When I look into your eyes...

Capítulo IX: El palpitar de un corazón roto.

by Lían.


¿Escuchas? ¿sientes?...

es el latir de un corazón roto.

Palpita lentamente,

como si ya no quisiera hacerlo...

como si le faltara algo...

como si le faltaras tú...


Hallo! Weno aki ando de nuevo, Lían reportándose... sin duda alguna tarde mas de lo que siquiera yo llegué a pensar. Lo siento en el fondo de mi corazón, de verdad pero hago cuanto puedo… -.-U…-... Solo me resta agradecerles a todos, de verdad no tienen ni la mínima idea de la felicidad que me causan, por eso les agradezco siempre con tanto fervor, yo sin Uds. no soy nada ni nadie. Mil Gracias a todos los que siguen la historia desde el principio, he notado que algunos de esos lectores han dejado de dar señas de andar por aki, pero confió que lo leen y me siguen aunque en silencio. Este capi va para todos las personas que leen y no dejan review porque aunque no lo sepan son muy importantes para mi. Siento mucho la tardanza… disfrútenlo.


Deseaba que el suelo dejara de darle vueltas, que su estómago no quisiera devolver su contenido, que su respiración regresara a sus pulmones. Que esa muerte en vida que estaba experimentando o diera su golpe de gracia o lo dejara vivir...

-"M-mientes..."-masculló con dificultad, sin la fuerza con la que quisiera que salieran sus palabras. Con temor vibrando en sus labios y añorando una respuesta afirmativa.

Silencio.

Sólo silencio.

Frío, doloroso, repugnante y asqueroso silencio.

Sólo eso...

-"¡No miento...!"-la otra voz no parecía temblar como la suya, al contrario era una voz segura y cargada de ira.

Su cerebro aún no podía asimilar las palabras en su totalidad. No quería, no podía... ella no podía... ella no podía estar...

Las paredes parecían hacerse cada vez más pequeñas, apretándolos para asfixiarlos y dejar sus cuerpos sin vida pero aún respirando. Torturándolos, haciendo que el ambiente no dejara su atmósfera mortífera, haciendo eco de las palabras antes dichas, pero que ninguna de las dos personas en esa habitación se atrevía a repetir.

Dos pares de ojos desorbitados, con brillos especiales que bien podrían ser lagrimas contenidas, delicadas gotas de sal que se negaban a salir de sus cuencas, que no se podía dar el lujo de demostrar debilidad. No ante el otro, jamás ante el otro.

El silencio seguía imperioso, como si nada ni nadie pudiera decir algo mas hermoso que él mismo. Mostrándose amo y señor del momento...

-"M-mientes..."-le repitió.

Debía serlo, debía ser una maldita mentira.

-"¿Mentir?"-ahora la otra voz era irónica. Burlándose de la mirada perdida que el otro presentaba, riéndose en silencio de su hipocresía.

Hubo movimiento en la habitación.

Uno de ellos reaccionó y con suma violencia se acercó al otro para tomarlo con fuerza del cuello de la camisa. Haciendo que las miradas se vieran demasiado cerca, respirando el mismo aire, casi percibiendo el palpitar desbocado de los dos corazones. Hundiéndose en el cobrizo de los ojos de uno y viéndose reflejado en el verde jade de la joya misteriosa y profunda del otro.

-"¿¡Mentir?!"-le repitió una vez mas al darse por enterado de su propio puño sobre la camisa de su antagonista, retorciéndolo con fuerza para intentar sacarle el aire, pero aun así nada parecía hacer volver al otro. –"¡Maldito, ahora te arrepientes de lo que le hiciste...! ¡Repite tus palabras!"-le volvió a gritar sin aflojar el agarre. –"... ¡Tú eres el culpable!..."-

Esas palabras parecieron hacerlo reaccionar, haciendo que sus ojos se abrieran enormemente e instintivamente alejara de su cuello esas manos que lo hacían respirar dificultosamente.

-"Y-yo..."-tosió para recobrar el aire que sus pulmones le exigían, pero ni siquiera eso hizo que pudiera hablar.

¿por qué las palabras temblaban en sus labios? ¿por qué no podía decirle que él no había sido el culpable? ¿por qué no podía levantar la cabeza?.

¿Acaso era?...

Porque si era el culpable.

Frunció el ceño y se perturbó por la cercanía, sintiendo un escozor rodearle los ojos, sintiendo la confusión de su mente que repetía y repetía lo sucedido para poder asimilarlo, pero no podía... no entendía... ¿por qué le dolía el pecho?... ¿por qué se sentía miserable?... ¿Por qué había dicho todas esas cosas?

Después de retroceder unos pasos levantó la mirada y se topó con esos ojos tan parecidos y tan diferentes. Los de ella jamás destellaron furia, nunca una furia tan abrasadora como la que esos ojos le estaban demostrando.

Sintió de nuevo ese escozor en lo profundo de su mirada pero no pudo prestarle atención porque esa voz grave lo acusaba de nuevo:

-"¡Tú la destrozaste!... ¡Le rompiste el corazón!"-

¿Le rompí el corazón?... ¿la destroce?... E-eso no es posible... ella era...

Volvió a abrir los ojos al pronunciar esas palabras en su mente... ella era... como si estuviera aceptando lo que ése le estaba diciendo... como si ella de verdad... como si...

-"¡Tú la mataste! ¡Tú mataste a Sakura!... ¡debes estar contento ¿no?... después de todo lo que dijiste…!"-

¿Yo la maté?...

Ni siquiera notó como la otra persona en la habitación se le acercaba y ponía el dedo índice en su pecho, empujándolo, reclamándole tan rápidamente que no podía descifrar todas las palabras que salían de su boca. Señalándolo como el culpable...

¿Yo la maté?... ¿Yo la maté?... ¿Yo la maté?...

Se repitió en su interior sin cesar mandándole imágenes de los múltiples recuerdos que supuestamente ya había olvidado, que supuestamente ya no existían en su mente... que él había decidido olvidar.

-"E-ella no puede..."-pasó saliva con dificultad. -"...e-ella no..."-los golpes en su pecho cada vez subían mas de intensidad, ¿era por eso que le dolía tanto el corazón?...

-"¡Ella confió en ti... en esa estúpida promesa que le hiciste...!"-le volvió a replicar sin prestar atención a los balbuceos del otro. Debía decirle todo lo que le hizo sentir, todo lo que tenia enterrado en el corazón... era justo que él también sufriera si ella ya lo hizo tanto tiempo. Él si la había asesinado, la asesinaba en vida, la hería con esas cosas absurdas que dijo antes… la asesinaba lentamente…

La promesa que le hice... la que no pude cumplir... eso… era un niño… era… no… yo… yo no…

La voz en su cabeza parecía poder hablar pero él ni siquiera podía articular algo que no fuera un monosílabo. Los golpes con el dedo índice cesaron, pero la furia en aquellas lagunas verdosas no terminaba.

-"¡Maldito el día en que te conoció... el día en que le confesaste ese cariño hacia ella... maldito el día en que se dio cuenta que estaba enamorada de ti...!"-le gritó colérico con la voz mas ronca que de costumbre, con el ceño fruncido –algo que nunca antes había apreciado- y con una fuente de odio hacia él que no parecía tener fin.

Después de captar las palabras para analizarlas en su mente, ésta viajó hasta esos recuerdos borrosos, repitiendo las frases que no parecían tener coherencia entre si, pero que marcaban el inicio y el fin de su amor infantil...

¡Entrégame las Clow Cards!

¡Me gustas mucho!

Mi querido... Syaoran...

¿Pero regresaras, verdad?—

Su mente no dejó de atormentarlo, haciendo que cayera en un estado somnoliento, tratando de recuperar eso que no sabía que era, pero que había perdido, estaba seguro. No se dio cuenta que poco a poco se escurrió por la pared ya que sus piernas no pudieron sostenerlo mas. Que su mirada se quedó fija, ni siquiera prestó atención a su compañero de cuarto quien había salido de su habitación dando un portazo y mascullando palabras casi incomprensibles para él, tachándolo de hipócrita.

Menos aun supo que sus manos habían decidido ponerse sobre su cara y que algo las humedecía lentamente.

La oscuridad, ama y señora nocturna ya era más que notoria afuera, no había ni una sola estrella en el firmamento, tampoco la luna había querido salir esa noche, así que todo era oscuridad y soledad.

Soledad y oscuridad...

Después de unos minutos en esa posición acuclillada sus piernas se agotaron y simplemente quedó sentado en el rincón con las piernas encogidas, sintiendo ese escozor en los ojos. Con los dibujos de sus ancestros sobre su cabeza como si fueran otro peso con el que tenía que cargar.

Despegó las manos de su cara, alejándolas un poco de sus ojos para divisarlas mejor, notando que aquello que las humedecía estaba saliendo de ellos mismos.

Rápidamente volvió a restregar el dorso de su mano contra su cara y efectivamente sus ojos estaban mojados. Miró sus manos sin hacerlo realmente ya que la oscuridad en la que se había sumido su habitación apenas si le dejaba percibirlas, escudriñándolas para entender por completo la lógica, que aunque parecía tan simple él no acababa de entender.

-"E-estoy... estoy llorando..."-escapó de sus labios con un leve susurro, dejando que apenas él mismo se escuchara.

El brillo de las lagrimas en sus ojos nunca se detuvo, incluso derramándose por sus mejillas lenta y dolorosamente. Se quedó mirando sus manos como si esas gotas tristes no fueran suyas, como si todo lo que pasó en menos de quince minutos no hubiera pasado, como si esa noticia no hubiera roto su corazón.

¡Sakura no podía estar muerta!

Eso era ilógico, ella tenia que ser feliz, vivir con su amable Padre y su insoportable hermano, seguir estudiando, estar con su mejor amiga y siempre rodeada de felicidad... al menos ella debía ser feliz... él ya había superado muchas cosas gracias a ese pensamiento.

Su cobriza mirada se vio de nuevo ensombrecida por el llanto, sintiendo la debilidad a flor de piel se talló los ojos con furia y se puso de pie.

Caminó hasta su cama y se dejo caer en ella bocarriba, mirando su blanco techo, con los ojos tan abiertos y aún llenos de agua de lágrimas.

¿Por qué dije esas cosas?

¿Por qué le mentí diciendo eso?

Yo no… yo no las quería… yo quería saberlo por otra razón…

-"Esto no puede estar pasando..."-le susurró al viento ahora en voz alta, tratando que su mente dejase de hablar, cubriendo sus ojos con los parpados y sintiendo como las lagrimas se filtraban a través de sus pestañas, corriendo por un lado hasta ser absorbidas por las sábanas de su cama.

En el momento en que sus ojos se llenaron de oscuridad, protegidos por sus parpados, un brillo esmeralda y una sonrisa hicieron que los abriera de golpe, levantándose estrepitosamente de la cama.

Sintiéndose terriblemente débil por las lágrimas que aunque él no quisiera, se seguían resbalando por sus mejillas; se posicionó a la mitad de su habitación, mirando las sombras conocidas en todos los rincones. Se acercó a la pared que resguardaba las pinturas que Eriol le había regalado y le dio un golpe certero con el puño cerrado.

Se sintió tan bien y tan libre al hacerlo que no se detuvo hasta que su pared presentó un hundimiento notorio y su mano chorreara sangre. Se había destrozados los nudillos, golpe tras golpe, haciendo que toda esa tensión se transformara en el sonido profundo que hacía en el momento en que su puño se hundía por completo en la sólida pared; intentando luchar contra ese yo que estaba intentando salir del cementerio donde lo había enterrado hacía ya años.

Jadeaba haciendo que el silencio de la madrugada se viera perturbado por eso, gotas de sudor caían por su rostro, su mirada ámbar se clavaba en ese agujero creado en la pared como si fuera lo más importante en esos momentos, admirando su obra como el pintor su retrato... Poco a poco la fuerza en sus piernas se fue, rindiéndose después de unos momentos y cayendo de rodillas sobre la alfombra.

El castaño no podía descifrar las emociones que le golpeaban por todos lados, mantenía la cabeza gacha, tapando su mirada con la melena rebelde. Ese no era él, no era esa clase de personas sensibles. Ni siquiera recordaba la última vez que había llorado...

-"L-lo siento..."-una voz extraña salió de su garganta haciéndose irreconocible incluso para sí mismo, algo se estaba apoderando de él, no podía estar disculpándose... –"L-lo siento S-Sakura... lo que dije… era mentira…"-las suaves gotas que escurrían de sus puños casi podían sincronizarse con el palpitar de su corazón roto.

Sin mas, se dejo caer completamente para atrás y ya no detuvo el agua salada de sus ojos, -confundiéndose con el sudor que resbalaba por su rostro-, tampoco los cerró... simplemente se quedo ahí en silencio sin saber que estaba pasando y sabiéndolo perfectamente.

Las manecillas del reloj de pronto empezaron a ir hacia atrás, en contra de todo el sentido de la lógica de Cronos, el tiempo regresó en sí mismo y nos mostró una mañana no más normal que las demás.

-"Sakura..."—susurraba el viento mortífero.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Un lunes de Enero se mostraba normal.

Estaban en la segunda semana de clases del nuevo ciclo escolar...

Nada parecía raro, incluso el día era un poco más calido que los demás, por lo que todos estaban caminando tranquilamente hacia sus clases sin la necesidad de gorros, bufandas y abrigos.

Mao, Tian y Chu transitaban juntos como era costumbre, discutiendo sobre sus vacaciones navideñas en casa, y cavilando sus nuevas bromas.

-"Creo que ya hemos hecho todas las bromas existentes..."-susurró con pesar el mayor de los gemelos.

Tian asintió y empezó a enumerar con la mano izquierda sus múltiples diabluras, terminándose los diez dedos rápidamente.

-"Creo que nuestros mejores años ya pasaron..."-la seriedad con la que lo dijo les causo gracia a los otros dos jóvenes.

-"Oigan ¿dónde está Kenny?"-comentó Chu después de unos momentos en los que ya entraban al edificio donde estaban sus habitaciones.

-"No lo he visto, no estuvo en Artes Marciales y no me abrió la puerta..."-todos pusieron una cara seria.

-"¿Qué le estará pasando?"-la pregunta resonó en los tres pares de oídos, pero ninguno pudo comprenderla.

-"No lo sé..."-se animó a contestar Mao-"...desde Diciembre, se ve demasiado..."-no encontraba la palabra exacta.

-"...raro..."-continuó Tian.

-"A lo mejor tenga algunos problemas con su familia..."-los tres asintieron y se metieron a sus habitaciones con la duda del extraño cambio de carácter que presentaba su amigo nipón.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

-"Te tenías que enterar de mi y no de otra persona..."-

Eriol lo había sacado de la cama muy temprano con un semblante bastante serio. Ni siquiera le había dado oportunidad de cambiarse, pero después de todo lo que le había confesado su amigo de la infancia no sentía el fresco de la mañana de enero.

-"N-no entiendo..."-

-"Tal vez Kenishi no lo entienda, pero se que Sakura está sufriendo..."-el ojiverde cerró los ojos ante la mención de su propio nombre. -"Yo aún puedo leer tu mirada... desde el baile, desde que la viste no has podido recuperar tu brillo..."

-"No me importa..."-salió duro y fuerte de la garganta del chico. -"... puede hacer lo que quiera de su vida, ya se olvido de todo y yo pienso hacer lo mismo..."-

-"¿Por qué te mientes?"-las gafas del ingles se resbalaban de su nariz con lentitud, enmarcando su mirada seria.

-"¡No me miento!"-bajó la cabeza, su amigo no se merecía sus gritos. -"... no me miento Eriol..."-corrigió mas tranquilo. -"Era obvia su boda..."-

-"Eres muy buena Sakura, pero guardarse los sentimientos no lo es..."-

-"Ya no quiero llorar por él..."-se sinceró intentando desviar la mirada de ese par de ojos índigo que la hacían sentir querida.

Eriol se encaminó hacia el chico que encarcelaba a la frágil sucesora de su magia y lo estrechó contra su cuerpo. Le dolía verla así, pero eso ni siquiera había empezado. Se mordió el labio para no seguir hablando y decirle todo lo que supuestamente tenía que pasar... se estaba repitiendo, pero no había forma de modificarlo, ni siquiera él podía hacer algo... ni él, ni nadie.

-"Tranquila, yo estoy aquí para ayudarte..."-las lagrimas ya no salían de los ojos verdes, parecían estar secos... secos de tanto llorar.

-"Gracias..."-

No le agradecía únicamente su presencia, también le agradecía esa extraña manera de brindarle seguridad, era una sensación de bienestar con el simple hecho de verlo sonreírle.

-"Vas a tener que soportar muchas cosas desde ahora..."-le confesó refiriéndose a todas esas imágenes distorsionadas que llegaban a su mente de vez en cuando, algunos augurios extraños en los que sólo había lágrimas de unos ojos verdes.

-"Lo sé..."-aunque ambos se referían a cosas distintas al fin y al cabo todo se unía en el mismo circulo vicioso que estaba rodeando la escuela.

Permanecieron en silencio algunos minutos más.

Kenishi asimilando las palabras de su querido amigo, quien le confesó que el compromiso de Xiao Lang Li sería a finales de ese mes. Y Eriol intentando quitar las mamparas negras que nublaban sus recuerdos y le impedían saber que les esperaba, ya que el final solo sería el principio... esa frase ya empezaba a molestarle de veras. Por más que la repetía, la partía y la examinaba no podía comprenderla, no parecía esconder nada, a decir verdad era bastante clara, pero... ¿qué rayos quería decir?...

Permanecieron así un poco mas hasta que el ojiazul susurró algunas palabras a lo que él asintió y salieron de los edificios más apartados de la Institución, caminando lentamente cada uno sumergido en la profundidad de su misteriosa mente, cada uno preparándose para el futuro incierto, pero que pintaba para ser doloroso.

Eriol se despidió de su compañero, diciendo que tenía algunas cosas que hacer en la oficina del Director, por lo que Kenishi continuó su camino por la escuela solo.

Un año ya había pasado desde que lo volvió a ver, un año de llanto contenido y de una rabia inmensa.

¡Era un desgraciado!...

¿Cómo se atrevía a oficializar su compromiso con "Doña Perfecta"?...

Todos hablaban de ella en la escuela, de lo linda que era, de lo inteligente que parecía, de lo bien que se veían juntos, de la envidia que les daba el Superior...

¡Patrañas!...

Pateó el pasto naciente del patio y continuo su camino, intentando buscarle algún defecto a la "prometida"... pero no lo logró.

Era bonita, el clan la adoraba, Ieran Li salía con ella para todos lados, tenía magia y además de todo poseía una voz de coro angelical. ¿Quién podría competir contra la misma Afrodita?...

Kenishi sacudió la cabeza aturdido; ¡No-estaba-celosa!

Rodó los ojos y entró al edificio que fungía como los dormitorios.

Dio un largo suspiro, no podía lamentarse siempre, no podía vivir llorando un amor infantil, ¡Era solamente un amor infantil! ¿Qué no podía madurar un poco?... le daban ganas de darse un golpe contra la pared para sacárselo de la cabeza.

Iba tan ensimismado en sus pensamientos que no noto que alguien bajaba las escaleras velozmente. Cuando reaccionó ya habían chocado sus hombros perdiendo el balance. Cayendo ambos.

-"Estúpido..."-susurró el castaño sin siquiera mirar con quien había chocado, pero en cuanto se percató de la mirada esmeralda que lo acuchillaba desde el borde de la escalera donde se había caído de sentón, repitió lo de estúpido miles de veces en su mente.

Xiao Lang se levantó sacudiendo sus pantalones y mirando a su antagonista con furia.

-"Fíjate por donde caminas ¿quieres?..."-la voz grave y molesta del ojiverde se dejo oír acompañado de las cejas que se entrecerraban a la par de los ojos, clavándoselos.

-"Tu igual..."-dejó de sacudir sus pantalones y siguió bajando las escaleras. Por primera vez en su vida no estaba molesto de ver a los enanos. Habían descubierto algo del Card Master y el estúpido de su compañero de cuarto no lo arruinaría.

Kenishi también siguió su camino, debía darse un baño rápidamente para bajar a desayunar o no lo dejarían hacerlo.

Logró atravesar la puerta dos segundos antes de que el último gong diera inicio con el desayuno. Los gemelos Zedong no se encontraban en la mesa ya que habían canjeado varias horas de detención por ayudar en la Cocina.

Chu le dedicó una mirada calida en cuanto se sentó a su lado tomando un par de palillos del centro de la mesa.

-"Gracias por la comida"-corearon todos antes de empezar a desayunar en completo silencio.

Chu observó sus movimientos, con la mirada perdida y sin inmutarse por nada. Dirigiendo los bocados como un simple robot programado para hacerlo.

No le gustaba entrometerse en la vida de los demás, pero ese no era el chico de hace un año. Ahora se le veía sombrío, serio, callado y sobre todo decaído. Como si llevara un peso sobre lo hombros que no pudiera cargar.

-"Kenny..."-

Un estruendoso ruido hizo que todos voltearan hacia uno de los carritos que usaban los espíritus para transportar la comida.

-"¡Tian!"-los gemelos Zedong rodeados de platos rotos que al parecer tenían comida porque todo había ocasionado un verdadero desastre. Se veía la pasta a lado del postre y con tazas de té encima, un revoltijo impresionante.

Una carcajada generalizó en el salón. Mao y Tian inmediatamente se acuclillaron para intentar levantar los platos, pero estaban tan escurridizos que resbalaban y volvían a caer.

-"Parecen payasos de circo"-el pelirrojo Liao meneo la cabeza riéndose a carcajada abierta.

Kenishi y Chu se pusieron de pie pero antes de que pudieran acercarse a ayudar a sus amigos el Director entró y levantó el brazo haciendo retroceder el tiempo hasta antes de que tiraran las bandejas de comida.

Todos sintieron un leve mareo por la manipulación del tiempo. Miraron a su Director caminar hacia la mesa principal seguido de Hiraguisawa con el rostro tan serio que parecía enojado.

Tian soltó una risita pero Mao lo calló de un codazo y sostuvo la bandeja antes de que su hermano gemelo volviera a tirarlo todo.

Todos esperaron a que se sentara para sentarse también -ya que siempre se levantaban al recibirlo- y continuaron comiendo como si nada pasara.

Pero todos sabían que algo estaba pasando.

Muchos de los hechizos que se realizaban en la Escuela rara vez tenían un efecto negativo -a excepción del hechizo que usaban para limpiar mismo que el Director se encargaba de que se les regresase- la energía negativa era guardada en varios de los receptores que fueron colocados en las instalaciones desde su fundación, pero ahora, era como si nada de eso existiera.

Al principio del año escolar los chicos de básico estaban aprendiendo a usar ofudas de fuego, uno de ellos pronuncio mal una de las palabras, sustituyendo fuego por hielo. El profesor no le dio importancia al error porque sabía que la mala elaboración no tendría efectos de ningún tipo, pero todo ese salón así como los alumnos y él mismo se congelaron casi tres horas.

El Director estaba demasiado nervioso como para que todo pasara como un simple incidente.

Hace dos días otro problema se había dejado ver cuando una de las demostraciones de control de los elementos, un monstruo de barro y piedras, anduvo por los patios destruyendo edificios cuando nadie pudo controlarlo.

Algo estaba pasando, magia incontrolable en la más respetable Escuela Superior de las Ciencias Ocultas no sonaba más que absurdo. Absurdo en el completo significado de la palabra.

El nuevo secreto a voces se esparcía por todos lados haciéndole erizar la piel a más de uno de los alumnos y de los Profesores, quienes intentaban parecer tranquilos ante los eventos, pero que les hacia recordar ese tema que se hablo por años, pero que ahora no se podía siquiera sugerir.

-"Están preocupados"-Eriol levantó la vista del plato sin haberlo tocado.

-"Lo sé"-le contestó al tío de su amigo Xiao Lang.

-"No puedo dejar que vuelva a pasar"-el Director miró a todos los alumnos comer en silencio y regresó su mirada a la reencarnación de Clow.-"Es imposible..."-se dijo mas para convencerse a sí mismo.

Eriol se quedó en silencio y sonrió cuando su mirada se nubló y fue trasladado a otro lugar.

-"Espero esta vez me digas algo mas"-susurró al viento acomodándose los lentes en la oscuridad justo en el momento en que una tras otra se encendieron miles de velas. -"Te seguiré pero sabes que necesito respuestas"-un enorme poder lo jalo haciendo que se moviera tan rápidamente que fue cuestión de segundos para que llegara a una habitación sumergida en la oscuridad.

Entró asombrándose de que no rechinara la madera de la puerta al abrirla. Volvió a acomodar sus lentes antes de entrar por completo y sentir como la puerta era cerrada tras si.

-"Mas vale que esto valga la pena, estaba desayunando"-una vela iluminó lo que parecía un escritorio con un libro abierto, una figura sentada escribiendo sin siquiera inmutarse por la presencia detrás.

-"¿No me hablas?"-la figura se dio vuelta lentamente revelando la mirada rojiza-violeta de siempre. -"¿Estás enojada?"-el libro se cerró mostrando una hermosa portada de gamuza rosa con un dos corazones en la portada.

La chica se levantó y dejó que Eriol la observara con cuidado. Era un espíritu, se podía ver el cuaderno, la vela y el escritorio a través de ella.

Era un chica como de su edad, poseedora de los ojos mas impresionantes que hubiera visto en su vida, hermosos, pero tristes, siempre tristes.

Un sollozo lo hizo levantar la mirada pero no fue lo suficientemente rápido porque la joven simplemente desapareció.

-"¡No me dijiste nada!"-le grito al aire. -"¡Va a pasar de nuevo!"-miro el piso como si fuera importante, -"¡Tienes que ayudarnos!"-el espíritu apareció de improviso enfrente de él, con una mirada llena de furia.

-"¡Nunca!"-gritó y Eriol fue jalado nuevamente hasta reconocer el salón, su desayuno y la luz de la mañana que se colaba por una de las ventanas.

-"¿Algo?"-el Director sabía perfectamente que Eriol había sido traslado a algún lugar.

-"No"-se secó el sudor frío de la frente con una servilleta e intentó recobrar la calma.

Sus ojos se toparon con otros que lo observaban atentamente desde el otro extremo de la mesa y le sonrió al Profesor Qin Yunnan que sólo entrecerró la mirada y le regresó la sonrisa.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Sentado como de costumbre oyendo la cháchara de los enanos. Que si esto era lo correcto, que si aquello, que si un nuevo hechicero charlatán, que si el clan, que si la prometida, que si...

¿Y lo del Card Master?

Los meses pasaban y con ellos aumentaba su ansiedad.

¡No lograba encontrarla!

Muchos años había resistido la curiosidad -así como había decidido llamarla- de saber que había pasado con la vida de la Maestra de las Cards, pero ahora... justo cuando se había dispuesto a saber... bueno... cuando lo había decidido ni siquiera tres investigadores daban con su paradero.

Se la tragó la tierra.

Nadie sabe.

Simplemente un día desapareció.

Terminó la Preparatoria y de ahí nadie ha sabido de ella.

Ni siquiera su amiga sabe su paradero...

¿Dónde estaba?

Los investigadores siempre con las mismas palabras, con la misma información... ¿en verdad se la había tragado la tierra? O simplemente decidió desaparecer.

-"Algo nos dice que es posible que haya sellado las Cards"-levantó la mirada hacia tontin. -"... los rastreadores de magia no han conseguido sentir absolutamente nada, ni la energía vital de los guardianes... selló las Cards"-

Xiao Lang intento asimilar eso.

Ella nunca lo haría, siempre luchó con todas sus fuerzas para conseguirlas primero y después para volverlas suyas ¿era posible que las sellara? ¡No! Ella nunca...

-"No te inquietes mas Xiao Lang"-le dio una mirada helada al enano que le habló por su nombre. -"... tu error no aparecerá para humillar mas a la familia, es una pena que haya decidió sellarlas, tal vez ahora podrías ir e intentar quitarle el libro mientras duerme ¿podrás hacerlo?"-Xiao Lang echó la silla hacia atrás y se levantó lentamente.

El enano siguió riéndose por lo bajo hasta que sintió al chico parado detrás suyo.

Xiao Lang puso ambas manos en los hombros del hechicero.

-"No lo sé"-dijo de repente. -"pero lo que si estoy seguro de poder hacer es..."-sus dedos se movieron por los hombros una mano y por la cabeza la otra. -"... matarte cuando quiera..."-uno a uno fue tocando sin demasiada presión ciertos puntos logrando dejarlo inconsciente.

El ronquido del hombre tranquilizó a los demás enanos, pero no negarían que las palabras del chico Li los habían asustado.

-"Un punto mas"-señaló su garganta. -"y perdemos a un miembro..."-dijo con fingida tristeza. -"Nunca ninguna persona va a decirme de que soy o no capaz. Ni ustedes ni nadie ¿quedó claro?..."-todos asintieron viendo como regresaba a su asiento. -"Es obvio que el Card Master no selló nada, por mi hagan lo que se le pegue la gana al respecto... tengan buen día señores"-y se volvió a levantar para salir del recinto.

-"¿C-crees que lo hubiera matado?"-preguntó tontin tartamudeando un poco.

-"No lo sé... ese chiquillo es mas poderoso de lo que pensaba"-

Seis cabezas asintieron sin emitir algún sonido. Dándose cuenta de lo frágiles que podían ser.

Xiao Lang no sabía muy bien que era lo que lo había llevado a actuar de esa manera... pero... Sacudió la cabeza en el momento en que entró a su auto. Simplemente no lo podía creer.

Miró lo azul y despejado del cielo renunciando de nuevo a la idea de que lloviera.

Sintió una fría brisa, típica de las mañanas de invierno y encendió el auto.

El viento dándole en la cara lo despabiló lo suficiente para seguir pensando en lo que estaba pasando en la Escuela y apartar sus pensamientos de cierta chica de ojos del color de la selva madre.

Su tío lo había contactado en las vacaciones navideñas, todavía esas palabras le giraban en la cabeza como si se las hubiera dicho ayer.

Le saludó con una inclinación.

-"Xiao Lang"-le respondió serio y sentándose en la pequeña salita que albergaba el estudio en las habitaciones del menor.

-"Pensé que llegaría hasta finales de Diciembre"-

-"No fui"-fue su única respuesta.

Una de las mujeres de servicio entró con el té de las cinco. Dejó dos tazas y panecillos dulces para acompañar.

Xiao Lang notó algo raro en su tío, tenía una sombra debajo de los hombros y el semblante pálido, como si usara magia sin parar durante días. Sorbió el té sin quitarle los ojos de encima, había sospechado algo antes de salir de vacaciones, pero con tantas cosas en la cabeza no le prestó mucha atención.

-"Es algo grave Xiao Lang"-le dijo cuando regresaba su taza al plato de porcelana fina. -"... la magia, algo está pasando"-

-"No entiendo"-

-"Hace muchos años, cuando yo estaba en el mismo grado que tú la Escuela..."-unos golpes en la puerta los interrumpieron.

-"Xiao te estamos esperando"-la alegre voz de Mei Ling inundó la habitación. -"Tío"-dijo en cuanto se percató de que estaba en el cuarto y se inclinó. -"Perdón si los interrumpí pero hace media hora que te estamos esperando, Fei-Han..."-Xiang Won Li se levantó del sillón mientras se limpiaba la comisura de la boca con la servilleta.

-"Ve Xiao Lang, platicaremos luego"-se despidió de los dos jóvenes con un ligera sonrisa y salió de la habitación.

-"Deberian decirte oportuna Mei..."-

-"No lo hice apropósito"-se defendió pero inmediatamente se enfureció -"¡Y a ti puntual! ¡Llevamos mucho tiempo esperándote!"-salió de su habitación dejando a su prima hablando sola. -"¡Espérame!"-

La plática había quedado inconclusa y desde entonces cuando intentaba tocar el tema se salía por la tangente de inmediato. Estacionó el auto cerca de una tienda de mascotas donde había sentido la presencia de la entrada, abrió la puerta y se trasladó al ESCO. Su tío tenía el mismo semblante y ahora con los incidentes que estaban pasando en la Escuela no podía dudar de su seriedad.

Entró a su habitación.

Tantas cosas habían pasado, su vida parecía no querer darle alguna tregua porque seguía y seguía revolucionándose. Algo le estaba pasando desde el baile del año pasado, una extraña sensación lo acompañaba desde esa nevada.

Con esto además la peste Katsura que había llegado para quitarle su premio de excelencia anual y que ahora era aclamado y citado como ejemplo de perfección.

Después su compromiso. Sin querer se formó una ligera sonrisa en su rostro cuando entraba al baño. Fei-Han era indescriptible, en verdad que se esperaba una niña mimada y rica para su prometida, pero ella era todo lo contrario, tierna, tanto que a veces se sentía tan cómodo con ella que...

Bueno, no se sentiría mal de pasar con ella el resto de su vida.

Sumergió la cabeza por completo en la helada agua del lavabo y la dejo ahí unos minutos, tratando que su mente quedara en blanco. Una mirada verde brillante lo hizo sacar la cabeza estrepitosamente.

Su respiración se agitó, haciendo que su pecho subiera y bajara rápidamente para tratar regularlo. ¿Qué le estaba pasando ahora?

Miró su reflejo y notó lo largo que estaba su cabello, cayendo completamente mojado por su cara escurriendo y empapando sus hombros y cuello. Su expresión era la misma de siempre pero sus ojos, se acercó un poco al espejo y notó la sombra negruzca, ya era tan normal tener ojeras que no se le hacia raro verlas. Seguía sin poder dormir bien, a veces su cuerpo estaba tan cansado que juraba poder caer inconsciente, pero aun así no podía conciliar el sueño y cuando lo lograba, o una pesadilla o un mal recuerdo lo abordaban dejándolo sin poder descansar.

Tomó la toalla para secarse un poco la cara y continuar cambiándose para la clase de Manejo de los elementos.

Cuando ya acomodaba el saco y la corbata entró Eriol sin siquiera tocar la puerta.

-"Xiao"-el aludido volteó a verlo con seriedad y el inglés sonrió. -"Si ya sé tocare para la otra..."-

-"¿Qué quieres?"-siguió acomodando su corbata.

-"No puedo venir a saludarte sin una razón"-su tono de falsa indignación mientras rebuscaba la habitación de soslayo. -"... bueno en realidad quisiera que me prestaras un libro, no se donde lo deje..."-se rascó la cabeza y acomodó sus lentes, -"¿Si?"-

Xiao Lang ni se inmutó. Señaló su escritorio y dejo la corbata chueca, esas cosas eran imposibles. Se acercó al armario para sacar los zapatos.

-"Ya lo encontré... te veo en clases..."-Xiao Lang supo que había algo raro en su tono de voz pero no le quiso dar importancia. Se calzó y salió de la habitación con la maleta en hombros.

Eriol tropezó en las escaleras con Kenishi haciendo que los libros de ambos cayeran al suelo.

-"Fue mi culpa"-Kenishi le devolvió la sonrisa y cargó con los libros corriendo el resto del tramo para su habitación, ya era tarde y no había traído la maleta para la clase de su pequeño Maestro.

Dejo los libros en su escritorio unos segundos para después rebuscar debajo de su cama hasta encontrar la maleta. Metió algunas cosas más y emprendió la carrera hasta clases.

Mientras Kenishi corría por el patio no notó que en su escritorio había dejado una libreta malgastada y al parecer muy vieja, con la gamuza corroída por el tiempo pero con dos corazones dorados en la portada.

Eriol sonrió levantando la vista al cielo azulado.

-"¿Qué las flores florezcan no?"-

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

El pequeño Profesor Liu Bang abría su paquete de frituras mientras los chicos de la clase se veían rodeados de montañas.

-"Suerte chicos"-devoró el puñado de papitas que tenía en la mano levantándose del piso recortando un trozo de tierra. En cuanto estuvo a salvo las rocas empezaron a caer del cielo. Una lluvia dolorosa literalmente hablando.

Kenishi brincó un par de veces para alejarse de las rocas, pero repentinamente sintió que algo muy pesado le impedía seguir saltando.

-"No joven Katsura, no pueden evadir las rocas, deben detenerlas"-el pequeño profesor levantó sus manitas y desintegró una roca gigantesca para elevarse mas y observar el espectáculo.

Mao y Tian corrían de un lado a otro, evitando las rocas que cada vez se hacían más grandes y el espacio más reducido. Voltearon a ver a Kenishi quien lidiaba con una pesada piedra antes de destrozarla en pedazos.

-"Lo hace parecer tan fácil..."-susurró Mao salvándose por micras de milímetros de que su pie estuviera debajo de la tonelada que pesaba la roca.

El calor del lugar era insoportable, lo más parecido a un desierto, el sol se alzaba en lo alto sin ni siquiera un poco de misericordia, el Profesor era experto en manejo de los elementos, eso se sentía tan real que se quitaban el sudor de la frente con fastidio.

En cuanto un alumno no podía desintegrar la roca ésta desaparecía antes de hacerle daño, pero el profesor anotaba en su libretita inmediatamente.

Eriol se sintió cansado después de mantener su escudo por un tiempo, el Profesor ya se había dado cuenta de su hechizo de repulsión y le mandaba más y más rocas. Suspiró con cansancio y dejo que una roca atravesara su escudo para restarle puntos a su calificación. Se movió velozmente hacia un lugar donde se distinguían algunos cactus y volvió a poner su escudo, de verdad que el ojiazul no entendía.

El límite de cinco rocas sin esquivar los eliminaba del ejercicio.

Chu ya iba por la cuarta, Mao y Tian hicieron la quinta al mismo tiempo y con la misma roca, lo malo de ser mellizos es que a veces pensaban lo mismo, se movían al mismo tiempo y tropezaban.

La zona de los "eliminados" era un lugar un tanto alejado de las rocas donde el aire refrescaba un poco, pero podían ver a sus compañeros sobrevivientes jadear por el calor.

Kenishi sabía que se estaba cansando, pero debía resistir un poco mas, giró hacia atrás para evitar unas cuantas rocas y detuvo dos mas que estuvieron a punto de aplastarlo después.

El sudor le escurría por la frente y el cuello, nublándole a veces la vista, el cabello completamente humedecido y la camisa empezándose a pegar al pecho. Se detuvo para respirar dos segundos antes de volver a esquivar otra roca.

En poco tiempo los únicos dentro de la lluvia de rocas eran Eriol, Kenishi y Xiao Lang.

El castaño se quitó el sudor con el dorso de la mano para mirar hacia arriba cegándose unos segundos por el sol, lo suficiente para que una roca (cuya trayectoria por mas extraño que parezca era diagonal) le cayera-desintegrara encima.

Maldijo por lo bajo quitándose el polvo de la camisa, corriendo hacia la izquierda, derecha e izquierda lo mas rápido que pudo. Las rocas empezaron a aumentar la velocidad de caída obedeciendo el pequeño brazo del Profesor.

-"Veamos cuanto aguantan"-vociferó el profesor mordiendo la tira de caramelo que salía de la bolsa de su mini-saco.

Eriol suspiró un tanto harto, eso de estudiar le causaba conflictos algunas veces, en realidad no sabía porque lo seguía haciendo. Esquivó una piedra que se dirigía directamente a su cabeza pero no pudo evitar la que salió de un costado eliminándolo.

Xiao Lang vio la eliminación de Hiraguisawa y las piedras que ahora ya no sólo obedecían a la ley de gravedad, sino que la desafiaban desplazándose verticalmente. Se agachó y giró a la izquierda evitando dos más, a la derecha y un salto al costado. Se dobló casi a la mitad para evitar la última.

Kenishi sintió la persecución de rocas cayendo en cuenta que sólo quedaban él y su compañero de cuarto. Una circulo de rocas en el cielo, girando y amenazando con caerle encima lo hicieron sudar frió.

El mini-profesor movió los brazos hacia arriba y luego los bajo velozmente. Las rocas siguieron sus movimientos haciendo que Kenishi quedara a lado de Xiao Lang para evitar la rocosa lluvia.

El castaño destruyó cuantas rocas pudo pero no evitó que una le restara puntos, si otra roca lo tocaba ganaría el pedazo de imbecil que tenía por compañero de cuarto.

Kenishi detuvo el tiempo unos segundos, lo suficiente para moverse de la trayectoria de las rocas y que se estrellaran contra una de las montañas cercanas. Parecían misiles con radar de calor, ahora no sólo los atacaban sino que los perseguían.

Eso se estaba empezando a poner muy difícil.

Xiao Lang invocó al Dios Viento para desviar las rocas que lo amenazaban de cerca. Lo malo fue que las desvió justo a su compañero.

El ojiverde sintió el golpe de una roca en la espalda e inmediatamente desapareció de la competencia. Desvió la mirada y se dio cuenta que Xiao Lang "prácticamente" lo había eliminado, corrección. Lo había eliminado.

Recuperó la respiración poniendo las manos en las rodillas dejando que el sudor cayera por su frente. Mao y Tian se acercaron inmediatamente; para ayudarlo un poco le ofrecieron una botella de agua.

-"Ese maldito"-escupió casi con veneno en los labios.

Xiao Lang envolvió en una cápsula de tiempo las rocas que ahora ya no parecían tener piedad alguna. Con dificultad compacto la esfera para lograr que todo se volviera una gran roca, susurro algunas palabras y se desintegró ante los ojos de todos en una polvosa lluvia que el viento terminó por llevarse.

El Profesor desapareció la ilusión y los regresó al salón de clases antes de que el castaño terminara de recuperar el aliento. Eriol le paso una toalla y una botella con agua.

-"Una excelente demostración joven Li"-Xiao Lang meneo la cabeza y bebió toda el agua de un solo sorbo.

Kenishi tenía los ojos cargados de furia, como si de un momento a otro se le fuera a tirar encima para golpearlo, sangrarlo un poco y después pisotearlo. Lo normal...

Mao, Tian y Chu miraron de soslayo a su amigo con el temor de que matara al Superior Li.

-"K-kenny"-Mao se animó a ponerle la mano en el hombro para romper el contacto visual que tenía con el próximo jefe del Concilio.

-"Estoy bien"-les sonrió tan sinceramente que a todos les pareció que en verdad era buen actor.

El Profesor aplaudió haciendo bombas con la goma de mascar rosa que traía en la boca. Peligrando explotar en cualquier instante y que le quedara pegada en la cara, pero aun así la seguía inflando.

Todos los alumnos sintieron una gota de sudor escurrirles por la nuca cuando por fin se venció la elasticidad de la goma y se le pegó hasta en el cabello. El Profesor intentó despegársela pero empezó a pegársele en las manos haciendo un reverendo desastre.

-"Nos vemos la siguiente clase"-les dijo como pudo desapareciendo del salón en un parpadeo.

Algunos alumnos no se callaron la risa y soltaron la carcajada abierta en cuanto intentaban salir del salón. Quince minutos libres de clase no se podían desperdiciar en el aula.

Eriol esperó a que el último alumno saliera. La sonrisa de siempre cambió por un rostro cansado la energía se le fue y cayó de rodillas a la mitad del lugar. Sus ojos se cerraron y quedó sin conocimiento en el suelo.

Xiao Lang no notó la falta de la asquerosa presencia del chico de lentes hasta que un par de niños se inclinaron ante él y no hubo comentario sobre la construcción de un templo con su nombre, ni la beatificación de su persona.

Le extrañó que no estuviera ahí pero no le prestó mucha atención, Hiraguisawa había estado más raro que de costumbre, era como si toda la Escuela se estuviera sumergiendo en un ambiente tenebroso y un tanto espeluznante.

Siguió su camino medio respondiendo algunos saludos y llegó al oloroso salón de Artes Naturales, sintiendo el aroma a fertilizante marearle por completo todos los sentidos, eso era intolerable. Frunció la nariz y decidió no entrar por completo, se recargó en la pared junto al umbral de la puerta y levantó una pierna pensando.

¿Dónde rayos podría estar ella?

Se quito el cabello de la cara de un soplido y se prohibió a sí mismo seguir dándole vueltas al asunto. Sino quería aparecer lo mejor era dejarla. No era él quien creía que un secreto es tal porque la gente no debe saberlo, ¿acaso no es la misma situación?

Pero descubrir secretos era muy satisfactorio.

Bien, eso no podía negarlo, pero ella simplemente se negaba a aparecer, ya no quería seguir siendo ella. Ya no le gustaba ser lo que era.

Si tan sólo yo tuviera esa opción.

Su mente le traicionó deseando de nuevo haber nacido en otra cuna. No cargar con lo que tenía que cargar, no ser lo que tenía que ser.

Alguien chocó contra él.

Casi pierde el equilibrio por estar sostenido en una sola pierna pero no cayó gracias a sus reflejos rápidos.

-"Upss, perdóneme Superior"-dijo de inmediato una voz que se le hizo un tanto conocida. ¡Ah si! Era uno de los encargados del boletín semanal de la Escuela. Han, Hank, Hang o algo así...

Xiao Lang le dedico una mirada como quitándole importancia al golpe por lo que el chico siguió su carrera dejando caer uno de los periódicos a los pies del castaño.

Él sabia que muchas de las cosas que se escribían no eran ciertas, una vez leyó que el edificio B estaba clausurado a los alumnos porque hacían experimentos con aliens... y que la comida de la cafetería era servida por espíritus porque ellos mismos la habían comido y muerto con el tiempo. En verdad eran muy malos pero qué mas podían hacer sino inventar historias, en esa Escuela nunca pasaba nada del otro mundo (a pesar de todo lo anormal que ya de por sí pasaba).

Levantó el periódico antes de que el viento se lo llevara y no se sorprendió al ver su foto en primera plana. Sabía a la perfección que era normal verse en el boletín, lo que no le gustó para nada fue ver a su vecinito de cuarto en la otra mitad de la foto.

Poderosos Rivales. Era como se titulaba el artículo principal.

Una vena en la frente le empezó a saltar cuando leyó todas las cosas que habían puesto. Comparando todas y cada una de sus acciones con las del pacotilla Katsura.

"... la Escuela no sólo tiene dos de los hechiceros mas poderosos del mundo, sino que cuenta ahora con Kenishi Katsura quien logró quitarle el premio de excelencia al Superior Li el año pasado. Este es el momento en que un nuevo Superior se ha ganado la palabra. El Superior Katsura es la nueva celebridad del ESCO"

Xiao Lang terminó de leer el artículo completamente asqueado. Ése no era un Superior.

¡Por favor! Es un simple estúpido, pedazo de imbecil, japonés y... y... ya no supo que ofensas decir sin tener que obligarnos a la censura.

Arrugó la hoja al mismo tiempo que acentuaba el ceño al ver como empezaban a salir otros chicos de sus salones y lo saludaban. Harto tuvo que soportar el asqueroso aroma sentándose lo más alejado que pudo de las paredes.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Kenishi se vio tentado a gritar ¡Kawaii! A todo pulmón.

La clase de Artes Naturales fue traslada a uno de los jardines pequeños en medio de la Escuela. Su Profesor como de costumbre llegó enloquecido y gritándoles cosas, sin dejar de besar la planta que siempre cargaba en la gabardina.

Les explicó algo sobre lo importante que eran las hadas de las flores y justo cuando empezaba a hablar sobre el proyecto de ese ciclo escolar Kenishi sonrió disimuladamente.

¡Tendrían hadas!

Absolutamente todos menearon la cabeza en desaprobación, eso era demasiado femenino, pero Kenishi se sintió completamente feliz.

¡Un hada!

El Profesor les dio la espalda unos segundos, se puso a gatas y se aproximó a uno de los rosales que se mantenían sin flores por estar aún en invierno. Tocó una de las espinosas ramillas y una rosa de hermoso y brillante rojo floreció ante los ojos de todos.

El decano se acercó mas a la rosa y le habló algunas cosas se retiró y se puso de pie.

-"La reina ha aceptado darles una de sus hijas a cada uno..."-en cuestión de segundos capullos de flores se fueron poniendo enfrente de cada uno de los alumnos.

-"Tomenlos con cuidado, aplíquenles un poco de energía y liberen a sus hadas"-todos lo miraban incrédulos pero lentamente tomaron los brillantes capullos.

Uno de los alumnos aplicó energía y una diminuta personita alada con vestido al mismo tono de sus ojos sobrevoló su cabeza antes de caer por no saber usar muy bien sus alitas. El chico se apresuró y logro alcanzarla antes de que cayera al suelo.

-"Son recién nacidas, deben cuidarlas, llevarlas a todos lados, alimentarlas y educarlas... al final del año la reina será quien evalué la crianza que le han dado a sus hijas, sino logran hacer de sus hadas las mejores reprobaran"-miró al chico que sonrió sin querer al ver el bostezo de su hada que no media ni siquiera lo ancho de su mano. -"... deberán aprender a hablar con ellas telepáticamente, al aplicarles la energía para despertar estarán unidas a ustedes para siempre, pero si la reina no cree que son los indicados para cuidarlas se las quitara... hay libros sobre ellas en la biblioteca para que sepan lo básico... eso es todo por hoy, después de despertarlas pueden ir a leer un poco"-la única hada despierta soltó una especie de zumbido bastante sonoro -"... se me olvidaba, son algo lloronas cuando no crecen en su ambiente natural... les darán algunas noches de desvelo"-el chico que sostenía el hada se tapo el oído con la mano libre. -"¿Qué están esperando? ¡Despiérnenlaaaaaas!"-el salvaje grito del profesor ocasionó que el llanto del hada se agudizara por lo que el chico le propinó una mirada asesina.

Trató de hacerla callar picándole la diminuta pancita con el dedo meñique, pero no ayudo mucho.

-"Acariciale las alas"-la voz de Eriol hizo voltear al chico quien inmediatamente le sobó las alitas con el mismo dedo, como si le hiciera cosquillas la pequeña hada se revolvió en su mano y sonrió mostrando sus enormes ojos verdes.

Una a una fueron apareciendo hadas de todos colores, volando sobre las cabezas de los estudiantes y chocando entre sí.

Mao y Tian despertaron a sus hadas al mismo tiempo pero se negaron a volar, se acurrucaron hechas ovillo en la mano de los jóvenes cubriendo su cuerpecito con las alas como si fuera un capullo.

-"Vuela"-la incitó Tian levantando la mano pero su hada se aferró con fuerza a su dedo no queriendo soltarlo. Mao intentó lo mismo pero su hada no se agarró y cayó al pasto despertándose y empezando a llorar. Al escuchar el llanto de una todas empezaron a llorar dejando sordos por segundos a los estudiantes.

Mao tomo su blanca hada y la meció de un lado a otro, como si fuera un bebe pero solo logró agudizar su llanto. Recordó lo de las alas y la acarició hasta arrullarla de nuevo.

Kenishi sonrió y tomó el capullo rosado que tenia enfrente. Le proporcionó un poco de energía y una alegre hada con ropa de tulipán rosa se mostró ante sus ojos. De cabello castaño claro y con dos coletitas diminutas. De ojos rosas profundos y alas del mismo color solo que un poco mas claras.

Sus diminutas piernas de un rubio casi blanquecino tenían algunas grecas verdes a los lados así como un collar plata que colgaba de su cuello.

El hada parpadeó intentando ubicarse, batió las alas y se levantó en vuelo pero el viento de la mañana de invierno fue demasiado fuerte y la arrastró con velocidad. Al ver que su hada no podía volar en contra, Kenishi emprendió la carrera para no perderla de vista. Alrededor de cinco haditas se arremolinaron y el ojiverde no pudo encontrar la suya.

Sus ojos buscaron por todos lados hasta que la vio sostenida de una de las hojas del roble detrás de ellos. Con una pequeña ráfaga de viento la rodeó y la bajó del árbol.

-"No te voy a hacer daño"-el hada luchó temerosa pero después de un tiempo se sentó en su mano soltando ligeros silbidos que a Kenishi le parecieron una melodía hermosa.

Xiao Lang miró con desagrado todas las escenas de ternura para con esos bichos alados. Si parecían zancudos zumbantes de colores que le quemaban la pupila, no eran ni lindos ni nada por el estilo, para ser sinceros se le hacían de lo más repugnantes.

-"No vas a liberarla querido descendiente"-el castaño no supo como es que llegó a extrañarle que Eriol no lo siguiera hace un rato, daría lo que fuera porque se perdiera de por vida. -"Son seres muy amigables..."-el hada de Eriol poseía un color azul penetrante en los diminutos ojos, su vestimenta era una gran hoja verde oscuro amarrada a su cinturita por una trenza de lianas. Sus alas se batían con más experiencia que las de las demás, manteniéndose a lado del hombro del chico de lentes.

-"Hasta su bicho es raro..."-pensó el castaño tratando de desaparecer el capullo dorado que tenía enfrente.

El hada de Eriol sobrevoló el capullo y lo picó con curiosidad sonriendo ante la luz que desprendía. Regresó con Eriol a lo que el ojiazul sonrió.

-"Quiere que la despiertes Xiao"-el castaño no le quiso preguntar como es que se comunicaba con su hada con tanta facilidad. Miró el capullo con recelo y lo tomó entre las manos.

Le puso la menor cantidad de energía que pudo como queriendo que no despertara.

Pero inmediatamente una hadita de color bronce extendió las alas de mariposa y voló de un lado del patio al otro a toda velocidad. Como si la poca energía hubiera sido muchísima, subía y bajaba perdiéndose en la inmensidad del cielo y regresando hasta Xiao Lang volando por todo su cuerpo, viéndolo, incluso aventurándose a tocarlo para volver a desaparecer.

-"Podrias ponerle pólvora o dinamita, es una hada muy vivaz"-el tono burlón de Eriol solo enmarcó su ceño, su bicho parecía cohete.

Después de estar dando vueltas por todo el patio regresó con el castaño poniéndose justo frente a sus ojos. Xiao Lang pudo ver un vestidito de lo más ridículo, de un color oro con pequeños girasoles en la parte de en medio, tenía el cabello de un tono bronce con una especie de corona que también tenia girasoles. Sus manos y sus piernas tenían trozos de tela del mismo color del vestido adornándolos y sus alas resplandecían como la molesta luz que se cuela al amanecer.

La quito de su vista con un movimiento de mano, era demasiado luminosa, le lastimaba verla. Cualquiera podría quedar ciego si la miraba fijamente. El hada se alejó extrañada susurrando cosas incomprensibles para el castaño.

Ya había cumplido, la liberó pero sinceramente no quería cargar con ella, no tenia mascotas, no le gustaban porque eran ruidosas, sucias y además requerían mucha atención. Mucho menos iba a querer un humano en tamaño compacto con alas y que zumbaba muy molestamente.

El hada se le sentó en la cabeza acomodándose entre sus cabellos acurrucándose de lo lindo.

Eriol soltó una carcajada.

-"Creo que le gustó, parece un nido"-

-"Muerete"-

La espantó de su cabeza sin medir su fuerza tirándola al suelo. La hadita miró primeramente su brazo raspado, y después a Xiao Lang, pasaron unos segundos y estalló en llanto.

-"Eres un pesado"-Eriol se agachó a recogerla, le sacudió las alas y le acarició el brazo con ternura. La hadita pareció comprender lo que Eriol le dijo y se paró en su mano dejando de llorar.

-"Si tanto te gusta te la regalo"-y caminó dejándolo atrás.

El hada al sentir que Xiao Lang se iba voló detrás de él y se agarró de su hombro. Después de lidiar y estar a punto de caer logró sentarse en él agarrándose de su oreja.

Xiao Lang se percató de la presencia del bicho pero no la asustó, este año debía recuperar su titulo de excelencia y no podía darse el lujo de salir mal en Artes Naturales nuevamente, tendría que cargar con el insecto ese.

Caminó a su habitación, quedaba casi una hora antes de la siguiente clase y no tenía ganas de lidiar con el patético de Hiraguisawa.

Entró a su habitación y se quito el saco olvidando que había una hada en su hombro, lo dejo tirado en piso y se dejo caer en la cama. Programó su reloj y cerró los ojos para intentar dormir al menos durante una hora.

Un agudo llanto le hizo recordar el bichito que se había ganado en la Clase de Artes Naturales, se levantó para quitarle el saco pero la vio salir de entre la prenda antes de que llegara.

El hada sacudió sus alas desdoblando una y se acercó a Xiao Lang para morderle la nariz.

El castaño se tomó la cara con dolor maldiciendo a todo lo que se le pudo ocurrir.

El hada le sobrevoló alrededor de la cabeza zumbando y zumbando cosas que Xiao Lang no tuvo la necesidad de comprender para saber que no eran buenas.

-"¡No te entiendo nada!"-le grito sin soltarse la enrojecida nariz. -"... puedes largarte de aquí sino te gusta"-le señaló la puerta.

El hada se aproximó a la cama sin hacerle caso a sus gritos y se acurrucó en su almohada para dormirse después de unos segundos.

El castaño se indignó de tal manera que se metió al baño azotando la puerta para darse cuenta que tenía marcados los dientecillos del bicho ese en la nariz. Se puso un poco de agua fría para tranquilizarse.

Salió después de unos segundos mas, miró con recelo su cama y decidió ignorarla. Se acercó a su escritorio, deslizó la silla y se sumergió de lleno en la lectura de ese texto misterioso que se topó hace unos meses en su casa.

Una noche durante las vacaciones de fin de año había bajado a leer a la biblioteca que esconde el sótano de la Mansión Li.

Aunque en realidad estaba huyendo de la necedad de Mei Ling de salir a bailar no le caía nada mal leer un poco más sobre la familia.

Recordó al encender la luz y ver a un roedor correr para alejarse del peligro, que debía mandar a algunos de los criados a asear ese lugar. Una de las lámparas largas parpadeó y al final se negó a encenderse por lo que dejo la mitad del lugar sumergido en las sombras.

El castaño miró hacia atrás y escuchó la voz de su prima cerca por lo que entró y cerró la puerta con llave.

Bajó los cinco peldaños de la escalerilla de madera con ese típico crujir terrorífico que eriza los vellos de la espalda, pero eso jamás lo había asustado, ese lugar era como un santuario para Xiao Lang. Conocía cada libro, cada pasaje, cada imagen que había ahí.

Le fascinaba la Historia, se sentía transportado hacia otros lugares, lo que le permitía abandonar el suyo aunque fuera sólo por unos instantes, eso le bastaba.

Ya instalado en una vieja mesa de madera, a la cual tuvo que ponerle trozo de papel enrollado debajo de la pata trasera para evitar que se meciera, empezó su lectura.

Ese libro relataba los inicios del Clan.

Con un chino tan antiguo que muchas veces tenía que releer el párrafo varias veces para descifrar el significado de varias palabras, pero que con el tiempo se convertían en un reto que el castaño amaba tomar.

Leyó sobre la Madre de Clow pero notó que las hojas pasaban con rapidez ante sus ojos, en unas horas el libro ya había sido terminado y cerrado acompañado de una nube de polvo que lo hizo estornudar.

¡Su bendita alergia!

Miró su reloj sorprendido por la rapidez con que había pasado la tarde, pero otro estornudo lo hizo recordar que no podría estar en ese lugar por más tiempo y lo hizo maldecir. Se acercó al estante de donde había sacado el libro y tomo tres más.

El polvo que se desprendió de ese simple movimiento lo premió con media docena de estornudos por lo que se acercó con rapidez a la puerta y abandono la biblioteca entre estornudos frecuentes.

Ya con la nariz del mismo color que la granada entró a su habitación de vuelta. Dejo los libros sobre su cama, se dirigió al baño, rebuscó en el espejo hasta que encontró su spray y de dos inhalaciones terminó con la irritación de la nariz.

Tranquilo aceptó la cena que le dejo una de las mucamas y decidió comer un poco antes de empezar su lectura nocturna. Le metió el dedo a la mermelada del bollo que fungía de su postre y bebió un sorbo del té.

Miró con desagrado la sopa y el arroz que había, optó por terminarse el bollo y dejar a la mitad la taza de té negro antes de sumergirse en unos de sus ancestros favoritos. Los fundadores de la Escuela Superior de las Ciencias Ocultas.

El texto que leía casi con ansia databa de mas de dos mil quinientos años de antigüedad y era precisamente el diario de Xiang Won, ancestro del cual había adquirido su nombre el actual director de la misma Institución, su tío.

Relataba los inicios de la Escuela, la necesidad de instruir en las artes ocultas. Era tan interesante toda la Historia que hora tras hora no pudo hacer más que leer y leer.

Ya entrada la madrugada se levantó para terminar con la taza de té (ya bastante fría por cierto) tirando sin quererlo uno de los libros que había extraído del sótano. Se reprendió mentalmente por el descuido, pero al levantarlo notó algo que lo hizo olvidar el diario que había estado leyendo.

Dentro de las pastas del viejo libro había otro, el primero parecía ser solo un disfraz para el pequeño libro que además de eso era delgado y que por lo que veía no era tan antiguo como los demás que tenía.

Llevado por la curiosidad tomó el pequeño libro y lo abrió. Lo que resultó mas extraño todavía, ya que eso no era chino precisamente. Era la misma lengua perdida de los libros de la Biblioteca del ESCO.

Sorprendido por su descubrimiento lo hojeó sin comprenderlo, deteniéndose a mirar las detalladas ilustraciones, por lo que supuso que se trataba de un manual de magia o un antiguo libro de texto.

Justo antes del final parecía dejar de serlo, ya no había más imágenes, solo rayones por todas las hojas, con la misma combinación de símbolos. Pasó varias hojas hasta que esa frase desapareció y empezó a haber ilustraciones ya sin ningún texto en ellas.

La ultima hoja tenia un retrato, un rostro sonriente que se le hizo conocido pero no recordaba exactamente de donde. Se le quedo mirando un tiempo considerable, detallando cada una de las líneas, gruesas y delgadas que conformaban el rostro de una chica.

Algo pareció pasar, los ojos repentinamente se le pusieron púrpuras, como si las hojas sangraran haciendo que el castaño cayera inconsciente al verlos, sumergiéndolo a propósito en una pesadilla.

Cuando logró despertar no pudo recordar nada. Movió el cuello de un lado a otro para desentumirlo, de repente recordó el pequeño libro y al hojearlo se infartó al caer en cuenta de que podía comprender lo que decía.

Con demasiada lentitud, como un pequeño niño que empieza a leer, descubrió que eran los apuntes de una clase sobre hechizos prohibidos o algo parecido. Se describían procedimientos y materiales que él en su vida había escuchado nombrar, pero todos tenían al final las consecuencias, el mal que podían causar, ayudados de las ilustraciones que no dejaban a la imaginación los efectos perversos de los conjuros.

Regresó al tiempo actual sintiéndose igual que la primera vez que leyó ese misterioso libro, con un hormigueo en el abdomen ante lo desconocido pero maravillado por la suerte de leer cosas que la demás gente no podía leer.

Su alarma sonó antes de siquiera pasar la pagina por lo que suspiró resignado y se puso de pie.

El sonido también despertó a su hada que sin miramientos se acercó a él y se sentó en su hombro. Xiao Lang no se percató de ella hasta que la aplastó para ponerse el saco (que estaba algo arrugado).

De nuevo los zumbidos incomprensibles pero esta vez no hubo mordiscos de ningún tipo. El hada salió por enfrente batió sus alas con dignidad y voló encima de su cabeza cuando ya salía hacia la clase de Hechizos con su tío.

En cuanto llegó al salón notó el alboroto que causaban los bichos alados cruza de mariposa y duende, todos discutiendo sobre su comida, su procedencia, los poderes que poseían, hasta se presumían los unos a los otros la capacidad de vuelo de su hada.

Eso le pareció mas la cháchara típica que tenía su prima con sus amigas, cotilleando sobre cualquier persona que se pusiera enfrente, que el salón de clases de una de las Escuelas de Magia más importantes del mundo.

La presencia de su tío terminó con todos los comentarios graciosos sobre los bichitos esos, lo que calmó la palpitación de la cien del castaño y el incipiente dolor de cabeza eterno.

-"Buenos días jóvenes"-todos se pusieron de pie e hicieron una reverencia para volver a sentarse. -"Veo que les han dado el proyecto de Artes Naturales"-todos asintieron con jovialidad mirando a sus haditas con un brillo en los ojos. -"... les deseo suertes jóvenes el tener compañeros mágicos de ese tipo a veces no es una tarea tan fácil como parece..."-las cuatro filas de jóvenes lo miraban completamente serios.

Después de un silencio en el que fácilmente se podía escuchar el aletear de las haditas -quienes se sentaron en el borde de las mesas de cada uno- se acercó a la pizarra y comenzó a escribir una serie de conjuros.

-"Bien jóvenes hay cosas que muchas veces los Maestros Magos del Comité no quieren que enseñemos a los alumnos, consideran innecesarios muchos conjuros por lo que nos limitan a un programa estrecho para Hechizos de tercer nivel. Ustedes ya saben todo lo que implica la creación de hechizos, las ofudas y los conjuros que dependen de cristales mágicos y demás, pero ahora deberán aprender hechizos que espero jamás tengan que utilizar en su vida"-el tono tétrico que uso el Director les hizo prestar toda la atención que podían prestar.

-"El poseer el alma de otro ser les da el poder de matar en vida..."-Kenishi sintió un escalofrió recorrerle la espalda por lo que desvió la mirada y se enfocó en su hada quien sacudió las alas desprendiendo un polvo dorado y se recostó en la banca en medio de un bostezo. Enrolló sus alitas y se sumergió en un sueño profundo. El hada de Mao (su compañero de banca) se trenzaba el cabello y una vez que terminaba lo deshacía para empezar de nuevo. Kenishi sonrió pero regresó la atención a clase.

-"... no es fácil, uno corre el riesgo de morir al intentar quitarle el alma a alguien, pero una vez que lo logran tienen entre sus manos la vida del adversario"-el dibujo de un cuerpo apareció en la pizarra y el Director Xiang señaló en medio de la frente.

El silencio era sepulcral todos siguieron uno a uno los pasos para poder matar a alguien, aunque sonara crudo decirlo de esa manera, si el conjuro era exitoso ese sería el resultado. Privarle del alma a alguien es dejarlo sin "relleno".

El segundero en el reloj encima de la pizarra se detuvo. Una acción pequeña pero que no pasó desapercibida por nadie. El tiempo se paró sin que ninguno pudiera hacer nada para contrarrestar el hechizo, los ojos desorbitados de todos los alumnos eran concientes de que todo estaba detenido pero no podían siquiera pronunciar conjuros en su mente.

El Director movió las manos, pero también era presa del conjuro, tan fuerte, tan poderoso que ni siquiera él podía desaparecerlo.

Eriol movió ligeramente los labios, sintiéndose prisionero dentro de su propio cuerpo. Una luz se posó a sus pies con la insignia de Clow, su largo bastón apareció en su mano lo que pareció darle la suficiente fuerza para moverla un poco.

Xiao Lang abrió los ojos como platos y luchó por mover los brazos para sacar su espada. Con fuerza y casi dolor logró conjurarla.

Kenishi movió la mano izquierda en un intento casi desesperado de derrotar el hechizo, que como sanguijuela absorbía sus energías, y si lograba continuar los dejaría a todos inconscientes.

El Director Won logró poner ambas manos frente a él, las movió (al principio lentamente), en forma circular, haciendo una especie de burbuja que poco a poco fue apresando el halo que controlaba el tiempo. Uno a uno los alumnos fueron librándose del conjuro, moviendo sus extremidades y cayendo de rodillas algunos debido al cansancio.

Cuando el último joven sintió la libertad completa de su cuerpo, algo extraño pasó con la bola de energía que reunía el director Won, como si de un globo se tratase explotó. Inmediatamente todos levantaron escudos protectores contra la violenta energía, pero sin duda el temor que se apoderaba de ellos no podría detenerse con ninguna clase de barrera.

En cuanto todo pasó los alumnos se acercaron a los chicos que estaban en el piso para levantarlos y llevarlos a la enfermería. Demasiada energía utilizada los había hecho perder el conocimiento.

Mao levantó la mirada al ver que Chu y Kenishi le ayudaban a cargar a Tian. La explosión había logrado alcanzar al menor de los gemelos dejándolo inconsciente.

Las hadas se sumergieron en una completa desorientación, chocando entre ellas y cayendo como hojas de otoño. Eriol miró como su hada sobrevolaba tranquila mientras la de Xiao Lang caía lentamente hacia ellos. Estiró la mano y la recibió.

-"¿Estas bien Xiao?"-el castaño mantenía la mirada perdida en algún punto. Las cosas estaban subiendo de intensidad, eso jamás había pasado. Pareciera que la magia estaba perdiendo el control. -"¿Xiao?"-escuchó esto ultimo y dirigió la mirada al ojiazul. -"¿Estas bien?"-repitió Hiraguisawa.

El castaño asintió y recibió a su mosquito zumbador de las manos del chico albino. Sinceramente le dieron ganas de meterla a la bolsa de su pantalón, pero imitó a sus demás compañeros al dejarla descansar en su mano extendida.

Cuando ya todos los chicos que habían caído inconscientes fueron trasladados a la enfermería, los alumnos restantes tomaron asiento y miraron a su Director pidiendo respuestas al suceso anterior. Cosa que ni él mismo podía hacer.

El silencio absoluto reinó, todos esperando a que alguien hablara, pero en vez de eso la puerta se abrió de golpe mostrando al prefecto Quo.

-"S-Señor"-tartamudeó y moviendo la cabeza le indicó la salida.

-"Temo que hay algo importante que atender jóvenes"-recorrió el salón con la mirada-"... vayan a sus habitaciones y descansen un poco"-

En cuanto el Director abandonó el aula todos empezaron a susurrar cosas mientras salían.

-"Yo leí una vez sobre el descontrol de los hechizos"-comentaba un chico de rubios cabellos. -"... probablemente vamos a tener que abandonar la Escuela para que sea purificada"-el chico moreno que caminaba a su lado abrió los ojos como platos.

-"¿Purificarla?"-

-"Si" -le contestó seriamente- "Toda esa energía de reversa podría llegar a ocasionar la antítesis de vida"-

-"Muerte"-

Todos los jóvenes que escucharon esa breve conversación sintieron la piel erizárseles, un muñeco de barro descontrolado es hasta cierto punto divertido, pero la muerte no lo es tanto.

Xiao Lang quiso ignorar los parloteos, pero para poder hacerlo tendría que hablar con su tío y aclarar de una vez por todas tanto misterio, si era verdad que podían correr peligro era justo que lo supiera. No se puede luchar contra un enemigo invisible. No sin tener una derrota asegurada.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Tian entreabrió la mirada después de un tiempo inconsciente.

Recostado en una de las camas de la enfermería mientras gota tras gota el suero entraba a su torrente sanguíneo, era observado por su hermano y sus dos amigos.

-"¿Te sientes mejor?"-en ese momento pasó uno de los enfermeros entregándoles formas interrumpiendo la pregunta de Kenishi.

-"Están libres hasta la comida jóvenes, han cancelado la siguiente hora de clases"-y dejándoles bolígrafos desapareció.

Después de mirar las formas sin ninguna intención de llenarlas de inmediato regresaron su atención al menor de los gemelos Zedong.

-"No me miren así chicos, estoy bien... algo de sueño..."-y cubrió su bostezo con la mano izquierda. -"pero estaré bien y hambriento para la comida..."-volvió a bostezar sintiendo los ojos cansados y rindiéndose nuevamente ante Morfeo.

-"¿Qué rayos está pasando?"-Mao Zedong exteriorizó la pregunta de todos los presentes. -"...no puedo creer que unos hechizos de rebote asusten tanto a todos"-

-"Esos no son sólo hechizos de rebote Mao"-habló el ojiverde-"... si así lo fueran el tiempo no tenia porque haberse detenido en clase, nadie avanzó en el tiempo como para que éste rebotara a la inversa... esto va mas allá, el Director Won se ve preocupado"-

-"Según me entere"-habló Chu después de unos minutos de silenciosa reflexión-"... esto está registrado en los Anales de Información Confidencial de la Magia, no es la primera vez que pasa en la Escuela, pero para tener acceso a los anales debes pertenecer al Comité del Concilio... no podríamos verlos, ni siquiera acercarnos a la puerta, nadie lo autorizaría..."-

-"Pero si esto ya pasó una vez por qué no lo solucionan como..."-el enfermero volvió a interrumpirlos.

-"Sus formas"-

Los tres chicos las llenaron lo más rápido que pudieron.

-"Pueden ir a sus habitaciones, su amigo no saldrá de aquí hasta la hora de la cena... dormirá todo el día"-y los incitó a moverse.

-"P-pero"-intentó protestar Mao

-"No le pasará nada, ya no pueden estar aquí..."-y les cerró la puerta en las narices.

Mao, Chu y Kenishi se miraron resignados y después de alzar los hombros sin darle importancia se perdieron entre los demás estudiantes con el mismo uniforme gris-azulado.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

-"Esto es absurdo señores"-

-"Por el contrario, nada tiene de absurdo hablar del honor"-

-"No hablo de absurdo refiriéndome al honor, sino al hecho de que no pueden dejarlo atrás. Ese suceso fue saldado..."-

-"Puede que si, pero la mancha no se quita mi estimado Xiang Won, sabes que para una familia como la nuestra"-el director se vio tentado a decirle que no sabían nada de la familia -"... no pueden suceder esta clase de cosas sin que sean solucionadas completamente"-

-"¿A que se refieren con eso?"-y los miro a todos rápidamente. Y es que cinco de los mismísimos siete enanos del Comité estaban en la oficina del director del ESCO desde hace media hora.

-"La reprimenda..."-Xiang Won Li sintió como su puño derecho se cerraba con fuerza bajo su escritorio.

-"No voy a aceptar ninguna otra de esas peticiones"-su voz sonó tan grave que no pudo esconder de todo su molestia.

-"No íbamos a proponer nada, el castigo sin duda fue ejemplar"-el enano anterior dejo de hablar y miró al que estaba a su lado quien prosiguió.

-"Mira Xiang lo que venimos a decirte es sencillo, queremos las antiguas Clow Cards..."-

Nunca había husmeado en toda su vida.

Cuando se estaba disponiendo a tocar la puerta escuchó la voz de los molestos enanos en la oficina de su tío. Se proponía dar la vuelta y regresar después, pero escuchar esas dos palabras lo hicieron helarse.

¿Querían las Clow Cards?

Xiao Lang no entendió porque no se fue, escondió su presencia y siguió escuchando.

-"No veo porque ese aspecto me concierne a mi y a la Escuela"-el director estaba seguro que nadie sabía que Kenishi y las Cards estaban en el ESCO.

-"Queremos un xúnzhão"-

-"Sigo sin entender"-

-"Eres experto en esa clase de conjuros Xiang Won... necesitamos localizar la esencia de las Cards y el nuevo dueño. Deben regresar a la Mansión Li, la magia de Clow es nuestra herencia, nos pertenecen..."-

¿Nuevo dueño?-pensó Xiao Lang.

No había ningún nuevo dueño. Ella era la dueña de las Cards.

-"¿Por qué hablan de un nuevo dueño?"-al parecer su tío le leyó la mente.

-"Fueron selladas, hemos rastreado cada lugar en Japón y no hay pista del Card Master, lo ultimo que supimos es que había posibilidades de que estuviera en China, pero tampoco aquí lo hemos logrado encontrar. Suponemos que selló las Cards, regresó los Guardianes al libro y buscó un nuevo Master, necesitamos que nos conjures uno lo más pronto posible. Las Cards deben regresar a los Li, recuperamos nuestro honor perdido y Xiao Lang podrá asumir su puesto sin mas criticas..."-

-"Si las Cards tiene un nuevo dueño no veo como esperan obtenerlas"-los enanos se vieron entre ellos de soslayo.

-"Hay maneras no muy bondadosas de obtenerlas, por supuesto que, si nos las da sin mas problemas no habrá necesidad de llevarnos a esos limites. Pero algo está claro, las obtendremos cueste lo que cueste y será antes de que Xiao Lang se gradúe, la familia es lo mas importante mi estimado Xiang ¿y acaso tu no matarías por alguno de tus hermanos?, hacerlo por el próximo cabecilla del clan no tiene nada de malo, lo malo seria no hacerlo, deshonroso incluso..."-y todos asintieron al mismo tiempo convencidos completamente por las palabras del mayor de ellos.

El director Won guardó silencio sin inmutarse por lo antes discutido. Después de algunos minutos más se levantó y señaló la puerta.

-"Sino les importa tengo mucho trabajo que hacer, lo que me piden no es fácil... me tomará varios meses, en cuanto lo tenga lo sabrán..."-

Los enanos sonrieron como gatos complacidos al momento de levantarse.

-"Sólo esperamos que esos meses no sean demasiados Xiang... es el tema de mayor prioridad para el Comité, espero lo comprendas"-

-"Lo comprendo"-y abrieron la puerta desfilando uno tras otro por el pasillo hasta perderse de vista del decano. -"Entra Xiao Lang, tenemos que hablar"-el castaño abandonó su hechizo camaleónico de pared y miró a su tío.

Ambos guardaron silencio hasta estar dentro de la oficina del mayor. Xiao Lang se sentó sin recargarse del todo en el respaldo y su tío hizo lo propio detrás del escritorio.

-"Escuchaste lo que dijeron"-no fue ni un reclamo ni una pregunta, una simple afirmación que tuvo una muda respuesta por parte del ambarino. -"...los mantendré a raya del ESCO y les daré largas para el xúnzhão, pero no van a quedarse cruzados de brazos..."-

-"Lo van a seguir buscando"-el mayor no supo interpretar esa extraña mirada perdida que tuvo su sobrino durante unos segundos.

-"Hasta ahora se ha escondido completamente, nadie podrá detectar ni su presencia ni la de las Cards a menos que lo quiera"-Xiao Lang meditó unos minutos las palabras de su tío.

-"Lo matarán si lo encuentran"-

-"Para eso lo están buscando precisamente, no creo que entregue las Cards sin poner resistencia"-de nuevo visualizó esa mirada perdida en el ambarino. -"... haré lo que esté en mis posibilidades para alargar la entrega del xúnzhão pero sabes que no podré hacerlo para siempre. Hay que advertirle"-el menor asintió.

-"Encontrarla antes que ellos"-dijo para si.

-"¿A que habías venido Xiao Lang?"-el castaño se relajó un poco con el cambio de tema.

-"¿Qué está pasando?"-el mayor sonrió para sus adentros, ellos eran tan parecidos en el fondo. Él fue igual que Xiao Lang cuando tuvo su edad, sin rodeos y sin una pizca de duda. -"... se están suponiendo muchas cosas, han hablado hasta de muertes"-

-"No sabía que le hicieras tanto caso al chismorreo de tus compañeros Xiao Lang"-

-"Hiraguisawa también está muy extraño, todos parecen saber algo... ¿Qué fue lo que pasó?"-

-"No le des importancia a cosas que no la tienen. Son sólo algunos desperfectos en los receptores de energías de rebote, no está pasando nada grave"-su tío sin duda era un excelente actor, le entrecerró la mirada para indagar un poco en sus gestos y en sus ojos, pero no pudo detectar nada, si le mentía, como era lo que le estaba haciendo precisamente, debía investigar en otra parte.

Golpes en la puerta los interrumpieron mostrando al eficiente prefecto Quo siempre con una carpeta repleta de hojas bajo el brazo.

-"Hablaremos en otro momento Xiao Lang, nos vemos en la comida"-el castaño salió de la oficina de su tío con tantas cosas girando en su mente que al entrar a su habitación no vio una caja a lado de la puerta con un nombre que no era el suyo, lo que si vio fue a su impaciente hada dando vueltas como tornado por todos lados. Fue ahí cuando una vena en la frente se le hincho al notar el completo desorden que el animalito zumbador había hecho.

En cuanto notó la presencia del chico se giró para verlo, pero aún así no se detuvo.

A Xiao Lang se le hizo de lo más raro ese comportamiento, volaba de un lado a otro, sin detenerse, girando apenas lo suficiente para esquivar la pared. Sinceramente el chico no le dio una pizca de importancia. Se sentó lo mas alejado que pudo de la orbita de vuelo del insecto y dejo la mirada fija en la nada.

Esos malditos enanos la matarían si la encontraban. Querían las Cards a toda costa, como si eso en realidad fuera de importancia. Era cierto que pertenecían a la herencia mágica de su familia, pero si Clow no había escogido a un Li como heredero de su poder ya no se podía hacer nada contra eso. Sin querer torció la boca ligeramente, hasta Clow se había resistido a la familia y él nunca lo había podido hacer.

Un fuerte golpe lo sacó de sus pensamientos. Dirigió la mirada velozmente al origen del sonido y vio a su insecto tirada, al parecer había chocado contra la pared cayendo por fin inconsciente.

Decir que se sintió mal era mentira, pero aún así se levantó, si el bicho ese se moría seguramente reprobaría Artes Naturales. La levantó de las alas y la dejo caer en su escritorio, notó gotas escurriendo por su rostro y un fuerte golpe en la frente resaltado por una zona extremadamente roja en su pálida piel. La pico con el dedo meñique, moviéndola un poco, pero no despertó.

-"Duele mucho"-¡Lo que le faltaba! ¡Ahora era esquizofrénico! Escuchar voces dentro de su mente si que era nuevo. Aunque la voz era mas bien un susurro débil que no se volvió a repetir.

El hada entreabrió los enormes ojos dorados un par de segundos para volver cerrarlos llenos de lagrimas. Una sensación extraña invadió el pecho del castaño, algo como una vaga preocupación, retrajo su mano y rebusco en la bolsa del saco hasta sacar un pañuelo blanco, lo acercó despacio al diminuto ser y le limpió las lagrimas. Ni siquiera pensaba en sus acciones cuando cubrió el cuerpecito con la mitad seca del pañuelo y se dio la vuelta para regresar al sofá.

La observó respirar ligeramente como hipando, ese hechizo había dejado a las hadas muy confundidas, probablemente después de despertar no pudo parar de volar hasta que se estampó contra la pared. Removió de un soplido los cabellos de sus ojos y desvió la mirada hacia el desorden de la habitación.

Con bastante calma levantó todas las cosas, tendrían libre el día y faltaban casi dos horas para la comida. Una vez limpió toda la habitación volvió a mirar el escritorio, el bichito alado ya estaba mas tranquilo, se había acurrucado completamente en el pañuelo haciéndose un ovillo.

Se iba volver a sentar cuando notó una caja a lado de la puerta. Extrañado se acercó a verla notando que era de su vecino de habitación.

Ya estaba a punto de patearla cuando el hada giro locamente hasta tirar varios libros llamando su atención otra vez.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Kenishi permaneció mirando la pared delante de su escritorio balanceándose sobre las dos patas traseras de la silla con latente peligro de caer pero sin preocuparle siquiera.

Lo que estaba pasando en la Escuela no cabía dentro de la habitual anormalidad, además esos sueños. Se tocó la frente con el pulgar y el índice. Le dolía la cabeza de tanto intentar recordar...

No era una persona normal, sus sueños jamás podrían ser sólo sueños.

¿Por qué siempre que todo iba mal empezaba a empeorar?

Soltó un suspiro de resignación, miró a su hadita descansar en su almohada e hizo lo mismo, unas horas de sueño no le vendrían nada mal.

No le tomó demasiado tiempo acurrucarse en los brazos de Morfeo. Pero eso era extraño estaba soñando, pero estaba despierto.

Como suele pasar en los sueños se trasladó en cuestión de micras de segundo a su jardín, ese edén escondido que había logrado descubrir gracias a Niza. La luz que rodeaba el lugar lo cegó por unos segundos, intentando proteger sus ojos los cerró, pero al abrirlos ya era de noche.

Era bastante rara la sensación que lo rodeaba, como si fuera ajeno al lugar.

Caminó entre las sombras de los árboles en esa noche de luna llena. Escuchó voces y la piel se le erizó. ¿Lo habían descubierto? ¿Alguien había encontrado su jardín?

Se escondió detrás del gran roble del centro, perdiéndose entre su sombra intentó escuchar.

-"Este siempre será nuestro lugar"-la voz de una chica se filtraba en el susurro del viento.

-"¿Qué me quieres decir con eso?"-las sombras de una pareja se veían sentadas en la banca central del jardín. -"Hablas como si..."-

-"Es inevitable..."-

Todo empezó a deshacerse, como si el viento tuviera dagas y cortara todo a su paso. Kenishi se vio trasladado lejos del jardín, pero con una imagen grabada en la mente, un escapulario en forma de corazón que brillaba intensamente.

Su cuerpo le dio la advertencia de que su brazo estaba en una pose no muy confortante, por lo que se desperezó y abrió los ojos para estirarlo, ya desaparecido el entumecimiento se quedó mirando el techo: ¿Qué le habían querido decir con ese sueño?

La voz de la chica era ya conocida, pero ese chico...

Se removió los cabellos, algo debía esconder, algo debía decirle...

Es inevitable

Las mismas palabras que solía decir Clow... ¿alguna relación...?

Dos golpes en la puerta interrumpieron el curso de sus pensamientos.

-"Adelante"-

Eriol entró con una sonrisa calurosa.

-"¿Qué hay Kenishi?"-

-"¡Hola Eriol!"-

El inglés se sentó en la silla del escritorio y lo miró sin dejar de sonreír.

-"Solo pasaba para saber como estabas... con todo lo que hubo en la mañana, vi que uno de los hermanos Zedong se desmayó ¿está bien?"-

-"Si, sólo lo detuvieron en la enfermería todo el día..."-hacer mención del extraño comportamiento de la magia hizo que el ojiverde reflexionara. -"Eriol..."-

-"Sé lo que quieres preguntarme, y muchos lo han hecho ya Kenishi, pero no se nada... de verdad... estoy igual de consternado que todos..."-

-"Escuché que esto ya había pasado una vez..."-

-"Si"-hizo una pausa como reflexionando lo que diría después-"No creo que sea nada de gran importancia, además si llegase a pasar algo el Director Won lo solucionará"-las palabras reconfortaron a Kenishi mas de lo que se esperaba, pero sabía que esa mirada escondía algo.

Eriol sonrió más afablemente. Con rapidez recorrió la habitación hasta que se topó con lo que buscaba, se le quedó mirando fijamente hasta que Kenishi siguió su mirada y notó el objeto de su atención.

-"¿Es un escapulario no?"-Kenishi lo miró y se levantó de la cama para tomarlo de la cómoda con la lámpara.

-"Si, lo encontré..."-se mordió el labio para no decirle donde, en realidad no supo porque no le quiso decir del jardín, desvió la mirada algo turbado. Eriol notó su incomodidad y se acomodó los lentes.

-"Es muy hermoso"-despues de unos minutos en silencio se levantó de la silla. -"... me voy, hay que alistarse para la comida"-Kenishi asintió mientras lo veía desaparecer por la puerta de su habitación.

Ese escapulario... el sueño...

Tal vez todo tenía relación... lo abrió intentando examinarlo, pero estaba vacío, lo volteó, lo vio a contraluz, pero nada... soltó un suspiro resignado y se levantó dejando el escapulario a lado de su hada en la almohada.

Se alistó para la comida que pasó sin más que mucho silencio. Todos completamente sumergidos en sus propios problemas, en pensamientos que distaban de parecerse. Pero rodeados por esa atmósfera, que si bien no era macabra, si escondía el miedo latente a la muerte que pronosticaba la magia sin control.

Todos salieron del Gran Salón una vez estuvo fuera el Director, nadie se atrevía a cuestionar, pero como típico secreto a voces todos sabían algo.

La tarde empezó a caer sobre los alumnos del ESCO. El invierno les regalo una fría brisa por lo que las chimeneas y faroles se encendieron antes de tiempo. Xiao Lang se refugió en la Sala Común de la habitación, con un té caliente y un par de libros de Historia, no le gustaba para nada que las clases hubieran sido canceladas, le hubieran servido de distracción ante la urgencia que le palpitaba en la frente ocasionándole un dolor de cabeza casi insoportable.

¿Dónde estaba?

Era una chica, y ya le había hecho remover todo Japón y nadie la encontraba...

Pero ellos lo harían...

Por eso debía adelantárseles... maldijo por lo bajo no poderse concentrar en la lectura (que si bien no era de lo mas interesante) y se levantó recorriendo la habitación en largas zancadas. Los enanos no se detendrían ante nada, la querían muerta y querían las Cards.

Se detuvo y se puso la mano en la frente, eso no podía estarle pasando... necesitaba saber donde estaba, advertirle, asegurarse de que estaba bien...

Se sorprendió a sí mismo por el rumbo que tomaban sus pensamientos, era como si...

La puerta que conectaba la sala con la de su vecino lo dejo ver acompañado de su molesto bicho alado. En cuanto Kenishi lo vio la sonrisa pasó a un segundo plano.

Su hada se adelantó y se puso a husmear por la habitación desesperando (más) al chico de cabellera chocolate.

Kenishi se vio tentando a regresar sus pasos, pero era muchísimo mas divertido verlo fruncir el ceño ante el aleteo del hada. Xiao Lang se volvió a sentar, casi hunde la nariz en los libros para poder ignorar al bicho zumbador, no podía ni soportar al suyo mucho menos al de su estúpido compañerito de cuarto...

La pequeña hada brincaba de libro a libro en el estante, soltando diminutas risitas, su atención fue llamada por un pequeño cuadernillo al final del librero que intentó levantar, su vano intento fracasó por lo que lo dejó caer haciendo que una nube de polvo se levantara, lo que ocasionó media docena de estornudos y una nariz roja.

¡O-d-i-a-b-a l-a-s h-a-d-a-s!

Sin duda ese fue el grito que contuvo Xiao Lang cuando el octavo estornudo lo hizo regresar a su habitación con un portazo muy escandaloso. La rosada hada de Kenishi se quedó mirando la puerta como si hubiera hecho algo malo, se acercó zumbando a la mano del ojiverde quien le acarició las alas reconfortándola.

-"Siempre ha sido así, no creas que es personal..."-un zumbido parecido a una respuesta hizo sonreír a la pequeña hadita.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

En cuanto alivió la alergia con un par de inhalaciones su enojo regresó. La peste Katsura estaba haciéndole honor a su nombre, cada vez infectaba mas cosas, ahora ya no podía estar tranquilo ni en su propia habitación. Su mirada regresó a la caja que había dejado abandonada en la mañana justo cuando la tarde dejaba de serlo para dar paso a una noche que sin duda sería una noche que ninguno de los dos olvidaría, nunca.

Pateó la caja hasta que estuvo satisfecho, sumándole las cosas que estaba seguro de haber roto, había que confesar lo bien que se sintió al imaginar que el cartón era en realidad la cabeza azabache del nipón. Se agachó para cargarla e irla a tirar junto a la puerta cuando vio de soslayo un par de letras que se hicieron conocidas, un nombre que como huracán revolvió todo su cuerpo, un nombre que definitivamente estaba ligado a ella...

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Kenishi escuchó algunos golpes en la habitación vecina por lo que decidió alejarse del mal humor del castaño. Colocando los libros que había encontrado bajo el brazo se llevó a su hada de regreso a la habitación, cuando vio lo temprano que era para irse a la cama tomó su chaqueta y se escurrió por la fría noche hasta su jardín secreto.

A su hada pareció fascinarle el lugar, volaba de un lado a otro dejando un rastro de polvo dorado que se pareció mucho a los destellos de una de las Cards... Kenishi se sintió tranquilo por primera vez en el día relajando los hombros y perdiendo la mirada en la noche sin luna.

Imágenes bombardearon su mente, los ojos ámbares de su vecino observando con ternura a la que sería su prometida, era tan real, que parecía ser él un entrometido viéndolos de cerca, darse cuenta como la mirada daba paso a un abrazo y después un tierno beso que le destrozaba completamente. Salió de su ensoñación masoquista para soltar una sonrisa melancólica, de verdad que estaba muy grave su situación... ya hasta los veía besarse en sus sueños. ¡Eso sí que era malsano!

Se levantó de la banca y se puso a arreglarle algunas ramas a las enredaderas, todo lo que fuese necesario para distraer su mente de la pareja del año, arrancó algunas hierbas secas de la falda de los rosales, la verdad es que le puso demasiada fuerza a su trabajo, todo para poder caer agotado en la cama y no soñar, no pensar, sólo desaparecer del mundo un tiempo.

Jadeante fue por la regadera que estaba junto a la banca y la llenó con agua de la fuente, regando cada una de las plantas que ahí estaban, siempre inmunes al clima que estuviera afuera ahí parecía ser siempre primavera.

Hasta su hadita se cansó de verlo trabajar tan arduo, de inventarse tareas que no eran tan necesarias como para realizarse con la desesperación con la que Kenishi las hacía. Incluso removió la tierra del roble con los dedos, todo para permitir que el agua llegase a sus raíces y lo nutriera.

Se quitó el sudor de la frente con el dorso de la mano, recogió las mangas de su chaqueta y se puso a limpiar las figurillas talladas de la fuente, mojándose un poco pero poniendo todo el empeño necesario. Una vez hubo terminado miró a su alrededor buscando que otra cosa hacer, al no encontrar nada y ver a su hada dormir acurrucada en la banca se dijo a sí mismo que era momento de irse a dormir, ya era tarde y al parecer la cena se le había olvidado de tanto arreglar el jardín.

Caminó con lentitud, el toque de queda para ellos todavía tardaría una hora por lo que recorrió los edificios sin prisa alguna. Al llegar a los dormitorios vio a Mao ayudar a Tian a caminar para entrar en su cuarto.

Los gemelos cerraron la puerta sin notar la presencia del ojiverde. Kenishi tocó la puerta y los saludó antes de irse a dormir. Después de saber que Tian estaba bien, aunque seguía cansado se despidió respondiéndoles que había tenido cosas que hacer y por eso no había ido a cenar.

Ya caminaba para su habitación cuando lo vio.

Estaba ahí parado como esperando que la puerta de su habitación se abriera sola. Con la mirada clavada en la oscura madera como si ésta le prometiera responderle las miles de preguntas que corrían despavoridas en su mente.

Kenishi no había tenido el mejor día de su vida, no tenía ganas de soportarlo, no quería verlo más. Pasó a su lado y como si lo hubiera sacado de un trance con el simple hecho de caminar Xiao Lang volteó a verlo, enterrándole la mirada cobriza, que parecía nublada por la oscuridad del pasillo.

Esto sorprendió a Kenishi pero no le dio la más mínima importancia, le sostuvo la mirada, jamás dejaría que le ganara y se lo demostraría.

Pasaron segundos como horas en las que los dos se quedaron viendo la oscura profundidad de la mirada del otro; rezando en silencio para que todas las dudas de ambas mentes fueran aclaradas con esa simple acción. Harto de todo y sin el ánimo necesario Kenishi decidió terminar con esa sandez y caminó a su puerta, necesitaba dormir, ya mañana saldría el sol y tal vez todo mejoraría o al menos era bello pensar que si.

Ese día parecía que el camino de la tristeza y desventura no tenía fin...

-"¿Tú de dónde conoces a Tomoyo Daidouji?"-la pregunta hizo saltar a Kenishi, haciendo que abriera los ojos sorprendido. Se detuvo en seco y esperó que eso que había escuchado fuese un simple y asqueroso engaño de su mala audición. Se mantuvo de espalda al ambarino, como a cinco pasos de separación pero temiendo que pudiera escuchar el latir de su corazón y éste lo delatara.

-"¿Qué?"-alzanzó a exprimir de su garganta una voz tan ronca que retumbó en las paredes del corredor haciendo un eco que le dio énfasis a su pregunta.

El silencio volvió a reinar en el último pasillo de los dormitorios donde nadie se daba por enterado de esta conversación. Ese oscuro pasillo que encerraba a los antiguos protagonistas de una historia de amor infantil que siempre pareció ser más que eso.

-"Tomoyo Daidouji, ¿de dónde la conoces?"-repitió aunque no hubiera querido hacerlo. ¡Necesitaba una respuesta! ¡Ahora! No iba a esperar mas... ya llevaba casi dos horas esperándolo... pero la verdad era que si él conocía a Daidouji tal vez... sólo tal vez-

-"De dónde sacas que yo conozco a alguien con ese nombre"-respondió después de que su mente pudo hilar ideas saliendo del estupor.

Xiao Lang se mantuvo quieto un segundo mas para después avanzar a su habitación, abrió la puerta y entró, no encendió la luz, atrajo algo en penumbras, algo parecido a una caja. La dejó caer a los pies de su vecino haciendo que el ruido removiera las entrañas del ojiverde por completo.

-"Es tuya"-no era una pregunta, sino una simple afirmación.

Kenishi miró la caja sin querer hacerlo realmente. Era obvio que era suya y también sabía que la había mandado Tomoyo.

-"Sí, es mía y si la conozco es mi asunto, además, husmear en la correspondencia es un delito..."-pronunció con mas de la convicción que hubiera pensado, se agacho levantó la caja y caminó hacia su puerta.

-"¿De dónde la conoces?"-repitió acercándosele.

-"No sabia que fuera tan entrometido Superior"-le dijo ya mas calmado, no podía descubrir que era Sakura sólo con una caja. Xiao Lang le cerró el paso cuando se disponía a entrar a su habitación tomándolo del hombro y obligándolo a que le diera la cara.

-"Te pregunte algo..."-le impuso ya enfurecido.

-"¿Qué te pasa?"-Kenishi también se empezaba a molestar-"... no te voy a responder nada, no eres nadie para exigirme nada..."-las cosas empezaban a salirse de control.

-"¿La conociste en Japón? ¿Conociste a... Sakura?"-el solo hecho de que pronunciara su nombre tuvo un efecto devastador, la gota que derramo el vaso.

Xiao Lang sabia que su actitud no era la adecuada pero necesitaba saber, llevaba más de un año buscándola y ver ese nombre en la caja le dio una luz para dar con su paradero, él debía saber algo...

-"¡¿Cómo eres capaz de decir su nombre?!"-le grito completamente encolerizado-"¡...tu ni siquiera puedes nombrarla!"-el hada que dormía pasivamente en la bolsa de la chaqueta de Kenishi se despertó y voló hacía la puerta entreabierta del ambarino, donde la otra hada miraba sin entender lo que estaba pasando.

Xiao Lang se desconcertó por la respuesta de su compañero de cuarto.

-"¿Las conoces?... ¡Dime en dónde están!"-dijo ignorando lo que le había dicho antes.

Una furia incontrolable apresó a Kenishi... ¿para qué quería saber dónde estaba? ¿De que le serviría?... seguramente para invitarla personalmente a su boda.

-"¿Qué ganas con eso eh?"-arremetia contra él sin piedad alguna. Puso la caja en el piso y lo miro con los ojos centellantes, como si el verde fuese veneno... no dejándose intimidar por la altura que el castaño le llevaba.

-"¿Viviste en Tomoeda?"-al parecer el castaño estaba tan impresionado que no terminaba de enterarse que la respiración de Kenishi se estaba volviendo agitada y que sus ojos reflejaban odio creciente.

-"¡Si!"-le gritó ya completamente harto, intentando que entendiera de una buena vez que se estaba metiendo en terreno peligroso. -"... si piensas que mereces saber dónde está, estás muy equivocado..."-levantó la mano y le clavo el dedo en el pecho -"... eres un maldito sinvergüenza"-Xiao Lang dejo el entusiasmo de antes para despertar su furia. Le quito la mano que lo señalaba de un golpe.

-"¡No te atrevas a hablarme así!"-le gruñó el ambarino.

-"¡Tú fuiste el que empezó a exigirme cosas!"-Kenishi sabia que sino se detenía terminaría descargando toda su frustración con él (que si bien se lo merecía ya que era el causante). Respiró, se agachó por la caja le dio la espalda y se metió a su habitación siendo seguido por el halo asustadizo de su hada. Se quedó recargado en la puerta sosteniendo ambas manos a la altura del pecho, con la respiración entrecortada y con el palpitar desbocado por la adrenalina.

No escuchó nada durante unos minutos excepto el aletear de su hada sobre su hombro, zumbando nerviosamente. Ante esto dio por concluida la discusión, puso la caja sobre la cama y recostó a su hadita, justo cuando se disponía a encender la luz lo sintió.

Un estruendo hizo que las dos puertas de la sala común se abrieran de golpe.

-"Te pregunté algunas cosas Katsura y me las responderás"-fue la amenaza desde el otro lado del lugar. La furia volvió a reinar en el ambiente en menos de una micra de segundo Kenishi ya estaba en la habitación de su antagonista.

-"¿Qué te sucede?"-le grito una vez en la puerta.

-"Te pregunte sobre Tomoyo..."-

-"No te diré nada"-

-"Sakura... ¡Dime dónde está!"-tal vez su voz sonó sincera haciendo que el pecho del ojiverde se comprimiera al escuchar su nombre siendo pronunciado por él.

-"¡No la nombres!"-el grito sorprendió incluso a Kenishi mismo, no sabía que sintiera tanta rabia. -"No me preguntes por ellas... déjalas en paz..."-Xiao Lang se fue acercando al ojiverde lentamente.

-"No están en Tomoeda, no la encuentran en Japón, parece que se la trago la tierra"-el tono de voz del ambarino era calmado, como si los gritos del nipón no lo enfurecieran. -"... dime donde están"-

-"¿Para qué las estás buscando?"-susurro Kenishi en un tono sombrío y cansado.

La pregunta tomó desprevenido al chino, no tenía preparada una respuesta. Podría decirle que si no la encontraba antes de que el Concilio lo hiciera la matarían... pero esa era una respuesta mas reciente... antes ya la estaba buscando... pero ¿para qué?

Xiao Lang perdió la mirada en la oscuridad del cuarto, intentando que su cerebro encontrara una respuesta viable, pero en realidad él tampoco sabía para que la buscaba, probablemente era su manera de intentar convencerse de que la ilusión de la niña de ojos verdes estaba en el pasado...

Tal vez...

-"Ahora no dices nada"-un silencio tan perturbador que parecía absorberlos en su vórtice. La pregunta de Kenishi aún seguía girando en la mente del castaño, brincando de neurona en neurona pero sin encontrar respuesta. -"... ella ya no te está esperando..."-esa frase aturdió por completo al chico de ojos ámbar. -"... si piensas que todavía llora por ti estás muy equivocado..."-las pupilas de Xiao Lang se dilataron al mismo tiempo que sus ojos se abrían por el asombro. La voz de Kenishi era irreconocible, grave, dolorida como si el sufrimiento contenido por años empezase a fluir. -"... ya por fin te superó..."-

¡La conocía!...

-"¿Cómo?"-por fin pudo reaccionar, aunque la pregunta parecía ser mas para sí mismo.

-"Ella lloraba"-continuó sin prestarle atención a su balbuceo. Sabía que no debía contarle, pero eran tantas cosas; había insistido, su voz sonaba sincera, como si de verdad quisiera saber de ella. Le diría, le pondría al tanto de todo el dolor que alguna vez sintió, era justo que él lo sintiera también -"... decía que su corazón tenía dueño..."-

Todo el raciocinio de Xiao Lang se perdió. Su lengua había sido comida por algún roedor imaginario su cuerpo entumecido completamente y su mente en blanco.

-"Syaoran... ése es su nombre"-el castaño perdió el aire, ese niño había muerto, ese niño no debió haberla hecho sufrir, eso no se suponía que debía pasar, ella debía haberlo olvidado, nunca debió esperarlo. Ella debió haber continuado con su vida, con los ojos llenos de ella y centellando siempre como cuando veía un oso de felpa, ella no debió sufrir... nunca sufrir...

-"¿Cuándo la conociste?"-pudo articular después de lo que pareció una eternidad.

-"Hace unos años"-

-"¿Y cómo es que sabes...?"-

-"¿De ti?"-le interrumpió. -"... yo se lo que le hiciste, cuando supe que tú eras el tal Syaoran comprendí, eres un maldito arrogante, no sé cómo es que ella te amaba tanto..."-las palabras de Kenishi salían venenosas y cuales dardos, con el único objetivo de dañarlo. Ojo por ojo...

Xiao Lang se hundió en el intento de analizar lo que estaba pasando.

-"¿Dónde está ahora?"-su voz adquiría un timbre que vibraba entre lo nervioso y lo molesto.

-"Antes respóndeme para qué quieres saber de ella ahora... ¡después de tanto tiempo!"-le grito alterándose de nuevo.

-"No tengo porque darte explicaciones"-

-"Entonces yo tampoco"-mucho se había dicho ya como para que se quedará a desquitarse... mucho había exteriorizado Sakura, lo mejor sería retirarse.

-"¿Dónde está?"-el castaño se le fue acercando clavándole la mirada cobriza que brillaba de extraña manera en esa oscuridad, asechándolo como si fuera su presa a punto de ser devorada. -"Dímelo..."-

-"Después de tantos años te interesa tanto..."-le dijo Kenishi sin bajar la mirada, viéndolo caminar hacia él sin intimidarse. -"... ¿porqué no la buscaste antes?, si tanto te interesa ahora no veo porque no la llamaste..."-Xiao Lang estaba a un paso de Kenishi sintiendo como la pasividad con la que se manejaba se iba de su cuerpo con rapidez, le sacaría la verdad ya fuese de manera amable o a golpes...

-"Eso no es algo que te importe"-le dijo-"... dímelo Katsura..."-su voz amenazante hizo tiritar a Kenishi.

-"¿O qué?"-le dijo al mismo tiempo que levantaba la barbilla retándolo, a pesar del miedo y el escalofrió que no lo abandonaba, lo enfrentaría si era necesario... ¡ella también quería respuestas!...

-"Katsura... necesito saber dónde está..."-la última pizca de paciencia se fue con esa frase. Apretó los puños y los dientes para controlarse.

-"Jamás te lo diré... la hiciste sufrir mucho antes..."-

-"¡Ese no es tu asunto!"-ya no habría manera de controlarse después.

-"¡¿Cuál es la urgencia?! ¿eh?..."-una fría brisa entraba por la ventana abierta, haciendo que el viento susurrara cosas, probablemente malos presagios y sufrimiento. -"¡Te esperó por seis años!"-

-"¡Nunca debió hacerlo!"-explotó. -"¡Nunca!... ¿entiendes?"-eso heló a Kenishi tanto el cuerpo como el alma.

-"¡Maldito!"-

-"¡Si sufrió no fue por mi...!"-

-"¡Tú le mentiste!"-

-"¡Jamás le mentí... éramos niños!"-

-"¿Y entonces qué es lo que quieres?"-si seguía apretando los puños de esa manera la sangre no tardaría en fluir de sus palmas. -"¿¡Para qué la buscas ahora?!"-

-"¡Tiene algo que me pertenece!"-dijo lo primero que se le vino a la mente.

-"¿Qué rayos dices?"-

-"Tiene algo que debió ser mío..."-era obvio incluso para sí que era mentira... pero ¿Por qué lo decía entonces?

-"¿Qué dices?"-

-"¡¿Dime dónde rayos está?!"-exigió.

-"Para eso quieres que te diga... ¡Nunca!"-ambas respiraciones eran agitadas, sus pechos subiendo y bajando.

-"¡Su Paradero!"-

-"¡Pudrete!"-Xiao Lang ya no pudo controlarse apretó los puños en la camisa del chico y lo zarandeo con fuerza.

-"¡Lo necesito!"-

-"¡Muérete! ¡Ya no dejaré que la dañes!"-

El aire empezó a faltarle a Kenishi, el ambarino retorcía con fuerza la tela para impedir que el oxigeno vital entrara a sus pulmones, le sacaría el paradero por las malas. Ambos tan cerca, viendo los ojos del otro, la transformaciones que hacia la furia, su brillo...

-"¡Te lo advierto!"-

-"¡No me amenaces! ¡No te tengo miedo!"-y de un fuerte codazo le quito el brazo que lo apretaba. Kenishi sabía que las cosas estaban demasiado caldeadas como para seguir ahí, la huida a veces es buena solución... dio dos pasos pero el ambarino le bloqueo el camino nuevamente.

-"¡Quiero que me de las Cards!"-si Kenishi había resistido y tratado de tranquilizarse antes, ya no pudo.

-"¡¿Qué rayos dices?!"-

-"¡Siempre fueron mías!"-Kenishi abrió los ojos con el alma y la sangre helada. -"¡Soy el heredero de la dinastía Li!"-

-"¡Son suyas!"-se defendió el ojiverde con ardor. -"¡Ella las capturó!"-no entendía porque le decía esas cosas... ¡era absurdo!... él lo había aceptado cuando iban en la primaria, como rayos decía a esa altura de la vida que las Cards eran suyas... ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Era acaso una muy mala broma?

El brazalete de Kenishi resplandeció, los guardianes de las Cards estaban tan indignados como él. Xiao Lang completamente fuera de sí siguió escupiendo frases venenosas.

-"¡Quiero recuperarlas!"-

-"¿Estás demente?"-

-"¡Dime donde está!"-el corazón se le partió nuevamente, seis años de dolor por ese pedazo de patán... -"¡Dimelo...!"-ahora quería buscarla para robarle lo que tanto trabajo les costo capturar cuando niños, porque ambos, como un equipo habían conseguido las Cards, él le había ayudado a cambiarlas, por él había podido hacerlo... y ahora...

¿Dónde estaba ese Syaoran?

Probablemente muerto dentro del helado corazón del joven que estaba enfrente... pensar que su estúpido pecho seguía palpitando por él... que le daban celos... que aun albergaba parte de ese sentimiento que no lograba salir de su corazón... corazón que estaba roto... palpitando pero roto.

-"¡Está muerta!"-le grito conteniendo las lagrimas encarándolo y con furia desbordante. -"¡Sakura está muerta!"-a lado de ese Syaoran del que se enamoró...

Y cerró los ojos en el momento en que la cara del castaño palidecía completamente. Un ligero temblor le recorrió la espalda... una muerte chiquita. -"¡Sakura está muerta así que olvídate de las Cards! ¡Las selló!"-y esperó su respuesta... viendo como el maldito hipócrita se quedaba pasmado, completamente petrificado, como si con esas palabras también le hubiera quitado la vida.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Aún con los ojos cerrados Kenishi no podía dejar de ver los ojos del castaño, llenos de rabia preguntando una y otra vez por su paradero... como si de verdad le interesara, incluso lo hizo dudar. Ahogó un sollozo y giró en la cama por enésima vez, aunque lo sabía... esa noche no podría dormir... su corazón todavía palpitaba velozmente a causa de toda la adrenalina.

Casi juró verle lagrimas... el hipócrita sufría porque las Cards se habían sellado y ya no podría recuperarlas...

Tantos años perdidos...

Escuchó golpes en el cuarto contiguo, rodeó su habitación con una burbuja e intento quedarse dormido, lo necesitaba...

En ese momento hizo una promesa al cielo: ¡jamás volvería a sufrir por Syaoran!, lo enterraría y esperaba que él hiciera lo mismo.

Su amor había muerto. Y con él ambos.

Cuando ya estaba a punto de saludar a Morfeo el despertador sonó y la ilusión de descansar siquiera unos minutos se esfumó.

Su diminuta hada se levantó tranquila después de dormir placidamente, viendo extrañada la cara contraída de su compañero le voló cerca para verlo mejor. Zumbó algunas cosas mientras Kenishi se levantaba alejándola un poco para no golpearla con la cabeza.

Se miró al espejo y como ya era costumbre no se reconoció, tantas cosas ahora marcaban su rostro, ojeras, ojos rojos algunas arrugas, como si ya no pudiera volver a ser ella... a veces tantas cosas malas hacen pensar que nada bueno puede volver a pasar.

Después de indagar en sus recuerdos y saber que todo lo que había pasado en la noche no había sido un sueño respiró profundo y se metió al baño... ese sería una día muy pesado.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

La cabeza le pesaba de manera extraña, tenía todo el cuerpo adolorido y las manos hinchadas. Se medio sentó en el piso, la alfombra a pesar de cara no era el mejor lugar para dormir. Se detuvo la frente para dejar pasar el mareo...

-"¡Sakura está muerta!"-le golpeó el recuerdo sin piedad alguna.

Se quedó mirando al vacío con el semblante completamente serio.

¿Qué era lo que había pasado?

Miró de reojo el despertador en la repisa y supo que si seguía ahí sentado se le haría tarde, además tenia muchas cosas que hacer.

Aún no lo creía.

Se levantó con velocidad, así como entro salió del baño acompañado de una cortina de humo y con el cabello escurriendo. Ignoró su reflejo en el espejo y buscó con la mirada su teléfono celular. Mientras se vestía apresurado marcó unos números de memoria.

-"Lo necesito en quince minutos"-una confirmación sin voz le siguió al tintineo del fin de la llamada. Se removió el cabello para alejarlo de los ojos y tomó las llaves del auto.

Su hada sobrevoló aturdida hasta escuchar el portazo que dio al salir, por unos momentos se desesperó al no poder acompañarlo pero descubrió que se podía transportar con la mente a donde estuviera aquel que la despertó.

Xiao Lang susurro bastantes maldiciones para sus ancestros al darse cuenta que el bicho zumbador iba tras él. El viento le pego en el rostro sin piedad entumiéndoselo por completo, pero le hizo bien, lo despertó de esa extraña ensoñación que lo perseguía haciéndolo sentirse más lento.

Encendió el auto y salió de la Institución con una decisión tomada y un objetivo en mente. El hada se aferró al cabello castaño para después moverse hasta refugiarse en la pequeña bolsa en la camisa del chico.

Un viaje que le pareció eterno, gente yendo y viniendo de todos lados.

-"No se te ocurra salir"-el hada lo miró interrogante y aterrada al mismo tiempo. -"... si alguien te ve tendremos problemas"-y con el índice la hundió mas en la bolsa de su camisa. Era extrañó el bulto que tenia, pero bien podría parecer su billetera o algún pedazo de papel mal doblado...

El vibrar de su celular llamó su atención justo cuando bajaba del auto. Ni pluma ni papel, la información que le dieron la enterró en su mente, jamás lo olvidaría, de eso estaba más que seguro.

La combinación de sol y frío típica de Enero hacía que la gente del aeropuerto portara bufandas y gorros, sintiéndose extrañadas al ver a un joven con una simple camisa delgada y ningún abrigo que lo protegiese de ese frió invernal.

Se acercó hasta la fila para comprar su boleto y esperó su turno con impaciencia.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

La primera hora pasó sin nada nuevo, a todos les sucedía perder Artes Marciales al quedarse dormidos, pero nunca a él... jamás.

El desayuno comenzó con la rutina de todos los días, los hermanos Zedong intentando terminar de cumplir con sus múltiples castigos ayudaban con las bandejas de comida, nadie charlaba, pero todos, inclusive el mismísimo Director tenían la misma interrogante.

¿Dónde estaba Xiao Lang?

Eriol removió los palillos sobre el plato de arroz escondiendo su consternación. Algo había pasado, buscó a Kenishi con la mirada notando como le rehuía al contacto. ¿Qué había pasado con esos dos? Miró al Director comer en completo silencio y supo que él también se preguntaba lo mismo.

Pero de algo podía estar tan seguro como de que se llamaba Eriol Hiraguisawa...

Lo descubriría.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Su vuelo no salió hasta el medio día, tuvo que esperar hora tras hora soportando el movimiento de su alocada hada en la camisa. Una vez estuvo sentado en el segundo asiento de Primera Clase pudo sacar a su resplandeciente bicho y ponerlo en el compartimiento de enfrente.

-"No hagas ruido"-y cerró la puertezuela dejando de escuchar los zumbidos de obvia protesta de su hada. Entrecerró los ojos y se recostó en el asiento, no era un viaje largo pero debía descansar un poco. Cubrió por completo los ojos con los parpados pero una nube de recuerdos le hizo abrirlos nuevamente.

Movió el cuello de un lado a otro para eliminar la tensión y apago el celular. Nadie sabría su paradero hasta que él así lo quisiera. Y por primera vez pudo mas su cuerpo que todo lo demás y sus ojos se cerraron agotados completamente.

Morfeo fue tan benevolente que cayó en un profundo sueño y aunque hubiese preferido no soñar absolutamente nada lo hizo, fue en ese momento cuando su mente hizo todo lo posible por despertar pero no lo logró.

Desafortunadamente Cronos y su maravillosa capacidad para regresar el tiempo lo remontaron a fechas en las que ser un Li no pareció ayudarlo para nada, fechas en las que esa familia a la que pertenecía lo mandó a cumplir un castigo desconocido a una isla que fue su prisión por dos largos años. Donde su captor bestia ya le había dado la bienvenida necesaria para dejarle claro el destino que tendría que enfrentar durante ese tiempo.

La madrugada del segundo día en ese lugar no fue mejor que el anterior. Ahí se dio cuenta que no era el único niño encerrado en la isla. Eran cuatro. Dos de ellos parecían ser más pequeños de edad que él, tal vez ocho o nueve y uno más grande, quince o dieciséis. Se preguntó si él poseía la misma cara que ellos, pálida, atemorizada, con una mueca entre miedo y rabia.

El hombre-bestia apareció con un caminar lento, ahora si tuvo la oportunidad de ver claramente sus facciones, eran toscas y violentas, como una copia de Frankentein el monstruo. Se detuvo frente a ellos y escupió muy cerca de sus pies.

-"Ahora, diviértanme un poco"-bolas de energía negra como las que lo habían atacado aparecieron para perseguirlos. Una risa macabra del hombre acompañó el sufrimiento de uno de los pequeños en cuanto lo atrapó y éste intento defenderse.

Pasaron algunos minutos cuando a Xiao Lang un halo negro le cubrió el cuerpo nuevamente, a la par las heridas que intentaron cerrarse la noche anterior se abrieron de nuevo, poco a poco la camisa de seda quedo completamente cubierta de sangre, todos los recuerdos de alguna comodidad anterior empezaron a desaparecer cuando el dolor volvió a inundar sus sentidos, golpeándolo en fuertes espasmos que hacían que deseara la muerte segundo tras segundo, en verdad se podía desear la muerte a esa edad, cuando en realidad no se sabe nada de la vida.

De manera brusca detuvo sus ataques y dejo caer a los cuatro chicos nuevamente en un piso ya bañado con su sangre. Algo hizo que inmediatamente todos fueron enviados a las frías chozas donde se lamían ellos mismos las heridas como gatos moribundos.

Ya entrada la noche le fue imposible conciliar el sueño, se quedó mirando el trozo de cielo que se filtraba por la mísera ventana. El viento que entraba hacía que el ardor de sus heridas le hiciese cerrar los ojos con fuerza, se levantó un poco para revisarse la pierna, si esa cortada seguía así se infectaría.

En cuanto una nube pasajera tapó la luz lunar escuchó ruidos. Eran suaves susurros. Algunas hojas quebrándose le indicaba gente moviéndose afuera. Se levantó con algo de dolor y se asomó por la improvisada puerta. Dos de los niños que había visto en la mañana corrían a toda velocidad.

Se quedó quieto y en silencio en cuanto vio al hombre-bestia salir en su persecución. Llamas empezaron a iluminar la noche y un grito que pareció de guerra le alteró los nervios por completo. Miedo, hacía tanto que no sentía eso con tanta fuerza como lo estaba sintiendo en esos momentos que se sorprendió a sí mismo al ver como los labios le temblaban.

-"¡Moriran antes de escapar!"-gritó el hombre como si fuera una promesa en el momento en que los pequeños se tomaban de las manos y se tiraban al mar. Después de estar cerca de tres meses en ese infierno cualquiera creería que en el mundo ya no existe nada peor; y para esos hermanos la resistencia había llegado al límite. ¿Cuánta resistencia se puede tener a los nueve y ocho años?

Xiao Lang vio las llamas consumirse al mismo tiempo que su visión nocturna, entrecerró la mirada pero sólo distinguió las manos del hombre moviéndose como péndulo, de un lado al otro. El sonido de la marea y el choque de las olas le hicieron saber que cumpliría su promesa. Los mataría. Ocasionándole un escalofrió que le recorrió la espina dorsal con lentitud.

Desviando la mirada de la costa pudo ver una choza a algunos metros de la suya, donde al igual que él un chico veía la escena. Pero a diferencia del castaño no se quedó mirando, simplemente pareció asomarse y luego dé, regresó al interior.

Olvidando el acto tan despreocupado del otro chico intentó enfocar al hombre pero ya no pudo divisar nada; ahora fue su mente la que empezó a imaginar a ese par de niños nadando en las frías aguas siendo ahogados por un hombre que parecía haber nacido del odio, vivir de él y regocijarse con el dolor. En cuanto sintió que el hombre dejaba de mecer las aguas se metió velozmente a su choza, todo ese miedo que sentía lo hicieron quedarse quieto contra la pared, sintiendo su respiración agitada y temiendo muy en el fondo de su corazón por el destino de ese par de niños, que como él, no lo habían escogido.

No hizo nada, simplemente se quedó inmóvil un tiempo, pensando en sí salir era o no lo correcto, sí intentar arrojarse a la mar era también su solución...

Poco después se desplomó sobre la pierna izquierda, el dolor le recordó todas las heridas que tenía por el cuerpo, abandonando al final la idea de rescatarlos. Horas más tarde cayó inconsciente o dormido, en realidad no lo supo.

-"Es mejor que te levantes"-una voz diferente al violento tono del hombre lo despertó.

Una vez abrió los ojos frunció el ceño para distinguirlo mejor y pudo reconocerlo como el chico restante en la isla. Lo siguió cuando salió notando que el alba apenas empezaba a tocar las montañas vecinas.

La escena que poco a poco se fue distinguiendo hizo que Xiao Lang se detuviera en seco. Olvidando el dolor de su pierna derecha, sintiendo la rabia empezar a surgir por sus poros, pero también sintiendo la impotencia al igual que el dolor de sus uñas al clavarse en sus palmas con fuerza.

El hombre-bestia golpeaba enfurecido a uno de los chicos, a puño cerrado y como un poseso total. A unos pasos pudo ver al otro chico; los ligeros rayos del amanecer le permitieron ver el tono azulino de su piel, Xiao Lang tragó saliva antes de que su cerebro examinara por completo la situación: estaba muerto.

El chico que había estado sufriendo en la mañana había dado por terminada su corta vida en manos de ese hombre cobarde que imponía su fuerza sobre personas que no se podían siquiera defender. No pudo describir la cantidad de emociones que le golpearon de repente al comprender en esos momentos la fragilidad de la vida, del cuerpo humano, así como el grado en que un hombre puede hacer sufrir a otro.

Desvió la mirada del cadáver para concentrarse en el otro chico. Atado con los brazos encima de la cabeza a un poste de madera con el cuerpo completamente empapado y con la cara roja y sangrante. Ya ni siquiera gritaba, sólo esperaba que la muerte se apiadase de él y llegara.

La furia que sentía ya no pudo controlarla, eso no podía estar pasando. ¡Era irreal! ¡Una pesadilla!

Buscó al otro chico con la mirada, quiso encontrar un atisbo de coraje e indignación como él mismo sentía, unirse y luchar contra el hombre para defenderlo. Pero nada. ¿Por qué sólo miraba hacia enfrente como si fuera cualquier cosa?

Todo el coraje le ganó al miedo latente de su mente que le decía que se alejara.

Olvidando la cortada que abarcaba por completo su pantorrilla se avecinó en contra del hombre y evitó que el siguiente golpe diera en la cabeza del chico. Con los dientes completamente apretados lo pateó lo más fuerte que pudo, moviéndose tan rápido como le fue posible para evitar el golpe que se le avecinaba.

-"Mocoso estúpido"-le lanzó otro golpe para después conjurar una serpiente para que lo persiguiera.

-"¡Dios del trueno!"-no necesitó su espada, invocó al trueno en su mano y se lo lanzó. Fue ese momento en el que aprendió una regla más del lugar. Ellos no podían hacer magia.

El espíritu del trueno se movió aturdido por un momento, segundos después regresó al lugar del que había provenido atacando a Xiao Lang con tanta fuerza que lo hizo caer de rodillas, justo al lado del cadáver del chico.

-"Eso es para que sepas que nadie excepto yo puede usar conjuros"-estelas de trueno aun se movían por el cuerpo del castaño cuando el hombre se le acercó. -"... tu terminaras como ellos, el propósito de que estén aquí es ese..."-y señaló el cuerpo sin vida del niño. -"... todo es cuestión de tiempo..."-los golpes empezaron de nuevo y defenderse resultó tan imposible que deseo dejar de sentir.

Sus ojos completamente desorbitados vieron como la serpiente que el hombre había conjurado se escurría encima del cuerpo inerte del chico a su lado. Como pudo evitó un golpe y trato de quitar al reptil, eso no podía estar pasando, parecía ser el único con un poco de sensatez en ese lugar.

¡Era un niño! ¡Por Kami-sama! ¡Su cuerpo no podía ser ofendido de esa manera!

El golpe que pudo evitar vino acompañado de muchos más.

-"¿Quieres hacerte el héroe no principito?"-le piso justo sobre la cortada de su pierna, arrancándole un grito de dolor desde el fondo de la garganta. -"Aquí eso no existe"-dejo de golpearlo un momento para darse la vuelta hacia el cuerpo tendido a su lado y con sólo señalarlo desapareció. -"Oups..."-se puso la mano frente a la boca en una mueca de falsa pena. -"... y el castigo para él"-señaló al chico en el poste. -"el mismo..."-con lentitud susurro palabras que el castaño no entendió pero que jamás podría olvidar en su vida.

Algo pareció desprenderse del cuerpo inmóvil del chico. De su boca salió un susurro lento de pena acompañado de su última respiración. Lo despojó de su alma y con eso... de la vida.

Tirado donde estaba luchó con el sentimiento de inutilidad e impotencia. Se levantó nuevamente, ya no sabía que parte del cuerpo le dolía más. Todo se unía en un completo baile de dolor y sangre, la vista se le nublaba de vez en vez, pero era siempre el mismo ritmo el dolor, la sangre, y nuevamente el dolor. Cuando más pequeño había aprendido a resistir grandes cantidades de sufrimiento, pero nada se comparaba con eso.

Ya puesto en los dos pies nuevamente esperó el ataque del hombre. Algo sí sabía: él no terminaría como ellos... no dejaría que una insignificante persona decidiera el curso de su vida. Segundos antes de recibir mas golpes por parte del hombre una pregunta le recorrió la mente: ¿Por qué estoy aquí?

La voz de la azafata ofreciéndole una almohada resulto ser más útil de lo que él llegó a pensar alguna vez en su vida. Movió la cabeza para negarse, pero en el fondo le agradeció que lo sacara de esa pesadilla, misma parecía no querer terminar. Parpadeó un par de veces para enfocar la vista y se recargó completamente en el asiento. Trató que el escalofrió que lo recorría desapareciera al igual que el mal sabor de boca. Hacía tanto que creía haber olvidado eso, que el hecho de que todo su pasado quisiese regresar se le estaba haciendo una muy mala broma del destino.

Miró enfrente y recordó al bicho alado que traía de compañía; abrió la portezuela del compartimiento para ver si el hada no había muerto de asfixia o algo parecido. El pequeño ser se hallaba envuelto en sus doradas alas y dormía a lo mejor de cansancio después de tanto golpear la compuerta. El castaño le movió un poco el ala para cerciorarse de que estaba viva y volvió a dejarla en la oscuridad.

Se removió el cabello y miró por la ventana lo blanco de las nubes, ya estaba cerca.

Hacía tantos años que no visitaba Japón...

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

-"¿Se comunicó...?"-

-"No"-la voz de una mujer madura. -"... nadie tiene idea de dónde está"-

-"No creo que haya de que preocuparse Ieran..."-

-"No estoy preocupada. Xiao Lang sabe cuidarse perfectamente, pero me disgusta que haya abandonado las clases sin ningún respeto por la Institución... si su Padre lo viera..."-

-"Hien no tiene nada que ver en esto"-el Director se sintió extraño al pronunciar el nombre de su difunto hermano. -"... además, sabes mejor que yo que Xiao Lang es recatado en comparación con él"-la viuda guardo silencio unos momentos.

-"Si sabes algo avísame cuanto antes"-otro silencio -"... esto no puede transgredir las puertas del ESCO nadie debe saber que el paradero del heredero Li no es conocido, puede prestarse para alguna clase de atentado contra la Familia"-el Director repitió las ultimas dos palabras en su mente.

La Familia. Siempre era la Familia.

-"Eso te lo aseguro Ieran, nadie divulgara esto. Que tengas buena tarde"-

-"Buenas tardes"-y cortó la comunicación con la matriarca de su Clan.

Xiang Won se sentó detrás de su escritorio descifrando los miles de lugares donde podría estar Xiao Lang. Obviamente omitió el dato de que el auto del chico fue dejado en el aeropuerto hace casi cinco horas, pero era probable que Ieran ya lo supiese.

Su sobrino no era de la clase de personas que huían, nunca lo había sido, pero entonces... ¿dónde estaba?

Un par de golpes en la puerta de su oficina fueron seguidos por la figura del prefecto Quo.

-"Aquí está el joven Hiraguisawa Señor"-

Eriol entró al cuarto sonriendo enigmáticamente como solía hacerlo. Después de darle una ligera reverencia al máximo representante de la Escuela se sentó donde la mano del hombre le indico.

-"Y bien..."-empezó el Director una vez que el chico ojiazul tomó asiento.

-"Ningun alumno lo vio salir"-

-"No me refiero a eso Eriol"-meditó las palabras que debía utilizar. -"... ¿te has desmayado?"-los ojos azules del inglés se abrieron de repente, pero volvieron a su tamaño normal después de unos segundos.

-"¿Cómo lo sabes?"-

-"Está pasando lo mismo"-

-"No. No es lo mismo"-el joven miró a los ojos de su interlocutor con astucia. -"... no puede ser lo mismo, no hay mujeres"- el Director se removió incomodo en la silla.

-"El paso de los años... puede que..."-

-"Se vengará"-Eriol jamás pensó que esas palabras salieron de sus labios. Ni siquiera lo había pensado con la seriedad necesaria. ¿Era eso una venganza?

-"Sino detenemos esto los alumnos pueden morir"-

-"El final sólo será el principio"- recitó Eriol -"... esto no terminó ese año Xiang, sólo inició y dio paso a lo que viviremos en menos del tiempo que pensamos. Nadie, ni tu ni yo, podrá huir..."-

-"Lo detendremos"-

-"Sólo hay una manera de detener esto, y ambos sabemos que es imposible que pase"-

-"Imposible sin duda"-despues de unos minutos de reflexión individual Eriol salió de la oficina del Director. Justo cuando llegaba a las escaleras un mareo lo recorrió de pies a cabeza ocasionando que se tuviera que agarrar de la baranda para no caer.

-"Tampoco es coincidencia que yo reencarnara en esta época verdad"-le dijo al viento una vez se hubo recuperado. -"... siempre tan inteligente"-y sonrió como lo hacia siempre caminando hacia el comedor, la hora de la comida ya se acercaba.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Kenishi escuchó la noticia de que el Superior Li se ausentaría de clases algunos días por asuntos del Clan de labios de Chu. Dio gracias a los cielos por ese tiempo, así tendría la oportunidad de tranquilizarse lo necesario para volver a verlo.

-"El domingo iremos a visitarte al Ojo Kenny"-susurro Mao sonriendo y saboreando el delicioso pastel de arándano que servían en el café.

-"Y esperemos que no rompan nada"-la mueca de Chu bastó para sacarle una risa a los cuatro jóvenes.

Todos se quedaron serios al ver sonreír a Kenishi, hacia tanto que no lo hacia que se sorprendieron de escucharlo, pero ninguno dijo nada. Simplemente sonrieron también y continuaron caminando al comedor.

El ojiverde no se podía explicar porque se sentía sin un peso encima, como si todo empezase a mejorar de ahora en adelante, como si ese fuese el nuevo principio que necesitaba, una vida en la que el dichoso Superior Li no tendría el más mínimo efecto.

Comió con una tranquilidad inexplicable y sin dejar de sonreír. La comida terminó y regresaron a las habitaciones escuchando la habitual plática de los gemelos Zedong.

Justo enfrente del edificio de los dormitorios pudo ver a siete hombres hablando con el Director.

-"Son los ancianos del Comité"-le dijo Mao en voz baja después de hacer una reverencia al pasar. -"... lo bueno que el Director Won siempre los ha mantenido a raya"-

-"¿Por qué dices eso Mao?"-

-"El Comité nunca ha querido que sea un Li quien dirija la Escuela"-

-"Yo pensé que eso estaba bien ¿no?"-

-"Nombraron al Superior Li heredero del clan y próximo líder del Comité sólo por ser el hijo del antiguo líder, no porque así lo quisieran. Ellos preferirían ser quienes manejaran las Escuelas de magia. Pero todos saben que se arrepienten de haberlo hecho..."-Kenishi estuvo a punto de preguntarle a Mao que quería decir con eso, pero tuvo que despedirse porque ya estaban en las habitaciones.

Después de que su pequeña hada se sentó en la cama Kenishi se cambió de ropa. Se acomodó un poco el cabello y rebuscó algunos libros para la siguiente clase. Después de fracasar en su búsqueda en el escritorio puso de cabeza el cuarto, hasta que dio con el libro de Hechizos debajo de la cama.

Lo sacó y cuando ya se levantaba un brillo llamó su atención. El escapulario que había encontrado la primera vez que entró al jardín estaba también en el piso. Lo levanto y estuvo a punto de ponerlo nuevamente en la cómoda pero su extraña manera de brillar lo alarmo.

-"Creo que eso no es algo normal"-lo tomó por el corazón y lo abrió pero no tenia nada, sólo brillaba mucho. Se acercó al escritorio y se sentó para intentar examinarlo, lo encerró con ambas manos y trató de leerlo.

Era una técnica que Kero le había enseñado hacía algún tiempo. Descubrieron que tenía la habilidad de conocer el pasado de las cosas con sólo tocarlas y concentrarse.

Un halo blanco le cubrió las manos, con toda la concentración que pudo conseguir, imágenes empezaron a llegar a su mente. Ninguna con la coherencia que necesitaba para saber de dónde provenía, lo único que le quedó claro es que era de esa chica de ojos violeta-rojizo que formaba parte de sus sueños habituales.

Un extraño cansancio lo hizo soltar el escapulario, se tomó la cabeza con las manos para detener el mareo y cerró los ojos por unos minutos. Cuando se dispuso a abrirlos se dio cuenta que ya no sólo era el escapulario lo que emitía una luz dorada sino también algo debajo de sus libros. Escarbo hasta que dio con una libreta que no pudo reconocer como suya. Tan vieja como los libros que solían limpiar en la Biblioteca y con un par de corazones en dorado que resplandecían.

Inclusive su hada se acercó al ver tan iluminado espectáculo, el entendimiento de Kenishi no daba para tanto, así que abrió el escapulario y lo puso encima de la libreta que para sorpresa del ojiverde encajo exactamente permitiéndole abrirla. Como si de una llave se tratase.

La luz dejo de cegar los ojos del chico y pudo ver con claridad en la primera página un árbol tan frondoso y grande como el roble de su jardín. La siguiente hoja era el mismo idioma ilegible de siempre.

Los signos del principio le permitieron leer algo parecido a:

Hoy conocí a alguien querido Diario...

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

La luz cobriza de la tarde le daba de frente a una casa amarilla en el barrio de Tomoeda. Un lugar tranquilo y pacifico para quien quisiese vivir ahí toda su vida. Con calles seguras y gente amable que se conoce entre sí.

Después de dar varias vueltas en un taxi decidió recordar el camino a esa casa por su cuenta.

Se ubicó por su antiguo hogar y de ahí sólo se guió por recuerdos.

Y estaba ahí, de pie frente a la casa de la ex Card Captor, después de perderse entre algunas calles pudo dar con ella. Y al parecer el tiempo no quiso pasar sobre ese lugar, seguía siendo la modesta casa amarilla que conoció cuando niño, sólo que él ya no era un niño.

Oía voces dentro, voces que sin querer le albergaron una esperanza de que lo que todos decían no era verdad. Caminó hasta estar frente a la puerta y tocó.

Abrió una chica un poco más baja que él. Al momento de verlo se quito los audífonos y dejo que incluso el castaño oyera la estruendosa música.

-"¡Hola!"-Xiao Lang se sorprendió al verla. De piel morena clara, ojos miel y cabello castaño, incluso, gracias a esa blusa verde que traía sus ojos daban la ilusión de serlo. Algunas pecas adornaban su pequeña nariz así como el rojo cereza de sus labios al hablar.

-"¿Sakura?"-la chica parpadeo un par de veces, lo miró de arriba abajo y levantó una ceja.

-"No..."-se mordió el labio, ese chico era apuesto de verdad.

-"¿Conoces a los Kinomoto? Vivieron aquí hace años..."-

-"Mmm... Kinomoto"-la chica detuvo su mp3. -"... ¡ah!..."-estalló después de unos segundos de reflexión. -"... si, si los conozco... bueno no, bueno algo así..."-Xiao Lang esperó paciente a que la chica continuara pero ésta se quedo embobada mirándolo.

-"¿Y bien?"-decidió terminar con la pausa. -"... ¿sabes donde están viviendo ahora?"-

-"Nop"-negó al mismo tiempo con la cabeza. -"... nos mudamos aquí después de que vendieron su casa. Creo que dejaron una dirección para la correspondencia que llegaba. Espera, Otoo-san la tenia en un cajón"-la chica desapareció de la vista del castaño dando saltitos, y regresó después de unos minutos con una hoja de papel maltrecha. -"Toma, no está lejos de aquí"-el chino vio los garabatos japoneses y volvió a mirar a la chica con cara interrogativa. -"Está cerca de la Preparatoria Seijô ¿la conoces?"-

-"Si"-un silencio incomodo se formó entre ellos, la chica lo seguía viendo embobada y eso no le gustaba para nada. -"Humm"-

-"Oh... tengo cosas que hacer"-pareció recordar de repente. -"¡Adiós!"-y cerró la puerta.

El castaño regresó a la calle y volvió a recorrer los viejos caminos, buscando a esa chica de mirada madre selva.

Justo antes de llegar a la calle que se llenaba de cerezos en flor durante la primavera reconoció el nombre anotado en la papeleta. Caminó por esa calle hasta que encontró el número indicado. Una casa blanca de rejas metálicas se posó frente a él.

La completa oscuridad y silencio en la que se encontraba lo hizo rememorar las palabras de su compañero de habitación.

-"¡Sakura está muerta!"-

Desvió la mirada y pudo leer justo en la barda de la casa el apellido Kinomoto. Ahí vivían.

Abrió la reja y se dispuso a tocar la puerta para averiguar algo, después de mas de cinco timbrazos se dio cuenta que nadie le abriría. Miró hacia ambos lados de la calle mientras una parte de sí le decía que no lo hiciera, pero mientras tanto rebuscó en la maceta para encontrar la llave. Ni debajo del tapete halló el dichoso objeto, así que puso un dedo sobre la cerradura y ésta se abrió con un rechinido ligero.

Cuidó como un ladrón que antes de entrar nadie lo viese y una vez dentro pensó lo irónico de descalzarse, pero aún así lo hizo.

En cuanto atravesó el recibidor caminó lentamente. La casa estaba completamente limpia, hasta había algunas flores en los jarrones que todavía había sobre la chimenea, sólo que estaba desamueblada. Las cortinas corridas permitían que los últimos vestigios de la tarde iluminasen un poco la sala, pero de ahí en fuera lucía desolada.

El movimiento de su molesto compañero alado le hizo cerrar las cortinas para poder dejarla en libertad. Si algún vecino veía a su hada volando en la casa seguramente llamaría o a la policía o a su psicólogo.

El hada pareció agradecerle que la dejara en libertad, sobrevoló lentamente primero, pero después empezó a volar descontrolada.

-"Oye"-intentó moderar lo mas que pudo su voz. -"Ven"-la vio volar a toda velocidad hacia las escaleras por lo que la persiguió sin pensarlo dos veces. Subió de dos en dos. Un destello dorado le indico que estaba en el ala derecha de la casa, para su fortuna sólo había tres puertas donde buscarla.

La primera resultó ser el baño, una vez que la bañera fue revisada siguió al cuarto de a lado. Un cuarto completamente vacío y ningún destello dejaron la última habitación como la guarida de su hada revoltosa. Caminó lentamente; se asomó y cerró la puerta para que en caso de estar no escapase nuevamente.

Encendió una lámpara en una cómoda para iluminar un poco. Su maliciosa hada se hallaba saltando sobre un cojin dentro de un armario.

-"Deja de hacer eso"-en cuanto lo vio voló para alejarse zumbando cosas. -"... no te entiendo así que será mejor que dejes de volar como desquiciada y nos vayamos"-el hada negó con su pequeña cabeza y continuó volando de un lado a otro intentando buscar una salida. Se extrañó que ya no la persiguiera, así era el juego de siempre: volar, perseguir, volar, perseguir. Por lo que volteó la mirada hacia el armario donde antes saltaba.

Debido a sus brinquillos había tirado algunos de los futones que todavía estaban guardados revelando algo que no terminaba de comprender que era.

Xiao Lang perdió el aliento al verlo, lo reconocería donde fuera, él mismo lo había hecho hacía ya varios años.

El ser dorado se acercó y con menos cautela de la que pensó usar lo tocó, como si estuviera esperando que se levantara de su posición inmóvil se hizo hacia atrás rápidamente, pero en cuanto vio que no la atacaba y que en realidad era muy suave se acercó nuevamente y toco una de las extremidades. Al comprobar su suavidad recargo todo su diminuto cuerpo en el oso de felpa.

En cuanto el chico de mirada chocolate pudo reaccionar tomó el oso de felpa de una de sus patas tirando a su hada en el proceso. Lo acercó a la lámpara y lo confirmó: ese era el oso que él le dio el ultimo día que la vio. El día que había prometido regresar.

-"¡Ella confió en ti... en esa estúpida promesa que le hiciste...!"-

Su mente volvió a entonar las palabras de su compañero de habitación, mismas que parecía haber aprendido de memoria.

Sin pensarlo más tomó el peluche y salió de la habitación sabiendo que su hada ya había tomado su lugar en el hombro derecho. Una vez en la planta baja rebuscó en la que fungió como Cocina alguna bolsa donde poder meterlo, encontró una bolsa de papel que le quedaba un poco grande pero ahí lo metió y justo antes de dejar de ser un intruso en esa casa metió a su hada también.

-"Ni se te ocurra salir"-le sentenció, pero al parecer al ser alado no le importó, se acurrucó entre las patas de felpa del oso y volvió a arrullarse.

Xiao Lang abandonó la casa cuando los faroles de la calle ya empezaban a encenderse como para darle la bienvenida a la próxima noche.

-"Al aeropuerto"-le dijo al taxi una vez estuvo dentro, perdiendo la mirada entre todas las luces de la calle y el tránsito.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Equitación había pasado más rápido de lo que en realidad hubiera deseado. Sentir el aire filtrarse por el cabello mientras se galopa puede llegar a ser muy relajante al final del día.

Después de saltar algunos obstáculos y descansar a los caballos caminando alrededor del patio el silbido del profesor le puso fin a su entretenida clase.

Ya estando en la ultima hora del día Kenishi llegó mas que relajado a Meditación, y aunque sinceramente no lo necesitara se relajo aún mas inhalando y exhalando al ritmo acompasado de las olas del mar (fondo musical de esa clase)

El tic toc del reloj en la pared blanca del dojo anunciaba que en menos de veinticinco minutos la clase terminaría, además de que por primera vez en mucho tiempo el profesor Yun no se había quedado dormido a la mitad, al contrario, seguía susurrándoles como respirar y centrar sus auras. Todo parecía sumergirse lentamente en una atmósfera completamente tranquila.

Kenishi incluso sintió que se quedaría dormido y así lo hizo.

Su mente empezó a viajar en el tiempo, no supo si al pasado o al futuro. Pero como de costumbre él parecía ser un fantasma que sólo era espectador.

Mucha gente reunida en un patio, supuso que era otoño debido a las múltiples hojas caídas de los árboles en colores naranjas y amarillos, como era habitual en esa clase de sueños Kenishi caminó entre la gente para poder ver lo mas que podía.

Justo en el centro del lugar se había formado un círculo alrededor de un escudo hecho con tiza. Cuatro jóvenes miraban el dibujo con detenimiento mientras los demás sólo susurraban cosas que para desgracia de Kenishi no podía comprender.

Lo que pareció ser una tarde de otoño dio paso con gran velocidad a una noche, y estando en el mismo patio se encontró solo. Con curiosidad se agachó para tocar el dibujo pero para su sorpresa una fuerte energía se lo impidió mandándolo lejos con un aterrizaje nada cómodo.

Después de dolerse un poco se levantó y siguió observando el dibujo. Era un círculo dividido en dos, en la parte baja se podía ver como tres triángulos (o lo que parecían ser) componían la mitad del círculo, como rebanadas de pastel, y en otra mitad encerraba en tres círculos pequeños algunos caracteres nuevamente ilegibles para el nipón.

Asombrado por el brillo que despedía supuso que era un hechizo muy potente, se alejó unos cuantos pasos del lugar para intentar reconocerlo pero no lo logró. Escuchó voces acercándose, unos instantes después aparecieron dos personas, una adulta, o mejor dicho ya bastante mayor casi un anciano y otro un joven como de su edad.

Dijeron algunas cosas y el hombre mayor tomó una pequeña daga, sin miramientos cortó la palma del chico dejando que dentro del círculo cayeran algunas gotas. Después estiró ambas manos desprendiendo una especie de luz blanca.

Kenishi vio con admiración como el dibujo que él intento tocar empezó a desaparecer lentamente a manos del anciano. Cuando el último trazo se esfumó entre la luz el mayor le dijo algunas palabras al chico; estuvieron en silencio y después le aventó un pañuelo para la herida de la mano. El hombre desapareció inmediatamente dejando al chico solo, viendo el cielo.

En medio de la calma pronosticada y nocturna se empezaron a escuchar gritos de dolor. Kenishi y el chico se sorprendieron casi al mismo tiempo levantando las miradas y tratando de escuchar el lugar de donde provenían.

Un grupo de chicos llegó corriendo, el chico se dio la vuelta y emprendió la carrera con ellos.

Kenishi también quiso correr pero poco a poco sintió como el sueño se alejaba de él al mismo tiempo que la realidad volvía. Abrió los ojos lentamente dándose cuenta que toda la clase lo miraba interrogante.

-"Tuvo un viaje astral chicos déjenlo respirar"-habló el Profesor alejando a algunos alumnos. -"¿Estas bien Katsura?"-el ojiverde asintió. -"Bueno jóvenes esto es todo por hoy, mañana seguiremos trabajando con las olas del mar... veo que tienen buenos resultados"-los que seguían sentados se pusieron de pie y empezaron a dirigirse a las duchas.

-"Vamonos Kenny"-los gemelos le tendieron cada uno una mano para ayudarlo a levantarse. -"... cada que pienso que eres muy raro haces cosas que sobrepasan y te vuelves aun mas raro..."-el ojiverde soltó una risita ligera y se levantó sin mucha dificultad.

Los chicos se daban un regaderazo mientras que Kenishi, con la vergüenza habitual rebuscaba un objeto que nunca aparecía en su casillero hasta que todos se metían a las regaderas, una vez que esto pasaba se escurría por el lugar y desaparecía para bañarse en su cuarto.

En cuanto entró a su habitación encontró a su hada jugando de lo lindo con una madeja de hilo que no quiso preguntarse de dónde había sacado. El pequeño ser alado se giró a verlo y dejo su entretenido juego de enrollarla y desenrollarla para otro momento.

Juntos vieron el techo, el ser alado intentó encontrarle lo interesante a su color blanco, pero se dio por vencida y sobrevoló para encontrar su bola de hilo nuevamente.

Kenishi estaba enfrascado en un intento de relacionar todo lo que estaba pasando en esos días. Además de su ya habitual carga sentimental ahora tenia que lidiar con un misterio que poco a poco lo incitaba a que lo descubriera.

Ahora sabía que el diario que había logrado abrir era de la misma chica que veía llorar en sus sueños. Pero aun así no terminaba de entender qué relación tenían con él.

Se levantó estrepitosamente y se sentó frente al escritorio. Después de quedársele viendo fijamente a la libreta rosa de los corazones la volvió a abrir.

Lentamente reanudó su lectura, esa que juraba jamás haber aprendido pero que era capaz de leer.

"Hoy Conocí a alguien querido diario.

Jamás he entendido el motivo de estas palabras en un libro que no puede responderme, pero a pesar de que me siento tonta al hacerlo me tranquiliza de una manera inexplicable"-esa era la parte que Kenishi había logrado entender hacía unas horas. -"... te decía que hoy conocí a alguien, es extraño, no suelo hablar con nadie, pero me gustaría repetirlo. Es muy guapo, de esos chicos por lo cuales todas suspiran cuando les sonríe"-el ojiverde detuvo su lectura cuando se dio cuenta que las hojas que seguían estaban en blanco. Extrañado cambió de páginas pero no había nada escrito. En parte decepcionado por el hecho lo volvió a cerrar y se recargó sobre las dos patas traseras de su silla. Nuevamente dirigió su mirada al techo esperando aclarar todas las preguntas que corrían por su mente.

Un estruendo seguido de otro.

Los gemelos Zedong habían invadido la habitación del chico ocasionando con esto que se cayera de la silla.

-"¿Qué haces en el piso Kenny?"-el ojiverde se sobó la cabeza resintiendo el próximo chichón que tendría. -"Date prisa iremos por babosas de la risa... las pondremos en el desayuno de los de básico mañana"-

Y antes de que pudiera objetar cualquier cosa ya era jalado hacia la puerta siendo seguido por su inseparable hada.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Era de noche cuando el avión tocó suelo.

Ignorando el cansancio se negó a dormir durante el viaje, simplemente miró por la ventana.

Cuando la azafata indicó que podían desalojar el avión tomó la bolsa donde descansaba su hada y emprendió el camino.

Según el investigador un taxi lo llevaría a la casa que buscaba sin cobrarle una excesiva suma, a pesar de esto decidió rentar un auto, necesitaba sentir el aire sobre su cabello, manejar a toda velocidad, probablemente... sentirse vivo.

Después de algunos trámites y un depósito le entregaron un auto bastante parecido al suyo, descapotable y negro. Esas eran sus únicas condiciones. Un poco mas de la cantidad habitual bastó para que no le pidieran identificación que respaldara el obviamente falso nombre.

Ya con las llaves en mano se sentó frente al volante, tuvo la misma sensación de desconocimiento que se tiene en un auto no propio pero aun así, encendió el motor y se perdió por la calles del territorio nipón.

Las calles de Hokkaido eran un poco menos transitadas que las de Tokio, pero encontrar una casa en una parte de Japón que no conocía del todo bien resultó difícil.

Con el ceño fruncido encendió las direccionales y aparcó en una gasolinera. Mientras esperaba que se llenara el tanque miró a su alrededor, no había nadie, con naturalidad se acercó a la bolsa y dejo que su hada saliera pero que no volara.

-"No vayas a hacer alborotos"-la mirada dorada de la pequeña hada fue de enojo, pero aun así asintió y se sentó. -"Voy a pagar... no te muevas..."-giró la cabeza indignada, como sino lo estuviera escuchando por lo que el castaño puso el despachador de gasolina en su lugar y se dirigió al establecimiento contiguo para pagar.

Regresó unos minutos después y le aventó algo al asiento de atrás.

-"Vuelve a la bolsa"-el hada refunfuñó pero cargó con el panecillo que el castaño le había arrojado. Con demasiado trabajo logró abrirlo y se maravilló por lo dulce de su sabor.

Antes de saberlo el panecillo había desaparecido por completo y ella había caído en un sueño profundo con la barriga un poco inflama de todo lo que había comido.

Cuando abrió los ojos se dio cuenta que el auto ya no se movía. Temerosa de que la hubiera abandonado en algún lugar se asomó por la bolsa pero se tranquilizó al verlo sentado enfrente.

Zumbó algunas cosas pero el castaño ni siquiera volteó a verla, estaba demasiado ocupado viendo hacia un lado. Como le había dicho que no debía volar no lo hizo, así que se bajó del asiento y caminó (o mas bien escaló) hasta llegar cerca, en cuanto la camisa del chico estuvo a su alcance la jaló para llamar su atención.

Como eso tampoco dio resultado decidió ver que era tan importante. Debido a su escasa altura (en realidad no media ni la mitad de una mano), no pudo darse cuenta que el castaño observaba una casa:

Modesta, de dos plantas, sin jardín enfrente ni cerca. Los escalones que eran alumbrados por una lámpara arriba de la puerta estaban separados de la acera por escasos cinco o seis pasos.

Tampoco pudo ver que dentro se divisaba una sombra que se movía de un lado a otro y que de vez en vez encendía alguna que otra luz en la casa.

La había encontrado, pensó el castaño.

Después de dar varias vueltas, y perderse un par de veces pudo dar con la casa que había buscado. Con una extraña esperanza de encontrar a más de una persona se quedó espiando afuera,

Un movimiento en la casa lo puso en alerta nuevamente, dejando de lado sus pensamientos, otra sombra apareció, mas baja y delgada.

Es ella, se dijo a sí mismo.

Debía ser ella.

Su pequeña hada lo seguía mirando atentamente, esperando que soltara de un segundo a otro algún manotazo por verla volando cerca de su oreja; se aventuró mas y le jaló un mechón de cabello justo en la nuca, espero un grito pero nunca llegó. En vez de eso la tomó para meterla a su camisa antes de volver a poner en movimiento el vehículo.

A no más de cinco kilómetros llegaron a un lugar de aspecto acogedor. Una especie de posada justo a las afueras del barrio, con cinco pisos y un balcón pequeño en cada uno.

Antes de descender del auto miró al hada y le dijo que no se moviera.

Cuando tomó el pomo de la puerta una campanilla indicó su entrada.

Un par de miradas lo recorrieron de arriba abajo al verlo entrar tan ligero de ropa en pleno invierno.

-"Buenas noches"-le dijo la calida voz de una señora detrás del mostrador.

-"Quisiera un cuarto"-la mujer pareció ignorar su falta de cortesía y se giró para buscar una llave.

-"Sólo tenemos libre un cuarto del tercer piso, tiene algunos problemas con las luces..."-

-"Ese está bien"-le interrumpió

-"Bueno hágame el favor de llenar esto"-le pasó un formulario y un bolígrafo.

El castaño procuro poner el mismo nombre falso que había puesto al rentar el auto y se lo entregó.

-"¿Quiere que alguien suba su equipaje?"-continuó la mujer.

-"No"-y tomó la llave para dirigirse a las escaleras.

El tercer piso no tardó en aparecer. Mientras caminaba sintió las miradas de algunos de los otros huéspedes que parecían estar tomando té en una mesita justo a la derecha de las escaleras. El castaño dirigió la mirada hacia el número de las habitaciones, ignorando los gestos amables, hasta que dio con la que coincidía con la llave en su mano.

Era un cuarto pequeño, sin mas que una cama y una puerta que esperaba que fuese el baño. No era quisquilloso pero esa habitación parecía uno de los armarios de su casa. Inclusive su habitación en la escuela era mínimo unas tres veces ese lugar.

Dejó la bolsa en el piso y caminó hasta la ventana. Sin miramientos la abrió completamente y se dejó caer en la cama. Poco a poco la fría brisa entró para volver mas helado el ya de por sí frío cuarto.

La hadita luchó contra el peso del ambarino para no morir asfixiada, en cuanto sintió algo moverse debajo suyo Xiao Lang se dio cuenta que nuevamente había olvidado a su zumbante proyecto de Artes Naturales. Se giró hasta quedar boca arriba dejando respirar al insecto dorado.

La luz que desprendía el mítico ser bastó para iluminar un poco la habitación. De techo y piso blanco con un armario pequeño al fondo y una cómoda a lado de la cama sosteniendo una lámpara que parecía luchar con los años y un teléfono que aún era de disco.

Así como la noche avanzaba la temperatura parecía disminuir, la suave brisa que se colaba a través de la cortina ahora era un viento que simulaba los quejidos de un moribundo. Inclusive el hada empezó a tiritar, haciendo vanos intentos por cerrar la ventana.

Ahogando un quejido Xiao Lang se levantó de la cama para cerrar la dichosa ventana.

Se volvió a recostar mirando perdidamente el techo hasta que sintió algo acercarse.

Un extraño poder que a pesar de serlo le era familiar.

Se levantó nuevamente y tomó al hada que volaba lentamente inspeccionando la habitación. De un solo movimiento de su mano izquierda protegió el cuarto y escondió su aura por completo.

Encerró al hada en una burbuja y guardó silencio. Los golpes y patadas por la libertad no tardaron en mostrarse, inclusive intentos de morder la burbuja, pero aun así nada surtió efecto, era indestructible.

Segundos después algo pareció chocar contra su escudo protector. Reconoció la magia casi de inmediato. Su Madre lo estaba buscando.

A través de la delgada cortina pudo vislumbrar un extraño pájaro de larga cola y extraño color dorado con verde. Los buscadores de la Familia eran hechizos diseñados para rastrear el tatuaje que llevaba en el hombro, es decir, solo buscaban a los Li.

Giró la mano lentamente hacia la derecha moviendo al mismo tiempo al pájaro.

De su cuerpo desprendió algunas luces que salieron como estrellas fugaces, segundos después el animal pareció aturdido pero empezó a volar con velocidad intentando alcanzar los destellos de luz.

Ese hechizo lo haría seguir falsas pistas hasta que pudiera cumplir su cometido.

Sabiendo que no lo encontrarían aunque su Madre sacara la parvada de buscadores liberó al hada y se volvió a tirar en la cama. Pero a pesar de eso no quito el escudo de la habitación y tampoco liberó su aura.

La noche y la sonrisa de la luna desaparecieron para dar paso a una mañana bastante más fría que el día anterior. Cuando los primeros rayos de luz se colaron por la ventana Xiao Lang ya estaba despierto y meditando, mirando a la nada en la mitad de la habitación.

Con posición de loto relajó la respiración y buscó. De la manera ancestral y más básica, la primera forma de búsqueda que le enseñaron, la magia de sus antepasados, la magia de Clow.

Desde Hong Kong eso era difícil, el lugar estaba lleno de auras y de toda clase de presencias, necesitaba de mucha energía vital, pero desde Japón todo era más fácil.

Gradualmente su respiración disminuyó a un nivel mínimo, los latidos de su corazón eran prolongados y lentos. La negrura de su mente empezó a mostrar imágenes, como si hubiese salido de su cuerpo y recorriera todo Japón a velocidades desconocidas.

Lentas y pausadas palabras salieron de sus labios en el conjuro que aprendió siendo un niño:

"Gyoku tei yuu choku shin ken shi hou kin moku sui ka do rai fuu rai den shin choku kei ma heki reki den kou ten kyuu kyuu nyo ritsu ryou!".

Avanzó rincón tras rincón, poco le faltó para levantar las piedras, pero absolutamente nada. Ni Cards, ni guardianes ni Card Master. ¡Nada!

Salió de su trance lentamente hasta que la negrura en su mente volvió a aparecer pudo abrir los ojos. Cansado se dejó caer hacia atrás resintiendo que no hubiese alfombra y que no trajera camisa.

Una hora mas tarde ya sentía el viento recorriendo su rostro y cuello, pisó el acelerador del auto para intensificar la sensación hasta que llegó a una calle de la casa que había encontrado el día anterior. Estacionó y tomó al hada (contra su verdadera voluntad) poniéndola en la ya conocida bolsa de la camisa empezó a caminar.

La casa que buscaba se mostró al final de la calle, mientras caminaba la miraba fijamente, tratando de atravesar las paredes y confirmar lo que necesitaba.

Cuando estuvo justo enfrente tuvo la suerte de que un vecino sacara a pasear a su perro. El cuadrúpedo animal se paró en dos patas sobre el ambarino saltando ligeramente para alcanzar el refugio de su hada.

Xiao Lang dio dos pasos hacia atrás y antes de que lo mandara lejos con sólo sacudir la mano decidió investigar.

-"Disculpelo no suele ser así"-le susurro el dueño mientras llamaba al perro. -"¿es nuevo por aquí?"-

-"Estoy buscando a alguien"-hizo el mayor esfuerzo para su voz no saliera áspera y descortés. -"¿Conoce a los Kinomoto?"-

-"¿Kinomoto? ¡Claro! Vive enfrente"-señaló la casa delante de ellos, del otro lado de la acera. -"Es muy reservado y casi no está en casa, según sé es medico..."-el castaño asintió.

-"¿Y su hermana?"-

-"¿Hermana?"-reflexionó siguiendo con la mirada el caminar de su mascota. -"... he visto a una chica mas joven, como de tu edad, pero no sé si es su hermana..."-su perro emprendió la carrera por lo que tuvo que disculparse y salir corriendo tras él.

Ese era el momento de averiguarlo ¿no? Darle fin a esa extraño escozor en el estomago y poder regresar.

Su determinación pareció no ser la suficiente, se quedó pasmado viendo la casa de enfrente, como si ésta fuera un gigante a punto de aplastarlo.

Alguna fuerza salió de su interior obligándolo a atravesar la calle yendo contra toda lógica posible.

Cinco, cuatro, tres, dos... ya estaba a un paso de tocar el timbre.

Tocó y esperó.

Volvió a tocar pero nadie respondió. Después de media docena de timbrazos llegó a la conclusión de que no le abrirían. Regresó sobre sus pasos hacia su auto.

Obedeciendo la presión de su estomago buscó un lugar para comer mientras hacia algunas llamadas.

Cualquiera pensaría que alguien que mete un trozo de pan a la bolsa de su camisa va a llevarse algo de lo que sobró del almuerzo para comer después, pero era en realidad el almuerzo para el dorado ser alado que se escondía ahí.

Pagó la cuenta y salió del lugar cuando un curioso no dejaba de mirar fijamente como se movía la parte de arriba de su camisa.

Según le informaron tendría que esperar todo el día antes de que el mayor de los Kinomoto regresara a su hogar. Y suponía que sería lo mismo con ella...

Después de varias horas de ociosidad se recriminó no haber traído un libro. Decidió regresar a la posada y mirar el techo o algo parecido...

No sabía como es que las personas normales podían tener tanto tiempo libre. Desquiciado miró el reloj para darse cuenta que faltaban quince para el medio día. ¡Eso era imposible!

Aparcó y sin responder saludos subió a su habitación.

No podía estar sin hacer nada. Encerró el lugar en una burbuja de silencio, se sacó el hada de la camisa (que para su desgracia aun tenia migajas de pan) y meditó.

Silencio sin interrupciones, era lo único que estaba pidiendo, aunque en el fondo sabía que era imposible teniendo un hada que zumbaba y zumbaba. Volaba y zumbada, aleteaba y zumbaba ¿Qué no podía callarse?

Abrió los ojos harto de no poderse concentrar. Buscó a la causante del ruido y la encontró tratando de liberar al gigantesco (en comparación con ella) oso de felpa de la bolsa donde estaba. Después de muchísimo esfuerzo lo consiguió sacar para restregarse con alegría sobre él, disponiéndose a dormirse encima de su barriga.

Xiao Lang la miró con furia, pero ella ni siquiera lo notó. Completamente feliz se enroscó para descansar, eso de viajar en una bolsa sin poder volar ni moverse la cansaba demasiado.

El castaño dejo de mirarla, era algo que no podía solucionar aunque quisiera. Olvidándose del bicho entrometido se metió al baño y se duchó.

Un poco más relajado se tiró a la cama con la toalla enrollada en la cintura.

Sin darse cuenta el vapor que desprendía el baño envolvió al cuarto en una calidez de somnolencia. Poco después ya estaba dormido.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Terminar el turno cuatro horas después de lo supuesto era ya normal en la rutina del Dr. Kinomoto. Firmó el papeleo que tenía pendiente y tomó su gabardina del perchero situado en la oficina de Jefe de Cirujanos.

Colgó el estetoscopio junto a su inmaculada bata y se propuso ir a casa.

Mientras salía una de las enfermeras lo interceptó con el historial de otro paciente que debía ser firmado. Solucionó todo con un bolígrafo y siguió su camino.

-"Pensé que tardarías mas"-

-"No tenías porque esperarme"-

-"Lo sé"-

El camino al estacionamiento fue silencioso. Al llegar al auto se detuvieron, Touya le quito la alarma y le abrió la puerta a su acompañante.

-"Pasaré por Yuki"-comentó mientras se disponía a encender el motor.

-"Me adelantaré para calentar esto"-señaló un paquete que descansaba en sus piernas. -"... tengo demasiada hambre para esperar tanto"-sonrió.

-"No tienes..."-

-"Ya lo sé Touya. Sólo somos amigos y vivimos en la misma casa porque no puedo pagar un alquiler yo sola, no tienes que repetirlo"-había un tono triste en sus ultimas palabras.

-"Suu"-los ojos de la chica resplandecieron ante la mención de su nombre.

-"El semáforo ya está en verde"-le indicó y no volvió a decir nada.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Al final el encontrar el oso de felpa pareció favorecer al castaño más de lo que llegó a pensar. Tal parecía que tenía un poder somnífero sobre su alocada hada, en cuanto lo tocaba o acariciaba se acurrucaba sobre él y caía profundamente dormida.

Esto logró darle al menos unas horas sin zumbidos ni aleteos durante la tarde.

Posicionado en su auto como un espía, esperaba que las luces de la casa de enfrente se encendieran como muestra de la llegada de sus habitantes. Sirviéndole esto para comprobar si todo lo que le habían dicho era cierto.

Ya entrada la noche vio acercarse a una chica. Caminaba lentamente por la acera contraria a la que él estaba estacionado, sostenía un paquete blanco con las dos manos y movía los labios entonando o tarareando alguna canción.

Xiao Lang agradeció su buena vista, ya que pudo notar una cabellera castaña contonearse al ritmo del viento.

Trató de encontrar su aura, pero no desprendía absolutamente nada.

Tiene que ser ella... le dijo algo dentro de sí. Convenciéndolo.

Mirando lo mas fijamente que pudo se percató como se desviaba de su camino recto justo frente a él. Después de detenerse a buscar algo abrió la puerta dándole luz a toda la casa.

Algo se aprisionó de Xiao Lang. Una sensación extraña lo recorrió por completo, dejándolo paralizado. Como si martillo y clavos imaginarios lo aprensaran al asiento.

Mientras tanto podía verse dentro de la casa como una sombra se movía de un lado a otro. Las cortinas claras permitían que la luz lo dejase imaginar sus actividades. Tal vez recogía la casa o preparaba la cena...

Ignorando todo lo que le sucedía, así como esos pensamientos extraños, tomó con toda la delicadeza que pudo el oso de felpa y lo metió a la guantera con todo y hada. Esperaba que no se asfixiara ahí dentro pero no se la podía llevar.

Después de esperar algunos segundos mas se dispuso a terminar con todo ese melodrama barato. Se pararía frente a ella le diría que corría peligro que lo mejor era que buscase una solución para evitar que la mataran y se iría.

Si. Eso haría.

Aunque también podría saludarle y tomarse un café con ella.

No. La primera opción era la más conveniente.

Alzó la capota del auto y tomó las llaves. Era raro, se sentía lento y torpe.

Cerró la puerta con demasiada fuerza y empezó a caminar. Justo como en la mañana la cuenta regresiva de pasos empezó. Tres, dos... ya estaba ahí.

El sonido del timbre y un ligero grito de Voy en un segundo parecieron ocasionarle una extraña erupción en la piel. ¿O era un escalofrió?

La puerta se abrió develándola.

-"Otra vez dejaste las llaves Touya..."-la chica abrió los ojos de la impresión al ver a un joven que no era el dueño del nombre parado frente a ella. -"Oh. Disculpe ¿se le ofrece algo?"-

Esa cabellera no era castaña. Era rubia. Los ojos no eran verdes sino azules oscuro. Ella no podía ser...

-"¿Sakura?"-se escapó de sus labios.

Hubo un momento de duda después todo pasó en cámara lenta.

-"¡Tú!"-un grito casi infernal. -"¡Maldito Gaki!"-lentamente se giró. Su instinto le hizo esquivar al hombre que con la cara distorsionada por la furia se le abalanzó encima.

-"¡Espera Touya!"-la voz de un hombre de gafas que vanamente intento contener por lo hombros al otro hombre.

-"¡Bastardo!"-volvió a gritar ante el semblante completamente serio del menor. -"¡Reconocería tu cara donde fuera!"-y nuevamente intento golpear al chico que lo evitaba moviéndose rápidamente de lugar.

-"¡Touya!"-ahora el grito fue de la chica que salió de la casa descalza, completamente sorprendida. Nunca lo había visto actuar así. -"¡Yuki detenlo!"-el aludido trató de intervenir nuevamente pero el moreno se lo impidió.

-"¡Voy a hacer lo que Sakura no pudo!"-Xiao Lang lo vio acercarse a toda velocidad. A punto de ser arrinconado contra la ventana de la casa se deslizó hacia la izquierda. El mayor pareció leer su movimiento y de un puñetazo hundió la mejilla del castaño.

Las otras dos personas ahogaron un grito al ver al joven en el piso con un hilillo de sangre corriéndole por el labio.

Xiao Lang se puso de pie, desvió la cara y escupió el sabor metálico de su propia sangre. Miró fijamente al hombre parado frente a él, como su respiración se agitaba en un segundo intento de golpearlo.

Touya emprendió el ataque, ese pedazo de mierda pagaría todas y cada una de las lagrimas que le hizo derramar a su hermana con sangre, y él se encargaría de eso. Se aproximó saboreando su éxito... Antes de poder darle el anhelado segundo golpe fue detenido en seco, para su desgracia, y sin poder volver a hundir la mejilla del menor.

-"Nunca se repetirá"-le dijo Xiao Lang cansinamente. Apretó el puño que había detenido a lado de su cara antes de soltarlo y alejarse un paso.

Touya sintió todos los dedos de su mano entumecerse ante el apretón que le dio. Como si le hubiese quitado la fuerza.

-"¡¿Qué rayos quieres aquí?!"-grito después de darse cuenta que ya no podría atacarlo. Su mano ya no respondía.

Xiao Lang desvió la vista de su atacante y sintiendo como se volvía a llenar su boca con el sabor a sangre tuvo que volver a escupir. No le respondió.

Al ver la escena mas tranquila la chica se aventuró a acercarse a su compañero revisando la mano que sostenía con la otra.

-"Se está hinchando"-sentencio -"... necesitas hielo..."-el mayor la ignoró.

-"¡No me has contestado!"-volvió a gritar dirigiéndose al castaño. -"... espero por tu bien que no la estés buscando"-dijo por lo bajo.

Xiao Lang centró su mirada en el chico de lentes. Cómo era posible que no cambiara ni un ápice. Era el chico por el que estuvo confundido en su infancia. Era el conejo, la identidad falsa de Yue.

-"¿Dónde...?"-si él estaba ahí, ella debía estar cerca.

Era su guardián. Y el guardián de las Cards... no podían estar separados. A menos...

... que algo le pasara al Master.

-"Sakura no está aquí"-contestó Yukito después de mirar largamente a Touya como solicitándole la aprobación para poder hablar de su hermana. Y como si pudiera leer su mente agregó. -"... me separó de la otra identidad..."-

Xiao Lang no entendía. Esa clase de hechizos requerían de mucha magia, no lo haría a menos que lo considerara necesario.

-"Quería que viviera una vida normal"-siguió hablando Yukito contestando a las interrogantes no formuladas por el chico.

-"¿Dónde está?"-le interrumpió. Si había gastado su energía para separar al guardián de la Luna lo respetaba. Pero eso no era lo fundamental. Su paradero...

Yukito se quedó meditando que responderle. Touya por su parte apretó los dientes conteniendo el coraje, con ganas de volverlo a golpear para cerrarle la boca de una vez por todas. ¿Quién se creía para buscar a su hermana cuando se le diese la gana? Después de tanto maldito tiempo...

-"¡Lárgate!"-se adelantó a contestarle antes que el de gafas. -"¡Lárgate y no vuelvas!"-se alejó de la chica y caminó hacia el menor.

Xiao Lang no se movió ni siquiera se inmutó por la cercanía. Mantuvo la mirada fija en los ojos del otro, casi negros, como granos de café.

-"¡Sakura no está y no volverá nunca!"-el castaño entrecerró la mirada. -"¿Entiendes?"- Touya levantó la ceja con desdén. Aprovechándose de su altura mirándolo desde arriba. -"Desapareció para ti. Murió..."-Touya reflexionó unos segundos después de sus ultimas palabras, aun así ya las había dicho. -"¡Déjanos en paz!"-

Xiao Lang giró la mirada hacia el hombre de gafas. Intento leer sus ojos tal vez implorando que contradijera esa respuesta, pero solamente recibió esquivas. Yukito giró la mirada cabizbajo buscando en la acera algo más importante que lo que estaba pasando.

El castaño comprendió. Esa acción fue la silenciosa confirmación que necesitó.

O al menos eso intentó dar a entender.

