Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 14
Bella
— Quita esa cara de idiota —le reclamé a Liam lanzando un almohadón sobre su rostro.
Fácil lo esquivó de un manotazo y me mostró una estúpida sonrisa. Sabía lo que significaba que se estuviera burlando de mí. Incluso debía contar los segundos para que hiciera su estúpida afirmación.
— Ya no puedes ocultar que estás enamorada —aseveró—, tus ojos parecen iluminarse de emoción cada vez que dices su nombre. Acepta que te enamoraste, Isabella.
Eché mi cabeza hacia atrás y la apoyé en el respaldo del sofá manteniendo los ojos cerrados.
— Quería acostarme con él —volví a aclarar—, ya lo hice. ¿Podemos hablar de otra cosa?
— Bien. Vayamos a un club y tengamos una de nuestras noches, ya sabes.
Levanté mi rostro y lo miré, sabía lo que me estaba proponiendo.
— ¿¡Qué!? —Su voz fue divertida—. Será solo sexo ocasional, hace tiempo que no me desahogo por estar pensando que aparecerá el hombre indicado.
— ¿Quieres que vaya y me tire a un tipo con estas marcas? —Le cuestioné mostrando mi escote—. Además, no tengo ánimo. Edward me dejó bastante cansada.
Liam soltó una carcajada cubriéndose el rostro con un almohadón, así amortiguó los fuertes sonidos escandalosos que salían de su garganta. Tal vez diez minutos después de que su ataque descontrolado de risa pasara, se incorporó y empezó a tirar de mi mano.
— Anda, vámonos de rumba —dijo, sin soltar mi mano— es sábado para quedarnos viendo películas como si fuésemos ancianos.
Logró su cometido al ponerme de pie. Liam sonrió victorioso aferrando sus fuertes brazos alrededor de mi cintura me fue guiando hacia la puerta. Él no contaba que estaba a punto de sacarlo de casa.
Abrí la puerta y me paralicé.
Me quedé sin aliento al ver a Edward bajo el umbral de mi casa, mis piernas flaquearon y Liam me sostuvo con fuerza mientras sentí cómo ardía mi cara de sonreír tan ampliamente.
Sentí de pronto una felicidad inexplicable amontonada en mi pecho. Quería dar los tres pasos que me separaban de él y colgarme de su cuello, necesitaba impregnar mi sentido del olfato con su olor y sentir tanta paz como me había hecho sentir estando en sus brazos.
— ¿Qué haces aquí? —cuestioné sin ocultar mi sonrisa, mi loco corazón había empezado a latir desbocado.
— Necesito hablar contigo —su respuesta fue fría, pero no importó solo me sentí feliz de que estuviera de nuevo en casa.
Liam quitó sus brazos de mí, lo escuché resoplar antes de dejar un beso en mi sien.
— Te veo mañana —me dijo— no se te olvide que tenemos planes —me dio un guiño que me hizo rodar los ojos.
Entre nosotros no había planes. Eso no era más que una excusa para querer saber más sobre la visita de Edward y esa era la forma de hacerme saber que debía contarle a detalle lo que había ocurrido hoy.
— Nos vemos, Edward —se despidió con un suave golpe en el hombro de este. Edward por supuesto que no lo miró, sus penetrantes ojos verdes estaban fijos sobre mi persona.
Cuando Liam desapareció por el ancho pasillo me lancé a los brazos de Edward, me puse de puntillas y lo besé con pasión. Él no respondió, ni siquiera me sostuvo en sus brazos.
— ¿Qué pasa ? —murmuré sobre sus labios.
Me alejó de él mientras reía, al tiempo que sacudía la cabeza de un lado a otro. No me había percatado que usaba ropa de chándal y zapatillas deportivas.
— Entonces es verdad —murmuró—, todo es cierto. Ustedes dos están juntos.
Comprendí de inmediato a qué se refería. La estúpida rubia de la librería le había hablado sobre Liam. Por supuesto, que la idiota se inventó toda una historia y no dudó en compartirla, aunque fuese solo de su imaginación.
Pero no sería yo quién lo sacaría de su error. Liam era mi único amigo y le debía lealtad, si él no estaba listo para que el mundo supiera de su preferencia sexual, ¿quién demonios era yo para hacerlo?
— ¿Vas a creerle a una estúpida reprimida? —Escupí sin guardarme nada, si la ilusa de Emily quería jugar sucio le demostraría que yo era una experta.
Sus ojos se ampliaron mostrando su desconcierto.
— Te lo dijo tu noviecita, verdad —le aseguré—. ¿También te dijo que una de sus amigas me insultó? La muy imbécil se atrevió a enfrentarse conmigo en un lugar público, exigiéndome que te dejara en paz.
El semblante de Edward se volvió pálido, su sorpresa fue tal que empezó a pasar una mano por su pelo tirando de las hebras con total desesperación.
— Jane —susurró para él—. ¿Cuándo fue eso? —sujetó mis antebrazos— ¿por qué no me dijiste?
— No acostumbro a llevar ni traer chismes, Edward. Pero si se meten conmigo, me defenderé.
Empecé una especie de forcejeo hasta que me liberó de su agarre. Era obvio que seguía totalmente desencajado y sin asimilar lo que le había dicho.
— ¿Aún no me has dicho que hacía Liam aquí?
El tono despectivo de su voz logró que mis emociones se fueran a la mierda, me dolía su mirada acusadora sobre mí, como si yo fuese hecho algo imperdonable. Automáticamente mí carácter imponente se puso a la defensiva, levanté mi mentón y lo miré de la misma forma.
— ¿En verdad crees que puedo acostarme con otro, estando así? —abrí mi bata mostrando mi escote lleno de chupetones que él me había hecho—. ¿Crees que soy una perra en celo que está todo el tiempo buscando un macho?
Sus ojos se posaron en mi escote por más tiempo del necesario.
Di media vuelta caminando hacia la estancia con él siguiendo mis pasos, tiró fuertemente de mi brazo haciéndome mirarlo y fue hasta ese momento que soporté.
— ¿Qué quieres que piense cuando te encuentro con él? —Cuestionó—. Mírate cómo estás vestida, solo traes un camisón donde dejas muy poco a la imaginación.
— ¿Vienes aquí a reclamar exclusividad? —espeté— no seas hipócrita, Edward. No tienes nada que reprocharme cuándo eres tú quien se casará en unos meses.
Eso último me dolió como si rasgara mi piel con la punta afilada de un cuchillo. Me empezaba a doler el reconocer que se casaría y sabía muy bien que no debía sentir nada, no podía permitir desarrollar sentimientos por una estúpida boda. Por mí que se casará y se fuera al quinto infierno si era necesario, ¡total! Ya me había acostado con él.
Sus manos me soltaron lentamente al escucharme.
— Perdón, sé que no debo exigirte nada —murmuró avergonzado—, solo que no puedo contenerme, no soporto que Liam esté aquí… en tu casa.
Mordí mi labio. Edward estaba celoso y eso de algún modo me hacía feliz. Era mi oportunidad para manipularlo a mi antojo y sabía bien por dónde empezar.
— Vete de mi casa —le pedí señalando la puerta.
Edward dio un paso hacia mí y yo retrocedí, negándome a que me tocara, moría porque lo hiciera pero no se lo demostraría.
— Hablemos, Bella. Lo siento, me excedí y no debi reclamar nada, solo por favor —resopló— estoy desesperado.
— ¿Por qué? —indagué. Necesitaba que me dijera que estaba muriendo de celos por mí.
— Ya sabes porque —susurró sobre mi cabeza cuando sus brazos lograron envolver mi cuerpo y acercarme al suyo.
Su erección era la prueba contundente que él necesitaba más y aunque yo también lo quería las cosas se harían a mi modo.
— En realidad no lo sé —mi voz fue entrecortada cuando besó mi cuello, cerré fuertemente mis párpados disfrutando la sensación— a veces te desconozco, Edward —pude decir—. Un día eres lindo conmigo y otros días sinceramente no te comprendo.
Acunó mi rostro con sus grandes manos. Fue cuando nuestras ojos conectaron y pude ver deseo en su mirada, en ese momento se inclinó hacia mí en un intento por besarme, no se lo permití y llevé un dedo a sus labios.
— Será mejor que te vayas —propuse sin ánimo.
Edward empezó a repartir besos en mi rostro.
— Lo siento, Bella, por favor, lo siento. Nunca quise ofenderte.
— Lo has hecho, Edward. Ni siquiera tienes una idea de mi grado de amistad con Liam para que vengas a casa y hables mierda sobre nosotros. Ese chico es un hermano para mí.
Logré caminar hacia la puerta mientras sus fuertes brazos no dejaban de apretar mi cintura, sentí como una mano de sus manos resbaló por mi muslo queriendo meterse bajo mi camisón. Mi movimiento fue determinante, apenas supe que estábamos bajo el umbral y lo empujé fuera.
— Bella, hablemos…
Cerré la puerta en su cara y di media vuelta sin ocultar mi sonrisa.
— Te llevaré al límite, Edward —murmuré— y no sabemos cuánto vas a resistir.
Edward
Froté mi rostro completamente desesperado cuando comprendí que no abriría la puerta. Llevaba más de veinte minutos insistiendo con ella, marcando su móvil y pidiendo que me dejara pasar.
Me había dejado con una erección y no conforme se atrevió a echarme de su casa.
Resignado salí del edificio y conduje de mal humor hasta el apartamento de Seth. Con una cerveza en la mano dije todo lo que había pasado entre Bella y yo mientras mi amigo mantenía sus pobladas cejas oscuras, arqueadas.
Estaba en completo trance.
— ¿Y qué harás? —preguntó después de su cuarta cerveza.
Resoplé.
— No quiero que Jane vuelva a meterse con Bella —dije enfadado.
— Hermano, no necesitas intervenir con Jane. Es muy riesgoso que Emily descubra el gran interés y fascinación que tienes por Bella. Eso mantenlo por lo bajo y céntrate en aclarar tus sentimientos por ella.
— Es que me siento como un imbécil, como si fuera un maldito adicto y Bella mi droga. Te juro que llegué a pensar que después de estar con ella todo se resolvería, solo que no puedo dejar de pensarla. No sé qué me hizo.
Seth rascó su nuca.
— Tal vez solo debes dejar que el tiempo ponga a cada uno en su lugar.
— ¿Crees que funcione?
Seth encogió levemente sus hombros sin tener idea.
.
.
Nada funcionó.
El lunes por la mañana no pude dejar de verla mientras estábamos en la reunión de cada inicio de semana, la conocía y sabía que esa corta falda que mostraba sus hermosos muslos era para provocarme. El martes estuvimos llenos de trabajo y no tuve suficiente tiempo para compartir a solas con ella, solo aprecié de lejos su bonito vestido color blanco entallado en su cuerpo El miércoles apareció James llevándose a Bella a desayunar con él, ese día sentí unas ganas de estrellar mi puño en la cara de ese tipo fanfarrón. El jueves discretamente dejé una rosa sobre su escritorio, me atreví a acercarme y rodear su cintura antes de que su hermano nos interrumpiera. El viernes me sentí completamente desesperado cuando no hubo tiempo suficiente para nosotros y ella tuvo que salir a reuniones fuera de la agencia.
El sábado por la noche no soporté más y aprovechando que Emily se había ido a visitar a su único familiar, salí en busca de Bella.
Me sentí inquieto al presionar el timbre por más de seis ocasiones sin que ella abriera.
Di media vuelta dispuesto a marcharme deteniéndome de inmediato al verla frente a mí, ella venía caminando por el pasillo y me quitó el aliento al ver lo hermosa que lucía.
— Hola —su voz fue como una caricia a mi ingle.
— No estabas —intenté mantener mis estúpidos celos lejos de mi voz.
— Fui a visitar a mi padre —reveló con una hermosa sonrisa.
Me aclaré la garganta.
— ¿Puedo pasar? —pregunté nervioso.
Bella mordió su labio manteniéndose indecisa. Pero yo di tres pasos y me acerqué a ella, logrando que dejara de lastimarse. Acaricié con la punta de mi índice la suavidad de su boca, sus bellos orbes miel no dejaban de observarme.
— ¿Qué es lo que quieres, Edward?
— Lo quiero todo —me escuché susurrar antes de besarla con absoluta necesidad y desesperación.
Espero que el capítulo haya sido de su agrado. ¿Opiniones?
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Diannita Robles, Car Cullen Stewart Pattinson, Cinti77, Cassandra Cantu, Verochy, kaja0507, NarMaVeg, nydiac10, ALBANIDIA, Franciscab25, NaNYs SANZ, Gabby352, catita1999, Elizabeth Marie Cullen, Pepita GY, Valerials Cullen, nataliastewart, Adriana Molina, Patty, Lore562, paramoreandmore, saku-112, Lu40, Isis Janet, Torrespera172, Adriu, Dulce Carolina, Lily, Maribel 1925, Jimena, Noriitha, mony17, Rosemarie28, cocoa blizzard, mrs puff, Antonella Masen, Yaly Quero, Estefania Rivera, Lili Cullen-Swan, Cinthyvillalobo, Gigi, Jade HSos, saraipineda44, Wenday14, rociolujan y comentarios Guest.
¡Gracias totales por leer!💋
