2003
La casa estaba silenciosa. En la cocina, una olla de guiso se cocinaba a fuego lento. En el sofá, Fleur leía un libro tapada con una manta. La puerta de la calle se abrió, dejando entrar una volada de aire frío con olor a salitre. Y risas infantiles mezcladas con voces de adultos.
— Mami, mami, — Victoire entró corriendo en el salón— el de este año es el más bonito.
Fleur sonrió y se incorporó para abrir los brazos para su pequeña, que se echó entre ellos con cuidado, mami tenía una superbarriga. Tras ella entró Teddy, llevando a Dominique de la mano, con esa sonrisa contagiosa que había heredado de su madre y el pelo color turquesa cubierto con un gorro.
— Es el más grande, mami. Papá y Bill están afuera pensando en cómo meterlo en casa.
— ¡Qué bien! Nosotros podemos subir mientras al desván a buscar los adornos, ¿nos quitamos los abrigos?
Los tres niños asintieron. Victoire lo hizo sola, orgullosa de su destreza, guardando el gorro y los guantes en los bolsillos. Después miró a Teddy ayudar a su hermana pequeña y sujetó los dos abrigos mientras su hermano mayor se quitaba el suyo.
Fleur no pudo evitar sonreír al ver a los tres niños intentando colgar los abrigos solos, para no molestarla. Se puso en pie con cuidado y ayudó a Teddy, el único que realmente llegaba al perchero.
Los tres niños subieron corriendo las escaleras, entrar en el desván siempre era divertido. Ella subió despacito, con cuidado de no forzar su espalda dolorida, acariciando la suave madera del pasamanos. Su sexta Navidad en manada. Tres niños, el cuarto en camino, y mucha más felicidad de la que todo el mundo auguraba cuando se reunieron para la primera.
==0==
1998
— ¿Cómo es?
Fleur miró a Audrey con gesto interrogante. La muchacha se encogió un poco, Fleur podía ser muy intimidante.
— Percy dice que dormís los cuatro en la misma cama —murmuró, sonrojada, mirando el cuenco de guisantes que desgranaba.
Estaban sentadas en la larga mesa del comedor de La Madriguera, preparando verduras para la cena de Nochebuena. La novia de Percy era justo el estereotipo de mujer recatada y santurrona que Fleur había empezado a detestar, prefería a Hermione, que era directa y resolutiva, o a Ginny, que no tenía pelos en la lengua.
— Percy solo ha estado una vez en mi casa y dudo que nos viera dormir. Pero sí, dormimos los cuatros juntos, ¿te escandaliza?
Ginny, sentada unas sillas más allá, dejó escapar una risita ahogada. Audrey se puso colorada y no levantó la mirada del cuenco.
— Ahora en invierno tiene que ser calentito —comentó Hermione, entrando con otro cuenco lleno de patatas.
Fleur no contestó, solo sonrió, y se removió un poco en la silla. Ojalá el resto de la familia fuera igual de abierta de mente que Hermione y Ginny. Dora y su madre no se hablaban apenas, Molly se sentía incómoda con Remus en casa. Bill había discutido con Percy porque había considerado una falta de respeto incluir a Remus, Dora y Teddy en las festividades Weasley, aunque Harry no fuera de la familia y sí estuviera invitado. Finalmente, el mismo Harry había decidido quedarse en El Refugio para celebrar la Nochebuena con los Lupin, apoyando siempre a Remus y discutiendo con Ron por el camino.
— Creo que le estamos dando todos demasiada importancia a vuestra vida doméstica —sentenció Ginny, que pelaba zanahorias—. A mí personalmente no me importa nada si mi hermano folla o no folla con Remus, la verdad.
Audrey empezó a toser, atragantada con su propia saliva. Hermione suspiró y se levantó para ir a buscarle un vaso de agua. Ginny siguió hablando como si nada.
— Me preocupa más que estemos nosotras aquí ayudando a mamá y los hombres hayan desaparecido.
— Han ido a buscar un árbol de Navidad, es la tradición —contestó su madre desde la puerta de la cocina, secándose las manos con el delantal—. Va, menos cháchara y más trabajar, señoritas.
Estuvieron un rato las cuatro con la cabeza baja, trabajando en silencio, evitando la ira de Molly. Fleur se removía en la silla, incómoda, haciendo que al final Hermione saltara.
— ¿Estás bien? Parece que tienes una chincheta en el asiento.
Las tres brujas le miraron, sin entender, seguramente ninguna de ellas hubiera visto jamás una chicheta. Movió la cabeza negativamente, no tenía caso ponerse a explicar.
— Pareces inquieta.
— No me gusta estar separada de Dora y Teddy.
— Estuve leyendo un poco sobre veelas y lobos —comentó Hermione después de un silencio.
— ¿Por qué no me sorprende? —comentó sarcástica Ginny—. ¿Y llegaste a alguna conclusión?
— Las dinámicas de las veelas son fascinantes —respondió, con la barbilla levantada.
Fleur sonrió.
— Mi madre también es muy territorial. Debe ser normal.
Hermione fue a contestar, pero la entrada de los hombres Weasley le interrumpió. Charlie discutía con Ron, Percy con Bill y George y Arthur los miraban a todos con los labios apretados.
Molly salió de la cocina, atraída por la algarabía.
— ¿Y el árbol? —preguntó con las manos en las caderas.
— Afuera. Lo entraremos ahora —contestó Arthur, mirando a sus hijos con el ceño fruncido.
— ¿Qué pasa entonces?
— Ronald tiene opiniones muy interesantes sobre hombres que se acuestan con hombres —respondió muy seco Charlie, separándose del grupo para entrar a la cocina.
— ¡Ron! —le increparon a la vez su hermana y su novia.
Ron estaba rojo, obviamente enfadado, pero se limitó a dejarse caer en un sillón con los brazos cruzados sobre el pecho y cara de rabieta.
Fleur no dijo nada, solo se levantó y caminó hasta Bill. Se abrazó a él y le dijo algo al oído. Su marido negó con la cabeza y la abrazó a su vez.
— De verdad que creo que deberíamos opinar todos menos sobre las vidas ajenas —insistió Ginny, comenzando a cortar las zanahorias en pequeños trozos.
— ¡Nos afecta a todos! —gritó indignado Percy.
— ¿Disculpa? —interrogó indignada Fleur, inclinándose hacia su cuñado mientras su marido la sujetaba de la cintura— ¿En qué afecta a la familia Weasley lo que yo haga en mi casa?
— La gente hablará. Somos una familia respetable —contestó pomposo.
— No decías lo mismo cuando nos diste a todos la espalda, Pearce —le respondió George sin un ápice de su habitual buen humor, sentándose junto a su hermana para robarle trozos de zanahoria—. Yo estoy de acuerdo en dejar a cada cual hacer su vida, bastante hemos pasado ya.
— ¿Habéis pensado en los niños? ¿En cómo les afectará esto? —insistió Percy, mirando a Bill y Fleur.
— ¿En qué afectará el qué? ¿tener una familia? ¿Te ha preocupado Teddy esta noche? Ve a explicarle a nuestro bebé por qué no puede pasar con nosotros la Nochebuena. —Le clavó Fleur varias veces el dedo en el pecho, con los ojos llameantes— Eres un hipócrita, Percy.
Se dio media vuelta y salió al patio, dando un portazo. En el salón se hizo un silencio. Charlie, que había salido de la cocina al oír los gritos, estaba tras Bill, poniéndole la mano en el hombro, conteniéndole y apoyándole en el mismo gesto.
— Hemos venido por consideración a todo lo que hemos pasado este año —dijo finalmente Bill, con voz firme—, pero de verdad que si Fleur quiere irse en este momento, no seré yo el que la detenga. Tenemos en casa a la mitad de nuestra familia, pasando la Nochebuena solos, por vosotros, por evitar toda esta mierda.
— ¡Bill! —le renegó su padre.
— ¡Papá! —le imitó— Nos habéis puesto en la situación de elegir entre vosotros y nuestra familia.
— Nosotros también somos tu familia, William —intervino su madre.
— Mamá —intervino Charlie—, Bill tiene razón. Abriste tus puertas a Tonks y Remus en el pasado como si fueran uno más y ahora que realmente lo son, los dejas fuera.
De nuevo se hizo un silencio, Charlie lo había resumido muy claro.
— Ve a buscar a Fleur, Bill, hace frío —ordenó por fin Arthur—. Vamos a entrar ese árbol y a adornarlo.
En el momento que Bill salió por la puerta, el resto de los Weasley miró a su patriarca, conscientes de que había mandado al hermano mayor afuera a posta.
— No voy a perder más hijos. Voy a ir a El Refugio, a traer aquí al resto de la familia y vamos a tener la Nochebuena que le debemos a Fred y a todos los demás que ya no están. Salid a por ese abeto ahora mismo y no quiero escuchar una palabra más sobre este asunto.
==0==
2003
En el desván, Fleur ayudó a los pequeños a buscar los adornos. Decorar el árbol era una de sus tradiciones favoritas, junto con la cena de Nochebuena en familia. Sonrió al abrir la caja y ver, colocado con cuidado encima de todo, un adorno en forma de bola de nieve. Dentro, una casita muy parecida a La Madriguera.
— La casa de los abelos —dijo Dominique con su media lengua, señalando el adorno con un dedito regordete.
— La abuela Molly me lo regaló —recordó Teddy orgulloso.
— Yo también quiero una casita —exigió Victoire, golpeando el suelo con su pequeño pie.
— La abuela Molly nos lo regaló a todos, Vic —le explicó su madre, apartándole el largo pelo rubio de la cara—. Ella dice que somos todos ramas del gran árbol Weasley y que debe haber un adorno hecho por ella en cada una de nuestras casas.
— Y por eso nosotros hacemos los adornos para su árbol y lo decoramos todos juntos en Nochebuena, ¿verdad, mami?
— Eso es —respondió, besando la coronilla turquesa— Y ahora vamos a bajar esta caja al salón con mucho cuidado y a esperar que venga mamá también del trabajo.
— Yo bajaré eso —dijo una voz alegre desde la puerta del desván.
— ¡Mamá! —exclamó Victoire, corriendo hacia ella.
— Hola, bichito —saludó Dora, volviendo su pelo rubio como el de las niñas y cogiéndola en brazos para darle un beso en la redonda mejilla.
Teddy tendió una mano a Dom y la llevó hasta Dora, ayudando a la pequeña a esquivar los bultos dispersos por el desván. La aurora repartió besos y abrazos a sus tres niños con el entusiasmo habitual en ella.
— Creo que papá y papi necesitan ayuda abajo con ese gran árbol que tratan de meter en el salón. Seguro que unas manitas más serán bienvenidas.
Teddy sonrió, la misma sonrisa que su madre, y tomó a sus hermanas de la mano para bajar las escaleras.
— ¿En serio ibas a bajar esa caja por las escaleras? —le riñó Dora conforme se acercaba a ella.
Fleur frunció el ceño.
— Tres días de misión, ¿y eso es todo lo que recibo?
Dora sonrió y la abrazó. Dejó un beso cálido en su frente, pero la rubia no se conformó con eso y le echó los brazos al cuello.
— Bésame de verdad, jefa de escuadrón.
Imposible resistirse al brillo travieso en los ojos de Fleur, así que obedeció. Besarla era seguramente su actividad favorita en el mundo, sus labios eran cálidos y mullidos. Cada vez que lo hacía recordaba el miedo y la culpabilidad de los primeros besos y lo felices que les había hecho tomar la decisión de dejar de sentirse culpables.
— Te he echado de menos —le murmuró Fleur entre dos besos—, los chicos no hacen masajes de pies como los tuyos.
Tonks soltó una carcajada y volvió a besarla. Después, se separó y levitó sin problemas la caja.
— Podría haberla bajado perfectamente —gruñó la embarazada, con el mismo puchero que su hija un rato antes.
— Podrías, pero ni tan siquiera deberías haber subido al desván y lo sabes. Reposo, nena —le recordó, abrazándola por la ancha cintura mientras bajaban la escalera despacio, la caja flotando ante ellas.
En el salón los recibió un gran abeto, que enmascaraba el olor al guiso en la cocina. Los niños brincaban alrededor de los dos adultos, entusiasmados.
Remus estiró los brazos para tomar la caja y besó a su esposa. Dejó la caja sobre la mesa y se acercó sonriente hasta coger también a Fleur de la cintura y observar a Bill alborotando con los niños mientras empezaban a colocar los primeros adornos.
