CAPÍTULO 7
Sakura le vio venir por el rabillo del ojo.
Sasuke parecía un toro enfurecido o al
menos un Highlander enfurecido con kilt.
Su pelo corto estaba despeinado, la luz en sus ojos era dura, y aquellos que intentaban hablar con él se apartaban de su camino. Las cosas con ese Sr. Neely no debían haber ido bien.
Sasuke siguió su camino hacia ella, como si pensara alzarla sobre su hombro, como hizo en la casa High Holborn, y llevársela. La fuerza de él cuando lo hizo la había impresionado al mismo tiempo que la había enfurecido.
Sasuke se detuvo delante de ella, sin hacer nada escandaloso, pero la tensión en su cuerpo se derramaba sobre el suyo. Miró a Sakura tan fijamente como un águila y levantó su gran mano enguantada.
—Baila conmigo, Saku.
La orden se escapó de su boca, Sakura sabía que realmente no quería bailar.
Pero estaban en un baile lleno de gente, un lugar donde Sasuke no podía demostrar lo que realmente quería.
Sakura echó un vistazo a su mano ofertada.
—Sasuke Uchiha nunca baila. Lo tiene a gala y es conocido por ello.
—Estoy preparado para darles a todos una sorpresa.
Sakura no estaba segura de lo que veía en sus ojos, rabia, necesidad, y otra vez que un triste vacío. Algo le hacía daño. Tuvo el presentimiento de que si rechazaba esa simple solicitud, el golpe borraría cada trozo del nuevo entendimiento que habían conseguido.
—Muy bien—, dijo, colocando su mano en la suya. —Vamos a sorprender al
mundo.
Sasuke sonrió abiertamente, el hombre peligroso quedó atrás.
—Tengo tu palabra—. Casi estrujó la mano de Sakura cuando la empujó al fondo de la sala de baile. —Vamos a bailar un vals, lady Saku.
—Es un reel escocés—, dijo. Los violines y los tambores marcaban un ritmo estridente.
—No por mucho tiempo.
Sai e Ino dirigían el reel, damas y caballeros rompían y rehacían círculos alrededor ellos.
Sasuke anduvo con Sakura directamente al director de la orquesta y golpeó con sus dedos al hombre.
Los violines trastabillaron en el alto, mientras Sasuke hablaba con el director en voz baja, entonces el hombre asintió con la cabeza y levantó su batuta otra vez. Los compases iniciales de un vals de Strauss llenaron el cuarto, y los bailarines miraron alrededor confundidos.
Sasuke llevó a Sakura al centro del salón con su gran mano en su pequeña espalda.
La orquesta cobró fuerza, y las damas y los caballeros desconcertados
comenzaron a formar a parejas.
Sasuke entró en el vals con el compás del tema principal, tirando de Sakura
fácilmente hacia él. Se giraron cuando pasaron al lado de Sai e Ino, que seguían en el lugar donde se habían quedado al acabar el reel.
— ¿Qué rayos te pasa, Sasuke? —le preguntó Sai.
—Baila con tu esposa—, contestó Sasuke.
—Encantado. — Sai, sonrió abiertamente, abrazó a Ino y la hizo girar.
—Vas a conseguir que todo el mundo hable de nosotros—, dijo Sakura cuando
Sasuke la movía hacia al centro de la sala de baile.
—Tendrán que hacerlo. Deja de mirarme como si tuvieras miedo de que te pisara los pies. ¿Crees que nunca bailo porque he olvidado cómo se hace?
—Creo que tú haces siempre lo que quieres por tus propios motivos, Sasuke Uchiha.
No, Sasuke no había olvidado cómo bailar. El salón estaba lleno de gente, pero Sasuke giraba entre los otros bailarines sin peligro impulsándola con fuerza.
Su mano la sujetaba con fuerza por la cintura, con la otra firmemente atrapada dentro de su mano enguantada. Su musculoso hombro se movía debajo de la mano de Sakura y el contacto la electrificó.
Sasuke la llevó al fondo de la sala de baile, haciéndola girar y girar. El enorme y opulento salón giró ante sus ojos, y vio a los borrosos invitados que les miraban asombrados.
Sasuke Uchiha nunca bailaba, y ahora lo hacía con lady Sakura Haruno, la
mayor solterona de la reunión, la que le había rechazado unos años antes.
¡Y cómo bailaba! No con educado aburrimiento, sino con energía y fervor.
La mirada de Sasuke decía que le importaba un comino lo que nadie pensaba. Que estaba bailando esa noche con Sakura y el mundo podía desaparecer.
Los pies de Sakura se movían ligeros y aún más ligero notaba su corazón. Quería echarse hacia atrás en sus brazos y reír y reír.
—Bailamos el vals la primera noche que nos encontramos—, dijo alzando la voz sobre la música. — ¿Lo recuerdas? Dimos mucho que hablar en la ciudad, el decadente Lord Sasuke eligiendo a la joven Sakura Haruno. Fue delicioso.
La mirada desnuda en los ojos de Sasuke no desapareció.
—Esa no fue la primera vez que nos encontramos.Tenías nueve años y yo tenía dieciséis. Estabas en Kilmorgan, tratando de tocar una melodía en nuestro piano de cola.
—Y te sentaste a mi lado para enseñarme cómo tocarla —. Sakura se rió del recuerdo, el alto Sasuke, tan guapo con su levita y su kilt, con un aire de arrogante confianza. —Del modo más condescendiente posible, por supuesto. Un joven de Harrow que se dignaba a mirar a un niño.
—Eras una mocosa diabólica, Saku. Tú y Sai metisteis ratones en mis bolsillos.
Sakura se rió mientras la sala de baile giraba a su alrededor.
—Sí, fue tremendamente divertido, no creo que haya vuelto a correr nunca tan rápido como entonces.
Sus ojos eran hermosos cuando se reía, brillantes y verdes como un lago escocés iluminado por el sol.
Sasuke había querido castigar él mismo a Sai por los ratones, pero su padre había descubierto la travesura y había tratado de golpear a Sai sin conocimiento.
Sasuke le había detenido y más tarde había recibido una paliza en nombre de su hermano.
La sonrisa de Sakura borró la nube de su memoria. Bendita fuera, siempre lograba hacer eso.
—Quería decir que bailamos el vals la primera noche que nos encontramos
correctamente—, dijo.—Llevabas el pelo rizado. — Sasuke la acercó más, el espacio entre sus cuerpos disminuyó. —Te vi sentarte con las matronas, parecías remilgada y respetable, y te desee mucho.
Sakura sintió la curva flexible de su cintura bajo su mano, su cuerpo caliente mientras un rubor coloreaba su cara. Nada había cambiado. Sasuke todavía la deseaba.
Sakura sonrió como le había sonreído aquella noche hacía mucho, impertérrita y audaz.
—Y luego no hiciste nada malvado en absoluto. Me sentí decepcionada.
—Eso es porque sólo soy malvado en privado. Ya lo fui en la terraza, y en el
cobertizo para botes, y en la glorieta.
Las mejillas de Sakura estaban deliciosamente rosadas.
—Doy gracias al Cielo de tener público aquí.
Sasuke se detuvo. Las parejas casi chocaron con ellos, pero continuaron bailando, sin decir nada.
Sasuke Uchiha era el excéntrico Duque de Kilmorgan, eran sus invitados y todo lo que hiciera en su propia casa se debía tolerar.
Sasuke condujo a Sakura rápidamente por la pista. —Tomo esto como un desafío—,dijo cuando alcanzaron una esquina más tranquila. —Búscame en la terraza en diez minutos.
Sakura, siendo Sakura, abrió su boca para preguntar por qué, pero Sasuke hizo una formal reverencia y se alejó de ella.
Diez insoportables minutos más tarde, Sasuke anduvo a zancadas a través de un vestíbulo de la parte de atrás de la casa, asustando a un lacayo y a una criada que también robaban un momento privado, y salió a través de una puerta lateral a la terraza.
Estaba vacía. Sasuke se detuvo, su aliento echaba vapor. El frío y la desilusión le golpearon como un puñetazo.
— ¿Sasuke?
El susurro vino de las sombras, y luego Sakura salió de detrás de una columna.
—Si querías una reunión secreta, ¿no podías haber elegido un salón? Hace un condenado frío aquí fuera.
El alivio que sintió amenazaba con ahogarle. Sasuke acercó a Sakura contra él, y le dio un beso rápido, feroz, y luego la llevó rápidamente bajando de la terraza al jardín, rodeando la casa, hasta una puerta que conducía a una escalera.
Bajaron por las traseras de la casa y siguieron por un pasillo pintado de blanco. En el pasillo no había criados, todos ocupados en el baile y la cena que Sasuke había organizado para trescientos invitados.
Sasuke remolcó a Sakura a través de otra puerta a la lavandería que estaba caliente por el vapor. No había ninguna luz allí, pero mucha luz de los faroles de gas del paseo se derramaba desde las ventanas.
Un lavadero enorme estaba en el extremo del cuarto, con grifos para llenarlo con agua caliente de la caldera que estaba al otro lado de la pared.
Las tablas de planchar estaban dobladas en una esquina y las planchas esperaban pacientemente en anaqueles, para ser calentadas en la pequeña estufa.
En una mesa larga, estaba toda la ropa limpia de lino blanco, planchada y doblada para ser distribuida por los dormitorios de arriba.
Sasuke cerró la puerta, encerrándolos en el húmedo calor. Deslizó sus manos por los hombros desnudos de Sakura, sin gustarle lo fría que ella estaba.
La conversación con Neely le había dejado un mal gusto en la boca. Sasuke había sido consciente de que la gente creía que era como Neely, un buscador de placeres cuestionables a expensas de los demás. Sasuke nunca se había preocupado antes de lo que la gente pensaba de él. Por qué el más bien desagradable afán de Neely le había molestado tanto esa noche, no lo sabía.
No, sí lo sabía. No quería que Sakura creyera que era un hombre como Neely.
— ¿Sobre qué deseas hablarme tan en privado? —preguntó Sakura. — ¿Puedo
suponer que no persuadiste al Sr. Neely, de ahí tu humor?
—No, Neely capituló—, dijo Sasuke. —Shikamaru está con él.
—Felicitaciones. ¿Siempre te dejan esa cara las victorias?
—No—. Sasuke acarició sus hombros. —No quiero hablar de Neely o de victorias.
— ¿Entonces sobre qué deseas hablar?
— Le dedicó una de sus miradas
tímidamente inocentes. — ¿Los arreglos florales? ¿No fueron suficientes los volovanes en la cena?
Como respuesta, Sasuke enganchó sus dedos en lo alto de su guante largo, los botones saltaron cuando lo fue bajando hasta la muñeca, abajo, abajo, abajo.
Besó el interior expuesto de su muñeca, luego lo besó otra vez. Cálida, dulce Sakura. Quería bañarse en ella y limpiarse de todas las cosas que había hecho y todas las cosas haría en nombre del éxito de llamarse a sí mismo primer ministro.
Había comenzado con la cena y el baile del Duque que trata de persuadir a aquellos que le ayudarían a alcanzar el poder. Había concluido como un hombre capaz de hacer un trato con el diablo para conseguir su voto.
No quería ser esa persona nunca más.
En este momento, quería estar con
Sakura y dejar fuera al resto del mundo.
Los ojos de Sakura se ablandaron cuando la levantó hasta él y besó sus labios abiertos. Algo saltó entre ellos. Chispas. Siempre chispas.
Sasuke la besó en su labio inferior, recreándose en el lugar donde la había mordido. Un retazo de oscuridad bailó en algún sitio en su interior, pero no se dejaría
arruinar por eso. No con los suaves labios de Sakura, su boca caliente y respondiendo.
Dulce y sensible, así era Sakura, y además tenía un corazón de acero.
Sasuke besó su garganta y luego su hombro, su piel sudorosa con su salvaje baile. No era bastante. No era bastante.
Sasuke la levantó en sus brazos y la colocó en la mesa sobre la ropa amontonada de la lavandería. Antes de que Sakura pudiera protestar, estaba sobre ella apoyado en sus manos y rodillas, con ella tumbada sobre su espalda.
—Arrugarás la ropa—, se esforzó en decir. —Costó mucho plancharla.
—Pago a mis criados los salarios más altos en Londres.
—Por aguantarte a ti.
—Para que me dejen violar a mi amor sobre un montón de ropa limpia—. Sasuke cogió un par de calzones de debajo de su hombro, calzones de señora, hechos de fino lino y adornado con encajes. —Tuyos, creo.
Sakura trató de arrebatárselos.
—Sasuke, por todos los Santos, no puedes agitar mis bragas.
Sasuke los sostuvo fuera de su alcance.
— ¿Por qué están tan desgastados? — El lugar que tapaba su trasero estaba casi transparente y el encaje de las aperturas de las piernas había sido remendado muchas veces.
Cogió la camisola a juego, también de tela fina, pero remendada con cuidado durante años. —Ino tiene que equiparte de ropa interior.
—Lo puedo hacer yo misma—, dijo Sakura orgullosa. —Me compraré algo de ropa interior con mi sueldo.
—Deberías tener un cuarto lleno de ropa nueva. Tira éstos.
—Tendré que hacerlo si los rompes.
—No me tientes. — Sasuke se pasó la camisola por su mejilla. —Éstos son de lino. Quiero verte con seda.
—La seda es cara. El lino es más práctico. Y no deberías verme tampoco.
Sasuke levantó los calzones otra vez.
—Cuando te los pongas mañana, piensa en mí. — Presionó un beso en la desgastada tela que cubriría sus nalgas. Los ojos de Sakura se ensancharon. —…culo.
— ¿Culo? ¿Es un juego de palabras?
—Eres horrible.
—Nunca pretendí ser otra cosa. — Sasuke dejó caer los calzones en el montón y perdió su sonrisa. —Me haces perverso, Saku. Cuando entro en un cuarto y estás en el, todo y todos desaparecen.
—Entonces no debería entrar en un cuarto si yo estoy dentro. Tienes mucha responsabilidad ahora.
—Y volviste a mi vida cuando estoy preparado para alcanzar mi mayor éxito. ¿Por qué?
—Para ayudarte. Te lo dije.
Sasuke se inclinó sobre ella, examinando sus ojos verdes.
—Creo que Dios juega conmigo. Busca venganza.
Sakura frunció el ceño.
—No creo que Dios haga eso.
—Lo hace conmigo, siempre he tenido al diablo en mí. Tal vez te enviaron para salvarme.
—Lo dudo mucho. Nadie podría salvarte a ti, Sasuke Uchiha.
—Bueno. No quiero que me salves. No ahora mismo.
— ¿Entonces qué quieres? — preguntó.
— Quiero que me beses.
Los ojos de Sakura se ablandaron.
Pasó sus brazos alrededor de su cuello, y Sasuke se olvidó de la oscuridad, se olvidó de Neely, se olvidó de todo excepto de Sakura.
Sus bocas se encontraron en el silencio del cuarto, Sakura acalorada. La ropa resbaló y se cayó cuando Sasuke la acostó del todo y presionó su rodilla entre sus faldas.
Tenía muchas ganas de arrancarle las faldas y el miriñaque que la mantenían separada de él. Desde ahí, sería fácil quitarle sus calzones y estar dentro de ella en un rápido empuje. Y luego podría estar con ella, completamente.
Encontrar su calor, haciéndose uno con la mujer que siempre había querido. Ansiado. Durante años.
Si se lo preguntara cortésmente, diría que no. Así que, tendría que ser descortés.
Sasuke le quitó el guante del todo y presionó un duro beso en su palma.
Envolvió el guante una vez alrededor de su muñeca y luego alrededor de la suya.
Sakura le miró, asustada, insegura de lo que quería decir con ello. Sasuke no estaba seguro tampoco. Sólo quería acercarla, y que se quedara unida a él.
El extraño lazo del guante transmitió calor a través del cuerpo de Sakura. Notaba el peso de Sasuke encima de ella, y el guante alrededor de ambas muñecas les ligaba: él a ella, ella a él.
Había enseñado a Sakura a besar hacía mucho tiempo. Le mostró cómo separar sus labios, cómo dejarle entrar en su boca. Había dejado a ese hombre que despacio, muy despacio tomara toda su inocencia. La sedujo, la enseñó a ceder ante su propio deseo y no tener miedo.
—Saku—, susurró.
Respiraba con esfuerzo. Sasuke había dicho su nombre así durante el día en la glorieta en Escocia cuando la había acostado y la había besado a la luz del sol.
Le había dicho que la deseaba y exactamente cómo la deseaba. Sakura se había reído, complacida con su poder. Sakura Haruno, tenía al gran Sasuke Uchiha de rodillas.
Tonta Sakura, tonta. Nunca había tenido poder sobre Sasuke, y ese mismo día, lo había demostrado. Lo demostraba otra vez. La besó en su escote, su aliento calentaba su piel desnuda, su pelo como la seda áspera. Encontró que su mano subía para acariciarle el pelo, no la había mandado hacer eso. Él la destrozaría. Otra vez. Sasuke, no. Déjame ir.
Las palabras no salieron. Sasuke besó su garganta, sus labios persistentes,
marcándola. Había pasado calor con el baile, mucho frío en su breve estancia en la terraza y ahora ardía por dentro.
El cuerpo de Sasuke apretado contra el suyo. Sasuke Uchiha, otra vez en sus brazos, donde pertenecía.
Levantó la cabeza, sus ojos oscurecidos.
—Te había perdido, Saku.
Te había perdido. El haberte perdido me rompió el corazón.
Sasuke la besó otra vez, y Sakura sabía que se rendiría. Esta noche, le dejaría tenerla, sin que importara el coste. Se asustó de cómo tan fácilmente iba a sucumbir.
El guante envuelto alrededor de sus muñecas la hizo temblar. Más aún cuando Sasuke levantó su mano atada y presionó un beso en el interior de su muñeca.
Siguió eso con una lamida y luego un suave mordisco. La mordió otra vez,
entonces levantó su cabeza.
—Saku, quiero…
—Lo sé.
—No, no lo sabes. No puedes. — Sacudió su cabeza. —Eres la propia inocencia, y yo soy la encarnación del diablo.
Sonrió, su corazón se aceleró.
—Eres un poco diabólico, lo admito.
—No tienes ni idea de lo que un hombre como yo quiere.
—Tengo alguna idea. Recuerdo la glorieta. Y tu dormitorio arriba, y en Kilmorgan.— Tres veces le había hecho el amor Sasuke Uchiha; tres veces en su vida creyó que moriría de felicidad.
—Entonces eras inocente. Me contenía, porque no quería hacerte daño.
Sasuke se contenía ahora. Sakura vio algo desesperado en sus ojos que no
entendió. Anhelaba alcanzarle pero no podía.
—Me digo que eres algo precioso y rompible—, dijo. —Pero tienes un fuego en tu interior que quiero tocar. Quiero enseñarte mis juegos diabólicos y traer ese fuego a la vida, enseñarte lo que ese fuego puede ser.
—Eso no suena mal.
—Podría serlo, Saku. Puedo ser muy malo.
—No tengo miedo—, dijo, todavía sonriendo.
La risa de Sasuke estaba llena de calor.
—Eso es porque no me conoces realmente.
—Sé más de lo que piensas.
—Me tientas cada vez me miras. Tú con ese abanico—. Sasuke lo recogió de la mesa de la lavandería y lo tiró al otro extremo del cuarto.
Sakura levantó su mano como protesta.
— ¡Cielos!, Sasuke, si has roto ese….Los abanicos son caros.
—Te compraré uno nuevo. Te compraré un carro lleno, si me prometes no volver a usarlo nunca como lo hiciste esta noche, diciéndome a mí y a cada hombre en
el cuarto que querías que te besaran.
Sus ojos se abrieron asombrados.
—No hice tal cosa.
—Te diste varios toques con esa maldita cosa en los labios y miraste tímidamente sobre él.
—No lo hice.
—Me hizo desearte tanto como para amarte allí mismo en la sala de baile. Quiero amarte ahora. Te quiero desnuda en esta mesa, y quiero…
Comprobó sus palabras, y el pulso de Sakura se aceleró.
— ¿Qué quieres?
Sasuke la miró con ojos que eran como la lava.
—Lo quiero todo. Ser tu amante de todos los modos. Quiero ir a tu dormitorio cada noche y enseñarte cosas que te impresionarán. Mejor cierra con llave tu puerta, Saku, porque no sé cuánto tiempo me podré mantener alejado.
Su sonrisa era pecaminosa, el hombre que había conocido antes aparecía
finalmente. Pero tenía razón; durante todos aquellos años, Sasuke se había
contenido.
Sakura había vislumbrado a veces su hambre intensa cuando la miraba, que enmascaraba rápidamente.
—Te lo dije, no tengo miedo—, dijo. —No soy una señorita virginal, buscando refugio y protección. Después de todo, soy la que le dijo a Hinata que se debería fugar con Naruto.
— ¿Tú, zorra?
—Vino a pedirme consejo, ya que tenía experiencia con los Uchiha.
Sasuke alisó el pelo de Sakura, su toque se hizo tierno.
—Te deseo. Eres lo que he deseado cada día desde que te encontré. Siempre has sido tú. Y por eso tienes que levantarte de esta mesa y huir de mí. Ahora
—Pero…
Sasuke la apretó contra él para otro beso que obligó a su boca a abrirse para él. Sus dientes mordían sus labios, pero su cuerpo se le acercó más y su boca respondió, enredándose y acariciándole.
La soltó de repente, y ella retrocedió en la lavandería, sin aliento, le palpitaba el labio donde se lo había magullado.
El hacía que se sintiera relajada, liberada.
Acarició su brazo conmovida al sentir
sus músculos debajo de su chaqueta.
Sasuke se inclinó para susurrar en su oído.
—Te tienes que mantener lejos de mí, Sakura Haruno. Dices que no necesitas protección, pero eso es exactamente lo que realmente necesitas. De mí.
La besó otra vez, un beso duro, exigente. De repente, sintió que él liberaba su muñeca, el guante cayó sobre su pecho.
Sasuke besó sus labios una vez más
mientras se apartaba de ella y se ponía de pie.
Sakura se sentó, agarrando el guante, tratando de contener su respiración.
Sasuke colocó su mano sobre sus rizos, luego inclinó la cabeza para otro beso. El hambre ardía en sus ojos, un hambre tan feroz que Sakura sabía que debería estar asustada, pero no lo estaba.
Sasuke la deseaba, aún después de todos esos años, y eso hacía que estuviera caliente y excitada.
Le vio luchar contra su hambre, le vio someterla bajo su férreo autocontrol.
Tocó un pendiente de esmeraldas que colgaba de su oreja y osciló.
—Guarda los pendientes—, dijo. —Te favorecen.
Entonces Sasuke se alejó, sin añadir nada, sin adioses. Cerró de golpe la puerta y anduvo a zancadas por el iluminado pasillo, dejando a Sakura sola y temblando en una mesa llena con la arrugada colada.
Sasuke fue a su comedor privado a la mañana siguiente del baile, y lo encontró lleno de gente.
Había tratado de vencer el sueño unos minutos después de que el baile hubiera terminado, pero se había rendido, porque Sakura había invadido sus sueños.
En ellos habían estado bailando y bailando, pero su vestido verde se había deslizado hacia abajo con cada vuelta, revelando sus pechos hermosos y más llenos.
Al mismo tiempo, había bailado alejándose, fuera de su alcance.
Sakura se había reído de él, sabiendo su deseo, sabiendo que no la podía tener.
Sasuke miró con irritación alrededor del cuarto mientras iba hacia el aparador, tenía un hambre feroz.
— ¿No tenéis ninguno de vosotros casas?
Sai levantó la vista desde el extremo de la mesa, donde extendía mermelada en la tostada para Ino, que estaba a su lado.
Ino no prestó ninguna atención a Sasuke, siguió garabateando en el pequeño cuaderno que siempre llevaba con ella.
Sai había acusado a Sasuke de organizar cosas hasta muerto, pero Ino y sus listas podrían derrotar a Sasuke cada vez.
Itachi estaba sentado hacia la mitad de la mesa, con un periódico extendido ampliamente delante de él. Itachi podría leer extraordinariamente rápido si no se detenía en algo, y pasó dos páginas en el lapso de tiempo en que Sasuke levantó las tapas de las bandejas y se sirvió en su plato huevos y salchichas.
Lord Haruno estaba sentado frente a Itachi también leyendo un periódico, pero mucho más despacio, absorbido en cada página.
Sakura era la única persona que faltaba, y su ausencia puso a Sasuke más irritable.
Lord Haruno dijo, sin alzar la vista,
—Realmente tengo una casa, pero creía que era su invitado.
—No me refería a usted, Haruno. Me refería a mis hermanos, que tienen casas.
Ino miró a Sasuke despreocupada con sus ojos azules.
—Los decoradores han empezado con los dormitorios. Te lo dije.
Sí, Sasuke lo sabía.
Itachi, por otra parte, tenía una casa grande en Belgrave Square, que Izumi había heredado de la vieja señora quisquillosa a quien había acompañado.
Sasuke sabía que Itachi e Izumi mantenían la casa en perfecto estado
para cuando decidían hacer un viaje imprevisto a la ciudad. Itachi, por supuesto, no dijo nada, pasando otra página del periódico. No se explicaría, aun si realmente hubiera escuchado algo de lo dicho.
Sasuke llevó su plato a su lugar en la cabeza de la mesa.
— ¿Dónde está Sakura?
—Durmiendo, pobrecita—, dijo Ino. —Trabajó como una esclava todo el día y toda la noche y despidió a los últimos invitados conmigo hace unas horas. Probablemente también se agotara del modo en que la hiciste girar alrededor de la pista de baile.
La historia pertenece a la autora Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
