Otoño 2020

— A Scorpius le gustas.

Louise Weasley no levantó la mirada del libro que consultaba. La biblioteca estaba tranquila en ese momento, frente a él SJ se movía inquieto, como siempre. Era sorprendente que pudiera mantenerse sentado en clase durante toda la lección, su madre Dora decía que era tan hiperactivo como había sido ella en la escuela.

— Lou...

— Estudia, Sirius. No me apetece otra bronca con papá Remus.

— Pero Lou...

— Haga caso a su hermano, señor Lupin —le renegó la voz de la bibliotecaria desde su mostrador— No es tan silencioso como cree susurrando.

Lou sonrió y volvió a centrarse en su libro. Hogwarts era una extensión de su casa, con su padre dándoles clase de Defensa, la tía Audrey en la biblioteca y la tía Luna dándoles Cuidado de las criaturas mágicas. Por suerte para la directora, porque aún así SJ y Fred II se las apañaban para liarla a menudo y arrastrarle a él y a su primo Lorcan en casi todas sus trastadas.

SJ gruñó por lo bajo y abrió sus apuntes. Tener a su padre dándoles clases no era ninguna ventaja, sus exámenes eran corregidos por él y revisados por la directora, por lo que Remus era especialmente duro con sus hijos y sobrinos. Por suerte no era también su jefe de casa, ya habría sido el colmo.

Al sentarse a cenar esa noche, volvió a la carga. Desde la mesa de Gryffindor se veía perfectamente a Scorpius cenando rodeado de sus amigos en Slytherin, así que no perdió detalle de la reacción de su primo cuando miró hacia ellos y vio a Louise. En realidad reaccionaba así desde niño, si estaban en la misma habitación lo buscaba con la mirada y sonreía de una manera que le llenaba toda la cara.

— Míralo, no puede ser más evidente como te mira.

— Déjalo estar, por favor —le respondió, sirviéndose crema de verduras.

— Es muy guapo, ¿se parecerá al tío Draco cuando crezca? Mi padrino sí que ha sido listo.

Sentado frente a ellos, Fred miró mal a SJ, que le sonrió de vuelta con toda su cara dura y le guiñó el ojo.

— Cena, Sirius— le gruñó su hermano mayor.

Louis no era inmune a los encantos de Scorpius. Con quince años, su primo era uno de los más guapos de su curso. Pero no se trataba de eso, Scorpius era su infancia, no recordaba no conocerlo, no llevarlo de la mano por la casa de su familia o de sus abuelos. Si bien había crecido muy unido a sus hermanos y hermanas, especialmente a SJ, Scorpius siempre había sido especial e importante, como lo había sido Fred para SJ. Tener a su hermano y a su primo comiéndose a besos cada vez que se daba la vuelta no era nada bueno para él y su capacidad para resisitrse a lo que su criatura interior le pedía.

Tocó con los nudillos la puerta del despacho de su padre un par de días después, esperando que todavía no se hubiera marchado a casa. Una de las razones para no ser jefe de casa en la escuela era que Remus necesitaba dormir en su propia casa; normalmente a las cinco, cuando acababan las clases, volvía por flu a su hogar.

— Pase —le contestó la voz amable.

Abrió la puerta y agradeció al momento la calidez de la chimenea encendida y el olor de Remus, que siempre le tranquilizaba.

— ¿Tienes un momento?

— ¿De padre o de profesor? —preguntó mientras acababa de meter redacciones en su maletín para llevárselas a casa.

— De padre.

Remus dejó lo que estaba haciendo, rodeó su escritorio y se acercó a su hijo con los brazos abiertos. Mucha gente no lo entendía, porque entre ellos en realidad no había un lazo genético, pero en su interior el licántropo sentía su vínculo a los tres hijos de Fleur y Bill con la misma fuerza que a sus hijos biológicos. De hecho, cada vez que uno de ellos le llamaba papá se hinchaba por dentro de satisfacción.

Louis era casi tan alto como él ya, cada vez más parecido físicamente a Bill, pero era el más tierno de los cinco, el que más pedía abrazos y más dispuesto estaba a acurrucó contra él, con la nariz pegada a su cuello.

— ¿Qué ocurre, hijo? —preguntó cuando el chico se soltó por fin y se sentó en el sillón junto al fuego.

— Tú sabías que SJ acabaría con Fred.

Su padre sonrió con suavidad y se sentó en el sillón frente a él.

— Lo intuía, sí.

— ¿No había opciones? ¿Y si Fred no le hubiera correspondido? ¿Y si Rose nunca llega a corresponder a Ted?

— La vida sigue, no hay una única persona para cada uno.

— ¿A ti te pasó?

A Remus le flaqueó un poco la sonrisa.

— Me pasó.

— ¿Con tu amigo Sirius?

No pudo evitar enorgullecerse por la perspicacia de su hijo.

— Sí. Nunca se lo dije. Pero yo viví de espaldas a mi lobo hasta que nació nuestra manada, Lou. Vosotros tenéis unas relaciones muy diferentes con vuestras criaturas interiores. ¿qué es lo que te preocupa exactamente?

— No sé si quiero estar con la persona que mi veela ha elegido.

Vio a su padre apretar los labios y contener un gesto de pena.

— ¿Por qué?

El chico se revolvió el pelo con una mano mientras le tendía la otra.

— Quiero tener opciones. Tengo la sensación de que elije por mí mi criatura y no deja espacio a mi humanidad.

— ¿Solo se trata de eso? ¿O es porque es un chico?

Louise enrojeció como solo un pelirrojo puede enrojecer.

— Ya soy muchas cosas que no he elegido. ¿Tienes idea de la cantidad de mierda que le dicen a SJ cuando lo ven con Fred? Ya somos los chicos raros, con familia rara. De repente han pasado de ser primos a ser pareja... yo solo quiero pasar desapercibido por una vez.

Remus se levantó y se sentó en el brazo de su sillón. Le pasó el brazo por los hombros y lo acercó a él.

— Hijo, lo siento. Siento que las decisiones de los adultos las paguéis vosotros.

— No es eso, papá. Solo quiero sentirme un poco normal. Quiero salir con chicas y no sentirme mal por Scorpius.

— ¿Y por qué no lo haces? Nada te impide tener citas.

— Porque le voy a hacer daño.

Lo atrajo más fuerte hacia él. Entendía la pelea que tenía Louise consigo mismo, pero no tenía una solución para darle.

— Quizá debas hablarlo con él.

==0==

Una tarde de las vacaciones de Navidad, Scorpius llegó llorando a casa. Harry lo vio pasar como una exhalación por el salón, secándose las lágrimas a manotazos directo a su habitación.

— Scorp —le dijo, golpeando la puerta con los nudillos—, ¿puedo entrar?

Asumió el silencio como un sí y abrió la puerta despacio. Scorpius estaba sentado en el banco bajo la ventana y contemplaba la nieve mientras trataba de dejar de llorar.

— Ey, pequeño, ¿qué ocurre? —le preguntó con suavidad, acercándose hasta ponerle las manos en los hombros.

La cabeza rubia se apoyó en su estómago, con los ojos cerrados.

— Louis quiere salir con otras personas.

A Harry se le estrujó el corazón por su niño. Decir que Scorpius adoraba el suelo que pisaba Louis se quedaba corto.

— ¿Te había hecho alguna promesa?

— No —sollozó—. Pero...

— Cariño, Louis ha sido honesto contigo. Es un asco, pero ha actuado correctamente.

— Pero... —carraspeó— pero, ¿por qué quiere salir con otras personas? sé que soy su persona, Harry, lo sé.

Lo abrazó más fuerte, con un suspiro. Draco iba a subirse por las paredes, no quería estar en el lugar de Dora en ese momento.

==0==

Tres citas duró el propósito de Louis de salir con chicas. Tres salidas a Hogsmeade, tratando de evitar las miradas de reproche de Scorpius. Y las de SJ, que sorprendentemente se posicionó totalmente de parte de Scorpius en toda esa historia.

