CAPÍTULO 5

La palabra fue llevada por el eco subiendo y bajando la escalera, alcanzando los querubines pintados que acechaban desde el techo de la casa.

Silencio.

El silencio no significaba nada.

Sasuke subió las escaleras hasta el piso siguiente de dos en dos.

Una de las puertas se encontraba entreabierta. Sasuke la empujó abriéndola con tal fuerza que ésta golpeó contra el pesado escritorio que estaba bloqueándola parcialmente.

Alguien había trasladado los muebles que sobraban aquí arriba y ahora la

habitación era un revoltijo de estanterías, mesas, cómodas con cajones, y armarios.

Un sofá de terciopelo, recubierto de polvo, estaba inclinado en un ángulo extraño en medio de la habitación.

Sakura Haruno levantó la vista desde donde había estado buscando, entre los cojines del sofá, una nube de polvo la rodeaba.

—Por todos los cielos— dijo. —Haces un montón de ruido.

El mundo de Sasuke se volvió de pronto todo rojo. Sakura Haruno no debería estar aquí, en este lugar con sus horribles recuerdos de ira, codicia, celos y miedo.

Sakura aquí era como un narciso en un cenagal, una frágil flor empujada

demasiado fácilmente hacia su destino. Él no quería que este mundo, que esta parte de su vida, la tocara.

—Sakura—, dijo, su voz contenida, con furia, —te dije que no vinieras aquí.

Sakura sacudió a un cojín y lo arrojó de nuevo al sofá.

—Sí, ya sé que lo hiciste. Pero pensé que debería echar un vistazo y buscar las fotografías, y sabía que si te pedía la llave, nunca me la darías.

—Así que fuiste por detrás, a mis espaldas y se la pediste a Itachi.

—Bueno, por supuesto. Itachi es mucho más lógico que tú y él no me incordia con preguntas molestas. No le dije nada acerca de las fotografías, si eso es lo que te preocupa. Son bastante personales, después de todo. No importa de todos modos, porque Itachi nunca me preguntó por qué quería venir.

Sasuke le echó a Sakura una mirada que habría hecho que Mei Terumi perdiera su sonrisa de cortesana dispuesta y se quedara blanca de miedo.

Sakura simplemente se quedó mirándole.

Sobre su cabeza llevaba colgado un sombrerito que era como un casquete con un velo un poco absurdo.

Se había levantado el velo moteado por encima de sus ojos, pero no completamente, y este colgaba torcido, inclinándose sobre su ceja derecha. Su vestido marrón oscuro tenía una fina capa del polvo que ella había levantado, y

también tenía polvo pegado en sus húmedas mejillas.

Un mechón de pelo se había escapado de su peinado, era como una serpiente rosa bailando sobre su corpiño.

Estaba deliciosamente desaliñada y Dios santo, él la deseaba.

—Te dije que no te quería en este lugar—, dijo.—Ni ahora. Ni nunca.

—Lo sé—. Sakura se movió, tan calmadamente como pudo, hasta el escritorio que bloqueaba la puerta y se inclinó para abrir el cajón inferior.—No soy tan tonta como para venir a toda prisa aquí por mí misma, si es eso lo que te molesta. Me encontré con mi padre y con Itachi en el Museo, envié a mi padre y a Maigdlin a casa en tu landó, e hice a Itachi caminar conmigo hasta aquí. He sido vigilada en cada paso del camino.

—Lo que me molesta es que te pedí que no vinieras aquí en absoluto y

flagrantemente desobedeciste mis deseos—. Su voz resonó a través de la habitación.

—¿Desobedecí tus deseos? Querido, oh, querido, Su Alta y Poderosa Gracia. Debería haberte mencionado que siempre he tenido problemas con la obediencia, pero desde luego, ya lo sabías. Si me hubiera sentado tranquilamente y hubiera esperado para obedecer a mi padre, hace tiempo que me hubiera convertido en un seco esqueleto sentado en una silla. Mi padre es muy malo tomando cualquier tipo de pequeña decisión, incluyendo cuánto azúcar quiere en su té. Y nunca puede recordar si le gusta la crema. Aprendí a temprana edad a no esperar el permiso de nadie, sino simplemente hacerlo.

—Y ahora trabajas para mí.

Ella rebuscó en el cajón, sin mirarlo.

—Soy apenas tu sirviente, pero se aplica el mismo principio. Si me quedara esperando tus directrices, estaría en ese pequeño estudio con Wilfred, golpeando mis dedos sobre el escritorio, preguntándome cuándo te dignarías en aparecer. Incluso Wilfred se pregunta acerca de tu ausencia, y eso que él es un hombre de pocas palabras.

—¡En ese estudio es exactamente donde quiero que estés!

—No veo por qué. Wilfred no necesita realmente que mecanografíe tu

correspondencia. Él me la da a mí para que tenga algo que hacer, porque siente lástima de mí. Mi tiempo está mejor empleado tratando de descubrir quién está enviando las fotos y lo que significan para ella. Y tú podrías ayudarme a buscar en lugar de quedarte de pie en la puerta

gritándome.

Ella hacía que su sangre hirviera.

—Sakura, te quiero fuera de esta casa.

Sakura alegremente lo ignoró para abrir el siguiente cajón.

—No hasta que termine de buscar. Hay muchos recovecos y rincones y muchos muebles.

Sasuke se abrió camino alrededor del escritorio, agarrando a Sakura por los

hombros la puso en posición vertical.

Ella se acercó rápidamente, un ojo verde estaba ahora completamente tapado por el velo.

Antes de que Sasuke se diera cuenta de lo que hacía, deslizó sus manos bajando por sus brazos hasta sus muñecas y se las colocó detrás de la espalda. Él sabía cómo bloquear las manos de una mujer, y sabía cómo abrazarla teniéndola así.

Sakura elevó la mirada hasta él, sus rojos labios abriéndose.

La necesidad le atravesó, el ansia atrapándole con sus afiladas garras.

Sasuke estudió los rojos labios que le estaban llamando, los pechos empujando contra su corpiño bien abotonado, el mechón de pelo caído, oro rosa contra su mejilla.

Se inclinó y tomó el rizo con su boca. Sakura soltó un suspiro y Sasuke giró su cabeza y capturado su labio entre sus dientes.

Los ojos de Sakura se veían enormes cuando estaba tan cerca suyo. Atrás quedaba su desafío, su persistente desconocimiento de sus instrucciones.

Se centró en Sasuke y sólo en Sasuke, mientras él mordía su labio inferior, no brutalmente, pero lo suficiente para atraparla. Su aliento era caliente sobre su mejilla y sus muñecas permanecían quietas bajo sus manos.

¿Domesticada? ¡No! Nunca Sakura. Si ella estaba tranquila bajo su experto agarre, era su elección.

Sasuke podría fácilmente tomarla, ahora, quizás encima del aparador que había detrás de ella. Sería intenso y rápido, unos pocos empujes, y encontraría su liberación. Incluso ni siquiera tendrían que desnudarse. Sakura sería suya, otra

vez, ineludiblemente.

Sasuke depositó un beso suave donde la habían mordido sus dientes. Sus labios estaban ligeramente salados por la transpiración, suave seda, el sabor de su boca, fuerte y caliente, tan satisfactorio.

Él la atacó de nuevo, tirando de su labio con sus dientes, de nuevo suavizando el movimiento besando donde la había mordido.

Sakura movió sus labios para besarlo en respuesta, sus ojos entrecerrados no eran más que dos ranuras mientras su boca suave y rosa encontraba la de él.

Sasuke se inclinó más sobre ella, listo para lamerla por dentro, pero Sakura se echó hacia atrás.

—No—. Su susurro salió apenas sin voz, y él no lo habría escuchado si no hubiera estado tan cerca.

Pero no era miedo lo que había en los ojos de Sakura. Él vio el dolor y la angustia en su lugar.—Esto no es justo.

—¿Qué no es justo?

—Para mí—. Sus pestañas estaban mojadas.

La oscura necesidad se apoderó de él. Agarró fuertemente sus muñecas, pero Sakura no se estremeció, no se movió.

Él era Sasuke Uchiha, el Duque de Kilmorgan, uno de los hombres más

poderosos de Gran Bretaña y Sakura Haruno se había puesto a sí misma bajo su poder. Sasuke podría hacerle lo que quisiera, aquí, solos en esta habitación. Cualquier cosa.

Los ojos de Sakura, uno detrás del velo moteado, y el otro visible, le miraron

fijamente. Sasuke consiguió soltar el aliento que quemaba como el fuego y se obligó a sí mismo a soltarla.

Su cuerpo luchó contra la idea de liberarla, y retrocedió un paso antes de que se apartara y se inclinara sobre un tocador.

Presionó sus puños contra la madera, sus pulmones estallándole, la sangre palpitando a través de su cuerpo.

—¿Sasuke, estás bien?

Sakura alzó la vista hasta él con preocupación. Todavía, ella no tenía miedo. Sólo preocupación, por él.

—Sí, estoy bien. ¿Por qué diablos no tendría que estarlo?

—Porque estas muy rojo y romperás la madera si no tienes cuidado.

—¡Estaré mejor en el mismo instante en que tu estés fuera de esta casa!

Sakura metió sus manos en sus guantes de color gris paloma.

—Cuando termine de buscar.

Sasuke rugió. Agarró el tocador y lo volcó, la cosa se estrelló contra el suelo.

Al mismo tiempo, la entrada se oscureció e Itachi entró a zancadas, su ceño típico de los Uchiha era todo para Sasuke.

Sakura se volvió hacia Itachi, dedicándole una brillante sonrisa.

—Aquí estás, Itachi. ¿Puedes, por favor, llevarte a Sasuke abajo? Terminaré mucho más rápido si él no está aquí arriba arrojando los muebles por el aire.

Sasuke fue hacia ella.

Itachi trató de detenerle, pero Sasuke le empujó fuera de su camino y embistió a Sakura. Ella chilló.

Sasuke no se preocupó. La levantó y la colocó sobre su hombro, después

empujó a Itachi al pasar, quien había decidido retroceder y ver que sucedía, y llevó a Sakura cargándola escaleras abajo.

— ¡Itachi, trae mi paquete!— Sakura gritó hacia atrás sobre su hombro. —Sasuke, déjame en el suelo. Esto es absurdo.

El coche de Itachi se encontraba estacionado bajo las lámparas de gas, que pintaban el nebuloso ambiente de un amarillo enfermizo. Sasuke al menos dejó a Sakura sobre sus pies antes de guiarla por las escaleras hasta la calle, sujetando su codo, y empujándola dentro del

carruaje.

En vez de luchar contra él, Sakura se hundió después de un—En serio, Sasuke—.

Él vio cómo ella echaba un vistazo a los transeúntes y decidió no hacer una escena.

Sasuke la empujó dentro del carruaje que sus lacayos habían abierto a toda prisa. Se subió al lado de ella y dirigió a su cochero a Grosvenor Square, sabiendo de sobra que Sakura nunca se quedaría en el carruaje si él no la sujetara allí durante todo el camino a casa.

Las fotos que Sakura había encontrado en la tienda eran impresionantes. Sasuke en toda su gloria. Sakura estaba sentada a solas en la mesa en su habitación esa tarde, las fotografías estaban extendidas ante ella. Estaba vestida solo con su combinación, el nuevo vestido de baile que se pondría esta noche estaba extendido en la cama como una joya de color esmeralda.

Itachi, bendito fuera, le había traído el paquete envuelto con el papel de embalaje cuando había vuelto a casa de nuevo sin preguntar sobre lo que había en él.

Sakura esperó a que Maigdlin bajara a cenar antes de cortar el bramante y desenvolver la caja, sacando las fotografías una tras otra.

Había doce en total, seis tomadas en el mismo cuarto que aquella en la cual había estado mirando por la ventana.

Las otras seis se había hecho en un dormitorio más pequeño, la decoración del mismo le recordaba a la casa en High Holborn.

Sakura puso su dedo sobre una fotografía y se la acercó. Ésta era diferente de las demás, porque en ella, Sasuke no estaba desnudo. Enfrentando a la cámara completamente, llevaba sólo el kilt de los Uchiha que colgaba bajo en sus caderas.

Esta fotografía también era diferente, porque en ella, Sasuke estaba sonriendo. Su sonrisa encendía sus ojos y suavizaba su cara.

Una mano estaba sobre su cinturón y la otra dirigiéndose, con la palma hacia adelante, como si le estuviera diciendo al fotógrafo, o fotógrafa, en este caso, que no tomara la foto. El disparo se había realizado, de todos modos.

El resultado mostraba a Sasuke como realmente era. Corrección, como solía ser, un pícaro diablo con una sonrisa encantadora. El hombre que había gastado bromas a Sakura y le había hecho guiños, que la había puesto sobre aviso por querer estar en cualquier parte cerca de un célebre Uchiha.

Sasuke se había reído de ella y había hecho a Sakura reírse en respuesta. Sasuke no había tenido miedo de contarle cualquier cosa, sus ambiciones, sus sueños, sus preocupaciones para con sus hermanos, su rabia hacia su padre.

Él venía a ella en Glenarden y se tumbaba con la cabeza en su regazo entre las rosas del verano, y desahogaba su corazón.

Entonces él la besaba, con los besos de un amante, no con los castos besos de un cortejo. Hasta este día, cuando Sakura olía las rosas rojas, ella sentía la suave presión de sus labios sobre los suyos, recordando el oscuro sabor de su boca.

Los recuerdos la inundaron y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sasuke había sido un diablo, pero lleno de vida y esperanza, risa y energía, y le había amado.

El hombre en el que Sasuke se había convertido ya no tenía esperanza ni risas, aunque todavía tuviera la misma obsesión. Sasuke se dirigía hacia ella, según ella había leído en los periódicos se iba ganando a los caballeros y a los políticos atrayéndolos a su lado, haciéndolos querer seguirle.

Sasuke nunca había tenido nada bueno

que decir sobre Bonnie Prince Charlie, el bastardo arrogante que arruinó a los Highlanders, pero Bonnie Prince Charlie debía haber tenido la misma capacidad para hacer que los escépticos creyeran en él.

Pero con el ascenso de Sasuke al poder, más calor le había abandonado. Sakura pensó en lo que había visto en sus ojos, cuando estaban ambos en el vestíbulo esta mañana, cuando Sasuke había bloqueado su salida de la casa, y esta tarde cuando la había encontrado en la casa de High Holborn.

Era un hombre duro y solitario, conducido por la cólera y la determinación, sin sonrisas de entusiasmo, sin risas.

Sakura deslizó esa fotografía apartándola y atrajo la siguiente hacia ella. Sasuke todavía sonreía a la cámara, pero con su experta sonrisa de diablo. El kilt no estaba ahora, se encontraba cayendo al suelo desde su mano.

Era un hombre muy, muy hermoso. Sakura pasó el dedo por su pecho,

recordando lo que había sido tocarle.

Había conseguido una muestra de ello esta tarde, cuando él había sujetado sus brazos detrás de ella, su fuerza reteniéndola.

Había estado a su merced, sabía que ella no sería capaz de alejarse hasta que la soltara. En vez de sentir miedo, Sakura había sentido una oscura excitación golpeando por sus venas.

—¿Sakura, no estás lista?

Sakura dio un brinco cuando la voz de Ino sonó fuera de la puerta de su habitación.

Sakura empujó las fotografías devolviéndolas a la caja y estaba

colocando la caja en el fondo del cajón del tocador cuando Ino Uchiha entró con un susurro de plateado satén y tafetán.

Sakura cerró con llave el cajón y dejó caer la llave en el escote de su corsé.

—Lo siento, Ino—, dijo.—Sólo estaba terminando algo. ¿Me ayudarás a vestirme?

Sasuke supo demasiado bien el momento en el que Sakura se unió a la multitud que llenaba su sala de baile.

Sakura vestía de verde, un vestido oscuro, verde botella con un escote que mostraba la parte superior de sus pechos y exponía sus hombros.

Un polisón, más discreto que el gigantesco que llevaban otras señoras, recogía su sobrefalda hacia atrás antes de dejarla caer hasta el suelo en una suave onda de satén.

El estilo llamaba la atención hacia su cintura comprimida por un pequeño y

apretado corpiño, y este por su parte atraía la atención hacia el escote que

enmarcaba sus pechos llenos.

Un collar, una simple cadena con una esmeralda en forma de gota, señalada su hendidura. Los pendientes de esmeralda pendían de sus orejas, tan verdes como el vestido.

Sasuke había estado pensando en Shikamaru Nara, el diputado que era los ojos y los oídos de Sasuke en la Cámara de los Comunes, y preguntándose qué estaba consiguiendo.

Nara esta noche usaba su arte de persuasión para atraer al lado de Sasuke a uno o dos hombres sobre el asunto de presentar o no un voto de censura a Gladstone.

Sasuke sabía que estaba cerca la hora en la que podría obligar a Gladstone a dimitir, y entonces admitir que la coalición de Sasuke tenía la mayoría o convocar elecciones, que Sasuke estaba malditamente seguro de que él y su partido ganarían.

Consígalos por cualquier medio que sea necesario, Sasuke le había dicho a Nara. Nara, libertino pero encantador y sibilino como una serpiente, le había asegurado a Sasuke su victoria.

Pero una vez que Sakura entró en la sala, la preocupación sobre Gladstone, los votos y la victoria se disolvió en la nada.

Sakura estaba radiante.

Esta noche era la primera vez en la que Sasuke la veía con otra cosa que no fueran los feos vestidos de algodón o de sarga. Sakura vestía ropas abrochadas hasta la barbilla.

El vestido de baile dejaba ver su brillo.

Ino debía haberle prestado a Sakura el vestido o habérselo comprado para ella, pero de cualquier forma, el resultado era impresionante.

Un poco demasiado impresionante.

Sasuke no podía apartar sus ojos de ella.

—Estoy muy cansado de que tomes prestada a mi esposa para hacer de anfitriona en tus aburridas fiestas—, dijo Sai, parándose junto a Sasuke en un raro momento en el que había espacio vacío alrededor de él.—Entre estos malditos bailes y veladas musicales y la decoración de los mismos, nunca la veo.

Sasuke no apartó su mirada fija de Sakura mientras tomaba un sorbo de whisky de malta.

—Lo que quieres decir es que no tienes la misma cantidad de tiempo para acostarte con ella como te gustaría.

—¿Puedes culparme? Mírala. Quiero matar a cualquier hombre que hable demasiado con ella.

Sasuke tuvo dificultades para apartar su mirada de Sakura, pero le concedió que Ino, con un vestido en plata y verde que le sentaba como un susurro sobre su figura delgada, lucía bella. Ino siempre lo hacía.

Sai había caído locamente enamorado de esta mujer desde el mismo momento en que puso sus ojos en ella. Pero el idiota de su hermano había necesitado seis años para aprender cómo amarla, pero gracias a Dios, esa tormenta había pasado, su matrimonio ahora estaba anclado en un puerto seguro.

Ino y Sai eran radiantemente felices, con Ino tan afanosamente ocupada cuidando a Sai, Sasuke ya no tenía que hacerlo.

Sai agitó la mano llamando a un camarero que se paró con el champán, Sai ahora era abstemio después de años de casi matarse con la bebida.

—¿Qué ha pasado con tu declaración de que estabas buscando tu propia

esposa?—le preguntó a Sasuke después de que el camarero se hubiera ido.

La mirada fija de Sasuke se deslizó de nuevo a Sakura, que saludaba a un marqués y a una marquesa como si fueran viejos amigos.

Sus ojos brillaban mientras hablaba, sus manos enguantadas moviéndose como ella solía hacerlo para enfatizar sus palabras.

Se rió con un sonido como las campanillas, y se dio la vuelta para saludar a otra dama bastante tímida y conducirla hacia un grupo haciendo que a la dama le resultara sencillo. Esto era una característica de Sakura, ella podría encantar hasta a Atila el Huno.

— ¿Me has escuchado?— gruñó Sai.

—Realmente te he oído, y ya te dije que lo dejaras en paz.

—Tienes a Sakura justo delante. Por Dios reacciona, bésala hasta dejarla sin sentido y manda a llamar al vicario. Entonces ella podrá ser la anfitriona de tus fiestas e Ino se podrá quedar en casa conmigo.

—Sabes que no será durante mucho más tiempo—, Sasuke dijo suavemente, todavía mirando a Sakura.—Ino y tú os escapareis a Berkshire, donde vosotros dos os podréis quedar en la cama todo el día y toda la noche.

—Porque entonces tú harás volver a Hinata y a Izumi como tus anfitrionas.

Realmente debes saber que tus hermanos están listos para lincharte ¿verdad?

—Tener a una mujer encantadora saludando a mis invitados es parte del plan—dijo Sasuke. —Ino lo entiende.

Sai no pareció impresionado.

—Sasuke, tú programarías a Cristo la segunda venida y harías a Wilfred enviarle un itinerario. Debes aprender a dejar que las cosas simplemente sucedan.

Sin esperar una respuesta, Sai le rodeó y se abrió camino a empujones a través de la muchedumbre, directamente de vuelta a Ino.

Aprende a dejar que las cosas sucedan. Sasuke tomó un sorbo de whisky para esconder su cínica sonrisa.

Lo que Sai no entendía era que Sai, Naruto e Itachi tenían las vidas que tenían ahora porque Sasuke se había negado a permanecer apartado y dejar que las cosas pasaran.

Si Sasuke no hubiera orquestado cada detalle de sus vidas, Naruto y Sai podrían estar ahora mismo tratando de extraer vida en una selva plagada de malaria o en una Escocia congelada cultivando el resistente suelo.

Los caballos de carreras, el arte, las mujeres y el buen whisky serían lujos inalcanzables para ellos. ¿E Itachi? Itachi podría estar muerto.

No, los hermanos de Sasuke no sabían la extensión de lo que había hecho, y Sasuke rezó para que nunca lo supieran. La única persona que tenía una ligera noción de ello era la dama del vestido verde botella que sonreía y conversaba con los invitados, cautivándoles con su resplandor.

Ella era la única en el ancho mundo

que sabía la verdad sobre Sasuke Uchiha.

Sakura observó a Sai andar a zancadas alejándose de Sasuke, y los admiradores de Sasuke aparecieron alrededor de él llenando el espacio.

Este baile era sobre todo provechoso para los partidarios leales de Sasuke y para intentar atraer a más hacia el partido de coalición que él había formado, llevándose a algunos caballeros del lado de Gladstone, por un lado y de los conservadores Tories, por el otro.

Las dos damas que se deslizaron a ambos lados de Sasuke no tenían interés en la política, Sakura estaba segura de ello.

La dama a la izquierda de Sasuke era Lady Murchison, la esposa de un Vizconde, la que estaba a su derecha, era la esposa de un comandante naval. La esposa del comandante tenía sus dedos firmemente sujetos en el brazo de Sasuke y Lady Murchison deslizó su mano enguantada subrepticiamente bajando por la espalda de Sasuke.

Quiere acostarse con él.

Por supuesto que quería. ¿ Quien podría resistirse a Sasuke con su levita negra, el kilt de los Uchiha y calcetines de lana en sus poderosas pantorrillas? Sasuke continuó hablando con el pequeño grupo reunido en torno a él, como si no notara a las dos damas deslizándose más cerca y más cerca de él.

Sakura se obligó a volverse y a sonreír a los otros invitados.

Era buena en esto, juntando a gente que de seguro congeniaría, encontrando con seguridad a cada uno que deseara bailar el compañero adecuado, y evitando que los invitados más mayores fueran sentados contra una pared y olvidados.

La asistencia a esta fiesta era una verdadera aglomeración, aunque Sakura supiera que la lista de invitados se había limitado bastante, tanto que aquellos que no estaban incluidos en ella moverían cielo y tierra para ser incluidos.

Todo era parte del juego para hacer a

Sasuke brillar con una luz más brillante.

Itachi estaba ausente esta noche, pero esto no era extraño. Itachi odiaba las

muchedumbres. Ino decía que cuando Izumi estaba con él, Itachi podría andar sobre el fuego, o para el caso entre una muchedumbre, mientras su esposa estuviera a su lado.

No le puedo culpar, Sakura pensaba mientras se movía, charlando con todos sin excepción. A la gente le gustaba mirar fijamente y señalar a Itachi.

El loco Uchiha, le llamaban, un poco injustamente. Se casó con esa pequeña don nadie medio francesa, susurraban. La pobre mujer debía haber estado desesperada por tener un marido.

No tan pobre, y no tan desesperada. Izumi había heredado una gran fortuna antes de casarse con Itachi.

Pero Sakura sabía la forma en que funcionaba el mundo, otros susurraban acerca de la inconveniencia de que Izumi no se hubiera casado dentro de su familia, trayéndoles a todos ellos todo ese encantador dinero.

Sakura esta noche realmente estaba disfrutando de la posibilidad de

reencontrarse con algunas de sus amigas de la niñez. Estas damas estaban ahora casadas y preocupadas con problemas del tipo de cómo encontrar buenas niñeras o las primeras aventuras de sus hijos en el colegio. Y, por supuesto, como Sakura todavía era soltera, querían emparejarla.

—Debes unirte a nosotros para nuestra excursión en bote, querida Saku— una

dama decía con indisimulado fervor.—Mi hermano y su mejor amigo acaban de volver de Egipto. Ellos están muy bronceados, difícilmente se los reconoce. ¡Y qué historias cuentan! Completamente fascinantes. Estoy segura que estarán muy interesados en verte.

—Mi padre disfrutaría oyendo sus historias— dijo Sakura Él ama viajar, tan lejos como sea posible mientras no se requiera que se aleje demasiado de su sillón.

La dama se rió, pero sus ojos brillaban con determinación.

—Bien entonces, debe traer a su querido padre. Le hemos extrañado a él también.

Más ofertas de ese tipo fueron expuestas, todas expresadas como salidas o excursiones que no serían lo mismo sin Sakura. Y, por supuesto, un hermano soltero, un primo del sexo masculino, y hasta un tío enviudado iban a endulzar la fiesta.

Parecía que los conocidos de Sakura, tenían decidido que su objetivo antes

de que la Temporada terminara era conseguir que la pobre Sakura se casara.

A través de todo esto, vio cómo la vizcondesa Murchison se había pegado al lado de Sasuke.

El Sr. Charles Darwin podría afirmar que los seres humanos descienden de los monos, pero los antepasados de Lady Murchison debían haber sido percebes.

Mientras Sakura estaba mirando, la señora Murchison dejó que su mano bajara hasta apoyarla en el trasero cubierto por el kilt de Sasuke.

Sasuke tenía demasiado sentido común para brincar, pero se giró un poco hacia su izquierda, lo que forzó a la mano de Lady Murchison a deslizarse lejos de él.

¿Pareció la dama decepcionada? En absoluto. Se rió y le envió una alegre

miradita, pareciendo tanto más resuelta.

Vaca desgraciada.

Sakura se dirigió hacia Sasuke, haciendo una pausa en cada grupo de invitados para charlar y escuchar, admirando y felicitando, aconsejando y consolando.

El suelo de la sala de baile estaba lleno de parejas girando, pero Sasuke permanecía firmemente al margen, el Duque era famoso por no bailar nunca en sus propios bailes.

Las multitudes eran una cosa bastante incómoda, Sakura pensaba mientras se sujetaba sus faldas para deslizarse entre unas damas demasiado compuestas.

La moda este año parecía dictar que la mujer de la especie debería llevar grandes polisones sobre sus traseros y llenarlos con gigantescos abullonados y grandes rosas de terciopelo.

Quizás deberíamos añadir lo necesario para preparar el té o una estantería con libros, Sakura reflexionaba mientras se deslizaba a través de otro grupo más de damas.

Ella intentó meterse a presión en el apretado grupo que rodeaba a Sasuke y la gente se cerró todavía más, impidiéndole acercarse.

De alguna manera, logró empujar el brazo de un alto caballero que sostenía una copa llena de rojo vino. Perdió su agarre sobre la copa, que vaciló y bailó en las yemas de sus dedos. Y luego, el desastre.

La copa cayó de su mano y quedó flotando durante un tiempo que se hizo largo en su camino hacia el suelo. El líquido como el rubí formó un arco a través del aire y cayó sobre toda la parte delantera del corpiño de satén plateado de Lady Murchison.

Lady Murchison chilló. El caballero del vino estaba jadeando y comenzó a

balbucear disculpas de manera sobresaltada.

Sakura empujó entonces haciéndose sitio a través del grupo, sus enguantadas manos en sus mejillas

—Oh, querida. Pobre, pobrecita.

La cara de Lady Murchison estaba de un feo verde mientras se alejaba de Sasuke, quien había tomado un pañuelo grande de su bolsillo y se lo había ofrecido a ella.

El corpiño estaba arruinado, una mancha de un rojo vivo se extendía sobre él, como sangre en una herida.

Sakura agarró la mano de la señora Murchison cuando ella levantaba el

pañuelo.

—No, no, no lo restriegue, eso sólo extenderá la mancha. Buscaremos una habitación para que se retire y llame a su doncella para que venga con un poco de soda.

Mientras hablaba, arrastró a la señora Murchison lejos, el alto caballero todavía pidiendo perdón angustiado. Lady Murchison no tenía otra opción más que ir con Sakura.

Cada persona a cuyo lado pasaban la miraba fijamente, exclamando, y

dedicándole murmullos de compasión a Lady Murchison. Es decir, cada persona, excepto Sasuke.

Éste envió a Sakura una penetrante mirada incluso cuando movía los dedos para llamar a un lacayo para que corriera a por soda.

La mirada de Sasuke le dijo a Sakura que sabía exactamente lo que Sakura

acababa de hacer y exactamente por qué lo había hecho.

La historia pertenece a la autora Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto