Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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La nieve es más espesa, más pesada, más profunda. Parece caer principalmente durante la noche, ininterrumpida y pacífica mientras la ciudad duerme.

Con el manto de invierno blanco y fresco, llega un frío que se filtra en la casa, lo que hace que la calefacción sea esencial y pide refuerzos al fuego. Mis pantalones cortos de dormir se han actualizado a pantalones de franela y suéteres, aunque mis calcetines mullidos permanecen.

El frío me araña las mejillas cuando abro las puertas del patio. Mi leña se almacena afuera bajo su propio pequeño refugio, y llevo la canasta vacía en mi cadera, necesito llenarla. Sonriendo mientras mis botas crujen a través de la nieve fresca, escucho las voces cercanas y distantes de niños emocionados que sin duda pasan su sábado por la mañana construyendo muñecos de nieve y disfrutando de peleas de bolas de nieve.

Ahí es cuando lo escucho: Archie. Reconocería esa risa en cualquier lugar. Mi sonrisa se ensancha cuando mi atención se centra en la gran cerca que separa mi casa de la de ellos, deseando poder ver a través de ella. Deseando tener la excusa perfecta para construir un muñeco de nieve.

Pisoteando para quitar la nieve de mis pies, coloco la canasta de leña ahora llena en su lugar y soplo en mis manos ahuecadas, abrazando el frío mientras mi piel se adapta al cambio de temperatura.

Es temprano, ni siquiera las ocho.

Una vez que el fuego está crepitando y he terminado mi segunda taza de café, decido que es hora de ir a la tienda. A pesar de llevar aquí solo un par de semanas, parece que he adquirido una rutina que debería integrarse perfectamente en mi nuevo trabajo también: ir de compras los sábados por la mañana.

Estoy limpiando la nieve del parabrisas de mi coche cuando escucho que se abre una puerta. Finjo no escuchar y sigo despejando mi vehículo.

—¡Be-llaaaaa!

Sonrío ampliamente, volviéndome justo cuando un niño pequeño entra en mis piernas. Es más fuerte de lo que parece, y me tropiezo, riendo mientras me tambaleo.

—Hola, Archie. —Me río, haciéndole cosquillas en el cuello.

—¡Vamos por un ábol! —chilla, tratando de escapar de mis dedos cosquilleantes.

—¿Sí? —Estoy feliz por él, prácticamente vibra de emoción.

Él asiente y miro hacia su casa por primera vez, notando a Esme Cullen, la mamá de Edward, de pie en el porche, mirándonos a los dos de cerca. Su rostro es una mezcla de confusión y desdén. La sonrisa desaparece de mi rostro y, de repente, estoy nerviosa. No puedo leerla; no la he visto en años. Es tan hermosa como siempre, no parece tener más de cuarenta.

Sonrío tímidamente, ella me la devuelve, aunque la suya es un poco más tensa, más forzada.

—Debes ayudarnos —exclama Archie, aplaudiendo.

—Yo... Eh... —empiezo, mis ojos se fijan en Edward, que se ha unido a su madre en el porche. Nos está observando, aunque su mirada parpadea hacia su madre de forma intermitente.

¿Qué hago aquí?

—Po favoooooo —agrega Archie, usando su encanto, sonriéndome alegremente. Todavía está pegado a mis piernas, sus pequeñas manos agarrando mis muslos.

Mierda, esto es incómodo. Estoy segura de que Edward quiere pasar el día con su hijo sin interrupciones. Posiblemente con su hijo y su mamá. No puedo acompañarlos exactamente solo porque Archie quiere que lo haga. Aunque yo quiera. Sin embargo, apenas soy parte de su familia.

—Arch, vamos. Estoy seguro de que Bella tiene cosas que hacer hoy —llama Edward.

Ahí está. Confirmación. Mi corazón se hunde un poco porque ni siquiera preguntó, pero supongo que eso me dice todo lo que necesito saber: no estoy invitada.

Intento no tomármelo como algo personal.

—¡Pero, quiero que Bell venga! —grita Archie en respuesta, y mis ojos se agrandan ante su tono. Nunca lo he escuchado tan inflexible, al borde de una rabieta, si su volumen es algo en lo que basarse.

—Oye —hablo en voz baja, recurriendo a mi formación de maestra. Me agacho a su nivel—, está bien. Escucha, ve a divertirte con tu papá y tu abuela, y te prometo que una vez que tu árbol esté terminado, vendré con galletas y chocolate caliente, ¿de acuerdo?

Su barbilla tiembla y me hace sentir vil.

—¿Pometes? —pregunta, sus pequeños ojos llorosos.

—Lo prometo. —Sonrío, tocando su mejilla suavemente—. No puedo esperar a verlo.

—Pero... ayudamos con tu ábol. Tienes que ayudarnos.

—Lo haré. —Asiento con la cabeza—. Llevaré galletas cuando hayas terminado. Así es como te ayudaré.

