CAPÍTULO 9

Dentro del coche, Sakura se colocó en el asiento frente a los dos caballeros que ya se encontraban allí, Shikamaru Nara y un inconsciente y muy pálido inglés. Sakura nunca le había visto antes.

— ¿Quién es?— preguntó.

El lacayo comenzó a entregarle sus paquetes, y Sakura se inclinó para meterlos debajo del asiento de Shikamaru.

—Discúlpeme. ¿Podría simplemente empujarlos debajo? Tenga cuidado,

son frágiles.

Shikamaru obedeció, mirando a Sakura con los ojos enrojecidos. Iba vestido para la noche y olía fuertemente a humo de cigarro, brandy, perfume y algo más que

Sakura tardó un momento para identificar.

Había pasado mucho tiempo desde que había notado tal olor, pero pronto se dio cuenta de lo que era, el de un hombre que había estado con una mujer. Shikamaru supo lo que Sakura había notado y se puso rojo, cogió su petaca y dio un largo trago.

—Sasuke, no te sientes ahí—, dijo Sakura cuando Sasuke entró en el carruaje. —Es para Izumi. ¿Podrías, por favor...?

Sasuke gruñó, cogió el paquete y lo empujó al estante encima del asiento.

— ¿No podías haberlo puesto detrás?

— ¡Cielos, no! Algunas de las cosas son muy frágiles, y no quiero darle a un ladrón la oportunidad de que me los robe. Los ladrones se suben a los portaequipajes y los roban, ¿sabes?

—Nadie roba en este coche—, dijo Sasuke.

—Siempre hay una primera vez. Gasté mi salario de una semana en esos regalos.

El carruaje dio un tirón hacia adelante, Shikamaru seguía mirando en estado de estupor.

—Uchiha, ¿qué estás haciendo? Está Sakura.

—El Sr. Nara está despierto—, dijo Sakura.

—Puede reconocer a damas que conoce desde hace años—. Estudió al otro hombre, que roncaba contra la pared.— ¿Quién es él?

Shikamaru miró fijamente Sasuke y no contestó. —Es el Sr. Neely—, dijo Sasuke.

—Ah—, dijo Sakura, comprendiendo. —Ya veo. Se lo envías a la Sra. Whitaker a cambio de lo que te prometió.

—Necesito su apoyo y el de sus amigos cuando alcancemos el poder después de Gladstone—, dijo Sasuke.

—Sasuke—. Shikamaru estaba angustiado.

—No guardo ningún secreto con Sakura

—.¿No?

—Es inútil—, continuó Sasuke. —Como puedes ver.

—Bueno, si hubieras dejado que Wilfred me dijera por qué le enviaste mil guineas, yo no habría tenido que intentar averiguarlo por mí misma—, dijo Sakura. —Aunque necesitaba hacer las compras.

— ¿Mil?— Shikamaru miró hacia abajo al hombre que dormía. El Sr. Neely parecía inofensivo, un empleado o un banquero, con las manos bien cuidadas. —Sin embargo, tenía muchos problemas.

—Supuse que los tendría—, dijo Sasuke.

— ¿Qué hizo?— Preguntó Sakura curiosa.

Shikamaru lanzó a Sasuke una mirada preocupada.

—La ha traído para hacerme parecer un disipado calavera frente a ella, ¿no?

—Ya sé que eres un disipado calavera, Sr. Nara—, dijo Sakura. —Nunca lo has mantenido en secreto. Parece muy pequeño y frágil. ¿Qué maldita clase de problemas podría causar él?

—Se negaba a marcharse—, dijo Sasuke.

—Según me dijeron. ¿Cómo pudiste finalmente manejarlo?— le preguntó a Shikamaru.

—Con la libre administración de whisky. Sobre la cantidad que él ya había bebido. Siempre que un puritano decide disfrutar es digno de ver. Dudo que recuerde mucho de todo esto.

—Bueno—, dijo Sasuke. —No necesito que un día el arrepentimiento le lleve corriendo a los brazos de mis rivales. ¿Le cuidará?

—Sí, sí. Cuando se despeje, disminuiré su agonía diciéndole que disfrutó mucho.

Sakura estudió al aniñado Sr. Neely dormido.

—Le sobornó con una prostituta para obtener su voto—, dijo.

Shikamaru pestañeó.

—Soborno es una palabra muy dura.

—No, ella tiene razón—, dijo Sasuke. —Fue un soborno, Saku, puro y simple. —Pero le necesito a él y a sus amigos.

Mantuvo su mirada sin pestañear. Sasuke sabía exactamente lo que había hecho y el daño que su acción podía causar.

