CAPÍTULO 3

—Para usted, milady—, dijo la criada de Sasuke, ejecutando una perfecta

reverencia.

En el sobre leyó: Señora Sakura Haruno, residente en el número 8, Grosvenor Square.

La misma letra con el mismo estilo cuidadoso, pero sin ningún sello,

ninguna indicación de dónde provenía la carta. El sobre era duro y pesado, y

Sakura sabía lo que había dentro.

—¿Quién trajo esto?— preguntó Sakura a la criada.

—El muchacho, milady. El que suele traer todos los mensajes a Su Gracia.

—¿Dónde está este muchacho ahora?

—Se ha marchado, milady. Él hace entregas por todo el barrio hasta Oxford Street.

—Bien, gracias.

Sakura tendría que encontrar al muchacho y repetirle la pregunta.

Volvió arriba, se encerró en su dormitorio, llevó una silla a la ventana para tener luz, y abrió el sobre. Dentro había un pliego de papel barato vendido al peso en cualquier papelería y un cartón doblado. Dentro del cartón otra fotografía.

En ésta, Sasuke estaba de pie ante una amplia ventana, pero lo que se mostraba era un paisaje, no estaba en la ciudad.

Daba la espalda al fotógrafo, con sus

manos en el alféizar, y otra vez, estaba totalmente desnudo.

Una amplia espalda musculosa que terminaba en un firme trasero. Todo lo firme que podía ser.

Los brazos estaban en tensión, soportando todo su peso mientras

se inclinaba en la ventana.

La fotografía había sido impresa en un papel duro, parecido al de las tarjetas de visita, pero sin la señal del estudio de un fotógrafo. Sasuke había tenido

probablemente su propia cámara para tomar retratos, y su ex-amante, la Sra.

Terumi, los había hecho.

Sakura no podía imaginar que Sasuke confiara tales cosas a nadie más.

La propia Sra. Terumi le había dicho a Sakura qué clase de hombre era Sasuke Uchiha realmente.

Un pícaro sexual. Imprevisible. Exigente. Pensaba que todo era una aventura, su aventura. La mujer en la ecuación era simplemente un medio para su placer.

No había entrado en detalles, pero lo que le había insinuado había sido bastante para escandalizar a Sakura.

La Sra. Terumi había muerto hacía dos años y medio.

¿Quién, desde entonces, poseía esas malditas fotografías, por qué él o ella se las enviaba a Sakura, y por qué habían esperado hasta ahora?

Ah, pero justo ahora Sasuke estaba luchando por levantar a Gladstone de su asiento y asumir el gobierno.

La nota decía lo mismo que la primera. De alguien que la quiere bien.

Sin amenazas de chantaje, sin amenazas de delatar a Sasuke, sin demandas de dinero.

Sakura levantó la carta hacia la luz, pero no vio ninguna señal de mensajes secretos o pistas en la delgada filigrana, ningún código hábilmente escondido alrededor de los bordes de las palabras.

Solamente una frase escrita a lápiz.

El reverso de la fotografía no mostraba ninguna pista, ni tampoco el frontal.

Sakura cogió una lupa y estudió los granos de la fotografía, por si acaso alguien hubiera escrito mensajes diminutos allí. Nada.

La visión ampliada del trasero de Sasuke era buena, sin embargo. Sakura lo estuvo mirando con la lupa durante un buen rato.

La única manera de hablar con Sasuke a solas, era ponerle una emboscada.

Esa noche, Sakura esperó hasta que su padre se hubo retirado a su dormitorio, entonces fue al pasillo exterior del dormitorio de Sasuke, un piso debajo del suyo.

Arrastró dos sillas del otro lado del pasillo a la puerta del dormitorio, una silla para sentarse y la otra para poner los pies.

La casa de Sasuke era la más grande y magnífica de todo Mayfair. Naturalmente.

Muchas casas urbanas de Londres tenían dos alas alargados y una entrada amplia, con una escalera que iba desde la puerta principal y recorría toda la casa.

Las casas más grandes edificaron cuartos detrás de la escalera y quizás algún cuarto delantero en los pisos superiores.

La gran casa de Sasuke era amplia y profunda, teniendo cuartos a ambos lados de la escalera así como detrás de ella. La planta baja albergaba las habitaciones comunes, una sala a un lado, un magnífico comedor en el otro, y una sala de baile bastante grande que se encontraba a la espalda de la casa.

La escalera abierta subía a través del resto de los pisos en un amplio y elegante rectángulo, y en el descansillo de cada piso se abría una galería.

En la primera planta había otro salón, una gran biblioteca y un comedor privado para la familia.

El siguiente piso contenía el gran estudio de Sasuke, el estudio más pequeño en el que trabajaban Sakura y Wilfred, y el dormitorio de Sasuke en la parte trasera de la casa, donde Sakura esperaba ahora.

Sai e Ino, su padre y ella ocupaban

cuartos en el piso superior de la casa, junto con un cuarto de niños provisional y el estudio de Naruto.

Sakura se sentó con su espalda contra la puerta del dormitorio de Sasuke y estiró sus pies en la otra silla. Una lámpara de gas silbó encima de ella, abrió una novela de la biblioteca y comenzó a leer.

La novela era emocionante, con un malvado bandido decidido a derribar a la inocente heroína, el héroe luchando en una selva contra tigres o cualquier otra cosa que amenazara a la heroína.

Nunca había héroes a su alrededor, cuando los necesitaba.

El silbido de la lámpara de gas era relajante, el aire caliente, y sus ojos se fueron cerrando.

Se sobresaltó al despertarse y dejó caer accidentalmente el libro que había estado leyendo, y se encontró con Sasuke Uchiha de pie a su lado.

Sakura se levantó de un salto.

Sasuke permaneció donde estaba, sin moverse, con el pañuelo que acababa de quitarse en una mano. Esperaba que se explicase, típico de él. Iba vestido con el kilt de los Uchiha y una chaqueta formal, su camisa abierta revelaba el hueco de su garganta.

Sus ojos estaban rojos y teñidos por la bebida, su cara oscurecida por la incipiente barba. Olía pesadamente a humo de puro, al aire de la noche, y al perfume de una mujer.

Sakura disimuló la punzada de consternación que le causaba el olor a perfume, y se aclaró la garganta.

--Me temo que el único medio para hablar contigo, Sasuke, es acecharte como a un tigre… en una selva. Deseo hablar de las fotografías contigo.

—No ahora—, dijo Sasuke.

Apartó una silla y abrió la puerta de su dormitorio, pero Sakura se colocó delante de él.

—Tú y yo, tenemos cierto temperamento. Nunca me hablarías de ellas si pudieras evitarlo. La casa está dormida. Podemos hablar en privado. Tengo cosas que preguntarte.

—Díselo a Wilfred. Te concertará una cita.

Sasuke abrió la puerta y pasó por delante de ella al interior, pero antes de que pudiera cerrar la puerta, Sakura entró siguiéndole.

—No tengo miedo de estar en tu dormitorio, Sasuke Uchiha. He estado aquí antes.

Sasuke dedicó a Sakura una mirada que hizo que se le detuviera el corazón. Tiró la corbata y el cuello en una silla y se dirigió hacia la mesa y su decantador de licor.

—Si quieres que todo Mayfair sepa que me perseguiste a mi dormitorio, por

supuesto, quédate y cierra la puerta.

Sakura dejó la puerta abierta.

—No has cambiado el mobiliario aquí tampoco—, dijo, manteniendo su voz baja.—La cama es realmente medieval. Y completamente incómoda si no recuerdo mal.

Sasuke le lanzó otro vistazo, cuando se sirvió un poco de whisky en un vaso y colocó el tapón sobre el decantador.

—¿Qué quieres, Sakura?—, preguntó, con voz enfadada. —He tenido una noche infernal.

—Hablar de las fotografías, como te dije. Si quiero encontrarlas, o descubrir lo que esta persona busca enviándomelas a mí, tengo que saber más.

—Bien, yo no quiero hablar de esas malditas fotos ahora mismo.

Ella comenzó a contestar, luego se detuvo, considerando el aspecto airado y el ceño fruncido de Sasuke.

—Estás muy enfadado esta noche, Sasuke. ¿Quizás la dama te decepcionó?

Sasuke la contempló sobre el vaso que había comenzado a levantar.

—¿Qué dama?

—Esa a cuyo perfume apestas.

Sus cejas se elevaron.

—¿Te refieres a la Condesa Von Hohenstahlen? Tiene ochenta y dos años y se empapa en olores que harían ruborizarse a una furcia.

—Ah.

Sasuke se bebió el whisky de un trago. Su cara cambió cuando la bebida de malta Uchiha hizo su trabajo.

Apoyó el vaso sobre la mesa con fuerza.

—Estoy cansado, y quiero acostarme. Hablaremos por la mañana. Pide a Wilfred una cita conmigo.

Humph. Cuando Sakura se dio la vuelta hacia la puerta, sintió el alivio de Sasuke al ver que se marchaba.

Ese alivio la enojó.

Sakura continuó hacia la puerta, pero en el último momento, la cerró y se volvió.

—No quiero esperar—, dijo.

Sasuke se había quitado la chaqueta y ahora la cogió sin darse cuenta, sus ojos mostraban su agotamiento.

—Por Cristo, Sakura.

—¿Por qué estás tan poco dispuesto a hablar de las fotografías? Podrían hacerte mucho daño.

Sasuke se dejó caer en una silla, la falda cubría sus piernas, y alcanzó de nuevo el decantador.

Un caballero nunca debía sentarse en presencia de una dama sin pedirle permiso primero.

Pero Sasuke simplemente se sirvió más whisky y apoyó los codos en los brazos del sillón cuando levantó el vaso.

—Yo creía que eso te habría gustado.

—No así. No mereces ser el hazmerreír. La Reina sería totalmente despectiva y ella tiene mucha influencia. Aunque ella y el Príncipe consorte coleccionen fotografías de desnudos. ¿Sabías eso? No mucha gente lo sabe, pero una vez me las enseñó. Le gustaba hablar de Albert. Mejor dicho lo adoraba.

Sus palabras se apagaron, ya que Sasuke la miraba fijamente.

—¿Qué merezco, entonces, muchacha?—, sus suaves palabras demostraban que estaba realmente muy bebido.

Sasuke raramente mostraba ningún efecto por la bebida, pero cuando lo hacía, estaba muy embriagado. —¿Qué merezco, Sakura?

Ella se encogió de hombros.

—Te mereciste que rompiera el compromiso, entonces. Quizás no merecías que no te perdonara y que estuviera tan enfadada como para no hablar contigo. Pero así ocurrió. Hemos seguido con nuestras vidas. Aparte. Como se suponía que debía ser.

—¿Lo que se suponía que debía ser?— Su voz era baja, suave, la voz de

dormitorio de ese hombre Sasuke.

—No nos habríamos llevado bien, lo sabes Sasuke—. Rodeó el pulgar y las puntas de sus dedos. —Hubieran saltado demasiadas chispas.

—Sí, tienes el fuego en tu interior, muchacha, eso es verdad. Todo un carácter—.El delicioso acento escocés se hacía más evidente cuanto más whisky bebía. —Y fuego de otra clase. No lo he olvidado.

Sakura no lo había olvidado tampoco.

Sasuke sabía cómo excitarla exactamente, como dirigir sus manos bajo su cuerpo y atraerla hacia él, cómo provocar los primeros besos.

Sasuke había sabido cómo tocarla, qué susurrar en su oído, cómo dejar que su aliento perdurara en su piel.

Una señora no debería saber nada de hombres antes de su noche de bodas, pero Sakura lo había sabido todo sobre Sasuke Uchiha. Su bien musculado cuerpo, las viejas cicatrices que entrecruzaban su espalda, el fuego de su boca en la suya, la habilidad de sus manos cuando desabotonaba su ropa y la desnudaba.

Tres veces la había seducido, y tres veces le había dejado. Una vez en el acantilado, otra vez en ese dormitorio, y una vez en su dormitorio de Kilmorgan. Ellos estaban prometidos, y ella había pensado: ¿Por qué está mal?

Sasuke estaba sentado en la silla en el otro lado de la habitación, bebiendo whisky, pero podría haber estado a su lado otra vez, recorriendo su columna con sus dedos, haciéndola temblar como acostumbraba.

Sakura alejó los recuerdos agradables de los dos. Tenía que mantener la

serenidad o se echaría a sus pies pidiéndole que la hiciera temblar otra vez.

—Sobre estas fotografías—, dijo. —No vi nada en ninguna de ellas que me diera ninguna pista acerca de quien las envió.

Él dijo alarmado.

—¿Ninguna de ellas? ¿Hay otra?

—La recibí esta tarde. Me la entregaron en mano. No he tenido la posibilidad de preguntar al muchacho que la entregó acerca de quién se la dio a él.

Sasuke no se volvió a sentar en la silla, ya no parecía borracho.

—Entonces esa persona sabe que estás aquí.

—¡Santo Cielo! Toda Inglaterra debe saberlo. La señora Mountgrove se lo habrá contado a cada uno que la escuchara. Ella te vio traerme aquí, ¿recuerdas? Desde entonces habrá estado mirando esta casa para ver si la abandonaba. Lo cual he hecho, pero he regresado. Y permanezco aquí.

—Preguntaré al muchacho que la entregó

Sakura movió la cabeza.

—No es necesario. Las fotografías me las envían a mí. Yo le preguntaré.

Sasuke puso el vaso en el brazo del sillón.

—Ésta persona sabe quién eres y dónde estás, no me gusta eso—. Levantó la mano. —Déjame ver la fotografía.

—No seas tonto, no la llevo encima. Está arriba en mi habitación, escondida con la otra. Puedo decirte que se parece más o menos a la anterior, salvo que estás mirando hacia afuera por una ventana. Por lo que puede verse a través de la

misma, podrías estar en el castillo Kilmorgan.

Afirmó con la cabeza.

—De seguro que estaba en mi casa, supongo. La imagen demostraría que no me daba miedo hacer algo así allí.

—La casa no era exactamente tuya entonces—, dijo Sakura. —Tu padre todavía debía estar vivo en aquel momento.

—Vivo, pero lejos. Un buen momento para

hacer lo que me apetecía.

—Las fotografías están muy bien hechas, sabes. Son muy artísticas. Las imágenes que la Reina y el Príncipe Albert coleccionaban también eran de muy de buen gusto, aunque no era lo mismo. Tú posaste para las tuyas. La Reina nunca hubiera permitido que el Duque posara para un artista común. ¿Hizo la Sra. Terumi todas las fotos?

—Sí—. Dijo conciso.

Sakura levantó las manos.

—¿Ves? Esa es exactamente la clase de información que necesito. La Sra. Terumi podría haber dejado la colección a alguien, o alguien podría haberlas encontrado después de su muerte. Realmente deberías dejarme ir a esa casa en High Holborn donde vivió, para echar un vistazo.

—No—. Una sílaba fuerte, contundente, definitiva.

—Pero ya no es un prostíbulo, ¿no?— preguntó Sakura. —Sólo una de tus

propiedades. Tú le vendiste la casa a la Sra. Terumi, y ella te la legó a ti. Lo

busqué. Los testamentos son archivos públicos.

La mano de Sasuke estaba firmemente apretada alrededor de su vaso.

—Saku, no vas a ir a esa casa.

—Deberías habernos instalado a mi padre y a mí allí. Sería mucho más práctico para ir al Museo británico, y yo podría rebuscar de arriba a abajo más fotografías.

—Déjalo estar, Sakura—. Su voz se elevó, señal inequívoca de su cólera.

—Pero es sólo una casa—, dijo. —No hay nada incorrecto en ella ahora, y podría guardar una pista vital.

—Sabes muy bien que no es sólo una casa—. La cólera iba en aumento. —Y

olvídate de esa mirada inocente. No eres nada inocente. Te conozco.

—Sí, a veces me parece que me conoces demasiado bien. Eso hace muy difícil el dirigirme a ti en algunas ocasiones.

Sakura tenía una ligera sonrisa en su cara, intentando bromear, y Sasuke no podía respirar. Ella siempre hacía eso, entraba en una habitación y le dejaba sin respiración.

Ella estaba remilgadamente erguida, con su vestido azul de hechura sencilla, y pasado de moda, con sus ojos ingenuos, diciendo que debería visitar la casa de High Holborn, cuya existencia los había separado.

No, no separado. Sasuke se había vuelto más loco que un jugador de cricket que golpeara a todo en una tienda de té.

Sakura había estado completamente decorosa, después de su arrebato inicial. Tenía todo el derecho de su lado. Podría haber demandado a Sasuke por habérsela llevado a la cama, por arruinar su reputación, por violar cualquiera de los numerosos puntos de su complicado contrato de boda.

En cambio, le había dicho adiós y había abandonado su vida. Dejándole un gran agujero, tan grande que nunca había podido rellenarlo.

Sasuke se había olvidado de todas las fotos hasta que Sakura apareció unos días antes para colocarse delante de su escritorio.

—Si esa persona es un chantajista, Saku, no quiero que tengas nada más que ver con esto. Los chantajistas son peligrosos.

Levantó las cejas.

—¿Has tenido el trato con ellos antes, verdad?

Demasiadas jodidas veces.

—El intento de chantajear a la familia Uchiha es un pasatiempo popular—, dijo Sasuke.

—Hmm, sí, puedo entenderlo. Supongo que hay algunos que creen que pagarás para no dar acceso a los periódicos a tus secretos o que no sean susurrados en los oídos incorrectos. Tú y tus hermanos tenéis tantos secretos.

Y Sakura sabía cada uno de ellos. Sabía cosas que nadie más en el mundo sabía.

—Todos estos chantajistas tienen una cosa en común—, dijo Sasuke. —Ellos no lo logran.

—Bueno. Entonces si es un chantajista, nos libraremos de él también.

—No nosotros—, dijo él firmemente.

—Se razonable, Sasuke. Alguien me envió las fotos a mí. No a ti, no a tus enemigos, ni a tus hermanos, sino a mí. Creo que eso debe significar algo. ¿Además, por qué las envían totalmente limpias, sin señas y sin demandas de dinero?

—Para demostrarte que las tienen y hacer las demandas después.

Ella se mordisqueó el labio.

—Quizás.

A Sasuke no le importaban en absoluto las malditas fotografías. No con Sakura mordiéndose su rojo labio y haciendo que Sasuke deseara mordérselo por sí mismo.

—Eres muy cruel, Saku—. Su voz sonaba tranquila otra vez.

Sus cejas se fruncieron en un delicioso ceño.

— ¿Cruel? ¿Por qué demonios dices eso?

—No me has hablado durante años. Y de repente llegas a Londres declarando que debes salvarme como un benévolo ángel. ¿Cambiaste acaso un día de la semana pasada y decidiste que me habías perdonado?—. Se quedó esperando.

—Por supuesto que no. Comencé a perdonarte hace unos años. Después de que murió Shizune. Me sentí fatal por ti, Sasuke.

Él se detuvo, fríamente en su camino hacia el whisky.

—Eso fue hace casi ocho años.

—Sí, lo sé.

—Nunca noté que me perdonaras—, dijo con voz áspera. —Ninguna carta, ninguna visita, ningún telegrama, ninguna confesión a mis hermanos o a Ino.

—Dije que fue entonces cuando comencé a perdonarte. Me llevó mucho más tiempo conseguir sobreponerme a toda la cólera. Además eras el Duque de Kilmorgan entonces, bien protegido detrás de las barreras ducales, y preparándote para apartar de tu camino al poder a cualquiera que te molestara. También volviste con la Sra. Terumi. Puedo vivir en un lugar apartado, pero créeme, estoy bien informada de todo lo que haces. Y la tercera razón por la que nunca te lo hice saber es porque no tenía ni idea de si te preocupabas por mi perdón o no.

La historia pertenece a la autora Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto