When I look into your eyes

(Cuando miro tus ojos)

Capitulo X: La mañana debe seguir gris*

by Lían


Hay ojos que valen

por todas las desdichas futuras

J. Baudrillard


Aló a todos y todas. Lían está lista, tengo mi traje blindado y tengo una careta de protección en contra de las granadas, estoy lista para lo que venga. Lo sé, no tengo ninguna clase de vergüenza, ¿quién se aleja tanto tiempo de sus historias y piensa que la recibirán de buena manera y con los brazos abiertos? U.U Yo, lo admito. Aunque no lo crean los extrañe a horrores, a ustedes y los personajes (que aunque no son míos, son de CLAMP) los quiero como si fueran míos. En fin, me sobran las disculpas y las lamentaciones, pero como sé que no se merecen tanta perorata de mi parte, les dejo un capítulo más… espero que sea de su agrado, y si no, ya saben, estoy a su disposición para las quejas y las sugerencias.

(*) El título de este capítulo no es mío, lo tome prestado de un libro del mismo nombre escrito por Silvia Molina, quien ganó el premio Xavier Villaurrutia en 1977, si tienen tiempo, no lamentarán haberlo leído.


Podía sentir el frío viento chocando contra su rostro a gran velocidad, entumeciéndolo y meciendo sus castaños cabellos al compás de la carrera que estaba dando.

Un par de rayos iluminaron la tarde, que a pesar de haber comenzado hacía un par de horas, era demasiado oscura. El retemble del mismo número de truenos se convirtió en una advertencia de la lluvia torrencial que ya se había anunciado con anterioridad en el canal del clima.

Ignoró la advertencia y dobló la esquina a tanta velocidad que por un momento su cuerpo sufrió un desbalance y casi cae, fue gracias a la ayuda de su mano derecha que pudo recuperar el equilibrio y seguir corriendo.

¡Sigue siendo muy veloz! Dijo una voz tímida en su cabeza, como queriendo no hacerlo.

Volvió a doblar en una esquina pero ahora hacia la izquierda. Sacudió la cabeza un par de veces para que su vista volviera a enfocar, le estaba arrojando alguna clase de hechizo de desorientación.

Un poco mareado subió a un antiguo techo de teja de un salto. Sacudió la mano delante de él y pudo romper el hechizo que le había sido arrojado. Concentró un poco de energía y pudo volver a localizar esa presencia, la misma de hace tanto tiempo, la que creía jamás volver a sentir, la que lo tenía corriendo como un desquiciado por la calles (extrañamente) desoladas de Hong Kong.

Una gota le cayó justo en la frente, la segunda advertencia que le enviaban los cielos con respecto a la tormenta que se avecinaba. Bajó del techo con la misma agilidad con la que subió y continuó la carrera ignorando, nuevamente, la advertencia de las nubes que planeaban vaciar todo su contenido. No la dejaría escapar, no ahora que la había encontrado y que esperaba obtener muchas respuestas.

Apresuró el paso presa de una extraña excitación cuando la lluvia empezó a caer con lentitud pero con gotas gruesas.

Su rostro dibujó una sonrisa de medio lado mientras de un movimiento de la mano se echaba hacia atrás los cabellos que insistían en cubrirle los ojos. Cosa que no era tan necesaria después de pensarla un poco, sabía que aunque estuviera ciego podría seguir sintiendo esa presencia, que ahora, si se lo permitía, le reconfortaba el alma. Como tantas veces lo había hecho antes.

El latir de su corazón se acompasó con el sonido de sus converse al chocar con los nacientes charcos, daba zancadas largas, la sentía cerca. Estiró la mano cuando divisó una sombra al final del callejón sin salida, sombra que era dueña de una cabellera castaña que le revolvió el estómago al poder distinguirla. ¿Era eso cierto? Esa chica que corría a unos metros de él ¿Era Sakura? Nuevamente se le revolvió el estómago, había algo ahí que no tenía coherencia alguna, ¿qué no estaba muerta? y los muertos no andan corriendo por las calles en un día de lluvia ¿o sí? Dejó de lado las preguntas, ya tendría tiempo de contestárselas después...

Aceleró el paso por última vez y envolvió con su mano el brazo que le estaba más próximo deteniendo el avance de ambos.

Se quedaron así un par de segundos, él detrás de ella teniendo prisionero su brazo izquierdo. Sintiendo la frialdad de una piel completamente empapada por el agua de lluvia, misma que hacía perfecta pareja con su mano en las mismas condiciones de temperatura. Y que además, le llenaba los dedos de ligeros cosquilleos debido al contacto.

Viendo también esa cabellera castaña escurriendo agua y pareciendo más oscura de lo que él creía recordar, larga, casi hasta la cintura, rompiendo con el recuerdo que se negaba a desenterrar...

Ninguno de los dos se movía, era como si algo los hubiera paralizado, sólo se podía saber que estaban con vida debido a la manera en que sus pechos se expandían y volvían a contraerse como consecuencia de lo acelerado de sus respiraciones. Pasaron los segundos que se sintieron como una pequeña eternidad.

El castaño ya recuperaba el aliento -aunque seguía sintiendo que el corazón se le saldría por la boca en cualquier momento- y se preparaba para darle la vuelta y hacer contacto visual, cuando repentinamente su mano se quedó apretando el aire que dejó la ilusión al desaparecer. Lamentando que no le dejara ver esos ojos verdes llenos de vida que temía -muy en el fondo- llegar a olvidar.

¡Tan lista como siempre! Dijo la misma voz en su cabeza ya con más confianza y con tanta alegría que en cualquier otro momento le hubiera parecido ridícula. Era como sí se estuviera divirtiendo con la situación.

Volvió a subir a un techo cercano, concentró más energía para volver a localizar la presencia que se esforzaba en desaparecer y emprendió el camino brincando de techo en techo. Necesitaba acortar la distancia entre ellos.

No escaparás Sakura... esa voz en su cabeza se estaba tomando demasiadas libertades, pero ya después arreglaría cuentas consigo mismo.

Sin ser demasiado consciente de ello, volvió a sonreír...

¡Rayos! Soltó de repente Sakura al darse cuenta de que la ilusión de sí misma había desaparecido como consecuencia de haber sido alcanzada por el castaño.

Exhaló e inhaló rápidamente, sin detener la carrera, mientras trataba de conjurar un hechizo para desaparecer su presencia. Es decir, tratar de deshacer el hechizo que ella misma había hecho, esa mañana, con el afán de pasar un domingo tranquilo siendo Sakura.

No es fácil ser uno mismo y tratar de ser alguien distinto es todavía más difícil. Sólo había querido un domingo normal, de esos donde la gente se come un helado en alguna plaza cercana o simplemente va a ver una película al cine.

Pero no, su domingo no había sido tranquilo y se alejaba completamente de ser un día normal, es decir, no todos los días aquel del que has estado enamorada (pero que ya planeas olvidar) te persigue por la calles brincando de techo en techo, con quién sabe que intenciones.

Soltó un gritito de desesperación al darse cuenta que la lluvia comenzaba a ser más densa y dificultaba la visión de quién sabe qué calle. Hacía ya tiempo que sólo corría, no sabía en dónde o hacia dónde, sólo corría...

Lanzó un par de burbujas de confusión al sentirlo cerca y siguió corriendo con la esperanza de distraerlo lo suficiente para poder solucionar las cosas. Jadeó de cansancio y maldijo no poder subir a los techos y brincar como él, no podía exhibirse de esa manera si lo que deseaba era simplemente desaparecer. Tenía excelente condición física, es cierto, pero formular un hechizo para que su presencia se esfume, distraerlo con más hechizos y correr bajo la lluvia no es tan fácil como parece.

Las maldiciones volvieron a poblar sus labios al darse por enterada que sus burbujas de confusión no le habían dado el tiempo suficiente para repensar su hechizo. Cansada disminuyó el paso ligeramente y se quitó el agua de lluvia de los ojos, infructuosamente, pero al menos le dio tiempo para recuperar un poco el aliento.

¡Vamos Sakura, piensa! Se exigió mentalmente al darse cuenta que estaba a escasos metros de ella. Tan cerca que sabía que era cuestión de minutos que estuviera a su lado.

Pensó en utilizar The Loop, ya antes habían tenido una experiencia con esta Card en cuestiones de carreras, claro, ese fue otro tiempo, donde parecía que la única desgracia que podía sucederle a ambos era no poder capturar alguna Card demasiado traviesa. Disfrazó la presencia de la carta con un conjuro de confusión tan poderoso como le fue posible en escasos segundos, si él identificaba la energía de la Card ya no podría esconder su identidad por mucho tiempo.

La dejó activada justo al lado de un buzón y reinició la carrera, eso, al menos le daría otros metros de ventaja en lo que conseguía conjurar algo apropiado para resolver sus problemas. The Loop se activó con un simple resplandor en el suelo cumpliendo con su cometido en cuanto el castaño la atravesó.

-"Es una trampa"-dijo para sí Xiao Lang, después de darse cuenta que ya había pasado por ese buzón más de dos veces. Descartó la presencia de alguna Card (para suerte de Sakura), lo que en el fondo lo desilusionó y trató de concentrarse, no podía deshacer el hechizo tan fácilmente. Pese al esfuerzo que eso le estaba ocasionando sonrió nuevamente, como con una especie de complicidad, ¿hacía cuánto tiempo no sonreía así?

Su energía rebotó en su intento más reciente por romper el encantamiento ocasionando por un momento que el flujo de la lluvia fuera antinatural y cayera a manera de una diagonal. Carraspeó y se rascó la nuca, no le quedaba otra opción, su presencia empezaba a tomar demasiada distancia. Se sentó a lado del buzón con las piernas dobladas para hacer una flor de loto, estiró ambos brazos a sus lados, haciendo que el dedo índice y el pulgar se unieran para una pose de relajación. El suelo debajo de él se iluminó y el tablero, símbolo característico de su familia, apareció centellante.

-"Veremos si tu hechizo es tan poderoso..."-y empezó con la invocación del Fuego, el Viento, el Trueno y el Agua, una esfera de poder lo rodeó expandiéndose rápidamente. Tres intentos bastaron para que el hechizo cediera por fin, rompiendo la dimensión alterna que había creado la chica para mantenerlo corriendo en círculos, y ahora, después de mover la cabeza de un lado a otro para disminuir la tensión, volvió a correr hacía la presencia de Sakura.

¿Era en verdad Sakura?

Volvieron a invadirlo las dudas, mismas que no parecieron existir al momento de sentirla por primera vez hacía ya unas horas.

Estaba en el Centro Comercial con Mei Ling y Fei Han, temprano esa mañana le habían dicho que querían ir de compras, él no acababa de entender qué era lo divertido de comprar cosas, pero como su Madre le había dado una mirada dura cuando se estaba negando, no le quedó otra opción que acompañar a las chicas.

Mei Ling tan escandalosa como siempre, corriendo de una tienda a otra, jalando a Fei Han consigo, quien sólo alcanzaba a esbozar una ligera cara de sorpresa ante la efusividad de la pelinegra.

-"Es mejor que te acostumbres"-dijo para sus adentros en cuanto las vio perderse en una tienda de peluches que también tenía algunas antigüedades. Suspiró cansadamente y colocó ambas manos en la nuca, dirigiéndose hacia la tienda con lentitud que reflejaba su completo desinterés. Justo cuando cruzó el umbral de la tienda lo sintió, fue como un rayo que le atravesó las sienes, se detuvo un momento, levantó la mirada incrédulo y lo volvió a sentir, no como esas veces en las que se imaginaba su presencia aquí y allá cuando era un niño.

¡Era su presencia! ¡En verdad lo era! ¿Cómo olvidar esa extraña sensación de calidez que lo embargaba? Más bien, ¿cómo se atrevía a haberlo olvidado?

No lo dudo ni un segundo. Se quedó quieto, tratando de ubicar la dirección exacta, para después empezar a correr.

A lo lejos pudo escuchar la melodiosa voz de Fei Han que gritaba su nombre al verlo salir corriendo, pero eso jamás podría detenerlo. Mei Ling se unió a la chica gritando el nombre de su primo, incluso, saliendo de la tienda, pero antes de que pudieran darse cuenta, el chico ya había salido de su vista.

Y seguía en la misma situación, corriendo tras una ilusión, o un sueño, o lo que fuera, el punto era alcanzarla para poder aclarar todas las dudas que nublaban su cabeza, tal como la insistente lluvia le nublaba la vista.

Detuvo la carrera de repente, haciendo que sus tenis derraparan sobre el concreto completamente mojado, pero sin llegar a caer. ¡Ya no la sentía! ¡Había desaparecido! Un hueco remplazó su estómago, movió la cabeza hacia ambos lados casi con desesperación, con la esperanza de volver a percibir la magia de la chica de ojos verdes, pero nada... había desaparecido por completo.

Trepó a un árbol para buscarla desde las alturas y sintió como el hueco de su estómago desaparecía en el momento en que la presencia volvió a invadirle los sentidos, llenándole el pecho de esa extraña sensación que se negaba a nombrar, por no tener ningún adjetivo que se le asemejara.

Bajó del árbol y siguió con esa carrera, que según se daba cuenta, terminaría pronto, muy pronto.

-"Hay alguien allá arriba que no me quiere"-dijo en voz alta sin importarle si alguien la escuchaba o no. Lo había conseguido, había desaparecido su presencia, por lo que había dejado de correr y sólo sería cuestión de que él se cansara y que ella pudiera encontrar algún lugar para poder regresar a ser hombre. ¡Pero no! Su hechizo había desaparecido después de unos segundos de haber sido activado, y su presencia había sido rebelada, para su desgracia, demasiado cerca de donde estaba el castaño.

¿Y si sólo te detienes y ya? Le dijo la voz en su cabeza. ¡Vamos, no me puedes engañar, tú también quieres encararlo! Se burló la voz.

Sin embargo, hizo caso omiso, y emprendió la carrera de nuevo, con más bríos. No podía encontrarla, no podía saber que estaba viva, no podía, no quería... no quería verlo, no con el cuerpo de Sakura. Al menos el disfraz de Kenishi le deba fortaleza día con día, pero sabía que si Sakura (la verdadera Sakura) se topaba con él de frente, no tendría tanto valor, no podría enfrentarlo y sería tan débil y llorona como siempre había sido.

Se arrepintió una vez más de sus locas ideas de esa mañana cuando se dio por enterada que ella misma había caído en una de las trampas del castaño.

¡Maldición! Gritó la voz en su cabeza a la par que sus labios. Y nuevamente se reprendió mentalmente por querer ser ella un sólo día.

Le habían dicho que tendría ese domingo libre desde hacía un par de semanas. Y todo fue planificado con demasiada cautela, tanta, que se sorprendió a sí misma por lo organizada que podía llegar a ser si se lo proponía.

Había guardado todo lo necesario en la maleta de deportes. Sales para el hechizo, ropa de mujer y cosas así, mismas que le permitirían ser Sakura en ese día libre, que pensaba explotar lo más que se pudiera en el único Centro Comercial que conocía de Hong Kong, tal vez sí vería algún filme, había escuchado el estreno de una adaptación de su libro favorito de Jane Austen. Tal vez un helado también...

Con esas ideas salió temprano de la Escuela. No quería toparse ni a los Zedong, ni a Chu, estaría sola siendo Sakura. ¿Qué podía pasar? Se había dicho incrédula hacía unas horas.

Lo que podía pasar, era que un error -mismo que todavía no era capaz de detectar- hiciera que su presencia, -una vez transformada en Sakura en el baño del Centro Comercial- se revelara como era, no el aura de color gris que tenía Kenishi, sino la suya, la que tenía desde la infancia. Esa presencia de aura rosa.

Y para colmo de los males, aquel del que tanto se trataba de esconder, la había detectado casi de manera inmediata, era como si se hubiera puesto un anuncio gigantesco en la cabeza, rodeado de luces incandescentes que dijera: ¡Hey Syaoran aquí estoy! O como si lo hubiera llamado por teléfono y hubiera hecho una cita con él. Había nacido bajo mala estrella, sin duda alguna.

En cuanto se dio por enterada de que era la presencia del ambarino la que la estaba siguiendo, emprendió la carrera, esa bizarra persecución bajo la lluvia de la cual eran protagonistas. Absurda sin duda, ¿qué acaso tenían algo que decirse en cuanto se vieran de frente? ¿Por qué huía de él? Y mejor aún, ¿Por qué la estaba persiguiendo?

¡Tal vez porque cree que estás muerta! Le contestó la voz burlona en su cabeza mientras se desesperaba al no saber qué hacer para salir del hechizo que le había puesto el castaño, y es que era bastante hábil de su parte haber utilizado la lluvia a su favor, creando una especie de barrera de agua, que le impedía moverse. Supuso que habían visto eso en la Clase de Manejo de los Elementos en la que se quedó dormida...

Pero aun así, no se daría por vencida, si quería jugar, ella también podía hacerlo. Invocó The freeze con el susurro de sus labios y dejó tras de sí el hechizo congelado del chino -literalmente-, mismo que se destrozó en cuanto lo atravesó para seguir corriendo.

Xiao Lang vio las sobras de su hechizo esparcidas por el suelo, las pisó al pasar haciendo crujir el hielo al desaparecer por completo.

Mientras, la tarde se oscurecía cada vez más como consecuencia de las nubes regordetas y negras que se negaban a dejar pasar luz solar. La lluvia, por su parte, era cada vez más potente, caía con tanta fuerza que parecería que jamás dejaría de llover, o que era una versión actualizada del Gran Diluvio.

Sin embargo, él ya no era consciente de la lluvia que le caía encima, ni de que su ropa estaba completamente empapada, ni de que sus tenis tenían charcos dentro. Nada de eso importaba, estaba tan cerca de alcanzarla, que ya nada importaba. Al parecer la lluvia tenía un efecto contrarío en él, era como un estimulante, el escenario perfecto para lo que se estaba dando.

Pero el juego del gato y el ratón, ya estaba empezando a desesperarlo. Si seguían conjurando hechizos a diestra y siniestra, como lo venían haciendo desde hace un par de horas, se quedarían sin energía en poco tiempo.

Torció su camino en la siguiente calle e ignoró el claxon de un automovilista que por poco no lo ve pasar corriendo. En cuanto encontró el punto exacto se acuclilló, puso ambas palmas en el piso y conjuro, lo que sería el fin de ese encuentro.

Sakura se sintió cansada de repente, la vista se le nubló por un instante, lo suficiente para que sus pies trastabillaran al grado de casi caer. Un extraño nerviosismo la invadió, se estaba quedando sin energía y sabía que aquel que no quería nombrar le estaba pisando los talones. ¿Qué era lo que había hecho para merecer eso? Era amable, ayudaba a los ancianos a cruzar la calle, separaba los desechos en orgánicos e inorgánicos, le daba de comer a los gorriones en el parque... no sabía de donde, pero tenía mucho karma acumulado por algún lugar.

Sacudió la cabeza para dejar de pensar estupideces y trató de mantener la velocidad.

Xiao Lang la vio al final de la calle y una sacudida violenta de su estómago lo confirmó. Era ella, estaba seguro que ya no tenía energía para poder conjurar más ilusiones. Se metió en el callejón en busca de un atajo, sino se equivocaba llegaría antes que ella a la siguiente esquina.

Un par de escalofríos la recorrieron y jadeó de manera extraña, eso no era normal, seguro le había lanzado alguna clase de hechizo de confusión y ni cuenta se había dado, iba a doblar la esquina cuando sus pies volvieron a trastabillar y supo que caería, ya no tenía fuerzas...

¡La vio! Ahí, frente a él, a punto de resbalarse, seguro consecuencia del hechizo que le lanzó para terminar de consumir toda su energía. Sus reflejos hicieron lo propio y se acercó a tomarla del brazo justo antes de que se cayera de espalda. La jaló hacía sí haciendo que recuperara el equilibrio, pero no la soltó.

De repente, un aura de intimidad los rodeó debido al contacto, un abrazo, un tierno abrazo que tenía esa extraña combinación entre frío y tibio, donde al parecer ambos cuerpos se amoldaban como por arte de magia, como si estuvieran hechos el uno para el otro.

Sus alientos tibios se respiraban mutuamente, exhalando el vaho tan cerca del otro que parecía una delicada caricia para su piel. El brazo que la mantenía inmóvil se acostumbró con facilidad a su delgado brazo, embriagándose por la suavidad y la calidez que transmitía a pesar de lo helado del clima, liberando un poco la presión, pero sin dejar de ser firme. Sinceramente creía que si la soltaba, desaparecería.

Mientras, la lluvia escurría por sus rostros.

Sus ojos hicieron contacto, con una necesidad casi famélica buscó esa mirada verde que reconocería donde fuera, y que ahora tenía un brillo nervioso, como el de un animalito asustado que fue capturado y que trata de liberarse, pero que no sabe cómo hacerlo.

Esos ojos... esos ojos que tantas noches de sueño le habían quitado. Esos ojos que parecían valer todas las desgracias que habían ocasionado. Y ese rostro que ya no era como lo recordaba, pero que seguía con la nariz pequeña y las pecas casi imperceptibles.

Se sentía como Sakura.

Era como Sakura.

Era y no era ella al mismo tiempo.

¡Por Dios!

¡Estaban tan cerca! Mirándose como si la vida se les fuera en ello, sin la capacidad de articular palabra, y es que literalmente uno de ellos estaba viendo a los muertos caminar. Y aunque jamás lo aceptaría abiertamente, agradecía a cualquier ente espiritual el hecho de que ella no estuviera disfrutando de la eternidad en otra vida.

Repito.

¡Estaban tan cerca!

¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que estuvieron así? ¿Siete u ocho años? ¿Por qué se sentían tan cómodos mirándose con complicidad? ¿Por qué sentían como si el tiempo no hubiera transcurrido entre la última vez que se vieron de frente? ¿Por qué ahora nada parecía importar? Ni la distancia, ni el olvido, parecía que todo se había detenido, incluso el sonido incesante de las gotas al chocar con el asfalto, todo estaba expectante, como esperando que esos que fueron amantes en la infancia, lo siguieran siendo. ¿Por qué todo parecía estar bien? ¿Era acaso lo que ambos querían?

-"S-sa..."-su nombre se perdió en sus labios y sin saber qué era lo que había sucedido la luz en sus ojos ámbares se apagó. Y dejo de verla, cayendo en una profunda calma, incluso creyó que había dejado de respirar…

Sakura invocó The time en cuanto el sonido de su voz, grave y ronca al mismo tiempo, la hizo reaccionar, quitándole la oportunidad de decir su nombre. Dejándolo ahí, frente a ella inmóvil y con su nombre oscilando entre sus labios ligeramente separados. Con los ojos ámbares abiertos y el cabello escurriéndole por la frente. Se permitió pensar en lo hermoso que se veía así, y vaya que ese hombre era endemoniadamente guapo. Y las gotas de lluvia escurriéndole en el rostro ligeramente pálido sólo hacían parecer que resplandecía.

Él había evitado su caída al tomarla fuertemente del brazo, atrayéndola con fuerza, haciendo que recuperara el equilibrio, y que sus cuerpos quedaran demasiado cerca. En un abrazo que de sólo recordarlo le hacía revolotear todas esas mariposas en el estómago.

La voz de su cabeza soltó un grito ensordecedor después de que hicieron contacto y luego desapareció, hasta podríamos pensar que se desmayó de la impresión de tenerlo frente a ella, respirando el mismo aire, con sus bocas a escasos centímetros...

Era tan irónico todo, hacía un par de años hubiera deseado que eso ocurriera justo así, con la lluvia y todo, y en ese momento lo único que deseaba era desaparecer para que dejara de verla. Irónico sin duda.

Y sin embargo, no pudo evitarlo, lo vio a los ojos, ¡Por Dios! Lo vio a los ojos y casi se siente desfallecer en ese momento (podría jurar que si no la hubiera tenido agarrada sus rodillas se hubieran doblado). Esos ojos como caramelo fundido que la miraban fijamente, con tantas preguntas, con tantas cosas que decirle. Con esa extraña sonrisa en sus labios.

El sólo ver sus ojos le hizo palpitar el corazón como caballo desbocado, como si de repente hubiera regresado a la vida de entre las sombras. ¿Él podría oírlo? Su palpitar era tan fuerte que seguro lo escuchaba a la perfección.

Ella tampoco lo aceptaría, pero dentro, muy dentro, se sentía bien. Demasiado bien para poder vivir con ello, de repente nada parecía tener importancia, ni el hecho de que él se fuera a casar, ni el hecho de que ella fuera como Ranma ½, ni siquiera el hecho de que él pensaba que ella estaba muerta.

Aún con la Card activada, que incluso había detenido la incesante lluvia, dio un salto hacia atrás, sin embargo, la mano del castaño no la soltaba, estaba peleando contra su hechizo y se aferraba a ella. Sakura sintió que el corazón le daba otro vuelco, con la mano temblorosa quitó los dedos de Syaoran de su brazo, y casi al instante extrañó esa cercanía. El lugar que sus dedos habían ocupado sobre su brazo estaba tibio y hormigueante y sin saber por qué, sentía que le quemaba y que se extendía por todo su cuerpo en forma de un sonrojo generalizado.

Dio dos brincos más, lo mejor sería huir y dejar de pensar sandeces. Al fin y al cabo ya era experta en eso.

Aunque tampoco lo aceptaría, la opción de quedarse también era tentadora, tan tentadora que lo dudó. De verdad lo dudó.

¿Y qué le dirás? Le espetó su tan amable voz después de resucitar. Hola Syaoran ¿cómo estás? ¿Muerta yo? Para nada...

Eso la hizo decidirse, huir era lo más factible. Huir, tratar de que Syaoran creyera que eso había sido un mal sueño y seguir, no quería enfrentarlo, no quería hablar con él, no quería oír de sus labios que la había olvidado, que no la amaba, que nunca la amo. ¿Qué esperaban? ¡Era una cobarde!

Se lo permitió, era débil sí, se tomó la libertad de voltear a verlo por última vez, sabiendo que él no podía verla y se despidió con una triste mirada.

Sin embargo, se detuvo después de dar unos pasos. El palpitar de su corazón era tan fuerte que en cualquier momento le reventaría el pecho, tanto así que se vio en la necesidad de colocar ambas manos sobre él, como tratando de confortarse a sí misma.

Al menos su cuerpo era sincero y le decía que no quería irse.

Pero, debía huir…

Al final, no pudo con aquel sentimiento de necesidad, un sentimiento tan profundo de anhelo que sentía que el corazón le estallaría en mil fragmentos. Regresó sobre sus pasos sin tener mucho control sobre su cuerpo y se puso de nuevo a su lado. Perdiéndose entre lo hermoso de sus cabellos, de su piel, de sus ojos y de su suave respiración…

¡Era tan estúpidamente débil!

¡Maldición! ¡Tan débil!

¡Y él se veía tan vulnerable! ¡Tan guapo! ¡Tan como antes!

Su querido Syaoran...

Sus pies ya no la obedecían en lo absoluto. Daban pequeños pasos para acortar la distancia entre ambos. Se detuvieron a escasos centímetros del castaño, quien no era más que un maniquí.

Repentinamente, se levantó sobre las puntas de sus pies para alcanzarlo, a pesar de haber crecido mucho estos últimos años, él todavía era mucho más alto que ella. Lentamente levantó la mano y la puso en su nuca para darse apoyo.

Él seguía inmóvil.

No supo cómo, ni de qué manera, pero cuando pudo ser consciente de lo que estaba haciendo sus labios ya se habían puesto sobre los del castaño, de nuevo, como aquella vez del baile, le robaba un beso. La caricia sólo duro unos segundos, lo suficiente para que se sonrojara completamente y lo suficiente también para que se atormentará durante toda su vida, como era su costumbre.

Suave, tibio y tierno…

Sintió la calidez de sus labios, no como aquella vez que lo había besado protegida de un hechizo, ahora estaba frente a ella, mirándola sin hacerlo realmente, y aunque la caricia había sido robada eso no le quitaba lo maravillosa.

Incluso sintió que su corazón se detuvo un segundo, una muerte chiquita, tal y como le dicen a esa sensación en la que el aire abandona tus pulmones por completo, en la que parece que el suelo desaparece y que estás flotando. Donde parece que gelatina ha remplazado tus huesos y donde las mariposas, que habitan de manera misteriosa en el estómago, revolotean como si planearán salir por algún lugar.

Sin quererlo un suspiro se le escapó de los labios, todavía sobre los labios de Syaoran. Abrió los ojos, que misteriosamente se habían cerrado al momento de besarlo y supo que eso había ido demasiado lejos.

¿Nunca aprenderás verdad Sakura? Le dijo la voz en su cabeza, despertándola de su ensoñación.

Se separó rápidamente del castaño, su hechizo ya no duraría mucho tiempo ya que la lluvia estaba empezando a caer de nuevo. Se agarró la cabeza con dolor, se sentía mareada, ya casi no le quedaban fuerzas.

Dio un par de pasos hacia atrás y retrajo la mano cuando tuvo la necesidad de tocarle el rostro por última vez, ahogó otro suspiró y se mordió el labio inferior con fuerza para hacerse reaccionar.

-"Adiós Syaoran"-

Brincó sobre el techo más cercano y antes de que él pudiera deshacerse de su hechizo desapareció en esa mañana que seguía siendo gris.

-"S-sakura"-completó el castaño ya fuera del hechizo de tiempo. Instintivamente se tocó los labios, tenía un ligero sabor a fresa y esa sensación de cosquilleo que queda después… después de un beso…

Giró la cabeza hacia ambos lados sin quitarse la mano de los labios, pero no pudo verla. Un vacío le quedó en el pecho al no sentir la presencia, al no sentir nada. Brincó sin saberlo hacía el mismo techo que ella pero no la vio, había desaparecido de nuevo, dejándolo solo y en medio de esa lluvia que sin duda no dejaría de caer. Soltó un grito con un nombre, casi un grito desesperado y sin que él lo supiera fue escuchado por la dueña del mismo rompiéndole el corazón una vez más.

Sin embargo, ya era demasiado tarde, no podían verse, no podían encontrarse, no podían estar juntos... no podían...

Aunque ambos lo quisieran.

Puedes fingir que estás fingiendo...

En cuanto pudo recuperar el aliento se sentó en la oscuridad de un callejón. Sabía que su presencia había desaparecido, pero estaba demasiado cansada como para intentar moverse de regreso a algún lado, sino quería desmayarse en plena calle. Además, la lluvia no tenía merced de nada. Lo mejor sería esperar y después tratar de averiguar en qué calle estaba.

En sus oídos todavía retumbaba el grito de su nombre, el solo recuerdo le erizaba la piel. Y el beso… todavía tenía la sensación sobre sus labios. Moriría, en serio, que si seguía así moriría de amor no correspondido.

Sin embargo, negó con la cabeza repetidas veces. Ella era una tonta y Syaoran sólo había corrido tras ella para saciar alguna extraña curiosidad, no es que con eso demostrará que la amara ni nada por el estilo. Le sorprendía la capacidad que tenía su mente para hilar cosas sin sentido. Y para hacerse ilusiones amorosas nuevamente...

Tan patética...

Cerró los ojos cansada, esperaría unos minutos y después regresaría al Centro Comercial por la maleta con su ropa de hombre que había dejado en un casillero, del que esperaba no haber perdido la llave con la carrera, y todo volvería a la normalidad.

Puedes fingir que estás fingiendo...

-"¡Maldita sea!"-dijo por enésima vez a la par que se estrujaba el cabello. ¿Eso había sido un sueño? Uno muy real si alguien se lo preguntaba. ¿O era acaso que ya estaba perdiendo la cabeza por completo? Tal vez por la falta de sueño…

Ahora estaba como al inicio, es más, peor que al inicio, era como si la tierra se hubiera abierto y se la hubiera tragado. Ahora ya no tenía ni la certeza de su muerte, todo era tan confuso y además esa sensación en los labios.

Ahora se preguntaba ¿En realidad había visto a Sakura? Ciertamente no era la Sakura que él conoció en Tomoeda, ya no era una niña de diez años con dos coletas... sin embargo, se había sentido como ella. Y sí algo sabía, era que su instinto no podía equivocarse. Su instinto, o más bien su corazón era el que no podía equivocarse (otra cosa que no aceptaría abiertamente)

-"¡Maldición! ¡Maldición!"-golpeó con el puño cerrado sobre una barda y siguió buscando. No se rendiría. ¡Oh vaya que no se rendiría! La encontraría así tuviera que levantar cada una de las piedras de Hong Kong. O sino se volvería loco. Lo que ocurriera primero.

¿Para qué quieres encontrarla? Le preguntó la voz en su cabeza con un tono bastante agrío. Como decepcionado. ¿Es sólo para saber que está bien? ¿Es para comprobar que está viva? ¿O es por algo más?

Xiao Lang volvió a maldecir, porque aunque quisiera, no tenía una respuesta a esas preguntas, o la tenía y no quería admitir abiertamente que esa era la razón.

Y sin saberlo, pasó a lado de ella, que camuflada por las sombras del callejón le había imposibilitado su visión, pero el destino era cruel y había juntado sus caminos para divertirse con ellos, seguramente no tenía nada mejor que hacer.

Otra maldición se ahogó en los labios del castaño y siguió su búsqueda, sin darse por enterado que eso que él buscaba estaba ya bastante lejos y de camino al Centro Comercial, donde desaparecería de nuevo, encerrándose en ese cuerpo de hombre que también estaba cerca de él, tan cerca como cruzar una puerta.

Puedes fingir que estás fingiendo...

Kenishi atravesó la puerta del Ojo del dragón ocasionando que la campanilla anunciara su llegada. El lugar estaba casi lleno, al parecer varios transeúntes en intento de huir de la lluvia se habían puesto a tomar café para pasar el tiempo. Una calidez reconfortante, acompañada del olor a café recién molido hacía una deliciosa combinación en el lugar. Que a su vez se mezclaban con las pláticas animadas de algunos, y los silencios de los otros.

-"¡Kenny!"-escuchó la voz de su jefa al verlo acercarse a la barra.

Era cierto, no había sabido a donde ir, y una vez convertido en Kenishi trató de alejarse todo lo que pudo del Centro Comercial, y sin darse cuenta sus pies caminaron como autómatas hasta la cafetería donde cualquier otro domingo estaría trabajando a esas horas. Ahora, con la precaución de hacerse con un paraguas, porque la lluvia no dejaba de caer.

-"¿Cómo va todo jefa?"-le dijo cuando tomaba lugar en una de las sillas altas y aceptaba sonriente una taza de americano.

-"La lluvia siempre favorece las ventas, el problema es que siempre se hace un lodazal en el piso..."-señaló con desencanto las baldosas del suelo que con mucho trabajo trataba de mantener limpias. -"Por cierto, ¿qué haces aquí en tu día libre? No serás tan patético para no tener a donde ir ¿o sí?"-Kenishi sonrió tristemente. –"Para qué me esfuerzo, sé que eres bastante patético"- Y la joven de ojos como la miel le dio un trago a su propia taza de café. –"Anda. Ponte un mandil y ayúdame, no tendrás pago, pero te dejo todas las propinas, ¿te parece?"-

Kenishi supo que lo mejor sería distraerse, no quería seguir pensando en lo que había sucedido hacía unas horas, y que mejor que el trabajo para eso. Justo cuando se disponía a pasar a la cocina por su mandil la campanilla anunció la llegada de un nuevo cliente y para su desgracia volvió a ver esos ojos ámbares que de nuevo le revolvieron el estómago y le sacudieron el corazón. Esas mariposas que le vivían en la panza eran bastante malintencionadas...

Xiao Lang atravesó la puerta sin importarle que estuviera escurriendo agua por todos lados, se sentó en su mesa de siempre y esperó. Ignorando las miradas que todos le daban e incluso mirando fijamente a quien se atrevía a soltar una risa debido a su aspecto.

Kenishi se quedó helado y casi sin respirar hasta que su jefa le dio un codazo al pasar con una toalla en manos.

-"Me arruinará el sillón"-

No supo cómo se anudó el mandil en la espalda, ni cómo es que había empezado a servir las bebidas de una mesa, sólo supo que esa cara enojada, ese ceño fruncido y esa boca apretada, eran su culpa. Y sin saberlo, sonrió... era de alguna manera reconfortante.

-"Dos Mokas para la cinco"-le dijo a su jefa a la par que dejaba caer la nota sobre la barra.

-"Esto es para Li, no me dijo nada cuando le pregunté su orden, pero supongo que será lo de siempre, recuérdale cuál es la puerta del baño por si quiere irse a secar, si sigue así me tendrá que pagar el sillón, ya se lo dije"-y después se perdió por la puerta de la cocina. Por lo que no vio el suspiro que ahogó Kenishi al poner la taza humeante sobre su bandeja.

No lo vio a los ojos al momento de ponerle la taza enfrente. Limpió mugre inexistente de la pequeña mesa y volvió a poner en su lugar el azucarero. Estaba un poco nervioso.

-"El baño está por allá para que te seques, la jefa te cobrará el sillón"-cuando lo vio a los ojos por primera vez siendo Kenishi volvió a ver resplandecer llamas cobrizas de furia, sabía que no era el mejor momento para decirle esas cosas pero no podía evitar hacerlo enojar más.

-"Idiota"-alcanzó a escuchar cuando ya se iba a atender otras mesas. Y sin importarle la ofensa, volvió a sonreír.

Xiao Lang se levantó de la mesa antes de darle un trago a la bebida, caminó hacia la puerta del baño y en cuestión de segundos quedó seco completamente, excepto por el cabello que quedó escurriendo agua todavía. Se miró al espejo después de hacer su hechizo y vio su semblante furioso, con las ojeras casi mortecinas debajo de sus ojos y la piel ligeramente pálida debido al frío.

Puso ambas manos en la nuca para sentir la humedad de su cabello y reflexionó un poco sobre las horas pasadas. Sin embargo, al ver entrar a otro al baño salió de ahí después de tomar una servilleta de papel para secarse las manos.

Cuando se acercaba a su mesa vio a Hiragizawa sentado bebiendo de su café, con esa sonrisa que parece traer siempre tatuada en el rostro y sin una gota de agua encima, como si el agua no pudiera mojarlo.

-"Supuse que estarías aquí Xiao Lang"-le dijo después de darle otro trago a su bebida. -"Sigo sin entender cómo es que te gusta el café tan fuerte, y sin azúcar..."-arrugó la nariz después de decirlo.

-"¿No tienes nada mejor que hacer?"-le dio una mirada dura al inglés y le arrebató la taza todavía humeante. -"Me harías un favor largándote..."-

-"Para tu información tengo muchas cosas que hacer, pero supuse que necesitarías compañía..."-y le dio una de esas miradas misteriosas, como diciéndole cosas que jamás acababa de entender.

-"¿Qué-?"-y antes de que pudiera formular su pregunta la peste de Katsura se acercó con otra taza de café y la puso sobre la mesa.

-"Muchas gracias Kenishi"-el ojiverde le dio una sonrisa al de lentes y se alejó rápidamente.

No lo había pensado antes, pero si él había sentido su presencia como Sakura, lo más seguro era que Eriol también. Cuando llegó a la barra por la siguiente orden se permitió voltear hacia la mesa y por la mirada que recibió de Eriol no necesitó más. Él también se había percatado de su presencia, era un hecho.

Seguramente hablarían al respecto muy pronto.

Ese "muy pronto" se convirtió en un par de horas. Eriol esperó a que cerraran el Ojo del dragón y caminaron juntos de regreso a la Escuela. Y como dicen, los silencios incómodos siempre son preámbulo de palabras importantes...

-"Puedo entenderlo Kenishi. Sé lo difícil que es todo esto"-el de lentes rompió el silencio sonriendo ligeramente al verlo.

-"H-huh"-

-"¿Qué harás con Xiao Lang?"-

-"Nada. Dejaré que crea lo que sea, no volverá a ocurrir. Seguro pensará que es una mala broma de su mente..."-

-"Sabes que no es estúpido. No se conformará con eso. Además, debes ser cuidadosa, el Concilio te está buscando y te aseguro que Xiao Lang también"-

-"¿Buscándome? Sí, ya lo sé"-dijo con pesadez. -"quiere las Cards"-

-"El Concilio quiere las Cards, Xiao Lang no"-

-"Él me lo dijo"-

La puerta a la dimensión de la Escuela apareció ante ellos, con un par de pasos más ya estaban caminando sobre el húmedo pasto del jardín del ESCO.

-"Sólo recuerda que ninguno de los dos tiene la culpa de esta situación, sólo han sido víctimas de un destino que se torció"-

Y antes de que Kenishi pudiera responder, Eriol ya se alejaba de su lado. Haciendo lo que mejor sabe hacer, dejarlo pensando.

Puedes fingir que estás fingiendo...

Xiao Lang se dejó caer en el colchón de su mullida cama. Ignoró por completo los zumbidos de su hada y deseó que jamás hubiera podido hacer contacto telepático con ella. Ahora no sólo tenía que lidiar con la voz de su conciencia, sino con esa vocesita chillona que se quejaba todo el tiempo. El hada guardó silenció después de enseñarle la lengua y regresó a su refugio, ese oso de felpa negro que se había convertido en su adoración.

En cuanto la vio respirando tranquilamente, los recuerdos del día volvieron a golpearlo de frente.

-"Hay ocasiones en que creemos ver las cosas que queremos ver con todas nuestras fuerzas"-le había dicho Hiragizawa en el momento en que el castaño se levantó de la mesa del café con toda la intención de irse. -"Sin embargo, no siempre obtenemos los mejores resultados, tienes que tener presente eso"-y justo cuando se daba la vuelta para encararlo se topó con su sonrisa, esa que siempre ponía cuando no quería explicarle a qué se refería.

Bufó al salir dejando que la campanilla anunciara su partida del café y caminó por las calles húmedas de Hong Kong con la esperanza de volver a encontrarla. Cosa que no sucedió, por cierto.

Y ahora estaba de regreso en la Escuela y tirado en su cama, pensando.

¿Todo eso había sido verdad? ¿Sakura no había muerto? ¿Quién estaba mintiendo?

¡Pero si la vio con sus propios ojos!

¡La vio!

¡La tocó!

Se levantó de la cama de un salto y abrió la ventana dejando que el fresco de la persistente lluvia le golpeara el pecho.

¡Se volvería loco si seguía así!

Su imagen le invadió la mente. La fina nariz, los ojos enormes y centellantes, de ese verde que no había podido encontrar en ningún otro lugar, las pecas, los labios rosas…

Un ligero sonrojo le iluminó las mejillas sin que se diera cuenta. No bastaba con pensar que la había visto, que la había tocado, sino, hasta creía que lo había besado cuando estaba preso del conjuro del tiempo.

Sin duda alguna, ya había perdido la razón…

El teléfono móvil lo sacó de sus pensamientos. La luz de la pantalla iluminó la oscuridad de la habitación y le mostró el nombre de la que era su prometida acompañado de un leve bip, bip.

Fei Han.

Ese era otro tema. No podía darse el tiempo de fantasías infantiles, heredaría su legado, se casaría, tendría hijos hasta tener un heredero y así hasta el final de los días.

Tocó la pantalla para contestar.

-"¿Xiao Lang?"-tenía sin duda una hermosa voz.

-"¿Quién más podría contestar mi teléfono?"-sin darse cuenta su tono de voz se dulcifico y hasta soltó una leve risa.

-"Cierto. ¿Está todo bien?"-si Xiao Lang pudiera verla notaría como jugaba con un mechón de pelo enredándoselo en los dedos nerviosa. Le había costado mucho hacer la llamada.

-"Sí, todo bien, ¿por qué la pregunta?"-

-"Bueno, es que saliste corriendo del Centro Comercial y me preocupé un poco"-

-"Ah, eso. No tienes de que preocuparte, surgió un asunto de la escuela"-le mintió, pero qué le podría decir, no te preocupes, salí corriendo para encontrarme con la niña de la que creía estar enamorado cuando estaba en Japón. No podía decirle eso ¿o sí?

-"Menos mal. Mei Ling me dijo lo mismo, que tenía que acostumbrarme a esas situaciones. Bueno, no quería incomodarte con mi llamada. Nos vemos"-y cortó la comunicación. Sin embargo, después de cortar la comunicación mantuvo el teléfono abrazado a su pecho con la cara completamente sonrojada, diciéndose mentalmente que era una tonta.

Xiao Lang decidió no darle importancia, pero antes de que dejara el teléfono en la mesa volvió a sonar. Era de nuevo Fei Han.

-"Humm. Casi lo olvido, te deseo un muy feliz cumpleaños, que los espíritus de los ancestros te protejan. Nos vemos pronto"-y volvió a colgar, antes de que Xiao Lang pudiera decir algo. Claro, los regaños mentales de Fei Han sobre su comportamiento al teléfono no se hicieron esperar, era una sosa. Soltó un gritito y se dejó caer en el sofá que estaba a lado de una mesita y continúo con los regaños.

Xiao Lang dejó el móvil en la mesa, incluso pensó que volvería a llamarlo, pero no lo hizo.

Sonrió sin querer cuando regresaba a la cama, era una niña muy tierna Fei Han, a veces pensaba que había sido verdaderamente afortunado con la elección de esposa que le habían hecho. Era muy bonita, con un alto nivel de magia y con todo lo necesario para ser una buena esposa. No tenía mal carácter y hasta podría llegar a pensar que a su lado podría tener una vida tranquila, tener hijos y envejecer.

En realidad no era algo que le molestara en lo absoluto.

Eso lo confirmó el día del compromiso, donde todo había salido perfecto y su mandato como próximo líder de su clan y del Concilio estaba asegurado. Y ella estaría a su lado.

Recordó el beso que les habían pedido los camarógrafos del evento y como es que sin dudarlo, la tomó de la cintura y la besó. Incluso él se había sorprendido de esa reacción. Pero en realidad le gustaba Fei Han.

¿Acaso estaba mal?

¿Y Sakura? Le recordó la voz en su cabeza, con ese mismo tono enojado de antes. ¿Ella también te gusta?

Sus ojos se encontraron con el oso que le había confeccionado hace tantos años, que incluso parecía que había sido en otra vida, y no contestó la pregunta de la voz de su cabeza. No quería contestarla. Se puso el antebrazo en la frente y cerró los ojos.

Tal vez, sólo tal vez hoy podría dormir. Ese sería un excelente regalo de cumpleaños, una noche completa de sueño.

Puedes fingir que estás fingiendo...

Lunes 13 de Julio.

Justo era eso lo que señalaba el calendario que tenían en una pared en lo que solía fungir como el taller editorial de la Escuela. Por sí alguien pretendía olvidarlo, o pasarlo por alto, el número estaba encerrado en un círculo rojo que a todas miras lo hacía parecer muy importante para cualquier persona que lo viera. En fin, por sí alguien no lo recordaba, ese era el día del cumpleaños número veinte del Superior Li.

Como cada año, y por ser un evento tan importante, se organizaba una cena con todos los alumnos, quienes normalmente le regalaban pequeños presentes al próximo líder de hechiceros de oriente.

Incluso se organizaban, dependiendo de lo entusiasmados que estuvieran los diferentes clubes en la escuela, eventos especiales, como obras de teatro o demostraciones de magia, justo como las que se presentaban cuando era el cumpleaños del Director.

Lo primero era el boletín especial que organizaba el periódico escolar comandado por Hang y Sang. Quienes ya preparaban la edición que sería reproducida y leída por todos los alumnos en ese taller editorial que poco tenía de serlo, más bien parecía un cuarto donde la gente suele guardar las cosas que ya no ocupa, o sea, la basura.

Sin embargo, las condiciones de trabajo no mermaban el entusiasmo de los jóvenes que vivían al filo de la noticia, según parecía lo único que le faltaba a la edición especial de ese año era una foto que fuera acorde con la situación, Hang se levantó del suelo y abrió uno de los cajones, de donde por cierto escapó una polilla para estrellarse contra la luz del foco, y sacó un enorme archivero polvoso de donde extrajo una carpeta llena de fotos del Superior, seleccionó una y dio por terminada una edición más.

-"¡A la imprenta!"-gritaron los dos jóvenes al unísono y se levantaron del suelo para salir corriendo por los pasillos, todavía oscuros, de la Escuela Superior de Ciencias Ocultas.

Puedes fingir que estás fingiendo...

Kenishi giró en la cama, todavía no era hora de levantarse, no estaba listo para afrontar ese día en especial, era el día del Superior Li. Hasta parecía que era un político en plena campaña electoral, habría fotos suyas por todos lados, todos celebrarían su nacimiento, por poco y lo convertían en un día feriado a nivel nacional. Era sencillamente repugnante.

Hacía poco había escuchado de la existencia de un club de fans de la Escuela de Hechiceras que organizaba una comida en su honor cada año, a la que por cierto, jamás asistía.

Morfeo se despidió de él y lo despertó por completo una hora antes de que su despertador sonara. Cosa muy poco frecuente en él, pero con todo lo que le pasó el día anterior tenía la cabeza hecha un revoltijo, así que ni siquiera pudo dormir decentemente.

Tampoco se levantó de la cama, no era tan ñoño como para llegar una hora antes a clases, no, mejor se quedaría en cama disfrutando del estado somnoliento que todavía tenía. Cerró los ojos con la promesa de darse sólo unos minutos, y justo cuando pensó que se reconciliaría con el Dios del sueño, imágenes del encuentro de ayer le bombardearon el cerebro e hicieron que abriera los ojos como para tratar de huir de ellas.

Justo una escena en particular era la que se solía repetir una y otra y otra y otra vez en su cabeza, como si fuera un acetato rayado, o algo parecido. Sí acertaron, ese beso es lo que no lo dejaba en paz, y si esa clase de situaciones continuaban se volvería bipolar, eso, o desarrollaba alguna clase de trastorno de doble personalidad. Bueno, que en su caso al ser Sakura/Kenishi no era demasiado raro que eso pasara.

El problema era que libraba una batalla constante consigo misma. Una parte de su ser se moría un poquito cada que lo veía, todavía el estómago le daba un respingo cuando entraba al salón de clases por la mañana, con el olor fresco de su loción, ese olor que se le estaba haciendo tan cotidiano como respirar; cuando lo veía mirar hacia la pizarra fijamente y se preguntaba mentalmente qué era lo que le había pasado; cuando veía sus ojos rodeados de unas sombras oscuras y le daban ganas de acercarse a preguntarle por qué no había dormido bien; cuando las manos le cosquilleaban porque querían hundirlas en sus cabellos castaños cuando estaban largos…

Otra parte de su ser, la más racional se enfurecía cuando lo veía, al grado de querer estrangularlo hasta que dejara de respirar con tal de que le diera respuestas, con tal de que le dijera por qué no había regresado, por qué la había dejado sola sufriendo con esa promesa que nunca cumplió, esperándolo como una estúpida cada día durante seis años. Esa parte que lo odiaba por haber cambiado, por ser tan frío con la gente, por no ser el niño de sonrisa cálida que solía ser, por casarse con otra que no fuera ella…

Era una batalla tan intensa la que se vivía en su interior que no creía poder salir vivo de ella. Una parte lo amaba todavía (aunque ya no quisiera hacerlo) y la otra parte lo odiaba casi con la misma intensidad. Quería verlo todos los días y al mismo tiempo tenía ganas de no volverlo a ver.

Y ahora, se le sumaba a esta situación el hecho que pasó ayer, en el que él la persiguió por las calles y la miró como la miraba antes.

Suspiró profundamente.

¿Por qué no lo dejaban entrar en su mente sólo unos segundos? Sólo quería saber qué era lo que sentía por ella, por Sakura y juraba que después de eso lo dejaría en paz.

Debería existir una máquina así, o al menos una compañía como Lacuna donde le pudieran borrar de la memoria al castaño con sólo pedirlo. Cierto, era no era posible, o al menos todavía no estaba comprobado que eso fuera seguro de hacer, ni siquiera con magia.

En fin, no sabía cómo solucionar esa situación.

Volvió a suspirar.

Era especialista en situaciones amorosas complicadas. Como si complicarse la vida fuera una adicción, como el tabaco o el alcohol, debería buscar grupos de autoayuda, seguro existía alguno que se llamara «Amorosos Anónimos, donde te ayudamos a superar ese amor no correspondido por el cual todavía tienes esperanzas pero que nunca podrá ser». Debería buscarlo e inscribirse, a lo mejor lo que necesitaba era ayuda profesional. Con la suerte que tenía, seguro podría presidir el grupo de autoayuda con mucha facilidad.

El sonido del despertador le hizo dar un salto de la impresión y se dijo que habría que soportar eso, al menos le quedaba el consuelo que el cumpleaños del Superiorcito Li, sólo duraba veinticuatro horas. Ven lo que decía sobre los problemas de personalidad múltiple, además de todo debería colgarse un letrero que dijera "Tengo problemas de doble personalidad, usted disculpe las molestias que eso le ocasiona" al menos así no tendrían que sufrir sus altibajos con tanta frecuencia.

Su segunda alarma sonó y supo que tanto pensar lo haría llegar tarde, sin duda, a veces soñar es una pérdida de tiempo.

Se levantó de un salto de la cama, apagó el despertador y saludó mentalmente a su hada que también estiraba los bracitos ante el nuevo día. Eso de establecer contacto telepático con esos seres era algo maravilloso, sólo por eso no se arrepentía de lo que estaba haciendo, por todo lo que estaba aprendiendo.

Lo valía.

Hizo lo de siempre, como quien hace lo de siempre, o sea, como un autómata, no fue consciente de sus movimientos hasta que tomó la maleta para Artes Marciales y salió del cuarto. Y como siempre, le sucedió lo de siempre por hacer lo de siempre, vio la espalda del Superior Li que se alejaba por el mismo pasillo por el que él estaba caminando.

Respiró profundamente para darse valor y el aroma de la colonia del castaño le llenó los pulmones, embriagándole los sentidos.

Se dijo a sí misma que no era por su culpa, era por culpa de ese perfume que usaba y siguió caminando.

Puedes fingir que estás fingiendo...

-"Feliz cumpleaños Superior Li"-y se inclinó frente a él un niño pelirrojo estirando los brazos al mismo tiempo, para entregarle una pequeña caja negra.

Xiao Lang ya se había acostumbrado a esa situación, aunque eso no le que quitaba el hecho de que era muy incómoda y le molestaba. No tenían por qué regalarle cosas ese día, ni organizar nada, él no se los había pedido…

Tomó la caja sin darle importancia, y le pasó por un costado al estudiante de Básico sin decir una palabra.

Era el quinto regalo que le daban y sólo había terminado la primera clase del día.

Hiragizawa, quien lo había encontrado al salir de la clase de Artes Marciales reía abiertamente de esa situación.

-"Venga Xiao Lang, no puedes sonreír un poco, o darle las gracias a quien se toma la molestia de regalarte algo. No seas tan amargado"-y siguió sonriendo mientras igualaba el pasó del castaño quien había decidido dejarlo atrás en cuanto lo vio reírse de él.

-"No"-fue todo lo que contestó y se alejó de él cuando entraron al Salón Principal para tomar el desayuno. Perdiéndose entre la multitud, sin hacerlo realmente, porque todos se inclinaban ante él y le daban sus felicitaciones de cumpleaños.

Finalmente pudo sentarse en su lugar de siempre y trató de no perder la cabeza, su tío haría su felicitación de cada año, invitaría a todos los alumnos a la cena que se celebraría en su honor y cancelaría las dos últimas clases para los eventos que organizarían para él. Como cada año.

Y como cada año, eso lo irritaba en sobremanera, ni siquiera le gustaba su cumpleaños y todos parecían disfrutarlo tanto, como si sus buenos deseos fueran legítimos, como si alguien ahí lo conociera, como si supieran quien es, como si le guardaran afecto de verdad…

El precio de ser un Li, le había dicho su Madre en algún momento de su vida, es tener que recibir el falso afecto de la gente por formar parte de la Familia y no por ser quien eres, estamos condenados a eso.

Y ese argumento se comprobaba el día de su cumpleaños. Y ciertamente lo odiaba.

-"Buenos días a todos"-dijo el Director Xiang Won Li al entrar al Salón.

Todos tomaron asiento y susurraron emocionados sobre los anuncios que se harían al respecto de la celebración del cumpleaños del Superior Li. Agradecieron la comida del día y empezaron a desayunar sin dejar de hablar sobre los eventos que se llevarían a cabo durante la noche.

Después de terminar de comer, el director hizo los anuncios que estaban esperando.

-"Como todos saben, hoy es el día del cumpleaños de mi sobrino Xiao Lang, por lo que la cena será organizada en su honor. Los festejos empezaran a las siete, así que sean puntuales. Tengan un excelente día, jóvenes. Y a ti Xiao Lang, te deseo un feliz cumpleaños"-

La mayoría de los presentes corearon la felicitación y aplaudieron alegremente mientras Xiao Lang agradecía con una inclinación la felicitación de su tío. Era la única que agradecía por tratarse de él, de nadie más.

Empezaron a salir del Salón manteniendo los cuchicheos felices por lo que se estaba organizando para ese día, considerado por todos como la segunda celebración más importante después del cumpleaños del Director, incluso era más importante que la celebración del Baile Anual.

Este año habría un performance dirigido por los alumnos de la compañía de teatro de la escuela, donde intervendrían la magia y una historia de amor contemporánea, lo que fuera que eso significaba. Según decían los rumores, incluso el Superior Hiragizawa participaría en los eventos del día.

O al menos eso era lo que le estaba diciendo Chu a uno de los gemelos Zedong mientras caminaban de regreso a sus habitaciones para cambiarse de ropa para la siguiente clase.

-"No me vayan a decir que también le compraron algo a Li, porque les juro que vomitaré"-dijo Kenishi después de escuchar toda la perorata emocionada de los gemelos. Recuerden su bipolaridad, por favor…

-"No, pero compramos cosas mejores, así que tendremos nuestra propia fiesta. No te preocupes por eso Kenny"-le dijo Mao con ojos centellantes mientras Tian asentía fervientemente.

Kenishi los miró confundido mientras escuchaba el sonoro suspiro de Chu. Por la forma en la que lo vio y la sonrisa maliciosa que puso, sabría que nada bueno saldría de todo eso, había tomado la sana decisión de no volver a beber sangre de sapos mágicos, y lo mantendría por el resto de su vida. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral al recordarlo.

Caminaron hasta llegar a los pasillos donde estaban sus habitaciones y decidieron discutir los pormenores de su fiesta clandestina durante el día.

Puedes fingir que estás fingiendo...

La clase de Artes Naturales había alcanzado un nuevo nivel, ahora diseñaban hechizos que eran complementados por el poder que tenían sus hadas y la capacidad telepática de comunicación que habían alcanzado con ellas.

Y a pesar del extraño atuendo del Profesor, y que parecía estar más demente de lo aceptable para cualquier Profesor de esa escuela, era alguien con mucho poder.

-"¿Será como en Pokémon?"-preguntó Mao y se imaginó el enfrentamiento entre dos hadas, como los enfrenamientos que existían en la famosa caricatura. –"Eso sería divertido, yo gritaría Bulbasaur yo te elijo, y en lugar de tirar pokebolas lanzaríamos a nuestras hadas en enfrentamientos en una especie de torneo. ¡Eso sería genial!"-

Todos soltaron una carcajada justo en el momento en que el Profesor apareció en el jardín, lugar que definitivamente era más agradable que el salón que apestaba a fertilizante y a plantas pudriéndose.

-"Buenos días jóvenes. Hoy exploraremos los hechizos conjuntos así que hoy me acompañara la Reina de las Hadas para las demostraciones, trátenla con respeto por favor"-un capullo de rosa se abrió y la Reina de la Hadas, esa que había permitido que sus nuevas hijas se formaran con los estudiantes a principio de año, apareció.

De inmediato la rodearon todas las pequeñas hadas de la clase soltando zumbiditos de felicidad y esparciendo destellos a su alrededor. Todo ese juego de colores centellantes y miles de polvos dorados cayéndole encima hicieron que el dolor de cabeza que Xiao Lang estaba empezando a sentir se acentuara al grado de hacerle palpitar las sienes.

¡Lo que le faltaba!

-"Bueno, jóvenes como ustedes ya saben, las hadas desarrollan cierta preferencia por los elementos conforme van creciendo, por esos son llamadas seres elementales. Sin embargo, por la edad que tienen sus compañeras es difícil saber con certeza a qué elemento se inclinarán si al agua, al viento a la tierra o al fuego, pero a pesar de esto podemos hacer diversas pruebas para ayudarnos a saberlo"-todos guardaron silencio cuando el Profesor empezó a hablar y al parecer la Reina de la Hadas hizo lo propio para que las diminutas haditas se quedaran quietas y prestaran atención.

-"Lo que vamos a hacer es sentarnos en posición de loto"-continuó -"tomaremos entre las manos a nuestras hadas y estableceremos contacto con ellas"-todos seguían las instrucciones del profesor al pie de la letra.-"Ahora, cierren los ojos y conecten sus mentes, sean muy cuidados sobre lo que piensan, lo que queremos es que tengan la mente en blanco para poder alcanzar el grado máximo de concentración y poder ver algún indicio dentro de la mente de sus pequeñas compañeras"-el Profesor guardó silencio, tomó entre sus manos a la Reina de las Hadas y después volvió a abrir los ojos. –"La Reina, es poseedora de la llama azul, pero eso es típico en las Reinas"-algunos abrieron los ojos y lo miraron con cara de claro, todos ya sabíamos eso… sarcásticamente.

-"Yo no puedo ver nada"-dijo uno de los alumnos, siendo coreado por varios más.

-"¡Pues concéntrense no es tan difícil!"-los reprendió

Kenishi miró a su hada con ojos interrogantes, ya había hecho lo que el Profesor había dicho y no podía ver nada. Su hada volvió a cerrar lo ojos y trató de concentrase, pero nada sucedía.

Repentinamente la mañana que se veía despejada y fresca comenzó a nublarse. El cielo se puso gris con tanta rapidez que incluso las hadas se sorprendieron y miraron la tormenta aproximarse con cierto miedo. Las hadas en general no le temían a ningún fenómeno de la naturaleza, pero las tormentas a su edad todavía les parecían terroríficas.

Un trueno hizo vibrar el cielo y con ello las hadas soltaron un zumbido generalizado y se escondieron rápidamente entre las ropas de sus dueños. Sólo un hada quedo maravillada del espectáculo de truenos, el hada del Superior Li.

-"Eres un bicho muy extraño"-pensó en voz alta, sin embargo nadie le prestó atención, todos trataban de calmar a sus hadas.

-"Esto será imposible"-dijo el Profesor y mantuvo una corta conversación mental con la Reina de las Hadas. –"No habrá problema. La Reina me ha pedido realizar la primera evaluación de sus hijas, por lo tanto se las llevará por lo que resta del día"-algunos no pudieron esconder sus caras de tristeza, las pequeñas hadas se habían convertido en sus fieles compañeras en muy poco tiempo. –"No se angustien sólo será por el día de hoy, mañana temprano vengan al jardín después del almuerzo a recogerlas, por hoy será todo…"-

Una a una las hadas se fueron despidiendo de sus compañeros y desaparecieron dejando un poco de polvo brillante en el aire. Kenishi le acarició las alas a su pequeña amiga y le dijo mentalmente que diera lo mejor de sí en las pruebas y que no se preocupara si fallaba, que estaría muy orgulloso de ella. El hada asintió y desapareció después de eso.

Xiao Lang no entendía por qué su hada no se iba. Sinceramente no iba a abrazarla ni nada por el estilo, no era para nada como sus ridículos compañeros de clase, sin embargo, sólo estaba ahí mirándolo fijamente, ni siquiera le decía algo mentalmente.

-"Ya vete"-le dijo mientras hacia señas con las manos para alejarla. –"Vete, anda"-y volvió a hacerle señas con las manos. Y fue cuando escuchó el ligero lamento en su mente, era muy silencioso como si el hada tratara de esconderlo.

-"Me sentiré sola"-había alcanzado a escuchar entre los débiles susurros y ciertamente no supo que hacer. Carraspeo, ya casi todas las hadas se iban y la suya sólo estaba ahí mirándolo. Además, nunca le había dicho que hacer en estos casos. Dio un paso hacía enfrente.

-"No me vayas a morder"-le advirtió al momento que aproximaba su mano hacia ella. Y con demasiada brusquedad le tocó las alas, casi como sino quisiera hacerlo, pero según recordaba eso las tranquilizaba.

El hada se quedó mirándolo fijamente con los ojos dorados más abiertos de lo normal, desde que estaban juntos el único contacto físico que había tenido con ella era para alejarla de su lado. Un ligero sonrojo cubrió sus diminutas mejillas y se sintió tranquila.

Xiao Lang se alejó repentinamente de ella y le dio la espalda.

–"Vete ya"-le gritó y el hada soltó un respingo sorprendida, sin embargo, junto las alas y desapareció del patio dejando caer un poco de polvo dorado. Nadie lo vio, pero los labios del castaño se curvaron en una ligera sonrisa cuando caminaba rumbo a la siguiente clase.

Puedes fingir que estás fingiendo...

El cielo volvió a retumbar cuando los alumnos caminaban por los diversos pasillos de la institución, las advertencias de lluvia no pasaron desapercibidas y algunos invocaron sus paraguas en cuanto tuvieron la oportunidad de hacerlo. El cielo, como esperando a que todos estuvieran cubiertos, dejó caer su lluvia cuando ya casi todos traían paraguas en mano, las gotas empezaron lentamente para después caer con furia y llenarles los pulmones de ese delicioso aroma a tierra mojada. Todos abrieron los paraguas al unísono y continuaron con su ritmo habitual de vida.

Hiragizawa cerró su paraguas negro cuando entró al edificio donde se albergaban todas las oficinas administrativas del ESCO. Caminó hasta estar frente a una puerta que pertenecía a la oficina del Director y esperó pacientemente mientras lo dejaban pasar. Tarareaba una canción que había creído olvidar y sonreía como siempre lo hacía.

-"Pase"-le dijo una voz al interior después de un par de minutos. –"Siéntate Eriol"-el Director le señaló el sofá frente a su escritorio. –"¿Quieres café?"-Hiragizawa asintió y poco después entró el que parecía ser el Secretario personal del Director, aunque siendo sinceros Eriol nunca lo había visto antes y eso que él es un excelente observador.

-"Gracias"-le dio una ligera sonrisa al joven que le sirvió y esperó a que se marchara para hablar. –"Tendré que salir por un tiempo, espero que no sea más de una semana. Iré a Londres"-le dijo después de saborear el amargo sabor del café. Y ciertamente no era una petición, era más bien un aviso.

-"No creo que haya ningún problema con eso"-le contestó el Director después de hacer lo propio
con su café.-"Sin embargo, y en vista de que a pesar de soy tu Director sólo te tomas la molestia de avisarme sin pedir mi consentimiento, espero que por lo menos me digas el motivo de tu viaje"-Eriol sonrió ocultando sus ojos con el reflejo de sus lentes.

-"Sinceramente no estoy seguro del motivo de mi viaje. Recientemente soñé con las calles que visitaba en Londres de niño y creo que es un mensaje. Tendré que ir a corroborarlo, además me hará bien un poco de aire fresco, las cosas empeoran con el paso del tiempo y si sigo así supongo que moriré pronto, no me podrás negar el gusto de visitar mi tierra natal por última vez"-el aire serio con el que dijo esas palabras volvió demasiado tenebroso su discurso.

-"Eso es demasiado dramático hasta para el antiguo Clow. Está bien, sólo espero noticias pronto al respecto. Hablando de otro tema, supongo que por tu personalidad ya estarás enterado de lo que está sucediendo en el Concilio recientemente, y también supongo que sabrás que son temas que te conciernen, bueno, al menos te conciernen por ser parte del legado de tu magia. El Comité está presionando al respecto del Card Master ya hablé con Xiao Lang al respecto, pero me pidieron un buscador y no podré darles largas por mucho tiempo más"-

-"No entiendo. ¿Eso que tiene que ver con la ESCO?"-

-"¿Qué crees que pasará cuando se enteren de que el Card Master está en la escuela?"-Eriol se quedó helado un segundo, pero disimuló por completo su desconcierto, si se dirigía al respecto de Sakura como el Card Master significa que no la habían descubierto. –"No pensé que habría tantos problemas cuando lo invite a asistir a la escuela. Ahora no estoy muy seguro de las consecuencias de esa situación. Kenishi se mantiene oculto y sinceramente el nivel de magia y de concentración que necesita para hacerlo sólo me hace pensar que es uno de los hechiceros más poderosos de este mundo, pero no estoy seguro de cuanto tiempo podré protegerlo"-Eriol asintió, no lo había pensado, pero era mas que obvio que el tío de Xiao Lang sabía de la presencia de Kenishi en la Escuela, pero…

-"Tomaré medidas al respecto. ¿Qué dijo Xiao Lang cuando hablaste con él sobre esto?"-

-"Xiao Lang es un misterio, incluso para mi. Nunca le pregunté abiertamente cómo se sentía al respecto de que el Card Master viniera al ESCO, sin embargo, creo que se lo ha tomado con madurez. Cuando le dije que el Concilio lo estaba buscando no me dijo nada, pero ahora que lo pienso, se lo dije poco antes de que desapareciera por varios días a principios de este año"-los dos guardaron un silencio meditativo, ambos tratando de sacar conclusiones.

-"Tiene razón. Lo ha tomado con madurez. Veré que puedo hacer sobre este tema y pondré sobre aviso al Card Master. Si me disculpa, tengo que ir a clases"-se levantó y se inclino antes de salir. –"Vendré a avisarle cuando ya tenga decidido el día de mi viaje"-y abandonó la oficina.

Sonrío como un niño con juguete nuevo. Este problema, era de entendimiento entre personas, y no era por que no se entendiera la diferencia entre antagónicos básicos como cuando se explica la diferencia entre el blanco y el negro, el problema aquí, es que entre las personas implicadas, cada una tenía una opinión distinta sobre el blanco. Para ser más claros, el Director sabía que Kenishi estaba en la escuela, y cuando hablaba con Xiao Lang sobre el Card Master, él suponía que también lo sabía, pero está claro que Xiao Lang no sabe que Sakura está en la escuela.

O sea, que esos días que salió del país…

Sin duda, Xiao Lang había ido buscar a Sakura en cuanto se enteró que estaba en peligro por el Concilio. Lo que tendría que enterarse es qué encontró con su viaje y además está lo que sucedió con la presencia de Sakura el día de ayer.

-"Pobre Lobo. Ha de estar muy, pero muy confundido… "-pensó y siguió sonriendo. Ese enredo era algo simplemente fascinante.

Cuando salió al patio la lluvia seguía igual. Aspiró profundamente el aroma a humedad y caminó protegido por su paraguas. Aceleró el paso cuando sintió su cuerpo desfallecer, eso era cada vez más frecuente, trastabilló hasta que encontró una pared para sostenerse y recuperar el aliento.

No era broma cuando dijo que si seguía así moriría pronto. La escuela lo estaba matando.

El mareo pasó y bajó el paraguas para que la lluvia le refrescara el rostro. La verdad era que estaba huyendo de la escuela para tratar de recuperar fuerzas y solucionar uno de lo tantos problemas que lo estaban asediando, o al menos eso esperaba hacer.

Cuando sus lentes ya estaban completamente empañados por la lluvia retomó su camino a clases. La verdad también llegaba tarde a Historia de la Magia a propósito, esa era la clase más aburrida que le había tocado en esta vida y en la pasada. Lo juraba.

Entró al salón con quince minutos de retraso y media clase ya estaba a la mitad de un sueño profundo. Se disculpó diciendo que había sido llamado por el Director y tomó su lugar a lado de Xiao Lang.

-"¿En qué página van?"-le preguntó con voz baja y Xiao Lang movió su libro para dejarle ver la página 518 de ese libro que parecía ser eterno. En cuanto encontró el párrafo en el que estaba la clase dejó de prestar atención, era algo que simplemente no podía hacer. Volteó a ver a su compañero de asiento y notó como escuchaba la clase con fingida indiferencia y tomaba notas cuando lo consideraba importante.

La verdad podría jurar que era el único que permanecía despierto durante las dos horas de clase. Trató de poner atención eso no podría ser tan difícil, se quito los lentes y sacó un paño de su chaqueta para limpiarlos, sólo por hacer algo, y trató de escuchar la clase.

-"Actualmente se respeta el orden de hechiceros que fue establecido hace unos siglos"-Eriol sonrió con pesar, ni siquiera en esta vida podría prestar atención a esa clase. Regreso los ojos al libro e hizo un segundo esfuerzo. –"Los hechiceros, desde entonces, se dividen en tres niveles. En el nivel tres los hechiceros necesitan algún objeto físico para canalizar su poder, normalmente se usan báculos o pendientes; los hechiceros de segundo nivel ya no necesitan objetos, sin embargo, tienen que invocar a través de la voz para que sus hechizos surtan efecto; y finalmente, los hechiceros de primer nivel ya no tienen necesidad de utilizar la voz, sólo es necesario que los hechizos sean formulados en sus pensamientos"-el profesor hizo una pausa al escuchar el ronquido de uno de sus alumnos, frunció el ceño y le lanzó una esfera compacta de viento que no sólo lo hizo despertar sino que lo hizo levantarse de su asiento y trastabillar confundido hasta que terminó en el suelo, haciendo que los otros que dormían se despertaran y soltaran una carcajada generalizada.

-"Espero poder continuar con mi clase y que me hagan el grandísimo favor de mantenerse despiertos a menos que quieran que terminemos la clase de hoy con un pequeño examen"-todos miraron horrorizados al Profesor y asintieron obligando a sus párpados a mantenerse abiertos por lo que restaba de la clase.

Kenishi ahogó un bostezo, estaba demasiado cansado como para mantenerse despierto, la verdad no había podido recuperarse de usar tanta magia el día anterior. Volvió a bostezar al tiempo que se quitaba un par de lágrimas de cocodrilo con el dorso de la mano. Miró a su compañero de asiento dormir plácidamente sobre sus brazos y se preguntó qué era lo que los Zedong estaban planeando para ese día, habían dicho algo sobre una fiesta, pero no podía imaginarse a que se referían.

Bostezó por enésima vez, y agradeció que el Profesor estuviera diciendo cuales eran las páginas que debían de leer para la próxima clase, dando por terminada la del día. Le dio un ligero codazo a Mao Zedong para despertarlo y sonrió al ver su cara somnolienta.

-"¿Ya terminó la clase?"-Kenishi asintió ante la pregunta y se puso de pie al igual que la mayoría de los alumnos.

Mao estiró los brazos para desperezarse y se levantó de su asiento buscando con la mirada a su hermano gemelo.

-"¿Crees que ya esté listo?"-le preguntó a Tian cuando lo vio acercarse con Chu.

-"No lo creo. Supongo que le tomará al menos dos horas más. Estará perfecto para la cena"-

-"¿De qué están hablando?"-preguntó Kenishi cuando ya caminaban rumbo a la clase de Manejo de los Elementos y que por la celebración del cumpleaños del Superior Li, sería la última del día.

-"Ya te enterarás a su debido tiempo, mi querido amigo"-de nuevo le dio esa sensación de que aquello no llevaría a nada bueno.

Justo cuando entraron al salón de clases se toparon con un niño de básico que le entregaba una pequeña bolsa azul oscuro a Xiao Lang, el niño sacudió su cabellera cobriza después de inclinarse como muestra de respeto y luego desapareció corriendo por el pasillo.

El castaño miró la bolsa sin prestarle atención y siguió acomodando sus cosas para la clase. Unos segundos después de sacar su carpeta tocó la bolsa que le habían dado y la desapareció sin siquiera abrirla. Kenishi supuso que la habría tirado a la basura o algo por el estilo, y sin darle más vueltas al asunto se sentó en una de esas mesas que le recordaban a las del Ojo del dragón.

El Profesor Liu Bang entró al salón de clases montado en un scotter, se detuvo justo al lado de su escritorio y se quitó el casco, le sonrió a sus alumnos al tiempo que les daba los buenos días.

-"Buenos días"-corearon los jóvenes y guardaron silencio.

Para la mayoría de los alumnos la historia de ese profesor era un misterio, nadie entendía por qué parecía un niño. De acuerdo con la información que pudo conseguir Chu, el maestro de Manejo de los Elementos, fue víctima de un conjuro que ni siquiera los hechiceros más poderosos pudieron revertir, por lo cual decidió dejar de intentarlo y parecer un niño el resto de vida. Según les informó el chico, el mini-profesor perteneció a la generación de estudiantes del Director Li, tal como la mayoría de sus maestros.

Sin embargo, pese a su tamaño compacto y su graciosa manera de enseñar, era uno de los hechiceros más poderosos de la ESCO. Ahora, se divertía abiertamente viendo como sus alumnos eran superados por la prueba que se le había ocurrido para ese día. La temporada de lluvias hizo que le dieran ganas de trabajar con agua, por lo cual, convirtió el aula, con el movimiento de su mano derecha, en un enorme desfiladero con una cascada que parecía no tener fin.

Los alumnos, al sentir como el salón era transformado, levitaron ante la ausencia de un piso firme bajo sus pies. El profesor se acercó a sus habilidosos alumnos y les sonrió abiertamente mientras señalaba con satisfacción su hermosa cascada.

-"¡Ahora en parejas!"-gritó porque el sonido de la caída de agua les inundaba los oídos. –"¡Quiero que partan la cascada en dos!"-y sin darles otro tipo de indicación desapareció de los alrededores y se ubicó tan lejos de los alumnos que parecía un punto en el cielo gris del día.

Todos se miraron un poco intrigados, nunca habían tenido que partir una cascada en sus vidas, y vaya que habían tenido que hacer muchas cosas. Pero no era sólo eso, sino que, ante la falta de algún punto de apoyo, tenían que invocar hechizos de levitación, lo que los haría tener que manejar, al menos, dos hechizos al mismo tiempo.

Li y Hiragizawa fueron los primeros en acercarse a la cascada, bastó una mirada entre ellos para saber que serían pareja, eso siempre había sido obvio, excepto el año anterior, donde Kenishi estuvo casi obligado a ser el compañero de trabajo de Li, ellos trabajaban juntos en todas las asignaturas.

Eriol sonrió al acercar su mano a la cascada, el flujo de agua era demasiado fuerte, además del hecho de que estaba helada. Estuvo tentado a decirle a Xiao Lang que no tenía ni la más mínima intención de meter las manos ahí, pero cuando volteó a verlo, el castaño ya se había quitado el saco y se estaba doblando las mangas de la camisa hasta los codos. Una sonrisa de medio lado, casi imperceptible, se asomaba en su rostro.

El inglés se levantó las gafas con el dedo índice y soltó un ligero suspiro antes de realizar el mismo procedimiento con las mangas de su camisa. Cuando los dos estuvieron en igualdad de condiciones se miraron de reojo y metieron ambas manos a la cascada al mismo tiempo, sin embargo la fuerza de su hechizo les hizo ser arrojados a casi dos metros del flujo de agua, como si la cascada tuviera la capacidad de defenderse de sus intentos por dividirla.

Esto no está nada bien. Pensaron la mayoría de los alumnos al ver a dos de los alumnos más poderosos ser arrojados en su primer intento.

-"Cada que alguno de sus intentos falle, la cascada aumentará su cauce y les será más difícil dividirla"-dijo la voz del profesor a la lejanía, con un sonido como espectral. Los que tenían mejor vista se dieron cuenta que comía un paquete de frituras de queso, mirándolos como si fueran un espectáculo de circo.

Una pareja tuvo valor para acercarse a la cascada y repitieron el resultado de los Superiores, además de que uno de ellos, en medio de la distracción dejó de conjurar el hechizo de levitación y estuvo a punto de caer al vacío, de no ser porque Kenishi reaccionó rápidamente y mediante una burbuja de viento detuvo su descenso. El joven de cabellera más negra que la misma noche, se inclinó levemente como agradecimiento y Kenishi le sonrió como respuesta.

¿Cómo podrían dividir la cascada? ¿Cómo?

Al ver que ninguno de sus alumnos se animaba a realizar un intento, el Profesor cambió un poco la dinámica, en lugar de que el agua desapareciera en la caída libre del desfiladero, empezó a acumularse bajo los pies de los jóvenes, quienes repentinamente ya no podía conjurar hechizos de levitación para mantenerse alejados del agua que seguramente estaba a algunos grados de congelarse. La velocidad de la caída de agua les puso el líquido vital con rapidez al nivel de las rodillas, y si seguían así serían cubiertos en su totalidad por agua helada.

Todos se miraron con desesperación, su Profesor estaba perdiendo la cabeza.

-"Cuando dividan la cascada el agua se detendrá. Es demasiado fácil, no sé por qué se complican tanto la vida"-les dijo el mini-profesor, quien era el único que podía levitar. Después de dejar su paleta de cereza flotando, se acercó a la cascada, y sin mucha fuerza acercó uno de sus dedos y repentinamente el agua detuvo su flujo ocasionando una escisión horizontal, que dejó a todos boquiabiertos.

-"Brrrr"-sacudió frenéticamente la mano que había metido al agua. –"Está helada. ¿Ven lo fácil que es?"-y volvió a tomar su paleta de cereza y se alejó cuando el agua le cubría la cintura a la mayoría de los alumnos.

Esto no está nada, nada bien. Pensó Kenishi, sintiendo como se le entumía el cuerpo y le castañeaban los dientes de frío. El Profesor no recitó ningún hechizo en voz alta por lo que les negó la posibilidad de copiar su técnica, sin embargo, necesitaban algo que detuviera el flujo de agua rápidamente y en un solo intento.

Sintió una mirada sobre su espalda y se giró a ver a Eriol quien lo miraba fijamente a través de sus lentes completamente empapados, como diciéndole con ese simple gesto que el ojiverde tenía la respuesta. Sin embargo, por más que buscaba y rebuscaba en su memoria, no recordaba ningún hechizo que dividiera el agua en dos al más puro estilo de Moisés.

Cuando el agua les impidió tener los pies apoyados en el suelo, todos empezaron a dar brazadas para poder mantenerse a flote, aunque siendo sinceros, eso en lugar de ser una clase, parecía una recreación de los momentos finales de la película de Titanic, donde el vaho de todos era la única forma de saber que no habían muerto de hipotermia, bueno, estaba siendo un poco dramático, era cierto, pero en realidad esperaba que en cualquier momento sonara la canción de Celine Dion como fondo musical de la clase.

Sacudió la cabeza para dejar de pensar estupideces y regresó a la realidad, justo cuando el segundo intento fallido por parte del Superior Li y el Superior Hiragizawa los mandaba todavía más lejos que el primer intento. Trayendo consigo una ola que sumergió a todos por algunos segundos.

Está bien. Se dijo Kenishi mientras se quitaba el agua de los ojos y trataba de controlar el movimiento implacable de sus dientes.

Recapitulemos.

Hay una cascada gigante que debe ser partida en dos, los golpes directos no ocasionan más que el efecto contrario, es decir, no sirve de nada querer aplicar demasiada fuerza, el Profesor únicamente utilizó un dedo para detener el flujo.

Un dedo.

Un dedo.

¡Ya lo sabía! ¡Claro, era Manejo de los Elementos!

Se acercó a los hermanos Zedong que se abrazaban como si eso realmente fuera la película de Titanic, mientras acortaba la distancia juraba haber escuchado que uno de ellos decía Jack, Oh Jack… rodó los ojos, y se acercó a contarles su plan. Mao, quien fue el que pareció entenderlo con más claridad se ofreció a ayudar al ojiverde.

Ambos nadaron a cada uno de los extremos de la cascada mientras los alumnos los miraban expectantes, si los Superiores no podían detener el flujo del agua, nadie podría…

Kenishi levantó la mano e hizo una señal asemejando una cuenta regresiva con sus dedos, ya que, por más gritara, Mao no podría escucharlo. Cuando únicamente quedó levantado su dedo índice, ambos hechiceros colocaron un dedo a la misma distancia en los extremos de la cascada, primero un ligero viento removió el flujo del líquido, hasta que poco a poco, los hechizos invocados por ellos dividieron la cascada. Sin embargo, Kenishi se dio cuenta que eso no era tan fácil como parecía, cuando lograban dividir una parte, el flujo se restablecía en el otro extremo.

El joven Katsura pareció recordar algo y levantó la otra mano e invocó fuego, elemento que rápidamente hizo una espiral cubriendo el hechizo de viento, ocasionando una escisión visible en la cascada.

Y justo como había dicho el Profesor la cascada y el agua desaparecieron de inmediato, incluso el agua helada que estaba en sus ropas se evaporó y los dejó igual de secos que cuando entraron al salón de clases. Los alumnos se arremolinaron con rapidez a lado de los dos hechiceros que habían logrado dividir la cascada, preguntándoles cómo se les había ocurrido utilizar dos elementos y demás cosas. Olvidando por completo el frío que les carcomía los huesos hacía unos minutos.

Kenishi se rascó la cabeza incomodo, mientras Mao relataba la historia alegremente haciendo ademanes exagerados con las manos.

El mini-profesor se acercó al grupo y con un solo movimiento de la mano derecha regresó el salón de clases a la normalidad. Todos tomaron asiento y lo miraron expectantes.

-"Jeje, olvide lo que les iba a decir"-todos entornaron los ojos, siempre era lo mismo con ese maestro. –"Ah, cierto, bien pensando Katsura, había que poner en práctica la fusión de elementos contrarios, sin que eso requiriera mucha fuerza física, parece que todos olvidaron qué es lo que hacemos en esta clase"-

Todos soltaron una risa alegre, todos menos cierto castaño de ojos como el caramelo.

¿Por qué no se le había ocurrido eso a él?

Miró con fastidio las anotaciones que hacía el Profesor Liu Bang sobre la pizarra y sintió de nuevo el dolor de cabeza atravesarle las sienes. Esa clase de dolores ya eran tan habituales que a veces pensaba que tenía algún tumor cerebral, o algo así. Incluso acudió secretamente con el doctor de la familia Li, quien descartó cualquier tipo de cáncer o lesión cerebral.

-"Es sólo que siempre estás tenso"-le dijo con un tono demasiado comprensivo, que al castaño le pareció ridículo. –"Te daré un par de pastillas para controlar el dolor y que te ayudarán a dormir, aunque deberías empezar a relajarte Xiao Lang, sino, difícilmente llegarás a los treinta años"-el castaño no le contestó, la verdad, que ese doctor se tomara tantas libertades con él sólo porque lo había visto nacer, lo ponía de mal humor.

El dolor de cabeza, o más bien, su migraña crónica, hizo que el movimiento que realizó con su cabeza le hiciera arrugar la frente y cerrar los ojos.

-"¿Te duele de nuevo la cabeza?"-escuchó la voz de Hiragizawa y sintió que alguien le estaba taladrando el cerebro. No necesitó contestarle a Eriol, su rictus de dolor lo decía todo.

-"Bueno jóvenes, no olviden que la siguiente clase tienen que entregar el avance de sus proyectos finales y el primer reporte del trabajo de campo que están elaborando"-todos asintieron con alegría sabiendo que las festividades del día empezarían en un par de horas. –"Cierto, casi lo olvido, feliz cumpleaños joven Li"-todos aplaudieron ante la felicitación y Xiao Lang hizo una ligera reverencia como agradecimiento a su profesor, sintiendo deseos de arrancarse la cabeza para ya no sentir dolor.

Todos abandonaron el aula hablando animadamente de las festividades que seguirían de la cena de gala de esa noche, mientras felicitaban con palabras efusivas al Superior Li, quien ni siquiera volteaba a verlos, necesitaba llegar a su habitación y tomarse unas cuantas de esas pastillas que le había mandado el estúpido doctor, al menos tenía la esperanza que eso lo drogaría lo suficiente para soportar toda la gala sin golpear o matar a alguien.

Llegó a su habitación cuando sintió que se le nublaba la vista de tanto dolor, hacía mucho tiempo que no le daba un dolor tan potente como el de ese día. Atravesó el cuarto con tres largas zancadas hasta llegar a la gaveta de su escritorio, revolvió el contenido y sacó un par de frascos, sin mucho cuidado abrió uno de ellos y se metió a la boca cinco pastillas de un solo golpe, tomó la botella de agua que estaba a lado de sus libros y vació su contenido.

Con un movimiento de la mano corrió las cortinas para quedar en completa oscuridad y se dejó caer en la cama. Agradecía el hecho de que las hadas estuvieran siendo evaluadas, estaba seguro de que no podría soportar los chillidos de su bicho alado en la condición en la que estaba. Cerró los ojos, y esperó que las pastillas surtieran efecto, había excedido ligeramente la dosis que le recomendó el doctor (en tres pastillas) pero suponía que eso no lo mataría.

Aunque siendo sinceros, esperaba que al menos lo dejaran inconsciente por las horas que faltaban para el evento, miró su muñeca, tenía exactamente tres horas antes de tener que bajar y recibir las miles de felicitaciones falsas que le daban cada año.

Se puso la mano en la frente y sintió su cabeza ligera, de haber sabido que las drogas que le habían mandado eran tan efectivas las hubiera tomado con regularidad. Rápidamente su cuerpo se empezó a volver pesado, como si no pudiera mover las extremidades sin que eso implicara un gran esfuerzo. Al mismo tiempo sus párpados se fueron cerrando, ya no podría mantener los ojos abiertos por mucho más.

Durmió profundamente por un tiempo que le pareció demasiado corto. Sin embargo poco a poco las imágenes de recuerdos que empezaron a poblar su mente, le dieron ganas de salir de ese mundo gobernado por Morfeo.

¿Lugar? Esa isla donde lo había desterrado su familia, como un paria de la sociedad que no merecía portar el apellido Li. Y donde, según había visto hacía un par de horas, no parecía haber muchas posibilidades de sobrevivir.

Los dos hermanos habían sido asesinados por el gigante sin que eso le ocasionara ninguna clase de remordimiento, de hecho, cualquiera que lo hubiera visto devorar el bife término medio y esa sonrisa retorcida en sus labios justo después de desaparecer los dos cadáveres, podría decir con certeza que había disfrutado matar a los pequeños.

Xiao Lang sentía escozor en los ojos, como lágrimas de indignación al ver al hombre-bestia comer con tanta tranquilidad. Cerró los puños, no podía permitirlo, no podía ver como ese gigante controlaba el destino de sus vidas con el simple chasquido de sus dedos. Dio dos pasos y estuvo a punto de correr hacia él para atacarlo cuando alguien lo detuvo fuertemente del hombro, tanto que sintió que eso le habría las heridas que tenía en esa zona.

-"A menos que quieras morir lo mejor es irnos"-le dijo con una mirada perdida, sin siquiera mirarlo a los ojos. Xiao Lang lo reconoció como el chico que lo había ido a despertar esa mañana, él mismo que no había apoyado su plan de golpear a la bestia para impedir que asesinara a los dos niños.

Sin darse cuenta de eso lo miró con odio.

-"¡¿Por qué no me ayudaste?!"-le gritó fuera de sí, mientras apretaba los puños y se acercaba violentamente al chico, mirándolo con los ojos entrecerrados de furia e indignación, incluso no le importó que fuera más alto que él, le tomó por la ligera playera que portaba y le retorció la ropa. –"¡Pudimos haberlo detenido!"-

El otro joven implicado ni siquiera lo miró, con un simple golpe a los brazos se liberó del agarre y le dirigió la mirada por primera vez.

-"¿Acaso eres idiota?"-pese a la forma en la que se lo dijo no levantó la voz. –"Haz lo que quieras, pero debes saber que si mantienes esa actitud no vivirás más que unos días, además como eres un Li, la bestia te dará un trato especial. Te daré un consejo, lo mejor es que dejes de tratar de defender a todos aquí, sino quieres ser el siguiente cadáver en esta isla"-y sin más caminó por la arena hasta acercarse a las chozas que fungían como sus dormitorios.

Xiao Lang cerró los puños con frustración y apretó con tanta fuerza que no se dio cuenta que le estaban sangrando las palmas, no fue consciente de eso hasta que vio las gotas del líquido rojo carmesí caer en la blanca arena.

Siendo sinceros todavía tenía la esperanza de que eso fuera una bizarra pesadilla de la que no podía despertar, y que en algún momento estaría en su cama, en su casa, con Mei Ling…

Pero no, había sido exiliado de su hogar por cometer un error que hasta la fecha no tenía muy claro, y las consecuencias eran estar en ese infernal lugar por dos años, siendo custodiado por un hombre-bestia que disfrutaba matar cuando se le presentaba la oportunidad. Él no podía permitir que eso le sucediera, tenía que regresar a su casa y demostrarles a todos que había sobrevivido a sus castigos que era digno de ser quien tenía que ser.

El sol se alzaba en lo más alto del cielo y pudo ver con claridad el lugar donde estaban, había alrededor de 15 chozas, o tal vez 20 chozas a lo largo de una hilera en el centro de la isla, la cual estaba rodeaba de palmeras y según alcanzaba a ver algunos árboles frutales. Como el hombre-bestia seguía devorando su gran trozo de carne, supuso que no los torturaría por un tiempo, por lo cual le dio la oportunidad de buscar agua, o cualquier líquido para poder enjugarse las heridas que tenía, y que sino recibían atención pronto se infectarían.

Sin saber a dónde ir, siguió las huellas que había dejado el otro chico y llegó al centro de las chozas, no se había dado cuenta de eso, él pensó que los únicos en la isla eran los dos niños que habían muerto en la mañana y el otro chico, pero eran alrededor de cinco jóvenes más en la isla, todos con la misma mirada de temor tatuada en el rosto. No podía creer que siendo tan jóvenes ya experimentaran el miedo a la muerte de manera tan evidente. Vio a algunos de ellos llenos de heridas y cicatrices que no podían sanar, todos en completo silencio mientras uno de ellos sacaba una especie de cubeta de agua de un agujero.

Todos se acercaron a beber un poco de agua ante la mirada del castaño. Quien todavía no acababa de creer que todo eso fuera real.

Hizo cálculos sobre las edades de los que estaba ahí y podía jurar que el de mayor edad era el chico que le había hablado en la mañana, quien tal vez no pasaría los dieciséis años, de ahí en fuera todos parecían menores de diez años, todos eran niños.

Se acercó más y le ofrecieron una especie de recipiente con agua.

-"Date prisa antes de que venga la bestia"-le urgió un niño pelirrojo con la cara llena de pecas, quien era el que había sacado el recipiente con agua del hoyo en la arena. –"¿Eres «el Li», verdad?"-le preguntó una vez que el castaño volvió a poner el recipiente para que fuera llenado de nuevo, no sabia que tenía tanta sed.

-"Sí"-se atragantó con el último trago y tuvo una ligera tos. –"¿Cuánto tiempo llevan aquí?"-preguntó después de algún tiempo.

-"Llegamos poco antes que tú, tal vez unos tres días o dos, ya perdimos la noción del tiempo"-le dijo el pelirrojo cuando le daba un poco del líquido vital a dos pequeños de tal vez seis u ocho años. –"La mayoría estaremos un año, el único que ha recibido dos años fuiste tú, y él…"-un ligero alboroto les hizo saber que la bestia, como lo llamaban todos, se acercaba, por lo que la conversación terminó. –"Es mejor que te metas a tu choza, puede enfurecer si nos ve aquí, llévate el bote con agua para que te limpies un poco"-el pelirrojo, era más o menos de su edad, en su siguiente conversación se enteraría que se llamaba Wo Min-Tao, del clan Wo, conocido en China por especializarse en la investigación tecnológica de última generación.

Lo único que escuchaba era los ruidosos pasos de la bestia, quien al parecer arrastraba algo consigo, algo tal vez metálico, Xiao Lang se asomó por una pequeña rendija de su choza y pudo ver que estaba cargando un hacha, su adrenalina se disparó, ese hombre maniaco se acercaba a una de las chozas, escuchó gritos y se dio cuenta que le estaban castañeando los dientes, tenía miedo, en realidad todo el cuerpo le temblaba.

Vio como sacaba a uno de los niños más pequeños y lo tomaba del cabello, de nuevo, sin importarle sus heridas salió de su choza, pero antes de que pudiera llegar enfrente de la bestia, éste dejó caer al niño quien silenció sus sollozos con su propia mano y siguió su camino.

-"Mejor me divertiré más tarde, ahora me iré a dormir…"-dijo al aire el enorme hombre y siguió su camino hasta perderse entre los árboles frutales. Una vez que estuvo lo suficientemente alejado el castaño se acercó corriendo al pequeño y lo ayudó a levantarse. El niño, quien todavía acallaba sus sollozos con la mano, tenía una mueca de terror dibujada en el rostro.

Xiao Lang pensó que si sus cálculos no fallaban ese pequeño tenía apenas cinco años. Le quitó la mano de la boca porque el pequeño estaba como en shock, y lo metió a la choza, el pequeño simplemente se alejó de él sin emitir una sola palabra y se sentó en el rincón donde había paja –o tal vez hojas secas- que lo protegían del frío.

¿Qué pudo haber hecho ese niño para merecer estar ahí? Se preguntó cuando lo vio secarse las lágrimas con el dorso de la mano.

¿Qué había hecho él para estar ahí?

Sin saber bien por qué, se acercó al pequeño y se sentó a su lado.

-"¿Cómo te llamas?"-el niño no lo miró, mantenía los ojos fijos en sus rodillas, las cuales, tenían raspones por todos lados. –"¿Cuántos años tienes?"-el pequeño no contestó ninguna de sus preguntas.

Xiao Lang se dijo que podrían tener problemas si se quedaba ahí y la bestia regresaba. Se levantó y decidió ir a su choza. Cuando se acercaba al hueco en la pared que era lo más parecido a una puerta escuchó el débil susurro del niño.

-"No debo hacer ruido, debo ser silencioso, no debo llorar. No debo hacer ruido, debo ser silencioso, no debo llorar. No debo…"-el castaño volvió a cerrar los puños con furia, mientras escuchaba el cántico del niño, lo más seguro es que estuviera ahí por llorar con frecuencia o por parecer débil a los ojos de sus padres.

Salió sintiendo un nudo en la garganta y se refugió en su choza, donde como animal lastimado revisó sus heridas y las limpió lo mejor que pudo. Después de improvisar unas vendas con las mangas de su camisa decidió ver que encontraba en ese lugar, que al parecer no pasaba de los ocho metros cuadrados.

Cerca de donde estaba lo que parecía ser el baño encontró algunas prendas de ropa, no sabía con certeza si estaban limpias o sucias, pero cualquier cosa sería mejor que la camisa manchada de sangre que tenía. Se puso una camiseta negra, optó por dejarse los pantalones que traía, pero sustituyó sus zapatos por unos tenis que, por lo que veía, no fueron usados mucho tiempo.

Escuchó el susurro del viento y como se movían personas fuera de las chozas. Salió de nuevo y por el lugar donde estaba el sol calculaba que eran como las tres o cuatro de la tarde, miró su muñeca, supuso que perdió su reloj en algún momento de la batalla de esa mañana. Se acercó de nuevo al chico pelirrojo de la mañana y vio como repartía fruta entre los otros cuatro pequeños que había ahí.

Se enteró que eran dos niños de ocho, el pequeño de cinco, uno más de siete y el pelirrojo Wo de once. También se enteró que el mayor de todos en la isla era Yin y le habían dado la condena más larga, tres años y al parecer era también el niño que más tiempo había sobrevivido en la isla. Lo vio acercarse, ya sabía de donde había sacado ese nombre, sus ojos eran de color plateado, se aproximó al montón de fruta, dejó caer las bananas que traía sosteniendo con la camisa y se fue.

-"Siempre nos trae comida, pero no nos habla y si la bestia se acerca no nos ayuda"-dijo el pelirrojo Wo como respondiendo a la pregunta que el castaño nunca formuló.-"¿Por qué estás aquí?"-le preguntó mientras mordía un mango y le pelaba una banana al niño de cinco años. –"¿Qué hiciste?"-

El castaño no contestó, no sabía que decir, a pesar de que ese niño era la persona más amable que había visto en esa isla, no pudo contestarle. Por lo que vio esa tarde, ese niño no sólo estaba atento a las necesidades básicas como agua y comida, sino que atendía lo mejor que podía a los niños más pequeños. En una rápida revisión Xiao Lang se percató de la herida que tenía en el brazo derecho, un corte profundo que partía de su muñeca hasta el codo.

-"Me lo hizo como bienvenida"-Xiao Lang pensó por un momento que ese niño de cara pecosa tenía la capacidad de leer la mente, pero en realidad era muy observador. Le recordaba a Hiragizawa.

La tarde se convirtió en noche con rapidez. Todos se extrañaron cuando la bestia no regresó por su dosis de violencia después de dormir, e incluso, algunos agradecieron mentalmente a los cielos el hecho de no verlo cuando la oscuridad ya impregnaba el cielo de esa isla, anunciando la hora de ir a dormir.

Un grito.

Un grito desgarrador despertó a todos del estupor en el que estaban. Xiao Lang abrió los ojos y trató de ubicarse, era tal vez media noche, todo estaba completamente oscuro, levantó la mano pero se dio cuenta que estaba encadenado, tenía un grillete que en la mano derecha que impedía que se pusiera de pie, tenía que estar hincado o sentado, no podía hacer más.

Trató con desesperación de sacarse el grillete pero nada resultó, movió los ojos tratando de enfocar algo pero no podía distinguir nada. Por el sonido del mar y el oleaje que golpeaba sus piernas supuso que estaban encadenados a la orilla de la playa.

-"Cálmate"-si no se equivocaba era la voz de Wo. –"Todo estará bien"-Xiao Lang sintió como el cuerpo se le tensaba al oír esa frase. –"Sólo quédate quieto"-el intento del pelirrojo por calmar al niño funcionó, sin embargo, la mente retorcida de la bestia no sólo se limitaría a encadenarlos.

Repentinamente una fuerza empezó a jalar el brazo que tenía encadenado, era como si tratara de succionarlo dentro de la arena. Al mismo tiempo se percató que el oleaje aumentaba, levantó la mirada y pudo distinguir mejor al ver una enorme luna llena. La cual dejó de ser cubierta por una nube para regalarles un poco de luz.

El reflejo azulado le permitió ver que todos estaban encadenados de diferentes partes del cuerpo, el niño más pequeño tenía los grilletes en el cuello. Al ver como se hundía el pequeño cuerpo en la arena pensó en romperse el brazo y ayudarlo, se jaló con desesperación pero nada daba resultado.

El niño desaparecía dentro de la arena, movía frenéticamente las manos para tratar de sostenerse de algo pero todo era inútil. Repentinamente la bestia apareció a lado del cuerpo del niño y sonrió.

-"Pensé que resistirías más"-y sin más terminó de hundir el cuerpo en la arena poniendo su pie encima del estómago del niño.

-"¡Noooooooo!"-gritó Xiao Lang sintiendo como sus ojos liberaban lágrimas de impotencia. –"¡Maldito!"-nuevamente trató de jalar los grilletes que apresaban su mano, sin darse cuenta que su muñeca estaba sangrando. –"¡Maldito!"-volvió a gritar, sin embargo la fuerza que jalaba la cadena que sostenía su mano arreció y de un solo tirón lo dejó en el suelo, con la cara sobre la arena.

-"No me digas que quieres hacerte el héroe otra vez principito"-la luna volvió a ser cubierta por las nubes por lo que no pudo ver a la bestia hasta que estuvo a su lado. –"¿Quieres que me detenga?"-

Xiao Lang trató de levantarse contrarrestando la fuerza que jalaba su mano con sus otras extremidades, pero era imposible. Un gritó de dolor se le escapo de la garganta cuando sintió que algo estaba estrangulando su brazo y lo jalaba con la intención de arrancárselo del cuerpo. El grito se volvió generalizado, todos estaban en la misma situación que el castaño.

-"¡Te pregunte si quieres que me detenga!"-la bestia le pisó la pierna mientras caminaba a su alrededor. –"Oupss, lo siento"-le dijo con fingida pena. –"Bueno, principito, si quieres que me detenga suplícame y tal vez lo haga"-

El castaño vio como el cuerpo de otro de los niños era succionado por la arena completamente. Pudo ver a Wo resistiendo clavando las uñas en la arena, Yin estaba en la misma postura que el pelirrojo, sin embargo, los otros niños serían tragados por la arena en segundos, se mordió la lengua para tratar de reaccionar y decirle algo, decirle…

-"De-detente"-le dijo en un susurro. –"¡Detente por favor!"-gritó como suplica.

La risa de la bestia le inundó los oídos. Como la luna había sido liberada por la nube pudo ver como el malvado hombre retorcía la mano y sumergía a otro de los niños en la arena.

-"Te dije que tal vez me detendría, no dije que lo haría…"-más y más gritos.

El castaño ya no podía distinguir los suyos de entre todos los lamentos de dolor que podía escuchar, estaba seguro que se le había dislocado el hombro. Pensó que los niños que eran tragados por la arena morirían de asfixia, pero la bestia los sacaba poco antes de que perdieran todo el aire de los pulmones y volvía a dejar que fueran succionados. Era como un juego para él, mientras más te resistías más fuerza aplicaba, y una vez que eras tragado por la arena te dejaba sufrir por un tiempo para volver a empezar en un círculo vicioso interminable.

-"¡Detente!"-gritó uno de los niños que era succionado de los pies, por la forma en la que estaba una de sus piernas se podía ver que tenía un hueso roto. –"¡Para! ¡Para! ¡Para!"-las lágrimas escurrían de su cara. –"Te lo suplico, detente… detente"-rogó, por lo que la bestia se acercó a él.

-"¿Quieres que pare?"-se acuclilló a su altura. –"Pararé"-levantó la mano y todo se detuvo por un momento.

Xiao Lang escupió la arena que estaba en su boca y jaló de nuevo su mano con la muñeca completamente lacerada. Regresó a la posición inicial medio sentado con las piernas estiradas para darse cuenta que estaba tan preocupado por los otros niños, que no se dio cuenta que la marea estaba subiendo, el agua salada le cubría por completo las piernas haciéndole recordar las heridas abiertas que tenía a lo largo del cuerpo.

-"¡Ya paré!"-le gritó la bestia al niño. –"¿Quieres que todos regresen a sus chozas?"-el niño movió la cabeza afirmativamente mientras se mordía el labio para resistir el dolor de su pierna. –"Entonces… ¡traga!"-tomó un puño de arena húmeda y se la metió a la boca soltando una risa tan tenebrosa que a todos les recorrió un escalofrío. –"¡Traga! ¡Traga! ¡Traga!"-le gritó como un poseso llenándole la boca de arena.

Xiao Lang volvió a sentir una oleada de furia recorrerle el cuerpo que volvió a disparar su adrenalina, no le importó que la magia estuviera prohibida, tocó los grilletes que encarcelaban su mano y recitó un conjuro para abrirlo. La bestia estaba tan ocupada que no se dio cuenta de lo que hacía el castaño. Corrió como pudo en medio de la oscuridad y se le lanzó encima al hombre para detenerlo, sin embargo, Xiao Lang no notó que el chico ya no respiraba, la arena en la boca y las fosas nasales lo había asfixiado.

La bestia soltó un rugido que resonó en los oídos de todos. El pequeño de cinco años se tapó los oídos y cerró los ojos con fuerza para no ver como la bestia le retorcía el cuello al chico que le había ayudado en la tarde. Xiao Lang cerró los puños antes de perder el conocimiento debido a la falta de aire, logró soltarse y cayó al suelo tomándose el cuello y tosiendo para tratar de recuperar la respiración.

El hombre volvió a tomarlo del cuello, pero Xiao Lang se acercó al rostro de la bestia y le pegó con la cabeza en la nariz. No sabía de donde estaba sacando esa fuerza, pero no podía soportarlo, él no podía dejar que siguiera matando niños enfrente de él. Volvió a correr por la oscuridad y lanzó rayos para liberar a todos de los grilletes, el uso de magia le rebotó en el cuerpo y antes de darse cuenta de nuevo la bestia lo tenía otra vez del cuello.

-"¡Te dije que no te hicieras el héroe principito!"-la bestia notó como los niños corrían alejándose de la playa. –"Ahora te haré a ti todo lo que tenía pensado para ellos"-Xiao Lang pudo ver que el chico al que le hizo comer arena no se movió, enfocó mejor su mirada y se dio cuenta que su pecho no se movía, no estaba respirando… estaba… estaba…

Muerto.

El tercer niño que mataba en tan sólo dos días.

Si alguien le preguntara ahora al castaño que pasó esa noche, no podría decirlo con certeza. No supo si terminó inconsciente por los golpes de la bestia, o el hombre se cansó de golpearlo y se fue. O si simplemente decidió dejarlo vivir para hacerlo sufrir después.

Sólo supo que cuando recobró el sentido ya era de día. No podía abrir un ojo, lo tocó y se dio cuenta que estaba completamente hinchado y una lágrima acompañada de sangre se escurría por su rostro. Escupió al sentir el sabor metálico de su propia sangre en la boca y se dio cuenta que le había tirado un diente.

Siguió repasando las heridas de su cuerpo, notó que su muñeca estaba en carne viva, justo donde habían estado los grilletes, intentó ponerse de pie, pero no lo logró, se arrastró por la arena al darse cuenta que el agua salada le lastimaba las heridas. Cuando estuvo lo suficientemente alejado de la playa vio a la bestia acercársele de nuevo con un mazo en la mano.

-"Vine a darte los buenos días principito y a terminar con ése"-señaló el cadáver que todavía se encontraba encadenado a la arena con los ojos abiertos, todavía con la mueca de sufrimiento en el rostro.

Xiao Lang no pudo verlo por mucho tiempo, no tuvo el valor de verlo. Cuando la bestia se puso enfrente de él y levantó el mazo ocasionando que su sombra cubriera la luz del sol, Xiao Lang no pudo dejar de pensar que lo mataría y se despidió de la vida. Se despidió de todos y sin saberlo su rostro se movió en una mueca que parecía una sonrisa, terminaría con el dolor de una sola vez.

-"Adiós Sakura"-fue lo que se quedó en su cabeza cuando el hombre bajó los brazos para golpearlo en las costillas. –"Ya no podré regresar a Tomoeda…"-

Unos golpes en la puerta que dieron paso a una persona lo sacaron del sueño, sin embargo, la sensación del mazo destrozándole las costillas todavía le recorría la piel.

-"Xiao"-Eriol encendió la luz y abrió los ojos sorprendido al ver al castaño. Estaba bañado en sudor, con la mirada completamente perdida, respirando con dificultad y con una mueca de dolor en el rostro. –"¿Qué pasó? ¿Estás bien?"-se acercó rápidamente al borde la cama y trató de tocarlo, sin embargo el castaño hizo un movimiento hacia atrás para huir del contacto y le soltó un golpe.

-"¡N-no, n-no me t-toques!"-tartamudeó sintiendo la boca tan seca que creía que moriría de sed. Trató de ubicarse en tiempo y espacio y se dio cuenta que aquello había sido una pesadilla, que estaba en su cuarto y que aquel al que había golpeado era Hiragizawa.

El inglés no dijo nada, se acercó al baño y como si le hubiera leído la mente le trajo un vaso de cristal con agua. En silencio se lo tendió y lo vio beberlo rápidamente como si la vida se le fuera en ello, como si el agua le hubiera regresado el alma al cuerpo, el castaño soltó un sonoro respiro para tratar de regularizar su respiración y después de unos minutos levantó la mirada y vio a Eriol fijamente.

-"¿Soñaste…?"-le preguntó y Xiao Lang asintió; se removió en el lecho para ponerse de pie.

-"¿Qué hora es?"-buscó el reloj en su cómoda y se dio cuenta que estaba a diez minutos de que empezara la celebración por su cumpleaños. El chico de lentes no le contestó al darse cuenta que ya había visto la hora.

Al pequeño lobo levantarse tan rápidamente le ocasionó un fuerte mareo, se tomó la cabeza porque sintió que la perdería si no la sostenía con las manos.

Eriol se acercó y lo tomó del hombro con la intención de ayudarlo a caminar, sin embargo el castaño se alejó, como siempre hacía cuando alguien lo veía en momentos de debilidad. Se metió al baño sin siquiera mirar al inglés y sin decirle una sola palabra, los dos sabían que cuando el castaño saliera del baño Hiragizawa tendría la sonrisa tatuada en el rostro y le empezaría a decir cosas sin sentido, como siempre que el inglés veía a Xiao Lang después de esos sueños.

Esto está empeorando. Se dijo a sí mismo Eriol y se tomó el cabello con desesperación, si eso seguía así, las cosas se saldrían de control antes de tiempo. Sin quererlo el inglés miró la puerta que conectaba con el cuarto de Kenishi y soltó un suspiro. Tendrán que ser fuertes.

Dejó de lado sus pensamientos al escuchar que el castaño cerraba la llave de agua de la regadera y recorrió el cuarto con la mirada, encontró el frasco de pastillas que le habían recetado para dormir y leyó la prescripción para hacer algo. Se sentó en la cama justo cuando Xiao Lang salía con una toalla alrededor de la cintura.

-"Sigues aquí"-le dijo mientras abría la puerta que escondía su vestidor y salía con los pantalones puestos.

-"Hey, lo dices como si no te gustara mi compañía"-le dijo con una mueca fingida de dolor. –"Además, no estoy aquí por ti querido descendiente, vine porque el Director me pidió que lo hiciera"-

Xiao Lang se anudaba la corbata mientras veía por el reflejo del espejo al inglés, el baño de agua fría le terminó de despertar los sentidos y le quitó la sensación de dolor que tenía por todo el cuerpo, lo cual, además le permitió salir del extraño adormecimiento que le produjeron las pastillas para dormir.

Estuvo listo con unos minutos de retraso y salió de la habitación sin esperar a que Eriol se levantara de la cama.

-"Espérame"-le gritó en el pasillo. –"¿Te han dicho que no tienes modales? Creo que eres la persona más desconsiderada que conozco"-Xiao Lang sólo levantó la ceja y disminuyó la velocidad de sus pasos para caminar juntos.

En el camino hacia el Gran Salón las felicitaciones continuaron, Xiao Lang hizo lo que siempre hace, escuchar la felicitación y luego continuar caminando, no agradece y a veces, ni siquiera mira a las personas que se acercan a ofrecerle sus bendiciones. Eriol calculó mentalmente que ese era el treintavo regalo que el castaño desaparecía, cualquiera pensaría que los desechaba, pero en realidad los transportaba a su cuarto. Para ser sinceros, nunca los abría, mandaba a algún sirviente por ellos y no los volvía a ver.

Odiaba eso.

Lo odiaba de verdad. Las sonrisas, las felicitaciones, lo buenos deseos, en realidad podía jurar que sino fuera un Li, absolutamente nadie se acordaría del día de su cumpleaños.

Llegaron al Gran Salón y todo era majestuoso. Los alumnos vestían el traje de gala que se utiliza para ceremonias importantes. En la mesa de honor ya se encontraba el Director Won y algunos maestros, Eriol y Xiao Lang atravesaron el pasillo donde ya estaban todos los alumnos sentados; antes de sentarse Xiao Lang se inclinó en agradecimiento frente a todos.

Inmediatamente surgieron los aplausos, esa era la única muestra de agradecimiento que hacia el castaño durante toda la noche. En cuanto se silenciaron los aplausos el heredero de los Li tomó asiento.

-"Deberías quitar la cara de malhumor que tienes"-le dijo Eriol por lo bajo mientras aplaudía sonoramente el primero de los eventos. Xiao Lang ni contestó, ni quitó la cara que tenía, se limitó a prestarle atención al evento y tratar de que su mente olvidara la pesadilla de hacía unos minutos.

De acuerdo con el programa de eventos para ese día, el cual, por cierto, Xiao Lang jamás sabía quien organizaba, tenía señalado un performance titulado Not In Love. Miró sin mucho entusiasmo como miembros del club de danza se movían al ritmo de la música. Estuvo a punto de soltar un bostezo, pero repentinamente apareció uno de los bailarines vestido de mujer, el castaño pensó que de no saber que efectivamente era un hombre se hubiera confundido, tenía las facciones demasiado andróginas.

Casi sin darse cuenta la historia que estaban escenificando mantuvo su atención. Según alcanzaba a entender todos los bailarines trataban de conquistar a la chica, quien sólo se encontraba sentada con una mirada tristeza y desconsolada, todos trataban, mediante movimientos acompasados hacer que la jovencita bailara con ellos pero ninguno lo conseguía. Repentinamente todo se quedó en silencio, un reflector iluminó a uno de los bailarines que se acercaba caminando lentamente con las manos detrás de la nuca, completamente desinteresado de la situación.

La chica se levantó al verlo, su rostro cambió completamente iluminándose en una sonrisa que incluso ocasionó que algunos de los espectadores soltaran un suspiro. Se acercó al chico dando brincos tratando de llamar su atención, de repente la música se volvió pausada y triste, el chico simplemente pasó a su lado y ni siquiera la miró.

La chica se tiró al suelo estrujándose el cabello entre las manos, la luz la enfocó de tal manera que todos pudieron ver las lágrimas que estaba derramando. El sonido que produjo su llanto llamó la atención del joven quien inmediatamente se dio vuelta y se arrodilló a su lado. Le tomó el rostro mientras la música se volvía cada vez más tenue, le acarició las mejillas y le quitó las lágrimas. Sin embargo la melodía cambió de ritmo rápidamente, una música fuerte dio paso a la entrada de otra chica, de igual hermosura que la que estaba en el suelo.

Abrió los labios sin emitir ningún sonido, y como si hubiera recitado un hechizo el hombre se puso de pie y dejó a la chica en el suelo.

-"No sé porque esto me parece una predicción futura"-le dijo Eriol por lo bajo mientras la música se volvía a más y más triste. La chica que estaba en el suelo se puso de pie y tomó el brazo del chico para evitar que se fuera, sin embargo la joven que acababa de llegar tomó el otro brazo dándole a entender a todos los espectadores que el joven tendría que elegir entre las dos chicas.

Las dos lo miraban con ojos anhelantes, transmitiéndole promesas eternas de amor. El joven miró detenidamente a una y a la otra, con la cara consternada se soltó de ambas, pero volvió a tomar la mano de la chica que llegó al último. Le dio una última mirada a la chica que había llorado y ambos salieron de la escena tomados de la mano.

Los espectadores estaban en completo silencio, hasta parecía que habían dejado de respirar. Una vez desapareció la pareja la joven se volvió a tirar de rodillas, pero esta vez no lloró, la música volvió a cambiar de ritmo y bailó como para darse ánimos. Sin embargo se detuvo de repente, como si algo se le hubiera ocurrido salió corriendo, apareció con un objeto filoso entre las manos y sin dudarlo cortó las venas de ambas muñecas.

Todos los alumnos soltaron un suspiro cuando la luz roja inundó el escenario, la chica se tendió en el suelo y abrió los labios como si estuviera cantando, después cerró los ojos para no volverlos a abrir. El joven que se había marchado entró corriendo a la escena con cara de arrepentimiento, al ver a la joven tirada se acercó a tomarla entre sus brazos, pero la chica no respondió sus llamados silenciosos.

La música se detuvo y las luces de apagaron. Volvieron a encenderse para dejar ver al joven abrazando a la chica, mientras la joven que había llegado al último los miraba de lejos. La música cesó, dando por terminado el espectáculo.

-"Me retracto"-dijo Eriol mientras aplaudía. –"Espero que eso nunca pase"-el castaño lo miró con cara de no estar entendiendo sus estupideces. Las luces regresaron al escenario y todos los bailarines agradecieron con una inclinación la ovación, para después retirarse.

El inglés se puso de pie y alisó su traje con lentitud.

-"Es mi turno"-Xiao Lang volvió a mirarlo sin entender, sin embargo, el chico de lentes sólo se limitó a guiñarle el ojo mientras descendía de la mesa de honor y se acercaba al centro del salón, donde ya lo esperaba un piano.

Puedes fingir que estás fingiendo...

¿Cómo se había metido en eso?

Se preguntó Kenishi mientras corría detrás de los gemelos Zedong por los pasillos desolados de la ESCO, según confirmaba el reloj en su muñeca, ya deberían estar dirigiéndose hacia el Gran Salón para la celebración de los eventos programados para el cumpleaños de Li.

Un sabor amargo se le produjo en la boca al pensar en el castaño. Sin embargo, la vuelta poco premeditada de los gemelos le hizo volver a dedicarle sus pensamientos a lo que estaban haciendo.

-"Shhhh. Es el Prefecto Quo, si nos ve aquí y no en el evento nos dará detenciones para toda la vida"-dijo por lo bajo Mao mientras se escondían en unas escaleras y esperaban que el hombre se siguiera de largo sin percibir su presencia.

Lo que los cuatro jóvenes no sabían era que el Prefecto Quo notó su presencia inmediatamente, pero prefirió hacer como que no los veía. Esperaba que no estuvieran planeando nada que alterara el evento de esa noche, y ciertamente era mejor tenerlos lejos del Gran Salón.

En cuanto el Prefecto desapareció por el pasillo, los cuatro jóvenes continuaron corriendo por los pasillos de la ESCO. Unos minutos después se escabulleron por un pasillo que parecía que detendría su caminar, sin embargo, empujaron unos bloques en la pared y se mostró el pequeño agujero que era la entrada para el refugio de los Zedong.

La baticueva siempre tenía el mismo aspecto desastroso; con tanto polvo y tanta comida en proceso de descomposición que decir que era maloliente era poco. En cuanto todos estuvieron dentro de lugar el olor les invadió los sentidos, al grado que más de uno pensó que vomitaría.

Mao se cubrió la nariz con la mano y se apuró a colocar su dedo en medio del cuarto para que toda la suciedad desapareciera rápidamente. Como siempre ese hechizo se revertiría el Día de la Limpieza, pero en realidad ninguno de ellos pensó en eso, agradecieron mentalmente que el aire estuviera lo suficientemente limpio como para respirar.

Chu se encargó de encender las lámparas de aceite que fungían como la única iluminación del lugar, mientras los gemelos se aproximaron a la esquina que estaba llena de jarros y frascos de múltiples colores y tomaron un conjunto de tarros.

-"¡Aquí, mis queridos amigos!"-gritó Tian como si fuera el animador de algún programa de TV. –"¡Se encuentra el mejor alcohol mágico de toda la ESCO!"-

Kenishi se dijo a sí mismo, que no debería ser posible conseguir bebidas embriagantes en una Institución Educativa, pero no hizo caso de la señal de alerta que se encendió en su cabeza. Cualquier lugar era mejor que el evento de idolatría del año al estúpido Superiorcito Li. No olviden sus problemas de amor-odio con el castaño, por favor.

En fin, después de esperar algunos minutos, los gemelos se miraron triunfantes, cada uno sumergió un dedo en un tarro, y soltaron un grito de alegría casi al mismo tiempo.

-"¡Está listo!"-y se abrazaron mientras se decían elogios mutuamente.

Chu sonrió y tomó un paquete que tenía guardado en el saco del uniforme.

-"Para acompañar"-Kenishi pudo distinguir a la luz de las lámparas de aceite que ese era una especie de paquete de cigarrillos. Chu dejó el paquete en la improvisada mesa, que más bien parecía un escritorio de alguna aula, mientras que Mao se acercaba con un vaso en cada mano, al igual que su hermano.

-"¿Están listos para perder la conciencia?"-Kenishi se quiso convencer a sí mismo que aquella aseveración no podía ser literal ¿o sí? Tomó el vaso que le ofrecía el mayor de los gemelos y antes de darse cuenta el extraño licor quemó sus papilas gustativas, para después dejarle un sabor dulce, como a manzana.

-"Sabe bien"-tuvo que admitir después del primer trago. –"Pensé que sería viscoso o de color verde"-todos rieron.

-"Eso sólo pasa cuando comes sangre de sapo mágico Kenny, cuando hacemos alcohol nos esmeramos, si supieras las ganancias que nos dejó esto hace un par de años, no nos creerías"-el ojiverde se imaginó la escena de los gemelos comercializando el alcohol de manzana en botellas de agua de manera clandestina, y ciertamente no se le hizo para nada imposible.

Los cuatro jóvenes sentados en bancos de diferentes tamaños y formas volvieron a hacer sonar sus vasos al brindar, para dejar que poco a poco su cuerpo se sintiera relajado, muy cómodo, como si no existieran problemas, ni nada de que preocuparse.

Tian se acercó al paquete de cigarrillos en la mesa y encendió uno con la lámpara más cercana, impregnando el ambiente de un aroma que no parecía tabaco, una duda asaltó la mente de Kenishi, pero estar terminando el segundo vaso de licor de manzana tan rápido le impidió negarse cuando el cigarrillo llegó entre sus dedos.

Sin pensarlo inhaló el humo con tanta rapidez que se ahogó, ocasionando que una sonora tos acompañara la música que empezaba a escucharse en el lugar. The Strokes, se dijo al reconocer la canción, mientras trataba de recuperar el aliento, eso definitivamente no era tabaco.

-"¿Qué es esto?"-preguntó cuando ya podía hablar, después de darle un largo sorbo al vaso que parecía nunca estar vacío. –"No es tabaco…"-

-"Eso, mi querido Kenishi, es conocido en el bajo mundo como el humo de la felicidad, así que no te molestes por saber que lo compone, tú sólo disfrútalo"-por un momento le dio la impresión de que Tian Zedong había alargado de más la última sílaba de la palabra, como para dejarle el sonido retumbando en sus oídos.

Kenishi se dijo que ese nombre era muy acertado. Tenía la sensación de que aquella extraña droga –vamos, no era tan inocente para pensar que aquello era algo legal- le había quitado toda la carga que había tenido encima desde que empezó a estudiar en la ESCO, no es que se fuera a volver adicto, ni nada por el estilo, pero hacer cosas ilegales a veces es divertido.

Mientras esos pensamientos corrían por su mente, observó la escena como sino fuera él, sino una especie de ente fuera de su cuerpo el que estuviera observando a los hermanos Zedong girando en su propio eje mientras veían el techo. También estaba Chu, quien había perdido la seriedad que lo caracterizaba y se quitaba la corbata de un jalón y abría dos botones de su camisa, como si en realidad hiciera mucho calor, y bebía con rapidez del licor que había en su vaso mientras reía a carcajada suelta de los traspiés de los gemelos.

Si Kenishi hubiera podido verse a sí mismo, se hubiera dado cuenta que sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos tenían una ligera irritación que los volvió rojos y cristalinos. Se había quitado la corbata y el saco en algún momento, además de los zapatos.

-"Necesitamos saber algo"-dijo Mao al momento de dejarse caer en el banco mientras se quitaba el sudor de la frente con la manga de la camisa. –"¿Qué es lo que te ha pasado los últimos meses Kenny?"-sus mejillas también estaban sonrojadas y empezaba a levantar innecesariamente el tono de voz. –"Parece que alguien te rompió el corazón amigo"-el gemelo mayor lo miró fijamente a los ojos, sólo para romper contacto mientras bebía de un solo trago la mitad del vaso de licor.

-"¿H-hum?"-no sabía si había sido su audición, pero juraría que Mao Zedong le dijo que se veía como alguien con el corazón roto. –"¿Yo?"-incluso se señaló a sí mismo tocándose el pecho. –"¿De qué hablas?"-sus ojos estaban más abiertos de lo normal y se sentía nervioso, como si su lengua tuviera ganas de contarle a alguien toda la farsa en la que estaba sumergido.

-"Dinos su nombre Kenny, tal vez podríamos ayudarte a conquistarla, tu eres demasiado tonto para esas cosas…"-el aludido levantó la ceja y se rasco la nuca; como buscando algo que hacer volvió a vaciar el contenido de su vaso, el cual le dejo una calidez en el pecho, casi reconfortante.

-"N-no…"-dejó de hablar al darse cuenta que su voz le parecía irreconocible, se aclaró la garganta. –"No existe tal persona…"-el sonrojo que le produjo aquella mentira no se pudo distinguir del que ya estaba en sus mejillas.

Los tres chicos en la habitación soltaron una carcajada tan sonora que sorprendió a Kenishi, aunque también lo desorientó un poco ¿qué era tan gracioso?, esperó pacientemente hasta que todos dejaron de reírse. Cuando se limpiaban las lágrimas que les había producido el exceso de risa, miraron a Kenishi como quien mira algún fenómeno desconocido.

-"No hay otra explicación para la cara que has tenido los últimos meses. Todos sabemos lo que es el desamor, así que no nos digas que detrás de esas miradas pérdidas y tristes no hay una mujer"-a la mayoría de los presentes les pareció lógica la afirmación del hermano mayor de los Zedong, pero Kenishi siguió mirándolos como si le estuvieran hablando en otro idioma.

No era como si en realidad tuviera el corazón roto ¿o sí?

-"N-no"-se volvió a rascar la cabeza. –"No hay tal persona"-repitió.

-"Está bien"-levantó las manos Mao. –"Si no, nos quieres decir, está bien…"-soltó un sonoro suspiro. –"Tal vez no nos tienes confianza"-Kenishi se dijo que aquello no iba nada bien, tal vez podría contarles sin contarles, además, el exceso de alcohol en su cuerpo lo hacía sentir tan ligero que nada importaba.

¿Acaso estaba admitiendo que tenía el corazón roto? No, sólo… sólo…

-"Tengo un amigo"-dijo después de unos segundos y todos parecieron entender de inmediato que contaría la historia en tercera persona, lo miraron atentamente mientras seguían bebiendo de esos vasos que parecían no estar vacíos nunca. –"Y ese amigo conoció a una niña de cabello castaño y ojos caramelos"-sin quererlo sonrió al imaginar a Syaoran como una pequeña niña. –"Iban en la escuela elemental, aunque no se llevaban bien al principio lograron ser amigos después de un tiempo"-Tian encendió otro cigarrillo y llenó de humo la habitación, lo que le dio una atmosfera misteriosa al relato.

-"Un día, en el que mi amigo fue ayudado por su amiga para superar una gran dificultad, la niña le confesó sus sentimientos, le dijo que le gustaba mucho"-Tian aplaudió emocionado con el relato, por lo que Kenishi aprovechó para darle un trago a su bebida al sentir la garganta reseca. –"Sin embargo, la niña tuvo que regresar a su país natal porque su familia lo requería, por lo que mi amigo no tuvo oportunidad de decirle que sus sentimientos por ella eran los mismos. El día en que la niña partía, mi amigo fue a verla al aeropuerto y ella le entregó un oso de felpa como símbolo de su amor y prometió regresar"-Kenishi no se dio cuenta pero su tono de voz adquirió el dolor que sentía al relatar esa historia.

Era como si esos sentimientos de dolor y soledad que pensaba haber enterrado en el fondo de su alma estuvieran surgiendo repentinamente y de un solo golpe, como si con ese momento de sinceridad que estaba teniendo, su corazón de verdad se estuviera rompiendo. Se aclaró la voz después de un momento, justo cuando sintió que empezaba a quebrársele.

Los gemelos Zedong y Chu no le dieron importancia al cambio de voz y lo incitaron con la mirada a que continuara.

-"Mi amigo creyó en sus palabras y en cuanto la niña se fue a su país natal, trató de llamarla por teléfono, sin embargo, simplemente nadie contestó en el número que le habían dado. Él no se dio por vencido, así que trató de escribirle, en realidad le escribió una carta diariamente durante seis años, pero todas y cada una de ellas fueron devueltas a su remitente"-volvió a aclararse la garganta, tenía ganas de llorar. Suspiró y vació nuevamente su vaso. –"Un día, por una retorcida casualidad, él la encontró, pero ella simplemente no pudo reconocerlo, como si lo hubiera olvidado por completo"-bueno, esa parte era mentira, ya que era imposible que el castaño la reconociera. –"Y para culminar esta historia ella va a casarse con un persona que peca en la perfección. The End"-dijo esto último con mofa hacía sí mismo y volvió a suspirar.

-"Espera, espera, espera…"-dijo Chu de nuevo con un cigarrillo en la mano. –"¿Él le dijo que era su amigo de la infancia?"-

-"No"-

-"¿Entonces cómo sabes que lo ha olvidado?"-

-"Porque… bueno, pues si la recordara al menos hubiera contestado las miles de cartas o las miles de llamadas que le hizo ¿no crees?, al menos se hubiera tomado la molestia de decir que no cumpliría su promesa de regresar, para que él ya no la estuviera esperando…"-

-"Pero…"-todos entrecerraron las miradas para analizar la historia del ojiverde. –"¿Y si algo le impidió regresar a cumplir su promesa?"-

-"¡No!"-Kenishi no midió el tono de su voz. –"Eso es imposible, la conclusión de esto es que ella no lo amaba, que sólo fue una estúpida historia de amor no correspondido e infantil, que mi amigo simplemente no tuvo la capacidad de dejar ir"-sin darse cuenta su respiración estaba agitada y se había puesto de pie. Haciendo que sus amigos lo miraran sorprendidos.

Kenishi se dijo a sí mismo que debía calmarse se acercó a la mesa y se fumó un cigarrillo en pocas bocanadas. Una vez que la sustancia de la que estaban hechos surgió efecto en él, se dio cuenta que se había sobrepasado con sus amigos.

-"Lo siento. No fue mi intención hablarles de esa manera"-todos se miraron en silencio para después soltar una sonora carcajada.

Tian Zedong se puso de pie y lo abrazo por los hombros.

-"Creo que lo más coherente es que la enfrentes y le digas lo que sientes, así como todo lo que estuviste sufriendo estos años. Te aseguro que sentirás que dejas caer una pesada carga y si ella ya no te recuerda y se va a casar, creo que es justo que tú puedas hacer lo propio con otra persona"-Kenishi cerró los ojos al sentir un mareo, sin embargo, no dudó en volver a darle dos tragos al licor de manzana, tal vez eso le quitaría las ganas de sentarse a llorar ahí y confesarles a todos sus amigos la mentira tan grande que vivía día con día.

-"¡Debemos bailar!"-gritó Mao Zedong cuando sonaba otra canción.

A pesar de estar mareado, Kenishi se puso de pie y comenzó a bailar, aunque a decir verdad, eso difícilmente se acercaba a alguna clase de movimiento rítmico, era más bien una serie de pasos poco afortunados.

El alcohol, la música y el humo de la felicidad continuaron fluyendo a tal velocidad, que Kenishi se dijo que aquella afirmación sobre perder la conciencia, era completamente cierta.

Puedes fingir que estás fingiendo...

Xiao Lang miró como Eriol caminaba hacia el centro del salón en medio de un completo silencio. Un reflector iluminó su camino hasta que estuvo sentado frente a un hermoso piano de cola color blanco. Segundos después, puso sus pálidas manos sobre las teclas.

Todos estaban completamente maravillados, aunque la mayoría sabía que el Superior Hiragizawa tocaba el piano como un profesional nunca lo habían escuchado tocar en algún evento. Nadie sabía con certeza como es que ese año había decidido participar en la celebración del cumpleaños del Superior Li.

Eriol movió la cabeza hacia atrás para quitarse los mechones de cabello que le nublaban la vista y empezó a tocar una dulce melodía, que rápidamente impregno el ambiente de tranquilidad. El inglés movía habilidosamente sus dedos sobre las teclas del instrumento, acariciándolas.

Xiao Lang salió de su estupor en cuanto oyó la canción, la recordaba de algún lado… ya la había escuchado… como si su mente le ofreciera la respuesta a sus cuestionamientos una serie de recuerdos lo golpearon de repente.

Maldito Hiragizawa.

La canción era la misma que cantaba la amiga de… bueno, su amiga... si no mal recordaba era la melodía que interpretaba junto con el coro de la escuela Primaria Tomoeda. Ya le preguntaría después a Hiragizawa de donde se le había ocurrido tal estupidez.

Aunque si fuera sincero consigo mismo, esa canción había tenido la capacidad de tranquilizarlo en el pasado, y había olvidado que todavía tenía esa capacidad. Sin darse cuenta cerró los ojos y se dejó llevar por el suave ritmo, incluso sintió que el dolor de cabeza que trataba de atacar sus sienes, desaparecía como por arte de magia.

Casi se ríe de sí mismo.

Buscaría en Google la canción para tenerla en caso de dolor de cabeza, a lo mejor escondía una especie de mensaje subliminal que relajaba sus neuronas. Mientras pensaba que palabras poner en el buscador para encontrar la melodía sin tener que preguntarle a Hiragizawa, la interpretación concluyó.

Eriol se puso de pie al costado del piano y se inclinó en agradecimiento mientras empezaba la lluvia de aplausos. Al parecer su participación incluía otra canción ya que el ojiazul volvió a sentarse frente al instrumento.

-"Está canción la aprendí en mi otra vida, y es una forma de agradecimiento a todos los elementos que conforman el mundo en que vivimos"-dijo el inglés con voz ceremoniosa.

Esa canción, recordó el inglés mientras tocaba, le traería muchos recuerdos a Sakura. Levantó la mirada como buscando a la versión masculina de la Card Master, sin embargo, de inmediato se dio cuenta que no estaba en el Gran Salón.

Es una lástima. Se dijo. Esta interpretación también era para ella.

Continuó tocando y casi de manera inmediata le vino a la mente el recuerdo de cuando le enseñó a Sakura a interpretar esa melodía, justo cuando estaba en el proceso de crear las Sakura Cards, pensar que aquella vez tuvo que incitarla a cambiar las Clow Cards, y ahora simplemente por su elevado nivel de magia las cartas habían cambiado no sólo de apariencia si no, también de aura.

Se enorgullecía muchísimo de la persona que escogió como heredera de su magia.

Xiao Lang ignoraba los pensamientos que estaban surcando la cabeza de la rencarnación de Clow, estaba más concentrado en averiguar si había escuchado esa canción en algún momento de su vida, pero si en algún momento la escuchó, ciertamente ya lo había olvidado.

Aunque jamás lo aceptaría públicamente, el hecho de que Hiragizawa estuviera participando en la celebración de su cumpleaños le hizo experimentar una extraña sensación, como de alegría o algo que se pareciera mucho. Si el castaño tuviera la capacidad de ser sincero consigo mismo se diría que estaba contento con la interpretación de Eriol, ya que le hacía pensar que al menos una parte de la celebración era genuina.

Como en la melodía anterior el inglés se puso de pie e hizo una reverencia de agradecimiento al mismo tiempo que los aplausos inundaban el lugar. Caminó de regresó a la mesa de honor donde se encontraba el castaño mientras los aplausos se apagaban.

-"¿Qué te pareció?"-comentó Hiragizawa al mismo tiempo que limpiaba el ligero sudor de su frente con un pañuelo blanco. –"¿Te trajo recuerdos?"-comentó como quien no sabe de lo que está hablando.

Xiao Lang no contestó, ni siquiera lo miró y no emitió ningún sonido.

El siguiente espectáculo era una combinación de arte circense y hechizos de control de los elementos. Un grupo de cuatro jóvenes fueron iluminados por igual número de reflectores de luz ligeramente azul, realizaban malabares entre ellos con esferas formadas por agua, mismas que al cruzarse realizaban un espectáculo de color impresionante.

Los jóvenes, que parecían poseer más de dos manos por la rapidez con la que las movían, introdujeron bolas de fuego a las de agua que estaban en el aire. Los movimientos estaban tan coordinados que ninguna de las bolas se tocaba entre sí.

Repentinamente, dos de los cuatros jóvenes empezaron a levitar, esto sin dejar de hacer malabares, en lo que pareció menos de un segundo, se pusieron de cabeza por encima de los otros jóvenes al mismo tiempo que intercalaban bolas de truenos compactos. Ahora estaban haciendo malabares realizando figuras entre los cuatro iluminando el escenario, ya que la luz azul fue eliminada para que únicamente se pudiera ver el movimiento de las manos y de la manipulación de las bolas.

Xiao Lang bostezó, era interesante el espectáculo, pero en realidad no era algo que le llamara mucho la atención. Ya lo conocen… no es fácil de impresionar.

Los cuatro jóvenes volvieron a su posición original, pero ahora, en lugar de utilizar bolas para sus malabares sacaron yoyos chinos, también conocidos como diábolos. No obstante, en lugar de tener las cuerdas habituales, tenían una especia de hilo de agua para su manipulación. Los jóvenes enviaban a los cielos los diábolos, moviéndose velozmente al grado de perderse de vista para después aparecer y dar impresionantes giros entre ellos.

Repentinamente el escenario volvió a quedar en penumbras. Un solo joven apareció, el diábolo se encendió en una especie de luz color amarillo, empezó a girar el yoyo que parecía flotar en el aire por la destreza con la que lo mantenía dando vueltas. Segundos después un diábolo más cayó en la cuerda de agua, sin parar de girar sobre su centro el joven hacía figuras impresionantes… poco tiempo después se le unió un tercer yoyo sacando un suspiro generalizado del público, quien se mantenía impresionado por la destreza y habilidad del joven.

El habilidoso estudiante envió los tres diábolos a lo alto del salón, los cuales se encendieron como si fueran estrellas fugaces y desaparecieron del lugar iluminando a todos los jóvenes, para después dejar caer luces, como si fueran copos de nieve, sobre todos y cada uno de los presentes, quienes no pudieron contener un suspiro de asombro e incluso de aventuraron a tomar algunas de las luces.

En cuanto las luces se encendieron, los jóvenes que participaron en el evento se acercaron al centro del salón para agradecer los aplausos; hicieron una reverencia especial hacia la mesa de honor donde se encontraba Xiao Lang y el Director para después salir del escenario.

Después de que terminaron los aplausos, aparecieron los fantasmas del comedor con la cena lista para ser servida. Atravesando a los alumnos los fantasmas tuvieron el banquete listo en menos de un santiamén, después de servir el jarrón de vino para la mesa de honor, desaparecieron todos.

Como era costumbre en ese día, el director le dedicaba unas palabras a Xiao Lang, y convocaba un brindis en su honor. Todos lo sabían, así que guardaron silencio inmediatamente después de ver que la autoridad máxima de la ESCO se ponía de pie.

-"Espero que hayan disfrutado el evento, como cada año, agradezco todo su entusiasmo"-miró a Xiao Lang como pidiéndole que agradeciera también, así que sin muchas ganas inclinó la cabeza.-"Ahora, les pido que nuevamente levantemos nuestras copas y brindemos por un año más de vida, del futuro Jefe del Concilio de Hechiceros de Oriente"-todos levantaron su copas entonando un sonoro «salud».

Xiao Lang pasó el vino por su garganta reseca con la intención de quitarse el mal sabor de boca que le dejaron las palabras de su tío; Jefe del Concilio de Hechiceros de Oriente ¿ese sería él? En menos de dos años sería la autoridad suprema de los hechiceros de todo ese lado del mundo, además de que tomaría bajo su mando el Clan Li, destronando a su propia madre para convertirse en una persona que además de rica e influyente, sería poderosa… muy poderosa…

Una extraña sensación le recorrió la piel.

¿Tanto poder para él?

Prácticamente podría hacer cualquier cosa, lo que quisiera… con sólo levantar la voz podría revertir el orden existente de las cosas. Y lo haría.

Primero exiliaría a los enanos. No quería tener que estar cargando con esos estúpidos hombres por el resto de su vida, era exiliarlos, o matarlos. Sonrió de forma macabra, uno siempre se puede sentir Michael Corleone ¿no?

Suspiró.

Sintió el ligero codazo de Eriol, el evento estaba a punto de concluir, sin embargo el castaño todavía no agradecía a su tío. Se dijo a sí mismo que debía dejar sus retorcidos planes para otro momento, se acercó al director y frente a toda la escuela agradeció con una reverencia más larga de lo normal.

-"Agradezco los buenos deseos y las molestias que esto le ha ocasionado"-dijo cuando se levantaba. Su tío, como quien le quita importancia al asunto le dio una ligera sonrisa y volvió a sentarse.

-"Es tiempo de cenar, buen provecho a todos"-

El castaño también regresó a su asiento, tomó los palillos después de agradecer los alimentos y comió lenta y pausadamente. La celebración que más le molestaba de todo el año estaba a punto de terminar. Sólo faltaba lo que él había nombrado como la pasarela.

Después de disfrutar el banquete y que el director diera por terminada la celebración Eriol y Xiao Lang bajaron de la mesa de honor donde ya los esperaba la multitud de alumnos que no habían tenido la oportunidad de expresar sus felicitaciones a lo largo del día y que se acercaban para expresar buenos deseos e incluso dar un presente.

¿Había que quedar bien con quien sería el próximo Líder, no?

Eriol se tatuó una sonrisa en el rostro y fue él quien agradeció las atenciones una y otra vez, Xiao Lang simplemente se limitó a atravesar el salón lo mejor que pudo y reprimió el sentimiento de quitar a todos los que le rodeaban de una gran ventisca, para que lo dejaran irse de ahí.

Sonrió de forma malévola al imaginar la escena de alumnos volando por los aires y de nuevo se remontó a la película de El Padrino, se daría un tiempo para verla en cuanto tuviera oportunidad, era uno de sus filmes favoritos. Seguramente no podría dormir esa noche, así que tal vez debería buscarla en YouTube y simplemente verla.

Siguió caminando a través del salón, desapareciendo cuanto regalo le daban, mientras su mente se distraía pensando en qué canal podría ver la película de Coppola sin interrupciones y considerando seriamente la idea de tener guardaespaldas enormes y corpulentos para salir mejor librado de esa clase de situaciones.

Después de que le pareció una eternidad a él y a Eriol, lograron alcanzar la puerta, desaparecer los últimos regalos y empezar a caminar rumbo al edificio J, ese que albergaba los dormitorios de los estudiantes de avanzado. En cuanto salieron de la parte techada, los dos agradecieron la ligera lluvia que había esa noche, y caminaron completamente en silencio por los pasillos de la institución.

Había sido una muy larga noche.

Puedes fingir que estás fingiendo...

-"Viene el Prefecto, tendrás que irte solo a tu cuarto Kenny"-los gemelos, como almas en pena, desaparecieron del pasillo dejando a Kenishi mareado y sin saber mucho de lo que estaba haciendo.

Sus piernas se movieron por reflejo, mientras su mirada trataba de enfocar por dónde caminar, lo cual era bastante complicado si se lo preguntan, ya que todo le daba vueltas; era como subirse diez veces seguidas a la montaña rusa, o bueno, suponía que se debía sentir algo parecido…

Después de lo que le pareció una eternidad llegó al pasillo donde estaba su habitación, el último, ese que sólo tenía dos puertas, la suya y sí… la de él. Sin saber el motivo soltó una risa nerviosa mientras sus manos trataban de meter la llave en la cerradura.

-"Maldición"-gritó cuando la llave se escapó de sus dedos y cayó sobre quien sabe que lugar de la alfombra. En su intento por levantarla se hincó, aunque al no calcular del todo sus movimientos, se inclinó demasiado y se pegó en la cabeza contra la puerta. –"Rayos"-

Se sentía dentro de un caleidoscopio, todo se movía formando extrañas figuras entremezcladas, donde nada se parecía ni a su llave, ni a la perilla, ni a la puerta. Entre fascinado y asustado se sentó recargado sobre la pared y dejó que su cabeza se inclinara hacia un lado, mientras sus ojos se maravillaban de los colores y las formas que podrían crearse a su alrededor.

También se sorprendió de lo que podía hacer su cuerpo, juraría que al mover su mano quedaba una estela resplandeciente, como la cola de un cometa. Se volvió a reír, silenciándose a sí mismo con un «shhh».

-Estás muy borracho- le dijo alguna voz consciente en su cabeza, esa voz debería ayudarlo a abrir la puerta si tanto se creía. De nuevo la risita nerviosa y el mareo que le sacudió el estómago. Ahora que lo pensaba, no debió haber tomado y fumado todo lo que los gemelos le dieron, pero la verdad estaba triste y bueno… la gente hace cosas estúpidas…

Suspiró para tomar fuerzas y decidió dejar la llave en suelo, tendría que abrir la puerta con un conjuro, eso era como de nivel básico, no podía equivocarse. Se apoyó en una pierna para intentar levantarse, con una mano se sostuvo la cabeza y con la otra se sostuvo del muro, con lo cual consiguió ponerse de pie.

Como si se hubiera sacado un oro en las Olimpiadas, se felicitó mentalmente, incluso levantó el brazo en señal de triunfo. Escuchó pasos acercarse y contuvo el aliento, la oscuridad del pasillo lo protegió, aunque sólo era necesario que el Prefecto diera unos pasos más y lo vería.

Se tapó la boca con la mano tratando de contener su propia risa, lo cual le ocasionó escozor en la garganta que pronto se convirtió en llanto que se asomaba por sus ojos y le nublaba la vista. Cuando supuso que los pasos habían alejado dejó que su risa fluyera en una carcajada medio diabólica que pareció durar largos minutos.

Después de esto su mente tuvo unos segundos de lucidez entre todo el juego de colores que tenía y logró conjurar el hechizo para abrir la puerta. Un ligero rechinido de la madera le indicó lo había logrado, se tomó con fuerza del marco de la puerta para darle impulso a su cuerpo y lo último que supo es que algo mullido recibió su cuerpo cuando se dejó caer.

Todavía estando en la cama todo le daba vueltas, además juraría que vomitaría en cualquier momento, sin embargo, algo o alguien se apiadó de él y cayó en un profundo sueño, no sin antes percibir un perfume peculiar en su nariz que lo relajó, mismo que le recordaba a alguien, que no supo reconocer antes de perder la consciencia completamente.

Puedes fingir que estás fingiendo...

Siempre era así, año con año un evento de lo más aburrido, miles de regalos y la misma sensación de completa indiferencia. Llegó frente a la puerta de su cuarto y sus sentidos se relajaron, sin embargo, el dolor de cabeza, esa punzada palpitante en las sienes regresó con intensidad.

Tomó el pomo de la puerta y se dirigió al baño sin encender la luz de la habitación, hizo lo de siempre, dejó que el agua helada llenara el lavabo casi al tope de su capacidad, para después sumergir la cabeza y dejar que lo helado le entumeciera lo sentidos. Aunque ya se había cortado el cabello, los mechones mojados se le pegaron al rostro en el momento en que sacó la cabeza del agua después de que sus pulmones se lo pidieron.

Se miró en el espejo sin hacerlo y tomó una toalla antes de salir para rodearse el cuello; de un tirón se sacó la camisa, iluminado por la luz que se colaba del baño, segundos después se quitó los pantalones y se acercó a la ventana para que la brisa de la lluvia lo ayudara a dormir, o al menos a intentar dormir.

Miró el cielo sin luna ni estrellas y se metió a la cama sin cerrar la ventana. Parpadeó un par de veces en la oscuridad y después se levantó de un salto y encendió la luz.

-"¡Que demonios!"-gritó al ver un cuerpo en su cama.

Xiao Lang se quedó analizando la situación un par de segundos, después de descartar alguna clase de peligro bajó la guardia y se acercó de nuevo a su cama. Volteó el cuerpo inerte con un sola mano y se dio cuenta que era su adorable vecino, la peste Katsura.

-"Lo que me faltaba"-se dijo a sí mismo, y sin ninguna clase de delicadeza lo tiró de la cama.

Un penetrante olor a alcohol le llegó en cuanto el cuerpo tocó el suelo, produciendo un sonido seco, como cuando se deja caer un saco para boxear en el gimnasio.

-"Está borracho"-se reprendió mentalmente por lo obvio de su comentario y se tocó las sienes con el pulgar y el índice sintiendo como el dolor de cabeza la hacía volver a fruncir el ceño; tal vez debería volver a tomar un par de esas pastillas que le dio el Doctor.

¿Qué iba a hacer con él?

Era la pregunta en el aire. La cuestión era que en realidad no le importaba en lo absoluto así que decidió dejarlo en el suelo, se recostó en la cama sobre las sábanas y apagó la luz de nuevo. Una noche más de insomnio para la cuenta, en realidad hacía tanto tiempo que no dormía una noche completa que ya no sabía lo que era eso.

Sintió una punzada de envidia al escuchar la respiración acompasada de su compañero de cuarto en el suelo, ni siquiera la caída lo había despertado, pero por como olía seguro había terminado con un par de botellas él solo, además, recordaba haber escuchado alguna vez que los siameses de sus amigos vendían alcohol mágico en la escuela, seguro se la pasaron mejor que él.

Su mente traicionera, olvido el día y regresó la imagen de Sakura del día anterior. Esa imagen bajo la lluvia, con los mismos que siempre y que nunca. Con las mismas pecas…

-"¿Qué no estabas muerta?"-preguntó en voz alta, como si alguien en la oscuridad le pudiera responder, aunque fuera el saco humano alcoholizado que estaba babeando su alfombra. Ciertamente creía que había dos posibilidades y de ahí se derivaban otras más.

Primero, que en definitiva estuviera muerta y que en la carrera del día de ayer hubiera sido alguien muy parecido a ella, que además tiene magia y un aura igual a la de la niña que conoció. Y que todo fuera una gran confusión de su parte, y bueno, ¿quién no saldría corriendo si de la nada te empiezan a perseguir?

A lo mejor tenía una hermana gemela perdida en Hong Kong y nadie se lo había dicho, además de que estaba el testimonio del hermano que dijo que estaba muerta y que ni las Cards ni los guardianes han sido encontrados.

Y la otra posibilidad, es que todos estuvieran mintiendo, y que fueran tan buena hechicera como para esconderse de todos, y que esté viva, en alguna parte del mundo, a lo mejor fue de vacaciones a China y por eso la encontró por mera casualidad por sus calles. Bueno, pero si esto último era cierto ¿por qué estaría en Hong Kong? ¿cuánto tiempo llevaría ahí? ¿por qué no tenía a los guardianes? ¿y las cartas?...

Le soltó un golpe a la cama presa de la frustración.

-"¡¿Dónde estás?!"-salió de sus labios justo en el momento en que la persona que estaba buscando soltó un sonoro suspiro.

La vida es muy irónica y uno nunca sabe lo cerca que están las cosas que estamos buscando, que alguien le diga a Xiao Lang que la Sakura que tanto quiere encontrar, es el hombre borracho que está tirado a lado de su cama roncando. Bueno, no les creería, así que olvídenlo.

Sakura fue apartada de sus pensamientos para darle paso a la irritación que sentía por esa situación; podría dejar a su compañero de cuarto tirado a lado de su cama roncando, pero con lo frágiles que eran sus momentos de sueño, ciertamente no quería tener que arriesgarse.

Puso en una balanza mental el hecho de dejarlo ahí, o tener que levantarse atravesar el cuarto y llevarlo al suyo para que babeara sus cosas y no su alfombra. Sin tan sólo la teletransportación fuera legal en la escuela, no estaría mal que ese maldito se quedara atrapado en alguna dimensión temporal. Hasta sería divertido experimentar con él…

Otro ronquido lo hizo decidirse, no podría soportarlo, además de que estaba la latente posibilidad de que vomitara y vaya que eso no lo aguantaría. Se puso de pie de un salto, eso no le tomaría más de cinco minutos y podría regresar a la calma de otra noche de insomnio. Claro, si pensar en los fantasmas del pasado podría ser llamado calma.

Llegó al cuerpo inerte de Katsura y lo pateó un par de veces para ver si despertaba.

-"¡Oye!"-le gritó, pero ni así reaccionó.

Hizo un puño con su mano y cual zombie puso de pie al ojiverde, quien no era consiente de nada de lo que estaba sucediendo. Xiao Lang decidió no esforzarse, abrió la puerta de la Sala Común con la otra mano e hizo que Kenishi levitara hacia ella, sin embargo, la otra puerta, la que conectaba la sala con la habitación de Katsura no se abría.

Rodó los ojos fastidiado y se acercó al cuerpo flotante de Kenishi estrellándolo intencionalmente contra el muro.

-"Upsss"-dijo y volvió a estrellarlo contra la pared de la Sala Común, antes de dejarlo caer de nuevo sin delicadeza. Xiao Lang se dijo que definitivamente debía conseguir un poco de lo que sea que le habían dado, casi le rompía la nariz y aun así no despertaba.

Era muy raro que no pudiera abrir la puerta de la habitación de Katsura con facilidad, cuando ya se le formaba un hematoma al nipón en la frente, logró hacer girar la perilla de la puerta. La luz de la Sala Común se coló y trató de iluminar cuanto pudo, sin embargo, un escalofrío en la espalda le dijo que no era muy seguro entrar ahí. Al parecer eran varios hechizos de confusión, mezclados con ilusiones ópticas las que protegían la habitación.

Repentinamente una punzada de reconocimiento lo recorrió, y ocasionó que abriera los ojos más de lo normal, eso se sentía como aquella vez, en aquel festival. Él ya la había visto llorar algunas veces, pero esa vez en específico lloró por la forma falsa del guardián lunar, el amigo de su hermano, por el que él también llegó a tener sentimientos en algún momento.

Sacudió la cabeza, le molestaba mucho toda esa mierda que le estaba invadiendo el cerebro, desde lo de ayer estaba más asquerosamente sensible que nunca, hasta se parecía al protagonista de alguna de las historias que tanto le gustaban a Mei Ling.

Decidió regresar a la realidad, volvió a levantar el cuerpo, lo tiró lo más cerca de la puerta de su habitación sin tomarse más molestias. Antes de regresar sus pasos volteó por última vez y fue cuando vio que Katsura tenía los ojos abiertos, más verdes de lo que se había percatado y lo miraba de una manera extraña, aunque su mirada parecía estar perdida brillaba de forma inusual, anhelante de algo…

Xiao Lang se dijo que estaba alucinando, había millones de personas con los ojos verdes, no por eso todos eran de esa persona ¿o sí? No obstante, no pudo dejar de mirarlo, algo en su pecho se estrujo e hizo que le sudaran las manos.

¡Definitivamente estaba enloqueciendo!

Al ver que su vecino de cuarto no parpadeaba ni nada, pensó que tal vez había muerto, se acercó y atravesó el umbral de la Sala Común, no quería ser inculpado de asesinato, o algo así. Desafortunadamente seguía con vida, pero estaba como en un extraño trance.

De nuevo un escalofrío le recorrió la espina dorsal, era su instinto diciéndole que estar en esa habitación no era seguro. Dio media vuelta para regresar a su habitación y escuchó una voz, un suave susurro como una caricia de viento.

-"Feliz cumpleaños Syaoran"-volteó velozmente, con la intención de constatar que no había sido una ilusión, y que esas palabras habían salido de los labios de ese hombre borracho que estaba tirado a su lado, pero lo único que escuchó fueron más ronquidos de su parte. Sin embargo la pronunciación de su nombre, tan nipona, tan como ella lo decía…

¡Había perdido la cabeza!

Retomó su camino hacía su cuarto dejándolo en el suelo, no iba a meterlo a su cama ni nada parecido y siendo sinceros, disfrutaría mucho verlo sufrir al día siguiente, tanto por la resaca como por los golpes que había sufrido por el traslado.

Cerró todas las puertas y de nuevo estuvo en la oscuridad silenciosa de su cuarto. Desvió su mirada al oso de felpa que estaba sobre su escritorio y se dijo que estar a solas con sus pensamientos era peor que los ronquidos de Katsura.

Mucho peor.

Puedes fingir que estás fingiendo…

Abrió los ojos y se sintió perdido, algo le decía que no conocía el lugar en donde estaba. Miró a su alrededor para intentar ubicarse pero no lo logró; una oleada de pánico le recorrió el cuerpo por lo que quiso moverse, pero un fuerte dolor –que casi le arranca un grito- le invadió la cabeza.

Eso no estaba nada bien.

Después de creer que algún camión lo había arrollado, o bueno, al menos suponía que sería una sensación similar; volvió a intentar recordar dónde estaba y qué estaba haciendo ahí.

-"No entres en pánico"-se dijo a sí mismo y recorrió el lugar con la mirada, cuando pudo tener la suficiente lucidez reconoció su habitación, más precisamente el suelo de su habitación. ¿Qué estaba haciendo ahí? Y lo más importante ¿Cómo había llegado?

Su cabeza le volvió a recordar el sentimiento de ser atropellado por un camión, sin embargo una sensación más intensa le atravesó el cuerpo. Sintió una sed tan aguda que parecería que moriría, se dijo que tenía que levantarse, porque no tenía la más mínima idea de la hora y había dos posibilidades: era demasiado tarde para clases o era demasiado temprano.

-"Lo haremos por pasos"-dijo como si le estuviera hablando a alguien más en la habitación.

Se sentó tomándose la cabeza con las manos, porque de no hacerlo seguro la perdería; su cuerpo resintió el movimiento al grado de que todas sus extremidades se quejaron por cambiar de posición, como si el simple hecho de sentarse fuera sobrehumano.

Se dijo que cuanto más rápido se levantara más rápido saciaría esa sed que le quemaba la garganta, por lo que ubicó con la mirada algo para ayudar a levantarse, sin embargo, cualquier cosa que pudiera servirle de apoyo estaba demasiado lejos.

La punzada en la cabeza de nuevo, trató de respirar profundamente y fue consiente de que eso también le dolía. Al descartar la idea de ayudarse con algo, se dijo que lo siguiente era tratar de hincarse y luego levantarse por completo. Eso no podía ser tan difícil ¿o sí? Contó mentalmente hasta tres y dobló las rodillas para hincarse, el movimiento resultó tan repentino que un mareo le sacudió el cuerpo al momento que las imágenes del día anterior le llegaban a la mente sin coherencia temporal.

¿Qué habré tomado? Ciertamente la vez que tomó sangre de sapos mágicos no le había ido tan mal, en comparación, claro. Volvió a contar mentalmente y acomodó su cuerpo para exigirle que se levantara. Después de dos intentos fallidos pudo poner firmes ambas piernas, claro sin soltarse la cabeza porque seguía teniendo la sensación de que la perdería en cualquier momento.

Hizo las conexiones necesarias entre sus pies, su cabeza y sus manos y tomó la botella de agua que siempre estaba en su escritorio. La abrió al momento que se sentaba en la cama y la bebió sin respirar, lo que satisfizo un poco su sed, aunque seguía sintiendo ese escozor en la garganta. Juraría que nunca había tenido tanta sed.

Ahora que lo recordaba los gemelos se referían a ese momento como muerte neuronal masiva y vaya que se sentía un poco así. Volteó a ver lentamente el reloj y soltó un suspiro, como ya había perdido Artes Marciales se dejó caer en la cama para dormir otra hora por lo menos. Pero siendo sinceros si fuera por él, no se levantaría todo el día.

El escozor en la garganta le recordó que ese medio litro de agua no había sido suficiente y que necesitaba aspirinas si quería sobrevivir el día. Al menos la temporada de lluvias le evitaría la necesidad de los lentes oscuros.

Se retorció de dolor en la cama después de soltar un respiro profundo. ¿Qué rayos había hecho que le dolía tanto la nariz? No recordaba haber inhalado nada… aunque en realidad no tenía certeza de nada de lo que había sucedido esa noche.

Se dijo que a la velocidad con la que se estaba moviendo lo mejor sería irse poniendo de pie si de verdad quería estar en el Gran Salón para la hora del almuerzo. Un nuevo mareo le recorrió el cuerpo y tuvo que moverse lo más rápido que pudo al baño, las náuseas podrían convertirse en vómito en cualquier momento.

Sin embargo, no sucedió, pero ya que estaba en el cuarto de baño lo mejor sería darse una larga ducha de agua fría. Cuando levantó la mirada se encontró con su reflejo y se desconoció. Tenía los ojos rojos y vidriosos además de que la sombra violeta debajo daba la sensación de que le habían dado una paliza.

Se levantó algunos mechones de la frente y cayó en cuenta que tenía un hematoma formándose e hinchando el lado derecho de su cabeza. En serio debía hablar seriamente con sus amigos, no sabía en qué momento había sucedido todo eso y también estaba la sangre seca asomándose de sus fosas nasales.

¿Habían peleado con alguien?

Su cabeza le mandó unos cuantos espasmos de dolor como respuesta por lo que se metió debajo de la helada agua sin dudarlo más tiempo, necesitaba algo que le anestesiara el dolor.

Puedes fingir que estás fingiendo…

Xiao Lang sonrió maliciosamente cuando no vio a su compañero de cuarto en Artes Marciales y se dijo que seguramente todavía no recobraba el conocimiento. Los siameses de sus amigos habían asistido a clases, sin embargo, ninguno pudo sortear decentemente los ejercicios, por lo que el Profesor Kho los expulsó de la clase, lo cual en realidad fue hacerles un favor.

Justo al final de la clase del día, el Profesor Kho los puso a practicar en parejas los ataques más habituales de puño, mano abierta y brazo, usadas por diferentes estilos de Karate. Por lo que Hiragizawa se puso al lado del castaño y le sonrió mientras levantaba los brazos para detener sus ataques.

-"¿Qué tal tu noche Xiao?"-el castaño no contestó, Eriol tenía la capacidad nata de irritarlo con su sola presencia. -"Escuché que los Zedong tuvieron una fiesta anoche. ¿Kenishi está bien?"-

-"¿Y yo por qué debo saberlo?"-le contestó con otra pregunta mientras le lanzaba dos golpes certeros al rostro, mismos que fueron detenidos con maestría y agilidad.

-"Yo sólo te lo preguntaba por hacer conversación"-se mantuvo en silencio hasta después de un tiempo.-"¿Ayer recibiste algo interesante?"-Xiao Lang sabía que se refería a sus regalos de cumpleaños.

-"¿Eres un acosador? ¿O acaso tienes cámaras en mi habitación para satisfacer tu voyerismo?"-Eriol sonrió e incluso soltó una ligera carcajada, justo en el momento en que cambiaban la dinámica, ahora era el castaño quien paraba los ataques.

-"Para nada mi querido descendiente, no tengo necesidad de hacerlo, sigues siendo tan transparente como cuando éramos niños"-eso enfureció a Xiao Lang por lo que detuvo sus golpes con demasiada rudeza.

El Profesor Kho sonó su silbato para dar por terminada la actividad y la clase del día, por lo que podían ir a darse un baño y prepararse para el desayuno. Eriol limpió el sudor de su frente con el dorso de la camisa roja del gi y siguió a Xiao Lang en silencio, le gustaba molestarlo, era cierto, pero tenía que hacerle algunas preguntas serias, sobre todo si quería poner a Kenishi bajo alerta de lo que sea que estaba planeado el Concilio.

En cuanto abandonaron las duchas caminó seriamente a lado del castaño hasta ponérsele enfrente para detener su andar.

-"¿Qué te pasa?"-le espetó al ver que no podía seguir caminando.

-"¿Qué sucedió el domingo?"-le respondió Eriol con otra pregunta.

El domingo… pensó el castaño, tratando de hacer memoria.

-"¿Pudiste verla?"-Xiao Lang entrecerró la mirada y trató de seguir su camino. –"¿Hablaste con Sakura?"-algo se paralizó dentro del castaño, ciertamente no quería tener esa conversación, no con él.

-"¿De qué estás hablando?"-le dijo cuando cayó en cuenta de que no podría huir de eso.

-"Podríamos dejar la serie de preguntas y responder alguna"-Eriol se quitó de enfrente del castaño y caminó hacia una aula, como buscando un lugar para hablar. Xiao Lang se dijo que podría ocupar esa oportunidad para hacer algunas preguntas también.

-"Tú eres quien debería decirme que es lo que está sucediendo. ¿Sakura está viva?"-

Eriol no pudo esconder su sorpresa ante esa pregunta, sin embargo, desvió la mirada y guardó silencio, por lo que el castaño pudo seguir preguntado.

-"Los muertos no caminan por las calles así que dime de una vez si está viva o no. ¿Quién era la persona que vi el domingo? ¿Era Sakura realmente?"-

¿Por qué Xiao Lang piensa que Sakura está muerta? Se preguntaba Eriol, sospechaba ligeramente de dónde había sacado esa idea, pero tendría que confirmarlo.

-"¿No piensas responderme?"-habló Li sin levantar su tono de voz, a pesar de que lucía ligeramente alterado. –"¿O simplemente no lo sabes?"-soltó una ligera risa. –"Sí ni siquiera la rencarnación de Clow sabe dónde está la heredera de su magia, o si está con vida o no, supongo que no debe perder mi tiempo tratando de encontrarla"-

-"¿La has estado buscando?"-habló el chico de lentes después de un tiempo. –"Los días que desapareciste a principio de año, debes haber ido a Japón"-su última frase fue una afirmación. –"Tampoco sé el paradero de Sakura y no sé si está viva o no, sólo considero que deberías ser más sincero contigo mismo, no puedes creer la mentira que tu mismo creaste, eso sería peligroso…"

Xiao Lang abrió la boca, como intentando responder a sus cuestionamientos, sin embargo, la tranquilidad se vio interrumpida por un grito desgarrador que fue seguido de varios más.

Los dos reaccionaron y corrieron a la ventana para saber que estaba pasando, aunque la verdad no sabían si creer lo que estaban viendo sus ojos. Como si se tratara de un pasaje de la Biblia, relámpagos caían del cielo estrellándose contra los edificios de la escuela.

Un grupo de niños de Básico que se encontraban en el patio, corrían despavoridos de un lado a otro tratando de evitar los relámpagos, rápidamente una serie de dos o tres cayeron sobre una sección del jardín lo que ocasionó un incendio.

Más gritos.

Eriol y Xiao Lang no lo dudaron ni un segundo, el castaño rompió la ventana con el codo y ambos saltaron del segundo piso, evitando al mismo tiempo uno de los relámpagos.

-"¡Reúne a los niños!"-le grito Eriol –"Formaré un escudo para protegerlos"-el castaño asintió y corrió rumbo a los pequeños que parecían tener una especie de conjuro de desorientación, no era normal que corrieran de un lado a otro sin saber que hacer.

-"¡Vengan!"-un relámpago lo hizo detenerse en seco y después siguió corriendo. –"¡Apresúrense, vengan!"-los niños parecían no escucharlo.

Xiao Lang se desesperó y siguió corriendo hacia ellos.

¿Dónde rayos estaba el Profesor a cargo de ese grupo? ¿Por qué no parecía haber ningún adulto cerca? Volvió a detenerse al ver que un relámpago le cerraba el paso. Se alarmó al ver que el incendio se estaba extendiendo con rapidez por el jardín central, si eso seguía así alcanzaría en algunos minutos los salones de entrenamiento.

-"Nadie responde, todos los que estaban en el patio fueron víctima de algún hechizo"-le dijo un alumno de avanzado que levantaba a dos niños y corría con ellos lejos de la zona donde estaban cayendo los relámpagos. –"La magia enloqueció de nuevo y teletransportó a los profesores a otra dimensión, nadie sabe lo que está pasando"-y corrió hacia uno de los edificios, donde pudo notar como a cinco alumnos más tratando de controlar a la gente que corría sin importarles el riesgo de los relámpagos.

Xiao Lang se dijo que debía hacer lo mismo. Tomó a dos niños de las chaquetas y prácticamente los arrastró a donde Eriol trataba de elaborar una barrera. Los gritos seguían, por lo que más alumnos se trasladaron al patio para tratar de ayudar. En cuanto los niños entraron a la barrera los efectos del hechizo de confusión se dispersaron, aunque la mayoría seguía con la mirada perdida ya no corrían de un lado a otro.

Eriol resintió el uso excesivo de la magia, no lo notó pero una gota de sangre empezó a salir de su nariz, sin embargo continuó entonando el conjuro que mantenía en pie la barrera. El ojiazul vio a lo lejos otro grupo de jóvenes acercarse al patio, aunque también se dio cuenta que los que no eran tan poderosos, rápidamente eran afectados por los hechizos de confusión.

-"¡Aléjense!"-gritó en cuanto vio a más gente acercarse, no podrían controlarlo si seguían llegando más personas. –"¡Llévense a estos niños lejos!"-volvió a gritar y los jóvenes de Intermedio asintieron al momento en que se introducían en la barrera y cargaban a cuantos niños podían.

-"¡Eriol!"-pudo ver a Kenishi acercarse corriendo seguido de los gemelos Zedong, todos tenían cara de confusión y huían de los relámpagos que cada vez parecían más frecuentes. –"¡¿Qué está pasando?!"-gritó el ojiverde sin aliento.

Kenishi y los Zedong se colocaron más cerca de Eriol para darse cuenta que la sangre que caía de su nariz empezaba a formar un camino por su mentón.

-"No tiene importancia, ve y trae a los niños. Mao y Tian, podrían tratar de controlar el fuego, los salones de entrenamiento arderán con facilidad si no controlamos el incendio"-los gemelos asintieron y corrieron hacia los salones, que se encontraban como a diez metros de donde estaba haciendo la barrera.

Kenishi corrió hacia el patio principal, esquivando más de tras relámpagos en el proceso.

¿Qué estaba sucediendo?

¿Dónde estaban los Maestros?

Pudo ver al Superior Li jalar a tres niños de las chaquetas con dirección hacia la barrera. Le pasó por un costado, por lo que Kenishi siguió la misma ruta que él. Todavía había más de cien niños corriendo despavoridos, y ciertamente era prácticamente un milagro que ninguno hubiera sido herido por alguno de los relámpagos que se estrellaban en la tierra.

Tomó a los dos primeros que encontró, aunque le costó trabajo controlarlos, los niños seguían poniendo resistencia a pesar de que el ojiverde ya los había inmovilizado. Vio uno de los relámpagos acercase por lo que se arrodilló y llamó a Shield con la mente para formar un escudo lo más grande que pudo. Aunque eso le quitaría más energía, lo mejor era dejar el escudo puesto mientras se movía con los niños.

Llegó con Eriol, y se dio cuenta que Shield no inhibía el hechizo de confusión mientras la barrera del ojiazul sí; dejó a los niños lo más cerca que pudo y vio como otro grupo se los llevaba lejos del patio. Al menos ya no incrementaba el número de alumnos afectados por los hechizos.

Dos relámpagos cayeron justo donde estaba un alumno de Avanzado. Se oyó un grito seguido de una maldición, cuando estuvo más cerca se dio cuenta que era Liao. Aunque el relámpago no había impactado sobre él, al rebotar le alcanzó la pierna derecha provocándole una quemadura en la pantorrilla. Pese al dolor que eso significó, tomó a los dos niños como pudo y siguió caminando hacia la barrera, cuando vio que Katsura se le aproximaba le gritó que fuera por más niños que él estaba bien.

Y así lo hizo, tomó a dos niños más y se dio cuenta que el improvisado equipo de rescate era más numeroso, también se dio por enterado de que no podían transportar a los niños con magia porque de inmediato volvían a ser presas del conjuro de confusión, no había otra manera que jalarlos, cargarlos o arrastrarlos hasta la barrera que tenía en pie Eriol.

Vio de nuevo a Li y como se había quedado mirando fijamente a uno de los niños que desafortunadamente había sido alcanzado por uno de los relámpagos. No sabía si estaba vivo o no, aunque el simple hecho de pensar que alguien había perdido la vida le removió el estómago.

Sintió miedo.

Cuando se dio cuenta que el niño todavía estaba respirando, se acercó hacia Li para ver si necesitaba ayuda para cargarlo. Esquivó un par de relámpagos por mero instinto y llegó a su lado. Le preguntó qué era lo que sucedía, sin embargo el castaño no le contestó, no se movía, de hecho parecía que no respiraba, sólo estaba ahí helado, viendo al niño y las quemaduras que tenía en la espalda.

-"¿Estás bien?"-Xiao Lang no le contestó, pasó a lado del niño sin levantarlo, a pesar de que un relámpago volvió a estrellarse a un par de metros. Kenishi abrió los ojos desmesuradamente, aunque no lo dudó ni una micra de segundo, se arrodilló para poner sus brazos debajo del pecho del niño y lo levantó lo mejor que pudo.

El uso constante de Shield lo estaba agotando, sin embargo, volvió a pedirle su apoyo, invocó el escudo y caminó como pudo con el niño quemado en los brazos. Al llegar a la barrera se sintió mareado, Chu, quien estaba ayudando a transportar a los niños lejos del patio lo sostuvo cuando un mareo le sacudió el cuerpo.

Le dijo con la mirada que estaba bien y planeaba regresar por más niños, cuando vio al castaño parado sin moverse. No supo por qué, pero el hecho de verlo ahí sin hacer nada le ocasionó mucha furia. Pasó a su lado y le golpeó con el hombro.

-"Deberías dejar de estorbar"-y regresó al patio, tomó a tres niños más y volvió a la barrera.

El castaño seguía sin moverse.

Kenishi repitió el procedimiento hasta que le dolieron los brazos, quedaban sólo dos niños más. Se quitó el sudor de la frente, debía darse prisa, Eriol ya estaba a punto de desmayarse, y sin su barrera los niños volverían a caer en el hechizo de confusión.

Vio como Chu organizaba el traslado hacia las aulas para evitar que volvieran a perder el control de la situación. También se dio cuenta que los Zedong, acompañados con varios chicos de Intermedio, usaban conjuros de manipulación de los elementos para controlar el incendio.

Respiró más tranquilo y volvió a ponerse en marcha. Alcanzó a los últimos, no podía detenerse a tratar de tranquilizarlos, por lo que simplemente los jaló del saco del uniforme y caminó velozmente. Cuando se aproximaba se dio cuenta que los brazos de Eriol flaqueaban por el esfuerzo, la sangre que salía de su nariz ya había ensuciado su camisa blanca, no podría sostener la barrera mucho tiempo más.

Vio a Li cerca de él por lo que le gritó para que le ayudara con uno de los niños para llegar más rápido. Pero no funcionó, el ambarino no se movía de su lugar. Kenishi maldijo por lo bajo, pero siguió caminando velozmente. Alcanzó a llegar a la barrera a lado de Eriol para detener su caída. Afortunadamente el hechizo de confusión de los niños se había roto y habían terminado de trasladarlos a las aulas por lo que las cosas no volvieron a salirse de control.

-"¿Te encuentras bien Eriol?"-Chu se aproximó con un paño mojado para detener la hemorragia nasal. Eriol sonrió levemente y se dejó llevar por dos jóvenes a una de las aulas. Todavía no sabían que había pasado con los Profesores y los relámpagos no se detenían.

Suspiró aliviado al ver que el incendio estaba siendo controlado. Se limpió de nuevo el sudor de la frente y decidió encaminarse hacia el centro del patio y tratar de identificar qué era lo que estaba generando los relámpagos.

Sintió un golpe en el hombro, por lo que se giró y vio a Li caminando frente a él.

-"¿Qué te sucede?"-le gritó y se puso frente a él. –"¿Cuál es tu maldito problema?"-el castaño ni siquiera lo miró. –"Si quieres poner en riesgo tu vida me da igual y si simplemente no pensabas ayudar mejor no te hubieras acercado, pero el niño casi muere y Eriol casi pierde el conocimiento. Eres un malnacido"-el castaño levantó la mirada y Kenishi se dio cuenta que sus ojos eran de un ámbar que desconocía.

-"No tengo porque darte explicaciones. Y si el niño o Hiragisawa morían, es algo que no me importa en lo absoluto"-

Kenishi entrecerró los puños, una oleada de furia lo invadió y sin dudarlo le soltó un golpe directo al rostro. Xiao Lang no pudo evitar del todo la agresión por lo que el golpe del ojiverde se hundió en su quijada.

Furia.

Roja, y humeante furia que cegaba la vista de Kenishi.

Podía jurar que nunca en toda su vida se había sentido tan furioso.

Nunca.

El castaño sintió el sabor metálico de su sangre recorrerle la boca, escupió y levantó el rostro para hundir la mirada en el rostro de su antagonista. Kenishi levantó los brazos en posición de guardia y se dio cuenta del fuego de furia que estaba incendiando la mirada caramelizada del Superior Li, el mismo fuego que estaba rondando su verde mirada.

Xiao Lang respondió el golpe y esquivó un relámpago al mismo tiempo, ciertamente el escenario de esa pelea parecía ser épico. En cuanto la voz se empezó a correr más alumnos llegaron al patio principal, aunque se mantuvieron lo suficientemente alejados para que el hechizo de confusión no los afectara.

Kenishi también sintió el sabor de su sangre recorrerle el paladar. Retiró el hilito que le salía del labio y esquivó uno de los golpes del castaño echando todo su cuerpo hacia atrás. Xiao Lang se giró lo suficiente como para evitar que el ojiverde escapara de la trayectoria de su patada y consiguió golpearle en las costillas.

No sabía por qué, pero él también estaba furioso.

Un recuerdo de su exilio lo sacó por completo de sus casillas, tanto, que se quedó helado cuando vio al niño quemado frente a él. Era tan parecido a Wo, a quien conoció en la Isla de la Muerte donde estuvo dos años, que simplemente la mirada se le nubló y su cuerpo dejó de responderle. Siendo sinceros el miedo lo había calado a tal grado que se perdió a sí mismo.

Y le molestaba esa debilidad.

De verdad le molestaba.

Y ahora que caía en cuenta de que estaba peleando a golpes con su compañero de cuarto, sería una buena forma de sacar la frustración que tenía.

El ojiverde se recuperó de la patada en las costillas y respondió con una que golpeó el pecho del ambarino y lo estampó fuertemente contra un árbol, sacándolo de sus pensamientos.

Kenishi tampoco sabía con certeza por qué había reaccionado de forma tan violenta, no era típico de él, pero no pudo evitar sentir rabia al saber que el castaño había perdido el corazón. Algo dentro de sí se removió violentamente al darse cuenta que el ambarino era un desalmado sin sentimientos. La verdad, no pudo evitarlo.

Los dos, sin ser conscientes de ello trataban de liberar extraños sentimientos mediante sus puños.

El castaño se recuperó del golpe contra el árbol y retiró de un soplido los cabellos de su frente. Se acercó de nuevo a su oponente, esquivando dos relámpagos en el camino, y dejó de lado los golpes para lanzarle un hechizo de viento que lo hizo volar hasta el final del patio, muy cerca del incendio.

Kenishi se dio por enterado que la magia ya formaba parte del enfrentamiento y sonrió de medio lado, quitando con el antebrazo el sudor de su frente. Salió de entre los árboles quemados por los relámpagos y regresó caminando al centro del patio, desviando con su mano derecha el curso de uno de ellos.

Giró ambas manos para crear un círculo de viento y arena y lo envió directo al castaño que alcanzó a esquivarlo, pero que le cortó justo por encima del hombro, rasgando el saco y la camisa.

Kenishi volvió a sentir la furia nublarle la vista, la adrenalina corría por su cuerpo drogándolo tanto como la noche anterior lo hicieron los cigarros de la felicidad, de pronto todo desapareció. El patio, los relámpagos, los gritos vitoreando al Superior Li…

Todo desapareció.

Sólo estaba él…

Syaoran.

Viéndolo con los ojos entrecerrados y conjuntando un hechizo similar al suyo frente a él. Moviendo las manos en el sentido del reloj, conformó una esfera y la envió contra el ojiverde. Kenishi no reaccionó con suficiente premura y la esfera de viento lo envió a estrellarse justo en la pared de los salones de entrenamiento, llevándose con él la pared, unas bancas y parte del suelo.

En realidad había sido un hechizo tan potente que Xiao Lang se quedó jadeando después de hacerlo. Puso sus manos sobre las rodillas para tratar de recuperar el aliento, había ocupado mucha magia en muy poco tiempo.

Aunque no contó con que Kenishi se recuperara tan pronto del impacto.

El chico de cabello azabache y mirada de la madre selva se puso de pie en medio del salón, al tiempo que lanzaba lejos un par de bancas. Sin ser muy consciente de ello, empezó a reunir una cantidad descomunal de energía en sus brazos, ahora no era viento, ni arena, era un fuego de color verde -azul, como turquesa.

Dio un par de pasos regresando al patio.

Todos empezaron a alarmarse, esa cantidad de energía en un solo hechizo podía ser mortal. Sin embargo, parecía que eso no le preocupaba mucho al ambarino, quien sin dudarlo, recuperó su postura ofensiva y concentró energía en sus brazos, al igual que Kenishi.

Eso sería un choque de fuerzas asombroso, y peligroso, muy peligroso.

Los hermanos Zedong que habían estado ocupados con el incendio, sintieron un escalofrío recorrerles la espina dorsal cuando Kenishi empezó a hacer fluir fuego de sus manos, la verdad era que se veía como un demonio rodeado de fuego azul.

Sin dudarlo se acercaron al campo de batalla, era su instinto que les decía que aquello no tenía buena pinta, y lo más seguro es que alguno de ellos terminara severamente lastimado.

Los gemelos pudieron ver el momento en que Kenishi le lanzó el hechizo al Superior Li, y como éste enviaba un hechizo casi al mismo tiempo, sin embargo, repentinamente todo se detuvo y empezó a correr como una filmación a cuadro por cuadro.

El Director apareció en el preciso instante en que las dos fuerzas chocarían, las detuvo lo suficiente como para desviarlas y lanzarlas por lo cielos, a tal velocidad que quien parpadeó justo en ese instante se perdió por completo del suceso.

-"Se iban a matar"-se dijo el Director mientras bajaba los brazos.

Todos vieron las luces, una azul y otra dorada, desaparecer por los cielos en micras de segundo, para desintegrarse después con un ligero sonido.

Kenishi y Xiao Lang se miraron, como saliendo del trance de furia en el que se habían envuelto. Los dos sabían en el fondo, que si alguno de aquellos hechizos hubiera impactado en el cuerpo del otro, el daño no hubiera sido mínimo, ciertamente, era difícil que alguno sobreviviera si los hechizos daban en su objetivo.

Y sin desearlo, un sudor frio les recorrió la espalda.

Los dos preguntándose por qué habían hecho lo que habían hecho. Y los dos sin encontrar respuestas.

El Profesor Yunnan y el Profesor Chiisai aparecieron en el patio minutos después y empezaron a mover sus manos como un péndulo, logrando que los relámpagos se movieran a su ritmo y haciéndolos desaparecer después de un tiempo.

El Profesor Kho ayudó a los chicos de Intermedio para terminar con el incendio y todo quedó en silencio después.

Nadie se atrevía siquiera a respirar.

Todos se miraban con dudas, con miedo…

El Director Li le dio una mirada a Kenishi y a Xiao Lang lo suficientemente severa como para que supieran que debían ir con él.

-"Qin"-dijo el Director dirigiéndose al Profesor de Meditación. –"Pon todo el orden, que todos los jóvenes heridos se trasladen a la Enfermería de inmediato. Coordina el equipo de emergencia para revisar la zona del incendio y por favor, habla con los estudiantes de Avanzado, organiza equipos de monitoreo con ellos para evitar que los hechizos de confusión vuelvan a afectar a los niños"-el aludido asintió. –"Regresaré en unos minutos"-

Y sin mirar de nuevo a los protagonistas de la pelea se alejó hacía su Oficina.

¿Es necesario decir que los dos estaban en serios, muy, muy, muy serios problemas?

Maldición.

Repetía Xiao Lang en su cabeza.

Maldición.

Maldición.

Maldición.

¿Qué le diría a su Tío?

Sé que parece que nos íbamos a matar, pero lo teníamos todo controlado…

Bien, es cierto, el sarcasmo nunca había sido su fuerte. Tal vez podría ser sincero.

No sé que sucedió, de pronto me golpeó, lo golpee y lo siguiente que recuerdo es que estábamos enviándonos hechizos de último nivel y con toda la intención de hacernos un poco de daño.

Ok. Ok. Eso tampoco era del todo cierto.

Debido a sus divagaciones el castaño no tuvo conciencia del viaje hasta la Oficina del decano, ni el momento en que entró y los dejó pasar. Tampoco supo cuando les señaló las sillas frente a su escritorio sin dirigirles una sola palabra.

Hasta que estuvieron sentados en completo silencio supo que aquello era más grave de lo que pensaba.

Mucho más grave.

-"No les voy a pedir una justificación a lo que estaban haciendo, porque no hay manera de que ese tipo de comportamiento sea justificado, es imposible que alumnos de su categoría se ataquen como perros callejeros, frente a toda la escuela"-el tono del Director era completamente neutral, en realidad su voz no reflejaba el enojo que sentía, pero ese tono helado era mucho más aterrador que los gritos.

-"Los niños de Básico quieren ser como ustedes dos"-continuó Xiang Won Li –"Son un modelo a seguir en la ESCO y en la primera situación de presión ustedes explotan como personas irracionales y se atacan a muerte. ¿Qué debo pensar de ustedes? ¿Qué debo pensar de la educación que están recibiendo en esta institución?"-respiró más profundamente de lo normal –"Los dos me avergüenzan. Independientemente de sus problemas personales, de lo que uno y otro representan, deben ser camaradas, no pueden atacarse de esa manera…"-

El Director guardó silencio, tal vez para tranquilizarse a sí mismo. Después de algunos segundos que parecieron eternos continuó.

-"No se me ocurre un castigo lo suficientemente significativo como para otorgárselos. Mañana los espero en mi oficina para discutirlo, pero sepan de una vez que esto no pasará desapercibido"-volvió a guardar silencio. –"Ciertamente, tampoco entiendo su enemistad. Sé qué es lo que significa el hecho de que hayan tenido una disputa en su corta infancia"-Xiao Lang entrecerró la mirada, a qué se refería su Tío.

Kenishi sudó frío, no podía estarse refiriendo a que él era el Maestro de las Cartas, ¿o sí?

-"Creo que son lo suficientemente maduros como para no estarse atacando por el hecho de haber sido…"-

Unos golpes en la puerta interrumpieron al Director.

-"Eriol"-dijo Kenishi al verlo, todavía con las marcas de sangre en su camisa.

-"Siento la interrupción, pero hay algo que tengo que hablar con usted Director"-la verdad, Eriol había estado al pendiente de la conversación ya que sospechaba que el Director haría referencia a que Kenishi era el Card Master, y era demasiado pronto para que Xiao Lang se enterara, así que tuvo que intervenir para evitarlo.

-"Está bien Eriol, estaba terminando con ellos. No olviden que los espero mañana"-los dos asintieron y se pusieron de pie, dando una inclinación antes de salir.

Kenishi le dio una sonrisa a Eriol cuando pasó a su lado, conteniéndose de preguntarle como se sentía.

-"Dime Eriol"-fue lo último que escuchó el castaño antes de salir por completo de la habitación de su Tío.

Y siendo sinceros, no le había ido tan mal como pensaba que le iría. Aunque no sabía a que se refería su Tío con eso de la disputa en su corta infancia. Le dio vueltas un par de minutos, pero él no lo conocía de ningún otro lugar, la primera vez que vio a la peste Katsura fue en la ESCO, nunca antes.

Arreció el paso cuando salió del edificio, no quería tener que caminar con el estúpido de su compañero de cuarto todo el camino, aunque el castaño no se percató de que Kenishi se había quedado afuera del edificio donde está la oficina del Director, esperando a Eriol.

Lo vio salir un par de minutos después tosiendo fuertemente.

-"¿Estás bien?"-se acercó al ver que el chico de lentes trastabilló.

-"Sí Kenishi. Sólo estoy extremadamente cansado"-le dijo dándole una ligera sonrisa, al grado que Kenishi se dio cuenta que era completamente falsa.

-"Eso no es cierto, estás pálido y caminas desorientado. ¿Estás enfermo?"-Eriol se dijo que la pequeña Sakura despistada ya no lo era tanto. –"Puedes confiar en mí…"-

Empezaron a caminar rumbo a las habitaciones. Había cancelado las clases del día para reparar los salones de entrenamiento y darle atención a los niños de Básico, incluso habían cancelado el desayuno.

-"Me iré de la escuela por unos días"-le dijo después de un tiempo y cuando pudo controlar la tos. –"En realidad ni yo sé si estoy enfermo, pero debo irme a Londres para investigar sobre los problemas que hay con la magia, parto mañana temprano"-

Ni siquiera Eriol sabía que tendría que irse tan pronto, pero no era mentira cuando decía que la escuela lo estaba matando, aunque no sabía cómo. Y eso, era lo que averiguaría con su viaje.

-"¿Mañana?"-Kenishi se dijo que se sentiría solo sin el inglés cerca. Eriol sólo movió la cabeza afirmativamente.

-"¿Qué fue eso de hace un rato?"-la pregunta hizo que un sudor frío recorriera al ojiverde. –"Iban a matarse, si el Director no hubiera intervenido, dudo que alguno hubiera sobrevivido el ataque. ¿Qué está pasado entre ustedes?"-Kenishi suspiró.

-"No lo sé"-

-"Debes saber que el Concilio te está buscando"-una fuerte tos interrumpió su plática. –"Le pidieron un hechizo al Director para localizar la esencia de las Cards, y así como están las cosas, dudo mucho que quieran platicar contigo"-Kenishi cerró los puños.

-"Sí, Li ya me lo había dicho"-que Kenishi se refiriera a Xiao Lang por su apellido le hizo pensar lo ríspida que era su relación. –"Quiere las Cards"-

-"Xiao Lang no las quiere, las quiere el Concilio"-

-"Es exactamente lo mismo ¿no? Él será el líder del Concilio en un par de años"-

-"Kenishi, escúchame"-la tos regresó y tuvieron que detenerse en una banca. –"Xiao Lang no quiere las Cards. Él, los dos, están en un destino que no era suyo"-el ojiverde no emitió una sola palabra. –"Quiero que seas cuidadoso, y más durante el tiempo que no estaré en China, no uses las Cards, y trata de usar la menor cantidad de magia que puedas, independientemente de que tú seas el Card Master, si el Concilio se da cuenta que tienes tal cantidad de poder no dudarán en matarte"-el silbido del viento le dio énfasis a su frase.

¿Matarme?

Pensó Kenishi.

El Concilio quiere matarme.

Eriol soltó una risita para aligerar el ambiente.

-"¿Por qué le dijiste a Xiao Lang que Sakura está muerta?"-Kenishi se sonrojó e instintivamente se rascó la cabeza.

-"Tampoco lo sé"-se sinceró –"No sé qué me sucede, estoy enloqueciendo Eriol"-volvió a suspirar –"Lo veo tan cambiado, tan frío, y una furia irracional me invade. Además, salió de sus labios, me dijo que quería encontrarme porque quería las Cards, así que mentí y le dije que había muerto"-

-"Querido Kenishi, hay situaciones como esta en la que todo es cuestión de percepción. No puedo decirte por qué te habló de esa manera o por qué te dijo que quería las Cards. Pero debes entender que él también tiene sus razones. No es fácil ser un Li; no tienes control de tu vida… eres, vives y mueres por la Familia y cuando la Familia lo quiera. Y aunque parezca que ser un Li es una ventaja para cualquier cosa, ninguno de nosotros sabe lo que significa perder la libertad"-otra fuerte tos lo invadió. –"Por eso te pido que no lo juzgues, él también ha sufrido con esto, y tal vez su sufrimiento ha sido el peor"-

Kenishi no respondió, no supo qué decir.

Puedes fingir que estás fingiendo…

Cuando Xiao Lang regresó a su habitación lo esperaban dos sobres flotando. El primero de ellos avisaba sobre la forma en la que se conducirían las actividades del día, retrasarían todos los alimentos una hora y todos los alumnos de avanzado tenían que participar en los trabajos de reconstrucción.

Suspiró.

Tomó sin muchas ganas el segundo sobre. Era una carta de Fei Han.

Volvió a soltar un suspiro. Seguro tenía alguna clase de problema respiratorio.

Se sentó en la cama y leyó el breve mensaje:

Xiao Lang:

No sabía cuál era el regalo más apropiado para celebrar tu nacimiento, así que tardé mucho tiempo en elegirlo y por eso no te lo pude entregar antes. Espero que te guste y te sea de utilidad.

Fei Han 3

El castaño hizo que la caja que acompañaba al sobre levitara hacia la cama. Estaba envuelto de manera pulcra y sencilla, con un moño de color dorado. Lo abrió presa de la curiosidad y se sorprendió.

Era un cubo.

Era metálico con colores en cada una de sus caras. Si no se equivocaba eran conocidos como Cubo Rubik un rompecabezas que implicaba fórmulas matemáticas para su resolución. Lo sacó del empaque y sin saber desordenó cada uno de los colores de las caras para intentar resolverlo, a lo mejor eso le calmaría las palpitaciones de las sienes.

¿Qué tan difícil podía ser?

Dos horas después el dichoso cubo se encontraba en las mismas condiciones, tal vez algunos colores en alguna otra de las caras, pero ciertamente eso no estaba ni cerca de ser resuelto. Xiao Lang soltó un bufido de frustración y lo dejó de lado, el dolor de cabeza parecía regresar y el cubo no era para nada relajante.

Movió el brazo para buscar su laptop y un fuerte dolor le hizo desistir, se miró el hombro y notó como fluía sangre de la herida que le había hecho Katsura hacía unas horas.

Se levantó y fue al baño, lo mejor sería darse una ducha para tratar de tranquilizarse. Escuchó a lo lejos el retumbar del cielo y sonrió de lado. Llovería.

El vapor lo acompañó al salir de la ducha, se encontraba más repuesto e incluso su cara se veía más fresca. Tomó su reloj de pulsera y salió del cuarto, la hora de la comida estaba cerca y así como muchos de los alumnos de la institución más prestigiosa de magia del mundo, esperaba respuestas sobre lo que estaba sucediendo.

Llegó al Gran Salón y todo se veía ciertamente sombrío, las nubes de lluvia vespertina oscurecieron el cielo, y el suceso de la mañana los tenía a todos muy silenciosos, aunque los cuchicheos de pasillo eran inevitables. Así fue como se enteró que tres niños resultaron heridos por la mañana, sólo uno de ellos de gravedad.

-"Dicen que el Superior Li no lo ayudó y por eso el Superior Katsura lo golpeó"-escuchó que decían unos alumnos de Intermedio, que de inmediato se quedaron callados al verlo, bueno, en realidad su mirada de hielo siempre ocasionaba ese efecto.

No le dio importancia al comentario y siguió su camino hasta el lugar que le correspondía en la mesa. Divisó a Hiragisawa a un par de metros y se le acercó.

No era que pensara disculparse ni preguntarle cómo estaba, pero vaya que se veía de la mierda. Tenía la cara de por sí pálida, de un tono mortecino, no lo había notado hasta ahora pero había perdido peso. Sus ojos se veían rojos, como si en cualquier momento empezarán a sangrar y su cuerpo se sacudía por una tos que parecía no detenerse.

Eriol estaba rodeado de un par de niños de Básico que preguntaban por su salud con caras de preocupación. En cuanto se dieron cuenta de la llegada del Superior Li se inclinaron como despedida y se alejaron.

Los dos se mantuvieron en silencio.

-"Estoy bien"-dijo el de lentes después de un tiempo y le mostró la sonrisa de siempre. –"¿Tú cómo estás? ¿Te hiciste daño Xiao?"-

-"No me hables como si fueras mi Madre, no te queda tanta preocupación. Ya me dirás qué está sucediendo en la Escuela o todavía sigues sin saberlo"-su voz agria y petulante no ocasionó ningún efecto en el inglés, quien seguía sonriendo.

-"Eso es algo que deberás descubrir por ti mismo Xiao"-el último gong dio por finalizada su plática.

El Director no apareció para la comida, por lo que nadie habló del problema de la mañana hasta que el Profesor de Meditación les dijo a los alumnos de Avanzado que permanecieran en el Gran Salón después de la comida.

El Profesor Qin Yunnan se aclaró la garganta antes de hablar, haciendo con eso que los susurros de algunos terminaran por silenciarse.

-"Sé cuáles son las preguntas que están rondando por su mente"-dijo con una voz tan sombría que no parecía la suya. –"Pero me temó que no podrán obtener una respuesta ni aquí ni ahora. Lo más importante de esto, es que sepan que todo está bajo control, desafortunadamente los contenedores de hechizos están desequilibrados, por eso es que algunos conjuros han fallado pero nada grave. Ha habido algunos heridos, pero nada que no se cure con un par de días de descanso, ahora lo que necesito es que ustedes se encuentren concentrados. Las irregularidades pueden volver a suceder y es fundamental que los alumnos con mayor poder en esta escuela, es decir, ustedes se mantengan firmes y puedan enfrentar el problema"-hizo una pausa lo suficiente larga y continuó.

–"Ningún alumno de Básico o Intermedio debe estar solo de nuevo, esta vez las afectaciones fueron en contra de los titulares de los grupos, por lo tanto y hasta que todo se normalice habrá comisiones en cada clase de estos grados. Dos alumnos de Avanzado por grupo para monitorear en todo momento"-el Profesor guardó silencio al ver la mano de un alumno levantada, pidiendo la palabra.

-"No entiendo Profesor Qin"-era el pelirrojo Liao que ya tenía un vendaje en la pantorrilla por la quemadura de hacía un rato. –"Si no está pasando nada y sólo son los contenedores de hechizos por qué vamos a vigilar. No creo que sea prudente que quieran engañarnos, todos sabemos que la magia está fuera de control y sabe que no son únicamente hechizos de rebote porque hoy desaparecieron todos los Profesores y los alumnos de Básico fueron atacados, discúlpeme Profesor pero eso no fue un accidente"-los chicos a lado de Liao asintieron. –"Deben contarnos la verdad"-exigió.

-"No hay ninguna verdad que contar joven Liao. Lo único que estamos haciendo es prevenir. Se les hará llegar el nombre de su pareja esta noche, y habrá cinco turnos de monitoreo, además serán supervisados por algún Profesor. Ahora si me disculpan tengo que coordinar los equipos de reconstrucción"-estuvo a punto de irse pero volvió a mirarlos. –"No olviden ir a recoger a sus hadas, el Profesor Feng Mo salió de la ESCO, pero dijo que la Reina de las Hadas los estaría esperando con la evaluación de sus compañeras. Después de eso y si no tienen actividades extras retírense a sus habitaciones"-

Y sin más, salió del Gran Salón.

Todos se miraron unos minutos con la misma idea rondándoles la mente.

Los estaban engañando.

Kenishi suspiró y siguió al grupo de Avanzado que se trasladó al jardín principal para recoger a sus hadas. Él pensaba lo mismo que Liao, eso no era un accidente y si estaba sucediendo lo que se decía por los pasillos que estaba sucediendo, pronto lo de menos sería la reconstrucción de edificios, habría muertes. Y el simple hecho de pensarlo le dio un escalofrío que le recorrió el cuerpo por completo.

Llegaron al rosal que era el hogar de la Reina de las Hadas cuando la lluvia empezaba a caer con grandes gotas. Todos invocaron paraguas y esperaron que algo sucediera, pero ciertamente nada pasaba.

Esperaron y esperaron.

Y siguieron esperando.

Cuando se dijeron que tal vez la Reina lo había olvidado apareció de un botón de rosa.

-"Disculpen mi tardanza"-les dijo de manera telepática. –"Tuvimos algunos problemas"-Xiao Lang no supo porque tuvo la sensación de que la Reina lo miraba al decir esto último. –"La evaluación de mis hijas ha sido satisfactoria de manera general, aunque hubo algunas particularidades"-de nuevo esa sensación en el castaño y se dijo que seguramente su bicho alado no lo había hecho bien.

La Reina entregó a cada una de las hadas de manera individual, el dueño se acercaba y recibía un pequeño sobre que era para el Profesor Feng Mo. Uno a uno los alumnos recibieron con alegría a sus compañeras y se retiraron escuchando las múltiples pruebas que tuvieron que enfrentar durante su evaluación.

Kenishi vio a su hada parada a lado de la Reina y se arrodilló.

-"Joven Katsura, su compañera ha tenido un desempeño sorprendente"-tanto Kenishi como su hada se sonrojaron ante el cumplido. –"Aunque me temo que su nota en la prueba de trabajo en equipo ha sido una de las más bajas, no pudo congeniar con su compañera y tuvieron una pequeña trifulca"-Kenishi abrió los ojos sorprendido y vio cómo su hadita bajaba la cabeza avergonzada. –"No obstante, fuera de eso ha estado magnifica"-la Reina le entregó un sobre y su hada batió las alas hasta sentarse en su hombro y sujetarse de su oreja.

Kenishi se despidió de la Reina con una inclinación y tomó a su hada para meterla dentro de su abrigo, el viento y la lluvia empezaban a arreciar.

-"No te preocupes"-le dijo al ver que su hada se encontraba cabizbaja. –"Charlaremos de eso después, cuéntame cómo estuviste"-el hada soltó un zumbido de alegría y empezó a relatarle las difíciles pruebas que habían tenido que realizar durante el día anterior.

Xiao Lang era el último en recibir su hada. En cuanto la vio a lado de la Reina se inclinó sobre una de sus rodillas.

-"Joven Li"-el tono de la Reina era más agudo estando tan cerca, además el halo dorado de luz que la cubría le lastimaba los ojos, era demasiado brillante. –"Su hada sólo pudo alcanzar una nota aprobatoria en una de las pruebas, además de que ocasionó un enfrentamiento con su compañera de equipo durante una de las evaluaciones"-Xiao Lang se dijo que efectivamente el tono de hacía un rato iba dirigido hacia él. –"Debe saber Joven Li, que el bajo desempeño de su hada es reflejo inmediato de su falta de dedicación"-el ser alado cruza de mariposa y duende que se hacía llamar suyo estaba con los brazos en jarra, refunfuñando ante los comentarios de la Reina y con el ceño fruncido. –"Estuve a punto de retirarla de sus cuidados, sin embargo, en la prueba de habilidades telepáticas fue la más alta, lo cual significa que tiene potencial, aunque si no resulta mejor evaluada en la siguiente prueba tendré que quitársela"-el hada cambió su cara fruncida por una de clara tristeza, aunque sólo la dejó unos segundos porque después volvió a fruncir el entrecejo.

Xiao Lang recibió el sobre de la Reina y le dio una ligera inclinación de cabeza como despedida. Su hada no esperó ninguna llamada, así que sin pedirle permiso se metió en la bolsa interior del abrigo del castaño, quien soltó una maldición mental al sentirla moverse hasta hacerse un ovillo para dormir.

¿Qué se hacía en esos casos?

La picó con el dedo índice para obligarla a despertarse.

-"¡Oye!"-volvió a llamarla. –"¡Bicho te estoy hablando!"-el hada abrió los ojos y el castaño se dio cuenta que estaban más brillantes de lo normal, como si hubiera llorado, si es que los bichos esos podían hacerlo, claro. –"Te estoy hablando. Te exijo que me expliques por qué estoy a punto de volver a reprobar Artes Naturales"-el hada entrecerró los ojos y volvió a girar dentro de su bolsillo.

-"¡No quiero hablar contigo!"-le gritó de manera mental y el castaño se dijo que efectivamente eso era un sollozo.

Volvió a soltar una maldición mental y sintió la punzada de sus sienes arreciar. Movió el paraguas hacia un costado y dejó que la fuerte lluvia le mojara el rostro. Tal vez hubiera sido mejor que la Reina no le hubiera regresado al bicho.

Y aunque no lo notó, el sollozo de su hada se hizo más fuerte.

Puedes fingir que estás fingiendo…

-"¿Entonces todavía no terminas el xúnzhão?"-dijo uno de los enanos del Concilio mientras bebía un sorbo de su té. –"Me sorprende que no hayas terminado el conjuro que se te solicitó hace seis meses. Tendré que comunicarlo al Concilio y así tal vez reconsideres ponerte a trabajar más horas al día"-el Director de la ESCO también bebió de su té, no tenía tiempo de estar lidiando con el Concilio, no con los problemas que tenía la escuela.

-"Me temó que he avanzado todo lo que me ha sido posible, pero si el Concilio lo necesita con urgencia deberían pedírselo a otro hechicero"-

-"Bien sabes Xiang Won que eres el único hechicero que puede hacer el xúnzhão en todo el mundo"-dijo el enano que Xiao Lang llamaba Tontín, y tal vez era debido a su personalidad poco inteligente que no había notado las irregularidades en la ESCO, la falta de alumnos en las aulas y el constante patrullaje de los Profesores a los sellos de protección de la institución.

-"Si eso cierto. Entonces el Concilio tendrá que esperar y si me disculpa tengo cosas que atender"-

-"No se te olvide que eres un Li, y que como tal le debes lealtad al Concilio. Espero que no quieras perder la dirección de la ESCO por desacato"-

-"Jamás he olvidado que soy un Li. Pero debes recordar que no le debo nada al Concilio, ni siquiera la dirección de la ESCO y si lo que quieren es tratar de amenazarme con esto, ustedes se quedarán sin su hechizo de búsqueda"-y diciendo esto se puso de pie y abrió la puerta de su oficina.

El enano Tontín salió dando un bufido.

En cuanto el Director cerró la puerta sus preocupaciones regresaron al incidente del día. Aquello estaba a punto de salirse de sus manos, y ciertamente no sabía cómo resolverlo. Se dirigió hacia el ventanal que daba al patio y notó la lluvia torrencial que estaba cayendo, y que a pesar de la fuerte tormenta el equipo de reconstrucción seguía trabajando siendo dirigidos por el Profesor de Meditación.

Si sus cálculos no fallaban los daños estarían resarcidos en un par de horas. Eso sin contar la idea que ya estaba instalada en muchos de los alumnos de la institución, la cual difícilmente podría ser compuesta.

La Escuela Superior de las Ciencias Ocultas era peligrosa.

Puso la mano sobre el vidrio y su mente viajó a otro tiempo y otro espacio.

-"¡Te lo advierto, no te me acerques!"-la voz amenazante de una chica se dirigía hacía un joven alto y de cabello castaño, ninguno de los dos parecía tener más de veinte años.

-"Sólo quiero saber si estás bien, no voy a atacarte"-dijo el joven con una voz más bien burlona. –"Si dejas que revise tu pie me iré"-y levantó las manos en señal de paz, a lo que la chica de hermosos ojos rojizo-violeta soltó un bufido y desvió la mirada.

El joven se acercó a la chica que estaba en sentada en el suelo, después de haberse caído de un árbol, prácticamente por culpa del joven que la había asustado al despertarla. Tomó su pie con delicadeza al ver la cara de angustia que puso la chica y notó la inflamación.

-"No está roto"-le dijo al girarlo ligeramente. –"Aunque creo que si te has lastimado el tobillo"-

-"Vaya que eres un genio"-dijo la chica por lo bajo mientras trataba de acomodar su falda, que por la caída se le había subido por los muslos. Y antes de que ella pudiera seguir maldiciendo por lo bajo el chico la levantó en brazos como si fuera la cosa más normal del mundo.

Ella abrió los ojos como platos y empezó a moverse para que la soltara.

-"¡Te digo que me bajes!"-le gritó cuando caminaban por los pasillos de la escuela con rumbo a la enfermería.

-"Si sigues gritando la gente nos mirara y no me quedará más opción que decir que serás mi esposa"-la joven volvió a abrir los ojos, a lo que el chico pudo confirmar que eran las lagunas rojas-violáceas más impresionantes que había visto en toda su vida. –"Soy Li Xiang Won, por cierto"-dijo el joven castaño cuando estaban a unos metros de llegar a la enfermería.

-"Eso ya lo sabía"-dijo la chica sin mirarlo a los ojos. Entraron a la enfermería ante la mirada curiosa de algunos otros alumnos y el joven la dejó sobre una camilla.

-"Se cayó de un árbol y se ha lastimado el tobillo"-le dijo a la encargada de la enfermería quien se acercó de inmediato a la joven.

-"Gracias por traerla puede retirarse joven Li"-le dijo la enfermera.

-"No me dijiste tu nombre"-le dijo a la joven que estaba en la camilla. –"No me iré si no me lo dices"-le advirtió y se sentó en una de las sillas ante la mirada atónita de las dos mujeres en la habitación.

-"Joven Li. Retírese"-volvió a decir la enfermera y el joven volvió a ignorarla.

-"Ouyang Zisè"-dijo la joven completamente sonrojada. –"Ahora vete"-

-"Ese nombre te queda perfecto"-contestó el chico al ponerse de pie. –"Hermoso nombre"-y salió de la habitación dejando a las dos mujeres con la misma cara de interrogación.

Violeta, pensó al salir de la enfermería, su nombre era exactamente el color de sus ojos.

Zisè…

Unos golpes en la puerta hicieron que el Director regresara de sus más profundos recuerdos y articuló un «pase» que sonó entrecortado.

Xiao Lang ingresó a la oficina, aunque muy a su pesar, ya que no quería hablar con su Tío hasta que éste estuviera más contento con él, pero había olvidado por completo que su Madre organizaba una cena el día después de su cumpleaños para agradecerles a los ancestros, y si no salía en unos minutos no llegaría a tiempo.

Se inclinó como saludo y tomó asiento ante la mirada seria del que era su Director.

-"¿Qué se te ofrece Xiao Lang?"-le cuestionó con una voz neutra. –"Ya tienes pensando un castigo y vienes a hacerme una propuesta"-le dijo irónico.

-"No"-dudó un segundo. –"Había olvidado la Cena de los Ancestros"-dijo y esperó, aunque sabía que su Tío tenía el derecho de negarle el permiso de salida de la escuela, era demasiado costoso para ambos que no asistiera a esa reunión, y los dos lo sabían.

-"Yo también la había olvidado"-dijo y después de algunos segundos de completo silencio le autorizó la salida. –"Eso no significa que estemos en mejores términos Xiao Lang, sigo decepcionado de tu comportamiento, pero si no vas Ieran traerá a todo el Concilio y ya bastante he tenido de ellos hoy"-soltó un suspiro cansado. –"Si es todo lo que necesitas puedes retirarte, también excúsame con tu Madre, dile que sufro demencia crónica o cualquier cosa que se te ocurra, no estoy para protocolos de la Familia"-pronunció la última palabra con cierta molestia.

-"Está bien"-dijo el castaño e hizo una inclinación antes de volver a salir de la habitación.

Bien.

Eso no había sido tan malo como había pensado.

Apresuró los pasos y antes de veinte minutos ya estaba en su auto a punto de salir de la ESCO. Se acomodó la corbata en el retrovisor y pisó el acelerador apenas estuvo en las calles de Hong Kong. Wei lo esperaba en la entrada de la mansión sosteniendo un paraguas, porque la lluvia seguía y parecía que no se detendría en varias horas.

-"Buenas noches Joven Xiao Lang. Estaba a punto de mandar un coche a buscarlo"-le dijo cuando ya caminaban sobre los escalones de mármol recién pulido. –"La Señora está en el salón con la joven Mei Ling y la joven Fei Han"-Xiao Lang agradeció con un asentimiento de cabeza la información y se dirigió al salón.

Respiró profundamente antes de entrar y se alisó el saco. No sabía por qué, pero estaba incómodo. La actitud que había tenido su bicho lo había dejado demasiado pensativo, y aunque no quisiera admitirlo, que no hubiera querido salir tras él en cuanto le dijo que se marcharía lo sorprendió, al tiempo que lo preocupó un poco.

-"Buenas noches"-dijo al entrar interrumpiendo el silencio del salón.

-"Te esperábamos"-fueron las únicas palabras de la matriarca Li, antes de ponerse de pie e indicarles con eso que debían partir. El protocolo de ese evento era, primero ir al templo, agradecer un año más de vida del líder de los Li, después encender más de cien cirios ante los antiguos líderes de clan, entre los que estaba su Padre, para finalizar con un pequeña recepción donde estaban invitados los Li de la rama principal y los enanos del Concilio. En esta ocasión Fei Han los acompañaba al ser la Prometida y la sucesora de Ieran Li.

Mei Ling le guiñó el ojo a su primo y se adelantó para caminar detrás de su Tía y dejar a la próxima pareja tener un poco de privacidad.

-"¿Te llegó mi regalo?"-preguntó Fei Han con esa voz melodiosa de siempre y el sonrojo que se formaba en sus mejillas cada vez que platicaban. Aunque mentalmente la joven se dio una patada en la cabeza, sólo a ella se le ocurría empezar una conversación con su futuro esposo con una bobada como esa.

-"Sí"-y guardó silencio un largo tiempo, o al menos lo suficiente para que Fei Han siguiera martirizándose por lo estúpidas que eran sus preguntas.

La chica de ojos verdes se mordió el labio inferior y volvió a tomar valor para preguntarle si le había gustado su regalo. Otra pregunta tonta para la colección Fei, le dijo una voz en su cabeza.

Xiao Lang notó la incomodidad de su compañera de caminata hacia el templo y sonrió sin siquiera pensarlo, esa chica podría convertirse en el bálsamo que necesitaba. Su sola presencia lo tranquilizaba.

-"Sí, me gustó, aunque debes saber que no he podido resolverlo"-esa oración, que ya no era únicamente un monosílabo le sacó una sonrisa a la pelinegra, sonrisa que a Xiao Lang le gustaría ver con más frecuencia.

Llegaron al templo que estaba detrás de la mansión principal y la matriarca se adelantó para encender los inciensos. Xiao Lang y Mei Ling se arrodillaron después, juntando las manos en una oración. Fei Han imitó sus movimientos y después de algunos cánticos del monje salieron hacia el salón de los ancestros, donde estaban las pinturas de todos los líderes del clan.

El próximo líder era el primero en entrar y era él quien debía encender los cirios uno por uno en completo silencio. La labor le tomaba varios minutos, sin embargo, era el procedimiento más importante de la noche ya que cada cirio representaba un año más de vida que le era otorgado al nuevo líder gracias a los ancestros Li.

Una vez hubo terminado de encender los cirios, las tres mujeres entraron en la habitación e hicieron una reverencia ante cada uno de los cuadros. Con lo cual agradecían las bendiciones otorgadas al nuevo líder del clan.

Todo esto se hizo en completo silencio, sólo se escuchaba algún susurro por parte de Ieran Li al corregir la postura de Fei Han o señalarle cuál debía ser el siguiente procedimiento. Xiao Lang se dijo que Fei realmente le gustaba a su Madre, porque de lo contrario no le dirigiría una sola palabra.

Caminaron de regresó hacia la mansión sobre los pasillos techados, y aunque los protegían de la lluvia dejaban que ese delicioso aroma a tierra húmeda les reconfortara el alma.

-"Camina conmigo"-dijo la matriarca, por lo que el castaño se posicionó a lado de su progenitora sin decir una sola palabra. –"¿Dónde está Xiang?"-preguntó refiriéndose al hermano de su finado esposo.

-"Tuvo asuntos que atender y me pidió que lo excusara con usted"-dijo el castaño sin mirarla.

-"Siempre tan irrespetuoso sobre los protocolos de la Familia, no me sorprende que el Concilio quiera quitarle la dirección de la ESCO"-dijo sin alterar el tono de su voz. –"Hablaré con él, no puede seguir humillando a los Li de esa manera"-

Xiao Lang cerró el puño con fuerza, pero no dijo nada. Las cosas cambiarían cuando el tomara el poder de la Familia y del Concilio, aunque eso significara perderse a sí mismo en el proceso, no dejaría que las cosas siguieran como estaban.

No lo permitiría.

Llegaron a uno de los salones dentro de la mansión Li, donde ya estaban esperándolos. Ieran dio un pequeño discurso sobre lo importante que era mantener las tradiciones de la Familia, mientras Xiao Lang se dirigía a la mesa de aperitivos en busca de algo que le ayudara a soportar tanta palabrería.

Uno de los camareros se acercó con una bandeja que contenía tragos y el castaño no lo dudó ni un segundo, tomó una copa de quien sabe qué cosa y la bebió de un solo sorbo, ante la mirada alarmada del sujeto. Tomó otra copa que parecía contener alguna especie de vino espumoso y despidió al hombre con el movimiento de la mano, ya se sentía un poco mejor.

-"¿Estás bien?"-de nuevo la melodiosa voz de Fei Han, junto con esos ojos verdes profundos que mostraban un brillo de verdadera preocupación. Xiao Lang sonrió sin darse cuenta, esa niña frente a él, además de ser hermosa –venga, que eso no lo podía negar ni él ni nadie- era una buena persona, atenta a sus necesidades y siempre silenciosa, sin pedir más de lo que él podía darle y justamente era eso lo que necesitaba, alguien que no le exigiera nada. Absolutamente nada.

-"Sí"-dijo sin dejar de sonreírle lo que le ocasionó un ligero sonrojo en las pálidas mejillas. –"¿Por qué no debería estar bien? Estamos celebrando otro año de mi vida ¿no?"-de nuevo no era capaz de controlar sus palabras frente a ella.

-"S-sí, claro"-y hasta cuando dudaba y hablaba entrecortado era bellísima. –"¿Qué tal las clases?"-de nuevo la voz en su cabeza le dijo que no debería seguir preguntando cosas tan sosas y bobas como esa, pero no podía evitarlo, la ponía nerviosa y hacía que sus neuronas se murieran una por una. Su voz era cálida con ella, y había notado que no lo era con nadie más, también le sonreía de esa forma como de medio lado que le formaba un hoyuelo en la mejilla y bueno, cuando veía esa sonrisa le decía «bye bye» a todo su trabajo cerebral. La dejaba en blanco, literal.

-"Bien. Todo marcha bien"-en realidad no tenía que contarle sus problemas a su prometida ¿o sí?, digo, no podía empezar a decirle que lo más seguro es que la magia estuviera enloqueciendo en la ESCO y que los accidentes estaban subiendo de intensidad al grado de dejar heridos. Tampoco podía decirle que estaba enfrascado en una búsqueda sin salida sobre cierta chica que compartía su color de ojos y que no sabía si estaba viva o no.

Ella volvió a sonreír y como si fuera una enfermedad contagiosa él hizo lo mismo.

Para ese rato Ieran había finalizado el discurso sobre quien sabe qué cosa y levantaba su copa para el brindis de cada año. Ahora vendría la segunda parte de la pasarela, como la llamada Eriol, todos y cada uno de los presentes se acercarían a felicitarlo o a entregarle algún presente, que como los que eran entregados por los estudiantes de la ESCO, terminarían en un cuarto sin que nadie supiera su contenido.

-"No te alejes de mi"-alcanzó a oír Fei Han cuando un cúmulo de personas se les acercaron. Sin quererlo le asustó la cantidad de personas y se acercó a Xiao Lang como tratando de buscar un refugio. –"Pronto te acostumbrarás a esto"-le dijo al oído y ella se estremeció, aunque no supo si por sus palabras o por el cálido aliento sobre su piel.

La velada continuó con una lentitud que pecó en el aburrimiento. Ahora escuchaba la cháchara de Mei Ling que le sacaba sonrisas confundidas y caras de aturdimiento a Fei Han, quien a leguas se notaba que no sabía de lo que estaba hablando la chica de ojos rubí.

Ieran apareció a su lado, indicándoles que era tiempo de los futuros esposos pasearan por el jardín, ya que la lluvia había dejado de caer y el cielo se notaba despejado. Fei Han volvió a sonrojarse y Mei Ling dejó caer los hombros resignada, lo sabía, dejaría de ser la única mujer que estaría alrededor de Xiao Lang, y debía acostumbrarse.

Dos de las sirvientas los siguieron de cerca mientras caminaban por las resbaladizas baldosas que estaban en uno de los jardines. Xiao Lang la vio estremecerse ante la húmeda ventisca que permanecía después de muchas horas de lluvia y no fue consiente hasta que le puso su saco sobre los hombros.

Ella abrió los ojos sorprendida y tomó los extremos del abrigo con ambas manos.

-"Gracias"-

-"No tienes por qué"-siguieron caminando en completo silencio.

Fei Han respiró profundamente y además del reconfortante aroma de lluvia, percibió la fragancia de Xiao Lang, la cual era fresca y profunda al mismo tiempo, se dijo que podría acostumbrarse a eso, a los silencios, a las charlas, a las caminatas, a todo eso y no se arrepentiría de nada. Nunca.

Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no pisó de la manera correcta y trastabilló de manera patosa. Xiao Lang tomó su brazo para evitar que cayera y ella sintió como su rostro se iluminaba como farolito navideño. El castaño la jaló ligeramente para ayudarla a recuperar el equilibrio y sin quererlo se perdió en esas lagunas verdes que brillaban con la luz de la luna.

El rostro de Fei Han estaba completamente sonrojado, sus labios ligeramente abiertos y los ojos centellantes. Algo lo poseyó y puso su mano sobre el níveo rostro y pudo percibir el ligero temblor de la chica en sus brazos.

Una ligera tos de las dos mujeres que venían detrás les dio a entender que ese tipo de contacto no estaba permitido. Xiao Lang desvió la mirada y la soltó cuando supo que podía mantenerse en pie de manera correcta, aunque lo que no sabía era que la chica sintió como sus huesos habían sido sustituidos por gelatina de limón, así que se mantuvo unos segundos como tratando de ordenarle a sus piernas que dejaran de temblar.

-"Debes caminar con más cuidado Sakura, podrías hacerte daño"-Fei Han abrió los ojos como platos justo cuando el castaño le daba la espalda. Se obligó a sí misma a caminar erguida y lo siguió en silencio.

Esperen un momento.

¿Le había dicho Sakura?

Por su comportamiento era obvio que Xiao Lang lo había hecho sin darse por enterado, pero entonces…

¿Quién era Sakura?

¿Quién era y por qué la había llamado así?

Y de pronto todo fue claro para Fei Han, el chico delante de ella era un completo desconocido, sabía su comida favorita, su libro favorito, sabía reconocer sus gestos cuando estaba preocupado o molesto. Pero no lo conocía en lo absoluto, no sabía su pasado ni su historia.

Tal vez… sólo tal vez…

Él estaba enamorado de alguien más y aun así se casaría con ella.

Y eso le dolió. Realmente le dolió.

Puedes fingir que estás fingiendo…

La noche dio pasó a una mañana más normal que la anterior. Ya no quedaban vestigios del incendio de ayer ni de lo que habían ocasionado los relámpagos en el patio principal. Eriol estiró las manos y se colocó los lentes con tranquilidad. Era todavía muy temprano para que iniciaran las clases pero se marcharía en unos minutos.

Dejó sus dos maletas a lado de la puerta de su habitación y se encaminó por el pasillo desolado y todavía oscuro, ya que el cielo todavía era de un color azul-violáceo. Se detuvo frente a una puerta y sin esperar invitación giró el pomo y entró.

-"Podrías por lo menos tocar, estoy harto de que entres a mi habitación como si fuera la tuya"-le dijo Xiao Lang quien tenía unas gafas de lectura puestas sentado en su escritorio con un libro en las manos.

Al parecer otra noche sin dormir.

-"Buenos días querido descendiente"-dijo Eriol como respuesta y se sentó en uno de los sillones de la sala que estaba en la habitación del castaño. –"He venido a despedirme, me iré a Londres unos días"-dijo en tono serio al tiempo que se ponía de pie y tomaba un cubo metálico de una de las repisas.

Xiao Lang no dijo nada, cuando Eriol se lo proponía podía ser un bastardo que lo sacaba de quicio y la verdad no quería iniciar el día de mal humor. Aunque ese ceño fruncido que adornaba su frente daba a entender que ya estaba bastante malhumorado. Y aunque su más reciente noche sin sueño había pasado casi desapercibida por su lectura, el cansancio ya empezaba a hacer mella de su cuerpo, acalambrándole el cuello.

Ignorando por completo al inglés se puso de pie y tomó un vaso con agua que estaba en la mesa de su sala, se sentó y miró a Eriol por primera vez desde que entró a la habitación y lo que vio lo puso de peor humor. Si es que eso era posible…

El chico de lentes movía las piezas del cubo que le había regalado Fei Han y en un santiamén lo dejó resuelto con una amplia sonrisa.

-"Ya había olvidado lo divertido que era ese cubo"-a Xiao Lang casi se le cayó la cara al suelo. Él le había dedicado más de dos horas el día anterior, e incluso un par de horas más durante la madrugada, acompañado de un tutorial que había encontrado en YouTube y ni así había podido resolverlo. –"¿Fue uno de tus regalos? Es una pieza muy hermosa"-dijo dejándolo en la misma mesa de donde había tomado Xiao Lang el agua y se puso de pie. –"Tengo que irme Xiao"-su cara hizo una mueca como de dolor y se tomó el pecho con fuerza.

Xiao Lang estuvo a punto a alarmarse, pero al ver que el inglés sonreía, ni siquiera se puso de pie. Eriol y sus idioteces, dijo para sí.

-"Estoy muriendo, sabes. Así que tal vez deberías poner una cara de preocupación de vez en cuando"-le dijo como sonriendo. –"Por eso me voy, la escuela me está matando Xiao"-el castaño hundió su mirada caramelizada en la del chico de lentes. –"Debes tener cuidado los días que no esté en China, sé prudente y no mates a nadie"-el castaño notó como desviaba la vista hacia la puerta de la sala común, como refiriéndose a su compañero de cuarto. –"Tal vez tus dudas se respondan antes de lo que deseas, y eso será problemático para los dos, pero debes ser paciente, las cosas que uno busca siempre están más cerca de lo que pensamos"-y volvió a mirar hacia la puerta de la sala común.

-"¿Qué rayos estás diciendo? ¿A qué te refieres con 'problemático para los dos'? ¿Y qué tiene que ver el estúpido de Katsura en esto?"-

-"Esa, mi querido descendiente, es la pregunta correcta"-y sin darle tiempo de seguir preguntando se levantó. –"Recuerda también que debes dejar que las flores florezcan"-le guiñó el ojo y dejó la habitación.

Cuando Eriol cerró la puerta escuchó claramente un «Maldito Hiragizawa» que provenía de dentro de la habitación, aunque sin darle importancia caminó un par de pasos más y llegó a la puerta de Kenishi, la versión masculina de la heredera de las Cards.

Entró con facilidad, en cuanto las Cards reconocieron la energía de su antiguo dueño bajaron el escudo que protegía la habitación de intrusos, por lo que no quedó atrapado dentro de un laberinto. No le sorprendió que todo estuviera en penumbras y que Kenishi se encontrara todavía dormido entre las sábanas.

Había cosas que nunca cambiaban.

Miró su reloj de pulsera y no quiso despertarlo aunque ya se le hacía tarde. Tomó una de las libretas abiertas en el escritorio y le escribió una breve nota.

Querido Kenishi.

No quise despertarte para despedirme. Te pido por favor que mantengas tu perfil bajo en el tiempo que estoy fuera de China, no podré estar para protegerte. También te pido que no mates a nadie (tu vecino en específico) y piensa en lo que te dije, las cosas nunca son lo que parecen y para estas alturas ya deberías saberlo. Ah, presta atención a tus sueños Kenishi, ahí encontrarás las respuestas que necesitas y no lo olvides deja que las flores florezcan.

Eriol H.

Sonrió y acalló una repentina tos que dejó manchas rojizas en el pañuelo con el que se cubrió la boca. Eso estaba empeorando, lo mejor sería huir antes de quedar inconsciente en algún pasillo. Regresó sus pasos hasta su cuarto y salió de los dormitorios arrastrando dos maletas. Esperaba que su ausencia fuera de sólo un par de días y no tuviera que alargar más su viaje.

En cuanto dejó la ESCO la suave brisa de una mañana húmeda le aligeró el cansancio, se acomodó los anteojos y estiró la mano para detener un taxi, en sus condiciones no estaba para manejar ni su propio auto, y lo confirmó cuando un mareo lo sacudió dentro del automóvil y le nubló la vista por algunos segundos.

Era lo correcto, se dijo a sí mismo y sonrió de manera afable al conductor al momento de pagar. Se iría de China.

Diez horas de vuelo después escuchó la voz del piloto que avisaba que estaban aterrizando en el Aeropuerto Internacional de Heathrow, no escuchó con claridad la hora, aunque no le importó, el simple hecho de alejarse de China por un par de husos horarios le reconfortó el alma y el cuerpo, porque esa pesadez que sentía en todas sus extremidades se había esfumado como por arte de magia.

Sonrió ante su pensamiento y miró dentro de su pequeño maletín de viaje, donde le había acondicionado una cama a su hada. La vio despertar con los ojos azules como la noche y completamente atenta a sus pensamientos

-"Hemos llegado a casa"-le dijo al pequeño ser alado lo que le ocasionó una ligera sonrisa.

Puedes fingir que estás fingiendo…

¿Eso era un sueño?

Se pellizco y nada sucedió.

Bien, si ese no era un sueño había sido transportada a la dimensión desconocida.

Se volvió a pellizcar, por si las dudas.

Suspiró, fuera un sueño o no, no podía despertar, por lo que lo mejor sería dejar de infringirse daño en los brazos. Se puso de pie, ya que estaba acostada en una cama.

Y digo acostada porque era mujer.

¡Era Sakura!

¡SAKURA!

¡No Kenishi!

¡SAKURA!

El miedo la recorrió de pies a cabeza, miró hacia todos lados y se dio cuenta que esa no era precisamente su habitación. Y si mal no recordaba esa era la habitación de…

-"Despertaste"-escuchó la voz del dueño de la habitación, quien entraba con un par de prendas en las manos y las tiraba hacia donde estaba sin mirarla.

Sakura no pudo articular palabra, aunque el repentino frio que sintió por todo el cuerpo le dio a entender que estaba desnuda y en el cuarto de Syaoran.

Bien. No hiperventilemos.

Desnuda.

Siendo Sakura.

En el cuarto de Syaoran.

Vaya que ese Morfeo era a veces bastante sádico.

Ahogó un gritó en la garganta y volvió a sentarse en la cama tomando como pudo la manta para tratar de cubrir su desnudez y de paso entender lo que sea que estuviera pasando. Aunque logró cubrir su cuerpo no pudo cubrir la desnudez de su alma, esa que estaba siendo revelada justo a quien no debería serlo.

-"Y-yo"-trató de hablar pero sus cuerdas vocales también estaban en shock, por lo que produjeron un ruido extraño, como el que hace una puerta vieja al abrirse.

-"¿Me dirás que eres un fantasma?"-dijo el castaño mientras volvía a tomar la ropa y se las dejaba a lado de la cama, invadiendo con ese movimiento los dos metros cuadrados que necesitaba Sakura para poder respirar.

Ella desvió el rostro cuando lo sintió acercarse más. ¿Neuronas? ¿Neuronas? ¿Dónde estaban cuando se las necesitaba? ¡Neuronas!

Syaoran se sentó en la cama justo a su lado y la obligó a verlo a los ojos cuando ponía un par de mechones detrás de su oreja sin dejar de mirar sus ojos verdes en el proceso.

-"No. Creo que no eres un fantasma"-se respondió su propia pregunta y Sakura no entendía cómo era que podía hablar con tanta facilidad, cómo podía estar tan cerca de ella. ¿No escuchaba su corazón palpitar al grado de querer romper su caja torácica y matarla ahí mismo?

-"Hmm"-otra vez ese sonido extraño que salió de sus labios. ¿Había perdido la lengua? Siempre cabía la posibilidad que se la hubiera comido de la impresión, o algo así de sangriento…

No pudo soportar esos ojos caramelizados tratando de leerle la mente por lo que desvió la mirada y sintió un temblor recorrerle el cuerpo, aunque no sabía si era por el frío que se colaba de la ventana abierta o era por la cercanía que tenía con el todavía dueño de sus pensamientos de soledad.

-"Estás temblando"-hizo evidente lo que ella ya había notado. –"Vístete, iré por agua"-

Bien. Tal vez podría atragantarse con el líquido vital y dejar de existir en ese mismo momento. ¿Dónde se contrataban los hoyos negros a domicilio que aparecían repentinamente y se llevaban a las personas a las galaxias sin nombre? ¿Dónde?

También podría aparecer algún ser mitológico, abrir la tierra y tragársela de una buena vez. ¿Eso se podría contratar en las escuelas de magia, no? Aunque también podría conformarse con el hecho de que sus piernas dejaran de temblar lo suficiente como para ponerse de pie y correr sin detenerse hasta que llegara a las Islas Fiji, o algo más lejano.

Escuchó que el grifo de agua era cerrado, por lo que reaccionó lo suficiente para ponerse unos pantalones y una camiseta que parecían ser las prendas de una pijama del castaño, una vez lo hubo hecho volvió a tomar la manta y deseó que tuviera la capacidad de hacerla invisible, como esa capa que tenía el suertudo de Harry Potter.

Pero no.

Seguía ahí, en las mismas condiciones del principio. A excepción claro, de la desnudez corpórea, porque la del alma parecía profundizarse. Volvió a esconder la mirada cuando el chico se acercó con un vaso de agua cristalina y se lo ofreció extendiendo el brazo.

Lo tomó con una mano temblorosa que la avergonzó, por lo que se apresuró a beber el líquido, como esperando que se hiciera realidad su deseo de morir atragantada.

-"¿Cuándo pensabas decirme que eras Sakura?"-alguien le podría decir al chico que estaba ahí parado que no debería hacer esa clase de preguntas cuando alguien está bebiendo algo. Sakura escupió el agua y tosió con fuerza.

Realmente casi se ahogaba.

Su tono de voz fue áspero, aunque el hecho de escuchar su nombre en sus labios le produjo un estremecimiento, le erizó la piel. Una vez la tos dejó de hacerla verse como una descerebrada se animó a mirarlo. Tenía el ceño fruncido y no le quitaba la mirada de encima, esperando respuestas. Notó la sombra de duda en sus ojos, como esperando que aquello que veía fuera un espejismo, o un fantasma como él mismo había dicho.

-"¿Por qué?"-preguntó después de unos minutos eternos en completo silencio. –"¿Por qué hiciste esto?"-su voz era sombría y ronca, nunca antes había escuchado su voz así. –"¡Responde Sakura!"-le exigió.

-"Y-yo, yo no"-y vamos de nuevo con los monosílabos. –"Y-yo"-Sakura soltó un suspiro para tratar de aclararse las ideas, levantó la mirada y se perdió en esos ojos de ámbar y chocolate. –"L-lo siento"-

¿Se disculpó?

Después de varios minutos de monosílabos y sonidos incoherentes la primera frase que hila su mente de manera correcta es una disculpa. Todo aquello era demasiado bizarro.

El silencio volvió a reinar en la habitación. Syaoran a unos metros de la cama se estrujó el cabello con un rictus de completa confusión. Sakura lo miraba con los ojos cristalinos, con un sonrojo en las mejillas y boqueando como un pez fuera del agua, con la clara intención de volver a hablar, pero simplemente las palabras no salían de su boca.

¿Eso no podía estar pasando, o sí?

El «día cero» donde toda su mentira quedara completamente revelada no podía estar aconteciendo. Digo, ella no tenía ni la más remota idea de cómo es que había estado desnuda en la habitación del Superior Li, y ahora que estaba con las palabras atascadas en la garganta, sin poder decir cualquier cosa que hiciera suponer que tenía un cerebro. Eso no podía ser real.

Cada uno en sus pensamientos, pero ninguno dejó de mirarse, ninguno. Era ese magnetismo que los superaba por completo y los hacía mirarse como si con eso trataran de leer la mente del otro. Sakura notó un ligero cambio en la mirada del castaño, una oleada de duda o miedo tal vez.

-"Lo siento"-

Sakura parpadeó. ¿Había vuelto a disculparse?

No.

Esa no era su voz.

¿Syaoran se había disculpado con ella?

¿Dónde estaban los jinetes del apocalipsis? Porque ese era el Fin del Mundo, ¿no?

Los dos siguieron mirándose. Sakura no podía articular palabras. ¡Diablos! ¿Qué rayos estaba sucediendo? La ojiverde pidió un trasplante cerebral urgente a los Cielos, o tal vez un intérprete que tuviera la capacidad de descifrar los sonidos que salían de su boca.

Un hombre mayor con traje pulcramente planchado que dijera «Ella quiso decir que no tiene ni idea de lo que está sucediendo. Además le gustaría que le expliques por qué no tenía ropa hace unos minutos. Y bueno… en realidad no está muy segura de la razón por la cual se disculpó, y también quiere saber por qué te disculpaste. Todo lo anterior haciendo énfasis en cómo es que llegó a tu habitación y en qué momento dejó de ser Kenishi. Muchas gracias» Y sólo tal vez, el hombre podría retirarse de la habitación con una inclinación.

¿Qué estupideces estaba pensando? Se regañó.

Después de un lapso que de nuevo pareció eterno, Syaoran se acercó a la cama y se sentó donde hacía unos minutos lo había hecho. Le tomó el rostro para obligarla a mirarlo, Sakura juró que había soltado un suspiro y se estaba acercando a ella, como rendido, como un preso que acepta la culpa y por ende la muerte.

Así fue su mirada justo antes de cerrar los ojos.

Esperen un momento.

¡Alto ahí!

¿Cerró los ojos? Sakura volvió a ahogar un grito en su garganta cuando la mano del castaño, esa que misteriosamente estaba en su nuca la obligaba a acercarse.

¡Oh Dios Santo!

Si tenía todavía un par de neuronas tratando de hacer sinapsis, éstas se apagaron de repente, así simplemente se pusieron en «Off» y esperaron lo que fuera a suceder.

Un cálido aliento le acarició el rostro a la castaña, un delicioso aroma a menta fresca y a la colonia del chico le invadió los sentidos y no supo nada de sí. Absolutamente nada.

Sólo sabía que una mano estaba presionando su nuca para acercarla, cerró los ojos por instinto también, y lo siguiente fueron unos labios sobre los suyos, cálidos y suaves.

Un torbellino la recorrió desde los dedos de los pies hasta el cabello, era como si la electricidad se estuviera conduciendo de un cuerpo a otro y estaba despertando todas y cada una de sus terminales nerviosas, como si éstas hubieran estado durmiendo por muchísimo tiempo, como si hubieran estado esperando ese beso para volver a la vida.

Y no era como los anteriores, esos besos que le había robado a un cuerpo inmóvil. Ahora Syaoran la estaba besando.

¡La-estaba-besando!

Y rayos que se sentía bien.

Demasiado, demasiado bien.

Se sentía como si un puñado de mariposas estuviera aleteando al mismo tiempo en su estómago. Como si todos los planetas se hubieran alineado y ellos fueran perfectos el uno para el otro. Como si fuera ligera como un pluma y de pronto todo hubiera desaparecido, solo estuvieran ellos dos besándose lentamente como si no hubiera prisa para preguntar y responder cosas.

El aire les faltó a ambos, y con pesar Sakura sintió como esos tibios labios dejaban los suyos.

-"Definitivamente no eres un fantasma"-le dijo sonriendo y Sakura pensó que esa sonrisa debería ser la del mismísimo diablo, porque le había entregado su alma y aunque sabía las consecuencias de lo que estaba haciendo no le importó y mando todo al carajo. Absolutamente todo.

Escuchó una ligera risa cuando volvió a cerrar los ojos para besarlo nuevamente. Esta vez no fue tan casto como el anterior, tal vez trataban de saciar todas sus preguntas, todas esas dudas, todos esos miedos a través de ese beso. Sintió como el chico ejercía más presión sobre la mano que estaba en su cintura, incitándola a acercarse más.

No supo cómo, de nuevo, pero su espalda cayó sobre el colchón de la cama y notó como los cabellos del castaño le hacían cosquillas en la frente. Siguieron besándose como si la vida se les fuera en ello, justo como los besos debían ser, como decía en los libros románticos que debían ser, lentos, rápidos, feroces, hambrientos, tiernos…

Ella, como él, se había rendido. Por fin se había rendido.

Diablos. Lo amaba.

¿Qué esperaban?

Lo intentaba, todos los días intentaba dejar de amarlo, pero era una persona débil y patética que no podía evitarlo. No podía dejar de sentir su corazón desbocado al darse cuenta que esos labios estaban sobre los suyos. Que esas fuertes manos se aferraban a su cintura, que ese suave aliento le erizaba la piel.

¡No podía!

Digo, tampoco era de palo.

Escuchó unos ruidos y abrió los ojos. ¿Qué era eso? Volvió a cerrar los ojos al dejar de escuchar el zumbido y sintió como el chico profundizaba el beso, como mordía su labio inferior… como se reía sobre sus labios. Un mareo la recorrió, era completamente electrizante, se sentía con la capacidad de volar, con la capacidad de hacer cualquier cosa.

Sentía esas pequeñas descargas eléctricas por todo el cuerpo, como si el pecho le fuera a reventar de pura felicidad, como si miles de fuegos artificiales de todos los colores estuvieran explotando en su mente, una y otra y otra vez.

Volvió a escuchar esos ruidos, acompañados de cosas cayendo, eran zumbidos… de eso estaba segura. Sintió como Syaoran rompía el beso y la miraba entre confundido y sonriente.

-"¿Qué pasa? ¿Ya puedes hablar? ¿O piensas usar de nuevo a Time en mi contra?"-Sakura se sonrojo y pensó que su cara debería parecer una granada, roja y brillante, con los labios ligeramente hinchados y con la respiración irregular.

Negó con la cabeza y se estremeció al sentir la respiración del chico en su cuello, de nuevo le empezaron a temblar las piernas y las manos, los dientes empezaron a castañearle y los fuegos artificiales de su mente aumentaron.

-"¿E-escuchaste eso?"-dijo con la voz entrecortada.

Ella esperó una respuesta, pero nada pasó. Repentinamente el peso que sentía sobre ella desapareció. Literalmente todo parecía estar siendo succionado por algo en una esquina, tal vez el servicio de hoyos negros a domicilio que llegaba un poco tarde.

-"¿Q-qué?"-no pudo terminar de formularse la pregunta, porque así como Morfeo le jugó una mala pasada, así la estaba regresando a la realidad.

Les dije que ese Dios del Sueño era a veces muy sádico.

Kenishi se sentó en su cama todavía con la sensación de los labios del castaño sobre los suyos, con ese cosquilleo recorriéndole el cuerpo, con las mariposas en pleno vuelo en su vientre y completamente desorientado. Volvió a escuchar los ruidos, esos zumbidos y cosas cayendo. Se puso de pie rápidamente lo que le ocasionó un fuerte mareo.

Vio la puerta de la Sala Común abierta y caminó hacia ahí. La luz de la mañana lo cegó y se preguntó la hora, mientras caminaba por el frío piso de madera. Se asomó a la Sala Común y no había nadie, pero la puerta de la habitación del Superior Li estaba abierta.

Se sonrojó por el simple recuerdo de los labios del susodicho, y se dijo, que de tener oportunidad hablaría seriamente con Morfeo. Eso que le había hecho no era para nada justo… eso era demasiado bajo hasta para un ser mitológico.

Carraspeó por las idioteces que pensaba y asomó la cabeza antes de entrar a la habitación, de ahí provenían los ruidos. Abrió los ojos como platos al ver a su hada y la del Superior pelearse, mientras volaban de un lado a otro tirando todo a su paso. Aunque Kenishi no lo supiera, ese no era el primer enfrentamiento entre los seres alados, durante las pruebas que hicieron el día anterior habían protagonizado una pelea similar.

-"¡Alto!"-les gritó, por lo que ambos seres se quedaron paralizados, sin embargo, el hada dorada del Superior Li, aprovechó el desconcierto del hada rosada de Kenishi y le mordió la mano que la sostenía. Kenishi se adentró en el cuarto aparentemente vació y trató de separarlas nuevamente, pero nada funcionaba.

Nunca había visto a su hada tan furiosa, de hecho, ni siquiera sabía que esos seres pudieran enojarse y pelear de esa manera.

El hada dorada le jalaba un ala a su hada al momento que Kenishi logró paralizarlas con un hechizo de confusión. Las dos se soltaron y empezaron a caer, como dos hojas mecidas por el viento. Kenishi llamó a Windy para evitar que alguna sufriera daños por la caída y tomó entre sus manos a los dos seres.

-"Ya me explicarás qué significó esto"-le dijo a su hada, aunque sabía que no lo estaba escuchando. Con sumo cuidado la puso en el bolsillo de su pijama y caminó por el cuarto para dejar al hada de Li en algún lugar. Escaneó con la mirada algún rincón que pareciera pertenecer al ser, como en su caso, ya que le había acondicionado, como una vez lo hizo con Kero, una pequeña habitación dentro de un cajón.

Pero nada de eso estaba en ese cuarto, pero conociéndolo no le extrañaba en lo absoluto. Desvió la mirada hacia la cama y la cara volvió a iluminársele de color rojo brillante. Sacudió la cabeza, esperando con eso sacudirse las ideas, la dejaría sobre el lecho y se iría, si eso haría.

Después de dejar al ser mágico sobre uno de los cojines algo llamó su atención, un chispazo de reconocimiento y la oleada de confusión le recorrieron el cuerpo. De tres largos pasos se acercó a una de las repisas de la habitación y tomó algo con las manos, como esperando que fuera una ilusión suya y aquello suave que apretaba contra su pecho no fuera real.

¡Su oso de felpa!

¿Por qué estaba ese oso de felpa ahí?

Recordaba haberlo dejado en su armario con la promesa de olvidar a la persona que se lo había regalado.

¡Ese oso debería estar en Japón! ¡No en China en el cuarto de la persona que lo cosió hacía muchos años atrás!

Hundió al ser de felpa contra su pecho, todavía tenía esa ligera fragancia a flores con la que lo había perfumado la última vez que lo lavó, pero ahora tenía esa otra fragancia, la que pertenecía a Li, ese aroma fresco que lo caracterizaba se entremezclaba en la tela del peluche.

¿Por qué estaba ahí su oso? ¡Era suyo, de eso no había duda!

Pero…

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué?

Xiao Lang soltó un suspiró y entró a su habitación, al menos el investigador privado había conseguido el número personal de Tomoyo Daidouji, y si alguien en ese planeta sabía lo que había sucedido con Sakura Kinomoto, era ella. Estrechó el papel donde había anotado el número con la firme decisión de llamarla después del almuerzo.

Alzó la vista al notar una presencia en su habitación y vio a la peste Katsura con algo entre las manos y con la mirada perdida en algún punto. De nuevo cayó en cuenta que el estúpido de su vecino de habitación tenía los ojos verdes.

Como los de ella… se dijo y desechó la idea casi de inmediato, no estaba bien que la asociara a ella con el idiota de Katsura, algo se removía en su interior al recordar que ellos se habían conocido, y no le gustaba para nada. No eran celos, claro.

Dejó sus pensamientos y estuvo a punto de gritarle una gran cantidad de insultos por entrar a su habitación, cuando enfocó la mirada y pudo identificar lo que sostenía en las manos.

¡Oh no!

Se apresuró a llegar a su lado y sin ninguna clase de delicadeza le arrebató el oso de peluche.

-"¡No lo toques!"-le gritó completamente furioso.

-"¿Por qué está aquí el oso de Sakura?"-los dos se miraron a los ojos, los dos esperando respuestas.

El tiempo volvió a detenerse para ese par de amantes infantiles, ninguno dijo nada, ninguno se movió de su lugar. Se quedaron así, mirándose, como en el sueño de Kenishi, tratando de leerse las mentes, diciéndose sin hacerlo que esos ojos que se miraban valdrían todas las desdichas que les esperaban en el futuro.

Las valdrían.

Continuará…


¡Oh mi dios! ¿Pueden creerlo? 83 hojas de Word, ¡83! Lo sé… querrán matarme por ese final, y seguro estarán diciendo ¿cómo se le ocurre a Lían salir con algo así después de tantos años? Pues bueno… primero, creo que se merecían un capítulo así de largo, digo, después de siglos de no aparecer, era lo mínimo que podía hacer ¿no? Y bueno, sobre el final, lo admito, el poder del suspenso es nuestra mejor arma, así que ustedes me disculparán, pero la verdad lo disfrute mucho. ¿Qué les puedo decir más que GRACIAS?

Sé que tal vez esperen una explicación para mi ausencia, y ciertamente no la hay, supongo que así es la vida y a veces las cosas simplemente suceden, un día sin escribir de repente se vuelve un año y un año se vuelven dos y así al infinito. En realidad no estoy aquí para justificarme, sólo quiero ofrecer una disculpa desde el fondo de mi corazón por dejarlos esperando tanto tiempo, espero que eso no se vuelva a repetir. Les agradezco el apoyo y la insistencia, sepan que si no hubiera recibido tantas amenazas de muerte y equipos armados que me buscaban seguro no hubiera retomado el capítulo. Espero no notar tantas ausencias, pero si eso sucede, supongo que lo merezco. Pero les suplico por favor que no dejen de decirme qué les pareció el capítulo, dos besos, aunque uno fue un sueño, lo valen ¿no?

De nuevo me disculpo con ustedes y agradezco de antemano sus reviews, espero que los haya… (u.u) les dejo mi mail para cualquier cosa lilliuos arroba gmail punto com y no lo olviden, no he muerto, solo andaba de parranda.

4ever&4always

Lían Lai 3

Felices fiestas a todos y feliz año nuevo.

Ah, por cierto, ahora caigo en cuenta que no puedo agradecerles los reviews como lo hacía antes, entonces lo haré de manera personal, claro, las personas que tengan cuenta, y las que no, dense una vuelta por mi Bio en unos días, les prometo que ahí estarán las respuestas, al menos espero que eso no vaya en contra de las normas... U.U

(Ves Watty-chan, te dije que actualizaría antes de que acabara el año y lo cumplí :3)