La tercera chica fue bastante directa y le besó en cuanto se sentaron a tomar un zumo en Las tres escobas. Y no se sintió bien, no se sintió correcto. Al volver a la escuela buscó a Fred, deseando encontrarlo despegado por un momento de su hermano. Por suerte, SJ estaba castigado y su novio mataba el tiempo en la sala común con un libro.

— Ey, primo, ¿qué pasa? —le preguntó cuando se dejó caer junto a él en el sofá—. ¿No habías quedado?

— ¿Cómo llevas tu saber que es el lobo dentro de SJ el que te ha elegido y no él mismo?

Las cejas pelirrojas se fruncieron. Dejó el libro a un lado y, serio por una vez, se inclinó hacia él.

— Eso es una estupidez. Te aseguro que cuando tu hermano me besa no hay lobo a la vista, es completamente él. Sirius es mi persona, Lou, todo entero, y trato de aprovechar cada minuto con él. Repetiría curso por no pasar el año que viene separados, pero mi madre seguramente me mataría —bromeó por fin—. Ve a buscar a Scorp, estará en la biblioteca. Sé que no ha ido a Hogsmeade por no verte haciendo el tonto con esa Ravenclaw.

— ¿Y qué le digo?

— Dile la verdad. Suele funcionar bien —respondió su primo, tomando de nuevo el libro.

No le hizo caso. Subió al dormitorio y se metió en la ducha. Apoyado contra la pared, cerró los ojos y pensó en el beso que le había dado Juliette. Nada, su cuerpo no respondía de ninguna manera. Su veela estaba molesta con él y se enroscaba dormida en el fondo de su conciencia. Era su humanidad la que estaba tomando decisiones nefastas.

No podía ir ahora a buscar a Scorpius y decirle que había cambiado de opinión. Era injusto para los dos. Sería coherente con su decisión.

Coherente, se dijo a sí mismo al salir de la ducha. Coherente, al salir de la habitación para ir a cenar. Coherente, mientras saludaba gente de camino al comedor.

Coherente le duró hasta llegar al vestíbulo inferior y encontrarse a Scorpius siendo arrinconado y besado por otro Slytherin. Su veela levantó la cabeza, pero la reacción fue completamente de su humano. Así, por primera vez en seis años de escuela, acabó en el despacho de la directora con los nudillos desollados y una bronca impresionante por golpear duramente a un compañero.

La bronca de McGonagall se quedó pequeña cuando salió del despacho y se encontró a Scorpius esperándole en el pasillo. Lo primero que recibió fue un puñetazo. Y después un montón de reproches.

— ¿En qué estabas pensando, Weasley? ¡No tienes derecho a golpear a la gente de esa manera!

Su mal genio, que dejaba ver poco, acabó por salir a la luz, impulsado por su veela, que estaba disfrutando de la situación.

— ¿Y qué hacías tú besándote con ese a la vista de todos?

Scorpius apretó la mandíbula y le golpeó el pecho con un dedo.

— Lo mismo que tú esta tarde en Hogsmeade. ¿O es que el único con derecho aquí a salir con otros eres tú?

— Scorp, yo... —balbuceó, levantando las manos en signo de rendición.

— No, Louis. Elegiste, ahora sé coherente y déjame en paz.

Y Scorpius se alejó, dejando tras de sí un intenso olor a tristeza.

Por si no tenía bastante, al día siguiente, al acabar la clase de Defensa, el profesor le indicó que le esperaba en su despacho cuando finalizara las clases del día. Entró cabizbajo, esperando otra reprimenda, y se encontró a su padre sentado junto al fuego con Draco. Gimió por dentro, las cosas ya no podían ir peor.

— Siéntate, Louis —le indicó Remus, señalando una silla.

— Yo...

— No estamos aquí para hablar de lo de ayer —interrumpió Draco.

— ¿Qué haces aquí entonces? —le pregunto el muchacho.

— He venido a reunirme con vuestro profesor de pociones, para preparar el seminario que doy todos los años a los alumnos de EXTASIS.

Remus miró del uno al otro antes de empezar a hablar con calma.

— Louis, en realidad nosotros queremos hablar contigo de la situación con Scorpius a partir de ahora.

— Quiero que te mantengas alejado de mi hijo —soltó por fin Draco, descubriendo sus intenciones.

El muchacho dio un brinco en su silla y miró a su tío consternado.

— Tío Draco...

— Hijo —intervino su padre—, no es un castigo. En este momento me planteo si he leído mal todos estos años y el lazo que te une a Scorpius es meramente filial.

— ¿Qué? —preguntó asustado.

— Eso le daría sentido a todo este lío. Por eso es momento de que os distanciéis un poco y cada uno elija su camino.

— Yo no... —tartamudeó— yo no quiero alejarme de Scorpius.

— Ya lo has hecho, Louis —le recordó Remus tratando de ser empático pero realista—. Si el vínculo que os une fuera fuerte, no podrías haber tomado la decisión de alejarte.

— Ted lo ha hecho.

— La situación de Ted es distinta y lo sabes. No es su elección alejarse de Rose. Le está dando tiempo para crecer y elegirle libremente; si no lo hace, él tendrá que seguir con su vida.

— Entonces haré lo mismo, le daré a Scorpius espacio.

— Lou, los sentimientos de mi hijo son transparentes —insistió Draco, inclinándose hacia delante—. Cuando esta Navidad le dijiste que querías salir con otras personas, le destrozaste. Al final, cuando ya casi se dormía ese día nos dijo "Yo solo quiero que Louis me mire como se miran sus padres o como os miráis vosotros". No puedes jugar con eso.

— ¡Yo no estoy jugando! —protestó antes de girarse a su padre con la voz quebrada—. Me dijiste que tenía derecho a tener citas mientras fuera honrado.

— Y es cierto hijo, pero eso me dice que en el fondo Scorpius no es para ti lo que tú eres para él. Y le debes el respeto de alejarte.

Los dos adultos vieron salir silenciosamente al muchacho, cabizbajo.

— ¿Estás seguro de esto, Remus? —preguntó Draco con un tono mucho más blando y preocupado.

— Lo hablé con Fleur, anoche. En realidad lo hablamos los cuatro, porque es algo que nos afecta bastante —le confesó mientras se levantaba y se acercaba al juego de té que había sobre su mesa.

— Yo solo quiero que Scorpius esté bien.

— Louise necesita tiempo para reconciliarse con todo lo que está sintiendo. Creemos que ver a SJ con Fred le ha desconcertado porque él no es de sentir cosas tan desmedidas.

Le tendió al rubio una taza de té mientras se sentaba frente a él.

— ¿De verdad se declaró en medio del comedor? —preguntó Draco con una media sonrisa, el ahijado de Harry siempre había sido el más original de todos sus sobrinos.

— Delante de toda la escuela, se levantó mientras comíamos, en un momento bastante silencioso, enganchó a Fred del jersey, lo puso de pie y le informó de que estaba enamorado de él y no iba a dejarlo pasar más. Y le besó, creí que a Minerva le daba una apoplejía.

Draco no pudo evitar reír, la escena era cuanto menos divertida.

— De todas formas lo de la pelea nos aclara cosas —continuó Remus—. La única manera de proteger a Scorpius ahora es evitar que Louis pueda acercarse cada día con una idea distinta a él.

Los ojos grises le miraron serios y penetrantes.

— Gracias por esto, Remus.

El lobo sonrió.

— De un modo u otro somos familia, y nosotros cuidamos de los nuestros, ya lo sabes.

==0==

Aguantó a base de disciplina, porque no quería defraudar más a sus padres, ni a Scorpius. Comenzó a pasar más tiempo a solas en la biblioteca o en su habitación, porque era más fácil si no se encontraba a todas horas con Scorpius o con SJ y Fred.

Cuando se bajó del tren en junio, se encontró de frente con Draco, que le saludó con respeto con una inclinación de cabeza, y unos metros más allá con su madre Fleur. Las cejas rubias de su madre se fruncieron al verle.

— Has perdido peso.

No le contestó, se dejó abrazar mientras su hermano se acercaba también, todavía cogido de la mano de Fred. Su madre lanzó una mirada fiera por encima de su hombro a Draco, que abrazaba también a su hijo.

Esa noche le sorprendió que cuando bajó a cenar le estaban esperando sus padres, sus hermanas, SJ y Ted. Recibió abrazos de todos, especialmente de su hermano mayor, al que no había visto desde Navidad. Mamá Dora le cogió del mentón y le observó con el ceño fruncido también antes de abrazarle.

La cena transcurrió como siempre, conversaciones cruzadas y un poco de ruido. Estuvo poniéndose al día con sus hermanas. Victoire estaba estudiando en París, arquitectura mágica, y Dominique estaba en su primer año de la carrera de rompedora de maldiciones. Teddy escuchaba con paciencia las aventuras de SJ y sus numerosas quejas sobre castigos, riendo cuando Remus intervenía para matizar. Dora y Fleur hablaban en voz baja, echándole miradas de reojo a Louis, mientras Bill los observaba con una sonrisa, feliz de tenerlos a todos reunidos, como su madre cuando se juntaban los domingos de verano toda la familia.

— ¿Soy la única que se ha fijado en que Lou ha perdido peso? —comentó Fleur en voz alta por fin a la hora del postre.

— Ha estado saltándose cenas —le acusó SJ.

— No seas acusica —le riñó Ted, dándole una colleja.

— Hijo, ¿quieres hablar de lo que ocurre? —intervino Remus.

— No ocurre nada, papá —contestó, con un filo de enojo en la voz—. Solo he hecho lo que me pedisteis.

— Nosotras no sabemos de qué va esto —intervino Dominique.

Bill carraspeó y habló por primera vez en toda la cena.

— Louis durante este año ha decidido que quería salir con otras personas que no fueran Scorpius.

— Cuando lo decís así suena fatal. —Se cruzó de brazos con fuerza y miró a los adultos de la mesa con el ceño fruncido— Lo siento, mi parte humana quiere ser eso, humana y poder elegir. Me estáis tratando como si fuera un traidor a la familia y cuando he querido recular y arreglar las cosas con Scorpius, me pedisteis que me mantuviera lejos.

Victoire miró a sus padres sorprendida y luego de vuelta a su hermano.

— ¿Qué es lo que querrías ahora? Entiendo que esto dura ya unos meses y has tenido tiempo para pensarlo.

Louis cerró los ojos y se frotó la frente con la punta de los dedos.

— No lo sé. Hace tres meses que no hablo con Scorpius. Y no sé si es por eso que le hecho tanto de menos. No sé si echo de menos a mi amigo, a mi primo o a mi compañero, si esperabais que alejarme lo aclarara, lo siento pero no, papá Remus.

— ¿Has salido con otras personas? —insistió su hermana mayor.

— Al principio sí. No funcionó.

— Y le dio una paliza al primero que intentó acercarse a Scorpius.

Sus hermanas le miraron sorprendidas, él siempre había sido el más tranquilo de todos.

— ¿Y aún así le pedisteis que se mantuviera lejos de él?

— Los dos necesitan valorar sus opciones —respondió tranquilo Remus a pesar de las miradas acusadoras que estaba recibiendo.

— ¿Scorpius ha salido con alguien en este tiempo? —preguntó Ted a SJ.

— No. Y anda mustio y ojeroso.

Louise se giró a mirar a su hermano menor con el ceño fruncido.

— No me has dicho nada de eso cuando te he preguntado estos meses.

— ¿Para qué iba a decírtelo? Nos has evitado como la peste a los dos todo el trimestre.

— Hijo, vivir encerrado no va a ayudarte a aclarar tus ideas. Tienes que hacer vida normal —le recomendó Bill.

— ¡No puedo hacer vida normal con mi hermano dándose el lote en cada esquina mientras Scorpius me mira con ojos de reproche!

Dora se levantó de la mesa y caminó hasta su hijo. Lo tomó de la mano y se lo llevó a la cocina.

— Olvídate de todo esto, Louis. Cierra los ojos y dime: qué es lo que más valoras en tu vida.

— Mi familia —murmuró tras una pausa.

— ¿Qué quieres del futuro?

— Estudiar medimagia.

— ¿Y qué más?

— Que alguien me mire como os miráis vosotros.

Dora se quedó un momento en silencio, sonriendo orgullosa.

— ¿Existe ese alguien? —le preguntó con suavidad, sujetándole de las manos.

— Él ya me mira como si fuera un tesoro. O lo hacía. —Los ojos azules se abrieron y estaban llenos de lágrimas— Mamá... ¿y si lo he perdido?

— Cariño...

Lo abrazó fuerte.

— Vamos —le dijo tomándole de la mano.

El muchacho se quedó clavado en el suelo.

— ¿A dónde?

— A que salgas de dudas.

Negó con la cabeza, pero Dora tiró igualmente de él para salir al salón. Cuando Louis quiso volver a protestar, ya estaba dentro de la chimenea.

Salieron de la chimenea y lo primero que se encontraron fue a Harry sentado en el sofá con Scorpius tumbado con la cabeza en su regazo. El rubio se incorporó bruscamente al ver salir a Louis.

— ¿Va todo bien, Dora? —preguntó Harry con el ceño fruncido.

— Hablemos en la cocina. ¿Draco está ahí?

Harry miró a Louis con su cara más seria de jefe de aurores. Y luego miró a Scorpius, que tenía los ojos fijos en el pelirrojo también.

— ¿Scorp?

— Está bien, Harry.

Los dos adultos se marcharon. Louis se quedó de pie, absorbiendo los cambios en Scorpius en los últimos meses. Había crecido, estaba más delgado y tenía ojeras.

— ¿Qué ocurre Louis? —le preguntó con voz más grave de lo que recordaba.

— ¿Es demasiado tarde?

Los ojos grises lo escanearon un momento, examinando su aspecto y sus manos temblorosas.

— ¿Para qué?

— Para qué vuelvas a ser tú. Que seamos tú y yo como hemos sido siempre.

Scorpius negó con la cabeza y Louis sintió que se le apretaba el pecho.

— No se puede volver atrás y borrar los últimos meses.

— No quiero perderte —murmuró con voz rota y los puños apretados.

El rubio se levantó y se acercó.

— Lou, no vas a perderme. Solo necesitamos darnos un lugar.

Se lo dijo con voz firme, pero los ojos le delataban, era la misma mirada implorante que cuando era niños y le pedía que jugara con él.

Louis estiró la mano, lo tomó de la muñeca y con cuidado tiró hasta acercarle a él. Y lo abrazó, sintiendo que recuperaba una parte de sí mismo.

— Sea cual sea ese lugar, es así de cerca, Scorp. Como familia, como amigo o como lo que quieras darme, pero cerca.

— Yo siempre he querido dártelo todo, eres tú el que ha necesitado procesar —le respondió, apretándose más contra él.

Así los encontraron unos minutos después Dora, Harry y Draco, estrechamente abrazados, en silencio.

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Verano 2023

Louis observó a Scorpius recoger su diploma con una bola de orgullo calentándole el pecho. Había costado, le había costado a él conciliar todo lo que sentía a partir del abrazo en el que se habían reencontrado.

El curso siguiente, su último curso, empezó a entender las palabras de Fred al decirle que se le hacía duro saber que pasaría un año separado de SJ. Comenzó a buscar la manera de pasar más tiempo juntos, normalmente con la excusa de estudiar. Scorpius simplemente sonreía y aceptaba.

Disfrutaron de su mutua compañía durante el curso, hasta su propia graduación. Ese día sintió muchas cosas, la pena de despedirse de su infancia arropada por la escuela, la intranquilidad por saber si sus exámenes habrían sido lo suficientemente buenos como para entrar en la escuela de sanadores y el saber que no seguiría viendo a Scorpius a diario.

Sus padres acudieron a la graduación llenos de orgullo. Y la directora con alivio, los Weasley que quedaban en la escuela eran los tranquilos, por fin se había librado de ese cuarteto que era un cruce entre los merodeadores y los gemelos Weasley.

Le sorprendió la presencia entre las "autoridades" que el colegio invitaba de Harry como jefe de aurores, era la primera vez. Pensó que se trataba de SJ, a fin de cuentas era su ahijado. Pero lo vio, vio el orgullo en la cara morena cuando él mismo recogió su diploma, recordándole que eran familia de muchas maneras.

Al bajar del escenario recibió muchos abrazos, pero el más apretado fue el de Scorpius. Y el más largo.

— Es absurdo, pero siento que ya te echo de menos —le susurró al oído.

— No es absurdo —le respondió, apretándolo más contra él.

— Quiero besarte, Lou. Quiero hacerlo desde hace tanto tiempo que...

No le dejó acabar, le besó, allí, en medio de su familia.

— ¿Se puede estar más cerca? —le preguntó al cabo de un minuto, sin despegarse todavía, inmunes a los ojos que les observaban.

— Creo que en público no —le contestó Scorpius con una risita.

Louis se separó, con una gran sonrisa, pero sin soltar su mano.

Un año después, en el mismo lugar, el beso fue aún más espectacular. Con Scorpius sentado en su regazo lo abrazó con tal fuerza que pensó que se fundirían.

— Te he echado de menos —le confesó, ignorando de nuevo las miradas y comentarios a su alrededor.

Scorpius le acarició la cara, los ojos grises llenos de cosas por decir. Se inclinó y le dio un segundo beso, más suave.

— Soy tu persona, Lou. No vas a librarte de mí nunca más.

Louis rió y escondió la cara en su cuello, absorbiendo su olor a casa.

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— ¿Nunca ha sido extraño llamar papá o mamá a dos personas? —preguntó Scorpius.

Estaban en el jardín de El Refugio, tumbados en el césped, Louis con la cabeza sobre el estómago de Scorpius, que le pasaba los dedos entre los mechones que se escapaban de la coleta que se había hecho un rato antes.

— Ha sido peor tener que explicarlo a gente que no quería entenderlo.

— Cuando éramos pequeños yo te envidiaba un poco. Porque tenías dos madres y yo no tenía ninguna —le confesó.

Louis tomó la mano que le acariciaba y dejó un beso en la palma, entrelazando después sus dedos.

— ¿Nunca has tenido ganas de llamar papá a Harry? —le preguntó de vuelta.

— En mi cabeza lo hacía cuando era más pequeño —confesó—. Soñaba con que se casara con mi padre y ser su hijo de verdad.

Le apretó la mano, Scorpius siempre había sido muy reacio a hablar de esas cosas.

— Eres su hijo, Harry te adora, cariño. Estoy seguro de que le haría feliz que le llamaras papá.

Scorp se quedó callado un rato.

— Nunca me habías llamado así.

Louis se incorporó y se sentó como un indio, tirando de él para que quedaran de frente.

— Te amo, Scorpius. Todo yo, sin parcelas.

La sonrisa fue de las grandes y luminosas, de esas con las que le recibía siempre antes. Y luego recibió un beso. Y otro. Y otro, hasta que la voz de Bill llamando a comer les hizo ponerse de pie.

Caminaron de la mano hasta la gran mesa dispuesta en el jardín para celebrar el cumpleaños de Harry. Toda la manada estaba presente, también la familia de Ginny y Luna, Charlie y Neville, que estaban en el país y se habían unido para celebrar también el cumpleaños de Neville, y la familia de George y Angelina.

