Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 15
Bella
Una maldita semana fue suficiente para que él volviera a mí.
Empecé a morder mi labio tratando de mantener mis emociones en orden, nunca le demostraría lo que en verdad me hacía sentir, mucho menos revelaría que después de nuestra noche no había podido sacar de mi cabeza las malditas imágenes de sus embestidas, de su rostro sonrojado perlado de sudor mientras me hacía suya, de sus malditos gemidos… ¡Basta!
Estaba tan conmocionada con todas las imágenes aglomerandose en mi cabeza que Edward malinterpretó mi semblante acercándose a mí, me hizo soltar el labio y no conforme con ello deslizó con suavidad la punta de su dedo recorriendo con mucha ternura mis labios.
Ese toque provocó que mi piel se erizara. Me asusté no dejando otra opción que enfrentar su mirada verde esmeralda, ese color desde hace meses se había convertido en mi favorito.
— ¿Qué es lo que quieres, Edward? —me atreví a preguntar sabiendo que lo tenía al límite.
— Lo quiero todo —apenas susurró antes de apoderarse de mis labios.
Al instante me quedé sin respiración.
Su beso era más ardiente y dominante. En un ágil movimiento me atrapó entre su cuerpo y la puerta sin darme opción siquiera de negarme, una de sus manos estaba fuertemente sosteniendo mi rostro y la otra acariciaba débilmente uno de mis pechos.
— Ed… —apenas logré pronunciar cuando su boca buscó desesperadamente mi cuello.
Debía detenerlo o volvería a marcar mi piel, traté de razonar, de no dejarme llevar por su pasión, pero no podía resistirme a lo que provocaba en mí. Cerré mis ojos fuertemente y lo abracé volviendo a besarnos como dos bestias salvajes.
Mi razonamiento volvió después de minutos, comprendí que estábamos en el pasillo y que las cámaras del edificio probablemente estaban teniendo un espectáculo gratuito.
Saqué mi débil fuerza de voluntad y lo quité de encima volviéndome con rapidez para abrir la puerta mientras las manos de Edward empezaron a amasar mis pechos, no iba a soltarme. Era un hecho.
Apenas cruzamos el umbral y su asedio sobre mi cuerpo fue más atrevido, se deshizo de mi sostén con infinita habilidad para devorar con rudeza mis senos.
A como pude fui yo quien lo guié hasta el reposabrazos del sofá donde se sentó. Sostuve su rostro, necesitaba que dejara de degustar mis pechos y que viera mis ojos.
— Edward —demandé su atención— yo también quiero esto —nos señalé—, sin embargo, quiero estar convencida que tú lo quieres tanto como yo.
Sus labios estaban ligeramente abiertos y su respiración era descontrolada, sin embargo aún podía distinguir el deseo en sus ojos verdes al mirarme fijo.
— Bella… yo…
— Sé que estás comprometido —dije rápidamente como si las solas palabras no dolieron al ser pronunciadas— no te estoy pidiendo algo serio, solo sexo, Edward.
Sus ojos se abrieron sin poder pestañear.
— Yo… yo nunca… ¿Por qué quieres una relación así?
Sonreí al ver la duda impregnada en su voz masculina.
— No creo en el matrimonio —confesé— nunca he pensado en formar una familia ni ninguna de esas estupideces que la sociedad señala como la base de la felicidad o la plenitud de nuestras vidas —me burlé—. Lo único que me importa es vivir el momento.
No sabía cómo sentirme al estar hablando de mis nulos planes de vida mientras estaba expuesta frente a Edward que solo miraba mis tetas antes que mis ojos.
— Entonces, ¿qué propones?
Mordí mi labio inferior fuertemente ante su mirada penetrante.
— Pasarla bien —alcé levemente mis hombros—, sexo sin ataduras.
— Bella… yo…
Llevé un dedo a sus labios y lo hice callar. Me negaba a escuchar la misma cantaleta de su estúpido compromiso.
— ¿Lo tomas o lo dejas? —le di a elegir—. Bien puedo comportarme como si nunca te he visto, Edward y que nunca estuviste aquí.
Miró fijamente mis ojos.
— Acepto —susurró.
Sonreí ampliamente antes de echarme sobre él y rodear su cuello con mis brazos. Edward no pudo con mi ímpetu de emoción y terminó cayendo de espaldas al sofá y llevándome con él encima.
Reímos.
Reímos a carcajadas por nuestro nuevo pacto y cuando la euforia pasó el silencio se apoderó de nosotros, el aura a nuestro alrededor cambió llenando cada rincón de lujuria desmedida.
Fui yo quien inició el beso; saboree sus delgados con mi lengua pidiendo permiso para adentrar, sus labios se abrieron dejándome disfrutar de su boca al sumergir mi lengua en su cavidad.
Edward gimió y sin perder tiempo empezó a forcejear con mis pantalones para deshacerse de ellos, no me sorprendió la rapidez con la que sacó su ropa y mucho menos cuando de una fuerte embestida entró en mí al tenerme a horcajadas.
Lo monté fuerte y sin inhibiciones, sin sentimientos ni pensamientos de estúpidas bodas, tan solo disfrute de tenerlo dentro de mí y escuchar sus jadeos de cómo disfrutaba al penetrarme. Nos fue fácil llegar al orgasmo en cuestión de minutos.
Nuestros cuerpos sudorosos y pegajosos cayeron juntos del sofá al piso cuando terminamos.
Edward soltó un suspiro algo profundo y llevó una mano detrás de su nuca viéndose relajado y satisfecho.
— ¿Qué más hacemos? —preguntó sin aliento.
— Tan solo abrázame hasta oler a ti. —Cerré los ojos al darme cuenta de lo que había dicho. ¿De dónde diablos salió esa petición? Me desconocía.
Quise repetir en mi cabeza que debían mantener mis emociones a raya, eso era lo correcto ¿no?, pero la risa musical de Edward me hizo elevar mi rostro y mirarlo: él era realmente guapo; tenía una mandíbula cuadrada que me hacía delirar, sobre todo, esos pómulos marcados, sus delgados labios y el hermoso color de sus ojos.
Sacudí la cabeza no queriendo pensar más en su belleza, sin embargo, me paralice cuando me acercó a él llevando su brazo por mis hombros sintiendo como dejaba un corto beso en mis cabellos.
— ¿Qué hacemos para seguirnos viéndonos y que en la oficina no se den cuenta? —inquirió pensativo.
— Mmm… —acurruqué mi rostro en su cuello— mantendremos todo normal, no te preocupes. No me lanzaré a besarte apenas te vea cada mañana.
Él volvió a reír.
— Quiero quedarme esta noche —musitó. De inmediato me apoyé en un codo para ver su rostro y descubrir que estaba bromeando, pero no, él no rio—. ¿Puedo quedarme?
Su pregunta me desconcertó. Tenía mil cuestionamientos por soltar, necesitaba saber si la raquítica estaba en su casa o no, ¿realmente a quién le importaba esa?
Sonreí, pasando una pierna por sobre su cadera.
— Puedes quedarte las veces que tú quieras —acordé.
Edward me sostuvo el muslo haciéndome chillar cuando me puso sobre mi espalda, se acomodó entre mis piernas y entró en mí de un fuerte empujón.
— Te deseo, Bella —alcanzó a jadear mientras empezaba a embestirme y mis caderas lo recibían gustosas—. No puedo tener suficiente de ti. Me vuelves loco.
Percibí la pasión al mirar sus ojos oscurecidos, acaricié su mejilla sobrecalentada sintiendo que su escasa barba raspaba en mis dedos, no dejaba de observarme mientras sus caderas seguían arremetiendo cada vez más fuerte, cada vez más profundo.
— !Ahhh! —Exclamé con dolor y placer al sentir como Edward tiraba de mi cabello exponiendo mi cuello y mis pechos para besarlos a su gusto
— Tus tetas me enloquecen —jadeó Edward mientras se daba un festín con ellas.
No soporté más, mis pechos eran sensibles a sus caricias, mis extremidades se agarrotaron cuando mi orgasmo explotó. De su garganta salieron deliciosos sonidos guturales, estaba al límite y lo supe cuando dio tres embestidas más antes de venirse dentro de mí.
Dejó caer su cuerpo sudoroso cubriendo el mío y haciéndome sentir su peso.
— Esto fue… —dejó la frase a medias.
— Caliente —terminé de decir.
— Sí, fue caliente y adictivo —murmuró en mi oído— quiero más.
Reí.
Él rodó sobre su espalda saliendo de mí. Inmediatamente extrañé su calor, solo que para no pensar más en todo lo que me provocaba decidí cambiar de tema.
— ¿Quieres cenar? —ofrecí.
— ¿Sabes cocinar?
Rodé los ojos al escuchar lo sorprendido que estaba.
— Por supuesto —respondí indignada— sé cocinar, incluso me encargo de la limpieza de mi hogar —me incorporé vistiendo su camisa de algodón—. Hay muchas cosas que no sabes de mí.
— Me gustaría averiguar cada una —susurró mientras se ponía de pie y subía el bóxer por sus largas piernas.
Me quedé mirándolo. Era mejor no cruzar esa línea.
Edward
Apenas abrí la puerta del apartamento y la furiosa mirada de Emily me hizo detener. No di un paso más, manteniéndome estoico con la mano sobre la cerradura de la puerta.
— ¿Dónde estabas? —preguntó— ¿por qué no llegaste a tu cita con el diseñador? Fue hoy por la mañana.
Froté mi rostro. Había olvidado que debía ir a que me tomaran medidas para el traje.
— Lo siento —me disculpé—. Seth se sintió mal y decidí cuidarlo —mentí.
Emily me observó acusadora y podía jurar por su mirada que estaba enterada que había sucumbido con otra mujer. Y es que la felicidad plasmada en mi rostro no podía pasar desapercibida, mi gran sonrisa era el resultado de lo que Bella y yo estuvimos haciendo gran parte de la noche.
Me sentí un verdadero cobarde. No iba a poder mantener mi doble vida, no podría hacerlo porque Emily no se lo merecía y aunque Bella dijera que ella prefería una relación sin ataduras, ella tampoco se merecía vivir en una relación clandestina.
Bella merecía que la presumieran de la mano, que toda la ciudad supiera que ella era única y especial. No sólo la mujer fría y prepotente que todos argumentaban que era.
— Edward… —escuché la voz de Emily, la miré confundido al darme cuenta que mis pensamientos me habían bloqueado— ¿qué te pasa?
Levanté mi rostro mirándola fijamente, no podía mentirle. No quería mentirme y yo no quería una boda, al menos no tan pronto.
— Deberíamos… —aclaré mi garganta— esperar un poco, ya sabes, la boda y eso.
Su rostro se enrojeció y sus ojos se volvieron vidriosos.
— ¿Estás diciendo que quieres aplazar la boda? —Cuestionó entre lágrimas.
No tuve valor para mirar sus ojos, tan solo hice un ligero movimiento con la cabeza, asintiendo. Emily rompió en sollozos.
Quizás di un paso o dos con intención de acercarme a ella, pero no pude. Me quedé paralizado sin saber si lo correcto era consolar o dejarla llorar.
— Es que… siento que todo está sucediendo de prisa —expliqué— tal vez deberíamos esperar un tiempo y saber si realmente queremos casarnos.
— ¡Yo quiero casarme! —gritó—. No importa si no tienes un traje de diseñador o una gran fiesta, quiero casarme contigo.
— Solo te estoy pidiendo un poco de tiempo —insistí—. Ambos debemos estar seguros para dar un paso tan decisivo en nuestras vidas.
— ¡Te esperé por diez años, Edward! —me increpó, viéndome con desilusión—. Fui paciente contigo porque siempre mantuve la esperanza de que me convertiría en tu esposa y justo cuando faltan solo cuatro meses para casarnos, me pides tiempo. No, no te daré tiempo —restregó el dorso en su mejilla borrando sus lágrimas— la fecha es el 20 de junio.
Ella pasó por un lado mío, empujándome con su cuerpo al pasar junto a mí, salió del apartamento dejándome con la incertidumbre de terminar los planes de boda.
¡Hola! Espero que el capítulo sea de su agrado, ¿opiniones?
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Smedina, maucarol18, Cinti77, Diannita Robles, AletwilighterForever, NarMaVeg, Flor Mcarty, Car Cullen Stewart Pattinson, Franciscab25, Isis Janet, Dulce Carolina, Rosemarie28, nydiac10, Daniela, Jade HSos, Cassandra Cantu, Cary, Adriu, Peerla Salvatore Swan, Jimena, catita1999, Lili Cullen-Swan, NaNYs SANZ, Torrespera172, Valerials Cullen, Miki, Patty, Gabby352, Lore562, Pepita GY, Lily, Wenday14, Yaly Quero, Estefania Rivera, Gigi, saraipineda44, Lu40, Adriana Molina, mony17, Maribel 1925, Noriitha, mrs puff, cocoa blizzard, Antonella Masen, rociolujan, nataliastewart, Cinthyvillalobo y comentarios Guest.
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