Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 17

Bella

Enojada.

No sabía si era la palabra correcta para cómo me sentía.

— Ya, Isabella, no puedes caer en el juego de dos mujeres que no tienen una pizca de personalidad —discrepó Liam— son niñerías que debes ignorar.

Me volví hacia él.

— Además, tú tampoco debiste reírte de esa manera —añadió—, menos cuando estás con el novio de una de ellas.

— ¿Qué querías? —Cuestioné— ¿permitir que se burlen de mí?

— No sabemos si en realidad se estaban burlando —argumentó.

— Es un hecho que esas idiotas me están provocando, ¿no te das cuenta?

Liam suspiró ruidosamente dejándose caer en el sofá. Cruzó una de sus largas piernas encima de la otra y llevó sus manos atrás de su cabeza, sin quitar su vista de mí, sonrió.

— Lo que me doy cuenta es que te ha dolido escuchar que ellos están buscando un bebé.

Qué me conociera tan bien, me enfadó, aún así rodé los ojos fingiendo que no me preocupaba. Liam sabía descifrar cada gesto que hacía cuando algo me incomodaba y no se equivocaba en saber que mi enojo era a causa de esa noticia.

— A mí qué me importa si tienen hijos —dije de forma despectiva— las feas y desesperadas siempre están dispuestas a amarrar a un hombre con un hijo, eso no va conmigo.

Liam rio fuertemente.

— Cuidado, no vayas a ser tú quién tenga un hijo de él.

— Tendría los mejores genes y no me refiero solo a mí sino a Edward. No me dejarás mentir que ese hombre es demasiado guapo para su propio bien. —le di un guiño al tiempo que daba media vuelta y continuaba derecho hasta mi habitación.

Una vez entré, me senté en el borde de la cama mirando el celular por varios minutos, fue que una idea cruzó mi mente y sonreí.

— Esto es para ti —murmuré burlonamente mientras publicaba una historia en Instagram: era yo con la camiseta de Edward.

Exhalé, sintiéndome mejor.

.

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Los lunes por la mañana eran complicados. Debíamos reunirnos para llegar a un punto y saber cómo desarrollar cada pendiente. Cada uno sabía cuál era su objetivo y lo importante era ponernos de acuerdo y ayudarnos entre todos, sin embargo, fue la primera vez que me sentí desconcentrada.

Mis ideas nunca estuvieron claras y fui la más desenfocada de la sala de reuniones. Y es que tener esos ojos verdes observando cada movimiento que daba llegaron por momentos a robarme la paz.

— Deberías ser más discreto —comenté en el momento que todos salieron de la sala de juntas.

Edward se acercó de forma tímida, miró a través de los cristales antes de sentarse discretamente en la mesa de escritorio y empezar a jugar con sus dedos cerca de los míos.

— No puedo dejar de verte —murmuró—. Todo el tiempo tengo ganas de abrazarte, de sentir tu tacto, de embriagarme de tu exquisito olor.

Retuve mi labio entre mis dientes. Escuchar su confesión me hacía sentir bien y lograba que mi corazón comenzara a palpitar de forma irregular.

— Lo entiendo —dije—, pero al paso que vamos todos se darán cuenta.

Le sonreí.

— En toda la reunión no pudiste quitar tu mirada de mis piernas.

Edward soltó una risa nerviosa al tiempo que sus mejillas enrojecían.

— Está bien —articuló— prometo ser más precavido y no mirarte como si… —bajó su vista en el mismo momento que sus dedos se entrelazaron con los míos— ¿podemos cenar esta noche?

— Claro. Te espero en casa —le di un guiño antes de dar media vuelta y alejarme.

Miré hacia todos lados comprobando que nadie nos estaba poniendo atención.

El peligro era atrayente y me gustaba.

— ¿Aceptarán una nueva campaña para Witherdale? —La estúpida pregunta de mi nefasto hermano me hizo detener mi camino.

Ladeé la cabeza enfrentando a Stefan.

— Si asistieras a cada junta sabrías.

Rio burlonamente mientras llevaba sus manos a los bolsillos de su pantalón.

— Ahora entiendo —murmuró— le estás pagando con cuerpo a cambio de que nos siga contratando para llevar la publicidad de sus negocios. ¡Guau! Reconozco que eres inteligente.

Me acerqué lo suficiente a él conteniendo las malditas ganas de abofetearlo.

— Eres un imbécil —musité entre dientes— un mediocre reprimido bueno para nada. Te faltan agallas para llevar las agencias como lo hago yo y crees que con insultarme me voy a poner a llorar y te dejaré hacerlo a ti. Sé más inteligente, Stefan.

— Zorra.

Me reí ante su repetitivo insulto.

— Zorra y todo lo que tú quieras, pero soy más inteligente que tú y es por eso que soy tu jefa.

Continué mi camino hacia la oficina, era sumamente reconfortante ponerlo en su lugar. Era placentero dejarlo sin malditas palabras y que la vena de su frente se remarcara a causa del coraje que le hacía pasar cada día.

— Señorita Swan.

Volteé lentamente hacia James. Él estaba ahí con un gran ramo de rosas, me sonrió mientras se acercaba con pasos elegantes.

— James, yo… —lo aparté cuando quiso dejarme las flores en las manos.

— No son mías —murmuró—, llegué cuando un chico las dejaba en recepción. No niego que me he desilusionado al saber que tengo competencia —sonrió, dejándolas finalmente en mis brazos.

Asombrada admiré las hermosas flores, las olí antes de mirar disimuladamente hacia Edward. Él solo nos miraba con gesto aprensivo y por supuesto sin disimular su enfado.

Era obvio que no eran de él, ¿entonces de quién? Las miré de todos lados y no traía ninguna tarjeta.

Junté las cejas mientras seguía observando el bonito arreglo.

— Algún admirador secreto —susurró James acercándose a mi oído.

Di un paso hacia atrás y miré fijamente sus ojos azules. Buscaba encontrar en su mirada las respuestas, algo que me diera a entender que las flores venían de él, pero no, James se notaba sincero en desconocer de quién provenían.

— ¿Vino a hablar de trabajo, señor Witherdale? —Cuestioné zanjando el tema.

— Correcto, señorita Swan.

— Entonces, sígame.

Antes de dar media vuelta me percaté de Leah quien no dejaba de vernos desde su escritorio, había estado muy interesada en James y en mí. Me acerqué hasta ella sin perder el tiempo:

— ¿Tienes algún problema? —Cuestioné dejando las flores sobre su mesa de escritorio, ella abrió sus ojos muy grandes pareciendo asustada—. Te dejo estas flores para que tengas algo mejor en qué entretenerte y ponte a trabajar —ordené—, necesito eficacia en tu desempeño laboral o me veré obligada a dimitir de tu presencia en esta agencia.

Leah no pudo cerrar la boca ni articular una palabra.

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Suspiré.

Me veía perfecta cuando vi mi reflejo en el espejo: vestía solo un sencillo vestido de seda color azul, era corto y sexy. Ideal para una noche con tu chico.

Medité. Me quedé pensativa dejando mis pensamientos vagar mientras estaba frente al espejo. ¿Cuánto tiempo duraremos juntos?

Cuando el timbre sonó mi corazón brincó dentro de mi pecho, respiré y quise actuar normal, incluso ordené a mis pasos que fueran lentos cuando en verdad quería correr y abrir la puerta para arrojarme a sus brazos.

Sonreí. Lo hice ampliamente cuando vi el peluche en forma de elefante cubriendo el rostro de Edward.

— Hola —dijo él sin asomar su cara—, este pequeño elefante busca un hogar, ¿quieres adoptarlo?

Reí.

— Encantada —acepté emocionada.

Edward se mostró con una sonrisa dejando al hermoso elefante color gris en mis manos; era un peluche precioso y de un tamaño mediano. Lo abracé con fuerza contra mi pecho mientras me regocijaba con la suavidad del material.

— Se llamará Eddie —murmuré sin dejar de abrazar mi peluche.

Había pasado tanto tiempo que no recibía un regalo tan especial como un precioso elefante.

— Eres tierna… —me dijo Edward al mismo tiempo que sus dedos acariciaban parte de mi mejilla izquierda— solo por eso te perdono que no me hayas recibido con un beso.

Fue él quien dio un paso más inclinando su rostro, me besó tiernamente.

— ¿Estoy perdonada? —pregunté.

— Mmm… —su brazo fue más posesivo en mi cintura al igual que sus labios al demandar mi boca—. ¿De quién eran las flores?

Abrí los ojos lentamente al escuchar el cambio de tema.

Mi chico estaba mirándome seriamente con el ceño fruncido, era divertido ver su rostro de enfado, pero por otro lado era dulce y tierno al mismo tiempo.

— No tenían remitente, así que se las regalé a Leah. Pasemos a cenar —señalé la cocina mientras dejaba a mi precioso elefante sobre el sofá.

.

Alcé mis cejas cuando Edward no dejaba de alabar mi buen sazón para cocinar. Llevábamos media hora cenando y charlando de nuestro día en la oficina, por supuesto, manteniendo a raya la línea imaginaría que habíamos trazado para no cruzar el tema sobre nuestras familias.

Aunque yo cada vez estaba más curiosa por saber qué excusa le inventaba a la raquítica cuando desaparecía de su casa y venía conmigo. Era muy intrigante saber cómo se manejaba él al estar yo en su vida.

— Parece que James no pierde las esperanzas contigo —mencionó sin dejar de mirarme y sin dejar de degustar la pasta con camarones—. Quizá un día aceptes salir con él, ¿no?

— Estás celoso —afirmé, antes de beber un poco de vino tinto.

Resopló, dejando de mala gana la servilleta sobre la encimera.

— Mucho —reconoció—. Sé que no debo, pero no puedo evitarlo. No me gusta verte cerca de James. Me molesta que te busque todo el tiempo y qué… —dudó— estés a solas con él.

Me incorporé. La sonrisa que mantenía en mis labios era pequeña pero reconfortante, pues era halagador que estuviera celoso, lo encontraba demasiado tierno.

— ¿Quieres postre? —pregunté ignorando sus celos.

Edward me alcanzó tirando de mi mano, me acercó a su cuerpo y besó mis labios haciéndome disfrutar del sabor del vino que resguardaba su boca.

— Te quiero a ti —susurró sobre mis labios.

Cerré mis párpados.

Me aferré a su cuello en el preciso momento que me sostuvo a su altura y afianzó sus manos en mis nalgas para que no cayera. Envolví su cadera con mis piernas.

Acuné su rostro y busqué sus labios con desesperación. Lo besé con toda mi pasión y con todo lo que tenía para darle.

Reímos al mismo tiempo que tropezaba.

No pudimos llegar a la cama…

Esa noche el piso fue perfecto para nosotros.


Hola. Nosotras ya nos dimos cuenta que ya se enamoraron, pero ¿ellos también? ¿Quién creen que acepte primero su amor? Me encantará leer sus opiniones.

Recuerden que participo en martes de adelantos en el grupo de Élite Fanfiction. También pueden unirse a mi grupo para que vean las imágenes tan hermosas que hace Li de Bella, el link está en mi perfil.

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