Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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El Día de Acción de Gracias pasa, y aunque me divertí mucho en casa de Alice y Jasper, Edward estuvo trabajando y Archie lo pasó con sus abuelos, así que soporté una noche de bromas interminables sobre mis dos chicos favoritos, sin la compañía de mis dos chicos favoritos. Aun así, una noche rodeada de amigos, comida y vino, es una noche bien aprovechada; y valió la pena la resaca resultante.

Ahora es fin de semana y hay un Volvo plateado brillante estacionado en el camino de entrada al lado...

Intento actuar con calma. ¡Pero estoy emocionada! No puedo evitarlo.

Hice galletas de Navidad y quiero compartirlas porque oficialmente es diciembre y la Navidad está tan cerca que puedo olerla. Sin embargo, eso podría ser solo la canela que permanece en el aire y las odiosas velas festivas que provocan dolor de cabeza y que están encendidas y esparcidas por toda la casa.

Corro por el césped y toco el timbre de la puerta, con el dedo muy seguro en el pequeño botón. Dando un paso atrás, espero no tan pacientemente, rebotando sobre las puntas de mis pies, en parte porque hace mucho frío y en parte porque quiero ver sus caras. Mi corazón está tratando de liberarse, mi sonrisa es amplia. Estoy de buen humor, buscando cualquier excusa para pasar tiempo con los dos hermosos chicos de al lado.

Edward responde eventualmente, todo desaliñado, somnoliento y... jódeme, es hermoso.

—Buenos días. —Intento mantener mi voz tranquila y calmada, como si mi corazón no latiera violentamente en mi pecho. Tiene el torso desnudo, todo músculo, y es un hombre poderoso y delgado. Sus pantalones de chándal grises le caen a la altura de las caderas, sus pies descalzos. Creo que trago saliva de forma audible.

Sonríe, inclinando la cabeza, pero parece confundido.

»Yo, eh, hice galletas. —Empujo la bandeja hacia él, sonrojándome. No refleja mi felicidad; no es más que educado. Maldita sea, interpreté mal la situación. Las recibe, agradeciéndome con cuidado, pero no me invita a entrar. Es incómodo y la sonrisa desaparece de mi rostro—. Entonces, sí... feliz primer día de diciembre. —Y luego me marcho corriendo, dirigiéndome a casa sin mirar atrás, sintiendo la necesidad de apuñalarme en el ojo con un instrumento punzocortante.

Estúpida, Bella. Estúpida. Estúpida. Estúpida.

No pierdo el tiempo agarrando mis llaves y conduciendo a la tienda de comestibles. Necesito salir de aquí. Y aclarar mi cabeza. No puedo creer que pasé la semana observando su casa como una psicópata, anticipándome al fin de semana y planeando formas de pasar tiempo con él... con ellos.

—Rose —casi grito en el teléfono—, soy una jodida idiota.

Calma tus tetas. ¿Qué hiciste? —pregunta. Está demasiado tranquila.

—Me presenté en la puerta de Edward esta mañana, luciendo toda linda, con galletas recién horneadas y...

¿Y...? —pide, sonando aburrida.

—Y... él simplemente... se quedó allí parado. Fue jodidamente incómodo.

¿Qué quieres decir con "él simplemente se quedó allí parado"?

—Sin invitarme a entrar, sin palabras verbales... solo sonrisas, apenas.

¿Entonces qué hiciste? —inquiere.

—Prácticamente le tiré las galletas y corrí. —Me estremezco.

¿Por qué?

—¿Qué quieres decir? —Dejo que mi frente caiga contra el volante, resoplando.

No sé. —Ella se ríe—. Siento que se supone que debo pedirte que te expliques. No sé qué diablos se supone que debes hacer. Soy la última persona a la que le deberías preguntar. He estado con Emmett desde siempre, y todo lo que tenía que hacer era mostrarle mis tetas. ¡Oh, deberías mostrarle a Edward tus tetas!

Gimo. Muy útil.

De camino a casa, decido que voy a decorar mi maldito árbol. Estoy harta de que ocupe tanto espacio, sin decorar. Si Archie lo ve y se enoja, Edward puede lidiar con eso. No es mi culpa. Dejaré que vengan a mí. Traté de dar el primer paso esta mañana y fue una vergüenza, un fracaso total. Lección aprendida. Ve con cuidado, Bella.

Pero no quiero decorar sin Archie; no sé qué más puedo hacer.

Paso el resto del día ordenando y limpiando, mientras escucho canciones navideñas una y otra vez. Estoy ignorando el árbol; sé eso. Evitación clásica.

Cuando el sol comienza a ponerse, el fuego está crepitando y mis pies están envueltos en otro par de suaves calcetines hasta la rodilla. Aunque llevo un poco más de lo habitual: pantalones cortos de seda negros y una camisola a juego.

Me sirvo una copa de vino y vuelco la caja de adornos del árbol. Se dispersan en todas direcciones y me encojo de hombros, indiferente. Algo me dice que si estoy esperando a que Edward haga un movimiento, en lo que respecta al árbol, por supuesto, me despertaré la mañana de Navidad con un deprimente abeto sin adornos.

—En el prado, podemos construir un muñeco de nieve —canto, balanceándome y girando, envolviendo oropel alrededor de mi cuello como una boa de plumas, tratando de convencerme de que esto está bien, esto es divertido, incluso sola. Porque lo es, siempre me ha gustado estar sola hasta que...

Cuando suena el timbre de la puerta, resonando en toda la casa, salto un poco y entrecierro los ojos hacia la puerta. ¿Qué diablos?

Sin pensarlo dos veces, porque soy una estúpida, abro la puerta principal. La ráfaga de aire frío es como un puñetazo en el estómago, y juro que mis pezones pueden cortar vidrio de repente. Pero eso no es lo peor de toda esta maldita situación; no, ese sería Edward y su lindo hijo, de pie en mi puerta. La nieve cae constantemente detrás de ellos. Mis ojos se abren y todo mi cuerpo se ruboriza. Los ojos de Edward también se abren mientras me mira, de la cabeza a los pies. Quiero morirme.

—¡Hola, Bell! —saluda Archie, alejando mi atención de su apuesto padre.

—¡Hola! —respondo, demasiado agudo para no parecer afectada—. Adelante. Lo siento —tartamudeo, dando un paso atrás y llevándolos al interior.

Archie pasa corriendo y Edward se hace a un lado, viendo a todos lados menos a mí.

—¡El ábol! —llama su vocecita emocionada desde la sala de estar.

—Lo lamento. —Edward suspira y lo miro, confundida—. Acerca de esta mañana. Me acababa de despertar. No podía pensar con claridad, y luego me di cuenta de que ni siquiera te dije nada. Fui grosero... lo siento.

—No hay problema. —Me encojo de hombros, actuando como si no fuera gran cosa y no tuviera un colapso—. ¿Quieres algo de beber? Tengo cerveza, agua, soda, chocolate caliente, café... —Olvidémonos de ese momento embarazoso en la puerta de tu casa, por favor.

—Una cerveza sería genial —sonríe, luciendo aliviado—. Probablemente debería asegurarme de que mi hijo no esté trepando a tu árbol... ¿puedo? —pregunta, señalando hacia mi sala de estar.

—Por supuesto. —Asiento con la cabeza—. Traeré las bebidas.

Una vez que escapo a la cocina, apoyo mis manos en el mostrador y dejo que mi cabeza caiga hacia adelante solo después de comprobar que estoy oculta de la vista de Edward. ¡Oh, mierda! Aire frío y pezones contra una camisola de seda. No era de extrañar que Edward no pudiera mirarme. Agarro el oropel que todavía me cuelga del cuello, me pica, y me lo quito. Me río para mí.

—Archie, ¿quieres algo de beber? —pregunto, entregándole a Edward su cerveza—. Tengo jugo de naranja fresco —indico.

—¡Sí, po favo! —responde Archie desde su lugar en el suelo mientras ordena las decoraciones como si supiera lo que está haciendo. Sonrío y regreso a la cocina.

No tengo tazas aptas para niños, así que lleno un vaso hasta la mitad y pongo una pajita en el vaso.

—Espero que no te importe —habla Edward mientras me siento a su lado—. Ha estado hablando sin parar sobre este árbol toda la semana.

—Para nada. Estoy feliz de que ambos estén aquí. —Su sonrisa es impresionante, y rápidamente me disculpo de nuevo. Encuentro una sudadera con capucha de gran tamaño y me la pongo; si Edward sigue sonriéndome así, mis pezones estarán firmes toda la noche, y Archie no necesita ver eso.

—¡Bell-aaaa! —exclama Archie tan pronto como reaparezco, y me río, acercándome a él.

—Arch, modales —advierte Edward, haciendo su mejor cara de padre severo. Me muerdo el labio y veo a Archie, que me devuelve la mirada. No decimos nada, pero quiero reírme de su carita de "ups".

Me siento en el suelo junto a él y me estiro para poner mi vino en la mesa de café.

—Está bien —comienzo—, tenemos que poner las luces primero.

Archie asiente vigorosamente y se arrastra hacia las cajas de luces de colores. Las empuja hacia mí y luego me ayuda a sacarlas del paquete.

Al poco tiempo, todos nos reímos. Archie está tendido debajo del árbol, con las manos enredadas en las ramas; estoy en algún lugar en el medio, tratando de esparcir las luces de manera uniforme, y Edward se cierne sobre mí, tratando de verter vino en mi boca mientras me aferro al árbol, tratando de no dejar caer las luces.

—No puedo alcanzar —me río, usando una mano para alejarlo y la otra para mantener mi agarre—. ¡Esto no está funcionando!

Edward se ríe, y su respiración contra mi cabeza hace que se me erice el pelo de la nuca. Es delicioso. Pero rápidamente deja mi vino en el suelo, fuera de la zona de peligro, y extiende la mano alrededor de mi cuerpo para quitarme las luces de las manos. Sus dedos contra los míos me hacen temblar, y necesito detenerme físicamente para no recostarme en su cálido pecho.

—¿Puedo encenderlas? —pregunta Archie, su voz fuerte desde debajo del árbol. Fue tan firme en que debería ser él quien encendiera las luces, como una celebridad en un festival de Navidad en la ciudad, y ni Edward ni yo fuimos capaces de decir que no, obviamente.

—Todavía no —le dice Edward—. Aguanta un poco más, amigo.

Me río y caigo de espaldas, mirando como Edward se estira, alcanzando fácilmente la parte superior del árbol y distribuye las luces uniformemente a través de las ramas superiores. Nuestra técnica necesita un poco de trabajo, pero es despreocupada y... perfecta.

—Está bien, enciéndelas —le pido a Archie. Lo escucho moverse, y luego todos estamos bañados en luces brillantes, coloridas y parpadeantes. Archie hace "oh" y gatea desde debajo del árbol, parándose y saltando emocionado, aplaudiendo con sus manitas.

Los tres damos un paso atrás, admirando el árbol brillante: nuestro trabajo. Contemplo a Archie, su brillante sonrisa ilumina la habitación más que las luces. Mi corazón se expande. Observo a Edward, su sonrisa es tan amplia, tan similar a la de Archie. Me mira y me guiña un ojo. Mi corazón late con fuerza.

—¡Oropel! —grita Archie, nuestro momento de apreciación roto; no pierde el ritmo y corre hacia la pila de oropel rojo y dorado en el suelo. Edward gime y le doy un codazo juguetón en las costillas.

—¿Dónde está tu espíritu navideño? —bromeo.

—Es literalmente primero de diciembre. —Pone los ojos en blanco—. Dame un par de semanas más.

Me río entre dientes, acercándome a Archie.

Lo levanto para que pueda tirar el oropel al árbol tan alto como pueda. Es un desastre, pero no me importa porque él lo hizo, nosotros lo hicimos. Está lleno de personalidad y me encanta. Nos reímos mientras envuelvo su cuerpecito en el oropel brillante, y luego lo desenvuelvo rápidamente para que gire en el suelo. Sus risitas son fuertes y salvajes; no hay mejor sonido. Extendiendo la mano para agarrarlo para que no sucumba a su mareo, cae en mi regazo en un montón de risas.

Edward nos observa con atención, sonriendo todo el tiempo desde su acogedor lugar en el sofá.

—Gracias, eres realmente buena con él —agradece Edward mientras los acompaño a la puerta. Archie se derrumbó en un lío somnoliento una vez que el árbol finalmente estuvo decorado. Se ve genial, aunque un poco desordenado. Es perfecto, y atesoraré cada maldita ubicación errática de cada decoración en sus ramas.

—Es genial —le aseguro, sonriéndoles a ambos—. Me divertí mucho.

—Le conseguiré su propio árbol, lo prometo —suspira—, encontraré el tiempo. —Su expresión es triste, sus rasgos cansados y casi... derrotados, como si sintiera que le está fallando. Rompe mi corazón y el momento jovial, devolviéndonos a la tierra con una explosión; recordándome la lucha que Edward soporta para equilibrar a su hijo y su trabajo.

