Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RosieRathbone, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to RosieRathbone. I'm only translating with her permission.
"Concéntrate en lo que los une,
Y tu familia jamás se derrumbará."
.3.
Bella
Observé al líquido marrón turbio que llenaba mi vaso, y me obligué a encontrar algo sobre lo que hablar. Me había ofrecido a comprar los cafés para Edward y yo, pero ahora que teníamos las bebidas frente a nosotros, se me hacía difícil comenzar una conversación. Él dijo que quería agradecerme por mi ayuda con Delilah recientemente, pero no veía una razón para la gratitud, razón por la que compré las bebidas. Quería ayudar a Delilah en cualquier manera que pudiera, y no lo veía como un tipo de tarea que debía completar.
Le di un sorbo al café y entonces instantáneamente hice una mueca ante lo amargo que sabía. Agité el pequeño sobre de azúcar, lo vertí en la bebida, y revolví con la cuchara de plástico que había tomado del puesto.
—¿No eres fanática del café? —preguntó Edward. El humor era claro en su voz.
—Lo soy, pero me gusta de cierta forma, y esta bebida no coincide con ella —respondí.
Vi que Edward había escogido su café negro, y parte de mí se preguntaba si ese era su bebida regular, o si los eventos recientes lo habían alentado a beberlo.
—¿Alguna noticia si Delilah será capaz de volver a casa para Navidad? —pregunté suavemente, no del todo segura si era un tema delicado o no. Había sido mencionado que ella podía pasar las festividades en casa, y a menos que las cosas se hubieran deteriorado recientemente, no creía que fuera algo malo preguntar.
La expresión de Edward se llenó de esperanza.
—Mi padre la revisó esta mañana. Él la ha administrado un medicamento nuevo, así que veremos cómo se encuentra el lunes y él tomará una decisión entonces.
Hoy era sábado, por lo que eso los dejaba con dos días para ver una mejoría antes de conseguir un sí o un no. La idea de una nueva medicación me aterraba un poco, porque significaba que la anterior no estaba funcionando, pero definitivamente había visto una mejoría en Delilah, por lo que eso debió haber estado haciendo algo bien.
—Lo siento, me siento grosero —masculló Edward alrededor del borde de su taza de café—. Sabes mucho sobre nosotros, pero siento que no hemos pasado el tiempo para saber de ti.
De hecho, apenas sabía algo. Conocía aun par de miembros de su familia y de lo que él trabajaba, pero eso era todo. Eso no constituía todo de una persona, y ciertamente no me daba un vistazo a sus vidas.
—No hay mucho por decir. —Me sonrojé.
—¿Siempre has estado interesada en la escritura? —preguntó.
Edward echó hacia atrás su cabello con una mano y me miró con genuina curiosidad. Jamás había conocido a alguien que estuviera tan intrigado con mi vida antes, porque la mayoría de las personas que conocía, ya sabían lo básico, y eso era lo más interesante que llegaba a ser.
—Tenía una mente muy creativa de niña, y solo creció. —Me encogí de hombros—. ¿Qué hay de ti? ¿La música siempre ha sido tu pasión?
—Como contigo, todo comenzó en la infancia. —Edward sonrió—. Era un niño revoltoso, por lo que mis padres pensaron que el piano ayudaría a distraerme. Definitivamente funcionó.
Él siempre hablaba sobre sus padres de una manera positiva, era bueno escucharlo. Deseaba que pudiera decir lo mismo sobre mi mamá, pero habían pasado diez años desde que hablé con ella, por lo que no podía siquiera decir lo que ella estaba haciendo en estos días. Dudaba que ella me hubiera apuntado para lecciones de música—Renée siempre creyó que la personalidad y las acciones de un niño los hacía quienes eran. Ella me había apuntado para lecciones de ballet, porque todos los otros padres estaban haciendo lo mismo, pero eso fue más por popularidad que por otra cosa.
—¿Ese es tu instrumento favorito?
—Ese y la guitarra, podría decir —dijo firmemente—. ¿Tocas algún instrumento?
No pude evitar reír ante lo absurdo de su pregunta. Era algo normal de preguntar, pero si Edward realmente me conociera, él sabría que no tenía tal talento.
—Oh, no. —Resoplé—. Mi maestra de música me hacía tocar el triángulo durante los conciertos escolares, pero incluso entonces jamás encontraba el ritmo adecuado. Aparentemente, no tengo la coordinación necesaria para tocar uno.
—Estoy seguro que eso no es verdad —defendió Edward.
—Créeme, es la verdad.
Un silencio pesado cubrió la ocupada cafetería mientras me preguntaba qué decir entonces. Sentía como si Edward y yo podríamos conversar por horas, pero entonces estas terminaban tan repentinamente y me dejaban con pocas palabras. Casi se sentía como una primera cita, cuando quieres impresionar a la persona con la que estás, pero sabes tan poco de ella que es difícil continuarla. No que pensara que esto era una cita, pero aún así.
Mi café se había enfriado durante los minutos que lo había abandonado, pero lo terminé e intenté con todas mis fuerzas no hacer una mueca. Imaginaba que Edward no querría estar lejos de Delilah por tanto tiempo, por lo que quería terminar mi café así él no sentía la necesidad de esperarme.
—¿Qué harás en Navidad? —me preguntó repentinamente.
Sopesé su pregunta por un segundo antes de responder. ¿Era correcto contarle sobre mis planes festivos cuando los suyos era tan inseguros? Iba a estar en casa, eso lo sabía, ¿pero dónde estaría Edward? ¿Dónde estaría Delilah?
—Probablemente cene con mi padre, pero eso será lo más emocionante que haga. —Me encogí de hombros.
Él parecía asombrado con mi respuesta, como si hubiera esperado que dijera algo diferente.
—Entonces, ¿no habrá niños corriendo alrededor, ni compañeros borrachos recostados en el sofá? —Sonrió.
¿Era esa la manera de Edward de preguntarme si tenía pareja y niños? Ciertamente lo parecía.
—Charlie tendrá un par de cervezas y se quedará dormido en su silla. —Puse los ojos en blanco sarcásticamente—. ¿Qué hay de ti?
Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas. Quería retractarme y disculparme por mi estupidez, pero Edward respondió antes que tuviera la posibilidad.
—Normalmente, el día transcurre según Delilah, y supongo que será lo mismo este año. —Edward sonrió—. Ella me despertará a alguna hora de madrugada, veremos lo que Santa le trajo, y entonces puede que vayamos a la casa de mis padres a cenar con el resto de la familia.
—Eso suena como un bonito día —respondí.
Había notado que Edward había dicho "me despertará", en vez de "nos despertará", y fue entonces que supe con seguridad que la mamá de Delilah no estaba presente. Aún no sabía lo que eso significaba, pero al menos estaba más cerca de la verdad.
~DW~
El lunes llegó mucho más rápido de lo que había esperado.
Había pasado el resto del fin de semana limpiando mi casa y planificando los pasteles y las galletas para la semana siguiente. Hice lo que pude para distraerme del mundo real, pero nada parecía ayudar. Incluso trabajé un poco más la noche del domingo así no tenía mucho qué hacer el lunes. Era el día en que Delilah sabría si iba a volver a casa o no, y quería asegurarme que tuviera tanto tiempo libre como fuera posible. Ni siquiera estaba segura de si era algo a lo que tenía permitido ser parte, pero si ellos me querían allí, entonces felizmente aceptaría la oferta.
Tenía muchos sentimientos encontrados después de mi café con Edward el sábado. Me encantó conocerlo mejor, y disfruté mucho mi tiempo con él, pero aún así se sintió extraño. ¿Él solo me invitó a un café porque quería agradecerme, o había alguna otra razón detrás? Él claramente no era una persona tímida, y a menudo lo vi jugar con el papel de su taza para distraerse, pero eso solo añadía a su personalidad. Lo hacía parecer ligeramente vulnerable, pero también mucho más adorable. Cuando lo había visto en la cafetería con Rose, con su cabeza agachada y la expresión triste en su rostro, él pareció vulnerable, pero fuerte; como si nada se pondría en su camino. Pero la persona con la que tomé un café era totalmente lo opuesto a eso.
Me encantó que él quisiera conocerme mejor, y era bueno tener una conversación que no estuviera basada en la salud de su hija. No quería que nuestro tiempo acabara, pero ambos teníamos cosas que hacer, y no podíamos darnos el lujo del tiempo. Mientras pensaba en la decisión de Delilah, comencé a preocuparme. ¿Los volvería a ver?
Edward dijo que vivían en Seattle. No sabía qué tan a menudo ellos venían a Forks para visitar a sus padres, pero había comenzado a dudar de que ellos tuvieran alguna necesidad de verme cuando fuera que vinieran. ¿Acaso me había encariñado más que ellos? ¿Edward me permitió ver a Delilah porque la hacía feliz y eso, por ende, podía ayudarla a recuperarse de la neumonía? ¿Eso era todo lo que yo era para ellos? Eso no era el caso para mí, y si mis miedos se convertían en realidad, me tomaría un tiempo recuperarme.
Intenté no pensar demasiado en eso mientras me concentraba en decorar las galletas y las colocaba en sus bolsas por separado. Me prometí que me concentraría en la ventas de galletas, que pondría una buena cara, y aceptaría lo que sea que sucediera durante ese tiempo.
Teníamos cinco días antes de Navidad, cinco días de horneo constante de galletas, y entonces volvería a mi rutina usual. Ya sea que esa rutina incluyera a una niña enferma o no, aceptaría todos los días que vinieran.
Monté mi mesa de galletas a la una en punto y saludé a cada pequeño cliente que se acercó a saludar. Una niña y su madre se maravillaron con la selección de dulces disponible, y aparentemente los hombres de jengibre eran los favoritos de la niña. Secretamente los había hecho para Delilah, porque fue la primera galleta que ella había probado de mí, pero intenté guardarme eso. No quería parecer demasiado ansiosa, o quizás incluso patética en sus ojos.
Aún no había escuchado nada para las dos, pero por suerte, estuve lo suficientemente ocupada para mantener mi mente distraída. No estaba segura de lo que haría cuando llegara las cuatro, especialmente si no había escuchado nada, pero afortunadamente no necesité pensar en eso por tanto tiempo.
Estaba en medio de una venta, y tendía las tres bolsas de galletas, cuando Carlisle Cullen se acercó a la mesa. Sabía que él estaba trabajando, debido a su atuendo, y me saludó con una sonrisa amable. No lo había visto desde el primer día, por lo que era bueno volver a verlo.
—Estás haciendo un trabajo maravilloso, Bella —dijo él amigablemente mientras tomaba una bolsa y chequeaba la galleta por dentro.
—Gracias —respondí—. Será extraño cuando tenga que terminar por el año de nuevo.
—¿Asumo que te veré para la próxima? —preguntó.
—Oh, sí, por supuesto.
Terminé la conversación allí para servir a una señora que se acercó, pero Carlisle nunca se fue. Él se paró a un lado con una bebida en su mano. Sentí sus ojos en mí en todo momento.
—Quería agradecerte, Bella —dijo él una vez que la costa estaba despejada.
De inmediato pensé que estaba agradeciéndome por juntar dinero para el hospital.
—Sabes que me encanta tener esta venta de pasteles, así que no necesitas agradecerme. —Me sonrojé.
—No hablaba sobre la venta de pasteles. —Carlisle sonrió—. Has hecho mucho por mi familia recientemente, y siempre estaré agradecido de eso.
Un estremecimiento recorrió mi cuerpo mientras asimilaba sus palabras. No sentía como si necesitara la gratitud de Edward, y ciertamente sentía lo mismo sobre su padre, pero aún así significaba mucho el escucharlo.
—No es mucho. —Me encogí de hombros—. Solo le di una galleta a Delilah.
—No me refería a Delilah solamente. —Guiñó un ojo.
Asumí que se refería a toda su familia, y eso provocó que apareciera una sonrisa satisfecha en mi rostro.
—¿Ha habido alguna noticia de cómo está ella? —pregunté.
—Estaba a punto de ir a verla ahora —respondió—. Me aseguraré de hacerte saber si sucede algo.
—Gracias, lo aprecio.
~DW~
Dos horas transcurrieron sin una palabra. No sabía lo que eso significaba, pero tenía un mal presentimiento que estas no serían las noticias que todos esperábamos. Seguramente no les hubiera tomado dos horas para tomar una decisión. Sabía que Carlisle tenía muchas cosas en su mente, por lo que quizás ellos no habían tenido el tiempo para bajar y contarme, pero eso no detuvo mi preocupación.
Me encontré observando la entrada y la nieve caer lentamente. El clima se sentía hipnótico, como si controlara cada uno de mis pensamientos. No había estado nevando por tanto tiempo, por lo que encontré alegre como las aceras oscuras se volvían blancas con la fina capa. Esperaba que eso no causara algún problema para conducir a casa, porque mi camioneta nunca había lidiado con la nieve y el hielo demasiado bien, pero eso se encontraba lejos de mi mente. Solo quería una respuesta. Cualquier respuesta.
Vino a mí cuando estaba yéndome. Había dejado el dinero y el resto de las galletas en la recepción, y había guardado la mesa y el árbol de deseos. Todo lo que tenía que hacer era colocarme mi abrigo y salir del hospital, pero me senté cerca por unos minutos extra solo en caso de que alguien bajara a hablar conmigo. Saqué mi libro de mi bolso y me metí en el mundo de ficción escrito en papel.
—Shh —alguien susurró desde alguna parte detrás de mí—. No queremos asustarla.
El hombre contenía humor en su voz, y era claro que solo fingía susurrar. La niña que lo acompañaba soltó una risita, e instantáneamente supe a quién le pertenecía. Interpreté mi parte de la broma y fingí que no los había escuchado.
—De acuerdo, pequeña, iremos a la cuenta de tres...
Emmett contó hasta tres, y de repente una silla de ruedas pasó por mi costado a una velocidad tan alta que la silla de Delilah rebotó en dirección a su tío. Él pisó los frenos y entonces volteó para estar frente a mí. Mis ojos automáticamente se llenaron de lágrimas al asimilar la sonrisa más brillante en el rostro de esa niña.
—¡Bella Galleta! —chilló.
—Espero que Edward no te vea corriendo así —bromeé mientras me ponía de pie.
—Edward no está aquí de todos modos, así que mientras que no digas nada...
—Tu secreto está a salvo conmigo. —Guiñé un ojo.
Me preguntaba dónde se encontraba Edward, porque seguramente él no se hubiera perdido una toma de decisión de Carlisle. Pero hice esa idea a un lado, porque estaba más interesada en la pequeña niña en la silla.
—¿Cómo te sientes? —pregunté.
—¡Genial! —chilló Delilah—. ¡El abuelo dijo que puedo irme a casa! ¡Me voy ahora!
Incluso más lágrimas llenaron mis ojos, y eché un vistazo para notar la misma emoción en Emmett. Era un gran día para todos, y solo podía imaginar por lo que estaban pasando.
—Oh, Delilah, estoy tan feliz por ti —dije mientras tomaba su delicada mano en la mía.
—Eso quiere decir que Santa puede encontrarme. —Ella sonrió.
—Santa te encontraría de todas maneras, pero al menos ahora puede ser en la comodidad de tu propia casa —respondí.
—Bueno, no iremos directamente a casa, ¿o no, D? —Emmett le dio unas palmadas al hombro de su sobrina.
—¡Nop! ¡Pasaré las festividades con el abuelo y la abuela!
Intenté esconder mi emoción de que ellos fueran a estar tan cerca de mí, al menos por el futuro cercano.
—Apuesto a que lo pasarás de maravilla —dije.
—Papá cree que es mejor tenerla bajo su techo solo para asegurarse de que no ocurra nada —añadió Emmett—. Por lo que Edward ha conducido a Seattle para juntar sus cosas.
—Estoy segura que será incluso más mágico pasarlo con tus abuelos —le dije a Delilah.
—La abuela y yo haremos galletas, pero no serán tan buenas como las tuyas, Bella Galleta. —Ella rio.
—Espero que no te robes mi trabajo el próximo año —jadeé.
—No, ¿pero quizás pueda ayudarte? —Delilah preguntó inocentemente.
—Me encantaría. —Sonreí.
~DW~
Mi humor había mejorado rápidamente el último par de días. Había hablado con Carlisle una o dos veces desde que Delilah fue dada de alta, y de acuerdo con él, ella lo estaba pasando increíble con su esposa, Esme. Las dos habían decorado un árbol de Navidad, ellas habían hecho galletas de azúcar, y a Esme le encantaba llevarla de paseo por el bosque todos los días. Ella tenía que asegurarse de que Delilah estuviera completamente cubierta, sino Edward tendría un ataque al corazón, pero aparentemente Esme solo ponía sus ojos en blanco y salía por la puerta. Podía ver lo mucho que Carlisle amaba tener a su hijo y nieta en casa, y eso era evidente por la expresión en sus ojos cuando me contaba los relatos diarios.
Estaba tan acostumbrada a tener la familia en el hospital, que las horas que pasaba allí ahora se sentían extrañas sin ellos, pero sabía que Delilah estaba más feliz, Edward estaba más feliz, y eso significaba mucho para mí. Su deseo se había vuelto realidad, y, al final del día, eso era todo lo que yo había pedido.
Antes de darme cuenta, era 23 de diciembre y tenía un día más de horneado que completar antes de terminar por otro año. Tenía todos mis regalos para Charlie envueltos y preparados, pero también había comprado algo pequeño para Delilah y para Edward. Los tenía conmigo en mi bolso, y había planeado dárselos a Carlisle cuando lo viera, pero, como siempre, algo más sucedió.
Estaba guardando todo por el día cuando Edward cruzó la entrada. Instantáneamente vi los claros que estaban sus ojos, y estos también me decían que él había logrado dormir un poco en los últimos días.
—Hola. —Sonreí. Había pasado casi una semana desde la última vez que lo había visto, y era una linda sorpresa que él hubiera venido al hospital.
—¿Ya queda un día más? —preguntó.
—Está muy cerca. —Me reí.
Edward chequeó las galletas que aún tenía sobre la mesa y tomó una en su mano. Entonces, recogió otra, y otra.
—¿Puedo llevarme estas? —preguntó.
—Por supuesto —respondí.
—¿Tres dólares, cierto?
—Cortesía de la casa —dije—. Me sentiría mal si los pagas.
Edward ignoró lo que había dicho y deslizó un billete de cinco dólares en el frasco de dinero. Me guiñó un ojo y metió las galletas en su bolsillo. Busqué su cambio, pero Edward agitó su mano.
—Por favor, dale al hospital los dos dólares.
—Oh, está bien... —dije tímidamente mientras volvía colocar el dinero en el frasco.
Parecía que Edward estaba a punto de irse, y fue entonces que recordé los regalos que tenía en mi bolso.
—¿Crees que podrías darle esto a Delilah por mí? —pregunté mientras le acercaba los regalos—. No es mucho, pero quería darle algo. Hay, eh... hay algo allí para ti también.
Edward sostuvo los regalos como si fueran objetos extraños en sus manos. Vi la arruga que se formó entre sus ojos, y deseé saber en qué estaba pensando. ¿Estuvo mal que les hiciera un regalo?
—No —digo suavemente.
—Oh... Está bien... —Contuve las lágrimas mientras recibía los regalos.
No podía creer lo estúpida que fui en incluso pensar en hacerles un regalo. Ellos no me conocían, y ciertamente no necesitaban verme ahora que Delilah había sido dada de alta. Edward había venido aquí a darle un poco de dinero al hospital, y eso era todo. Daría los regalos al refugio mejor; quizás otra niña los disfrutaría.
—Bella —susurró.
Me negaba a levantar la mirada.
No quería que él viera las lágrimas que habían comenzado a caer por mis mejillas sonrojadas.
—¿Esperaba que quizás pudieras dárselos tú misma? —preguntó.
Sutilmente aparté las lágrimas mientras levantaba mi cabeza.
—¿Qué?
—Lo siento, no soy bueno con las palabras. —Jaló del cuello de su suéter—. ¿Quizás quieras venir a la casa y dárselos personalmente?
Quizás había estado exagerando solo un poco.
—Me encantaría. —Asentí—. ¿Podría ir esta noche, quizás? ¿O mañana por la mañana?
—¿Qué tal en Navidad? —Sonrió.
—¿En serio? No quiero interrumpir sus festividades.
—No interrumpirás si eres parte de las festividades —respondió Edward—. Entonces, ¿qué dices? ¿Te gustaría pasar la Navidad con nosotros?
Espero que hayan tenido una linda Navidad :) Subí un OS por si quieren pasarse a leer. ¡Buen comienzo de semana!
