CAPÍTULO 6
—Saku.
Sakura se detuvo al oír la voz de Sasuke abajo en el descansillo.
Había pasado una hora desde el desagradable episodio con la señora Murchison, y Sakura había ido arriba a buscar un chal, para una señora que se quejaba de frío.
El baile y la bebida continuaban en el salón, las alegres notas de un reel escocés llegaban al pasillo.
Las lámparas de gas estaban bajas, Sasuke era una sombra en la oscuridad más profunda.
Parecía un Highlander acechando a sus enemigos para derribarlos, sólo
le faltaba su claymore.
Sakura había visto una pintura del tatarabuelo de Sasuke, Madara Uchiha, con su espada y su arrogante cara de desprecio, y decidió que Sasuke se parecía a él enormemente.
Madara había sido un loco, las leyendas lo contaban, un guerrero despiadado al que nadie podía derrotar, el único de los cinco hermanos Uchiha que sobrevivió en la batalla de Culloden.
Si el viejo Madara hubiera poseído sólo una onza de la misma determinación que Sasuke, entonces Madara en efecto habría sido peligroso.
Sakura sonrió y bajó la escalera hacia él, con el chal entre sus brazos.
— ¿Qué haces aquí, Sasuke? El baile no ha terminado, aún.
Sasuke interceptó su camino cuando trató de pasar por delante de él.
—Eres el mismo diablo, Sakura Haruno.
— ¿Por traer un chal para una señora que tiene frío? Creía que eso era amabilidad.
Sasuke la miró con un rastro de su antiguo fuego en la mirada.
—Hice que Wilfred le diera un cheque a la señora Murchison por el vestido.
Por supuesto, no había olvidado el pequeño incidente en la sala de baile.
—Qué buena idea—, dijo Sakura. —El vino realmente deja una mancha deplorable. Lástima, realmente, era un vestido encantador.
Sakura trató de esquivarle, pasando a su alrededor otra vez, pero Sasuke la agarró por el brazo.
—Saku.
— ¿Qué?
No podía leer lo que había en sus ojos, su mirada oscura estaba en calma. Creía que podría soltarle en ese momento un discurso sobre la inconveniencia de arruinar deliberadamente el vestido de la señora Murchison, la señora había
admitido la derrota cuando la soda no quitó la mancha y se había ido a casa.
Pero Sasuke no dijo nada sobre eso.
En cambio tocó las esmeraldas que colgaban de sus orejas.
—Eran de mi madre.
La voz de Sasuke era suave, su dedo acariciaba con la misma suavidad el lóbulo de la oreja de Sakura.
Eso era lo que la señora Murchison había añorado, el toque experto de Sasuke, el modo en que su voz se recubría de suavidad, calentando el cuerpo de la afortunada señora.
—Ino insistió—, dijo Sakura rápidamente.
—Quise negarme, habiendo pertenecido a tu madre y todo eso, pero ya conoces a Ino. Se empecina en una cosa, y no atiende a razones. Te lo habría preguntado, pero fue en el último minuto y ya estabas recibiendo invitados. Me las puedo quitar si quieres.
—No—. Los dedos de Sasuke se cerraron sobre el pendiente, pero suavemente, sin tirar. —Ino tenía razón. Lucen bien en ti.
—Aún así, ha sido un gran atrevimiento.
—Mi madre habría querido que los llevaras. — Su voz se hizo más suave todavía.—Le habrías gustado, creo.
—Realmente la ví, una vez—, dijo Sakura. —Era sólo una niña, tendría unos ocho años, no mucho después de que mi madre falleciera. Pero congeniamos, me dijo que lamentaba no haber tenido una hija.
Sakura recordó el dulce perfume de la duquesa, la había abrazado de forma
impulsiva y no había querido dejarla ir.
La madre de Sasuke, Mikoto, había sido una mujer bella, pero con ojos atormentados. Sasuke se parecía un poco a ella, aunque Itachi y Sai se parecían más. Sasuke y Naruto tenían la mirada de su padre, un enorme hombre que nunca le gustó a Sakura, pero que nunca la había tratado mal.
Sasuke soltó el pendiente y levantó la mano de Sakura hasta sus labios. Besó el dorso de sus dedos, el calor de sus labios quemaba su piel a través de los finos guantes.
Sakura se quedó muy quieta, agarrando los pliegues del resbaladizo chal, con el corazón martilleándole.
Sasuke cerró los ojos cuando volvió a besar su guante otra vez, como si tratara de absorber su calidez a través de los labios.
Esa misma tarde, Sasuke la había sujetado en un fuerte abrazo, había inmovilizado sus muñecas detrás de ella en un apretón imposible. Había mordido su labio inferior, pero no había sido burlón o juguetón. Había habido cruda necesidad en sus ojos. Y Sakura no había tenido miedo. Había sabido que Sasuke no le haría daño. Podría romperle su corazón, sí; pero dañarla fisicamente, no.
Esta noche, sin embargo, era todo suavidad. Sasuke tocó su labio, en el lugar donde se lo había magullado.
Sakura había cubierto la diminuta contusión con una sutil cantidad de maquillaje, pero Sasuke sabía exactamente donde la había marcado.
— ¿Te hice daño? — susurró, alzando las cejas.
Sakura no pudo detener su lengua que salió como una flecha para tocar su labio.
—No.
—No me dejes nunca hacerte daño—, dijo.
—Si hago algo que no te guste, di,
"Para, Sasuke", y lo haré. Te lo prometo.
Sacudió la cabeza.
—
Nunca has hecho nada que no me gustara. — Se sonrojó una vez que lo dijo.
Sasuke tocó su labio superior.
—Soy un sinvergüenza. Lo sabes. Sabes todos mis secretos.
—Realmente no. Sé que te gustan… los juegos. He llegado a comprender eso.
Como en las fotografías. Aunque exactamente no se qué clase de juegos, siempre he tenido curiosidad por saberlo.
Si creía que se lo contaría, ahí en el hueco de la escalera, iba a decepcionarse.
—No, sin juegos—, dijo. —No contigo. Lo que quiero contigo…— Sus ojos
brillaron. —Quiero cosas que no debería querer.
Ahuecó su mejilla. Vio su pulso palpitante en la garganta, su cara enrojecida.
Sasuke se contenía. Todos los pensamientos que pasaban por su cabeza, todo lo que quería y no podía decir, se reprimía. El movimiento de sus dedos, la rigidez de su cuerpo, el modo en que sus ojos se llenaban de sombras, le decían eso.
Se acercó más. Sakura olió su jabón de afeitar, el whisky que había bebido, y ligeramente detrás de esto, el perfume bastante horrible de la señora Murchison. Más cerca aún.
Los ojos de Sasuke se cerraron cuando tocó su labio en el lugar en el que la había mordido. Sin embargo lo que le dolía era el pecho, Sakura se mantuvo quieta, sorprendida de cuánto le dolía.
Sasuke acariciaba sus labios, con el pulgar desde la comisura de su boca.
Sakura se alzó hasta él, probando su lengua que se introdujo en su dulce boca.
Suavemente, suavemente, Sasuke todavía se reprimía. Sus labios eran suaves, secos hasta que su boca los mojó. Todavía le resultaba familiar, el gusto salvaje de él todavía le era familiar.
Los años desaparecieron, y ellos encajaron, de nuevo. Los dedos de Sasuke eran fuertes, calientes, pero su boca aún era dura. Sakura se apretaba contra él, deseaba tanto su cuerpo caliente que sentía hambre.
"Di, detente, Sasuke, y lo haré". Supuso que se lo debería decir si la encerraba con llave en algún lugar, como había hecho esa tarde, dejándola indefensa frente a él.
Estaba indefensa ahora, y no tenía intención de decirle que parara.
El chal se deslizó del débil apretón de Sakura y cayó a sus pies. Sasuke se acercó más, sus muslos presionando contra su falda, su brazo firme alrededor de su cintura. Sakura sintió su dureza a través de las capas de tela, su obvio deseo.
Recordó la foto en la que vestido sólo con sólo su kilt, sonreía al dejarlo caer. Su cuerpo era hermoso. Quiso que se desnudara para ella otra vez, y sólo para ella, para nadie más.
Sakura sabía exactamente por qué la señora Murchison había dejado a su mano vagar hasta su trasero. Sakura deslizó sus dedos allí ahora, por debajo de la levita, muy sutilmente, si llevaba algo debajo de la falda debía de ser muy fino.
Sakura colocó sus palmas sobre sus firmes nalgas, un agradable calor la
embargó al sentir los fuertes músculos bajo la lana.
Sasuke levantó la cabeza.
Su mirada suave desapareció, y fue sustituida por la amplia sonrisa pecaminosa del joven Sasuke Uchiha.
—Diablesa—, dijo.
—Todavía eres bastante atractivo, Sasuke.
—Y tú todavía tienes fuego en tu interior. — Sasuke pasó la yema de un dedo sobre sus pestañas. —Lo veo.
—En absoluto. Hacía bastante frío en Aberdeen.
— ¿Y viniste a Londres para calentarte? Muchacha pervertida.
Sakura apretó sus nalgas otra vez, incapaz de detenerse.
— ¿Por qué crees que vine a Londres?
La incertidumbre centelleó en sus ojos, y sus cejas descendieron. Sakura recordó el poder embriagador que había sentido devolviendole su broma.
Sasuke no estaba acostumbrado a eso, quería ser el maestro en todas las situaciones. Cuando no sabía lo que Sakura pensaba, se volvía salvaje.
—Por las fotografías, dijiste. Y me dijiste que querías un trabajo.
—Podría haber trabajado como mecanógrafa en Aberdeen. No tenía que venir a Londres para eso.
Sasuke apoyó su frente en la suya.
—No me hagas eso, Saku. No me tientes con lo que no puedo tener.
—No tengo intención de tentarte. ¿Pero te preguntas por qué, verdad? Lo veo cada vez me miras.
La mano de Sasuke acarició su mandíbula otra vez.
—Olvidas que estás en peligro. Soy un hombre peligroso. Cuando sé lo que
quiero, simplemente lo cojo.
— ¿No querías a la señora Murchison?
— Los ojos de Sakura se abrieron
asombrados.
—Es una arpía. El vino no era necesario.
—Me disgustó ver cómo te tocaba.
Sasuke acarició la boca de Sakura, mientras la fruncía, y la besó entonces.
—Me gusta que te disgustara eso. ¿Salvándome para poderme tocar tú?
Sakura apretó su trasero otra vez.
—Parece que no te opones.
—Por supuesto que no me opongo. Nunca me opuse. — Otro beso suave. —Tienes dedos expertos, Saku. Lo recuerdo.
Sakura quería desmayarse, dejarse caer como el chal alrededor de sus pies. Sasuke Uchiha era experto en gastar bromas, pero lo que habían compartido en el pasado le decia que esto era verdadero.
¿Si se lo preguntara, la acompañaría a su cuarto en el piso superior, y pasaría el resto de la noche en su cama, mientras recordaban cómo habían disfrutado ambos aprendiendo a conocer sus cuerpos?
Antes de que pudiera hablar, Sasuke la levantó y la sentó en la barandilla. Sakura gimió, sintiendo el espacio vacío a su espalda, pero los brazos de Sasuke la sostenían apartándola del peligro. Apartó sus faldas mientras se colocaba entre sus piernas, el chal olvidado estaba detrás de él en el suelo.
—Me haces sentir vivo—, dijo Sasuke.
La voz de Sakura tembló.
— ¿Es eso algo malo?
—Sí—. Su mandíbula se apretó. —Tengo éxito porque me concentro. Me fijo en una cosa y hago todo lo posible para obtener esa cosa. Contra viento y marea. Tú… —, la sostuvo con un brazo mientras pasaba un dedo por sus labios. —Me haces perder esa concentración. Lo hiciste antes, y lo vuelves a hacer ahora. Debería devolverte a la sala de baile, fuera de mi vista, pero ahora mismo, todo lo que quiero hacer es contar tus pecas. Y besarlas. Y lamerlas…
Sasuke depositó un beso en su pómulo, y otro y otro. Estaba haciéndolo, besaba cada una de sus pecas.
Sakura se inclinó un poco hacia atrás en sus brazos, sabiendo que no la dejaría caer. Se sentía caliente, salvaje, como él siempre la hacía sentir.
Sakura la solterona remilgada y correcta, la ayudante de su viudo padre, el modelo de Glenarden, sabía que le dejaría a Sasuke hacer con ella lo que quisiera, y ya se preocuparía de las consecuencias cuando tuviera tiempo.
Sus labios encontraron los de ella otra vez, ahora con fuerza, dominando la caricia a su boca. Sakura levantó los brazos hasta su cuello, y le devolvió el beso. Sus bocas se encontraron y se volvieron a encontrar, el ruido suave de los besos se desplazaba por el hueco de la escalera.
Sakura pasó una pierna a su alrededor
y le acarició con el pie su duro muslo.
Retrocedió un poco, en sus ojos brillaba una sonrisa.
—Mi muchacha sinvergüenza—, susurró. —Nunca te he olvidado, Saku. Nunca.
Sakura se sentía tan disoluta como él la llamaba. ¿Pero por qué no? ¿Eran lo
bastante mayores, verdad? Un viudo y una solterona, estaban por encima de la edad del escándalo. ¿Qué había de malo en un besito en la escalera?
Pero esto no era inofensivo, y Sakura lo sabía. Sus piernas se abrieron para él. Sasuke sabía dónde colocar su dureza, exactamente en el lugar correcto…
— ¿Uchiha? — Una voz subió a través de la barandilla, con una nota de sorpresa.
Sakura gimió y saltó y se habría caído, si no la hubieran sujetado los brazos de hierro de Sasuke.
El mundo real se arremolinó detrás de ella como un viento frío, pero Sasuke simplemente levantó su cabeza y miró abajo de la escalera con impaciencia.
—Nara—, dijo. — ¿Qué quiere?
—Mis disculpas por la interrupción—, respondió con sorna. —Siento ser tan
completamente inoportuno.
Sakura reconoció la voz. Era Shikamaru Nara, uno de los amigos más antiguos de Sasuke y camarada en la política.
Cuando Sasuke comenzó a cortejar a Sakura, Shikamaru se había declarado enamorado de Sakura también, abiertamente y sin recato alguno. A su favor se podía decir, que nunca había tratado de interferir en el noviazgo o robarle Sakura a Sasuke, pero cuando ella rompió el compromiso, Shikamaru corrió hasta Glenarden y pidió a Sakura que se casara con él.
Sakura le había dado una cortés, pero firme, negativa. Le gustaba Shikamaru, y había mantenido una cierta amistad con él, pero a éste le gustaba demasiado beber y jugar a los dados, hasta un punto depravado.
Su afición por el juego político era la única cosa que le impedía seguir con sus vicios hasta el olvido, y Sakura temía lo que le pasaría cuando el juego político dejara de tener interés para él.
—Si pudiera salir usted, Uchiha—, Nara arrastraba las palabras —Tengo a Neely en mi carruaje. He hecho tanto como he podido, pero necesito su habilidad para hacerle entrar. ¿Le digo que vuelva en un mejor momento?
Sakura vio como Sasuke cambiaba desde el joven sinvergüenza del que había estado enamorada al desapasionado político que había llegado a ser.
—No—, dijo. —Bajaré.
Shikamaru dio unos pasos hacia adelante, hasta ver las caras iluminadas...
—Dios mío, si es usted, Sakura.
Sasuke bajó a Sakura de la barandilla, y al ponerla de pie en el rellano, las faldas cayeron colocandose decorosamente.
—Ya sé quién soy, Sr. Nara—, dijo cuando recogió rápidamente el chal caído.
Shikamaru se apoyó contra la pared, sacó una petaca de plata y dio un trago.
—¿Quiere que le golpee por usted, Saku? Después de que consigamos a Neely, por supuesto. Necesito a Sasuke para eso. He tardado un maldito infierno en llegar con esto tan lejos.
—No es necesario—, dijo Sakura. —Está todo bien.
Sentía fija en ella la oscura mirada interesada de Shikamaru, desde la planta baja.
—Amo odiarle—, dijo, señalando a Sasuke con su petaca. —Y odio amarle. Pero le necesito, y él me necesita, y por lo tanto, tendré que esperar antes de matarle.
—Eso parece—, contestó Sakura.
Sakura no miró a Sasuke cuando bajó la escalera, pero sentía su calor detrás.
Shikamaru guardó su petaca, cogió por el codo a Sakura cuando llegó al último escalón y la acompañó el resto del descenso.
—Francamente, Saku—, dijo. —Si necesita que la proteja de él, sólo tiene que decírmelo.
Sakura bajó la escalera hasta el final y se soltó de su agarre.
—No se preocupe por mí, Sr. Nara—, dijo, dirigiéndole una sonrisa. —Puedo cuidar de mí misma, siempre lo he hecho.
—No sé como lo hace. — Shikamaru soltó un suspiro infeliz y levantó la mano de Sakura a sus labios.
Sakura le sonrió, se apartó y se apresuró a entrar a la sala de baile con el chal, sin mirar hacia atrás a Sasuke.
Pero sentía que éste la contemplaba, sentía su cólera en su fija mirada y esperaba que no se desatara esa cólera contra el pobre Sr. Nara.
El carruaje de Shikamaru Nara era ostentoso, como él mismo. El remilgado Sr. Neely, un soltero de hábitos espartanos, parecía fuera de lugar en él. Se sentaba muy derecho, con el sombrero sobre sus huesudas rodillas.
—Disculpe el carruaje—, dijo Nara sentándose enfrente, cuando vio que el Sr. Neely echaba un vistazo con repugnancia. —Mi padre era avaro y extravagante al mismo tiempo, y es heredado.
Sasuke, por su parte, no podía estabilizar su respiración. Tener a Sakura caliente en sus brazos, con ella alzando la vista hasta él con absoluta confianza, le había conmocionado y hecho olvidar todo lo demás. Si Nara no hubiera interrumpido, Sasuke la habría poseído esa noche.
Quizás allí mismo en la escalera, con la posibilidad de que alguno de los invitados alzara la vista y los viera, lo que lo hacía doblemente emocionante.
Su duro pene se había desinflado un poco cuando Shikamaru le había llamado, pero pensar en Sakura sobre la barandilla, con su pie deslizándose sobre su trasero, hacía que volviera a excitarse.
Presta atención. Lanzamos la red a Neely, y lo pescamos con una docena de seguidores leales, apartándoles de Gladstone. Le necesitamos. Nara tenía razón al ir a buscarme, él es demasiado decadente para el gusto de Neely.
El reformado Sasuke Uchiha, por otra parte, que raramente tocaba a una mujer en esa época, podría persuadir a un remilgado soltero. Nada como un calavera reformado para provocar a un puritano.
Neely miró desaprobadoramente a Shikamaru, cuando éste encendió un puro, recostándose en el asiento e inhalando el humo con placer. Shikamaru raramente se molestaba en controlar sus apetitos, pero Sasuke sabía que Shikamaru tenía una mente tan aguda como una navaja de afeitar detrás de su aparente depravación.
—El Sr. Nara cree que puede comprar mi lealtad—, dijo Neely. Frunció el gesto con el humo y tosió en un pequeño puño.
Shikamaru tenía bien preparada la presa, observó Sasuke.
—El Sr. Nara puede ser muy ordinario—, dijo. —Es debido a su educación.
Neely miró a Nara con animosidad.
— ¿Qué quiere? —, preguntó a Sasuke.
—Su ayuda—. Sasuke extendió las manos, las palabras acudían con facilidad a sus labios mientras su cuerpo se recostaba y ansiaba a Sakura. —Mis reformas, Neely, golpearán directas al corazón de asuntos que le interesan a usted. Odio la corrupción, lamento mirar a otro lado mientras que los seres humanos son explotados en nombre del enriquecimiento de la nación. Detendré tales cosas, pero necesito su ayuda para hacerlo. No puedo trabajar solo.
Neely pareció aplacarse ligeramente. Sasuke sabía que lo mejor para apelar a él, no era ofrecerle la adquisición de poder o riqueza— Neely era rico, un caballero inglés de clase media – alta, con arraigadas ideas acerca de su lugar en la sociedad. Desaprobaba el estilo de vida salvaje de Shikamaru y la enorme finca de Sasuke, pero no les condenaba completamente. No era su culpa. Sasuke era un duque, Shikamaru el nieto de un par.
Pertenecían a las clases aristocráticas y no podían evitar sus excesos. Neely también creía que el deber de las clases altas era mejorar la vida de las clases bajas. Quería que siguieran siendo campesinos, por supuesto, pero felices y bien cuidados campesinos, para mostrar al mundo que al menos en Inglaterra practicaban "la nobleza obliga".
Neely nunca soñaría con beberse una pinta en el bar con un minero o en contratar a un carterista cockney como ayudante de cámara de su hermano. Pero seguramente lucharía por mejores salarios, precios más baratos para el pan y condiciones laborales menos peligrosas.
—Sí, bueno—dijo Neely. —Tiene algunas ideas excelentes para la reforma, Su Gracia. — Humedeció sus labios, mirando primero a Shikamaru, y después a Sasuke.
Shikamaru detectó la mirada y a su vez miró a Sasuke con disimulo.
— ¿Quizás podamos endulzar el pote, eh? —preguntó Shikamaru. —Presiento que desea preguntarnos algo. Está en confianza. Las palabras no saldrán de estas paredes. — Acarició el mullido terciopelo al lado de su cabeza.
Sasuke esperaba que Neely pidiera otro impuesto sobre la aristocracia o su ayuda en uno de sus proyectos favoritos, pero los sorprendió diciendo,
—Deseo casarme.
Sasuke levantó sus cejas.
— ¿Usted? Mis felicitaciones.
—No, no. Quiero decir, que deseo casarme, pero no conozco ninguna candidata soltera. ¿Quizás, Su Gracia, con un amplio círculo de amistades, podría presentarme en alguien conveniente?
Mientras Sasuke disimulaba su irritación, Shikamaru dio una gran calada de su puro, lo apartó y miró a Sasuke entre el humo.
— ¿Quizás lady Sakura podría ayudarnos? Conoce a cada dama soltera de todo el país.
Neely se reanimó con la mención de un título.
— ¿Sería esa dama tan amable?
Shikamaru volvió a llevarse el puro a la boca, y Sasuke le miró irritado. Aunque Sakura reconocía que muchas mujeres de su clase se casaban para establecer conexiones sociales o financieras, no estaría muy contenta de introducir al mojigato y snob Neely entre sus amigos.
—Tengo que advertirle—, dijo Sasuke a Neely, —que aún cuando lady Sakura
consienta en ayudarle, sería necesario que la joven elegida aceptara su petición de mano. Un matrimonio es una cosa demasiado nebulosa para garantizarla.
Neely pensó en eso y movió la cabeza.
—Sí, ya veo. Bueno, señores, consideraré las cosas.
Sasuke sintió que el pez se escabullía. Pero no tenía interés en trillar Inglaterra para encontrarle una novia a ese hombre.
Tendría que recurrir a las amenazas, y no era exactamente lo que quería hacer esta noche. Antes de que pudiera hablar, Shikamaru apagó el cigarro y dijo,
—Díganos lo que realmente quiere, Neely.
Sasuke echó un vistazo a Shikamaru sorprendido, entonces se preguntó cómo no había visto las señales. Neely estaba nervioso, mucho más que un hombre que sólo busca conocer a una mujer adecuada.
La cabeza de Sasuke no estaba en ese juego esta noche. Por supuesto que no. Sus pensamientos estaban en el hueco de la escalera con Sakura, su respuesta inmediata pero inocente, el gusto de su boca, el olor de su piel…
—Estaba a punto de pedir algo más, antes de que se decidiera por el tema seguro del matrimonio—, dijo Shikamaru, logrando atraer la atención de Sasuke. —Admítalo. Está entre amigos. Mundanos, además. En otras palabras, puede ser honesto con nosotros, porque somos tan malos como cualquier caballero podría serlo. Y posiblemente no nos logrará impresionar.
Neely se aclaró la garganta. Comenzó a sonreír, y Sasuke se relajó. Shikamaru había encontrado un punto de camaradería con él. Ahora lograría subir el pez al barco. Neely miró a Sasuke.
—Quiero hacer lo que usted hace.
Sasuke frunció el ceño, sin entender.
— ¿Qué hago?
—Con mujeres. — Los ojos de Neely brillaban con expectación. —Ya sabe.
¡Ah, Dios Mío!
—Esto fue en el pasado, Sr. Neely—, dijo
Sasuke con tranquilidad. —Me he reformado.
—Sí. Muy admirable. — dijo Neely fríamente. —Pero sabrá dónde puedo encontrar tales cosas. Me gustan las damas. Me gustan muchísimo, pero soy un poco tímido. Y no tengo ni idea de cómo acercarme a ellas para… ciertas cosas. Encontré a un tipo en Francia que me dijo que le puso un cabestro a una y la montó como a un caballo. Me gustaría…, me gustaría muchísimo intentar algo así.
Sasuke se esforzó por esconder su repugnancia. Lo que Neely preguntaba no tenía nada que ver con los placeres exóticos que Sasuke había aprendido y disfrutado.
Neely preguntaba por lo que creía que a Sasuke le gustaba, usar a las mujeres, quizás haciéndoles daño, para su placer.
Lo que Neely quería era una perversidad, y no tenía nada que ver con el arte que Sasuke practicaba.
Lo que Sasuke hacía se basaba en la confianza, no en el dolor, Sasuke prometía la alegría más exquisita a la mujer que se rindiera a él por completo. Había aprendido a entender lo que cada mujer quería exactamente y sabía exactamente como dárselo, y como lograr que llegara al orgasmo sana y salva. Una dama nunca tenía nada que temer cuando estaba al cuidado de Sasuke.
Sin embargo, ese arte podría ser peligroso, y un pervertido inexperto como Neely podría hacer realmente daño a alguien. El pensar en que Neely asumía que Sasuke disfrutaba causando dolor, le enojó. Ese hombre era un idiota.
Pero Sasuke necesitaba los votos que ese hombre le proporcionaría. Se tragó su cólera y dijo,
—la Sra. Whitaker.
—Ah—. Shikamaru sonrió e hizo gestos con el puro. —Excelente opción.
— ¿Quién es la Sra. Whitaker? —preguntó Neely.
—Una mujer que cuidará muy bien de usted—, dijo Sasuke.
La Sra. Whitaker era una prostituta que sabía cómo contener a hombres sobreexcitados como Neely.
—Shikamaru le llevará a su casa.
Neely parecía impaciente y temeroso al mismo tiempo.
— ¿Quiere decir ahora mismo?
—No dejes para mañana lo que puedas
hacer hoy—, dijo Sasuke. —Le dejaré en manos del Sr. Nara. Buenas noches, Sr. Neely. Debo volver con mis invitados.
—Perfecto—. Neely hizo una reverencia en su asiento, pero no le dio la mano. Nunca pensaría que fuera apropiado estrechar la mano a un duque. —Se lo agradezco, Su Gracia.
Shikamaru y Sasuke se echaron otra mirada, y Sasuke abrió la puerta. Salió con alivio del carruaje lleno de humo, y Shikamaru estiró sus piernas hasta el asiento que Sasuke había desocupado cruzando sus tobillos, la imagen misma de la decadencia. Un lacayo cerró la puerta y el carruaje se alejó.
El aliento de Sasuke produjo vapor en la frialdad de la noche, pero su casa brillaba con luz y calor. La música, las voces y la risa salían por la puerta principal.
Sasuke regresó dando zancadas mucho más contento de lo que había salido. Quería ver a Sakura. Tenía que verla. Necesitando sus cálidos ojos verdes y su amplia sonrisa, su charla efusiva como una lluvia repentina en un día caluroso y seco.
Quería que su belleza anulara la fealdad de Neely, quería volver al placer inocente de besar sus pecas, que sabían como la dulce miel.
Allí estaba, con el vestido verde botella que por la razón que fuera resaltaba el
Verde de sus ojos, los pendientes de esmeralda que habían pertenecido a su madre colgando de sus orejas.
Un extraño alivio embargó a Sasuke cuando la miró, como si el baile, la reunión con Neely y todo, no fuera nada, y sólo Sakura fuera real.
Charlaba animadamente, ya que Sakura no era nada tímida, con damas y caballeros, y gesticulaba con un abanico que parecía haberse agenciado. O quizás había colgado de su muñeca la noche entera; Sasuke no podía recordarlo.
El abanico cerrado resultaba perfecto colocado en horizontal, cuando quería resaltar un punto. Después se lo llevaba hasta los labios. Sasuke se puso duro como una piedra. Se agarró al marco de la puerta de la sala de baile para evitar caerse.
Queria a Sakura para todos esos placeres oscuros, por los que había desdeñado a Neely, pero este no los entendía. Quería que se rindiera en sus manos, que confiara completamente en él, mientras cogía el abanico y la tocaba con él.
Quería ver su asombro cuando descubriera el profundo placer que un simple toque podía proporcionar, su profundidad y amplitud. La quería ahora.
Sasuke se apartó del marco de la puerta, saludando con pequeñas inclinaciones de cabeza a aquellos que trataban de atraer su atención y se dirigió hacia Sakura.
La historia pertenece a la autora Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
