Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


El domingo se siente como un domingo. Estoy cansada, de mal humor y necesito desesperadamente cafeína. Cuando finalmente me levanto de la cama, decido no ducharme de inmediato y me dirijo hacia abajo. Con el café preparándose, la estación de noticias a todo volumen en la televisión y el resplandor brillante del paisaje nevado afuera reflejándose a través de la casa, me pongo a trabajar en la brillantina. Está por todas partes, te juro que hay más brillo en el suelo que en el árbol.

El aire de la mañana es frío, así que tiro algunos leños más al fuego y lo enciendo, sentándome en mi mesa de café, mirando fijamente las brasas y viendo cómo se enciende. En poco tiempo, el fuego cobra vida y me doy una palmada en la espalda. Bien por mí.

Paso la tarde leyendo, acurrucada en mi sofá de dos plazas con una manta y perdiéndome en las páginas de la novela romántica más reciente. Siguen siendo mi placer culposo. Siempre lo será.

Justo cuando estoy secando los últimos platos después de la cena, suena el timbre y, aunque me toma por sorpresa, mi estómago se agita ante la posibilidad de quién podría ser.

Me aprieto más el grueso cárdigan, agradecida de que sea lo suficientemente largo como para cubrir también los agujeros en las rodillas de mis vaqueros.

Abro la puerta a un Edward de aspecto muy desaliñado.

—Hola —saluda apresuradamente. Está nervioso, se pasa una mano por el cabello y se muerde el labio.

—¿Estás bien? —pregunto preocupada.

—Sí, um... tengo un favor que pedirte, y realmente odio hacer esto, pero... ha habido un accidente, y me necesitan en el hospital…

—¡Mierda! ¿Quién es? ¿Están todos bien? —interrumpo, el pánico subiendo a mi garganta.

—¿Qué? —Parece perplejo—. Oh, sí. Nadie que conozcamos... no creo. Um, es solo... no tengo a nadie cerca para cuidar a Archie. A mi mamá le tomará veinte minutos llegar aquí, y Rose y Emmett están cenando y, obviamente, no puedo simplemente dejarlo o llevarlo y...

—¿Edward? —lo corto. Detiene sus divagaciones de inmediato y me mira a los ojos—. Ve. —Me río—. Solo agarraré mis botas, y estaré ahí enseguida.

—¿Estás segura? —cuestiona—. Sé que esto es pedir mucho y molestarte, pero realmente necesito irme.

—Ve. —Me río, empujando su pecho, casi gimiendo al sentirlo bajo mi palma—. Estaremos bien.

Rápidamente meto mis pies en mis botas y lo sigo, cerrando la puerta detrás de mí. Su paso es apresurado, así que corro para alcanzarlo, siguiéndolo dentro de su propia casa sin esperar una invitación. Archie está sentado frente al televisor, jugando con dinosaurios de juguete.

—Hola, chico —sonrío, alborotando su cabello ya alborotado cuando paso. Me sonríe, grita mi nombre emocionado mientras se pone de pie y nos sigue a la cocina.

—Está bien, ya cenó. Necesita cepillarse los dientes antes de acostarse, en… —mira su reloj—… un par de horas más o menos... Arch puede mostrarte dónde está todo. No debería regresar tarde, espero... yo... —mira a su alrededor frenéticamente, agarrando sus llaves y una botella de agua—… realmente, realmente aprecio esto, Bella.

Sonrío, asintiendo con la cabeza hacia la puerta principal.

—Ve —le susurro.

—Bien. Sí. Gracias. —Se detiene, le dice a Archie que sea bueno y se inclina para besar su cabello. Son demasiado lindos.

Y luego se va.

Archie mira la puerta cerrada por un momento, sus pequeños hombros caídos.

—Oye —hablo en voz baja, acercándome a él, agachándome sobre las puntas de mis pies para que estemos al nivel de los ojos—, regresará pronto. Mientras tanto... —Miro a mi alrededor—. ¿Qué debemos hacer?

Sus grandes ojos azules, enmarcados por largas pestañas, me miran y sonríe suavemente. Está acostumbrado a esto.

—¿Pogemos ver una película? —pide.

Asiento con la cabeza.

—¿Cuál?

—Una de Naguidad. —Salta arriba y abajo emocionado.

—De acuerdo. —Sonrío. Este niño no tiene idea de cuánto amo la Navidad. Esto no es ninguna dificultad.

Él escoge Una Navidad Muppet, para mi absoluta delicia, y no pierde el tiempo para encontrar aperitivos y bebidas, y llevarnos al sofá con mantas.

Archie se acurruca cerca cuando comienza la película, entrelazando sus pequeños pies con los míos. Él es el más lindo. Su pijama con estampado de dinosaurios me hace derretir, y sus risitas llenan mi corazón de tanta alegría.

Entonces, ¿esto es lo que se siente estar con un niño pequeño en Navidad? Nunca lo había experimentado antes, siendo hija única. Realmente se siente mágico.

Sus pequeños dedos engrasados con palomitas de maíz apuntan hacia la televisión mientras habla durante la mayor parte de la película, pero no podría importarme menos. Está tan emocionado por los personajes, tan cautivado por la historia. Su entusiasmo es contagioso y, en poco tiempo, me río y canto con él.

Justo cuando empiezo a preocuparme por la parte aterradora, me doy cuenta de que ha estado en silencio por un tiempo. Mirándolo, estiro el cuello y noto que está dormido. Sonrío y apoyo la cabeza contra el brazo del sofá.

—Oye.

Escucho la voz suave romper mi sueño, un dedo acariciando suavemente mi mejilla. Lentamente abro los ojos. La habitación está a oscuras, el menú del DVD reproduce música suave de películas navideñas de fondo.

El rostro de Edward se enfoca frente a mí: suave, amable y, oh, tan hermoso.

—Hola —gruño, estirándome un poco. La forma dormida de Archie todavía está tendida sobre mí—. Lo siento. Supongo que nos quedamos dormidos.

—No te disculpes. —Se ríe en voz baja, su voz baja incluso más sensual que de costumbre—. Déjame quitarte su peso de encima. —Sonríe suavemente, se pone de pie y toma a su hijo en brazos—. Vuelvo enseguida —dice antes de desaparecer, supongo que para llevar a Archie a la cama.

Me siento con la espalda recta, levanto los brazos por encima de la cabeza y estiro los músculos doloridos.

Cuando Edward regresa abajo, estoy arreglando el desastre que Archie y yo hemos creado durante la noche. No tengo idea de qué hora es, pero me imagino que Edward no tiene exactamente el tiempo libre para correr detrás de su hijo y de mí.

—Deja eso —ordena en voz baja, observándome mientras revoloteo.

—De ninguna manera. —Me río—. Realmente hicimos un desastre.

Me inclino para recoger algunas palomitas de maíz sueltas de la alfombra cuando lo siento acercarse. Inspiro profundamente, poniéndome de pie. Extiende su mano para que le entregue las palomitas de maíz. Sonriendo, las coloco en su palma.

—En serio, yo arreglaré —susurra—, es lo menos que puedo hacer.

Frunzo los labios y entrecierro los ojos juguetonamente hacia él. Parece incluso más exhausto de lo habitual, recién salido de un turno. Nunca lo he visto después del trabajo. Los círculos oscuros debajo de sus ojos son aún más prominentes, su cabello está erizado en todas direcciones, como si se pasara las manos por él constantemente, y su barba se ve más oscura bajo la tenue iluminación del televisor.

Me está observando con la misma atención, sin duda alguna, arrojando sus propias observaciones. No pregunto; no quiero saber.

—¿Cómo estuvo?

—Un desastre —suspira. No da más detalles y una parte de mí está contenta. La otra parte de mí quiere sacudirlo; necesita dejar de reprimir todo. ¿Realmente siente que no tiene a nadie con quien hablar, con quien abrirse? Esa es la impresión que tengo. Siempre tan cauteloso.

Asiento, una vez, decidiendo no presionar. Apenas nos conocemos; no es mi lugar presionarlo. Aunque eso no me impide querer hacerlo. Por lo general, no soy de las que se muerden la lengua, pero siempre camino con cuidado con Edward, tanto por su cordura como por la mía.

No estoy caminando sobre cáscaras de huevo; es más que eso. Estoy siendo cuidadosa... considerada. Es un equilibrio tentativo, pero una parte de mí sabe que debo tomarme esto con calma. Sea lo que sea esto. Dios, fue solo el fin de semana pasado que vi a Edward por primera vez en años y a Archie por primera vez. Pero hay algo allí, algo burbujeando debajo de la superficie de mi piel, y no es solo que me sienta atraída por el hombre guapo frente a mí porque, obvio, siempre lo he estado.

—Me voy —le digo, mi voz baja, la atmósfera se presta a palabras silenciosas y susurros. Es medianoche y Archie está durmiendo arriba.

—Gracias, Bella. De verdad.

—Ya lo has dicho —bromeo.

—Sí, bueno... lo digo en serio.

—No fue una dificultad. Nos divertimos.

Él sonríe y me acompaña a la puerta. El cielo está oscuro, despejado. El aire es fresco, un escalofrío de la nieve me golpea directamente en la cara cuando salgo de la cálida casa.

—Buenas noches, Edward —le susurro, acercándome mi chaqueta de punto mientras bajo los escalones del porche.

—Buenas noches, Bella —susurra en respuesta, su voz cálida contra el enérgico invierno duro—. Y…

—No te atrevas a agradecerme de nuevo —río, interrumpiéndolo. Escucho su suspiro pero no miro atrás, agitando mi mano sobre mi hombro; un adiós que le dice que ya no estoy escuchando. Escucho su risa baja y me calienta. Pero no puedo mirar atrás.

Una vez que mi puerta se cierra detrás de mí, suelto el aliento que no sabía que estaba conteniendo y, sin hacer nada más, me dirijo a mi habitación.

Estoy agotada. Supongo que eso es lo que pasa cuando piensas demasiado. Sacudo la cabeza para mí misma, sonriendo mientras me meto en la cama.

El lunes empiezo a sentir que me estoy volviendo loca. Pensé que un par de meses sin trabajo sería bueno para mi alma, una forma de aclarar mi mente y familiarizarme con mi nueva vida.

Sí, no funciona así. Lo entiendo ahora, aunque no hay nada que pueda hacer al respecto.

3 de diciembre. Las decoraciones navideñas están colgadas y colocadas, mis cajas desempacadas y tengo casi cinco semanas hasta que empiece a trabajar.

Maldición.

Estaba tomando café y sintiendo pena por mí misma cuando Edward y Archie salieron de su casa esta mañana. No me vieron, gracias a Dios; probablemente parecía una loca.

Debería conseguirme un perro.

No, demasiado trabajo duro. Caminar en la nieve y tener que estar en casa para que no esté solo por mucho tiempo.

Debería conseguir un gato.

¿Pero cuál es el punto? Probablemente me ignoraría todo el día, y luego... mejor me quedo sola.

Supongo que mi jardín es lo suficientemente grande para una... ¿llama?

Contrólate, Bella.

Paso el resto del día haciendo compras navideñas en línea. Hace frío y no puedo molestarme en vestirme.

Los faros a través de la ventana delantera me llaman la atención, pero la adición de mi árbol de Navidad recién decorado bloquea el exceso de luz y no estoy tan cegada como de costumbre.

Extraño, pienso para mis adentros. Edward no suele llegar a casa hasta mucho más tarde. Luego me río porque cuán acosadora soy al pensar de esa manera. No miro por la ventana. No tengo necesidad de hacerlo. No es de mi incumbencia, ¿verdad?

Y luego suena el timbre.

Abro la puerta después de mirar por la mirilla por primera vez. Realmente debería hacer eso más a menudo.

Mi corazón late con fuerza cuando me encuentro cara a cara con Edward vestido con uniforme. Santo infierno, este hombre es delicioso. Verse tan bien debería ser ilegal.

No dice nada, solo levanta la bolsa en su mano, sonriendo suavemente. Inclino la cabeza, incapaz de ocultar mi propia sonrisa, doy un paso atrás y le ofrezco suficiente espacio para entrar en mi casa.

—Un regalo de agradecimiento.

—Del mejor tipo, claramente —me río—. Huele genial.

—¿No eres de las que prefieren flores? —pregunta, arqueando una ceja mientras camina hacia mi cocina.

—No si la comida es una alternativa —replico, siguiendo el aroma de las especias y la gloria, sea lo que sea.

—Entendido —se ríe—. ¿Ya comiste? Sé que es un poco tarde…

—Estoy hambrienta.

—Bien. —Guiña un ojo y deja la bolsa en la encimera. Me paro a su lado, hurgando. No puedo evitarlo. De repente, me muero de hambre y todo huele tan bien.

—¿Dónde está Archie? —pregunto mientras coloca la comida. Es mexicana y quiero abrazarlo. Buena elección.

Saco dos cervezas de la nevera y lo observo de cerca mientras se ocupa, tal vez evitando la pregunta.

—En casa de mis padres —responde finalmente, sin mirarme. Asiento con la cabeza y le entrego una botella fría, que acepta—. Se queda allí toda la semana. Tuve mucha suerte, supongo. Papá movió algunas influencias, no estoy muy orgulloso de admitirlo, y trabajo en el hospital de lunes a viernes. —Escucho con atención, pero él no me mira, así que me ocupo de ofrecerle un cuchillo y un tenedor—. Es más fácil para Arch si se queda allí... le encanta. Tiene su propia habitación y asiste a preescolar dos días... pero... —se interrumpe, encogiéndose de hombros.

—Lo extrañas —sugiero, tomando un bocado de un taco pecaminoso. Es desordenado y no me importa. A Edward tampoco, afortunadamente. Oye, nunca dije que tenía clase, no en mi propia casa donde me siento cómoda. De todos modos, no hay una forma "elegante" de comer tacos.

—Lo hago —suspira—. Quiero decir, es mi hijo; debería estar aquí.

—Estás haciendo lo que tienes que hacer. No hay vergüenza en eso, Edward.

Sonríe suavemente, tomando un gran trago de cerveza.

—De todos modos, este es un tema pesado para la conversación de la cena. No vine aquí para decirte eso. Lo siento.

Pongo los ojos en blanco y le doy un codazo con el hombro.

—Cállate. Ya sabes, podemos sentarnos.

—Suena bien. —Se ríe—. Solo empezamos a comer, ¿eh?

Me río.

—No juego cuando se trata de comida. Tú la trajiste y yo empecé a comer sin pensar.

Lleno mis brazos con cajas de polietileno llenas de comida y lo llevo a la mesa estilo banco que no he usado desde que la compré.

Nos sentamos uno al lado del otro y esparcimos la comida frente a nosotros.

—Esto es tan bueno. Gracias —gimo, dando otro bocado.

—De nada —murmura, con la boca llena. No puedo evitar reírme de él, todo lindo, somnoliento, despeinado, pero claramente hambriento—. Terminé temprano porque trabajé anoche y pensé que invitarte a cenar era lo menos que podía hacer.

—No necesitabas hacer eso. Aunque, te lo agradezco. Esto está divino. —Muevo la mano sobre la comida y la meto en otro plato.

—¿Te imaginas si este restaurante hubiese abierto cuando éramos jóvenes? —Ríe.

—Habría vivido allí. —Sonrío—. Solo teníamos la cafetería. Los jóvenes de estos días no saben lo bien que lo tienen.

Ambos nos reímos, casi sin tomar aire mientras comemos.

Recordamos por un tiempo, hablando de crecer en Forks y cuánto ha cambiado desde entonces. Bromeamos sobre lo viejos que nos sentimos, lo mucho que todo y todos han cambiado. Hablamos de las personas con las que fuimos a la escuela y lo que hacen ahora, si se quedaron en la zona.

Es fácil conversar con Edward. Lentamente, se relaja y vislumbro al chico que solía ser, el chico que recuerdo. Se burla de mí; su coqueteo inofensivo no requiere esfuerzo. Me cuenta lo difícil que fue cuando Archie era un bebé, hacer malabares con la escuela de medicina y un recién nacido.

No se queda mucho tiempo, y decide dormir lo más que pueda antes de su turno de mañana. Tampoco me besa en la mejilla. Estoy empezando a pensar seriamente que me imaginé ese breve momento, el breve roce de sus labios contra mi cara. Realmente espero no haberlo hecho.

El viernes, me encuentro con Alice y Rose en el bar de la ciudad, el único bar. Hace frío, la nieve está espesa y pesada en el suelo. Mi coche tarda más de lo que esperaba en recorrer las carreteras cubiertas de nieve y, cuando llego, mis amigas están esperando, al igual que una copa de vino.

Les agradezco, sentándome y bebiendo mi bebida incluso antes de quitarme la bufanda.

Pasamos el primer par de tragos poniéndonos al día con la vida de la otra; ha pasado casi una semana desde la última vez que estuvimos juntas. Pueden pasar muchas cosas en una semana, lo que nos lleva a hablar de Edward.

—Entonces, ¿cuidaste a Archie el fin de semana pasado? —pregunta Rose, levantando una ceja sobre su copa. Parece casi... presumida.

—Por, como, unas pocas horas —respondo, rodando los ojos—. Estaba bastante desesperado. Y tenía prisa.

Ella se encoge de hombros. Alice está tratando de contener su sonrisa, aunque está fallando. No lo entiendo. ¿Cuál es el problema?

—Edward no confía en nadie con Arch —agrega Alice, como si leyera mi mente—. Debes ser muy... especial.

Entrecierro los ojos, mirando entre ambas chicas.

—¿Le enseñaste tus tetas? —pregunta Rose, incapaz de ocultar su risa. Los ojos de Alice se salen de su cabeza y se ríe a carcajadas, volviendo a centrar su atención en mí.

—¿Qué? —casi grito—. ¡No! Por supuesto que no. Eso habría sido bastante inapropiado.

—¿Por qué? —Alice se une, claramente disfrutando demasiado esta conversación. Han estado calladas durante demasiado tiempo; se están divirtiendo a costa mía.

—Porque Archie estaba con él la primera vez que lo vi después de esa conversación en particular. —Me río entre dientes, terminando mi copa de vino.

Ambas chicas se ríen y están de acuerdo en que hubiera sido un poco inapropiado.

Al igual que en los viejos tiempos, Rose comienza a burlarse de mí inofensivamente acerca de mi enamoramiento por Edward, pero ahora Alice también está al tanto de esa información, y las bromas vienen de ambas direcciones. Lo mantienen ligero, especialmente ahora que Archie está involucrado; hay mucho más en juego que Edward y yo y nuestros sentimientos.

—No puedo creer que no lo supiera —grita Alice, mientras Rose llena nuestros vasos.

—Era tan obvio —se burla Rose—. ¿En serio no viste la forma en que ella solía mirarlo? ¡Todo anhelo, absolutamente nauseabunda! Y luego se convertía en un lío lloroso, tartamudo y sonrojado cada vez que él estaba cerca.

—Gracias, Rose —gimo.

—¡No lo noté! —Alice suena molesta consigo misma, su incredulidad es evidente; por lo general, es muy rápida para captar esas cosas.

—Eso fue hace mucho tiempo. Soy diferente ahora —discuto, esperando que abandonen el tema.

—Sí. Sí lo eres. —Rose asiente—. Ahora tienes una oportunidad.

Pongo los ojos en blanco, ignorándola y ocupándome de mi vino. La verdad es que casi duele saber que en ese entonces no pensaban que yo fuera lo suficientemente buena. Y tal vez no lo era; era tímida y torpe, y Edward era el rey de la escuela secundaria y luego del campus universitario. Siempre ha sido tan genial sin esfuerzo y tan devastadoramente hermoso, por supuesto que no tuve ninguna oportunidad con él. Aun así, ¿mis amigas parecen pensar que soy lo suficientemente buena ahora? Ahora que he crecido, y soy menos torpe, y ahora que las prioridades de Edward han cambiado, y ya no está disfrutando del flujo constante de mujeres que lo quieren.

Tengo una oportunidad ahora por... ¿las circunstancias?

Me hace sentir como una mierda. Aunque lo escondo bien. Escondo todo bien hoy en día. Quizás Edward y yo somos más similares de lo que creemos.

A pesar de mi pequeño problema de autoestima, tenemos una noche divertida.

Para cuando llego a casa, el auto de Edward está en su camino de entrada, aunque su casa está a oscuras. Sonrío suavemente mientras subo los escalones del porche, me apresuro a entrar y avivo el fuego, persuadiendo a las moribundas brasas para que me ofrezcan un momento más de calor antes de irme a la cama.

Es fin de semana y sé que Archie estará en casa. Las mariposas entran en erupción en mi pecho, sabiendo que los próximos dos días serán el momento de la semana en que tendré la oportunidad de ver a mis dos vecinos. En estos días, estoy viviendo por el fin de semana y la posibilidad de pasar tiempo con Edward y Archie.

Un suspiro largo y prolongado se escapa de mi nariz, el crepitar del fuego es la única ruptura en el silencio.

No sé lo que estoy haciendo. ¿De qué me sirve mi enamoramiento? Es una sensación extraña, una que nunca antes sentí. Esta necesidad... un impulso extraño de verlos, a los dos.


No creo que Rose se refiriera a las circunstancias, sino a la madurez y confianza que Bella tiene ahora, la capacidad de tener una conversación con él y no tartamudear y sonrojarse y actuar como colegiala. ¿Qué piensan ustedes?