CAPÍTULO 11

—Se suponía que la quemarías—, dijo Sasuke.

No podía levantarse, no podía moverse, descompuesto por lo que acababa de leer.

Sakura cerró la puerta y llegó hasta la mesa plagada de cartas.

—No pude, por alguna razón.

Notó que ella no preguntó a qué carta se refería.

— ¿Por qué no?

—No lo sé, realmente. Supongo, que porque, de todas las personas a las que podrías habérselo contado, me lo dijiste a mí.

—No había ninguna otra persona—, dijo Sasuke. —Nadie en el mundo.

Lo dicho quedó sobrevolando. Sasuke cerró el libro y levantó sus pies pesados. Necesitaba tocarla. Ella lo observaba como se acercaba, no dijo ni una palabra mientras él ahuecada su rostro y se inclinaba para besarla.

Sabía a sol. Sasuke no paro para preguntarle por qué ella había venido arriba, si Ino la esperaba abajo. Sólo que Sakura estaba aquí, que tenía la calidez de ella bajo sus manos, la mujer que conocía su secreto más sombrío y nunca se lo había dicho a un alma.

Se sintió fuerte nuevamente en su abrazo, su dolor desapareciendo bajo la caricia de Sakura. Esperó a que sus necesidades oscuras lo alcanzaran, para arruinar este momento, pero no lo hicieron.

Depositaba besos en su mejilla, trazando las pecas que adoraba.

—Saku...

—Shh—. Sakura lo atrajo completamente en sus brazos y descansó su cabeza en su hombro. —No digas nada. No hay nada que decir.

Sasuke presionó un beso en la parte superior de su cabeza, amando la calidez de satén de su cabello.

Su corazón estaba adolorido, pero Sakura lo relajaba y alejaba del dolor.

—Pegaste las fotografías en un libro—, dijo. —Un libro acerca de mí.

Sakura levantó su cabeza. Ella clavó su mirada en la suya, su cara tan rosa como su pelo.

—Bueno, yo...

Sasuke sentía y veía su lucha para idear una explicación. La observó pensar, entonces ella enrojeció todavía más y dijo con voz suave.

—Eres muy guapo.

Quería reír, expresar su alegría, sintiéndose mejor después de los recuerdos que las cartas habían revivido.

Sakura de repente descubrió su herida en el rostro.

— ¿Qué te ha pasado?

—Nada importante. No cambies de tema.

Sus dedos eran suaves.

—Incluso herido, eres un hombre guapo. Lo debes de saber.

Muchas mujeres se lo dijeron, pero él nunca se revolcó en sus elogios. Riquezas y posición podrían matizar la perspectiva, cambiando lo desagradable en bello.

—No deseo que conserves las fotografías que tomó la Sra. Terumi—, dijo.—Quémalas.

—No seas tonto. Están muy bien hechas. Y además, si estoy lo suficientemente enojada contigo, estoy segura de que podría venderlas por mucho dinero.

Sasuke perdió su sonrisa.

— ¿Lo harías?

Ella fingió considerarlo.

—Quizás, si no me dejas buscar o investigar en ciertos lugares para encontrar a la persona que las envió o si me prohíbes algo.

Sus bromas lo derritieron.

—Tienes razón. Eres una mujer audaz. No has cambiado desde que me atrajiste al cobertizo para los botes. Creo que yo estaba haciendo cosas y allí estabas tú acechándome.

—Podríamos discutirlo por horas. Pero no importa—. Le arrebató el libro. —Lo

quemaré todo. Sakura luchaba.—No te atrevas—.Sasuke oscilo alrededor, se dirigió a la estufa de carbón, a su cálido resplandor pero Sakura seguía intentando conseguir el libro.

Sakura corrió tras él, agarró el libro y Sasuke fingió luchar. Ella sabía lo que él estaba pensando, porque él podría haberle arrebatado el libro de sus manos en cualquier momento. Ella apretó su agarre y estiró, la liberó de repente, enviándola unos pasos hacia atrás.

Ella no cayó porque la sujetó. Él puso el libro fuera de sus manos, lo ubicó en la mesa de escribir y luego le rodeó la cintura y la levantó con facilidad colocándola en la cama.

Sakura se retorcía contra él mientras se echaba con ella sobre el colchón. Pero ella no luchaba tanto como debería hacerlo, porque Sasuke se estaba riendo.

Sasuke, quien nunca se reía en estos días, lo estaba haciendo mientras la colocaba debajo de él, su kilt desparramado sobre sus piernas. Sus ojos despiertos con maldad, y se reía.

Sakura se hundió debajo de él con placer pero descubrió un impedimento.

—Ay, ay. Las malditas enaguas.

Sasuke bloqueo sus pies alrededor suyo e invirtió sus posiciones en la cama grande. Sakura aterrizó encima de él, la enagua crujió al igual que él se sentía, como un barco de agua tormentosa.

Sakura miró hacia abajo, su risa, burlándose del Highlander y se enamoró nuevamente. Sasuke paseaba sus manos a lo largo de su espalda, sentía las palmas calientes incluso a través de su ropa.

Ella trató de no sentir un cosquilleo de excitación al sentir su dureza evidente a través de su falda. Ella dobló sus rodillas y agitó sus pies enfundados en sus botas de tacón alto, abotonadas.

—Debo levantarme. Mi institutriz me enseñó que nunca debía acostarme sobre una cama con mis zapatos.

Su sonrisa se volvió malvada.

—Te enseñaré a acostarte sólo con tus zapatos.

Calor agradable corría a través de ella.

—... Sería muy travieso.

—Por supuesto. Ese es el punto.

Sakura tocó la punta de su nariz.

—Reconozco que cuando estoy contigo, me siento cada vez más traviesa.

—Bien.

—Debo ser una mujer muy mala, para permitirte tomarte tales libertades.

Sonrió, sus ojos brillaban.

—Saku, tu inocencia alcanza los cielos.

—No soy tan inocente—. Ella le dedicó un ceño simulado. —Recuerda que crecí con un padre que creía que era normal discutir sobre los hábitos reproductivos de toda criatura viviente — incluyendo los humanos — durante la cena.

—Tu madre debe haber sido una mujer paciente.

—Mi madre lo amaba son cada pedazo de su corazón—. Sakura sintió una pizca de tristeza como siempre lo hacía cuando su madre entraba en sus pensamientos, la mujer agonizante, enferma, que murió a sus ocho años de edad.

Los ojos de Sasuke se oscurecieron.

—Siempre te envidié. Tu padre y madre realmente se amaron mutuamente.

Tuviste una infancia feliz.

—Sí, fue feliz—, dijo Sakura. Y, después, triste.

Envolvió sus brazos alrededor de ella.

—Lo sé.

—Al menos papá y yo nos hemos llevado bien todo este tiempo. Lo que me lleva de nuevo a mi conocimiento sobre los hábitos de apareamiento. Me crees inocente, pero soy bastante mundana, a mi manera.

—Lo sé. Conservas fotografías de un hombre desnudo ocultas en un cajón de tu mesilla.

—Las cuales has revisado sin mi consentimiento.

—Lo que me dio una idea del estado de tu vestuario. No le has pedido a Ino que te vista como te solicité. Tus vestidos son horribles.

—Bueno, muchas gracias.

Tocó la almohadilla de su labio inferior.

—Corta de raíz tu orgullo, pequeña. Si vas a desfilar con esta familia, necesitarás ropa decente o destacaras como un faro. Ino te equipará y me enviará la factura.

—De hecho, no. Dirán que soy tu amante.

Él rió.

—Qué expresión. Te estoy dando tu salario.

—Por escribir. Quiero un salario honesto por un trabajo honesto.

—Considéralo un subsidio de ropa. No voy a tener a mis empleados vistiendo de manera tan lamentable. Mi ama de llaves viste mejor que tu.

—Un insulto tras otro.

—La verdad. Ahora quiero la verdad de ti,

— ¿por qué guardas toda esa basura acerca de mí?

—Para alimentar tu orgullo, obviamente.

Sasuke se rió nuevamente. Se sentía bien

tenerlo agitando bajo ella, ver verdadera alegría en sus ojos, y no la desolación que había visto cuando ella había entrado a la habitación.

Como si leer sus cartas hubiera arrancado la venda de una herida, esta había desangrado, y ahora, por la gracia de Dios, él podría sanar. O al menos se encontraba en la cama con ella y le tomaba el pelo como si fueran amigos o amantes ocasionales.

Él había sido así cuando la había cortejado, riendo, burlándose, molestándola en un momento, para ser increíblemente candoroso al siguiente.

En este momento, él le hacía cosquillas.

—Para—. Sakura batía sus manos sobre el pecho. —No es de extrañar que teman al gran Sasuke Uchiha, "vote por mí, o yo le haré cosquillas hasta la muerte."

—Lo haría, si funcionara—. Su sonrisa desapareció. —Quema esas fotos, Saku. Son terribles.

Por el contrario, eran hermosas. No le gustaba el hecho de que la Sra. Terumi las hubiera tomado, pero ella no pudo encontrar ningún fallo en los resultados.

—No, de hecho—, dijo ella. —Me enviaron las fotografías a mí, no a ti, y he pagado una guinea por las demás. No te las daré. Son mías.

Sasuke trató de parecer ceñudo, de sacar el genio Uchiha, gruñó un poco. Lo cual hubiera sido más eficaz si no hubiera estado extendido debajo suyo, su kilt extendido, su cabello hecho un lío.

Como estaba así, Sakura besó el puente de su nariz.

—Voy a deshacerme de ellas si son reemplazadas—, dijo. —Usa mi subsidio de ropa para comprarme un aparato para tomar fotografías y hazte algunas, sólo para mí.

Su ceño murió, y sus ojos reflejaron, increíblemente y entre todas las cosas, vergüenza.

— ¿Y quién podría tomar estas fotografías?

—Yo, por supuesto. Sé cómo funciona el aparato fotográfico. Mi padre contrató a un fotógrafo una vez y todos los productos químicos y máquinas para hacer un cuarto oscuro, para que pudiéramos hacer las placas de la flora local para uno de sus libros. Lo disfruté bastante. Soy bastante buena, si debo decirlo.

—Puedes escribir, puedes fotografiar. ¿Qué no puedes hacer?

—Bordar—. Sakura había arrugada la nariz. —Soy muy mala en ello. Y nunca aprendí a tocar el piano. En las actividades manuales, no soy muy buena. Me parece que soy mejor en actividades masculinas.

La sonrisa de Sasuke reapareció.

—Yo diría que fuiste excelente en perseguir lo masculino.

—Oh, muy gracioso, Su Gracia. ¿Y la cámara?

— ¿Verdaderamente deseas tomar fotografías de mí?— Él sonaba... tímido.

—Sí, de hecho, si—, dijo. ¿Es tan difícil creer?»

—Soy mucho más viejo ahora.

Su sonrisa creció.

Bajó la mirada a su rostro con su barba recortada, su garganta húmeda detrás de su corbata, su amplio pecho bajo la camisa y chaleco, su abdomen plano.

Ella se arrodilló hacia atrás para seguir mirándolo, sus estrechas caderas y sus muslos esbozados por el kilt arrugado. El plaid se había levantado un poco por encima de sus rodillas para mostrar sus musculosas piernas cubiertas por gruesos calcetines de lana.

Ella soltó un suspiro un poco satisfecho.

—No veo que haya nada mal contigo, Sasuke Uchiha.

—Porque estoy completamente vestido.

Algo atrevido, intenso e incontrolable se había apoderado de ella. Antes de

pudiera detenerse a sí misma, agarró el dobladillo de la falda y lo subió hasta descubrir sus muslos.

Sasuke permanecía muy quieto, un brazo detrás de su cabeza, cuando lo miró.

—Nada malo allí tampoco—, dijo ella.

—Cabalgo todos los días.

—Muy loable. Una mente sana en un cuerpo sano. Creo que todo esto se vería bastante bien en una fotografía.

Cielo santo, él se ruborizó.

— ¿Estás preocupado?— preguntó.

—Yo era un hombre joven cuando estaba cortejándote.

—Y yo era una mujer muy joven. Aunque

tienes algunas arrugas—. Sakura había tocado unas líneas en los bordes de sus ojos.

Le gustaba, porque significaba que sonreía un poco, al menos.

—Tú no—, dijo.

—Porque soy un poco gordita. Si fuera una mujer esbelta, sería un palo viejo ahora.

Sasuke tocó su rostro con dedos suaves.

—Nunca he visto a una mujer más gloriosamente hermosa.

Su corazón se aceleró, pero ella se arrodilló antes de que el calor traicionero que él agitaba en ella pudiera hacerla decir algo que lamentaría.

Inclinada sobre él con una sonrisa, Sakura había levantado el kilt hasta por encima de sus caderas. Ella se detuvo.

—Oh.

Los ojos de Sasuke se oscurecieron.

— ¿Cuál es el asunto, amor?

—Pensé que llevarías algo de franela debajo. Hace frío.

—No he salido esta mañana, dijo.

La timidez de Sasuke había desaparecido, él giro nuevamente las tornas. Descansó su cabeza sobre sus manos y esperó a ver lo que ella haría.

Entre sus muslos ella sentía las esferas apretadas de sus bolas, y por encima, su longitud contra su abdomen, acunado por su kilt.

—Me gustaría tener el aparato para fotografiarte ahora—, dijo Sakura.

— ¿Si, traviesa mujer?

Oh, sí. Sasuke haría un retrato embriagador, él tumbado hacia atrás, su kilt arrugado alrededor de sus caderas para revelar su deseo mientras la observaba con ojos cálidos.

Ella había aprendido su cuerpo mucho tiempo atrás, familiarizándose con la

cicatriz que serpenteaba hasta el interior de su muslo derecho, la forma de su pelo rizado a lo largo de sus piernas, cómo una rodilla no era el espejo perfecto de la otra.

Las fotografías no mostraban estos pequeños detalles; eran conocidos sólo por la mujer que tenía el privilegio de contemplarlo de cerca.

Sasuke no dijo nada, no hizo nada.

Sakura tocó la cicatriz, encontró la cresta poco suave y fría. Algo despertó en los ojos de Sasuke a medida que ella remontaba la cicatriz hacia arriba, pero permaneció quieto.

Su piel era más cálida al acercarse a la unión de sus piernas. Su cicatriz

terminaba a mitad de camino por el interior de su pierna, pero Sakura dejó a su dedo continuar a lo largo del camino hasta que encontró el pliegue entre la ingle y el muslo.

Ella lo acarició un momento, el último lugar seguro y luego trasladó sus dedos al eje. El cuerpo de él se sacudió. Su mirada fija en ella, a la espera.

La sonrisa de Sakura se ampliaba a la par que delineaba con su dedo la longitud de él hasta su punta. Su piel era aterciopelada, caliente y al mismo tiempo, suave como la seda. Fuerza encerrada en un paquete firme.

—Órgano del macho erecto—, dijo ella. —Para que él pueda penetrar la cavidad más suave de la hembra, lo coloque y lo introduzca para su propósito.

—Zorra—, Sasuke dijo, con aspereza en la voz. —Quien le enseñó ese discurso.

—Una revista científica.

La risa de Sasuke lo sacudió, pero no lo suficiente para que desapareciera el deslizamiento de los dedos de Sakura.

—Espero que no susurres tales cosas a cualquier otro hombre, especialmente no con esa dulce voz.

—Sólo a ti, Sasuke. Sólo es para ti.

Se detuvo.

—Sakura, me estás matando.

Ella levantó su mano.

— ¿Me detengo?

— ¡No!— Sasuke había atrapado su muñeca, para regresarla a su lugar anterior, luego la soltó, deliberadamente retrajo sus dedos.

Había metido su mano detrás de su cabeza nuevamente, pero se le veía agitado. —No quiero que te detengas—, dijo. —Por favor.

Fue muy difícil para este hombre decir por favor. Sakura puso su dedo sobre sus labios, dudando qué hacer. Sasuke la miraba, con su cuerpo tenso. Sakura había descansado nuevamente su mano sobre él. Otra vez se agitó, tratando de contener su reacción.

Ella deslizaba su palma por toda su longitud, exactamente como se lo había enseñado ese día tanto tiempo atrás en la pérgola. Sasuke retenía su aliento, su cuerpo rígido.

Sakura frotaba con su palma la punta y luego deslizó su mano hacia abajo.

—Oh, Dios, Sakura... pequeña.

El gemido casi la deshizo. Ella lo acarició nuevamente, esta vez un poco más rápido. Sasuke creció aún más bajo su tacto y ella se calentaba con su poder.

—Santo Cristo.

Las manos de Sasuke estaban apretadas en puños, como si se detuviera a sí mismo, con gran esfuerzo, para llegar a ella.

En la pérgola y en los cuartos privados, ellos se desnudaban antes de tocarse

íntimamente. Sakura no sabía lo emocionante que esto podía ser estando totalmente vestidos. Qué delicioso descubrimiento.

Sasuke, por su parte, estaba haciendo todo tipo de descubrimientos. Sakura estaba más hermosa que nunca, y él descubrió que no estaba del todo muerto, que su toque era increíble.

A pesar de las afirmaciones de Sakura, ella era inocente y su sonrisa llamaba a cada parte diabólica de él.

La sensación salvaje en su polla se propagaba hacia abajo por su cuerpo y de nuevo a su corazón. Sasuke iba a morir por esto. Sasuke el maestro, el Todo poderoso, se rindió al toque de su dama.

Dios, era gloriosa.

—Sakura—, dijo sin aliento. —Tú me deshaces. Siempre lo has hecho.

— ¿Me detengo?

Su mirada era impúdica y desafiante, absolutamente inocente y perversa al

mismo tiempo. Él había dejado que se alejara de él, porque había sido estúpido y joven, y demasiado arrogante.

Él nunca sería capaz de dejarla alejarse otra vez. Incluso si tenía que encerrarla en esta cámara con él por el resto de sus vidas, él la mantendría con él, siempre.

No sería tan mala existencia. Sus siervos podrían hacer un agujero en la puerta para pasarles comida y bebida, tal vez él recordaría comer en algún momento.

—Nunca pares—, él se oyó decir. —Nunca. Por favor. Oh, querido Dios.

Se incorporó sobre sus codos, incapaz de permanecer tendido contra la almohada. Veía la mano que tanto bien le hacía, con dedos pequeños y femeninos que estaban demostrando ser muy, muy inteligentes.

—Llévame todo el camino, Saku. Por favor, o me mataras.

Sakura sabía lo que quería decir. Ella tenía el conocimiento, porque él se lo había enseñado hace mucho tiempo.

Ella se ubicó a su lado mientras mantenía la bella fricción y Sasuke envolvía su brazo alrededor de ella.

Su cabeza descansaba sobre su pecho, y mechones de pelo de oro rosa serpenteaba encima de su chaqueta negra. Sasuke la acariciaba, manteniendo su tacto suave. Rozaba la oscuridad, pero Sasuke luchaba por mantenerla oculta. Lo quería así, simple, liviano, una mujer complaciendo a un hombre por el solo hecho de desearlo.

Tomó el control la necesidad física básica. Su mente en blanco a todo excepto albolor del cabello de Sakura, la gloriosa sensación de sus dedos, su calidez a su lado. Nada más que ella y él, sensación, deseo. Movía sus caderas.

—Sakura.

La bajó hasta sus labios y puso su boca sobre ella, al mismo tiempo que se corría.

El calor resbalando por sus muslos, pero la sensación continuaba y continuaba. Él la besó en la boca y ella respondió con creciente codicia.

—Pequeña, qué me has hecho.

Los ojos de Sakura estaban semiderruidos, verdes encantadores tras las pestañas claras. Las palabras lo abandonaron y él simplemente la besó.

Aquí se encontraba en paz.

La casa estaba tranquila, juntos él y ella, Sasuke besando a Sakura en su cama en una mañana lluviosa de Londres. Ella tocó su rostro mientras se besaban, sin decir nada. Dulces besos. Sin prisa.

—Me calmas—, susurró.

Sus ojos se enternecieron.

–Me alegro.

El tiempo fluyó. Sasuke y Sakura estaban nariz con nariz, besándose, tocándose, disfrutando del silencio.

Yacían juntos disfrutando el uno del otro, hasta que la tos seca de Wilfred en el salón continuo invadió la paz, recordando a Sasuke que el mundo real estaba esperándolo. Quería decirle al mundo real que se fuera al diablo.

Sakura, con sensatez, cogió una toalla de su lavabo y la llevó hasta la cama. Sasuke limpió sus manos y su ropa, luego la besó mientras se deslizaba de la cama, los pesados pliegues de su kilt cayendo una vez más para cubrirlo.

Cuando se casara con ella, tendrían muchos más días como éste. No importaría lo ocupadas que fueran sus vidas, no importaría cuántas personas compitieran por su atención, Sasuke haría que el Duque y la Duquesa a menudo se retiraran del ojo público para acostarse juntos en este silencio alegre.

Fue todo lo que podía pensar para lograr abandonar la habitación y a ella, con su corazón lleno.

Sakura soltó su aliento al tiempo que Sasuke cerraba la puerta. Ella fue a su lavabo, lavó sus manos y la cara con agua fría, buscando otra toalla de su armario.

Ella todavía temblaba. ¿Qué la había poseído? Pero había sido hermoso.

Ella fue a la mesa, donde había dejado el libro y comenzó a recoger las cartas

para devolverlas a su escondite.

No muchos segundos más tarde, se encontró sentada pasando sus manos a través de las páginas del libro de recuerdos, y se topó con las fotografías.

Ella sonrió.

Él podría insistir en que su juventud estaba en el pasado, pero él parecía conservarse bastante bien en su cama con su kilt enrollado alrededor de

su cadera. Mejor aún, que hace años.

Él había alcanzado la promesa que su

cuerpo apuntaba, el potencial que había en sus rasgos más jóvenes.

Ella suspiró y comenzó a reunir nuevamente las cartas. Desenrolló la carta que encontró Sasuke y la leyó, su corazón dolía por él nuevamente.

Sasuke tenía razón; ella debería haberla quemado. Pero Sakura había subestimado la probabilidad de que alguien encontrara la carta que ella ocultaba durante su viaje a través de la costa escocesa.

Los siervos no tocaban sus pertenencias y su padre rara vez iba a su alcoba. Ella no había pensado en que las cartas estaban metidas en el libro cuando había empacado para Londres; ella simplemente no quería dejar el libro atrás.

Pero Sakura entendía el peligro de mantener la carta. El encuentro de Sasuke con su padre había sido un accidente, de eso estaba segura, habían luchado por la escopeta y él había disparado.

Lo que había pasado por su mente durante la fracción de segundo entre que tuvo el arma en sus manos y el disparo saliendo fuera de ella quedaba entre Sasuke y Dios.

Lo que sea que hubiera pasado, la muerte del Duque había traído a Itachi a casa con seguridad. Pero si los enemigos de Sasuke consiguieran la carta, podría significar un desastre para él.

Sakura fue hasta la estufa y abrió sus puertas. Que este sea el final del asunto, se dijo, usando las palabras que Sasuke predijo que ella usaría, tirando la carta a las llamas.

El intento de disparo lo había hecho considerar el viaje a Berkshire.

Sasuke no se habría alojado con Naruto todo el mes de todos modos, como hacía habitualmente, viajaría ida y vuelta a Londres cuando pudiera.

Las estaciones de tren eran lugares muy públicos, llenos de oportunidades para asesinos enloquecidos de disparar a la gente. Sasuke agonizaba sobre la decisión, pero concluyó que Sakura y su padre bien podrían estar más seguros en público, con Sai para protegerlos, que solos en un carruaje en algunos vacíos tramos de las carretera secundarias.

Sasuke les mantendría seguros por el simple hecho de no viajar con ellos en absoluto.

Subió a la parte superior de la casa el día anterior a que fueran a salir, la familia entera y Sakura estaban tomando té en la habitación que había sido reservada para los niños.

Cuando entró, Sakura levantó la mirada mientras hundía sus dientes en un postre de crema. Sasuke se detuvo.

La visión repentina de él lamiendo la crema de sus labios le hizo sentir mareado por un momento.

Cuando pudo ver nuevamente, tomó nota de Sai sentado en una mesa con Eileen, Ino junto a él, Robert en una silla de bebé.

Sakura atiborrándose junto a ellos en la mesa, mientras que la niñera, Miss Westlock, los supervisaba sentada un banco en el otro lado de la habitación.

Aimee se sentaba con Lord Haruno en un asiento de ventana, el Conde le mostraba fósiles que había traído con él desde Escocia.

Sasuke arrastro su mirada nuevamente desde la crema en los labios de Sakura y la dirigió a Sai.

—Me voy a Berkshire esta mañana. Tengo emisarios a lo largo del camino, así que me quedo con el guardaespaldas. El resto viajareis en tren mañana por la tarde.

— ¿Guardaespaldas? Sai dijo.

Lamiendo la nata de su pulgar y sacudiendo su cabeza hacia su hija.

—Eileen, por favor no pongas mantequilla en el cabello de tu hermano—. Miró a Sasuke. — ¿No sería mejor que vinieses con nosotros?

—Te dije, que tengo asuntos...

Sakura lo taladró con la mirada.

—Sasuke, lo sabemos—. Ella levantó una copia de un periódico de cotilleos de la silla a su lado y se la mostró. "¡Al Duque de Kilmorgan por poco no le quitan la vida! Disparos en el exterior del Parlamento. ¿Encontraron un nuevo objetivo los fenianos?"

— ¿Cómo diablos entró esto en la casa?— Sasuke gruñó. — ¿Sai?— Sai parecía inocente, pero la cara de Sakura estaba encendida con rabia.

—Me mentiste cuando me dijiste cómo te lastimaste. Dijiste que no era importante. ¿Cómo pudiste? Casi moriste.

Sasuke tocó su rostro donde iban desapareciendo los cortes.

—No es importante. El hombre me dio un golpe terrible y yo no estaba prestando atención. No te lo dije porque no quiero que te preocupes.

— ¿Preocuparme? Sasuke, esto es peligroso. Esto es algo para decir a la familia. Y a tus amigos.

— ¡Que es exactamente por lo que no quiero que ninguno de vosotros esté

conmigo!— La voz de Sasuke sonó como si hubiera perdido la paciencia. —Si el hombre es un tirador tan malo, no quiero que mi familia y amigos se conviertan en víctimas accidentales. Sakura, tu padre y tú viajareis con Ino y Sai, yo me iré con mi guardaespaldas y Wilfred. Wilfred solía estar en el ejército. Él sabe cómo manejarse, como pato en el agua.

La mirada de Sakura se volvió gélida.

-No trates de hacer un chiste de esto. Supongo que no has hablado con la policía.

—Lo hice, de hecho. Solicité unos inspectores para investigarlo, porque si alguien puede asustar a un culpable, son nuestros detectives favoritos de Scotland Yard. Pero no tienen mucho con que trabajar, sólo unos pocos ladrillos astillados. Y el hombre podría no haber querido dispararme a mí en particular, sino a cualquiera que saliera del edificio.

Lord Haruno interrumpió la discusión.

—Debe comprender que el pensamiento de usted viajando solo nos hace sentir incómodos, ¿no es así Uchiha? ¿Usted con un guardaespaldas? ¿En una

carretera vacía entre Reading y Hungerford?

—No voy a estar solo. Contraté a ex pugilistas como lacayos, de cuerpos grandes y reflejos rápidos.

—Que lo hayas hecho no le ayudó a impedir el atentado—, señaló Sakura.

—Porque esa noche no prestaba atención

—. Él había estado pensando en Sakura en corsé, su pelo, sus botas de tacón alto, su tobillo, sus pies. —Ahora he sido advertido—, dijo.

—Eso apenas es tranquilizador—. Los ojos de Sakura irradiaban ira. —Pero

supongo que no podremos hacerte cambiar de opinión. Enviarás un telegrama en el momento en que llegues, ¿no?

— Saku —, dijo Sasuke.

—No, no importa. Hinata lo hará. Por favor, asegúrate de informar a Naruto del problema. O Naruto podría considerar enojarse y él es más grande que tú.

Sasuke no se molestó en evitar la irritación en su voz.

—Déjalo, Sakura. Te veré en Berkshire.

Ella lo miró ceñuda, pero Sasuke sólo la veía como en su visión embriagadora con solamente corsé y botas, más erótico con una liberal adición de nata. Se alejó y caminó hacia la puerta.

Sakura siempre había amado Waterbury Grange, la residencia en Berkshire de Naruto, aunque ella no la había visitado en años.

Naruto, el segundo hermano de la familia Uchiha, la había comprado poco después de que su primera esposa hubiera muerto, diciendo que quería algún lugar lejos del sitio en el que había transcurrido su matrimonio infeliz.

Campos verdes, se extendían hasta colinas arboladas, el Canal de Avon y Kennet derivaban perezosamente en el borde de la propiedad.

La primavera significaba corderos detrás de las madres en el campo y potros que se mantenían cerca de las yeguas que paseaban por los pastos.

La tradición familiar de Uchiha los llevaba a Waterbury cada mes de marzo. Allí, los hermanos y ahora sus esposas e hijos, veían a Naruto entrenar a sus corredores mientras se retiraba de los ojos del mundo.

Aquí tenía su oportunidad de estar en privado con la familia por un corto tiempo antes de que Naruto fuera a Newmarket.

La casa era antigua, un uniforme montón de ladrillos dorados, pero según lo que Hinata decía en sus cartas, ella había redecorado intensamente el interior.

Sakura esperaba ver su resultado.

Pero cuando Sakura, su padre, Ino, Sai, los niños exultantes, su niñera robusta y el viejo Ben bajaron de los carruajes que los trasladaban desde la estación de tren, Sasuke se reunió con ellos en la puerta de Waterbury Grange para decirles que Itachi había desaparecido.

La historia pertenece a la autora Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto