Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 18
Edward
Gruñí.
Una gota de sudor se deslizó por mi sien en el momento que me vacié dentro de Bella, no pude sostenerme cuando mis piernas flaquearon y mi peso ganó cayendo encima de su espalda. Ambos caímos sobre el colchón y fue que pude escuchar su quejido al haberla aplastado.
— Lo siento —avergonzado, salí de ella y rodé por la cama sin perder tiempo atraje su cuerpo sudoroso cerca del mío dejando un beso en su cabello.
— He descubierto tu posición favorita —murmuró sobre mi pecho.
— ¿Te molesta? —pregunté cohibido al tiempo que mis dedos empezaban a jugar con sus largos mechones.
Levantó levemente su cabeza y me miró con picardía.
— Te seré honesta —dijo mientras mordía su labio inferior—, que me pongas de esa forma me hace sentirte más profundo, me excita y mis orgasmos son más abundantes. Lo que provoca a mi cuerpo una inmediata paz.
Reímos por sus confesiones tan sinvergüenzas.
— También sé que tus tetas son sensibles —confesé— te he provocado orgasmos con solo tocarlas.
Bella suspiró mientras asentía.
— Me conoces bien, aunque también… —murmuró seductora mostrando esa sonrisa traviesa al mirarme fijo— te gusta esto.
Dejó un corto beso en mi estómago que me hizo vibrar; mi respiración se entrecortó cuando fue deslizándose hacia abajo repartiendo besos en mi piel, eché mi cabeza hacía atrás enterrandola en la almohada al tiempo que mis manos hicieron puño las sábanas cuando el calor de su boca me envolvió.
Puse mis ojos en blanco ante la sensación placentera de tan nuevo acto.
Empujé mis caderas.
Me sobresalté al darme cuenta que estaba soñando, me froté el rostro y descubrí que Emily seguía frente a su laptop.
Con una dolorosa erección a punto de reventar salí de la cama y corrí hasta la ducha. Apenas logré abrir el agua fría y me quedé ahí esperando que todo pasara, apoyé las palmas en las baldosas mientras el agua seguía cayendo por mi cuerpo.
No podía creer que hubiese soñado con lo que Bella y yo hicimos el resto de la tarde.
Cerré los párpados.
Bella era una caja de sorpresas, ella en serio lo era; y yo estaba fascinado en descubrir cada faceta: su ternura era lo que más me tenía sorprendido, su pericia al cocinar y su gran apetito.
Todavía sintiéndome conmocionado cerré la llave del agua y enredé una toalla en mis caderas: puse rápidamente un bóxer y pijama.
Salí del baño para enfrentar mi destino.
— ¿Estás bien?
Asentí sin mirarla y me metí a la cama de nuevo.
— Parecías intranquilo —me dijo—, intenta dormir, es medianoche.
— ¿Y tú?
— Ya solo me falta revisar estas últimas hojas —musitó — son de mis siguientes clases. Por cierto —su voz se mantuvo baja— no me dijiste que quería Kate. ¿Cuál era la urgencia por cenar contigo?
Sintiéndome estúpido por tantas mentiras me senté en la cama y empece a bostezar de forma fingida.
— Kate quiere que recuperemos el tiempo de hermanos, me pidió cenar la mayor parte de las noches en su casa —mentí.
Por mi vista periférica y gracias al resplandor de la pantalla de la laptop noté que Emily se quedaba pensativa.
— Nunca le he caído bien —empezó a limpiar sus lágrimas— no entiendo qué le hice para que no sea de su agrado.
Era tan injusto que se estuviera haciendo ideas cuando nada era verdad. Era cruel que ella estuviera en mi espera cada vez que salía para encontrarme con Bella. No podía hacerle más daño ni dejar que se hiciera ilusiones con una boda que yo no deseaba.
— Emily, ¿qué has pensado de…? —La frase murió en mi boca cuando ella salió de la cama y caminó sigilosamente fuera de la habitación.
Resoplé. Me quedé esperando a que volviera, sin embargo, ella demoró más de lo acostumbrado ya que lo último que supe fue que había cerrado mis párpados y me había vencido el sueño.
.
.
Habían pasado dos semanas desde que Bella y yo empezamos nuestra relación clandestina. Tener que fingir en la oficina que solo éramos compañeros de trabajo y que nuestras conversaciones se reducían a solo diálogos laborales, se empezaba a dificultar cada día más para mí porque yo necesitaba más que simples charlas.
Sentía que nada era suficiente.
No me podía conformar con compartir las noches y cenas en su casa. Me empezaba a frustrar estar entre las paredes de un lujoso penthouse, no me hacía sentir bien porque necesitaba salir con ella. Fue entonces que decidí que debíamos tentar a la suerte y distraernos fuera del confinamiento de su casa.
Una simple salida al cine se estaba convirtiendo en toda una odisea. Y es que la necesidad de tocar su piel y sostener su mano me estaba superando.
Miré hacia las personas aglomeradas en el área de comida. Cada una estaba en lo suyo y eso me alentó para acercarme un poco más a Bella:
— ¿En serio comerás todo eso?
Bella enarcó sus cejas antes de morder un totopo de maíz bañado en queso fundido, seguí su movimiento y vi cómo sacaba su lengua y la pasaba por su labio para degustar un poco de salsa que había quedado en las comisuras.
Era hipnótico.
— Edward, no soy tan vanal como me describen en las revistas, no hago dietas extremas ni nada por el estilo.
— Eso lo sé —le aclaré. Me había sorprendido cuando fui por ella y verla usando unos jeans con zapatillas bajas, una sencilla blusa y su cabello en una coleta alta, me había dejado sin palabras de lo real que era—. Solo que eres muy auténtica y eso me encanta de ti.
— Pocas veces vengo al cine, así que debo aprovechar, ¿no crees? Además —hizo un puchero— tú me invitaste y pagarás por todo lo que pida, esa es la regla.
Reí.
— Soy un caballero.
Nos quedamos en silencio mientras pagaba por todo lo que llevábamos para comer. Bella seguía sonriendo cuando emprendimos nuestro camino hacia la sala del cine.
— Bella… —medité por un momento cómo sacar de mi cabeza una duda— ¿cuándo fue la última vez que estuviste en una relación real?
Ella bebió su soda, lo hizo por largo rato dándome a entender que no quería hablar del tema.
— Espero que no te moleste mi pregunta —agregué.
— Tenía diecisiete años —respondió—, me enamoré de un tipo que solo jugó conmigo… un día descubrí que estaba casado. Se hizo un gran escándalo donde por supuesto yo quedé como la gran mujerzuela. No hay mucha diferencia de lo que soy ahora —rio burlonamente.
No me reí, tan solo me quedé observando que era un lapso de su vida que aún dolía. Me di cuenta porque su semblante se entristeció y sus bellos ojos se volvieron vidriosos mientras ella fingía que no pasaba nada.
— ¿Se puede saber quién fue?
Ella movió su cabeza dando otro corto sorbo a la soda.
— Marcus Vulturi —reveló caminando muy deprisa para buscar nuestros lugares en la oscura sala.
Me quedé sin palabras, como si hubieran vertido un balde de agua fría sobre mi cuerpo. Ese tipo era uno de los magnates más reconocidos del país, era un maldito viejo veinte años mayor que ella, ¿cómo pudo siquiera acercarse a Bella? ¿Dónde estaba Charlie Swan para proteger a su hija?
No pude prestar atención a las tres horas que duró la película y por lo tanto no disfruté como hubiera querido al tener una chica tan hermosa a mi lado. Todo era a causa de que no borraba de mi mente las palabras de Bella donde reveló el nombre del tipo que la había enamorado.
Y no simplemente se trataba de celos, sino de tristeza, coraje y una especie de impotencia al saberla tan expuesta para que un tipo mayor se hubiese acercado a ella, aún siendo una adolescente.
Empezaba a comprender mejor su carácter fuerte y muchas veces agresivo.
Cuando volvimos a su penthouse no hicimos el amor, tan solo me dediqué a abrazarla con fuerza repartiendo besos en su hermoso rostro mientras seguimos por horas tumbados en la cama, ella abrazada a su peluche "Eddie", discutimos algunos puntos sobre la película de The Batman. Fue la primera vez que se quedó dormida en mis brazos y la primera vez que deseé quedarme con ella para velar su sueño.
.
.
Al día siguiente llegué veinte minutos tarde al restaurante.
Cuando el mozo se acercó le dije que me esperaban, así que apenas divisé a Seth de espaldas caminé hasta la mesa que estaba en el fondo del lugar.
Exhalé ruidosamente cuando lo descubrí contemplando la portada de la última revista donde Bella aparecía en ropa deportiva.
— Deja de verle el culo a mi mujer —articulé mientras me deslizaba en la silla frente a él.
Seth enarcó las cejas al verme, sin quitar sus ojos de mí.
— Aquí no aparece Emily —dijo en modo burlón volviendo su atención a la revista, suspiró—. Isabella es hermosa, es imposible no mirar a una mujer como ella. Supongo que debe tener a más de dos deseando ponerle una sortija en el dedo.
La amargura cubrió inmediatamente mi semblante. Sentí una sensación extraña que se aguijonó en mi pecho al imaginar que Bella un día diría sí a un tipo, y es que era tan egoísta al pensar que ella podría quedarse conmigo.
— Aquí pasa algo más —murmuró Seth dejando la revista sobre la mesa aprovechando el momento para apoyar su espalda en el respaldo de la silla, siguió mirándome—. Pensé que estarías feliz, pero veo que no lo estás. ¿Quieres contarme?
— Llevo días sintiéndome extraño.
— ¿Crees que Emily te vigila? —Se burló.
Exhalé. Detestaba que Seth todo lo tomara a broma.
— No seas idiota. Emily sería incapaz de mandarme vigilar, la conozco y debo reconocer que es noble y sensible. Soy yo el cabrón —reconocí.
— Si Emily es todo un dechado de virtudes, ¿por qué estás con otra?
Pasé las manos por mi pelo.
— Seth, de verdad me gustaría hablar en serio.
— Bien, ¿en qué puedo ayudarte?
— Ya no puedo seguir así. No quiero casarme, solo que cada vez que intento hablar Emily, me evade.
— Estás diciendo, ¿qué…? —Más interesado en la conversación Seth apoyó los brazos en la mesa—. Es increíble que fuera necesario que Bella llegara a tu vida para que pudieras darte cuenta de tus verdaderos sentimientos.
— No quiero imaginar qué sería de mí si Bella no hubiera aparecido. Es que si conocieras su verdadera personalidad me darías la razón, es realmente sorprendente su forma de ser, es tan divertida, dulce y con un apetito voraz. Ama cocinar esa parte la relaja mucho y se ve muy sexy cuando se concentra en la elaboración de cada platillo, aunque también disfruta mucho la comida chatarra, sobre todo, la pizza y…
— Edward —me interrumpió— estás sonriendo como un gran idiota, lo haces cada vez que la mencionas. ¿Te has preguntado qué sientes por Isabella?
Bajé mi vista. No podía ocultar por más tiempo el conflicto en el que estaba viviendo desde hace semanas, el tiempo avanzaba y los planes de boda no se detenían.
Si no hacía algo terminaría haciendo un juramento de amor y lealtad a una mujer que ya no amaba.
— Estoy muy confundido —dije— nunca había sentido esta revolución dentro de mí, que aún ni siquiera sé cómo llamarlo, solo estoy convencido que necesito estar cerca de Bella. Quiero estar con ella y que todos sepan que es mía.
Seth sonrió deslizando la revista por sobre la mesa: Bella estaba realmente hermosa.
— ¿Qué harás con Emily? —inquirió— ¿Con la boda?
— Necesito ser honesto y aunque sé que le haré daño cancelaré los planes.
¿Opiniones?
Recuerden que participo en martes de adelantos en el grupo de Élite Fanfiction y para quienes gusten echar una mirada a imágenes alusivas (la portada de revista que nombra Seth) o hermosos Clips que hace Li, pueden unirse a mi grupo, el link está en mi perfil.
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