Dio una última mirada a la desconocida chica reiterando que no era a quien buscaba y les dio la espalda empezando a caminar hacia su auto. Sintiendo las miradas clavadas en su espalda, en sus movimientos, en el tamaño de sus pasos, analizándolo de pies a cabeza.

No miró atrás, encendió el auto con rapidez y se perdió en la noche.

Una vez que lo vieron desaparecer salieron del trance en el que se encontraban.

-"Entremos"-sugirió la chica aun sin comprender del todo que era lo que había pasado ayudando a Touya aunque no fuese necesario.

-"¿Crees que la siga buscando?"-se atrevió a preguntar el mayor de los Kinomoto una vez dentro de la casa con hielo en la mano.

-"No lo sé"-le contestó el de gafas mirando de vez en vez hacia la puerta y como es que la chica tranquilizaba a un par de vecinos que habían salido a investigar por los gritos. -"... es demasiado extraño que la busque después de tanto tiempo, tal vez era algo importante"-reflexionó.

-"No le diremos ni una sola palabra"-sentenció Touya -"... ya le hizo demasiado daño"-Yukito se acomodó los anteojos y miró a su amigo.

-"Es algo que no debemos decidir nosotros. Lo mejor seria decirle a Sakura la verdad"-

-"¡No!"-

-"Touya"-

-"No Yuki. Ese gaki no volverá a hacer llorar a mi hermana, además... dudo mucho que la encuentre"-

-"Pero ella también está en Hong Kong"-

-"Si la hubiese encontrado allá no habría venido a Hokkaido"-la presencia de la chica dio por terminada la conversación sobre Sakura.

-"¿Quién era ese chico?"-los dos temían esa pregunta.

La chica llevaba viviendo con el moreno ya una tiempo, pero no lo suficiente como para comprender que su hermana se había vuelto hombre porque había ido a estudiar magia. Que su mejor amigo era en realidad la apariencia falsa del guardián mágico de su pequeña hermana y que él veía a los muertos y sentía las auras de los demás, así como ese extraño don para saber las cosas antes de que sucedieran.

No, sin duda jamás confiaría tanto en alguien como para contarle esas cosas.

-"Era un viejo amigo de la infancia de Sakura"-dijo Yukito.

La chica sabía (y había visto en las diversas fotos regadas por la casa) de la existencia de una hermana menor de ojos esmeraldas que estudiaba en el extranjero.

-"Ah"-susurró la joven moviendo las manos nerviosa -"... si era un amigo de tu hermana por qué lo golpeaste"-Touya soltó algo parecido a un bufido y Yukito se permitió una risa.

-"Ella estaba enamorada de él"-la chica sonrió ante la respuesta que le dio Yukito recordando a sus amores de la preparatoria.

-"Bueno entonces por qué le dijiste que estaba muerta"-Touya le clavó la mirada a la chica rubia pero eso ya no la amedrentaba para nada.

-"Suu"-el tono que usó el moreno le dijo a la chica que estaba pisando terrenos peligrosos pero aun así no cedió.

-"Digamos que él la lastimó demasiado tiempo y Touya como hermano celoso y sobreprotector se niega a decirle su paradero"-Yukito sonrió por dentro ante los gestos de enfado que ponía su amigo.

-"Ah"-si bien no se conformó con las respuestas dadas por Yuki decidió no indagar mas, al menos no en ese momento. -"... ya es muy tarde, cenemos"-

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Ya estacionado en el patio de la posada en la que estaba se vio en el espejo retrovisor. Ese labio hinchado y roto no era el recibimiento que se esperaba, pero en realidad nada pasó como se lo esperaba.

Recordando al hada que tenía por acompañante abrió la guantera.

Maldiciones.

Y algunos gritos.

Completamente encolerizada el hada salió como propulsión a chorro directamente hacia la mano que la había liberado encajando su diminuta boca en el dedo índice.

Xiao Lang sacudió la mano para quitársela viendo como un puntillo de sangre emanaba de su piel. ¡Lo que le faltaba! ¡Un hada carnívora!

-"¡Estás loca!"-le gritó metiéndose el dedo a la boca para succionar la sangre.

El hada le voló cerca de la cara, moviendo manos y pies señalando repetidas veces hacia la guantera y zumbando y zumbando y zumbando más. Desprendiendo polvo dorado en un acto de luz y sonido.

-"Como digas..."-y sin esperar mas se metió el hada a la bolsa de la camisa y salió del auto.

Antes de cerrar la puerta recordó que el oso le servia de cama a su movediza compañera así que lo jaló.

Ya estando en la habitación la dejó en libertad.

Cruzada de manos y con la cara roja como cereza le enseñó la lengua y se fue a acurrucar a lado del oso de felpa, esto sin dejar de zumbar y zumbar.

Xiao Lang se ganó un dolor de cabeza con demasiada facilidad. Intentando tranquilizarse un poco y no estrangular a ese bicho mutante se metió al baño y hundió la cabeza en el lavabo no sin ganarse un ardor en el labio que apenas dejaba de sangrarle.

El agua fría lo despabiló un poco, reconfortándolo al mismo tiempo que entumecía todos los músculos de su rostro. Cuando los minutos transcurrieron y el aire escaseo sacó la cabeza.

Chorreando agua del cabello empapó la camisa haciendo que se le pegara al cuerpo.

Incomodo se la quitó y la dejo colgando de la percha del baño. Mientras se disponía a volver a meter la cabeza en el lavabo los recuerdos de lo sucedido lo hicieron detenerse ante el reflejo de su rostro en el espejo.

Sakura estaba muerta.

Lo que acarreaba una cantidad de emociones que no se atrevía nombrar o a aceptar siquiera. Estaba muerta y ya no podría hacer nada, ya no podía seguirla buscando. Jamás encontraría algo que ya no existía.

No terminaba de entender por qué el interés que le surgió convirtiéndose en urgencia, al grado de salir de China sin decirle nada a nadie. Sólo para encontrarla.

Tal vez era esa necesidad de cerrar un ciclo. Terminar con algo, dejar atrás, continuar... poder seguir.

La innombrable demostración de emociones que sufrió esa noche en la soledad de su habitación no se repitió, ni se repetiría. Ahora solo había un extraño halo de resignación y seriedad.

Se sinceró consigo mismo después de algunos minutos.

La había querido con infantil locura. Una emoción desconocida para él en ese entonces y olvidada con el transcurso de los años. Ahora eso no era más que un desperdicio de tiempo en niñerías que jamás debió permitirse.

Su muerte era sorpresiva, inesperada. Como una ráfaga de viento que con violencia mueve todo a su paso. ¿Qué si había cosas que hubiera deseado decirle? Tal vez...

Quitó las manos del lavabo e ignoró su reflejo huyendo de más tiempo de reflexión. Trataría de descansar un poco, mañana regresaría a Hong Kong.

Cuando regresó a la habitación su hada parecía buscar el lugar más cómodo sobre la barriga del oso de felpa, moviéndolo un poco para acomodarse mejor. En cuanto lo vio zumbó algunas cosas pero se quedó dormida con rapidez.

El castaño hizo lo propio con la fría cama, despojándose de la ropa que le quedaba y cubriéndose con las almidonadas mantas que ahí había.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Todos siempre hacían escándalo de cualquier, aunque fuese insignificante, cosa que tuviera relación con el adorado Superior Li,

La noticia de su llegada al país esa mañana y su reintegro a clases hasta el siguiente día no fue el mejor postre que pudo recibir Kenishi durante el desayuno. ¿Qué acaso no había cosas mas interesantes de las cuales hablar?... al parecer no.

-"Dicen que resolvió importantes asuntos relacionados con su Clan en el extranjero, creo que fue a la India"-escuchó el parloteo mientras salían del Gran Salón.

-"Los lideres de clanes como el suyo siempre tienen cosas importantes que hacer..."-la idolatría de la que era protagonista el joven de cabellera chocolate casi asqueo a Kenishi.

Una vez fuera del salón resopló harto sin esconder su obvia irritación por la llegada de su vecino de habitación.

-"¿Estas bien Kenny?"-tres pares de ojos lo miraron fijamente mientras insultaba en su lengua natal. Sin detener sus insultos les contestó que sí y siguió caminando.

Para su sorpresa Eriol lo esperaba justo enfrente de la puerta de su dormitorio, con su pequeña hada sentada pulcramente en su hombro. El ojiazul pareció interrumpir su charla con el mítico ser para saludar a su amigo.

Kenishi lo invitó a entrar esperando que le confesara el motivo de su repentina visita.

-"¿Sucede algo...?"-se aventuró a preguntar al darse cuenta que Eriol sólo sonreía sin indicios de nada.

-"Es lo mismo que yo quiero preguntarte desde hace tres días..."-

¿Tres días? Pensó Kenishi. Hacía tres días que él había discutido con el castaño diciéndole... que estaba muerta...

Se quedó helado y desvió la mirada con rapidez.

-"¿Qué pasó entre Xiao Lang y tú?"-por un momento le asustó la capacidad de indagación que tenía su amigo de la infancia.

Le regresó la mirada y suspiró.

-"Nadie puede engañarte verdad"-no esperó la afirmación innecesaria -"...discutimos, quería saber dónde estaba Sakura. ¡Jamás le diría!"-complementó sintiendo la rabia otra vez -"... es absurdo que quiera las Cards..."-Eriol lo miró dudando.

-"¿Las Cards?"-

-"Me dijo que necesitaba encontrarme para recuperarlas"-Kenishi vio la duda en la mirada de Eriol por algunos segundos.

-"Es absurdo..."-contestó.

-"Lo sé..."-los ojos azules del ingles se escondieron detrás de una sonrisa que trató de tranquilizarlo. -"... ¿sabes que quiso decirme con eso?"-

-"No"- pero lo averiguaré añadió para sí.

-"Te creo. Yo estoy muy sorprendido por su palabras... pero sabes... ayuda decepcionarse de las personas. Cuando ya tocaste el fondo sólo nos queda ir hacia arriba ¿no? Ya comprendí que el amor no es eterno, caduca, como todo, llega a su fin y si es un amor que sólo siente una persona el tiempo se reduce a la mitad"-Eriol percibió la tristeza y resignación en su tono de voz. -"... se va a casar y yo regresaré a Japón en cuanto termine la Escuela, nuestras vidas volverán a tomar rumbos distintos, yo deseo ser feliz... y también se lo deseo a él..."-el abrazo de Eriol impidió que sus palabras continuaran.

-"Se fuerte"-le susurró. -"... nada de esto debió pasar..."-reflexionó. -"... ahora solo nos queda afrontar lo que siga con fortaleza. Estoy contigo"-esas palabras le bastaron para sonreír un poco.

Sonreír, sonreírle a la vida.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Decir Hogar, dulce hogar no sería viable jamás para él. Su hogar, en primera ni era dulce y dudaría en considerarlo verdaderamente un hogar.

En cuanto cruzaba las altas y blancas puertas se sentía asfixiado.

Dos minutos después de que dio el primer paso en las escaleras su Madre ya estaba enterada de su llegada. Como al parecer se encontraba reunida con algunas visitas le mandó una nota con tres simples palabras: Una y media.

La hora exacta en que lo estaría esperando en el Salón de su uso personal, al final de sus habitaciones.

En realidad no se hallaba ahí por gusto, sus planes habían sido regresar directamente a la Escuela, pero en cuanto descendió del avión seis hombres lo esperaban, con facha de matones a sueldo y obviamente enviados por su Madre.

-"Lo escoltaremos a su casa"-le dijo uno al acercarse y señalarle el camino hasta la limusina.

Y ahí se hallaba.

En su casa.

Ignoró las reverencias mientras se encaminaba al ala de la casa en la que se encontraban sus habitaciones. Una vez dentro el aire pareció regresar a sus pulmones. Pudo dejar en libertad a su hada y tirarse sobre un sillón agotado.

Faltaban mas de tres horas para la reunión con la Matriarca por lo que ya habría tiempo para el baño y todo lo demás.

Dos golpes le indicaron la llegada del té que había solicitado.

Su mayordomo personal entró cargando la bandeja de plata con el servicio.

Xiao Lang estuvo apunto de hacerlo salir rápidamente hasta que notó de quien se trataba.

-"Justo como le gusta joven Xiao Lang"-le dijo amable después de servirle la taza de té negro.

-"Gracias Wei"-al único al que le dirigía la palabra, la única persona en toda la casa que recibía un agradecimiento por parte del próximo líder.

Su entrenador cuando niño y fiel mayordomo.

-"Nos tuvo preocupados joven"-tambien la única persona que no temía decirle lo que pensaba y de vez en vez reprenderlo. -"... ni siquiera los buscadores dieron con usted"-Xiao Lang no podía enojarse ni pedirle que no se entrometiera. Wei había sido una figura paterna para él.

-"Lo sé"-fue su única respuesta pidiéndole sin palabras que no preguntara nada.

-"¿Algo para ella?"-señaló el mayordomo viendo fijamente al hada mientras se disponía a sacarle todas las plumas de relleno a una de las almohadas.

-"Una jaula"-el mayor sonrió y se acercó a agarrarla. -"cuidado Wei, muerde"-recordó la cicatriz en su dedo que lo corroboraba.

Sin hacerle caso a la temida advertencia del castaño Wei le extendió las manos. El hada se quedó mirándolo confundida. Levantándose y levantando con ella varias plumas sobrevoló cerca de Wei, se sintió feliz y se sentó sobre las manos calidas tarareando una canción.

Xiao Lang rodó los ojos, todos hacían parecer que el bicho ese era "lindísimo", pero era carnívora, gritona y repugnante.

-"Te la regalo"-le dijo al mayordomo cuando éste le acariciaba las alas sacándole unos cuantos zumbidos de felicidad.

Después de unos minutos Wei se retiró diciéndole que le prepararía el baño.

Xiao Lang se lo agradeció y sorbió el té con calma, perturbándose un poco por lo que su Madre quisiera discutir. No es que le atemorizaran sus palabras, hacía ya años que eso no sucedía. Pero su Madre... bueno era su Madre, la respetaba, y eso fue lo único que se permitió pensar.

El tiempo pasó mas rápido de lo que hubiese deseado.

Dos minutos antes de que fuese la hora se encontró tocando la puerta de las habitaciones de su Madre.

Una de sus damas de compañía le abrió y después de una inclinación lo condujo por la que fungía como sala. No se detuvo a escudriñar esa habitación casi desconocida para él, las veces que había entrado se contaban con los dedos de una mano, además, siempre que entraba ahí algo cambiaba en su vida.

La chica frente a él abrió otra puerta y se encontró con otra chica vestida igual quien fue la que terminó de llevarlo ante el despacho de su progenitora.

-"Ya lo está esperando"-le dijo y abrió la puerta inclinándose.

El cuarto era amplio. Tapizado con fina madera en las paredes y en el piso. Algunos tapetes de colores dorados y rojos le daban un ambiente calido al lugar, así como las cortinas blancas que dejaban pasar la luz de la tarde recién iniciada.

Había cuadros con tanta antigüedad como su misma familia, algunos grabados y muchos paisajes. Al fondo había un escritorio con dos sillas de piel enfrente.

La entrada a la terraza era protegida por una puerta corrediza, misma que en ese momento le permitió pasar y sentarse frente a su progenitora quien miraba (sin hacerlo realmente) los jardines debajo.

Como si su presencia la interrumpiera lo miró con desdén. Sorbió de la taza que descansaba en la mesa de cristal e hizo contacto visual nuevamente.

Xiao Lang se inclinó ligeramente en la silla como saludo y la miró largamente a los ojos, esperando.

-"Ojala tu viaje de liberación haya sido reconfortante"-definitivamente su tono no parecía molesto en lo absoluto -"... hubieras tenido la delicadeza de avisarnos"-

-"No lo creí necesario"-

-"Pues debiste creerlo"-Xiao Lang se mantuvo serio. -"... no me gustó para nada que desviaras a los buscadores sabes que tu deber y responsabilidad es para con la Familia, tal vez no te hayas dado cuenta del papel que representaras en algunos años"-hizo una pausa. -"... no puedes desaparecer cuando gustes, no puedes hacerlo, implica un gran riesgo, puedes ocasionar una guerra entre clanes si desapareces así"-

-"Eso es muy dramático incluso para usted Madre"-escondió el desdén de su voz. -"... si desaparecí de esa manera fue porque tengo la libertad de hacerlo"-su Madre no movió el rostro ni un ápice ante sus palabras. -"... además, una guerra entre clanes se daría si muriera no si desaparezco de repente"-sonrió -"... agradezco su preocupación pero es innecesaria"-

-"No tengo tiempo para discursos de ese tipo. No me he preocupado por ti desde el momento en que naciste, fuiste criado para ser fuerte"-hizo una pausa para escuchar el trinar de unos pájaros al pasar cerca. -"... este viaje tuyo me hizo reconsiderar tu nivel de responsabilidad. Necesito dejar claras las obligaciones que tendrás en cuanto el peso de todo el Clan caiga sobre ti, para lo cual tengo que prever algunas cosas. El porvenir de siglos y siglos de historia familiar no se pueden conseguir solo, tu compromiso con Fei-Han será oficial este fin de semana"-Xiao Lang casi se sorprende pero no pronunció ni una silaba. -"... la boda será el año próximo, terminaras la Escuela y yo por fin podré descansar..."-sorbió otro poco del té que para su desagrado ya se encontraba frío. -"... ya está todo preparado, tu traje sólo necesita ser ajustado un poco, el modisto te visitara en la Escuela para ultimar detalles y el sábado por la tarde será la ceremonia, los Zhou han aceptado que se adelantara el compromiso..."-

-"Veo que no ha perdido el tiempo Madre. Me fui unos días y adelantó el compromiso casi tres semanas, no me imagino que pasaría si me fuera un mes..."-

-"Espero que tu viaje tampoco haya sido una perdida de tiempo Xiao Lang. Recuerda que no es el momento para arranques adolescentes. Te casaras, tendrás hijos y me comprenderás..."-el castaño parpadeó lentamente...

Comprenderla... eso era precisamente algo que jamás haría...

-"... ve a prepararte los Zhou estarán aquí para la cena. Y trata de cubrirte ese labio roto y las cicatrices de los nudillos pareces un peleador callejero"-y con eso dio por finalizada la conversación regresando nuevamente su mirada a los jardines de abajo.

Xiao Lang no tardó en reaccionar y se inclinó antes de salir aunque su Madre ni siquiera lo notase.

Definitivamente cada que visitaba las habitaciones de su Madre algo cambiaba en su vida, y aunque fuera difícil aceptarlo esta ocasión estaba entre las menos peores.

Un ciclo había terminado, había dado cierre a ese momento de su vida que lo ataba al pasado. Una extraña picazón en el pecho le decía que en definitiva no le era indiferente la muerte de ella, pero Fei-Han aparecía como una nueva posibilidad. No la amaba, ni siquiera la conocía, pero no se podría negar la oportunidad de hacerlo.

Una inusual sonrisa se poso en sus labios sorprendiendo a todos y cada uno de los sirvientes que lo veían pasar. Él nunca, nunca, nunca sonreía.

Regresó a su habitación dándose cuenta de lo consentida que Wei tenia a su diminuta bestia. Una sonrisa inundaba su cara mientras pellizcaba los malvaviscos de colores a su alrededor.

Pero eso tampoco le importó.

Se dejo caer sobre su cama, mirando su conocido techo y respiró tranquilo. Nada nuevo había en él, siempre blanco, sin alteraciones, ni siquiera una mancha, ni polvo... ni nada. Su mirada se empezó a perder el color de la paz y algunas imágenes recorrieron su mente.

Sabía que no era un sueño, pero se sentía como uno.

Y estaba ellasonriente como siempre, destellando alegría y con un halo de luz detrás de su cabeza. Podría incluso pasar por una santa.

Sus ojos, siempre verdes, no sabía que era lo que pasaba cuando los miraba, Siempre que sus ojos venían a su mente algo lo paralizaba como una inyección letal. En medio de su ensoñación ella le extendió la mano, diciendo su nombre sin pronunciarlo, solo moviendo los labios finos y rosas. No pareció dudarlo ni un solo segundo, la tomó de la mano y sintió su calidez.

Esa calidez transformada en hormigueos por todo el cuerpo.

Todo parecía tan bien, la seguiría sin importar a donde. Viendo su cabello castaño moverse a cada paso.

Algo pasó y se detuvo abruptamente, soltándola. Su imagen desapareció así como llegó y una cara llena de furia lo enfrentó.

Para su sorpresa tenía los mismos ojos verdes. Su mente trató de reconocerlo, sorprendiéndose a sí mismo al saber que era su compañero de cuarto el que estaba en su sueño.

Los golpes en la puerta lo hicieron despertar.

Wei aparecía sonriente.

-"Joven, los Zhou llegan en media hora... ¿quiere que le prepare algún traje en especial?"-negó con la cabeza.

-"Mi Madre no especifico si era demasiado formal. Bastara una camisa y un saco ¿no?"-

-"Supongo que si"-el mayordomo se aproximó al armario del chico y sacó un par de perchas que le extendió a su lado. -"No tarde demasiado en bajar, los Zhou son muy puntuales"-y salió para dejarlo cambiarse de ropa.

Unos minutos después el castaño se puso de pie, en un santiamén ya estaba listo. Pantalones pulcramente planchados y negros, camisa entre blanco y perla y un saco negro en conjunto.

Nada del otro mundo en realidad.

Dio por terminado su intento de peinarse y bajó a la sala.

Su Madre estaba hablando por teléfono por lo que se quedó de pie viendo los cuadros que adornaban el lugar como si nunca antes los hubiese visto.

-"Ya entraron a la mansión"-le anunció su progenitora levantándose y mostrando su altura y solemnidad. Cubierta por un vestido blanco que parecía sencillo pero que era una pieza fina y hecha justo para ella.

Xiao Lang la miró de reojo y se sorprendió lo joven que se veía a pesar de su edad. Las arrugas todavía no invadían su blanquecino rostro y cualquiera que lo pensara no creería que esa fina cintura hubiese visto a cinco hijos.

Mientras la seguía analizando uno de los mayordomos anunció a los Zhou.

Tres personas aparecieron serias en el umbral de la Sala. La Matriarca dio una leve inclinación como saludo al igual que su hijo. El Padre, la Madre y la que sería su prometida se doblaron casi a la mitad en respuesta.

-"Buenas noches"-habló Ieran moviendo el brazo para que Xiao Lang la escoltará hasta el comedor.

Una vez ahí el castaño empujó la silla de su Madre y después la de Fei-Han quien le dio una sonrisa ligera como agradecimiento.

La Madre de la chica era casi una copia suya, de baja estatura pero poseedora de la misma pulcritud que su propia Madre, hablando lo necesario, moviéndose lo necesario, siguiendo el canon de comportamiento entre clanes.

El Padre era alto, más que él mismo, de cabellos negros como la menor, de ojos también oscuros y de ceño siempre marcado. Parecía estar molesto, pero esa era en realidad su mueca de siempre. Se mantenía silencioso, era mas que cierto que su clan se dedicaba a la crianza de "esposas perfectas", pero eso nunca fue causa de orgullo, era en cambio causante de su siempre ceño fruncido.

La cena fue silenciosa. Su Madre siguió tocando temas centrales sobre la importancia de que se adelantase el compromiso. Lo bueno que seria la unión de las dos familias.

Pero todos en esa mesa sabían que el matrimonio era ventajoso para los Zhou, no era un clan de su nivel, pero cuando la Matriarca decidía.

Nadie tenía el poder ni la vida para contradecirla.

Intencionalmente su Madre decidió que ellos no tomarían el café en el salón, sino que saldrían a los jardines para que Xiao Lang le mostrara las petunias a Fei-Han.

Una de las damas de la matriarca los siguió de cerca, solo para que no se levantasen comentarios innecesarios.

Ninguno habló.

Xiao Lang levantó los brazos a su cabeza, como cuando niño. Abandonó el saco antes de bajar la escalerilla para el jardín y le tendió la mano a la chica para ayudarla.

-"Gracias"-el castaño recordó que le gustaba su voz. Tranquila y casi melodiosa.

El contacto de sus manos sólo fue el necesario.

En el jardín la noche era desafiada por algunos faroles que estaban justo arriba de las bancas de cemento que servían para el descanso de los visitantes. Y era más que necesario porque los jardines eran descomunales.

El silencio era roto por el cantar de los grillos y la charla que mantenían algunas ranas cerca del lago artificial por el que caminaban. Una noche tranquila de luna radiante.

Fei-Han mantenía un sonrojo en sus mejillas, que no se opacaba por nada, ni por el frío viento de la noche. El castaño miraba al frente sin mirarla siquiera.

Se sentaron en la banca que estaba más próxima a la orilla del lago. La luna en su plenitud se reflejaba distorsionada por lo peces que ahí nadaban.

Ambos miraron al frente sin atreverse a dirigirse la palabra. Se casarían era cierto, pero no se amaban, es mas, ni siquiera se conocían...

¿Cómo compartir una vida de esa manera?

-"Espero que su viaje haya sido placentero"-dijo después de un tiempo la chica. Volteando para deleitarlo con una sonrisa.

-"No me hables de usted Fei"-la chica sonrió mas tranquila, respirando. -"... y en realidad no fue el mejor viaje que pude haber tenido"-el castaño después se preguntaría porqué hablaba con ella con tanta familiaridad.

-"Que pena"-y no dijo mas al respecto. Volviendo a sumergirlos en el silencio.

Cuando eso se ponía insoportable para ambos Xiao Lang empezó a jugar con una flama entre sus dedos, esto porque la luz de los faroles parecía fallar.

La chica miró la flama y sonrió. Invocando en su propia mano una llamarada que opacó al castaño.

Xiao Lang reaccionó al verla y sin quererlo sonrió.

-"Me gusta el fuego"-le dijo sonriente la chica mientras ligeras llamas caían como estrellas fugaces sobre el lago de enfrente.

-"A mi me gustan mas los rayos"-comentó después Xiao Lang. La chica soltó una carcajada al ver estrellas hechas de la luminosidad de los rayos hacerle compañía a sus flamas.

-"Somos peligrosos juntos"-

-"Prefiero pensar que hacemos buena pareja"-ni siquiera Xiao Lang supo porque le dijo eso, pero la sonrisa que recibió a cambio lo valió.

Mientras ambos veían las luces que crearon morir en el agua algo se aproximó a ellos. Una ráfaga de polvo dorado y chillidos le hizo saber a Xiao Lang que su bestia mutante estaba cerca.

Se levantó estrepitosamente al verla. Actuando como si fuera a matar a la chica enfrente de él. Pero Fei-Han quedó maravillada, acercándose le extendió las manos para poderla tocar.

-"Es carnívora"-repitió su advertencia, pero la chica solo lo miró incrédula y la tomo entre sus manos.

-"Es hermosa"-y acarició sus alas mientras ella se reía. -"¿Es tuya?"-

Xiao Lang asintió.

-"Es un proyecto para la Escuela"-la chica seguía acariciándola completamente encantada.

-"Me gustaría que hubiera esta clase de proyectos en mi Escuela"-la hadita voló feliz sobre ella esparciéndole algunos polvos dorados encima para demostrarle su agrado.

-"No sé como les gusta a todos, si pudiera la regalaría"-Fei-Han sonrió mirándolo a los ojos.

-"Eres huraño"-Xiao Lang jamás pensó que alguien le diría eso de frente y sin titubear. -"... mejor sonríe, te ves mejor que con ese ceño"-y sonrió. Sin más, sin saber que los músculos de su rostro se movían, lo hizo.

Hasta el hada sintió su cambio de humor y se sentó en su hombro.

Un poco después la dama de compañía de su Madre se acercó para anunciarles que ya se retiraban.

El camino de regreso volvió a ser silencioso. Pero los dos sabían que ese primer encuentro entre ambos a punto de ser formalmente una pareja no había estado tan mal.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

-"Fue irresponsable de tu parte"-

Que su Madre, la Matriarca y líder indiscutible de su clan le reprochase se viaje lo había esperado, pero que su tío. El Director de la Institución cuyo escudo portaba con orgullo sobre su pecho lo estuviese regañando a la primera hora de la mañana no era para nada algo que Xiao Lang Li esperase a su regreso.

Se limitó a guardar silencio mientras su mentor movía los brazos en su discurso de reprimenda, de verdad no se veía muy enfadado pero su voz, mas grave que en otros días, así lo hacia parecer.

-"Doblegaste mi autoridad. Y tuve que lidiar con los del Comité, sabes cuanto odian esos hombres que yo este a cargo del ESCO y tu te escapas sin siquiera ponerme al tanto. ¿Qué esperabas que les dijera cuando preguntaron por ti? No lo sé"-y movió las cejas en un gesto que el ambarino desconocía. -"... no te hubiera negado tu repentino y al parecer urgente viaje si me lo hubieses comunicado"-le dijo ya mas tranquilo. -"... nos preocupaste, Ieran mandó buscadores y los desviaste... ¿Dónde estabas?"-

Esa era al parecer la pregunta, cuya respuesta podría salvarlo de más regaños, pero a nadie le diría lo que había descubierto, así fuera su tío, así fuera el mismo Dios quien se lo exigiese.

Al ver que sus labios estaban sellados el Director volvió a suspirar y prosiguió con más reclamos para el menor, quien lo miraba directo a los ojos pero no se molestaba en hablar, ni siquiera para responder.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Al no verlo entrar a Artes Marciales Kenishi pensó que los ruidos de la madrugada habían sido una ilusión suya al igual que la llegada de su compañero de cuarto.

Calentó con más entusiasmo del que hubiera deseado, la simple esperanza de saber que todavía no volvía le recargaba la batería de una extraña y maliciosa manera.

Estirando piernas y brazos con jovialidad un sobre azul marino apareció frente a su persona.

Se sorprendió.

No había hecho absolutamente nada que se mereciese alguna sanción. Aturdido tomó el sobre enterándose que el Director lo esperaba en su oficina de inmediato.

Se excusó de clase sabiendo que las miradas de sus compañeros estaban sobre él.

Llegó medio aturdido todavía y medio temeroso.

Tocó la puerta y un pase lo llevó dentro.

Para terminar su sorpresa el Director no estaba solo, estaba él.

Con la cara seria como era su costumbre, el ceño acentuado y el cabello revuelto. Kenishi casi sintió que había pasado una eternidad desde la última vez que lo vio.

El Director le señalo la silla al lado del ambarino y habló ahora dirigiéndose a ambos.

-"Quedaran exentos de las clases de hoy"-dijo-"... te he mandado a llamar Kenishi porque necesito que trabajen juntos"-al parecer la sorpresa sólo fue para él porque el castaño no se inmuto.

-"Xiao Lang necesita estar al corriente en sus clases, así que te encargaras de eso todo el día de hoy. No puedo confiarte esta tarea mas que a ti, eres el primero en tus clases así que supongo que el esfuerzo para ayudar a mi sobrino no será extenuante ¿verdad?"-

Kenishi miró de soslayo al castaño a quien segundo tras segundo se le hinchaba una venita en la frente, como si pareciera estallar en cualquier momento, pero a pesar de, se mantenía imperturbablemente serio y callado.

Al saber que el Director esperaba una respuesta Kenishi afirmó con la cabeza en un movimiento apenas perceptible.

-"Bueno entonces, el Prefecto Quo tiene la indicación de dejarlos trabajar en el ala sur de la biblioteca, nadie los molestara en todo el día. Pero eso no va tan simple para ambos. Xiao Lang tiene que ponerse al corriente, sino ya hablaremos después ¿queda todo claro?"-Kenishi quiso preguntar el motivo de la liviana amenaza del final, pero se ahorró sus comentarios.

Ambos salieron del cuarto después de una inclinación hacia el mayor.

El Prefecto los encontró en su camino a la biblioteca.

-"Adelantese joven Li, el joven Katsura me acompañara por los libros para los deberes que tiene pendientes"- Xiao Lang asintió fastidiado, la rencilla con su tío lo puso de humor de perros, se arrepentía de haber deseado reincorporarse a la escuela con tanta rapidez.

Hastiado dejó el saco, ya que se había puesto el uniforme habitual no el de Artes Marciales, y se recargo sobre la silla una vez estuvo sentado.

Nada mejor que tener que aguantar a su estúpido, pedante y demás compañero de cuarto por haberse ido precisamente también por su causa.

Además de que su tío no había limitado sus comentarios hasta dejarlo humillado por completo. ¡Como si de verdad necesitase a alguien para ponerse al corriente! ¡Podía valérselas solo!

El protagonista de sus pensamientos más sádicos caminó hacia donde estaba con una pila de libros que lo hacían mover la cabeza a un lado para ver por donde caminaba.

Una vez cerca dejó caer todo sobre la mesa haciendo un ruido que para Xiao Lang significó una vena mas hinchada en la frente -eso si en verdad se podía-.

Kenishi sentía un extraño placer interior ante la consternación y humillación del castaño. No porque le deseara ningún mal, sino porque era satisfactorio verlo en aprietos. Ver alSanto Superior Li reducido a un alumno suyo. Ja, eso si que era ironía.

-"Hay proyectos de inicio de año para casi todas las materias"-empezó después de organizar los libros en cinco montones. -"... hay que entregar el informe sobre tu hada a mas tardar el martes, debiste presentar un avance sobre lo que va a ser tu investigación para Historia..."-ahora Xiao Lang sólo lo veía mover los labios pero ya no lo escuchaba.

¿Por qué no le daban una hoja con todo lo que tuviera que hacer? ¿Por qué ponerle al maldito infame y mediocre de su vecino de habitación como tutor? ¿Por qué?

Porque tu tío está enfadado contigo Le respondió una vocecilla en la cabeza.

Kenishi se ahorró todas sus carcajadas para momentos de soledad y siguió dándole todas las indicaciones y señalando libros, al terminar lo miró ya un poco enfadado.

-"Esto tampoco me gusta a mi, así que cuanto antes termines, mas pronto dejamos de vernos las caras"-

Xiao Lang no se tomó la molestia de contestarle, abrió el primer libro que su mano alcanzó y empezó a escribir sobre una libreta.

Kenishi sin quererlo lo miró detenidamente, era la primera vez que lo veía después de la noche en su cuarto

Kenishi sin quererlo lo miró detenidamente, era la primera vez que lo veía después de la noche en su cuarto. A pesar de eso ambos actuaban como si nada hubiera pasado. Llegó a la sana –pero dolorosa- conclusión de que el ambarino continuaría con su vida, y al parecer eso era lo más justo.

-"¿Eres retrasado mental verdad?"-la voz lo sacó de sus pensamientos.

El castaño lo veía con el ceño fruncido indicándole el libro esperando que le respondiera quien sabe que cosa. Kenishi le entrecerró la mirada.

-"Probablemente lo sea, pero creo que es peor que un retrasado mental sea quien te enseñe ¿no?"- Touché

-"Muerete"-

-"Pudrete"-

El prefecto Quo les dio otro par de libros interrumpiendo sus ofensas.

-"Son los deberes de Hechizos, los mandó el Director"-

Xiao Lang supo que no debía volver a hacer enojar a su tío. Eso de deberes extras, así como tener que aguantar la humillación ante la rata de su compañero de cuarto era suficiente como reprimenda.

La tensión que se generaba cuando estaban juntos no se comparaba con nada, ni siquiera con la liga a la que Kenishi sometía a su máximo tamaño para hacer pasar el tiempo. Xiao Lang leía en silencio lo que se supone eran los apuntes de las clases de Historia de la Magia sin prestarles verdadera atención.

Su compañero era un zancudo, de esos que suelen zumbar toda la noche sin clemencia a lado del oído. Aquellos que por mas que los asustes no se van… así de molesto y pedante era. ¡Como un maldito zancudo!

En medio de sus distracciones el paso del tiempo trató de seguir su paso, aunque lento y fastidioso siempre relativo. Xiao Lang no se percató del atardecer hasta que su celular empezó a vibrar dentro de su pantalón.

Kenishi dejó de hacer garabatos sobre la libreta y lo miró contestar con cara de fastidio.

-"Si, lo sé"-dijo sin alteraciones en su voz. –"… que me esperen"-

-"¡Hey!"-le llamó Kenishi al verlo caminar. –"no te puedes ir hasta que termines esto…"-

-"Me voy"-contestó sin más y salió de la biblioteca.

¡Ahhhh!

Kenishi reprimió su grito de exasperación ante lo obstinado y necio que podía llegar a ser. Se levantó y se aventuró a leer entre sus anotaciones y se dio por enterado que nada había hecho, excepto por los garabatos y algunas cosas al parecer sin sentido ninguno de los deberes habían sido terminados.

Levantó los hombros, aunque después recordó la amenaza del Director sobre ponerlo al corriente. Eso no estaba nada bien.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Ya no sabía que era peor.

Si aguantar al zángano de su compañero de cuarto, o esos cinco hombres con voces afeminadas tocándolo y riéndose estúpidamente. En definitiva era una elección difícil.

El ceño de Xiao Lang se acentuó.

Arriba de una mesita que habían improvisado los cinco modistos, se sentía de lo más ridículo. Su Madre nunca dijo que terminar el traje de compromiso fuera tan humillante.

Pero ahora que lo pensaba bien, su Madre jamás le diría aunque lo supiera.

La pinchada de un alfiler contra su piel lo sacó de sus pensamientos.

-"Girese joven Li"-y obedeció.

Todo con tal de que ese suplicio, el calor, las voces y los cuchicheos terminaran.

Se miró al espejo que estaba enfrente. La tela de su traje era magnifica, según palabras de uno de los chicos, de la mejor calidad y única en toda China.

No era que le importara.

Media hora ya había pasado desde que había salido de la biblioteca, media hora con los brazos extendidos ganándose ese hormigueo insoportable. Resopló quitando los cabellos de su rostro.

Los alfileres entraban y salían mientras otros anotaban.

¿Cuándo iban a terminar?

Golpes en la puerta y luego alguien que entró sin siquiera esperar permiso para hacerlo.

-"No me importa lo que estés haciendo, el asunto es…"-y Kenishi se atragantó con sus palabras al verlo arriba de la mesa, no pudo disimular la risa pero se contuvo un poco. –"… el diseño de tus pijamas tendrá que dejarse para otro momento"-

Kenishi escuchó un resoplido indignado después de que dijo pijamas.

-"Es un traje ceremonial"-le corrigió uno de los jóvenes.

-"Bueno, lo que sea, el Director te quiere de regreso en la biblioteca en diez minutos"-

Kenishi se fue por donde entró sin quitarse la sonrisa burlona de la cara y mordiéndose el labio conteniendo la próxima carcajada. Y es que eso en definitiva no se veía todos los días. Y menos por parte del aclamado y celebre Superior Li. Él en calzoncillos con un pedazo de tela encima rodeado de cinco hombres que lo tocaban y anotaban.

No, no se veía todos los días.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Xiao Lang regresó a la biblioteca ocho minutos después. Con una mueca extraña en la cara y de peor humor, si es que eso era posible.

-"Terminemos cuanto antes con esto"-

Y sentó para hundir la nariz en los libros hasta que la noche se alzó en el firmamento.

El Director se llevó los deberes terminados para entregarlos a sus respectivos maestros y ambos pudieron salir de esa cárcel de conocimiento justo antes de la cena.

Kenishi no espero ninguna clase de agradecimiento por su parte, de hecho tomó el resto de los libros y empezó a caminar. Ya tenía mucha hambre.

-"Era cierto"-alcanzó a escuchar el ojiverde, aunque no sabía si le estaba hablando a él o no, algo dentro de sí le dijo que no se girara y no lo hizo. Siguió caminando pensando en quien sabe que cosa…

Esperen…

Era cierto.

¿Qué era cierto?

Ya entrada la noche y recostado en su cama seguía preguntándoselo.

La fría brisa que se colaba por su ventana le impedía dormirse así que se levantó para cerrarla. Al mirar hacía afuera se relajó y soltó un suspiró que se confundió con el aire.

Lo haría, lo olvidaría aunque tuviera que verlo todos los días, podría hacerlo.

¡Era Sakura! ¡Por Kami-sama!

Había superado cosas peores…

Además no se puede morir de amor. ¿O si?

Acarició el vidrio con su reflejo y levantó una plegaria silenciosa al cielo.

Regresó a su cama y se envolvió en las sabanas completamente recordando los días en su amarilla casa en Tomoeda, donde no había ruido en el mundo que la pudiera levantar de ahí.

Se despertó con una sonrisa.

El sol apenas naciente se colaba ya por las ventanas de la habitación difuminando las sombras y revelando la verdadera esencia de las cosas.

Sin quererlo se dio cuenta que se escuchaba mucho ruido, pensó que ya era tarde, así que asustado miró el reloj, pero todavía era temprano.

¿Qué pasaba entonces?

Se metió al baño y estuvo listo antes de que fuera tarde, se sintió orgulloso.

Al caminar por los pasillos se dio cuenta que todos estaban excitados por algo. Susurraban y sonreían. Algo de mucha importancia estaba pasando y Kenishi no sabía qué era.

Sentado en el dojo y listo para una clase de Aikido los cuchicheos continuaban.

-"Es muy guapa"-

-"Es afortunado"-

¿Quién? Estuvo a punto de preguntar Kenishi a los chicos a su lado pero el Maestro entró antes.

-"Buenos días"-dijeron al unísono todos los jóvenes.

-"Buenos días"-el Profesor se aclaró la voz –"… como todos saben Li Xiao Lang se exentara hoy de clases al igual que Hiraguisawa así que las parejas de éstos formen pareja entre sí"-

¿QUÉ?

¡Eso era el colmo!

Después de pasar todo el día de ayer ayudando al Superior de pacotilla se volvía a ir. ¡Eso era injusto!

Todo el buen humor del ojiverde desapareció y ni siquiera la relajante clase de Aikido lo solucionó. ¡Lo odiaba!

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Hang y Sang le agradecieron al Director el permiso para salir de la Escuela con una inclinación bastante exagerada.

-"¡Tendremos la exclusiva!"-grito Hang moviendo su grabadora con orgullo.

-"Somos el único boletín en la Escuela, eso es obvio"-contestó Sang encaminándose a la salida de la Escuela.

-"Bueno, si… pero también siéntete feliz amigo, no tendremos clases"-

-"Eso es cierto"-salieron de las instalaciones de la Escuela y un auto los esperaba enfrente de un restaurante italiano (justo donde estaba la puerta que conectaba las dimensiones). –"Andando todavía hay que ir a casa a vestirnos, no podemos ir al compromiso del Superior Li vestidos así"-señaló sus tenis sucios y la sudadera que portaba.

-"¡Okidoki!"-gritó Hang.

-"Odio que digas eso"-

Una vez con trajes y zapatos brillantes entraron a la limusina que los dejo enfrente de la Mansión Li.

La tarde ya bañaba el lugar con su luz cobriza, una atmósfera mística se respiró en cuanto atravesaron los grandes portones. Sándalo les llenó los pulmones repentinamente, caminaron lentamente admirando el esplendor en general. Toda la majestuosidad de la mansión les pareció inenarrable.

Había mucha gente. Todos dispersos en grupos que discutían quien sabe que cosas, pero todas importantes seguramente.

-"Toda la alta sociedad reunida en un solo lugar"-comentó Hang una vez la voz le regresó a la garganta. –"… las familias mas importantes de todo Hong Kong… de toda China seguramente"-

-"Se casa el próximo líder del clan mas importante ¿qué esperabas?"-

Hang levantó su Canon y empezó a fotografiar discretamente a las personalidades que reconoció. Mientras Sang le hablaba a su grabadora describiendo el lugar.

Un tiempo después vieron aparecer al Superior Hiraguisawa y casi agradecieron al cielo que se les acercara en cuanto los ubicó.

-"Hola chicos, no pensé que nadie del ESCO viniera"-Eriol sonrió discretamente a los siete enanos del concilio que lo miraban desde el otro extremo.

-"El Director nos dejo cubrir el compromiso del Superior Li"-

-"Ah"-contestó sin mucha atención.

-"Si me disculpan hay algunos asuntos que atender"-miró a un mesero que se acercó de inmediato a su señal. -"… la familia Li se sentiría muy ofendida si descuidaran a alguno de ellos"-señaló a Hang y Sang –"… tráeles algo de beber y ubícalos cerca de mi mesa por favor"-el joven asintió mínimo tres veces y se alejó hacia las mesas con refrigerios.

Eriol les guiñó antes de irse y perderse entre el mar de gente.

Los reporteros del boletín estudiantil se sintieron profundamente halagados después del detalle por parte del Superior, hablarían bien de él en su próximo número.

Fotografiaron a los grupos, a los hombres del concilio de magia… a todo cuanto se pusiera enfrente del lente y no frunciera el ceño al verlos.

Hicieron anotaciones de cuanta persona fue anunciada, incluso de la comida que estaba en las mesas, del color de los adornos, de las estatuas de hielo… Nada se les escapó.

El sonido del gong anunció la cercanía de la ceremonia.

No importaba que fuera el siglo XXI, los novios usaban trajes tradicionales confeccionados con sedas finas. Los padres de la prometida también vestían de manera tradicional así como la Matriarca Li.

Los cánones así lo decían.

Todo cuanto fuera cercano a la familia portaba el dragón de los Li bordado en los sacos o como adorno en los cuellos de las damas.

A algunos cuantos se les podía ver, si se miraba con cuidado, la cola del dragón que topaba con su dedo pulgar. Ese tatuaje mágico y mítico que sólo salía en las sangres Li puras.

Nuevamente el gong y poco a poco se fueron retirando del salón en el que estaban para pasar a los jardines.

La noche ya hacia su anunció con colores violáceos y naranjas por todo el cielo. Aun así la oscuridad misma era desafiada por faroles separados por cortas distancias, así como centros de mesa con velas flotando sobre una campana de agua.

El tercer gong y todos ya estaban sentados y prestando atención a la aparición de la prometida.

Segundos después se vio aparecer a una joven enfundada en un traje blanco, blanquísimo que casi destellaba de su pureza. Se ahogó un suspiro en general por parte de las damas.

Ambos padres caminaban enfrente de ella, la chica con una actitud sumisa, con el cuello doblado y viendo sus pies. Sus rasgos eran completamente disimulados por el largísimo velo que le cubría el rostro, que parecía acariciar el pasaje de piedra por donde caminaba.

Con lentitud agonizante llegaron al centro de las mesas donde una especie de escenario los esperaba, detrás de ellos estaban las personalidades mas importantes para la mítica China, los siete del concilio y algunos de los Li mas influyentes.

Ahora era turno de que entrara la familia que adoptaba a la joven.

Por regla Xiao Lang caminaba a un paso de distancia de su Madre. La Matriarca marcaba un caminar lento, dejaba que todos los presentes se dieran cuenta de quien era, de lo que significaba y del poder que poseía, todo eso con un simple caminar.

Xiao Lang con el rostro serio mirando al frente, buscando algo interesante que ver. Ni un ápice de emoción o turbación en sus facciones.

En cuando su Madre se detuvo él hizo lo mismo. Miró a los Padres de Fei-Hang enfundados con un atuendo de hace siglos, él mismo y su Madre eran como personajes de la China antigua. Largas túnicas, hilo de oro. Todo lo que una dinastía poderosa podía hacer en los tiempos de los Tang a 900 años d. C.

Desvió la mirada de los Padres hacia Fei-Han se veía tan pequeña, vestida de blanco de pies a cabeza y cubierta por un velo que casi le impedían reconocerla. No miraba al frente, no podía verlos a los ojos. Costumbres de antaño imperdibles e imperturbables.

Después de algunas palabras que la Matriarca pronunció con solemnidad Fei-Han se acercó hacia ella sin dejar de mirar al suelo. El velo fue retirado por las pálidas manos de la líder del clan para culminar con un beso en la mejilla.

Ya estaba dentro. Era una Li.

Ieran Li giró para ver a Xiao Lang y le puso las manos de Fei-Han sobre las suyas, eran tibias y suaves. El castaño buscó sus ojos para que la calma y tranquilidad de esas lagunas verdes lo invadieran de la forma extraña que solían hacerlo.

Sin pensarlo acarició las pequeñas manos de la chica con sus pulgares. Ganándose una de esas sonrisas tiernas. Para su sorpresa él también le sonrió y de manera sincera.

La Matriarca volvió a dirigirse ahora a todos los invitados y el espectáculo de meseros con bandejas volvió a dejar claro lo que significaba poder y dinero en sus máximos esplendores.

«Quizá el amor... sólo exista en los sueños... »

Después de un día de locos con todos susurrantes y sonrientes Kenishi agradeció un poco de paz en su habitación. Había decidido acostarse temprano y como al siguiente día tendría que trabajar se recostó en cuanto las clases terminaron.

Su hada había descubierto el amor por los dulces, así que mientras le desboronaba una galleta pensaba en el dueño del cuarto vacío a su lado.

¿Qué le había pasado?

¿Por qué había cambiado tanto?

Independientemente de que ya no quisiera saber de él la intriga lo orillaba a pensar nuevamente. Sabía que siempre había tenido un carácter serio, reservado e incluso bastante enojón de vez en vez. Pero ella estaba segura de que había podido encontrar un corazón debajo de esas capas de hielo.

Su rictus imperturbable le había regalado sonrisas, ella se había adueñado de sentimientos de afecto que procedían de él. ¡Ella lo había amado!

Pero como un terrible flash back sus palabras hirientes de esa noche regresaron por lo que dio por clausurado cualquier pensamiento. Incluso arrojo contra la puerta la envoltura de las galletas en una absoluta demostración de odio.

Después de un largo suspiro que no quiso admitir como tal se quedó en un maravilloso silencio. De esa clase de silencios que se disfrutan, que relajan, incluso se estiró como gato en la cama para una relajación mayor.

Cuando Morfeo se aproximaba para tomarlo entre sus brazos Kenishi percibió un susurro tenue como un llanto contenido. Buscó con la mirada a su hadita pero estaba dormida sobre su almohada. Se levantó lentamente para no despertarla y agudizó el oído.

El sonido lo dirigió hasta la sala común aumentando para confirmar su cercanía. Abrió la puerta de la habitación del Superiorcito Li y el corazón se le estrujo.

¡Era un maldito!

Su hada se encontraba en una burbuja llorando desconsoladamente mientras flotaba de un lado a otro en la habitación. El destello dorado de sus alas se batía como intentando salir pero sin conseguirlo.

Indignado tomó la esfera y regresó a su habitación.

Una vez ahí trato de desaparecer el hechizo, pero era demasiado bueno.

Le tomó una hora de mucho despliegue de energía pero logró fracturar la esfera para liberarla de su encierro. Durante ese tiempo el hada solo lo miraba fijamente, abriendo más de lo normal sus bellos ojos.

Una vez fuera movió sus alas para confirmar su libertad y antes de que Kenishi se diera cuenta desapareció.

-"Reclamale pequeña…"-le aconsejo al aire el ojiverde. Y es que Xiao Lang había sido tan hábil que el encierro le impedía al hada transportarse hacia donde estaba él.

Ya mas tranquilo Kenishi regresó a sus asuntos pendientes con Morfeo durmiendo placidamente hasta que la luz colándose por sus ventanas lo despertó.

Eso y los murmullos por los pasillos de los chicos que querían disfrutar al máximo su día libre.

Algo le dijo a Kenishi que tanto alboroto ya no era normal ni siquiera para un domingo. Se vistió con rapidez y salió al pasillo para ir en busca de los gemelos y de Chu para ir alOjo del dragón.

Una vez en la habitación de los chicos se topó con una nota que le decía que lo alcanzarían en el café.

Resignado y después de levantar los hombros caminó para salir de la escuela.

Notó que los chicos se arremolinaban cerca del lugar donde el boletín de los lunes era dejado para que todos los estudiantes lo leyeran. Se dijo mentalmente que no era lunes, y que ahí no habría nada por lo que siguió caminando sin atender su curiosidad.

Su hada iba cómodamente sentada en su hombro mientras otro pensamiento asaltó a Kenishi. ¿Cómo rayos le iba a decir a su jefa que tenia un ser mágico con él? Le acarició las alas cuando levantó el brazo para revolverse el cabello frustrado.

Su jefa no era muy paciente con cosas relacionadas con la magia desde que Mao terminó con toda la cristalería debido a una ofuda mal hecha. Suspiró resignado. ¿Qué haría?

El sol lo cegó en cuanto abandonó la seguridad del corredor para pasar por los jardines, se puso la mano en la frente y siguió su camino extrañado. ¡Nadie se agazapaba contra la puerta!

De hecho él era el único que salía. ¿Qué estaba pasando?

Por un momento creyó que debía rectificar el día…

Si… ¡Era domingo!

Sin comprender del todo que era lo que pasaba siguió caminando para poder salir. Al tiempo una refrescante ventisca terminó de despertarlo, aunque no fue sólo eso…

Unas hojas asfixiantes se le plantaron en el rostro gracias al viento, se las quito una vez que la ventisca disminuyo su fuerza. Sin quererlo realmente sus ojos revisaron los papeles justo antes de tirarlos nuevamente.

Era el boletín escolar, que extrañamente había hecho una edición especial ese mismo día.

Lo volteó para ver la primera plana y su sonrisa disminuyó sin que lo pudiera contrarrestar.

EL SUPERIOR LI SE COMPROMETE

Se leía en el encabezado.

Una fuerza de atracción masoquista lo hizo seguir leyendo.

Ayer, como todos sabemos se celebró el tan esperado compromiso del Superior Li. Como era de esperarse el boletín escolar no pudo faltar a un evento de tal importancia para el mundo mágico, les contaremos que sucedió.

Kenishi sonrió tristemente. Ese era el motivo por el cual no había estado el sábado.

Todo fue cuidadosamente calculado, un evento al cual nadie que se diga importante pudo haber faltado. Estuvieron los siete dirigentes del Comité, la rama principal de los Li…

Desvió la mirada hacia las fotos descuidando por completo el relato. Todo el margen del artículo era adornado con múltiples fotos, Kenishi dudaba que algo más estuviera reportado en ese periódico de quince hojas. Ya sin importarle las palabras pasó hoja tras hoja viendo las fotos. Al fin… dicen más que mil palabras.

Justo en el centro del boletín una imagen se extendía por toda la plana. Cerró los ojos por unos segundos para darse cuenta que a pesar de que lo intentó la imagen ya estaba tatuada en su mente.

Un beso.

En realidad era sólo un beso y ya no podía respirar. El pecho se le contrajo y sus ojos quisieron dejarse inundar. Al parecer el objetivo de la foto era dejarle claro que su amor ya no sólo era infantil, sino imposible, que si bien ya había tomado la resolución de olvidarlo, que fácil es decirlo… pero que difícil, de verdad difícil es hacerlo… que horrible es sentir un corazón palpitar a pesar de estar roto ¿Cuántas veces puede hacerlo? ¿Cuántas veces puede destruirse un amor?

Se perdió en la imagen ya sin verla realmente, sin notar como es que la noche era inmortalizada en un fondo azul oscuro, como es que la luz y probablemente el flash ayudaron a la claridad del retrato. Como es que él la tomaba sin presión de la cintura, como es que ella levantaba la cabeza para ayudar a terminar con la distancia. Como es que tal vez el calor o la emoción la habían hecho sonrojarse y al mismo tiempo apretar la tela dorada del pecho del chico. Como es que de verdad se veían bien juntos…

Los cabellos rebeldes de él dejaban ver también un suave reflejo dorado y los de ella negros como la mismísima noche, Contrastando con ese atuendo blanco.

Pasó saliva con dificultad… volvió a parpadear… ahora todo giraba en un torbellino inexplicable. ¡Lo sabia! Ya sabía que él estaba a punto de comprometerse y ahora no se explicaba el por qué de sus rodillas temblorosas, como si gelatina hubiese sido puesta en lugar de sus huesos. ¡También sabia que él nunca la había amado! ¡Que le había mentido! Entonces… ¿Por qué tenia tantas ganas de que fuera ella a la que estuviera besando? Un verdadero beso no como el de la madrugada después del baile.

La continuidad del tiempo se desmoronó, ahora todo parecía eterno, eterno y doloroso.

Sonrió tristemente.

-"Hacen linda pareja…"-se dijo en voz baja.

Cerró los ojos en un nuevo intentó de esquivar la realidad... al mismo tiempo el agua de sus ojos ya no lo pudo soportar mas y una salina lagrima se reflejó con la fuerte luz de la mañana.

Un beso que dejaría sin aliento a cualquiera… leyó en el pie de foto.

-"Si… definitivamente me dejó sin aliento"-

Continuara…

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.

.

.

.

¡Oh por Dios! Termine… jajajajajaja O.o sip… estoy lista para TODO lo que venga… reclamos, bombas, intentos de asesinato múltiple. Tardé tanto que ni yo misma me lo creo. Pero ojala con esto crean que la espera no fue tanta. Me esforcé y salieron 77 hojas… bastantes en realidad pero ya nada pude hacer… lo siento… U.U

Para cualquier cosa pues píquenle allá abajo… donde dice "go" que estoy para recibir sus comentarios buenos o malos.

He de confesarles que las escenas de este capitulo en especial me costaron mucho y de verdad espero que no se hayan visto forzadas o demasiada aburridas. Si es así siéntanse en la libertad de hacérmelo saber…

No me quiero alargar mas… así que dejen todos los comentarios que gusten… el fic con cada capitulo se pone mejor pero mas intrigante ¿no?...

Ni modo… el castaño ya se comprometió con doña perfecta ¿Qué se le va hacer?...

Lían está aquí… aunque no lo parezca así es…

Nota: xúnzhão viene del chino-mandarin y significa buscar… pero lo use como "buscador" XD. También el conjuro que dice Xiao Lang es el original el que usa en Card Captor Sakura cada que usa su tablero.

4ever&4always

Lían.

No se me olvidaron las respuestas a los reviews están en mi bio dense una vueltita ¿va? xD