Capítulo 2

¿OTRA VEZ TÚ?

Molesta, hizo a un lado aquel libro que no le servía para nada. Pero que aun así debía estudiar si no quería causarle un disgusto a su padre. Respiró y volvió a tomar el libro para releerlo y así entender de lo que se trataba. No solo tenía el examen en puerta, sino que debía prepararse para las próximas audiciones.

Alguien le sirvió otra taza de café y al levantar la mirada se encontró con la sonrisa radiante de Sofía. Quien ya se encontraba bien después de una semana de reposo.

― Te veo nerviosa― comentó su amiga.

Kagome suspiró y miró con tristeza a su amiga, quien tomaba asiento a su lado. Cada vez que venía a esta cafetería, se la pasaba sola, triste. No tenía muchas amigas a quienes contarle sus penas. Si, tenía a Sango y Ayame, pero ellas no eran sinceras, únicamente se la pasaban hablando de moda, compras, zapatos y maquillaje. Algo que a ella francamente no le interesaba. Después conoció está cafetería de manera accidental, le agradó el ambiente y cuando conoció a Sofí todo cambió. Era como si ambas se necesitaran mutuamente.

―Tengo un examen, no logro entender nada y por si fuera poco en dos semanas son las audiciones para el Cisne Negro.

Sofía esbozó una sonrisa al ver a su amiga, recargó una mano en la de ella y la miró fijamente. Estaba agradecida con Kagome por todo lo que había hecho sin recibir nada a cambio.

―Sé que te irá bien en las audiciones. Además, estaré ahí para darte ánimos.

Kagome asintió y le regresó la sonrisa.

― Además, ya sabes que hacer en cuanto a estudiar.

Kagome suspiró y negó con tristeza. Eso nunca iba a pasar.

―Sabes que no es fácil, Sofí. Mi padre es complicado, me desheredaría.

― ¿Y tienes miedo de eso? ― inquirió astuta ― ¿Quedarte sin dinero y verte obligada a trabajar?

Ella se mordió el labio ante aquel cuestionamiento. Su amiga tenía una vida complicada, ella trabajaba para sobrevivir, mientras que, en cambio, solo recibía cada quincena una mensualidad por parte de la empresa de su padre.

―No tengo miedo a eso ― respondió ― Sino a decepcionarlo.

―Kagome, tu sueño es ser bailarina profesional. No dejes eso truncado solo porque tu padre desea verte tomar las riendas de su empresa. Debes tomar decisiones por ti misma y no que los demás las hagan por ti.

Asintió ante tal consejo, Sofía tuvo que retirarse debido a que un cliente clamaba sus atenciones. De nueva cuenta se concentró en su estudio y como debía resolver una maldita formula que no encajaba.

Alguien ocupó un lugar después del de ella, si darse cuenta de que un par de ojos dorados la miraban intensamente de tras de unas gafas de sol.

―Así que la señorita mal educada estudia. Eso es nuevo.

Kagome frunció el cejo y levantó lentamente la cabeza. Si esperaba no volver a ver al jefe de su amiga, estaba rotundamente equivocada. En un principio deseó contestarle, pero ya se había denigrado mucho en el hospital. Lo mejor sería ignorarlo y concentrarse en sus libros. Después de todo faltaba media hora para entrar a las clases de ballet y solo estaba a la vuelta de la esquina.

―Hice un comentario. Al menos responder.

―No tengo porque responder a su insolencia, señor arrogante.

―Aquí la insolente es usted.

―Y usted es un majadero.

―Y usted una señorita sin educación.

No sabía por qué, pero le agradaba hacer enfadar a esa señorita con cero educación. Ese leve cejo fruncido en si frente la hacía ver más simpática. Simpática, más no bella como para tentarlo a algo más.

Sofía se acercó y no supo que hacer. Era raro ver a su jefe por este lugar, de hecho, él nunca tomaba café en lugares públicos. Mas bien mandaba a alguien en lugar de ir él.

― ¿Qué hace aquí señor Taisho?

―Viene a ver como estabas.

Era mentira, había estado pasando toda la maldita semana por este lugar para ver si encontraba a la señorita mal educada y por fin, hoy, ella había aparecido en ese establecimiento. No lo pensó ni dos veces para acercarse y por qué no, molestarla un poco.

―Que considerado es usted.

―Si sigues mal, puedes tomarte esta semana.

―No ― se apresuró a decir ella, y hablando en un tono más bajito para que Kagome no escuchara, dijo ― Lo veo jueves.

Ni siquiera deseaba saber de lo que estaban hablando. Francamente no le interesaba, después de todo ese hombre había logrado sacarla de sus cabales. Si fuera por ella ya tendría una daga en su yugular

Pero estar discutiendo con el señor arrogante olvidó por completo la hora que era. Faltaba poco para que las clases de ballet iniciarán, así que de levantó de golpe y comenzó a guardar todo lo que tenía sobre la mesa, lo metió en la mesa y dejó una cuantiosa propina para Sofía.

Se despidió de ella, quien seguía hablando con su insoportable jefe. A él, no siquiera se dignó a verlo. Estaba contra reloj y Madame Béatrice era una mujer muy rígida en cuanto a la asistencia. Con poco de suerte llegaría a tiempo para cambiarse da ropa.

Xxx

Inuyasha se recargó en el respaldo de la silla y contempló la mesa donde la señorita había estado estudiando. Pero frunció el cejo al ver un libro sobre la sema. Se puso de pie para acercarse y tomarlo de las manos. Lo hojeó hasta llegar a la última página donde ella estaba estudiando. Había varias anotaciones varios borrones. Lo volvió a dejar en la mesa, tomó una servilleta y escribió algo sobre ella para dejarlo entre las páginas del libro.

Sofí se paró a un lado de él con un trapo y un rociador.

―Es el libro de Kagome. ― comentó ― Y mañana tiene un examen importante.

― ¿Puedes llevárselo?

―No, aún no es mi hora de descanso.

Entonces miró a su jefe y una idea atravesó por su mente.

―Pero ¿Podría llevárselo usted?

―Sofí no me hables en ese modo tan formal ― Pidió ― Además, dudo que a tu amiga le sea agradable verme con su libro.

―Kagome no es así. Ella ahorita está en sus clases de ballet y la verdad va a ocupar ese libro.

¿Ballet? De la nada comenzaba a saber cosas de una niña que ni le interesaba. Es más, hasta estaba cien por ciento seguro que era virgen y con una virgen no se metía.

― ¿Y si su novio me ve entregándole esto? ― insistió de nuevo.

Sofía se encogió de hombros. Algo le decía que había atracción entre su jefe y Kagome. Seguramente una ayudadita no vendría mal. Además, preferible verlo a lado de ella en lugar de la odiosa u vulgar Ruby.

―No te preocupes por eso, jefe. Kagome no tiene novio.

Alzó una ceja ante aquella respuesta. Bien, no le importaba si esa chiquilla tuviera novio. Dejaría el libro a su dueña y no esperaba gratificación por ello. A pesar de que era martes y el club abría a partir del jueves, ese día en particular Ruby lo había invitado a cenar en su departamento. No pudo negarse a ello, esa mujer podía tentar al mismos diablo. Miroku le advertía mil veces que tuviera cuidado con ella, solo sería una aventura leve ya cuando se cansara de ella terminaría con ello.

Solo dejaría el libro y se iría directo al departamento de Ruby.

Suspiró y asintió.

―De acuerdo. Pásame esa dirección.

Sofía asintió con una sonrisa y tomando otra servilleta de la mesa, apuntó la dirección de la academia donde Kagome practicaba por las tardes.

Xxx

Sacó una toallita de algodón de su bolso deportivo, estaba agitada de tanto ensayar esa tarde. Bebió un poco de su botella de agua, descansaría cinco minutos como máximo y después continuaría. Solo estaba ella en esa sala, no porque lo deseara, sino porque así lo había dispuesto madame Beatrice. Faltaba poco para la convocatoria y quien ganara se quedaba con el papel del Cisne Negro. Se había estado preparando toda su vida para esto y no deseaba perderlo. Si con eso ganaba el odio, rencor e incluso que su padre la desterrara de su vida, no importaba.

La puerta se abrió y entró la mujer en cuestión, Kagome se paró de inmediato a recibirla.

― ¿Descansando?

―Solo unos minutos― se apresuró a decir.

―Tranquila ― recargo una palma en el hombro de la joven ― Estoy segura de que harás un gran papel en las audiciones. De eso no me cabe la menor duda. Pero también deberías descansar un poco. Has dado mucho por esto que temo por tu salud. No te exijas más de lo que puedes dar ¿De acuerdo?

Kagome asintió con una sonrisa.

―Le prometo cuidarme más. Daré todo lo que tengo por ganarme ese papel.