—Oye. —Levanto la mano para agarrar su codo con suavidad—. No te rindas. —Aprieto ligeramente, y él sonríe suavemente a cambio, aunque no llega a sus ojos.

—¿Estás segura de que no necesitas ayuda para ordenar? —cuestiona, cambiando de tema.

Me río pero niego con la cabeza.

—Yo me encargo, no te preocupes. Ve a dormir un poco.

Se inclina hacia adelante y yo contengo la respiración, su olor limpio y varonil me envuelve. Lentamente, apenas, sus labios rozan mi mejilla, pero lo siento en todas partes.

—Buenas noches, Bella —susurra contra mi piel, y no sé cómo, pero me las arreglo para devolverle las palabras a través de los ojos entrecerrados.

Observo cómo lleva a Archie sin esfuerzo a través del césped hacia su casa y saludo una vez, tímidamente, mientras abre la puerta y desaparece dentro.

Respiro hondo, miro hacia el cielo oscuro y sonrío. En tan poco tiempo, esos chicos se han convertido en una parte de mi vida sin la cual no quiero vivir, y aunque no sé exactamente qué significa eso, o si el sentimiento es recíproco, no puedo encontrar dentro de mí, preocuparme lo suficiente como para dar un paso atrás. Está claro que Edward protege a Archie, protege sus corazones y los mantiene cerrados, y respeto eso inmensamente, lo entiendo, pero también puedo sentir la lucha de Edward en todo lo que hace, aunque lo esconde bien. El hombre está exhausto, hace malabarismos con su trabajo, sus estudios y su hijo. Lo siento por él, y no es solo porque me sienta mal por él; es porque, con una mirada, una sonrisa, un avistamiento miserable, puede hacer que mi corazón se salte un latido.

Supongo que siempre pudo hacer eso, he estado enamorada de él... desde siempre. Pero ya no somos niños; no somos despreocupados y estúpidos. Somos mucho más que eso ahora. Edward tiene prioridades, obligaciones reales de adulto y todo en él es diferente; es viejo más allá de sus años, serio, y aunque lo enmascara, tiene el peso del mundo sobre sus hombros. Por supuesto, sigue siendo devastadoramente hermoso, pero es más que eso; me atrajo de nuevo, pero esta vez por razones completamente diferentes.

¿Yo? Supongo que yo también he cambiado mucho. Siempre me conoció como la chica tímida, ruborizada y torpe. El ratón de biblioteca; la seria que no tenía un hueso espontáneo en su cuerpo. Ahora tengo mucha más confianza en mi propia piel. Soy autosuficiente y ferozmente independiente. Puedo ser descarada y audaz. Puede que tenga el mismo aspecto, algo así, pero soy una versión diferente: más extrovertida, tranquila y adaptable. Simplemente... mayor.

No sé qué significa todo eso para Edward y para mí. Tal vez solo está desesperado por un amigo que no lo conozca tan bien como Rose, Emmett, Alice y Jasper. Dudo que esté buscando una madre sustituta para Archie, es demasiado cauteloso e inteligente para eso. No es tan caprichoso.

No puedo asumir que esté sintiendo algo romántico. No hay forma de saberlo con certeza.

Me estremezco por el frío, perdida en mis propios pensamientos, parada en el porche delantero como una idiota mientras la nieve cae levemente.

Luego está Archie. Sonrío alegremente mientras cierro y pongo el cerrojo de la puerta. El niño que entró corriendo y riendo en mi vida y se adueñó. El doppelgänger de su padre; tan tolerante, divertido, lleno de travesuras y... adorable. Es un niño feliz. Así como una versión más joven de Edward, y no solo en su apariencia. Estoy absolutamente enamorada.

Necesito tener cuidado.

No me toma mucho tiempo ordenar el desorden que quedó a nuestro paso. Aunque el exceso de brillantina que brilla intensamente en todas las superficies de mi casa puede esperar hasta mañana.

Lanzo una mirada feliz más hacia mi árbol antes de ir a la cama.


Un poco tarde, pero les dejo el capítulo 3 ;)

Les deseo una muy feliz navidad, que la pasen rodeados de familia y amigos, un abrazote desde Guatemala!

Nos leemos el lunes!