Había sopesado las consecuencias de la misma antes de llevarla a cabo. El balance había resuelto que Neely cayera en sus redes. Sasuke había sabido jugar con el hombre, y lo había hecho.

—Ustedes son terribles—, dijo Sakura.

—Sí.

Era despiadado, impulsivo y decidido a ganar sin importar lo que se necesitara. La mirada de sus ojos se lo confirmó.

Sakura miró nuevamente el Sr. Neely.

— ¿Supongo que su apoyo es terriblemente importante?

—Significan veinte escaños más para mí.

—Y necesitas tantos traseros como sea posible, ¿No?— Preguntó Sakura.

Shikamaru soltó una carcajada.

Sasuke mantuvo su mirada en Sakura, sin vacilar. Sin pedir su comprensión o perdón. Simplemente estaba mostrándole lo que hacía y lo que era.

—Sí—, dijo.

Sakura suspiró.

—Bueno, entonces. Esperemos que haya valido la pena gastar las mil guineas.

Sasuke se bajó en Grosvenor Square, y le dijo a Shikamaru que siguiera con Neely hasta su casa y le metiera en la cama, y resistió el impulso de arrastrar a Sakura dentro de la casa.

Le dijo que quería hablar con ella en su estudio, pero les llevó mucho tiempo que bajara con todos sus paquetes.

Shikamaru la ayudó con una mirada de idiota rendido. El hombre estaba todavía enamorado de ella.

Sakura encargó después a Maigdlin y a Franklin que subieran los paquetes a su habitación, les dijo que partieran la torta de semillas que había comprado y por último se dirigió a las escaleras.

Aún con todo eso, Sakura llegó al estudio de Sasuke antes que él, porque Wilfred le retuvo para que firmara algunos documentos.

Sasuke entró y se encontró a Sakura

delante del pulido gabinete Reina Ana, con ambas puertas abiertas y mirando la pintura de su interior.

Sasuke se acercó por detrás de ella y cerró las puertas, ocultando el rostro de su padre.

—Lo había cerrado.

—Lo sé. He encontrado la llave en tu escritorio.

Sasuke había cerrado el gabinete, rodeado el escritorio y colocado la llave en su lugar.

—Guardo la llave aquí porque no quiero que nadie abra el armario.

Ella se encogió de hombros.

—Tenía curiosidad.

—Estás evitando mi verdadera pregunta. ¿Qué te hizo coger un coche hasta Portman Square y esperar fuera de la casa de la Sra. Whitaker?

— ¿Por qué lo guardas?

Sakura se había quitado su sombrero con

velo, y él recibió toda la fuerza de sus ojos verdes.

— ¿Guardo el qué?—, gruñó.

—El retrato de tu horrible padre. ¿Por qué no lo quemas?

—Édouard Manet lo pintó. Es valioso.

—Monsieur Manet fue uno de los maestros de Sai, ¿no?

Sasuke había contado a Sakura la historia hace mucho tiempo. Cuando el Viejo Duque se había dignado a tener un retrato pintado en París, Sai conoció a Manet y huyó para estudiar con él.

—Sai puede pintar algo igualmente valioso para ti—, dijo Sakura. —Deshazte de eso.

A Sasuke le gustaba la inteligente manera

de ver el mundo de Sakura. Odiaba el retrato de su padre, pero por alguna razón lo guardaba, quizás creyendo que a través de él su padre vería que Sasuke había crecido más allá del joven asustado que había sido.

Sasuke quería que el Viejo Duque viera que lo había superado, que se había convertido en algo más que un pervertido y un matón. Me golpeaste hasta que yo no podía mantenerme en pie, pero te lo he devuelto, bastardo.

Sakura, por otro lado, simplemente había mirado el cuadro y había dicho, deshazte de eso.

—Lo mantengo guardado dentro del gabinete para no tener que mirarlo—, dijo Sasuke. —Mis bisnietos pueden venderlo para obtener un beneficio.

—Odio pensar que está ahí, te atormenta.

—No me atormenta. Deja de cambiar de tema y dime por qué fuiste a casa de la Sra. Whitaker.

Sakura fue hasta la mesa, apoyó sus manos y miró por encima de ella a Sasuke.

—Porque pensé que podría tener algo que ver con las fotografías, por supuesto. Pensé que podrías estar pagando un chantaje, mil guineas es una fortuna. Tenía que averiguar el por qué.

Sasuke no vio nada más que curiosidad en los ojos de Sakura. Sin enojo, sin celos.