El bullicio y la alegría eran fuertes, como el sol de final de julio. Comieron y bebieron, un montón de conversaciones cruzadas alrededor, los jóvenes poniéndose al día de sus vidas. Muchas preguntas a Teddy, que terminaba ese día sus vacaciones y debía volver a Irlanda a prepararse para su traslado, y a Charlie y Neville, que estaban considerando volver a Inglaterra para estar más cerca de la familia.

Al final de la comida, justo antes de la tarta, Draco se puso en pie, golpeando con cuidado su copa para pedir silencio.

— Si me permitís —comenzó mirando a los anfitriones— me gustaría decir unas palabras antes de tomarnos la tarta.

Remus sonrió e hizo un gesto con la mano, invitándole a hablar.

— En primer lugar, quiero daros a todos las gracias por estar hoy aquí. Me siento muy orgulloso de formar parte de esta familia, que nos acogió con los brazos abiertos a Scorpius y a mí hace ya quince años. Creo que hablo también por Neville, Luna, Angelina y Harry cuando digo esto, la generosidad de los Weasley es extraordinaria. Y la de nuestros anfitriones de hoy, que nos han abierto a todos nosotros las puertas de este hogar innumerables veces, haciéndonos partícipes del gran amor que se profesan.

Un aplauso le hizo detenerse. Los jóvenes aplaudieron con fuerza hacia los cuatro adultos de la manada, reafirmando las palabras de Draco. A nadie le pasó desapercibido que más de uno se secó una lágrima de emoción.

— Permitidme que os hable ahora del homenajeado —les dijo cuando se calmaron los aplausos, girándose hacia Harry, sentado al lado suyo—. Si me hubieran dicho el día que te conocí que acabarías siendo mi compañero de vida, me habría reído. Porque ya sabemos todos lo idiota que yo era entonces —se detuvo a tomar aire durante una carcajada por su expresión martirizada—. Por suerte, Scorpius llegó a mi vida y lo puso todo en su lugar. Ser padre me hizo ver cuáles eran las prioridades reales para una buena vida, y después llegaste tú. Te admiro, Harry. Admiro tus convicciones, tu lealtad y tu generosidad. Te amo, como amigo, como pareja y como el segundo padre que has sido para mi hijo. Te amo con tu desorden, tu falta de capacidad para combinar ropa o tu manía de cocinar como si fuéramos diez en casa en lugar de tres.

Paró para tomar aire de nuevo, aprovechando una segunda carcajada, porque tenía la sensación de que le iba a fallar la voz, sobre todo al ver a Harry sonreír mientras se secaba una lágrima traicionera.

— Supe que me estaba enamorando de ti una noche, cenando aquí. Recuerdo que estabas en una esquina del salón, con SJ sobre ti, escuchando los cuentos de Fleur como un niño más. Me llegó en ese momento todo lo que guardas dentro y pensé que debía agradecer a Dora su insistencia invitándonos a los dos a cenar cada semana.

Se paró a mirar a su prima, que sonreía mientras Angelina se levantaba y le abrazaba.

— Gracias, prima, cambiaste mi vida a muchos niveles y me reconciliaste con la palabra familia. La familia que he tenido en todos vosotros, la familia que creamos Harry y yo cuando fue valiente y asumió el reto de vivir con un hombre que tenía muy poca fe en el amor y un hijo. Hoy es tu cumpleaños —le tomó la mano—, me alegra poder decir que he estado presente en los últimos quince y que aspiro a hacerlo el resto de mi vida, pero el regalo quiero que me lo hagas tú a mí.

Todos se quedaron en silencio, mirándole confusos, salvo Scorpius, que apretó fuerte la mano de Louis bajo el mantel, con los ojos brillantes de emoción.

— Harry, mi Harry, mi amor, mi compañero de vida, quisiera que me regalaras un sí, y yo a cambio tengo un anillo y una propuesta...

Harry no aguantó más, no esperó a que se lo planteara, se puso de pie y dijo con voz empañada por la emoción un "Sí" que levantó una tormenta de aplausos mientras ellos se besaban, Draco aún con el anillo guardado en su puño.