, mony17, jenni317, Jimena, magic love ice 123, Franciscab25, mrs puff, Yaly Quero, Lili Cullen-Swan, Adriana Molina, Gigi, Antonella Masen, Laura Arvizu, Lu40, rociolujan, Car Cullen Stewart Pattinson, Maiisa, Peerla Salvatore Swan y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!💋