CAPÍTULO 10

Estaba oscuro como la tinta al salir Sasuke de los edificios del Parlamento en la madrugada, todavía discutiendo con Shikamaru Nara sobre algún punto.

Sasuke escuchó una fuerte explosión y, a continuación, fragmentos de piedra volaban desde la pared cercana a él.

El instinto lo hizo agacharse y tiró a Shikamaru al suelo con él. Escuchó los gritos de su cochero y los pasos de sus lacayos.

Shikamaru se levantó sobre sus manos y rodillas, los ojos bien abiertos.

— ¡Sasuke! ¿Estás bien?

Sintió un pinchazo en la cara debido a la piedra que le había golpeado y probó el sabor de la sangre.

—Estoy bien. ¿Quién disparó? ¿Lo detuvieron?—Uno de los ex boxeadores profesionales llegó hasta él.

—Salga de la oscuridad, sir. Está sangrando, su gracia. ¿Dónde se lastimó?

—No, fue la pared la que recibió el disparo y la piedra se desprendió y me golpeó—, dijo Sasuke con un humor sombrío. — ¿Estás bien Nara?

Nara pasó su mano por su cabello y alcanzó su botella.

—Bien. Bien. ¿Qué Diablos? Te dije que los fenianos estarían ansiosos por matarte.

Sasuke limpió la sangre con un pañuelo, su corazón martilleaba en reacción y no respondió.

Los Fenianos eran irlandeses que emigraron a América, formaron un grupo dedicado a liberar a los irlandeses de los ingleses y enviaba a los miembros a hacer el trabajo sucio.

Un periódico había proclamado esta mañana que trataría de desechar el proyecto de ley de autonomía irlandés para presionar a Gladstone, y los fenianos habían reaccionado.

La acción de Sasuke no significaba que estuviera en contra de la independencia irlandesa, de hecho, él quería a Irlanda completamente libre del yugo inglés, porque esto podría allanar el camino para la independencia escocesa.

Simplemente pensó que la versión de Gladstone del proyecto de ley era ineficaz.

Bajo el proyecto de ley de Gladstone, la independencia de Irlanda sería marginal, les permitiría formar un Parlamento para resolver asuntos irlandeses pero todavía sería responsable ante el Gobierno inglés.

Sasuke sabía que si Gladstone se veía obligado a llamar a una votación sobre el proyecto de ley, el hombre no tendría suficiente apoyo para pasarlo, lo que daría lugar a un voto de no confianza, y a la dimisión de Gladstone.

Una vez que Sasuke estuviera en el poder, él llevaría adelante sus ideas para liberar completamente a Irlanda.

Haría todo lo posible para liberarla de las garras inglesas y luego presionaría hacia la independencia escocesa, su verdadero objetivo.

Pero los periódicos no lo presentaban de esa manera, y los enojados irlandeses, sin saber lo que estaba en la cabeza de Sasuke, habían comenzado a hacer amenazas.

Sasuke envió a sus lacayos para revisar el área y apoyar a cualquier policía de paso y, a continuación, se acercó a su carruaje con Shikamaru, quien sostenía fuertemente su petaca.

Cuando llegó a casa después de dejar a Shikamaru en su alojamiento, les dijo a sus lacayos y cochero que no divulgaran ni a Sakura ni a su padre lo acontecido.

Él había experimentado intentos de asesinato varias veces durante su carrera, con la misma falta de puntería, alguien siempre estaba enojado con él.

Los policías intentarían encontrar al tirador y vigilarían la casa, pero la rutina no tenía por qué ser turbada. Sin embargo, si sus huéspedes fueran a cualquier lugar, nunca saldrían sin al menos dos guardaespaldas para protegerlos, y nunca sin el carruaje.

Sus hombres estuvieron de acuerdo, todavía sacudidos por los acontecimientos.

Los separatistas irlandeses no eran los únicos asesinos posibles. Sasuke se preguntaba, cuando entraba en su casa tranquilo, si la persona que había enviado a Sakura las fotografías no tendría alguna conexión con los tiros.

Las cartas no parecían amenazantes, y no parecía haber ninguna conexión en absoluto. Sin embargo, tuvo un renovado deseo de mirar las fotografías y cartas que Sakura había recogido.

El pensamiento de buscar pruebas junto a Sakura, su aliento dulce tocando su piel, hizo bombear su corazón más rápido de lo que lo había hecho cuando la bala lo había rozado.

Mejor no arriesgarse.

Sasuke podría exigir que Sakura le trajera las fotografías así podrían mirarlas ellos dos solos, pero desechó inmediatamente la idea.

Sakura nunca estaría de acuerdo. Era extremadamente posesiva con las fotografías, el porqué de ello Sasuke no lo podía imaginar.

Pero, no importaba; las conseguiría solapadamente.

Al día siguiente, Sasuke esperó hasta que Ino y Sakura se instalaron en el salón de la planta baja, para planificar la fastuosa fiesta de Sasuke, Sai estaba en su estudio y el Conde escribiendo en el otro estudio más pequeño, mientras él tranquilamente subía las escaleras al piso superior y entraba en la habitación de Sakura.

La alcoba de Sakura estaba vacía, como sabía que estaría, las criadas ya habían terminado allí.

Sasuke se acercó al tocador de Sakura y empezó a abrir los cajones. Él no encontró las fotografías.

Encontró que mantenía el papel de cartas prolijamente apilado en un cajón, sobres en otro, plumas y lápices, independientes entre sí, en otro.

Cartas que había recibido de amigos, Sakura tenía muchos amigos, estaban agrupadas en el cuarto cajón. Sasuke las revisó rápidamente por encima, pero ninguna contenía las fotografías.

¿Dónde podría haber puesto las malditas cosas?

Sabía que tenía sólo unos minutos antes de que Sakura o Ino volvieran por alguna cosa.

Con su frustración en aumento, Sasuke buscó en las mesillas a cada lado de la cama, pero no había metido las fotos en ninguna de ellas.

Su armario reveló las prendas prolijamente colgadas o plegadas, ordinarios vestidos en colores monótonos y no muchos. El arcón contenía un miriñaque envuelto en tela y eso era todo.

La cómoda en el otro lado de la habitación estaba dedicada a la lencería, los cajones superiores contenían medias y ligueros; el siguiente, camisolas y bragas;

Luego vino un cajón con un corsé de batista sencilla, bien rematado.

Sasuke hizo un persistente esfuerzo para no imaginársela en ropa interior y concentrarse en la búsqueda.

Fue recompensado cuando, bajo el corsé, encontró un libro.

El libro era grande y largo, del tipo en el que las señoras pegaban recuerdos de ocasiones especiales o salidas memorables.

Este libro particular era grueso, lleno con todo lo que había pensado Sakura que valía la pena preservar. Sasuke lo sacó del cajón, lo puso sobre el escritorio y lo abrió.

El libro era todo sobre él.

Cada página estaba cubierta con una cronología de Sasuke Uchiha.

Artículos de periódicos y revistas proporcionaban textos y fotografías de Sasuke el empresario, Sasuke el político, Sasuke el hijo de Duque y, a continuación, Sasuke el Duque.

Las páginas de sociedad lo mostraban en reuniones organizadas por el Príncipe de Gales, en los banquetes de caridad, en reuniones de clan donde se proclamaba su lealtad al jefe del clan Uchiha.

Ella había pegado fotografías de periódicos de Sasuke hablando con la Reina, con varios primeros ministros y con dignatarios de todo el mundo.

La historia sobre Sasuke convirtiéndose en Duque de Kilmorgan y tomando posesión de su escaño en la cámara de los Lores estaba aquí, incluyendo una historia de los Duques de Kilmorgan desde el siglo XIV.

Sakura Haruno había recogido toda la vida de Sasuke Uchiha y la había pegado en un libro de recuerdos.

Había traído el libro hasta aquí desde Escocia y lo mantuvo oculto como un tesoro.

El anuncio del matrimonio de Sasuke con Lady Shizune Graham en 1875 había ocupado su propia página.

Sakura había escrito con un lápiz de color al lado de un dibujo del periódico de Sasuke y Shizune con sus galas de boda: Está hecho.

El resto de esa página estaba en blanco, como si Sakura hubiera pretendido detener el libro allí.

Pero volvió la página y encontró más artículos acerca de su incipiente carrera política, sobre las fiestas, su nueva esposa acogida en Londres y en Kilmorgan.

El anuncio de la muerte de Shizune y la muerte del bebé Sasuke Graham Uchiha fue rodeado por una corona de flores cortada de una tarjeta.

Sakura había escrito junto al mismo: mi corazón está apesadumbrado por él.

Los artículos siguientes eran sobre Sasuke saliendo del luto para seguir su carrera aún más obsesivamente que antes. Quiere ser primer ministro, escribió un periodista. Inglaterra temblará bajo esta invasión escocesa.

Tras el último artículo, Sasuke se topó con sus fotografías.

Sakura había recopilado quince hasta ahora. Había pegado cada una cuidadosamente en el libro y delineadas en lápiz de color: rojo, azul, verde, amarillo, los cuales había elegido arbitrariamente.

Una nota aparecía debajo de cada una: recibida en mano 01 de febrero de 1884, encontrada en la tienda de Strand, 18 de febrero de 1884.

Había fotos de Sasuke mirando hacia la cámara, de espaldas a la cámara, de perfil; vestido con sólo un kilt, desnudo, sonriendo, tratando de darle a la cámara la imagen de un arrogante Highlander burlón.

En una de Sasuke con su kilt, riendo, pidiéndole a Mei que no se acercara tanto la cámara, enmarcado por sus rizos. Sakura había escrito; La mejor.

Sasuke hojeó las últimas páginas, que estaban en blanco, listas para contener más fotografías.

Empezó a cerrar el libro, pero notó que la cubierta posterior estaba desprendida.

Investigando, se encontró con que algo se había deslizado detrás de la guarda y la cubierta, la guarda estaba pegada cuidadosamente en su lugar.

No hizo falta que rompiera el papel negro, detrás de ella se encontró con las cartas.

No eran muchas, tal vez una docena en total, cuando desplegó una, miró fijamente su propia escritura. Sakura había mantenido cada carta que Sasuke le había escrito. Sasuke se hundió en una silla y fijó su atención en ellas.

Vio que ella había conservado incluso su primera misiva formal, se la envió el día después de que él hubiera urdido su encuentro inicial con ella: Lord Sasuke Uchiha solicita el placer de la compañía de Lady Sakura Haruno para una fiesta náutica y posterior picnic el 20 de agosto, en los terrenos del Castillo de Kilmorgan. Por favor responda a mi misiva, pero no le dé una propina al mensajero, porque él ya me ha cobrado un extra por llevarle esta carta a usted, así como ha tenido una excusa para visitar a su madre. Su siervo, Sasuke Uchiha.

Recordaba claramente cada palabra de su respuesta por escrito.

A mi simple conocido, Lord Sasuke Uchiha: Un caballero no escribe a una dama con quien no está relacionado o prometido. Besarme en el baile es casi lo mismo. Creo que nuestro impactante disfrute de dicho beso no debe repetirse en la orilla del río que pasa por Kilmorgan, no importa cuán idílico sea, además creo que hay una vista bastante pública desde la casa. Añado que un caballero no debería invitar a una dama a una fiesta náutica por sí mismo. Una tía o algo así debería escribir la carta por él y asegurarle a la joven que habrá una carabina para acompañarlos.

En su lugar le invito a tomar el té aquí a Glenarden; Sin embargo, por las mismas reglas, no puedo correctamente pedirle a un caballero no relacionado conmigo que venga a tomar el té, así que voy a pedirle a mi padre que le escriba una carta. No se alarme si en esta invitación se decanta por las propiedades medicinales del hongo azul o en lo que sea que haya captado su interés para entonces. Esa es su forma de ser, pero lo guiaré para que vaya al punto.

Sasuke se había reído ruidosamente con la encantadora carta y respondió.

Una dama no le escribe a un caballero, atrevida jovencita. Traiga a su padre a

navegar, si lo desea, y él podrá arrancar todos los hongos que quiera. Mis hermanos estarán allí, junto con algunos vecinos, que incluyen un paquete de matronas de la sociedad, por lo que su virtud estará bien protegida de mí. Prometo que no tengo ninguna intención de besarla en la orilla del río, la llevaré a lo más profundo del bosque para ello .Su siervo y mucho más que un mero conocido, Sasuke Uchiha.

Sasuke dobló la carta, recordando la alegría de la fiesta náutica.

Sakura había venido con Lord Haruno, y lo había vuelto loco por ella al plantarse en medio de las matronas, coqueteando con Sai y Naruto, y un atrevido Sasuke había intentado todo para acercarse a ella.

Ella con cuidado había evitado que la acorralara pero había regresado al cobertizo de los botes a buscar un bastón olvidado por una anciana en una la esquina del mismo. Ser amable había sido su caída, porque Sasuke la había capturado a solas.

Sakura sonrió ampliamente y dijo—No es justo. Esto no es el bosque— antes de que Sasuke la besara.

El bastón cayó de las manos de Sakura cuando su cabeza se volvió y sus ojos se cerraron, Sasuke abrió sus labios. Él había probado cada rincón de su boca, dejó que su mano la recorriera hasta que había ahuecado su pecho a través de la tela gruesa de su corpiño.

Cuando ella intentó resistirse una protesta débil pasó de largo, Sasuke le había dedicado una sonrisa malvada y le dijo que se detendría en el mismo segundo en que ella se lo dijera. O la besaría para siempre, si ella lo deseaba.

Sakura había clavado su mirada en él con sus ojos tan verdes y dijo; —Tienes razón, soy una atrevida jovencita— y le bajó la cara para darle otro beso.

La había levantado sobre un banco y enganchado un brazo por debajo de su rodilla, mostrándole como debía rodearlo con su pierna.

Al cruzar sus miradas ella se dio cuenta de que cualquier relación que mantuviera con Sasuke Uchiha no sería convencional.

Vio encenderse su deseo, vio su decisión de permitirse disfrutar lo que Sasuke pretendía mostrarle.

El pequeño momento de rendición había hecho que su corazón, y otras partes de él, se hincharan. Sasuke había pensado, en ese momento, que él la había atrapado, pero había sido un tonto.

La siguiente carta estaba llena de bromas a Sasuke sobre su breve momento en el cobertizo para los botes, con algunas insinuaciones sobre el bastón.

Sakura le había escrito una carta picante, que había calentado la sangre de Sasuke y lo había vuelto salvaje por verla de nuevo.

Encontró la carta que había escrito después de que ella hubiera aceptado su propuesta, formulada en la pérgola en Kilmorgan.

...Verte desnuda bajo el sol, el viento escocés en tu cabello, envió todas

mis tácticas para ganarte al diablo. Yo sabía que si te lo pedía entonces, tu respuesta sería definitiva. No habría vuelta atrás. Sabía que debía dejarte sola, pero seguí adelante y te hice la pregunta, de una forma tonta de todas formas. Qué hombre afortunado que soy, me diste la respuesta que yo anhelaba escuchar. Y así, como te lo había prometido, tendrás todo lo que siempre hayas deseado.

Joven y arrogante, Sasuke había pensado que si le ofrecía a Sakura riquezas en bandeja de plata, ella caería rendida a sus pies y seria suya por siempre. Él no la había conocido.

La siguiente carta, estaba escrita después de que la llevara a conocer a Itachi cuando vivía en el sanatorio, en la cual se evidenciaba que ella era nada menos que extraordinaria.

Te bendigo mil veces más, Sakura Haruno. No sé lo que hiciste, pero Itachi respondió a ti. A veces no habla en absoluto, por días o semanas. En algunas de mis visitas, fija la mirada en la ventana o trabaja en malditas ecuaciones matemáticas sin mirarme, no importa cuánto trate de hacerle reconocer que estoy allí. Él está bloqueado en ese mundo suyo, en un lugar a donde no puedo ir. Me acerco para abrir la puerta y sacarlo pero no sé cómo .Pero Itachi te miró, habló contigo y hoy me preguntó cuándo volvería a verlo, cuando me casaría. Itachi dijo que quería que me casara, porque una vez que lo haga estaré seguro contigo, y así podría dejar de preocuparse de mí. Rompió mi corazón. Pretendo ser un hombre fuerte, mi amor, pero cuando estoy con Itachi, sé cuán débil soy.

Concentrado, Sasuke hojeó las cartas restantes. No había muchas, porque una vez que su compromiso con Sakura se había hecho oficial, ella y él habían estado juntos mucho tiempo.

Las cartas escritas cuando había estado en Londres o París o Edimburgo sin ella eran alabanzas a su belleza y su cuerpo, su risa y su calidez.

Encontró la carta que le había escrito diciéndole con afán que vendría a Glenarden en cuanto terminara sus negocios en Edimburgo, previa a la fatídica visita cuando Sakura lo había esperado en el jardín y le había devuelto el anillo.

Las dos últimas cartas habían sido escritas varios años después de que terminara el compromiso.

Sasuke abrió la primera, sorprendido de que Sakura la hubiera conservado.

La leyó sin orden, la primera donde revelaba el retorno de Itachi a la familia tras la muerte de su padre:

...todavía es Itachi, y no lo es, a la vez. Se sienta en silencio, no contesta cuando hablamos con él, ni mira a su alrededor cuando lo abordamos. Esta en un lugar interior, atrapado por años de dolor, frustración y tortura. No sé si él está resentido conmigo por no ayudarlo antes, o si al contrario está agradecido por llevarlo a casa, o si tan siquiera sabe que tiene casa.

Curry, el ayuda de cámara de Itachi, dice que él no se comporta de forma diferente aquí de como lo había

hecho en el sanatorio. Itachi come, se viste y duerme sin que haya que insistirle y sin ayuda, pero es como si fuera un autómata al que se le enseñaron los movimientos vitales de un ser humano, sin conciencia real de su existencia. Trato de llegar a él, trato de verdad. Y no puedo. He traído a casa un caparazón de mi hermano y eso me está matando.

Sasuke dobló esa carta y abrió la última con los dedos lentamente.

Ésta estaba fechada en 1874, un mes más o menos antes de la carta sobre Itachi.

Las páginas estaban aún crujientes, la tinta negra, conocía cada palabra en su corazón.

Mi querida Saku, mi padre está muerto. Usted habrá oído hablar de su muerte ya, pero el resto lo debo confesar o enloqueceré.

Usted es la única en quien puedo pensar para contárselo, la única en quien puedo confiar para mantener mis secretos. He enviado esta carta con mi mensajero de más confianza directa a tus manos solamente.

La insto a quemarla después de la lectura, si es que su curiosidad inquebrantable la hace abrir una carta del odiado Sasuke, en vez de echarla directamente al fuego.

Le disparé, Saku. Tenía que hacerlo, iba a matar a Itachi. Una vez me preguntaste por qué dejaba que Itachi viviera en ese sanatorio, donde los médicos lo trataban como a un perro entrenado o lo utilizaban para sus experimentos extraños.

Dejaba que se quedara porque, a pesar de todo, era más seguro para él que cualquier otro lugar. Estaba a salvo de mi padre. Lo que hicieron con él en el sanatorio no es nada comparado con lo que podría haberle hecho mi padre.

Durante mucho tiempo he sabido que si lograba hablarle a mi padre sobre sacar a Itachi, éste sólo terminaría en un lugar peor, quizás totalmente fuera de mi alcance y a merced de mi padre.

Gracias a Dios los sirvientes de Kilmorgan son más leales a mí de lo que fueron a mi padre.

Nuestro mayordomo se me acercó un día con lo que le había dicho una doncella, ésta había escuchado a mi padre susurrar a un hombre que pagaría a alguien para que se metiera en el sanatorio y matara a Itachi, por cualquier método que el hombre eligiera.

Al escuchar el informe de mayordomo sobre este horror, me di cuenta de que ya no podía esperar más para actuar.

Creía en lo que había escuchado la doncella, porque sabía que mi padre era capaz de tal cosa. No tenía nada que ver con la locura de Itachi.

Verás, Itachi presencio el delito de mi padre. Itachi me habló sobre ello a trozos durante años, hasta que finalmente los he unido y deducido la verdad. Él vio a mi padre matando a mi madre.

La forma en que Itachi describió el incidente, me hace suponer que no quería matarla, pero su violencia sin duda causó su muerte. Agarró a mi madre y la sacudió por el cuello, hasta que ese cuello se rompió. Padre encontró a Itachi agazapado detrás del escritorio y sabía que lo había visto todo.

Al día siguiente Itachi fue trasladado a Londres para presentarse ante una Comisión para determinar su locura.

Itachi siempre había sido diferente, pero la Comisión fue más allá de eso, y por supuesto, lo declaraban demente.

La acción de mi padre era preventiva, si Itachi era declarado loco por una Comisión, entonces cualquier historia que dijera sobre la muerte de mi madre probablemente no se le creería.

En ese momento, no tenía ni idea de nada de esto, pero luché contra la decisión de mi padre. En vano, Itachi fue arrastrado directamente al manicomio, donde mi padre había preparado un lugar para él de

antemano al pagarles una cantidad obscena de dinero.

Yo no era todavía lo suficientemente mayor y no tenía la experiencia necesaria para saber cómo derrotarla. Simplemente hice todo lo que pude para hacer que Itachi estuviera cómodo, al igual que Sai y Naruto.

Más tarde, por alguna razón, padre había empezado a creer que Itachi iba a exponer su secreto. Quizás se estaba haciendo más coherente sobre el incidente, quizás uno de los médicos informó a mi padre que había empezado a hablar sobre la muerte de su madre, nunca lo supe. Al final, supongo que mi padre temía que alguien por fin creyera sus palabras e investigara. Así que puso su plan en marcha. Yo evité ese plan. Lo paré en seco.

Encontré a los hombres a sueldo de mi padre y les pagué para que se fueran lejos. Envié a mi propia gente para proteger a Itachi y retuve todas las misivas del manicomio a fin de que pasaran por mi mano primero. Mi padre lo descubrió y se enfureció conmigo, pero yo sabía que lo intentaría nuevamente. Y otra vez.

Mi padre era un hombre despiadado, como sabes, egoísta al punto de la locura. Empecé los procedimientos para liberar a Itachi de la tutela del sanatorio y que esta pasara a mí, pero el proceso era lento y temía que mi padre encontrara una manera de ganarme antes de que Itachi estuviera seguro. Sabía que tenía que enfrentar a mi padre, para detenerlo de una vez por todas.

Una noche, hace dos semanas, fui a su estudio en Kilmorgan. Padre estaba muy borracho, lo que no era inusual para esa hora del día. Le dije que Itachi me había confiado la historia de la muerte de nuestra madre y que yo lo creía.

Le dije que estaba perfectamente dispuesto a dar testimonio de la verdad de la misma, y le dije que había puesto en marcha los procedimientos para obtener ante la Comisión la reversión de su declaración de locura.

Mi padre escuchaba pasmado, luego intentó atacarme. Pero yo ya no era un aterrorizado niño ni un joven temeroso, él estaba borracho y yo fácilmente lo vencí. Se sorprendió cuando le di puñetazos en la cara. Él me había entrenado para ser su esclavo obediente, para que me dejara pegar cuando él deseara y no derramara

una lágrima a pesar del dolor. Dijo que lo había hecho para hacerme fuerte. Me hizo fuerte y ahora entendía cuanto.

Al mismo tiempo que empecé los procedimientos para que la Comisión de Itachi invirtiese su decisión, hice que mi hombre de confianza preparara los documentos para un fideicomiso, dividiendo la riqueza actual de la

familia Uchiha y el Ducado en cuatro partes iguales, una para cada hijo, Itachi incluido.

Los documentos también me daban la custodia de Itachi, haciendo que el destino de Itachi estuviera en mis manos para decidir sobre él. Padre luchó contra mí, por supuesto, pero mi hombre de negocios había hecho un trabajo exhaustivo.

Con el trazo de una pluma, mis hermanos serían libres y daría el dinero de mi padre a los hijos que despreciaba.

Él me gritó y me dijo que me mataría, me dijo que mataría a mis hermanos y que nos vería en el infierno. Tuve que tratarlo con violencia, no quiero contarte lo que tuve que hacer. Basta con decir que, al final, firmó el documento y me evaluó temeroso. Sería un monstruo, a sus ojos, pero yo soy sólo el monstruo que él creó.

Le di los papeles a mi hombre de negocios de confianza, que esperaba fuera. Llevó una copia a Edimburgo y otra copia a Londres, y allí ambas se registraron.

Mi padre hacía estragos hasta que cayó en un estupor y se puso a dormir. Al día siguiente, salió con su escopeta, diciendo que iba tras un animal. No confiaba en él, podría ir con la escopeta sobre un caballo y montar a través de todo el país hasta el sanatorio donde todavía residía Itachi.

Mi padre debió haber sabido que vendría tras él, porque envió por delante a su acompañante de cacería y esperó por mí en un lugar aislado. Poco después, cuando lo encontré ya tenía esa escopeta en mi cara, su dedo en el gatillo. Luché. Fue una lucha loca por el arma allí en el bosque. El cañón parecía apuntarme siempre, yo sabía que si moría este día, mis hermanos no tendrían ni una oportunidad contra él, incluso con los documentos que había firmado. Encontraría una manera de anular el contrato y hacer de su vida una miseria aún mayor que antes. E Itachi estaría muerto.

Finalmente me hice con la escopeta y lo enfrenté. Puedo mentir y decirme a mí mismo que fue un accidente. Que yo estaba peleando por la escopeta y se disparó sin querer. Pero la tenía en mis manos, Saku.

Lo vi en mi retina, en la fracción de segundo justo antes de apretar el gatillo, los años de terror que tendríamos que soportar si él seguía viviendo. Nuestro padre era un hombre taimado y demente, Dios nos ayude, heredamos nuestros momentos de locura de él. Vi que Itachi nunca estaría a salvo de él, no importa cuán diligente fuera, si no hacía nada.

Terminé con ese infierno en el bosque. Apreté el gatillo y le disparé en la cara. Su acompañante llegó corriendo, por supuesto. Estaba sosteniendo el arma por el cañón, mirándole horrorizado. Se había atascado, le dije. Salió el tiro por la culata.

El tipo lo sabía, sé que sí, pero dijo que, "aye, su gracia debería haber comprobado que el cañón estaba limpio antes de haber disparado a un pájaro. Son accidentes que ocurren".

Y así, el XIII Duque de Kilmorgan se había ido. Mis hermanos sospechan la verdad, igual que lo hizo el sirviente, pero no han dicho nada, yo no les dije nada. Prometí en los bosques que nunca tendrían que pagar por lo que yo había hecho.

Esta noche, confieso mis pecados ante ti, Sakura y a ti solamente. Mañana, Itachi vuelve a casa.

Quizás los Uchiha podrán encontrar paz, aunque lo dudo, querida, porque somos muy malos para vivir en paz.

Gracias por escuchar. Casi puedo oírla decir, de esa manera pragmática que tiene: "Ya lo hiciste. Déjalo estar y que sea el final del asunto." Desearía poder oírla, escuchar su voz calmante, pero no se preocupe. No iré corriendo a Glenarden ni me tiraré a sus pies. Usted merece paz. Que Dios la bendiga.

Sasuke escuchó un sonido. Miró hacia arriba, con lágrimas en los ojos, para ver a Sakura de pie en la puerta, recatada y apropiada con un vestido abotonado hasta su mentón, sus labios separados mirándole fijamente.

La historia pertenece a la autora Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto