Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
La última semana de noviembre:
Quitándome el polvo de las manos, miro con orgullo alrededor de la habitación. Estoy a punto de terminar y quiero bailar con canciones navideñas cursis en ropa interior y calcetines mullidos como una lunática. Es casi diciembre, por lo que estaría justificado.
Las últimas cajas que aún tengo que desempacar caben en el dormitorio de invitados. Fuera de la vista, fuera de la mente. Perfecto. Probablemente se quedarán allí para siempre.
Ya llevo aquí una semana, lo cual es difícil de creer. Y aunque apenas he salido de casa, he conseguido desempacar la mayor parte de mis cosas; esa es una hazaña que nunca pensé que lograría tan pronto. Soy la mejor procrastinando en el mundo, así que... merezco una cerveza. Celebrar.
¡La casa es cálida, gracias a Dios! Un marcado contraste con el paisaje nevado y helado fuera de mi ventana. El fuego está crepitando y sonrío mientras me distraigo, mirándolo fijamente, dejando que mi mente divague. Fue el factor decisivo en mi decisión de comprar esta casa. Una verdadera chimenea. ¿Quién podría decir que no?
También es la razón por la que no estoy en nada más que mi cómoda ropa interior, mis pies cubiertos por suaves y cómodos calcetines que me llegan a las rodillas. Me siento cómoda en mi propia piel; malditos sean los defectos. Esta es mi casa, y si quiero bailar el vals con mis pantalones cortos de encaje y sujetador a juego, ¡lo haré!
Intenta detenerme.
Doy un largo trago de cerveza fría y miro a mi alrededor. La cocina y la sala de estar están planificadas de forma abierta, un espacio grande y acogedor ahora que mis muebles están ubicados donde los quiero.
—Necesito un árbol. —Frunzo el ceño para mis adentros, respirando entre dientes. Eso tendrá que esperar hasta mañana; dudo que haya algún lugar en el que pueda comprar un árbol; miro el reloj sobre las puertas de mi patio, las diez de la noche.
Justo cuando estoy escribiendo una lista mental de decoraciones que necesito comprar, que realmente debería escribir porque lo olvidaré, los faros que se acercan al camino de entrada de la puerta de al lado iluminan toda mi área de estar, y me estremezco ante el brillo intenso.
—¡Amigo, apaga las luces! —resoplo, tomando otro trago de cerveza antes de recordar.
Al lado.
Edward Cullen.
La curiosidad se apodera de mí, y camino de puntillas hacia el gran ventanal que da a la calle. Asomando la cabeza por la esquina, como una mirona, trato de concentrarme en el coche y su pasajero.
El motor se detiene y las luces se apagan. Es un Volvo plateado grande. ¿De verdad, Edward? ¿Un Volvo? ¿Tiene esposa y cuatro hijos que no conozco?
Al menos no tiene una cerca de madera.
Veo su silueta, alta y delgada, tal como la recuerdo. Está demasiado oscuro para distinguir sus rasgos, pero maldita sea, su cabello todavía está por todas partes.
—Joder —gimo. Ese pelo—. Apuesto a que eres tan perfecto como siempre... tú y tu genética superior. —Mi voz está llena de falso disgusto porque quiero que sea feo. Haría mi vida mucho más fácil si él hubiera alcanzado su punto máximo en la escuela secundaria.
Luego se va, y yo solo... me quedo parada allí, sola, en ropa interior, sosteniendo una cerveza entre mis dedos.
Realmente es gracioso. Cuando éramos más jóvenes, todos juramos que dejaríamos esta pequeña ciudad y nunca miraríamos atrás. Sin embargo, más de una década después, todos hemos regresado. Supongo que a medida que se envejece, realmente se aprende a apreciar las pequeñas cosas: como comunidades más pequeñas, viviendas asequibles y familiaridad. Fui la última de nuestro grupo en volver, aferrándome a mi independencia todo el tiempo que pude, pero... una oferta de trabajo en la escuela secundaria local era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. Especialmente porque Rose también trabaja allí. Emmett abrió su propio taller de mecánica hace cinco años, y ahora es el mecánico de la ciudad. Alice tiene una tienda en Port Angeles, es moderna y genial, como ella; y Jasper es un terapeuta en el mismo hospital que Edward, aparentemente. No es que realmente sepa lo que hace Edward; he estado alejando de él todas las conversaciones de manera no tan sigilosa cada vez que se convierte en un tema de discusión. Todo lo que sé es que está muy ocupado... algo sobre una residencia en Urgencias en Port Angeles. Cirugía de trauma o lo que sea. Creo. Bien por él.
—Tengo que echarme un polvo. —Suspiro, apago las luces, reviso dos veces las cerraduras y me deslizo hacia mi habitación porque los calcetines mullidos y los pisos de madera son alegres y divertidos hasta que... bueno, no pensemos en eso.
…
Una almohada perdida golpeando la parte de atrás de mi cabeza con suficiente fuerza para golpear a un elefante en su trasero me despierta con un sobresalto.
—¡Compras navideñas, perra!
Es Rose. Gimo y entierro más la cabeza en las almohadas.
—Vete —me quejo. Casi le pregunto cómo diablos entró en mi casa, y luego recuerdo, es mi culpa. Le di una llave de repuesto. Aunque se está tomando libertades.
—Ni una oportunidad. Fue idea tuya. Me habría encantado quedarme en la cama con mi marido. Estaba tan apuesto y caliente esta mañana y...
—¡Está bien! Estoy despierta. Basta. —Ella se ríe mientras me pongo de pie y tanteo el camino hacia el baño—. ¡Dame un minuto! —pido cuando la puerta se cierra—. O una hora —susurro.
—¡Tu trasero se ve fantástico, por cierto! —grita a través de la puerta.
Sonrío. Lo sé. Me encanta. Celulitis y todo porque es mío.
—¡Gracias! —respondo en voz alta.
Me tomó mucho tiempo y mucha introspección para amarme a mí misma, y ahora que finalmente me siento a gusto con quién soy y cómo me veo, prometo no volver a sentirme inferior nunca más. Porque soy lo suficientemente buena tal como soy. Doy las gracias a Tyler por eso todos los malditos días. Si nunca me hubiera hecho sentir tan consciente de mí misma e inadecuada, y luego me hubiera engañado, probablemente seguiría siendo la pequeña y dócil Bella Swan, que nunca tuvo las pelotas para perseguir lo que realmente quería o decir lo que piensa.
¿Ahora? Bueno, si no soy lo suficientemente buena para ti, no eres lo suficientemente bueno para mí. Si no puedes manejar mis defectos, no me mereces. Es tan simple como eso.
Rose me está esperando, no tan pacientemente, cuando finalmente salgo de mi habitación. Pero hizo café, así que no le ofrezco ningún sarcasmo, y ella no verbaliza su impaciencia.
Así somos nosotras; como siempre hemos sido. Somos similares en temperamento, lo que nos mantiene cerca, a menudo capaces de conversar sin una palabra que salga de nuestros labios. Nos maldecimos la una a la otra y lanzamos descaro de un lado a otro, lo que a menudo confunde a la gente. Nos comunicamos como si nos odiamos, pero somos como hermanas. Nada podría interponerse entre nosotras.
Es ruda y no le importa lo que los demás piensen de ella. Pero es ferozmente leal a sus seres queridos, con un sentido del humor seco y un ingenio sarcástico que puede llegar hasta los huesos. Sin mencionar que es la mujer más hermosa del planeta. Seriamente. Y es sin esfuerzo, lo que lo hace aún más repugnante.
Alice es como nuestra hermana menor, aunque todas tenemos la misma edad. Ella es vivaz y excitable, mientras que Rose y yo somos tranquilas y calculadoras. Ella es entusiasta y extrovertida, Rose y yo a menudo somos más despectivas y pesimistas. Las tres simplemente... funcionamos. Siempre lo hemos hecho.
Lo que se siente como tres días después, pero en verdad solo fueron cinco horas, me tiro en mi sofá, exhausta y rodeada de montañas de bolsas llenas de adornos navideños. Este es mi primer hogar, y aunque estaba decidida a decorarlo para Navidad, me acabo de dar cuenta de que he intercambiado cajas de basura recolectadas a lo largo de los años por bolsas de basura que brillan y centellan durante un mes en nombre de la alegría festiva.
Sin embargo, no puedo encontrar dentro de mí misma el sentirme derrotada. Mi casa se verá como la maldita gruta de Santa y estoy emocionada, a pesar del trabajo que tengo por delante.
…
El domingo por la mañana amanece gris y húmedo, toda evidencia de la leve ráfaga de nieve de hace un par de días se ha derretido. Pero no dejo que el mal tiempo me estropee el ánimo. Necesito un árbol de Navidad.
Mientras abro el cerrojo de mi auto, una risa aguda de la puerta de al lado me llama la atención. La puerta principal de Edward está abierta pero no puedo verlo; ni siquiera estoy segura de querer hacerlo. Pero escucho la risa de nuevo, y es como un rayo de sol, atravesando el cielo nublado y frío.
Y entonces mi respiración se acelera cuando un niño pequeño, no mayor de cuatro años, baja a toda velocidad los escalones del porche hacia el Volvo plateado y reluciente perfectamente estacionado en el camino húmedo.
Su cabello es caótico; es adorable. Sus mejillas sonrojadas están tan llenas de vida y picardía mientras sus chillidos atraviesan la fría atmósfera. Sonrío ampliamente mientras corre alrededor del auto en un borrón de miembros. No soy maternal, aunque soy maestra; realmente nunca he pensado mucho en mi propia familia, pero este niño es lindo.
—¡Archie, por favor! —llama una voz tranquilizadora, aunque frustrada, desde el interior de la casa.
¿Archie? Alice mencionó el nombre la semana pasada cuando estábamos cenando, pero Rose rápidamente la interrumpió y cambió de tema. No pensé nada de eso en ese momento, pero... ¿era de él de quien estaba hablando? Realmente necesito prestar más atención.
Antes de que pueda intentar comprender lo que está pasando, él está en la puerta. Mis ojos se abren. Maldita sea, sigue siendo tan hermoso como recuerdo.
—Lo sabía —gruño entre dientes.
Sus ojos se encuentran con los míos brevemente, demasiado breve, antes de volver al niño pequeño que todavía está corriendo alrededor del auto en círculos que no son tan amplios como deberían ser. Va a golpearse los brazos extendidos contra el brillante coche plateado y le dolerá. Pero su imitación de avión es adorable, y frunzo los labios, tratando de ocultar mi sonrisa.
—Hola, Bella —me llama Edward, sonando exasperado, aunque creo que está dirigido más al niño rebelde que a mí. No se lo reprocharé; es hermoso, pero parece agotado.
—Hola, Edward —saludo, riendo.
—Eh. —Parece dividido entre luchar con el niño y ser educado—. Lamento no haber tenido la oportunidad de ser un buen vecino y dejar ofrendas de comida, o lo que sea que se suponga...
—No te preocupes por eso. —Me río, decidiendo evitarle la incómoda vergüenza—. Puedo ver que tienes las manos ocupadas.
Desinfla sus mejillas y se golpea la pierna con el abrigo que el niño claramente no tiene intención de usar.
—Sí, puede decirse.
—Bueno —comienzo, sintiendo un poco de pena por el hombre desaliñado que está parado en su porche—, fue bueno verte de nuevo, Edward. Que tengas un buen día. —Uf, soy madura. ¿Cuándo pasó eso?
—Sí, tú también —le oigo decir mientras me acomodo en mi coche. Mientras salgo en reversa del camino de entrada, miro, sonriendo, mientras Edward baja los escalones y ataca al chico, tirándolo sobre su hombro y llevándolo de regreso adentro. El niño se está riendo y, maldita sea, es realmente lindo. Me estoy haciendo vieja. Prácticamente puedo sentir mis ovarios gritando en protesta por la distancia que estoy poniendo entre mí y el par de hermosos chicos.
Hay una historia ahí y quiero escucharla.
Rose y Alice ya están sentadas en la cafetería cuando llego. Alice desliza una taza de café humeante hacia mí y sonrío alegremente, agradeciéndole mientras la tomo en mis manos.
—Mierda, hace frío. —Me retuerzo, abrazando mi taza.
—Va a ser un invierno brutal —informa Alice, tomando un sorbo de su café con leche.
Nos ponemos al día por un rato, Rose nos cuenta sobre los planes demasiado aventureros de Emmett para la cena de Navidad. Me río, al igual que Alice, cuando Rose nos dice que ha estado "practicando" usando pollo porque es similar, ¿verdad? Alice nos cuenta lo bien que han ido las cosas con su boutique; su negocio está prosperando y no podría estar más feliz por ella. Rose ha estado trabajando duro y estoy un poco agradecida de no empezar hasta después del receso festivo. Es un alivio bienvenido.
—Entonces, eh —hablo después de que terminamos nuestro desayuno—. Hablé con Edward esta mañana.
Ambos pares de ojos se encuentran con los míos desde el otro lado de la mesa. Rose mastica lentamente y Alice tamborilea con los dedos en su taza de café con leche casi vacía.
—¿Y? —demanda Rose.
Me encojo de hombros.
—Es la primera vez que lo veo bien desde que me mudé. Eso es todo.
—¿Eso es todo? —pregunta Rose con incredulidad, levantando una ceja perfectamente esculpida.
—Síp.
—¿Conociste a Archie? —pregunta Alice, emocionada. Rose le lanza una rápida mirada y me pregunto de qué demonios se trata.
—Lo hice. —Asiento y Rose me mira rápidamente—. Es lindo.
—Lo es —acepta Rose, luego se detiene, como si estuviera esperando a que yo continúe. No sé qué quiere que diga. ¿Quiere que le pregunte por la madre de Archie? Porque eso no es de mi incumbencia. Está claro que Edward es su padre, el niño es su clon. ¿Quiere que le pregunte sobre el estado civil de Edward o simplemente... Edward en general? Una vez más, eso no es asunto mío. Quiero escuchar la historia pero no en forma de chismes. No tengo idea de cómo funciona esta "charla de chicas"; ¿cuáles son las reglas aquí?
Finalmente estoy en un punto de mi vida en el que estoy feliz conmigo misma; no voy a quedar atrapada en un drama que no tiene absolutamente nada que ver conmigo. Me mudé aquí para empezar de nuevo, no para quedar atrapada en el viejo drama estándar de Forks.
Sí, Edward todavía es hermoso, para mi consternación. Todavía hace que mi corazón se salte un latido, y sus ojos están tan verdes y con el alma destrozada como recuerdo. Ahora es mucho más maduro, su voz es un poco más profunda; su cabello más o menos una pulgada más corto, pero igual de salvaje; tiene un hijo, y ser padre realmente le sienta bien, pero no sé nada de él. Ese joven que conocí se ha ido, al igual que la joven que él conocía, tampoco existe. Somos dos adultos, viviendo uno al lado del otro, relativos extraños que no tienen derecho a fisgonear en los asuntos del otro.
—¿Cómo se veía Edward? —pregunta Alice, y sé que ella pregunta por su bienestar más que por cualquier otra cosa. Suena preocupada.
—Agotado —respondo.
Ella tararea en su taza y se la termina. Quiero preguntarle qué quiere decir, pero no es mi lugar. Siento como si me entrometiera.
—Ese hombre se va a poner en una tumba prematura —regaña Rose, mirando por la ventana.
—¿Quién? —pregunto, confundida.
—Edward —suspira—, está en una loca rotación en el hospital, y cuando está en casa, no puede relajarse porque tiene a Archie, y está jodidamente cansado todo el tiempo.
Frunzo el ceño, me duele el corazón. Claro, Edward era un mujeriego engreído cuando lo conocí, pero durante nuestra breve reintroducción esta mañana, noté que parece haber madurado mucho. Quizás demasiado rápido. Rose no se preocupa por nadie a menos que esté bien fundado.
Para cuando todas hemos escogido nuestros árboles, Jasper ha llegado con su camioneta y, aunque está tratando de actuar indiferente, sus ojos están iluminados con humor. Ha pasado mucho tiempo desde que Rose, Alice y yo estuvimos juntas, y lo estamos aprovechando al máximo.
—¡Tengo un maldito ojo morado! —exclama Rose, y Alice y yo estallamos en carcajadas incontrolables de nuevo. Pensé que estaba siendo bromista, saltando sobre la espalda de Rose cuando menos lo esperaba, no es que alguien pudiera esperar tal asalto, pero lo que sea. En pocas palabras, nos caímos y, de alguna manera, mi rodilla terminó en la cuenca de su ojo.
—Te ves ruda —se ríe Alice, tratando de aplacarla.
Me froto la parte superior del brazo, sintiendo que se forma el hematoma. Rose me dio un puñetazo. No puedo decir que no me lo mereciera.
—No mezcles los árboles —le advierto—, el mío es el mejor.
—Como el infierno —se burla Rose.
Jasper niega con la cabeza, riendo mientras tratamos de ayudarlo a subir los árboles a la parte trasera de su camioneta.
Jasper, siempre un caballero, transporta nuestros árboles mientras todas conducimos nuestros propios autos a casa.
—Eres el mejor, ¿lo sabías? —le digo mientras se quita el polvo de las manos en los pantalones, estamos parados en mi porche después de haber tirado mi árbol sin ceremonias en el pasillo.
—Solo hago lo que puedo, cariño. —Guiña un ojo, su acento sureño saliendo a la luz. No puedo evitar reírme.
—¿Tienes un hermano? —bromeo, aunque sé que no lo tiene—. ¿No? ¿Algún primo?
—Muchos. —Él se ríe.
Un auto se acerca, alejando nuestra atención de mis bromas, y ambos observamos desde el porche mientras Edward estaciona su auto en el camino de entrada.
—Hola —llama, cerrando la puerta del coche detrás de él.
—Hola, amigo —responde Jasper. Sonrío cortésmente, viendo como Edward abre la puerta trasera de su auto y desabrocha un bulto que se retuerce del asiento.
—¡Tío Jass! —exclama feliz Archie, corriendo tan rápido como sus pequeñas piernas lo llevan hacia mi porche delantero.
—Arch, más despacio —regaña Edward a su hijo, mirando hacia el cielo y respirando profundamente.
—Hola, amigo. —Jasper sonríe, inclinándose para levantar al niño a mitad de carrera. Sus risitas son la maldita cosa más linda. Estoy segura de que ya lo he dicho. Sonrío ampliamente cuando Archie agarra el rostro de Jasper con sus diminutas manos enguantadas, y Jasper saca la lengua.
Edward se acerca lentamente. Le sonrío; me devuelve la sonrisa tímidamente. La atención de Jasper está en Archie, como si nadie más existiera.
—Es lindo —le digo a Edward mientras Archie le cuenta a Jasper todo sobre su día, hablando a cien millas por hora, todas sus palabras confundidas en su emoción.
—Es lo que lo mantiene vivo —bromea Edward—. Es un peligro.
Me río, mirando furtivamente a Edward mientras mantiene sus ojos en su hijo. Los círculos oscuros debajo de sus ojos son prominentes; es la única señal externa de que está agotado. No parece que se haya afeitado en un par de días, pero eso lo hace lucir más atractivo. Su cabello apunta en todas direcciones, pero es abundante y espeso, saludable. Su piel pálida es tan perfecta como siempre... es hermoso.
—Lo siento, ¿qué? —pregunto, girándome hacia Jasper. Pongo los ojos en blanco ante su sonrisa de complicidad.
—Estaba diciendo que vendrás a cenar esta noche... Edward está tratando de encontrar alguna excusa para cancelar.
—No es una excusa —Edward suspira—, tengo a Archie y...
—¿Y qué? —presiona Jasper, levantando una ceja, todavía sosteniendo a Archie en sus brazos, cuyas piernas están envueltas alrededor de la cintura de Jasper con fuerza.
—Él es... demasiado. Y ustedes no necesitan que los limitemos.
—Eso es absurdo —le replico a Edward, quien me mira enarcando las cejas—. Será divertido.
Él asiente y sonríe con fuerza.
—Gracias —susurra, a nadie en particular. Por un minuto, patea el suelo húmedo con la punta de su bota, pensando mucho—. ¿Puedo conducir, si quieres? —pregunta, volviéndose hacia mí, sus ojos verdes brillantes, a pesar de lo cansado que se ve—. A menos que quieras quedarte más tarde que nosotros...
—No, eso sería genial. Gracias. —Él sonríe ampliamente y asiente.
—Vamos, problemático —se dirige a Archie, quien hace un puchero. Aprieto mis labios, tratando de no reírme. Muy adorable.
—No quiero —se queja Archie, apretando sus pequeños brazos alrededor del cuello de Jasper.
—Te veré más tarde, amigo —promete Jasper—, vas a venir a cenar a nuestra casa.
El rostro de Mini-Edward estalla en una amplia sonrisa, sus pequeños dientes a la vista.
—¿Lo pometes? —le pregunta a Jasper, luego mira a su padre. Edward asiente—. Sí —aclama, golpeando el aire con su manita enguantada. Jasper lo baja cuando comienza a retorcerse, soltando sus piernas.
Cuando sus diminutos pies tocan el suelo húmedo, vuelve su atención hacia mí, como si me estuviera notando por primera vez.
—Hola, Archie —sonrío, agachándome a su nivel. Da un paso vacilante hacia adelante, sus brillantes ojos azules, tan diferentes pero tan similares a los de su padre, evaluándome.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunta él.
—Bella —respondo.
—Bonito.
—Gracias —digo radiante. Tan parecido a su papá. Si no fuera tan lindo con eso, pondría los ojos en blanco y bromearía con Edward.
—¿Vienes a cenar? —pregunta, tímido.
—Sí. ¿Está bien?
Él asiente con la cabeza, sonriendo tímidamente, y yo le sonrío antes de ponerme de pie.
Un par de horas después, estoy corriendo, tratando de encontrar mis botines. Solo llevo aquí una semana y ya estoy perdiendo cosas.
Suena el timbre de la puerta y me apresuro a contestar, soplando mi cabello fuera de mi cara mientras abro la puerta. Edward está parado allí con vaqueros oscuros y un suéter de punto gris, luciendo como si hubiera saltado directamente de las páginas de Vogue. Mi estómago se aprieta. ¿Mejor que eso? Allí está el niño más adorable apoyado en su cadera, sonriendo alegremente. Su cabello está completamente desordenado, al igual que el de su padre, y me derrito.
—Quería tocar el timbre —explica Edward, señalando al chico en sus brazos.
—Ustedes dos no deberían simplemente aparecer en la puerta de una chica —bromeo—, no es justo.
—¿Eh? —pregunta Edward mientras doy un paso atrás y los conduzco al interior.
Bueno, mierda. Todo es diversión y juegos, coqueteo, hasta que te piden que lo reiteres.
—No importa... dame un segundo. He perdido… —miro a mi alrededor frenéticamente—… mis zapatos.
—¡Te ayudo! —exclama Archie, retorciéndose en los brazos de Edward. Pero su padre mantiene un agarre firme, sacudiendo la cabeza.
—Vas a arruinar el lugar —le dice Edward. Pongo los ojos en blanco.
—Déjalo. Puedo asegurarte que no empeorará este lugar.
Edward se burla, pero afloja los brazos y baja a Archie al suelo.
—¿Cómo se ven? —pregunta Archie, mirando a su alrededor; su suéter azul claro realmente resalta el azul de sus ojos; sus vaqueros azul oscuro y sus minúsculos converse hacen que mi pecho se contraiga.
—Eh, son marrones... —indico—, más o menos así de alto. —Pongo mi mano lo suficientemente separada una de la otra para mostrar su altura.
Después de una búsqueda frenética, incluso Edward se involucró, aunque estaba segura de que se quedaría en la sala de estar; Archie los encuentra en mi habitación.
Chocamos los cinco y regresamos con Edward.
—¿Estás bien? —pregunta Edward, sonriendo.
—Sí —bromeo, agarrando mi abrigo, una botella de vino y mis llaves.
—Tienes un árbol, Bell —murmura Archie una vez que estamos todos abrochados en el auto de Edward. Es agradable; huele bien, como él, supongo.
—Lo tengo. Lo compré hoy.
—No tiene luces.
—Aún no. —Me río—. Todavía tengo que decorarlo.
—¡Puedo ayudar! Todavía no tenemos un árbol.
—Arch —advierte Edward—, no puedes simplemente invitarte a las casas de la gente.
Le guiño un ojo a Edward, esperando que se relaje un poco. Está tan tenso y preocupado en lo que respecta a su hijo.
—Me gustaría eso, Archie. Si tu papá dice que está bien, me encantaría tu ayuda.
Edward no dice nada, pero sonríe suavemente mientras Archie irrumpe en una feliz tangente en el asiento trasero.
Archie insiste en sentarse a mi lado en la cena, y estoy más que feliz con eso. Edward se disculpa por encima de la cabeza de Archie.
—Deja de disculparte. Estoy más que feliz con nuestros asientos —replico, riendo cuando me mira con los ojos entrecerrados, como si no me creyera.
Rose me mira por encima de su copa de vino, levanta las cejas y ahora es mi turno de entrecerrar los ojos.
—No puedo —le responde Archie a Jasper, quien le acaba de preguntar si quiere ir a la playa en algún momento de la semana que viene—. Tengo que ayudar a Bells con su árbol.
Edward gime ante el anuncio de su hijo.
—No sabes cuándo Bella va a decorar su árbol —le habla en voz baja a su hijo.
Archie se encoge de hombros y me mira.
—¿Cuándo? —pregunta él.
—Siempre que tu papá diga que podemos.
Gira la cabeza para mirar a su papá.
—¿Cuándo?
Me río; no puedo evitarlo. Todo es tan incómodo. Para Edward. No podría importarme menos. Pero Edward parece que quiere que el suelo se abra y se lo trague. Se pellizca el puente de la nariz con los ojos cerrados. Alice parece que está a punto de estallar, conteniendo una carcajada; Jasper se ve silenciosamente presumido mientras mira a Edward, y Rose se ríe entre dientes con su vino.
—¡Esto no tiene precio! —exclama Emmett, su mano golpeando la mesa mientras se ríe. Los cubiertos y platos tintinean bajo su fuerza; Archie se ríe y lo copia, golpeando la mesa con su manita. Emmett tiene el sentido de lucir contrito cuando Rosalie lo regaña con nada más que una mirada, y Edward entrecierra los ojos.
—¿De verdad, Emmett? —masculla.
—Mi error.
Demasiado pronto, volvemos a meternos en el coche. Archie se durmió rápidamente después de la cena, para alivio de Edward, y después del postre, Edward comenzó a bostezar, aunque luchó como un soldado.
—Podrías haberte quedado —sugiere, saliendo del camino de entrada de Alice y Jasper.
—No seas tonto —lo aplaco—. Eso fue suficiente emoción por una noche. Estoy lista para irme a casa. —Y pasar más tiempo contigo en un coche, aunque no le digo eso.
—Te dije que es un peligro.
—Es adorable, Edward. Es tan parecido a ti.
Sonríe pero no dice nada más. Lo miro de cerca: sus hombros tensos que nunca parecen relajarse; sus ojos entrecerrados, aunque brillantes y tan expresivos, están empañados por la cautela; sus labios están apretados, su mandíbula contraída. Suceden muchas cosas dentro de esa cabeza, pero es fácil hablar con él y estar cerca. Es cauteloso, pero intrigante.
—¿Qué te trajo de regreso a Forks? —pregunta eventualmente, rompiendo el silencio.
Muerdo mi labio inferior, encogiéndome de hombros.
—Simplemente... lo extrañaba, supongo.
Él asiente.
—Lo entiendo. Sentí lo mismo. —Me mira, apartando brevemente los ojos de la carretera—. Las cosas siempre fueron tan simples aquí, ¿eh?
Sonrío.
—Realmente lo eran. No es hasta que te vas y te haces mayor que te das cuenta de que... este era un buen lugar para crecer.
—Por eso traje a Archie aquí —me dice, su voz tranquila. Me vuelvo para mirarlo, su perfil anguloso iluminado intermitentemente por las farolas que pasamos.
—Entiendo por qué haces eso.
—Entonces, ¿qué has estado haciendo durante los últimos diez años? —pregunta.
—No mucho. —Me río. Me mira con incredulidad—. No, de verdad... y no han pasado diez años. Han pasado como seis años.
—Cierto —sonríe.
—¿Qué hay de ti? ¿Qué has estado haciendo? —Me mira como si estuviera loca y mueve la cabeza hacia Archie como si lo estuviera señalando, recordándome su existencia—. Quiero decir, a pesar de la adición del niño más lindo del planeta —bromeo.
—¿Quieres decir, aparte de los hospitales y Archie? —Asiento con la cabeza—. Eso es todo, Bella. Esa es mi vida.
—¿Eres médico ahora?
—Me queda un año de mi residencia... así que, sí.
—¿Qué significa eso?
—Terminaré oficialmente mi entrenamiento para esta época el año que viene.
—¿Y tendrás? —pregunto.
—Treinta, si eso es lo que estás preguntando.
Dejo escapar un largo suspiro.
—Eso es mucho estudiar.
—Bah, ¿qué son doce años? —ríe.
—¿Y cuánto llevas como padre soltero? ¿Si en realidad eres padre soltero?
—Lo soy —confirma, aclarándose la garganta ligeramente—. Siempre lo he sido.
—¿Desde el primer día? —cuestiono, sorprendida.
—Desde el primer día —asiente—. Así que he estado los últimos tres años y medio haciendo malabarismos con la paternidad y la residencia.
—Eres Superman —suelto.
Niega con la cabeza.
—Tenemos que seguir adelante, supongo. No tenía un plan B, así que...
Entonces nos quedamos callados, ambos contemplativos. Hay muchas cosas que no ha dicho, pero no quiero presionar. No tengo derecho a hacerlo. No es de extrañar que esté exhausto; solo escuchar lo que ha hecho, lo que hace, me dan ganas de dormir durante una semana. Archie es un chico afortunado.
Nuestras "buenas noches" se susurran mientras Edward saca del coche a un Archie que aún duerme. El niño duerme como un muerto. Le agradezco por conducir; se encoge de hombros como si no fuera gran cosa. No hacemos ningún plan para mi árbol. Puedo decir que Edward no está tan dispuesto a permitir que su hijo tenga tanto acceso a alguien a quien apenas conoce. No puedo decir que lo culpo, aunque estoy un poco decepcionada.
Durante el resto de la semana, dejo mi árbol desnudo con la esperanza de que un niño y su padre aparezcan milagrosamente en la puerta de mi casa, listos para trabajar.
No veo mucho a Edward; se va temprano en la mañana antes de que me despierte y vuelve a casa tarde en la noche cuando estoy lista para irme a la cama. No veo a Archie en absoluto. Me pregunto dónde estará durante la semana y quién lo cuidará mientras Edward está en el hospital.
Me distraigo decorando el resto de la casa, dejando mi árbol patéticamente desnudo de alegría festiva en el ventanal.
Esto se convierte en una especie de loca rutina matutina. Me despierto y miro por la ventana, con la esperanza de ver un Volvo plateado en el camino de entrada de al lado. En un día laboral, nunca lo veo. Pero cuando amanece el sábado por la mañana, sonrío ampliamente.