La mujer, una mujer de mediana edad, de cabello corto y canoso esbozó una sonrisa

―Estoy segura de que así será.

Avanzó hacia la salida para dejar que Kagome siguiera con su ensayo, pero antes de salir, se detuvo en la puerta y la miró por última vez

―Y por favor, preséntame a tu novio. Ya conozco a la mayoría de los novios de las demás alumnas. Menos al tuyo.

Kagome sonrió débilmente. No tenía tiempo ni para ir al cine ella sola, menos tenía tiempo para un novio. Además, no conocía chicos interesantes. Incluso sus compañeros de universidad y quienes eran de la misma edad, eran unos auténticos estúpidos. Sus principales metas en la vida era terminar la maldita carrera de Administración y seguir con su habitual rutina de baile. Ya si no podía seguir ocultándolo por más tiempo, bueno, tendría que ser sincera con sus padres sobre cuales eran en realidad sus sueños.

Por esos motivos no podía darse el lujo de una relación. Aunque su padre le insistía en que saliera con el hijo de su socio. No deseaba, era como si toda su vida se la estuviera resolviendo él sin preguntarle qué era lo que realmente deseaba.

Se puso de pie y contempló por única ocasión su reflejo en aquel espejo que abarcaba toda una pared entera. Sus ojos chocolate parecían más cansado de lo normal. Tal y como le había sugerido la directora, necesitaba descansar un poco más. Pero eso lo haría después de las audiciones.

Así que de nueva cuenta reprodujo la canción con la cual estaba ensayando directo de su móvil y esa comenzó a escucharse en una bocina vía Bluetooth.

Xxx

Frunció el cejo, le daba una extraña impresión que todas aquellas niñas se le quedaban mirando como si fuese un actor de cine cotizado. Miró su atuendo, no estaba mal. Pantalón azul marino de vestir, camisa blanca y mocasines marrones. No estaba mal.

Le tuvo que mentir a la señorita de recepción, mintiendo sobre el parentesco que tenía con la mujer a la cual había ido a ver. Fingió ser el novio de la señorita cero sin educación llamada Kagome Higurashi.

¿Cómo había averiguado su nombre completo?

No la buscó en ninguna red social, no, para su suerte la señorita había escrito su nombre en el libro que dejó en la cafetería.

¿Aún llevan libros? ¿Hay personas que escriben su nombre completo en un libro? Digo, si eres lo suficientemente responsable y más en un nivel académicamente avanzado, no tendría por qué extraviarse un libro. Pero en este caso, agradecía que la señorita hubiese escrito su nombre.

Tenía bonita letra. Si algo se fijaba en una mujer, era precisamente en eso, en su tipo de letra, sus ojos y su sonrisa. De las cuales ya conocía dos de la señorita Kagome Higurashi. Solo le faltaba verla sonreír. Cosa que no le interesaba, de todos modos, no le importaba involucrarse con niñas mimadas, carentes de educación y descuidadas como ella.

La puerta se abrió y entro una mujer alta, bueno, no tan alta que él. En cuanto la vio se puso de inmediato de pie y la saludó.

― ¿Se le ofrece algo, caballero?

Habló en un acento afrancesado.

―…

―El caballero es novio de Kagome. Viene a verla.

Se había anticipado la recepcionista. Y como ocurrió con las demás que pasaban por ahí, la mujer se le quedó mirando como si fuese un adonis.

―Creí que Kagome no tenía novio ― era verdad, hace un momento estaba con ella y no le había desmentido eso.

―Quise darle una sorpresa a mi preciosa Kagome ― fingió una sonrisa ― Hemos estado distanciados por motivo de mi trabajo.

La mujer reparó en el libro que tenía en la mano, pero aun así no le dio importancia y asintió.

―Bien, sígame, señor…

―Taisho, Inuyasha Taisho.

―Perfecto señor Taisho. Le indico donde está su novia.

Mientras se dejaba guiar por esa mujer, aquel corredor era un desfile inmenso de bailarinas. Desde niñas de cinco años hasta más adultas. Unas estaban descansando en los pasillos de los salones de danza y al verlo le regalaron una sonrisa. Pero al ver a la directora de la academia optaron una postura más rígida regresando así, a sus rutinas.

― ¿Desde hace cuánto conoce a Kagome?

Bueno, decirle que la conocía desde hace varios días no sería demasiado creíble, debía improvisar.

―Hace unos meses. ― respondió ― Tenemos una amiga en común quien nos presentó y ahí surgió el flechazo entre los dos ― añadió.

Pero la directora parecía no muy convencida con su relato porque lo miraba con una ceja arqueada. Aunque era verdad, sino fuera por Sofía nunca se hubiese topado con una mujer de carácter fuerte.

―Es extraño. Ella nunca ha traído novio a la academia y mucho menos lo menciona.

―Es porque somos reservados en cuanto a nuestra relación.

Debía ganar un Oscar por esa actuación, porque hasta él mismo se escuchaba creíble. Claro, en cuanto esa señorita sin educación la viera, probablemente terminaría por derrocar aquella mentira.

Llegaron al último salón, donde ya había un poco más de una docena de alumnas todas ellas de distintas edades. Mientras contemplaban a la mujer que efectuaba su rutina de baile.

Con el cejo fruncido miró a todas esas mocosas, pero después, esa expresión fue remplazada por una boca abierta.

Ahí, en ese salón estaba ella. Llevaba unos leggins negros junto con un top del mismo color y unas zapatillas en color rosa claro. Parecía sumergida a la música que escuchaba sobre esos audífonos inalámbricos siendo completamente ajena a todos los pares de ojos que la observaban. Era como si estuviera en otro lugar menos aquí.

Se movía con gracia, arqueaba su espalda, levantaba sus pies al aire para caer con elegancia sobre uno. Era como ver a un ángel bailar sobre un campo de nieve.

Nada tenía que ver con las bailarinas que trabajaban en el club nudista, ellas lo hacían consensualidad.

Ella, por lo contrario, lo hacía mesclando muchas cosas, sensualidad, elegancia, belleza, pasión. Todo eso enfocado en unos cuantos pasos de baile que lo habían dejado exhorto.

―Kagome va a ganar las próximas audiciones ― escuchó hablar a una niña de diez años.

―Es mejor que Agatha. ― comentó su compañera.

―Cuando tenga su edad quisiera ser como ella.

La directora sonrió al escuchar esos halagos hacía su alumna más brillante.

―Para eso deben ser igual de dedicadas en lo que hacen ― miró a Kagome ― Tal y como ella lo es.

Dejó escapar un suspiro cuando la música terminó, había estado conteniendo el aliento en los últimos segundos. Solo cuando volvió apagar el reproductor, escuchó unos aplausos provenientes de afuera. Miró con una sonrisa a las alumnas más jóvenes de la academia, pero después esa sonrisa se borró de sus labios al ver al hombre alto y de cabello plateado que estaba detrás de ellas., acompañado ni nada más ni nada menos que madame Beatrice.

Ambos entraron a la sala, la directora parecía más feliz que hace algunos minutos, no sé porque, pero tenía la impresión de que algo tenía que ver el señor arrogante. Cruzándose de brazos lo miró con el cejo fruncido.

―Kagome, tu novio vino a verte.

Abrió la boca y después la cerró.

¿Qué hacía aquí y por qué se presentaba como su maldito novio?

La única persona que sabía la dirección de la academia era precisamente Sofia. Incluso, si le llegaba pasar algo dentro de la academia, era el único contacto en su lista a la cual debían informar. No a su padre ni mucho menos a su madre.

― ¿Mi novio? ― repitió apretando los labios en una fina línea.

―Preciosa ― él abrió los brazos, esperando a que ella acudiera a él y abrazarla― Se te olvido tu libro en mi cama, así que decidí traerlo.

Ante ese comentario se puso de muchas tonalidades distintas habidas por haber, sabía que la estaba retando por aquella babosa sonrisa. ¿Qué iba a pensar su directora? ¿Qué era una promiscua que tenía sexo mientras estudiaba?

―Pero...

―Bueno ― interrumpió acalorada la directora ― Yo los dejo.

Kagome tuvo que controlarse para no decir nada delante de su directora y eso le resultó muy difícil. Solo cuando estuvieron solos, llenó sus pulmones de aire y sacó todo el veneno destinado para él.

―Con un demonio. ¿Quién carajos se cree para decir esa mentira?

Estaba furiosa, no más que furiosa. No solo por el hecho de que invadiera su privacidad, sino que le hubiese dado a entender a Beatrice que era una promiscua que estudiaba y tenía sexo al mismo tiempo con su novio.

―Oye ― Inuyasha se apartó un poco, por seguridad ― Me preguntaron por un parentesco y no tuve más remedio que decir que era su novio. Además, Sofía estaba muy preocupada. Dejó el libro en la cafetería y explicó que tenía un examen mañana.

Kagome le arrebató el libro y en ningún momento se decidió hablar, así que solo esperaba a que se fuera.

―Pudo dejarlo con la recepcionista.

―Esa mujer no me dio confianza. – y era verdad, después de la forma en como lo miraba.

― ¿Pero si para mentirle sobre nuestro parentesco?

Comenzaba a divertirse, esa chica explotaba con tanta facilidad que incluso se llegó a preguntar cómo sería realmente en la cama.

No, negó para sí mismo. Recuerda que cero vírgenes.

―Bien, ya tengo el libro ― se lo mostró ― Gracias por el detalle, ahora puede irse a casa "no―vio"

Pero él no quería irse tan rápido, así que mejor fue a una silla, se sentó del lado contrario y recargó sus brazos en el respaldo, mientras se disponía para ver a aquella mujer bailar de nuevo.

― ¿Y arriesgarme a que madame Beatrice nos descubra? ― chistó mientras negaba ― La acompaño hasta el final, novia.

No podía ser cierto, lo que le faltaba. De todos los hombres habidos y por haber, había llegado un hombre completamente arrogante clamando ser su novio. Y por lo que veía madame Beatrice había sido deslumbrada por esa sonrisa de idiota que se cargaba. Habría preferido reprobar la materia, aunque si se hubiese dado cuanto del extravió de su libro, lo habría descargado de internet. Total, nadie se moría por algo.

―Bueno ― dijo sin más ― No se vaya a aburrir.

Él le regaló una espléndida sonrisa, pero llena de sarcasmo.

―Tenga por seguro que no.

Volvió a reproducir "Someone You Loved" de Lewis Capaldi y de nueva cuenta resonó en todo el salón. Inuyasha contempló como la expresión de la joven cambió cuando ocupaba el centro de la pista.

Parecía que él no existía en esa sala y la única persona que estaba era ella y la música. Realmente esa mujer daba todo por un simple baile. Por eso el día que la vio en el hospital tenía unas piernas tonificadas y las curvas de su cuerpo estaban perfectas. De hecho, esa mujer era prefecta, lástima que tuviese un carácter de los mil demonios.

Observaba con admiración cada movimiento, cada giro de su cuerpo, la forma en como arqueaba la espalda, mientras levantaba un pie detrás de su espalda y lo sostenía en una mano. Era como ver un ángel bailando bajo la nieve y no pudo evitar tener pensamientos eróticos que poco tenían que ver con el baile.

Sintió como vibraba su móvil bajo el bolsillo de su pantalón y eso le molestó en niveles que no imaginó, que lo interrumpirán de esa manera mientras contemplaba a esa mujer bailar. Frunció el cejo, no tenía que revisar el móvil para saber de quien se trataba.

Efectivamente, se trataba de Ruby, preguntándole a qué hora iba a llegar, alzó una delgada ceja al ver la foto sugerente que ella le había enviado. Estaba sobre la mesa de cristal, mostrando una lencería de encaje blanco, mientras lanzaba un beso al aire.

La foto iba acompañada por una leyenda que decía "Mira lo que te espera. Por favor, no tardes"

Aclaró su garganta, pero cuando estaba a punto de contestar, alguien le arrebató el móvil. Miró y era Kagome, quien si ver el mensaje apagó el móvil y lo guardó en su mochila.

―Está prohibido usar el móvil mientras uno ensaya, novio.

―Usted está usando el tuyo, novia.

Kagome se encogió de hombros.

―Solo lo uso para ensayar, no para mandar mensajes.

Inuyasha se cruzó de brazos y se recargó contra la pared.

― ¿Qué la hace suponer que estoy mandando mensajes?

―Su sonrisa de idiota, señor arrogante alías novio.

Ante ese comentario no pudo más que sino reír. La vio guardar su móvil en la mochila mientras ella regresaba a su rutina de baile.

xxx

Impaciente la esperaba en la recepción, ella se había ido a los vestidores y no es porque la quisiera esperar, era poque se llevó su móvil con ella. No tendría nada que ocultarle a ella, si deseaba ver los mensajes que tenía con Ruby, bien que los viera. Después de todo no eran nada. En cuanto le diera su teléfono se iría y no la volvería a ver nunca más, de eso estaba malditamente convencido.

