Aviso: para que no preguntéis, en este capítulo se alude a una pareja que aún no hemos visto, les dedicaré el próximo.

2009

Remus y Dora estaban acurrucados juntos en el sofá frente a la chimenea. Era una noche de invierno, nevaba con fuerza. Los niños dormían, Bill y Fleur estaban fuera, trabajando toda la semana en un pueblo remoto de Gales.

— ¿Qué te preocupa? —preguntó Dora con suavidad, acariciándole la cara.

Remus le miró un poco sorprendido.

— No me mires así, Rem, no eres el único que percibe cosas. Llevas todo el día mirando a Teddy con la misma cara que pone Bill cuando está estudiando un objeto maldito.

Suspiró y la apretó más contra él.

— Nuestros hijos son en parte criaturas. Los siento, como os siento a vosotros.

— Son parte de tu manada, alfa. ¿Se trata de ellos, entonces? ¿hay algún problema?

— Ellos han crecido conectados a sus criaturas, porque las aceptan, no como hice yo, así que hay instintos que no rechazan. Edward empieza a sentirse atraído hacia alguien.

— Tiene diez años, Remus —contestó con voz ahogada.

— Por eso me preocupa. Es muy joven, es una conexión emocional, no hay nada de malo en ello, pero me da la impresión de que es algo que ha venido a quedarse y crecerá con él.

Dora guardó silencio un momento, contemplando el fuego.

— Es algo hermoso si lo piensas.

— Lo es, pero si eso fluye hacia lo romántico tendremos un problema, porque se trata de Rose.

==0==

Nochebuena en La Madriguera, mucho tiempo después. El ruido era aturdidor, había gente por todos lados. Llegaban por la chimenea o apareciéndose más allá de la valla del jardín.

— ¿Aún no ha llegado?

Rose se giró, estaba esperando junto a la ventana a que apareciera su novio. Sonrió a su tía.

— Me dijo que llegaría algo tarde, están en medio de un caso complicado.

Fleur asintió.

— Dora ha avisado antes también. ¿Estás bien? Pareces a punto de vomitar.

— Mi padre, ya sabes.

La rubia se quedó a medio camino entre una sonrisa y un gruñido. Con el paso de los años, la postura de Ron acerca de la familia de su hermano mayor no se había suavizado, más bien al contrario. Para Fleur, que era ferozmente protectora de los suyos, había sido difícil en ocasiones lidiar con la intransigencia de su cuñado.

Los comienzos habían sido difíciles para los cuatro, a pesar de estar acostumbrados a convivir. Una de las primeras cosas que habían hecho había sido agrandar mágicamente la cama, por iniciativa de Dora, que era, a pesar de ser la única completamente humana de la casa, la que con más sencillez veía las cosas. Su teoría había resultado valida, dormir juntos había hecho que se acostumbraran al contacto físico y poco a poco había venido lo demás.

Teddy había crecido en ese ambiente, sabiendo quiénes eran sus padres, pero consciente del sentimiento de manada, lo mismo que sus hermanos y hermanas. También había sabido desde pequeño a quien podía contarle detalles de su vida familiar y a quien no.

A pesar de los aparentes potenciales problemas, había crecido siendo el líder de los primos Weasley, un muchacho muy parecido a su madre, optimista y amigable. Y muy guapo, según las chicas en la escuela. Aún así, para él hacía tiempo que solo existía una mujer: su prima Rose, para desesperación de su tío.

Rose tenía 13 años la primera vez que Teddy se atrevió a decir en voz alta que algún día se casaría con ella. Para su desgracia, su tío Ron estaba cerca.

— No te atrevas ni a pensar en mi niña, pervertido.

Bill, que estaba sentado un poco más allá, se enderezó en su asiento, con la vista puesta en el muchacho que había criado como a un hijo. Sintió sin verlo a Remus posicionándose junto a él y el efecto relajante que siempre le generaba la presencia del otro lobo.

— No he pensado jamás en ella de ese modo, tío Ron. Yo solo...