Pero ya una vez antes, la mayor parte de la ira de Sakura cuando había hablado con la Sra. Terumi no procedía de los celos.

—Envié a Neely a la Sra. Whitaker, porque sabía que ella podía manejar a alguien como él.

Su ceja se elevó.

— ¿Qué quieres decir con alguien como él? ¿De qué manera es él?

—Me refiero a un hombre ingenuo que pretender ser mundano. Son los más

indisciplinados cuando finalmente sueltan lastre.

—Y al parecer tenía que ser acompañado nuevamente por el Sr. Nara. ¿A la Sra. Whitaker no le importaba hacerle ese favor?

—Le he pagado sus mil guineas. Por supuesto que a ella no le importaba.

— ¿Está bien educada la Sra. Whitaker?, quiero decir, ¿Ha estudiado?

La paciencia de Sasuke desapareció.

—No tengo ni jodida idea.

—Lo pregunto porque las cartas están mal escritas, apuntan más a un sirviente. Sin embargo, si la Sra. Whitaker proviene de un barrio pobre, podría no escribir bien, a pesar de su gran casa y sus pieles. ¿Le has preguntado acerca de ellas?

— ¡No!

— ¡Santo Cielo!, cómo te gusta gritar. Estoy tratando de resolver tu problema, Sasuke, pero un poco de ayuda sería bienvenida. La Sra. Whitaker podría haber conocido a la Sra. Terumi, podría haberle dado algunas de las fotografías. ¿Fueron la Sra. Whitaker y la Sra. Terumi amigas?

— ¿Amigas? Dios, no. Mei no tenía amigas.

—Parecía solitaria. Debes preguntar a la Sra. Whitaker de todas formas, aunque si realmente no sabe nada de las fotografías, tendrás que preguntar muy discretamente para que no sospeche nada. Es difícil, pero creo que puedes hacerlo.

Los ojos de Sakura se redujeron al concentrarse y llevó su dedo al labio,

acariciando el pequeño moretón que Sasuke le había hecho.

Al observarla todo su cuerpo reaccionó calentándose y poniéndose duro.

Sería tan fácil rodear la mesa, desabrochar el feo vestido que llevaba, para dejarla sólo con su corsé. Apoyar su nariz en el cuello para estirárselo y darle un mordisco dejando un chupón, mientras bebía de ella.

Sakura contuvo la respiración, sus senos se elevaron bajo su bien abotonado corpiño.

—Tal vez si yo...

—No—, dijo Sasuke bruscamente.

Los ojos de Sakura se abrieron.

—No sabes lo que estaba a punto de sugerir.

—No, no vas a volver a casa de la Sra. Whitaker, ni vas a tratar de hablar con

ella. Y no volverás a la casa de High Holborn.

Ella le miró exasperada, lo que le confirmó que había adivinado correctamente, al menos la última parte.

—Sé razonable, Sasuke. Nunca pude terminar la búsqueda en la casa, porque, como recordarás, me sacaste por la fuerza. No espero encontrar las fotografías allí, pero podría haber alguna pista sobre dónde pueden estar. Si estás preocupado por mi seguridad, haré que uno de tus boxeadores me acompañe.

Su impaciencia se convirtió en auténtica furia.

—No. Y no te atrevas a engatusar a Itachi para que te lleve allí.

Cuando Sasuke pensaba en Itachi en la habitación con la mujer muerta y él mirando fijamente al techo, se quedaba sin aliento. —Le molesta.

—Lo sé. Me lo dijo, pero también dijo que deberías ver el lugar una vez más por ti mismo. Para espantar a los fantasmas, por así decirlo.

Fantasmas. Toda la casa estaba llena de fantasmas. Sasuke quería quemar la casa hasta los cimientos.

—Itachi no puede llevarme de todas formas—, soltó Sakura. —No está aquí. Se fue esta mañana.

Sasuke se calló.

— ¿Ido? ¿A qué te refieres? ¿Dónde diablos se fue?

—A Berkshire. Echaba de menos a Izumi, y le dije que se fuera con ella. Ella ya estaba camino de Berkshire, para ayudar a Hinata a prepararlo todo. Ya estará llegando, no les importará que Itachi llegue antes.

— ¿Cuándo ocurrió eso? No me dijo ni una palabra—. Ni una palabra. No se había despedido. Pero eso no era raro en Itachi. Cuando decidía hacer una cosa, nadie podía detenerlo.

—Estabas ocupado con tus juegos políticos—, dijo Sakura. —Itachi me dijo adiós, pero no quería esperar hasta que regresaras.