La puerta se abrió y ella salía con la misma ropa que la había visto en la cafetería. Se acercó a él y le entregó su móvil. Pero Kagome no pudo evitar esbozar una sonrisa. El hombre estaba verde, tal como si esperaba a que le reclamara por algo que no paso. Ni siquiera la idea de espiar su teléfono se le cruzó por la cabeza.

―Si piensa que vi su teléfono, déjeme decirle que no fue así. ― explicó mientras ambos salían de la academia. – Ante todo respeto la privacidad de los demás.

La noche era fría y había lloviznado un poco. Kagome debía apresurarse y llegar a casa antes de que su padre le comenzara a cuestionar sobre su rutina. Pero él caminaba a su lado, en silencio, esperaba que una vez que le entregara su teléfono él desapareciera.

Ni siquiera Inuyasha sabía porque caminaba a su lado.

Solo en ese momento, ella se dio cuenta que no le había agradecido aquel gesto de devolver su libro.

―Gracias por devolverme el libro ― se detuvo y con sinceridad añadió ― Me ha sacado de un apuro.

El giró lentamente y la miró.

― ¿La señorita con cero educación tiene modales? Eso es nuevo.

Kagome frunció el cejo y apretó los nudillos de sus manos.

―Le estoy agradeciendo, pero si prefiere se puede ir a la mierda cada vez que respire. Así que espero no volverlo a ver en mi maldita vida, señor arrogante.

―Mira que bien ― él asintió ― Los dos tenemos el mismo sentimiento.

―Bien ― Kagome asintió ― En este momento cada uno toma caminos distintos.

―Supongo que creo sería lo adecuado ― Inuyasha asintió. ―Es más ni siquiera sé porque me quedé esperándola en esa maldita academia.

El corazón de Kagome se apretujó, nadie insultaba la pasión que tenía por la danza y sobre todo por aquella academia que le había dado tanto.

―Es porque es usted un estúpido. Se habría ido de inmediato.

Él se quedó ahí, observando cómo era la primera en irse. La noche era fría y por consiguiente podía ser peligrosa para una mujer de su edad. ¿Tomaría un taxi? O ¿Tenía su auto en un estacionamiento?

Sea como sea debía asegurarse que llegara sana y salva a casa, porque si no era así, a él sería el primero a quien las autoridades lo vendrían a interrogar y no sería bueno para su reputación y negocio que saliera una nota en los periódicos.

Ya casi podía ver los titulares.

"Dueño de un famoso club nudista secuestra a una señorita con cero educación de alta alcurnia"

Le envió un mensaje a Ruby, explicándole que lo de la cena estaba cancelado, que no podía ir esa vez. Su respuesta no se hizo esperar y un sinfín de "vete al diablo" se hicieron presentes.

Una lo mandaba al diablo.

Otra a la por cada vez que respiraba.

¿Qué les había hecho a esas mujeres?

Vio como la joven se detenía en frente de un coche de marca. Pero en lugar de subir a él se recargó en la puerta. Con el semblante serio, se llevó las manos a los bolsillos de su chamarra mientras contemplaba el techo.

¿En qué o más bien en quién pensaba?

Francamente no sabía porque se hacia ese tipo de preguntas. Solo la había visto dos veces, aunque esta última fue provocada por él mismo. Pero debía admitir que esa mujer era un complemento misterio.

Tras quedarse un bien rato así, la abrió abrir la cajuela y guardar su mochila. Posteriormente subió al coche y lo único que vio d ella fue su rostro tras aquella ventanilla mientras se alejaba de él.

Más tarde y tras un relajante baño de agua caliente, se iba a disponer a continuar con sus estudios. Abrió el libro que su novio ficticio le había entregado y cuando llegó a la hoja donde se quedó, un pedazo de servilleta se cayó al piso.

Con un leve cejo fruncido, se agacho a levantarlo y lo leyó.

"La fórmula está mal invertida. Debes aplicar esta.

PD: De nada (por si me lo está agradeciendo, señorita con cero educación)

Atte. : El señor arrogante"

Por alguna razón esbozó una sonrisa. Tomó un lápiz de su lapicero y aplicó la fórmula que el señor arrogante le había dicho y si, ahora si le daba el resultado.

―Gracias, señor arrogante.


Hola!

Espero tengan felices fiestas acompañados de sus seres queridos. Brindo porque nunca les falte amor, felicidad en sus vidas y si van a convivir, recuerden usar todas las medidas sanitarias.

Sobre todo, que este año nuevo sea mejor que el 2020 y 2021 :(

Las quiero mucho!