CAPÍTULO 8
— ¿Hacer?— Sasuke cogió con el tenedor una gran cantidad de huevo y se lo llevó a la boca. Estaban fríos y secos, pero aún así los masticó y tragó como si fuera una pelota. — ¿Por qué debería hacer algo?
—Mi querido Sasuke, tienes la reputación de no sacar nunca a bailar a una dama en un salón de baile, bajo ninguna circunstancia—, dijo Ino.
—Eso ya lo sé.
Sasuke había aprendido hacía tiempo que sacar a bailar a las jóvenes damas las llevaba a crearse expectativas. Las muchachas y sus madres empezaban a creer que él se declararía, o sus padres usaban lo que creían que indicaba interés para conseguir favores financieros.
Sasuke no tenía tiempo para bailar con todas las damas que acudían a este tipo de acontecimientos, y las familias de las excluidas lo tomarían como un descortesía.
Sasuke había decidido eso al comienzo de su carrera, si quería mantener a la gente de su lado, lo mejor era que pareciera que no favorecía a ninguna joven dama en absoluto.
Él había bailado con Sakura, y había bailado con Shizune, y esto había sido todo.
—Sé que lo sabes—, dijo Ino. —Las madres han aprendido a no empujar a sus hijas poniéndolas delante de ti en las cenas con baile porque es un esfuerzo perdido. Y entonces, anoche, arrastras a Sakura y bailas el vals con ella con gran fervor. Has roto la tapa del polvorín. Unos especulan que lo hiciste como venganza porque ella te dejó plantado, porque saben que ahora se hablará de ella. Otros especulan que esto significa que estás otra vez en el mercado matrimonial.
Sasuke abandonó los huevos y cortó la salchicha. Parecía grasienta. ¿Qué había pasado con su famosa cocinera?
—Es asunto mío con quien bailo o dejo de bailar.
Lord Haruno alzó la vista de su periódico, poniendo su dedo en la columna donde se llegaba.
—No cuando eres famoso, Uchiha. Cuando eres una persona famosa, todo lo que haces es analizado. Debatido. Hablado. Y da lugar a especulación.
Sasuke de hecho lo sabía, habiendo visto su vida y la de sus hermanos expuesta en los periódicos todos los años de sus vidas, pero estaba lejos de ser razonable.
— ¿No tiene la gente nada mejor de lo que hablar?— se quejó.
—No—, dijo Lord Haruno. —No lo tienen—. Volvió a su periódico, levantando su dedo de las líneas y continuó leyendo.
Ino apoyó sus brazos en la mesa. Sai continuó extendiendo la mermelada, y
sonrió a Sasuke que parecía desconcertantemente irritado.
—Mencioné un polvorín—, dijo Ino. —Tu baile significa que las madres de Londres y de los alrededores van a asumir que has entrado en el juego. Ellas tratarán de meter a sus hijas entre Sakura y tu persona, reclamando que son un partido mejor para ti. En este caso, Sasuke, deberíamos conseguir que te casaras rápidamente y evitar así las batallas por venir.
—No—, Sasuke negó.
Sai saltó.
—Es tu propia culpa, hermano mío. Tú creaste las expectativas de Ino en Ascot el año pasado, declarando que estabas pensando en tomar una esposa. Se volvió loca de excitación, pero desde entonces no has hecho nada sobre este tema.
En el box en Ascot, Sasuke había sabido exactamente qué estaba haciendo.
Supuso que sus hermanos habían llegado a la romántica idea de que montaría a caballo hasta la finca desvencijada de Sakura, abriéndose camino a través de las plantas demasiado crecidas de su jardín para encontrarla y llevársela. Sin importar
cuánto protestara, y Sakura protestaría.
No, él afrontaría el tema de hacerla su esposa pensándolo a fondo y
concienzudamente como si dirigiera una de sus campañas políticas. El cortejo vendría más tarde, pero vendría.
Por el momento, tenerla viviendo en su casa y ayudando a Wilfred e Ino a organizar su vida conseguiría acostumbrarla a las demandas de esta.
Había hecho que Ino lisonjeándola la llevara a una modista de modo que Sakura se fuera acostumbrando a las cosas bonitas y cada vez encontrara más difícil dejarlas.
Él complacería a su padre con todos los libros, museos, y la conversación con expertos que pudiera desear, de modo que Sakura no tuviera corazón para quitarle todo eso de nuevo.
Después de un tiempo, Sakura se encontraría tan atrincherada en la vida de Sasuke que no sería capaz de alejarse.
El baile de la pasada noche había sido un capricho, no, no un capricho, una voz dijo dentro de él. Una ardiente necesidad.
Cualquiera que hubiera sido el razonamiento que Sasuke hubiera tenido, la verdad es que había utilizado el baile para indicar al mundo que había puesto sus miras de nuevo en Sakura.
El partido de Sasuke tomaría el país como una tormenta pronto, la Reina le pediría a Sasuke que formara gobierno, y Sasuke pondría su victoria a los pies de Sakura.
—Te lo he dicho, Sai—, dijo Sasuke. –Esto es asunto mío.
—Un casamiento rápido también salvaría a Sakura del escándalo—, dijo Ino, ignorándolos a ambos. —La atención se concentraría en la nueva novia y el baile improvisado con Sakura sería olvidado.
No, no lo haría. Sasuke podía estar seguro de que no lo haría. Ino giró una página en su cuaderno y colocó su lápiz.
—Déjame ver. La dama debe ser, en primer lugar, escocesa. Nada de rosas inglesas para Sasuke Uchiha. En segundo lugar, de un linaje apropiado. Diría que la hija de un conde y de ahí para arriba, ¿no estás de acuerdo? En tercer lugar, debe de estar más allá de todo reproche. No queremos ningún escándalo unido a su nombre. En cuarto lugar, no una viuda, así evitas a la familia de su ex-marido de repente pidiéndote favores o creándote problemas. Quinto, ella debería ser
bien educada, capaz de suavizar y calmar a la gente después de que tú los irrites a muerte. Sexto, una buena anfitriona para las muchas veladas, fiestas y bailes que tendréis que dar. Sabiendo quien no debería sentarse con quien, etcétera. Séptimo, debe ser apreciada por la Reina. La Reina no es aficionada a los Uchiha y una esposa que a ella le guste te ayudará a suavizar las cosas cuando te elijan primer ministro. Octavo, la dama debería tener el suficiente buen aspecto para causar admiración, pero no tan llamativo como para incitar celos.
Ino levantó su lápiz de la página. — ¿Lo Tengo todo? ¿Sai?
—Nueve: Capaz de lidiar con Sasuke Uchiha—, dijo Sai.
—Ah, sí—. Ino escribió. —Y añadiré inteligente y resuelta. Esto será el
número diez, un buen número redondo.
—Ino, por favor para—, dijo Sasuke.
Ino, sorprendentemente, dejó de escribir.
—He acabado por el momento. Voy a preparar una lista de nombres de jóvenes damas que encajan en los criterios, y entonces puedes comenzar a cortejarlas.
—Al diablo si lo hago. Sasuke sintió algo frío y mojado golpeando su rodilla.
Miró hacia abajo para ver a Ben alzando la mirada hacia él, oyó el golpeteo de su cola contra suelo.
— ¿Por qué está el perro bajo la mesa?
—Siguió a Itachi—, dijo Ino.
— ¿Quién siguió a Itachi?— La voz de Sakura la precedió en el cuarto.
¿Y acaso Sakura parecía agotada después de su larga noche? Después de su baile eufórico con Sasuke, de que Sasuke la besara primero en el hueco de la escalera y luego en la lavandería.
No, parecía fresca y limpia, y oliendo al jabón de lavanda que tanto le gustaba mientras rodeaba a Sasuke para dirigirse al aparador. Lavanda, la esencia que siempre asociaba con Sakura.
Sakura llenó su plato, luego volvió a la mesa, besando la mejilla de su padre, y sentándose entre él y Sasuke.
—El viejo Ben—, dijo Ino. —Le gusta Itachi.
Sakura miró a hurtadillas bajo la mesa.
—Ah. Buenos días, Ben.
Ella le dice buenos días al perro, pensó Sasuke con irritación. Ni una palabra para mí.
—Sakura, ¿qué piensas de Constance McDonald? Preguntó Ino.
Sakura comenzó a comer los huevos fríos y la salchicha grasienta como si fueran la ambrosía más embriagadora.
— ¿Lo que pienso de ella? ¿Por qué?
—Como una posible esposa para Sasuke. Estamos haciendo una lista.
— ¿Estamos?— Sakura comía, su mirada fija en Itachi y su periódico. —Sí, creo que Constance McDonald sería una buena esposa. Veinticinco años, completamente encantadora, monta bien, sabe cómo manejar a los congestionados ingleses alrededor de su dedo, es buena con la gente.
—Su padre es el Viejo John McDonald, recuerda—, dijo Sai. –El jefe del clan
McDonald y todo un ogro. Muchas personas tienen miedo de él. Incluyéndome. Casi me quitó la vida cuando era un joven inmaduro.
—Eso es porque te emborrachaste y pisoteaste la mitad de uno de sus campos—,añadió Ino.
Sai se encogió de hombros. —Eso es cierto.
—No te preocupes por el Viejo John—, dijo Sakura.—Es muy dulce si se le maneja adecuadamente.
—Muy bien—, dijo Ino. —La señorita McDonald va a la lista. ¿Y qué tal
Honoria Butterworth?
— ¡Por Dios!— Sasuke saltó incorporándose en la silla. Cada uno a la mesa se detuvo y le contempló, incluso Itachi.
— ¿Me tenéis que poner en ridículo en mi propia casa?
Sai se inclinó atrás en su silla, sus manos detrás de su cabeza.
— ¿Preferirías que te pusiéramos en ridículo en la calle? ¿En Hyde Park, tal vez? ¿En medio de Pall Mall? ¿En el salón de cartas de tu club?
—Sai, ¡Cierra la boca!
Una débil risita se escapó de la boca de Lord Haruno, que cubrió con una tos.
Sasuke miró hacia abajo a su plato y notó que la salchicha de la que había tomado un trozo ahora había desaparecido. Y él no se la había comido. El sonido de un masticar entrecortado vino de debajo de la mesa, y Sakura pareció de repente inocente.
Un grito se abrió camino a través de la garganta de Sasuke y no pudo impedir que saliera de su boca. Su voz hizo temblar los cristales de la lámpara de araña y Ben dejó de masticar.
Sasuke se levantó de golpe de la mesa, su silla cayéndose detrás de él. De alguna manera consiguió salir del cuarto, andando tan rápidamente como pudo por el pasillo y hacia la escalera.
Detrás de él, oyó que Sakura decía,
—Señor, ¿Qué es lo que le pasa esta mañana?
Menos mal que Sasuke se había ido, pensaba Sakura, levantando su tenedor con una mano inestable.
Se había sentido completamente avergonzada con él esta mañana, después de los besos embriagadores en la lavandería y de él sujetándola
sobre el pasamanos de la escalera de la primera planta.
Ella llevaba los mismos calzones que habían echado a la pila de lavar la pasada noche, Maigdlin los había traído esta mañana.
Maigdlin no había dicho nada sobre los criados que se habrían encontrado la lavandería en un estado lamentable, porque no lo habían hecho.
Sakura se había quedado después y había doblado de nuevo cada pieza de ropa antes de unirse a Ino para ayudarla con el resto del baile.
Cuando Sakura se había deslizado en los calzones esta mañana, recordaba a Sasuke presionando un beso sobre la tela y diciéndole que pensara en él. Sakura lo hacía, y ahora juraría que podía sentir la impresión de sus labios en su trasero.
Sakura cogió la salchicha restante del plato de Sasuke y alimentó a Ben.
— ¿Por qué estás escribiendo el nombre de posibles novias para Sasuke?
Ino dejó su lápiz.
—No lo hago. Esto es todo una cortina de humo, Sakura. Todos sabemos que tú eres su compañera perfecta; él sólo necesita un empujón para darse cuenta.
Sakura se quedó congelada.
—Creo que él tiene razón en una cosa, Ino. Esto es asunto suyo y mío.
—Ahora, no vayáis todos contra mí. Sabes que tengo razón. ¿O no la tengo, Lord Haruno?
Lord Haruno dobló su periódico y lo puso sobre la mesa, la última página
colocada para ser leída.
—No sería una mala cosa para ti casarte con él, Saku.
Sakura lo contempló con sorpresa.
—Pensé que estabas contento cuando rompí el compromiso. Te resististe a ver a Sasuke conmigo.
—Sí, en efecto, estuve de acuerdo entonces. Sasuke era arrogante y hasta peligroso, y además no te trataba bien. Pero ahora, las cosas son diferentes. Estoy envejeciendo, querida mía, y cuando muera te dejaré sin un penique. Indigente. Descansaría en paz sabiendo que tú tienes todo esto—. Agitó su mano en torno al magnífico comedor.
Sakura apuñaló los huevos con su tenedor.
—Bien, no importa lo que todos vosotros queráis, ni siquiera lo que yo quiera. No depende de nosotros, ¿no es así?
Al otro lado de la mesa, Itachi había fijado su atención en el cuenco de miel. Como si no se diera cuenta de lo que hacía, lo alcanzó, levantando el dispensador, y dejó que el hilo de oro de la miel al caer volviera al pote.
— ¿Qué piensas, Itachi?— Sakura le preguntó.
Al menos de Itachi, conseguiría
honestidad. Honestidad brutal, pero esto era lo que necesitaba.
Itachi no contestó. Levantó el dispensador de miel otra vez, donde se arremolinaba el líquido pegajoso, observando cómo caía en un dorado montón.
—Déjale tranquilo—, dijo Sai. —Está pensando en Izumi.
— ¿Lo hace? Preguntó Sakura. — ¿Cómo lo sabes?
Sai le guiñó un ojo.
—Confía en mí. Has tenido una idea excelente con la miel, Itachi. Puedes confiar en mí en esto también.
Ino enrojeció, pero no parecía infeliz.
–Creo que fue Naruto el que comenzó con esta tontería.
—No es una tontería—. Sai lamió su dedo y se inclinó hacia Ino. —Riquísimo.
Lord Haruno sonrió y devolvió su atención a su periódico.
Sakura miró a Itachi.
—La echas de menos—, le dijo.
I
tachi arrastró su mirada de la miel y la fijó en Sakura, los ojos brillantes como el líquido con el que jugaba.
—Sí.
—La verás bastante pronto—, dijo Sai. –Partimos para Berkshire la próxima
semana.
Itachi no contestó, pero Sakura vio por un breve instante en su mirada que la
próxima semana no sería lo suficientemente pronto.
Ella dejó su tenedor, retiró su silla, y fue rodeando la mesa hacia él. Sai e Ino miraron con sorpresa mientras Sakura ponía sus brazos alrededor de Itachi y se inclinaba para besar su mejilla.
Ellos se tensaron, esperando a ver lo
que Itachi haría. A Itachi no le gustaba ser tocado por cualquiera, excepto Izumi o sus hijos.
Pero Itachi había parecido tan solo sentado allí que Sakura se sintió compelida a consolarle. Itachi había abandonado a su querida Izumi para viajar a Londres para asegurarse de que su hermano mayor no rompiera el corazón de Sakura. Un gesto noble y generoso.
—Estaré bien—, le dijo Sakura. –Vuelve con ella.
Itachi todavía permanecía quieto mientras Sai e Ino contenían el aliento y fingían no hacerlo. Incluso el padre de Sakura echó un vistazo, preocupado.
Itachi lentamente levantó su mano y dio a la muñeca de Sakura un cálido apretón.
—Izumi ya ha partido hacia Berkshire—, dijo. –Me encontraré con ella allí.
— ¿Te irás hoy? Le preguntó Sakura.
—Hoy. Curry hará las maletas por mí.
—Bien. Transmítele mi cariño—. Sakura depositó otro beso sobre su mejilla y se incorporó.
Ino y Sai soltaron el aliento y volvieron a terminar con sus desayunos, con
cuidado de no mirar a Itachi.
Sakura regresó a su lugar, limpiándose las lágrimas que habían aparecido en sus ojos.
—Wilfred—, dijo Sakura varias horas
más tarde, alzando la vista de su máquina de escribir Remington. —Esta carta no tiene nada en ella. Ha escrito un nombre y una dirección, y eso es todo.
Wilfred se quitó las gafas y la miró por encima de su escritorio.
—No es ninguna carta, milady—, dijo. —Sólo ponga el cheque dentro del papel en blanco y escriba la dirección en el sobre.
A la atención de la Sra. Whitaker, Sakura escribió a máquina en el sobre.
— ¿Esto es todo? ¿Ninguna nota que diga, Aquí está el pago por… o Por favor acepte esta contribución para sus obras de caridad…?
—No, milady—. Contestó Wilfred.
— ¿Quién es esta Sra. Whitaker?— preguntó Sakura mientras escribía a máquina la dirección. — ¿Y por qué Sasuke le envía…?— Ella le dio la vuelta al cheque que Wilfred había colocado con la cara hacia abajo delante de ella en el escritorio. —¿Mil guineas?
—Su Gracia puede permitirse ser generoso—, dijo Wilfred.
Sakura le contempló, pero Wilfred sólo inclinó su cabeza y siguió escribiendo.
Sakura había aprendido que Wilfred era una pobre fuente de información sobre la familia Uchiha.
El hombre se negaba a cotillear sobre cualquiera de ellos o sobre cualquier cosa.
Esta cualidad era la causa probable de por qué Sasuke le había promovido de ayudante de cámara a secretario privado, pero Sakura lo encontraba completamente inoportuno.
Wilfred era la discreción hecha hombre. Wilfred era un ser humano excepcional, Sakura lo sabía. Tenía una hija y una nieta en Kent y las idolatraba a ambas.
Guardaba sus fotos en un cajón de su escritorio, las compraba bombones y pequeños regalos, y se jactaba de sus logros ante Sakura, a su modo tranquilo.
Sin embargo, Wilfred nunca hablaba sobre su oscuro pasado, cuando había sido un malversador; nunca mencionó a una Sra. Wilfred; y nunca, nunca contaba nada sobre Sasuke.
Si Wilfred no quería que Sakura supiera por qué Sasuke enviaba mil guineas a ésta Sra. Whitaker, Wilfred se llevaría el secreto a la tumba. Sakura se rindió, escribió a máquina la dirección en el sobre
—George Street, cerca de Portman Square — y con esmero dobló el cheque colocándolo dentro del papel.
Quizás Sasuke había encontrado la fuente de las fotografías. Quizás estaba pagando a la mujer para destruirlas o para que guardara silencio sobre ellas, o quizás para persuadirla de enviarle a él el resto.
O tal vez la Sra. Whitaker podría no tener absolutamente nada que ver con las fotografías. Sakura metió el cheque en el sobre, lo cerró, y añadió el sobre a su pila de correspondencia terminada.
La casa cerca de Portman Square donde la Sra. Whitaker vivía era de aspecto bastante corriente. Sakura la estudió con cuidado mientras paseaba por delante por tercera vez.
Sakura había usado el pretexto de hacer unas compras para acercarse a Portman Square, calculando la salida para que coincidiera con el regreso de Ino a su propia casa para discutir con los decoradores. A fin de prestarle verosimilitud,
Sakura vagó por las tiendas de la plaza cercana, comprando pequeños regalos para los niños Uchiha y para sus madres.
Maigdlin la seguía, transportando los
paquetes.
Sakura no había visto ninguna actividad en absoluto dentro o en los alrededores de la casa de la Sra. Whitaker en la hora más o menos en la que había estado paseando arriba y abajo por George Street.
Ninguna doncella limpiando la entrada o lacayos paseando para pasar el tiempo con las doncellas de la puerta de al lado. Las verjas permanecían cerradas, la puerta firmemente clausurada.
A fin de entretenerse en la calle un poco más, Sakura comenzó a ojear los carros de los vendedores callejeros, decidiendo comprar un regalo para Daniel el hijo de Naruto.
Daniel tenía ahora dieciocho años y era difícil para Sakura elegirle un regalo. Había sido un niño salvaje e infeliz cuando Sakura le había conocido por primera vez, siempre metiéndose en algún problema u otro, ganándose la ira de Naruto.
Él se resistió a los intentos de Sakura de ser maternal, pero le había mostrado a Sakura su colección de escarabajos vivos, lo que Sasuke le había dicho era todo un honor.
Daniel había resultado ser un buen chico, ella se había dado cuenta, a pesar de crecer en una casa llena de solteros Uchiha.
Ahora estaba matriculado en la Universidad de Edimburgo, y parecía bastante feliz.
Sakura dejó de lado los pensamientos sobre Daniel cuando vio que la puerta de la casa de la Sra. Whitaker se abría. Un lacayo, un muchacho grande y robusto como los lacayos de Sasuke, salió de ella. Al mismo tiempo un carruaje llegaba, y el lacayo se apresuró a dar unos pocos pasos por la acera para abrir la puerta del
mismo.
Sakura anduvo hasta donde estaba un vendedor callejero que vendía pequeños pasteles y observó como una criada que andaba rápidamente surgía de la casa, seguida de una mujer que debía de ser la Sra. Whitaker.
La señora no era muy alta, pero era voluptuosa, un rasgo que ella no se
molestaba en esconder. Incluso con su abrigo de piel puesto para protegerse del frío, era capaz de lucir su gran busto.
Estaba pintada, llevaba las mejillas
exageradamente rojas y los labios de color rojo también, y el pelo bajo su
sombrero muy a la moda era muy negro.
La Sra. Whitaker se ajustó sus guantes de cuero muy ceñidos, le dio al lacayo un suave movimiento de cabeza a modo de gracias, y le permitió tomarle la mano para ayudarla a subir al carruaje.
Sakura se quedó mirando fija y abiertamente mientras el carruaje se marchaba, llevándose a la señora y a la criada. El lacayo, sin mirar ni a derecha ni a izquierda, anduvo a zancadas de vuelta a la casa y cerró la puerta.
— ¡Cielos!— Sakura le dijo al hombre que vendía pasteles. — ¿Quién era?
El vendedor echó un vistazo al carruaje que se marchaba.
—No la clase de mujer de la que debería hablar con una dama, señorita.
— ¿En serio?— Sakura le deslizó una moneda, y el vendedor puso un caliente y envuelto pastel en su mano.
—Ahora realmente me ha picado la curiosidad. No se preocupe, soy una mujer de mundo y no me sobresalto fácilmente.
—No es mejor que lo que parece ser, y esta es la verdad, señorita. Y los caballeros entran y salen a todas horas… Algunos de los más encumbrados del país ¿puede creerlo?
Sí, Sakura lo creía. Que la Sra. Whitaker fuera una cortesana no la sorprendió lo más mínimo. Y que era muy exitosa en su profesión lo mostraban sus pieles caras, su elegante carruaje, y los caballos de alto porte.
Sakura escondió su consternación desplegando el papel que protegía el pastel y mordisqueando una esquina.
—Es usted muy cortés—, dijo.
—Realmente quiero decir los más encumbrados—, dijo el vendedor. —Las cosas que podría contarle. Los príncipes vienen aquí. Y los Duques, como ese escocés, que siempre viste con su kilt. Por qué un hombre quiere llevar una falda, no se lo podría decir. Cualquiera creería que el frío iría directo a sus partes, ¿no le parece? Ah, pido su perdón, señorita. Olvido contener mi lengua.
—En absoluto—. Sakura se rió con él y tomó otro mordisco del pastel.
La curiosidad de seguro que mató al gato. La Sra. Whitaker era una cortesana y Sasuke Uchiha le había enviado mil guineas.
¿Por las fotografías? ¿O por los
motivos habituales por los que un caballero pagaba a una cortesana?
Bien, Sasuke era un hombre, la que había sido su amante por mucho tiempo estaba muerta, y los hombres realmente tenían necesidades fisiológicas.
Esto era un hecho científico. Sus esposas suavemente criadas no podían entender estas necesidades ni eran capaces de soportarlas, los científicos continuaban diciendo, porque las damas criadas delicadamente no tenían las mismas necesidades.
Una absoluta tontería. Sakura se mofó de este artículo, y también lo hizo su padre. La verdad era esto; los caballeros visitaban a las cortesanas porque disfrutaban con ello. Las damas se quedaban en casa y soportaban que sus maridos se extraviaran porque no tenían otra opción.
Sasuke nunca había sido un santo, y no estaba dedicado a nadie en este momento. Sakura no debería condenarle.
Y aún así. El corazón de Sakura estallaba, y durante un momento, la calle se difuminó.
Otro transporte venía directo hacia ella mientras permanecía allí de pie incapaz de moverse, era simplemente un cuadrado oscuro en su nublada visión.
El carruaje se materializó mientras paraba delante de la casa.
—Hablando del diablo—, dijo el vendedor. —Este es su escudo. Del Duque escocés, quiero decir.
La visión de Sakura se despejó. No tenía tiempo para correr y esconderse en alguna parte. Sakura correteó hacia la farola más cercana y apoyó su hombro contra esta, escondiendo su cara mientras comía otro mordisco del pastel.
Primero vio un cuadrado del suelo, después unas pulidas botas parándose delante de ella, también vio el dobladillo de tela escocesa del plaid de los Uchiha azul y verde por encima de ellas.
Su mirada fija se movió del kilt que abrazaba sus caderas a su almidonada camisa bajo su abrigo abierto y de ahí a la cara de Sasuke dura como el granito, bajo el ala de su sombrero.
Sasuke no dijo una palabra. Sabría perfectamente bien por qué Sakura estaba al acecho fuera de la casa de una cortesana llamada Sra. Whitaker, no tenía necesidad de preguntar.
Sakura podría alegar la coincidencia de que había decidido comprar un pastel a tres pies de la puerta de la mujer, pero Sasuke la conocía mejor.
Sakura encontró su fija mirada y rechazó sentir remordimientos. Después de todo, no era ella la que visitaba a una cortesana o le pagaba mil guineas.
Podrían haber permanecido así, de pie en la fría calle, contemplándose el uno al otro durante el resto del día, si la puerta de la casa no se hubiera abierto de golpe otra vez.
El mismo lacayo robusto surgió, esta vez llevando a un hombre sobre su hombro.
Sasuke apenas le prestó atención al lacayo que fue directamente hacia el carruaje de Sasuke y puso al hombre dentro.
El asombro de Sakura aumentó ya que Shikamaru Nara salió de la casa, mirando hacia el cielo nublado, se puso su sombrero, y se subió en el carruaje de Sasuke también.
Sakura se balanceó de vuelta hacia Sasuke, un montón de preguntas en sus labios.
Sasuke señaló el carruaje.
—Entra.
Sakura comenzó a hacerlo, y el vendedor de pasteles, que había estado mirándolo todo con un placer evidente, pareció preocupado.
–Esto no es necesario—, Sakura le dijo a Sasuke. —Encontraré un transporte para mí. He traído a Maigdlin y yo tengo un montón paquetes.
—Entra en el coche, Saku, o te ataré con cuerdas en el techo de éste.
Sakura puso sus ojos en blanco y tomó otro mordisco de pastel.
Movió la mano llamando a Maigdlin, que estaba en el carro de otro vendedor un poco más abajo en la calle.
—Venga, Maigdlin. Nos vamos.
La doncella, aparentemente aliviada, trotó de vuelta hacia Sakura y al coche familiar, colocó debajo los paquetes, y permitió al lacayo de la Sra. Whitaker ayudarla a subir para colocarse al lado del cochero.
El vendedor del pastel miraba todo el asunto, habiéndose quedado congelado en el acto de sacar otro pastel de su diminuta estufa de carbón.
—Está todo bien—, Sakura le dijo al vendedor. —Su Gracia no puede evitar ser grosero—. Se dio la vuelta y fue hacia el carruaje. — Sasuke, dale al hombre una corona por sus molestias, ¿quieres?
La historia pertenece a la autora Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
Me alegra ver que fans del Sasusaku disfrutan de estas adaptaciones, como dije anteriormente esto no lo hago para conseguir reviews, no es necesario que dejen cometarios para que siga continuando la historia, haré todo lo posible para completarla pronto, de igual forma agradezco el tiempo que te tomas en mandar comentarios 3
Saludos y que estén bien.
P.D está historia no me pertenece la autora del libro es Jennifer Ashley,
esta es una adaptación para fans, sin fines de lucro.