¿Cuando había Sasuke perdido el control de su propia casa? La última vez que había visto a Itachi, su hermano estaba tranquilamente leyendo un libro en el comedor mientras desayunaba.

Y por lo que Sasuke sabía, Itachi no tenía entonces intenciones de salir corriendo para Berkshire una hora después.

Sasuke pensó en los huevos fríos y la salchicha grasienta en su plato esa mañana, y apretó los puños.

—Sakura, ¿qué hiciste con mi cocinera?

— ¿Hmm?— Levantó las cejas. —Oh, la Sra. Thomas. Le llegó recado de que su hermana estaba enferma, y le dije que debía coger una semana y visitarla. Está en Kent. La hermana, quiero decir, aunque ahora, la Sra. Thomas estará allí también, por supuesto. No hubo tiempo para encontrar una sustituta para esta

mañana, pero imagino que estará aquí por la noche. La Sra. Mayhew la ha encontrado.

¿Cuándo había perdió el control? El día en que Sakura Haruno le había acechado entre una multitud de periodistas en St. James y Sasuke había sido tan tonto como para recogerla y llevarla a su casa.

Todavía esa mañana pensaba que era muy inteligente por mantenerla cerca,

dirigiendo su vida, hasta lograr que ella pensara que el quedarse era su propia idea.

Debía estar loco. No sólo Sakura había dado un giro completo a su casa, si no que seguía teniendo visiones suyas, en las que continuaba con lo que había

empezado la noche anterior.

La miraba al otro lado de la mesa y la deseaba… ahora. Podía quitarse su pañuelo y usarlo para atar delicadamente sus muñecas, o tal vez para vendar sus ojos y que no supiera donde ni que placer iba a darle hasta que no tocara su piel, besara su cuello, mordiera su hombro...

Quería desnudarla del todo, vestido, corsé, enaguas.

Subirla a la mesa, tenderla encima y lamerla desde la garganta a la gloria entre sus piernas. Su cabello era rosa dorado allí, recordó. Quería atar sus manos, quizás con un par de suaves medias de seda, sujetándola así mientras él comía sobre ella.

Ella se retorcería de placer y él podría

preguntarle, Sakura, ¿confías en mi?

Sí, le susurraría ella.

Lograría que alcanzara el clímax una y otra vez, y cuando ya estuviera caliente y sonriente, podría colocarse encima y entrar en ella. La tendría en esa habitación y desterraría sus fantasmas. La visión hizo que se pusiera dolorosamente duro.

Sasuke sabía que estaba de pie en el estudio, con el escritorio entre ellos, con Sakura completamente vestida, la mesa de trabajo entre él y Sakura, completamente vestida, pero había sentido cada caricia, cada beso, cada

respiración.

— ¿Sasuke?— preguntó. — ¿Te encuentras bien?

El rastro de preocupación en su voz le devolvió la conciencia.

Sasuke se estiró y retiró los puños del escritorio. Le dolía todo el cuerpo al pensar que tenía que dejarla, mientras Sakura le miraba con preocupación en sus ojos verdes, pero sabía que tenía que salir del estudio.

Sasuke fue hasta la puerta, la abrió y salió, sin detenerse, sin mirar atrás. Siguió por el descansillo, esquivó a Ben, entró en su dormitorio deslizándose por la puerta entreabierta.

Marcel, que estaba cepillando una de las chaquetas de Sasuke, se levantó

sorprendido.

—Prepárame un baño, Marcel—, gruñó Sasuke mientras se arrancaba la corbata y la camisa. —Uno bien frío.

Sasuke logró mantenerse alejado de Sakura durante tres días. Se levantaba y dejaba la casa antes de que se despertara y regresaba cuando estaba seguro de que estaría en la cama.

Sasuke pasaba sus días entre reuniones y debates, discusiones y comités. Intentó sumergirse en los problemas del país y el Imperio, hasta borrar cualquier pensamiento de su vida doméstica.

Funcionaba mientras estaba en una pelea a gritos con la oposición, cuando trataba de persuadir a otro congresista a inclinarse hacia su lado, y cuando iba con Nara a su club o a un maldito casino para continuar la batalla por la dominación política allí.

Pero tan pronto como Sasuke pasaba por la puerta en Grosvenor Square, sabiendo que Sakura estaba en la habitación, su cuerpo húmedo por el sueño, las visiones sobre ella regresaban y no podía desterrarlas.

Pasó más y más tiempo fuera de casa, permaneciendo hasta muy tarde en

reuniones y convocando sesiones de las que sabía saldría tarde.

Fue después de una de ellas, muy tarde cuando intentaron asesinarle.

La historia pertenece a la autora Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto