2002
Casi un año viviendo en Rumania y Neville aún no se había acostumbrado a los rigores del clima. Y a cómo afectaba la nieve a su estado de ánimo. Que estuvieran en diciembre no ayudaba mucho. Aquella noche entró en el comedor comunal arrastrando los pies, le pilló por sorpresa la fiesta que había montada.
Los domadores se agolpaban en una mesa, comiendo un asado que olía fantástico y brindando con jarras de cerveza a la salud de... espera, ¿a la salud de Charlie? Sintió un sudor frío en la nuca.
Se sentó en un extremo de la larga mesa, muy alejado del homenajeado, y se inclinó con discreción hacia Elena, sentada a su lado.
— ¿Qué se celebra?
Ella le miró, extrañada, pero aún así le pasó una jarra y le contestó.
— Charlie cumple 30 años.
Dio un largo trago a su cerveza para ocultar su confusión. ¿Por qué nadie le había dicho nada? Se quedó allí, riendo cuando había que reír, bebiendo cuando había que beber, disfrutando a medias del asado. Aprovechó el jaleo que se armó al empezar a repartir los trozos de tarta para levantarse y huir a su habitación.
Ya estaba casi dormido cuando sintió la presencia de otro cuerpo en la cama tras él. Otro cuerpo desnudo, a pesar del frío en el exterior. Charlie era como una estufa, dormir con él era terriblemente agradable en invierno.
— No me has felicitado por mi cumpleaños —le dijo al oído, un poquito ebrio.
— Felicidades —murmuró, sin girarse.
Lamento la pérdida del calor cuando Charlie se echó hacia atrás.
— Nev, puedo irme si te molesto.
Estaba malacostumbrado a que fuera Charlie el que le buscara siempre. Se acostaban, dormían juntos casi a diario, pero él se había acomodado en que fuera el domador el que diera todos los pasos.
Se giró en la cama, con un suspiro.
— No me molestas.
La luz de la chimenea encendida le permitió ver el gesto dolido de Charlie.
— ¿Te has cansado de esto? ¿Quieres acostarte con otros? —hizo una pausa— ¿O con otras?
— ¿Qué?—respondió sorprendido—. No, claro que no.
— Pues explícame qué quieres, Neville —exigió, sentándose en la cama—, porque empiezo a cansarme de ir detrás tuyo.
— Yo... no sé.
— El qué no sabe soy yo, no consigo entender a qué juegas.
— ¡Yo no juego a nada! Esto... esto es nuevo para mi, Charlie.
— ¿Y qué es esto para ti? ¿Un rollo? ¿Algo que olvidarás cuando te den un traslado de vuelta a Inglaterra?
Charlie se veía cada vez más dolido. Hizo acopio de valor y estiró la mano para acariciarle la cara.
— No habrá traslado mientras yo no lo pida, vine aquí voluntariamente. Y el mejor motivo para quedarme eres tú. —Tomó aire— No soy bueno en esto de las relaciones, por eso me dejo Hanna.
— Las relaciones suelen ser algo más que tener sexo, o al menos tal y como yo las concibo.
— ¿Y eso es lo que quieres? ¿Una relación?
Charlie suspiró ruidosamente y se apartó para salir de la cama.
— ¿A dónde vas? —preguntó Neville alarmado, incorporándose.
— A Inglaterra. Siempre cojo vacaciones desde mi cumpleaños hasta Navidad. Lo sabrías si preguntaras. Nos vemos en dos semanas.
Y se marchó.
==0==
La Navidad en La Madriguera era cada año más caótica. Aún así, él solía disfrutar del caos, de las carcajadas con alguno de sus hermanos, de los partidos improvisados de Quidditch, de las conversaciones profundas con Remus y con su padre, y de sus sobrinos. Y bueno, de algún polvo loco con Harry, de esos que los dejaban a los dos de buen humor para enfrentar la cena familiar siendo los únicos solteros.
— Ey —le saludó Harry, sentándose junto a él en el porche y tendiéndole una cerveza.
— ¿Qué tal, auror? —respondió Charlie con una sonrisa tensa.
— Parece que mejor que tú. ¿Qué pasa?
Charlie negó con la cabeza. Aparte del polvo ocasional, Harry era uno de sus mejores amigos, pocas personas le leían tan bien como él.
— Vamos, Charles. —Le dio un trago a su cerveza— Tienes cara de mal de amores.
El pelirrojo dio un largo trago y volvió a mirar la luna creciente.
— A ti parece que te va bien, Ginny me ha contado lo de Colin.
Harry hizo un gesto de desinterés con la mano.
— ¿Esto tiene algo que ver con Neville?
Eso sí que le pilló por sorpresa.
— ¿Y eso?
— Me llamó ayer.
— ¿Neville te habló de lo nuestro?
— Más o menos. A Nev no se le da bien hablar de estas cosas.
— Esa excusa le funciona de puta madre —farfulló Charlie, dando otro trago.
El moreno se le quedó mirando en silencio mientras apuraba su botellín.
— Realmente te gusta.
— No. —Negó vigorosamente con la cabeza, moviendo la trenza— Estoy colgado como un imbécil. Me paso la vida tratando de llamar su atención como si estuviéramos en el colegio.
Harry le pasó el brazo sobre los hombros.
— Neville es un buen tío, Charlie. No lo ha tenido fácil, vas a necesitar paciencia. Pero yo diría que él siente lo mismo.
— ¿Ahora eres un experto en relaciones?—se burló Charlie.
Recibió una colleja. Y su amigo se levantó, sacudiéndose los pantalones de vestir.
— No, Charles, pero le conozco bien. Y está sentado ahí dentro a punto de cenar con tu familia. Créeme que eso es amor.
Charlie le miró, incrédulo, pero aún así se levantó y se asomó a la ventana. Allí estaba Neville, con una túnica azul oscuro que resaltaba su pelo rubio y su espalda musculosa. Sonrió al verlo sentado en una silla, con Teddy y Victoire sentados en sus rodillas mientras les contaba algo, que por los gestos imagino que era una historia de dragones.
— ¿Le has dicho tú que venga? —preguntó quedito a Harry.
— No, él me llamó para saber si era correcto venir. Quería darte una sorpresa.
— ¿Y qué le has dicho a mi madre?
— Que Neville estaba en Inglaterra e iba a pasar la Navidad solo. Si lo que quieres es saber si le he dicho algo de vosotros, la respuesta es no, a nadie. Y tampoco le he dicho a Nev nada de nuestros encuentros de otros años.
Los ojos azules se desviaron hacia Harry. Había algo en su voz...
— ¿Va todo bien, Harry?
El moreno asintió, con la mirada aún fija en la imagen de Neville con los niños.
— La Navidad, que me pone melancólico.
— Oye. —Le tomó por el brazo para que le mirara— Soy yo, puedes hablar conmigo de lo que sea.
Harry sonrió y negó con la cabeza.
— Entra ahí dentro y saluda a ese hombre.
Charlie apretó los labios, pero entró. A través de la ventana, lo vio acercarse a Neville, besarle en la mejilla y sentarse en la silla de al lado, tomando a Vic en sus fuertes brazos.
==0==
La cena de Nochebuena de los Weasley era algo para lo que Neville realmente no estaba preparado. Participó como todos en la decoración del árbol, bebió sidra caliente con especias, rió, recibió abrazos y palmadas en la espalda, contó cuentos, tuvo un bebé en brazos. Ayudó a poner la mesa, a quitarla, repartió regalos, todo ello bajo la atenta mirada de Charlie.
Al final de la noche, cuando cada familia empezó a retirarse por el flu, él remoloneó, nervioso.
— ¿No te marchas? —preguntó Charlie, sirviéndose la última copa de vino.
Apenas se había dirigido a él en toda la noche.
— ¿Estás enfadado?
— No, Nev —respondió, suavizando el tono —, estoy a la expectativa. ¿Qué haces aquí?
— Te echaba de menos.
— ¿Echabas de menos dormir acompañado?
Neville le miró un momento, respiró y estiró la mano para acariciarle la mandíbula y el cuello.
— Te echaba de menos a ti. Tu risa escandalosa, tus abrazos y tus anécdotas. No ha sido solo sexo, Charlie.
Los ojos color mar chispearon y Neville sonrió antes de acercarse y besarle. Lento, cálido, sin dudas.
— ¿Puedo quedarme a dormir? —pidió sobre sus labios.
Charlie lo tomó de la cintura y lo acercó más a él.
— El desayuno no será tan caótico, pero tendrás que aguantar a mis padres.
— Me caen bien tus padres. Y quiero a su hijo, quizá deba decírselo.
Una gran sonrisa se pintó en el rostro pecoso antes de volver a besarse.
==0==
Un año después.
Neville entró en la cabaña que compartía con Charlie leyendo una carta con una gran sonrisa.
— ¿Son buenas noticias?
Dejó la carta sobre la mesa, junto al resto del correo, y caminó directo hasta sentarse en el regazo del pelirrojo, que estaba recostado en el sofá con un pie en alto.
— Luna se ha casado.
— Ohhh, es genial. Felicítale de mi parte.
Neville se inclinó a besarle y se bajó de su regazo para sentarse en el sillón.
—¿Cómo va el pie?
— Mañana estará como nuevo. ¿Sigues queriendo venir conmigo a Inglaterra? —preguntó prudente.
— Claro. Mañana llega mi reemplazo. Tres semanas, me apetece mucho.
Y era verdad, la sonrisa y el brillo ilusionado en los ojos le delataba.
— Hay un paquete de tu madre, por cierto.
Charlie usó su varita para invocarlo. Abrió el paquete despacio, preparado ya para que fueran galletas o unos guantes nuevos, pero no. Neville le vio abrir mucho los ojos y sacar algo con cuidado.
— ¿Qué es? —preguntó intrigado.
Charlie dejó la esfera de cristal sobre la mesa con cuidado y le tendió la nota que la acompañaba.
— ¿Puedes leerla en voz alta? —pidió.
"Estimados Charles y Neville,
Os hacemos llegar nuestro presente para vuestro propio árbol de Navidad. Con él os recordamos que los Weasley somos un gran árbol y que cada rama es bienvenida siempre en nuestro corazón.
Con amor,
Mamá y papá"
Neville se quedó mirando la nota, parpadeando. Charlie se levantó, cojeando, y se sentó en el brazo de su sillón, abrazándolo.
— Cada vez que un hijo Weasley crea su propia familia, mis padres le regalan esto, para que empiece su propia tradición navideña.
Tomó de la mesa la bola de cristal y se la mostró. Dentro, una miniatura de la Madriguera echaba humo por su pequeña chimenea que se convertía en nieve al tocar la parte de arriba de la esfera.
— Necesitaremos un árbol de Navidad —comentó Charlie, ante el silencio de Neville, que solo acariciaba la bola con los dedos.
El auror negó con la cabeza, tomó la varita e invocó un trozo de madera del cesto junto a la chimenea. Con tres hechizos más, lo convirtió en un bonito soporte y colocó la bola sobre ella.
— Lo pondremos sobre la chimenea —le dijo por fin con voz ronca.
Charlie la dejó con cuidado sobre la mesa de nuevo y le abrazó. Y le besó, claro, mucho, hasta hacerle suspirar.