Ron se acercó a él con aire amenazante y el rostro congestionado.

— Mi hija no va a volver a poner un pie en esa casa de... —le interrumpió el sonido de la silla de Bill arrastrándose al ponerse de pie con violencia— Por encima de mi cadáver. —Provocó a su hermano, con la vista fija en él— ¿No tienes ya suficientes mujeres en tu casa con las que revolcarte, hermano?

El resto de la habitación contuvo el aliento. Bill apretó los dientes y Remus lo sujetó por el hombro, pero la que se acercó a medio transformar y abofeteó a Ron fue Fleur.

— Tú... mente sucia, ¿cómo te atreves?

Ron se llevó la mano a la mejilla abofeteada y estrechó los ojos.

— ¿Me vas a hablar tú a mí de suciedad, Fleur?

— Ya basta, Ron —intervino Hermione— Discúlpate.

Ron miró a su alrededor, toda la habitación a la expectativa de su reacción. Finalmente se apartó de su cuñada y caminó hasta desaparecer por la chimenea.

==0==

Rose tenía quince años cuando empezó a cartearse con Teddy. Al acabar la academia, el muchacho aceptó varios destinos lejos de casa, así que ella, en plena rebeldía adolescente, lo aprovechó como excusa para mantenerse en contacto con él. Cuando más intentaba su padre mantenerla alejada del auror, más atraída se sentía ella.

A pesar de que se conocían de siempre, nunca habían mantenido conversaciones profundas, pero la correspondencia invitaba a eso, y a las confesiones.

La muchacha tenía la inquietud intelectual que había tenido siempre su madre, así que estaba profundamente intrigada por la familia de su tío Bill. Cuando estaban con el resto de la familia, los cuatro adultos eran muy correctos, jamás los había visto besarse, por ejemplo, pero había escuchado susurros desde pequeña acerca de lo que hacían a puerta cerrada. Poco a poco le fue planteando sus preguntas a Teddy, que contestaba siempre con paciencia y buen humor.

O casi siempre. "No sé de dónde saca tu padre la idea de que mi familia vive inmersa en una orgía. Nosotros cinco solo hemos recibido de nuestros padres amor y dedicación, si entre ellos cuatro tienen o no una relación sexual te aseguro que no trasciende fuera de su habitación y es profundamente insultante insinuar que estamos todos retozando con todos"

Pasaron un tiempo carteándose, mientras Rose acababa el colegio. Las cartas podrían haber pasado cualquier control parental, siempre correctas y en un tono amistoso. Aparte de hablar de sus familias, él le contaba de sus misiones y ella de la escuela; Teddy se aseguró muy bien siempre de no mostrar directamente sus sentimientos por su prima, respetando la promesa que había hecho a sus padres y a la tía Hermione de no dar un paso hacia delante hasta que la muchacha acabara el colegio. Y aún en ese momento, no saldría ni una palabra de amor de su boca si no daba Rose el primer paso.

==0==

2023

Llegó el día de la graduación. Por supuesto, Rose había sido prefecta, premio anual y primera de su promoción, peleando por el puesto hasta el último examen con Scorpius Malfoy, emulando a sus respectivos padres.

Teddy no le había dicho a nadie que iba a acudir al evento, solamente a su hermano Louis, que le esperaba a unos metros de la puerta de castillo. Saludó con una sonrisa a su hermano pelirrojo antes de darle un cálido abrazo, no se habían visto desde Navidad.

— ¿Cómo vas, sanador?

Louis le devolvió una sonrisa nerviosa, el año pasado lejos de su pareja no había sido fácil, pero al menos él ya sabía que ese día besaría a Scorpius en cuanto bajara del podio con su diploma. Y ninguno de los padres se opondría.

— Creo que el tío Ron espera que aparezcas, me ha mirado con sospecha cuando ha llegado.

Teddy apretó los labios y se frotó la nuca.

— He renovado el contrato para seguir en Belfast.

Louis le miró sorprendido, ese no era el plan original.

— Rose es muy joven y creo que es mejor mantenerse lejos un poco más de tiempo. Es terca y obstinada y me da la impresión de que me elegiría por llevar la contraria a su padre.

Su hermano negó con la cabeza antes de echar a andar hacia el Gran Comedor, habilitado como salón de actos para la graduación.

— No deberías decidir por ella, te lo dice el que la lió muchísimo.

— Son seis años de diferencia, no es lo mismo que en tu caso, Lou.

— Papá Remus le saca más que eso a papá Bill.

— Pero ellos se encontraron siendo adultos, Louis. Rose aún es una niña...

Las palabras le murieron en los labios al entrar a la sala y verla. Estaba delante del pequeño escenario junto a Scorpius, hablando con la directora. Se había recogido el pelo cobrizo en un moño alto que hacía que su cuello pareciera más largo y resaltaba sus pómulos pecosos.

Despertó por un codazo de su hermano, y una risita.

— De niña tiene poco ya, hermano.

En ese momento acabó la conversación con McGonagall y Rose se giró a mirar al público con gesto nervioso. Cuando le vio, sonrió, levantando discretamente la mano a modo de saludo, sonrojándose un poco. Scorpius siguió su mirada y sonrió más abiertamente, guiñándole un ojo y lanzándole un beso a Louis, que no pudo evitar reír y devolverle el gesto.

— Scorpius es un peligro —murmuró divertido Teddy, siguiendo a los dos premios anuales con la mirada mientras iban a reunirse con sus compañeros.

— No lo sabes tú bien.

Teddy saludó con la mano a la familia, que se había girado hacia ellos al ver el gesto de los dos homenajeados. Mientras que Draco y Harry sonreían divertidos, acostumbrados ya a Scorpius y su falta de vergüenza, Hermione y Ron saludaron mucho más envarados. Eso hizo que el estómago se le apretara mientras tomaba asiento junto a su hermano.

La ceremonia se le hizo larga, los nervios no ayudaban en nada. Pilló al menos dos veces más al padre de Rose girándose a mirarle, no precisamente con gesto acogedor. Aún así todo mereció la pena cuando ella salió al pequeño podio a hablar. Esa era su niña, la que había visto crecer conforme sus sentimientos por ella crecían también. No solo era preciosa por fuera, sino también por dentro. Inteligente, decidida y valiente, tal y como describían en la familia a la tía Hermione de joven, y con la terquedad y el empuje de los Weasley. Tenía razón su hermano al recordarle que ya no era una niña, y eso le reafirmaba en la decisión de mantenerse lejos otro año más.

Aplaudió orgulloso, de pie, las palabras de Rose y después de nuevo en el momento que le entregaron el diploma. Y rió a carcajadas cuando, en el momento que la directora dio por terminada la ceremonia, Scorpius saltó del escenario y corrió empujando gente hasta llegar a Louise y saltar sobre él, besándole de una forma que escandalizó a varios de los familiares sentados alrededor suyo.

— Hola, Edward —le saludó con calidez su tío Draco, tendiéndole la mano.

— Hola, tío. Enhorabuena por la graduación.

Junto a él Harry rió, disimulando la carcajada con una tos antes de abrazar a Teddy.

— Ron está cabreado —le susurró en el oído antes de soltarle—, no hagas caso de nada de lo que diga.

Teddy asintió, de nuevo el estómago dándole saltos mientras veía a unos metros a Hermione abrazar a su hija. Entonces Rose soltó a su madre y se giró a mirarle con una sonrisa tímida. Se acercó a él con pasos cortos hasta estar a apenas un metro. Por encima de su hombro, Teddy podía ver claramente la cara enojada de Ron.

— Hola, Rosie —le saludó con voz grave.

— Hola, Ted—respondió ella, abrazándole muy brevemente.

— Enhorabuena.

Se mordió los labios para no decirle lo hermosa que estaba, lo orgulloso que estaba de ella, lo que había ansiado ese abrazo que le sabía a poco.

— Ted. —Le abrazó con cariño Hermione— Me alegro de verte.

— Y yo, tía.

— Edward.

La voz de Ron era dura, igual que sus ojos. Ni tan siquiera le tendió la mano, se limitó a un seco cabeceo.

Ted captó rápidamente el mensaje de que su presencia no era bienvenida y se retiró, uniéndose a su hermano y Scorpius, que lo acompañaron a los jardines. En el Gran Comedor, Rose miró a su padre molesta y se disculpó para marcharse también, dejando a sus padres con Harry y Draco.

—¿Pero qué problema tienes con Teddy? —le reprochó Hermione, envalentonada por la presencia de la otra pareja—. Lo conocemos desde que nació, Ron. Es un chico fantástico, si algún día Rose llegara a aceptarle yo me quedaría muy tranquila.

— No vamos a discutir aquí este tema, Hermione —le respondió su marido entre dientes, observando a su hija alejarse para no mirar a Harry y a Draco.

— Draco, ¿a ti te molesta que Scorpius y Louis estén juntos? —insistió Hermione.

— ¿Por qué debería molestarme? —contestó con calma, ignorando a su vez al pelirrojo— . Conozco a Louis desde siempre. Cuando comenzamos a pasar tiempo en casa de mi prima, mi hijo apenas se relacionaba con otros niños. Salió el primer día con el nombre de Louis entre los labios y desde entonces ha sido su primo, su mejor amigo y su protector en la escuela. ¿Qué hay de malo en que mi hijo esté con quien le quiera de esa manera?

Harry miró a su amiga y al que había sido para él como un hermano y se preguntó por enésima vez en que momento se había convertido en ese hombre malhumorado e intolerante. No dijo nada, se limitó a despedirse de Hermione y arrastrar a Draco lejos de allí, en busca de su hijo, antes que la conversación se convirtiera en una discusión a gritos, como era usual con Ron.

==0==

Al día siguiente había celebración en La Madriguera, los abuelos daban una comida para los nietos, especialmente los recién egresados. Teddy salió de la chimenea con la tranquilidad de que no se encontraría a su tío y feliz de dar una sorpresa a sus abuelos.

Llegó el primero, o eso pensaba él. Al entrar a la cocina para abrazar a Molly, se la encontró sentada en una silla con una llorosa Rose en sus rodillas. El corazón le dio un vuelco.

— Hola —saludó suave, haciendo que su abuela levantara la cabeza y le sonriera, tendiendo una mano hacia él.

Se acercó y le tomó la mano, acuclillándose junto a ellas. Rose tenía la otra mano de su abuela sujeta y lloraba con un desconsuelo que hacía que solo quisiera abrazarla y consolarla.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó.

— Hermione ha pedido el divorcio —le respondió Molly, con tristeza.

El tono resignado de la abuela le dijo muchas cosas, le dijo que no le pillaba por sorpresa, eran muchos años viendo a su hijo distanciarse de su nuera; le dijo que, conforme a su forma de ser, Hermione había tenido la deferencia de decirles lo que iba a hacer a sus suegros; y le dijo que estaba resignada a tomar el papel de consuelo para sus nietos, porque su hijo reaccionaría alejándose de todo y de todos.

— Cariño —le dijo con suavidad a su nieta, acariciandole el pelo—, voy a prepararte un té. ¿Te sientas aquí con Edward?

La muchacha asintió, incorporándose despacio. Al levantar los ojos, Teddy estaba junto a ella, tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse, con una sonrisa cálida. La tomó, pero para acercarse y abrazarse a él con fuerza.

La abrazó en respuesta, su lobo feliz de tenerla tan cerca y llenarse de su olor, su humano afligido.

Estuvieron así, abrazados, hasta que Molly puso la tetera y las tazas sobre la mesa. Rose se separó despacio, secándose los ojos con los talones de las manos, y se sentó.

— Gracias, abuela.

Teddy se sintió por un momento vacío, luego se sentó junto a ella y sirvió té para los tres.

— ¿Quieres contarnos?

Rose asintió, dio un sorbo a su taza y comenzó a hablar con voz ronca.

— Ayer cuando bajamos del tren estaba mamá solamente en la estación. Pero el abuelo Andrew estaba fuera, esperando en el coche. Mamá esperó a llegar a casa de los abuelos para explicarnos. Nos dijo que esto ya venía de lejos y que en realidad llevan meses separados, pero la bronca de ayer en el colegio hizo que no quisiera volver a casa, no tenía ganas de discutir más con papá.

— Lo siento, Ros, yo no pensé que...

— No es culpa tuya, Ted. Entiendo a mamá. Y Hugo también, lo raro es que no haya ocurrido antes.

Se calló de golpe, mirando a su abuela con gesto culpable.

— No te preocupes, hija. Hermione estuvo aquí hablando con nosotros antes de dar el paso —le tranquilizó su abuela poniendo su mano sobre la más pequeña.

— Pero abuela, ¿qué va a hacer papá ahora sin mamá? —preguntó angustiada.

Molly apretó los labios y miró un momento por la ventana antes de contestar.

— Seguir viviendo. Somos una familia de supervivientes, Rose, pero tendrá que espabilar.

Le dio un par de palmaditas en la mano y se puso en pie con su energía habitual, disculpándose para ir al cobertizo a revisar el hechizo de lavado de ropa.

— ¿Entonces tu madre se queda en casa de tus abuelos? —interrogó con suavidad Ted un par de minutos después.

— De momento sí. Van a vender la casa y repartirse el dinero. Supongo que papá se mudará al piso sobre la tienda, debe de estar ya medio viviendo allí.

— ¿Y tú?

Rose volvió a frotarse los ojos, cansada.

— No lo sé. Creo que Hugo y yo pasaremos el verano aquí.

— ¿Terreno neutral? —preguntó comprensivo.

La chica asintió, tomando otro sorbo de su té.

— ¿Hasta cuando vas a estar por aquí?

La pregunta, hecha mirándole con desconsuelo, le dolió. Porque quería quedarse, quería mudarse a casa de los abuelos y ser el lugar seguro de Rose los próximos meses, pero ya había firmado la renovación.

— Hasta final de mes.

— ¿El nuevo destino es más cerca?

Había esperanza en su voz. Apretó los labios, maldiciéndose a sí mismo.

— He firmado otro año más en Belfast.

Los ojos azules, casi turquesa, le miraron confusos por un momento. Luego los volvió hacia la taza.

— ¿Es por tu compañera? La nombras mucho.

Le sorprendió la sombra de celos en sus palabras.

— No.

— ¿Entonces? Yo pensaba que...

Se calló, mordiéndose los labios.

— ¿Qué pensabas? —no pudo evitar preguntar con suavidad.

— Que querrías estar más cerca, pasar más tiempo juntos —le respondió ella, sonrojándose—. Ya no tengo trece años, Ted.

El auror se quedó quieto, con la mano que portaba la taza congelada en el aire.

— Mi padre no ha sido nunca el rey de la discreción.

— Yo...

— No hace falta que digas nada, lo entiendo. Te gusta tu vida allí. Pero voy a echarte de menos.

— Podemos seguir escribiéndonos.

— Claro.

La desilusión en la voz de Rose era evidente.

— Rosie... lo siento, pensé que...

— Scorp y yo hemos pasado mucho tiempo juntos este año, ¿sabes? Me contó cómo había sido todo con Lou.

— Pensé que eres muy joven y necesitas tiempo para ver mundo. Y quizá un año más ablande a tu padre.

— Sois hermanos realmente —masculló ella molesta— ¿Y mi opinión? Estás más preocupado por la oposición de mi padre, pero él no va a cambiar, Ted. ¿Quieres otro año más? Excelente, pero eso no va a cambiar nada, porque el mundo que quieres que vea está lleno de hombres a los que comparo contigo.

==0==

Cuando llegaron a El Refugio esa tarde, se encontraron a casi todos los adultos de la familia en el salón, incluida Hermione. Cuando se acercó a saludar a su tía, ella le abrazó muy estrechamente.

— Lo siento, tía, de verdad.

— Lo sé, cariño. —Ella se aparto y le miró a los ojos— Quédate cerca de ella, Ted. Tienes todas mis bendiciones.

La abrazó un poco más, sin atreverse a decirle que no iba a ser así, antes de acercarse a saludar a George.

Al cabo de un rato, cuando la reunión comenzó a disolverse, una mano morena se posó en su brazo mientras hablaba con Victoire.

— Disculpa, Vic, ¿puedo hablar un momento con tu hermano? Cosas de trabajo, será un segundo.

Su hermana asintió, con una sonrisa, y Ted se dejó arrastrar por su jefe hasta el comedor.

— Toma —le tendió un pergamino doblado sin ninguna ceremonia.

— ¿Qué...?

No llegó a preguntar de qué se trataba. Era una solicitud de traslado.

— Ya sabes cómo funcionan estas cosas de la burocracia, tu solicitud de traslado a Inglaterra no aparece, he pensado que querrías rellenar una nueva. Creo que hay una vacante interesante en Bristol.

Ted miró el papel y al jefe de aurores varias veces.

— ¿Esto es nepotismo? —preguntó tratando de mantenerse serio.

— Por primera vez en veinte años, sí. Pero Ted, a veces hay que mirar a otro lado y aprovechar las segundas oportunidades. Tómatelo como el regalo de cumpleaños del año próximo.

No pudo reprimir una carcajada y abrazar a su tío favorito con ganas. No dudó, sacó su varita y estampó su firma.

==0==

Nochebuena 2025

Edward se apareció ante la valla del jardín de La Madriguera. Se palmeó el bolsillo, verificando por décima vez que la cajita seguía ahí.

— ¿Ted?

La voz de su madre le devolvió a la realidad. Más de cincuenta años y el pelo orgullosamente rosa, apenas ninguna arruga y la misma capacidad de lucha y trabajo que su primer día como aurora. La operación que habían rematado ese día era su primera misión juntos, hacía apenas dos semanas que había conseguido el traslado a Londres y estaba bajo las órdenes de la mejor jefa de escuadrón del cuerpo.

— Estoy nervioso —murmuró, sonrojándose.

Dora le abrazó, poniéndose de puntillas.

— Estoy tan orgullosa de ti. Va a decir que sí, no te preocupes.

— No es ella la que me preocupa.

Habían tratado de ser muy discretos, pero habían pasado dos años y medio, era inevitable que Ron acabara enterándose. Y no había sido bonito, porque ya no estaba Hermione para refrenarle y la situación casi había llegado hasta las manos.

Por mucho que los abuelos le hubieran insistido en que siempre era bienvenida en su casa, Hermione había tomado la sana decisión de no acudir a celebraciones familiares en La Madriguera. La veían a menudo en reuniones en El Refugio, a donde sabía que Ron no iría y que se había convertido en el segundo centro de reunión familiar.

Hermione había sorprendido a todos presentándose al puesto de profesora de transformaciones en Hogwarts tras la retirada de McGonagall. Así que aprovechando la excusa de ir a ver a su padre, Teddy había pasado a verla justo antes de las vacaciones escolares de Navidad para contarle sus intenciones. Conforme a su manera de ser, su tía lo único que le pidió fue que no se casaran hasta que Rose hubiera acabado su carrera de leyes.

Entraron en La Madriguera, recibidos por el barullo habitual de decoración del árbol. Aunque los nietos ya eran mayores, la tradición no había cambiado, seguían haciendo cada año los adornos todos juntos, apretujados alrededor de la mesa. Dora se metió a la cocina, sabiendo que muchos de los adultos estarían allí, bebiendo vino y robándole comida a Molly de las fuentes que iba dejando sobre la mesa.

En un extremo de la mesa, Rose se puso de pie, con una expresión de alivio, y se acercó, despacio.

— ¿Cómo de rojo está mi padre? —le preguntó apenas moviendo los labios.

Teddy miró sobre ella a Ron, que estaba solo con una cerveza cerca de la chimenea.

— Más que su pelo —contestó de igual manera.

— Quiero darte un abrazo —dijo ella con seguridad, elevando un poco la barbilla.

Él se limitó a abrir los brazos discretamente. Recibió un abrazo que le llenó del suave olor a cacao de su champú. Apoyó con cuidado la barbilla en su cabeza y respiró hondo.

— Estaba preocupada.

— Lo siento, curly.

— Tía Fleur también lo estaba, imagino que no mejora con el paso de los años.

Teddy miró un poco más allá y vio a Scorpius mirándole con picardía, sentado sobre las rodillas de su hermano.

— Scorpius está a punto de hacer una travesura —le avisó, soltándole.

Vio perfectamente a Scorpius mirar a Fred y asentir antes de besar con bastante ardor a Louis. Un par de sillas más allá, Fred se inclinó hacia SJ y procedió de la misma manera. Ted vio perfectamente la cara de desagrado de Ron, que se puso de pie y salió de la habitación. Soltó una carcajada y se inclinó a besar a su novia con ganas mientras el resto de los primos aplaudían entre risas.

Con las barrigas llenas, llegó la hora de los regalos. Como siempre, el reparto comenzó por el más joven, Hugo, y fue subiendo. Al llegar a Teddy, recibió una cajita que abrió con cuidado, imaginando su contenido. Sacó el adorno de cristal, muy parecido al que adornaba la casa de sus padres desde hacía casi 30 años, y una nota.

"Querido Edward,

llegaste a nuestras vidas y te instalaste en nuestros corazones como el primer nieto. Aprendimos contigo el poder del amor por encima de la sangre y nos sentimos enormemente orgullosos de considerarte un Weasley. Hoy eres ya un hombre que se establece en su propio hogar, que deseamos que algún día sea una rama más de nuestro árbol.

Esperamos vivir mucho para ver llegar a tu vida la felicidad de un hogar lleno de amor como ha sido el de tus padres y el nuestro y bendecimos completamente tus decisiones.

Te quieren,

tus abuelos"

Se la tendió a Rose y se levantó para abrazar estrechamente a Arthur y después a Molly. Al volver a su sitio junto a su chica, ella le tendió la carta, con una sonrisa emocionada, y él aprovechó para sujetar la mano con la palma hacia arriba y depositar una cajita. Toda la familia guardó silencio.

— Hace ya unos años, dije en voz alta en una reunión familiar por primera vez que algún día haría esto —habló, volviendo al cabello color turquesa que llevaba en esa época, con los ojos color miel clavados en los brillantes ojos azules de Rose—. Entonces no podía imaginar que llegaría a amarte tanto, a admirar tu tesón y tu inteligencia y a echar de menos tu risa cuando el trabajo me mantiene lejos de ti. Hoy me he jugado la vida, como en otras ocasiones, pero lo que realmente me causaba temor era llegar a este momento y que mis palabras no fueran lo suficientemente brillantes para estar a tu altura, Rose. Te amo, y quisiera dejar de hablar antes de decir una tontería o echarme a llorar, así que por favor, siéntete libre de darme una respuesta y rescatarme de esta miseria, dime que quieres casarte conmigo.

Hubo una carcajada general que casi tapó el "Sí" decidido de Rose, que se inclinó a besarle de tal manera que los más jóvenes empezaron a silbar y aplaudir. Dora tomó emocionada la mano de Remus y apretó. Su marido tenía una sonrisa muy orgullosa en la cara mientras contemplaba a sus hijos acercarse a felicitar al hermano mayor, seguidos de Bill y Fleur.