Frunce el ceño y, por un momento, olvido que Edward y Esme nos están mirando.

—Bien —suspira, todavía no feliz.

—¿Qué galletas te gustan? —inquiero, tratando de animarlo. Funciona.

—Matequia de maní.

—Trato hecho. —Asiento con la cabeza, poniéndome de pie—. Ve a divertirte y te veré más tarde.

Se mete las manos en los bolsillos y resopla. Casi me río al verlo arrastrar los pies hacia atrás, pateando nieve a medida que avanza, hacia su propia casa y su familia.

—¡Hola, Esme, es bueno verte! —me despido, agitando una mano. No espero a que ella responda mientras entro en mi auto. No sé cuál es su problema; siempre fue tan amigable. Sabrá Dios qué le hice a ella y a su hijo.

Me tomo mi tiempo, deambulando por la tienda, abasteciéndome de suministros para galletas y bocadillos navideños en general. Hornear siempre ha sido un pasatiempo mío, más en esta época del año. Al pasar junto a los artículos del hogar, también recojo un vaso de plástico que estoy segura de que a Archie le gustaría. Sonrío ante los dinosaurios festivos impresos en el plástico, esperando que tenga la oportunidad de usarlo.

—¿Bella?

Me doy la vuelta, cerrando el maletero de mi coche mientras lo hago. Entrecerrando los ojos contra el resplandor del sol, contemplo a la persona que está frente a mí; su amplia sonrisa es tan amistosa como la recuerdo; su piel bronceada igual de suave e impecable. Pero ahora es más alto y definitivamente más ancho. Es enorme.

—¿Jacob? —Mis ojos se abren—. Oh, Dios mío, ¿cómo estás? —Sonrío, luego me río cuando me levanta en un fuerte abrazo.

—¡Han pasado años, Bella! ¡Mírate!

—¡Mírate a ti! —Lo observo de arriba abajo, ya que él me hace lo mismo—. ¿Con qué diablos te están alimentando ahí en la reserva? —río.

—Las almas de bestias míticas —bromea—. Escuché que estabas de vuelta en la ciudad, pero me negué a creerlo hasta que te viera con mis propios ojos.

—Sí, me mudé hace un par de semanas.

—¿Y no me buscaste? Estoy herido, Swan.

Pongo los ojos en blanco, luchando contra una sonrisa. En el pasado, Jacob y yo éramos cercanos. Nuestros papás pasaban el rato y, a veces, por defecto, Jacob y yo pasábamos el día en su compañía: pescando y luego comiendo su pesca, quemadas, directamente del fuego; amontonados en la pequeña casa de los Black viendo partidos de fútbol, era agradable, acogedor. Naturalmente, cuando me fui para la universidad, Jacob y yo nos distanciamos y el contacto se detuvo. No hubo resentimientos, ni molestias, simplemente... crecimos y nos separamos. Cosas estándar.

Nos ponemos al día por un rato, parados en el estacionamiento. Estar de regreso en su compañía es fácil, y partimos, después de haber intercambiado números y las promesas de ponernos al día como es debido.

Para cuando llego a casa, el sol de la tarde está bajo pero brillante, envolvente y cegador. Noto la adición de un árbol enorme en la ventana de Edward y las sombras de los cuerpos moviéndose dentro. Están decorando, y me siento nostálgica, casi triste porque me lo estoy perdiendo. Edward está levantando a Archie, quien se estira para colocar la estrella encima del alto abeto. A través de la ventana, nuestras miradas se encuentran. Sonrío —es tímida, nada como soy en realidad— pero estoy pisando con cuidado, insegura. Su rostro es suave, amable, pero no me devuelve la sonrisa mientras me mira.

Es como una escena de una de esas horribles películas navideñas de Hallmark. Ya conoces la escena: cuando el hombre contempla a una familia feliz, rodeada de alegría navideña y se da cuenta de lo que se está perdiendo.

Mis cejas se fruncen en confusión. No sé qué he hecho para molestar tanto a Esme como a Edward, pero está claro que lo hice. Sintiendo como si me entrometiera en su momento, rompo el contacto visual y vacío mi auto, arrastrando el valor de mi tarde de compras y los regalos de Navidad a mi cálido hogar. Bueno, se siente cálido, al menos físicamente.

Luego me sumerjo en las burbujas y el agua abrasadora; suspiro y me recuesto. Las velas aromáticas parpadean con poca luz, es relajante. La voz tranquilizadora de Bing Crosby me dice que tenga una feliz Navidad, y sonrío a mi vino, relajándome en el agua.

Las galletas se están enfriando en la rejilla; la casa está ordenada y reconfortante. Mi cuerpo se relaja, sumergido en el relajante baño, y el vino tinto que estoy bebiendo me calienta aún más. Abajo, sé que las luces parpadeantes de mi árbol se reflejan y bailan en cada superficie mientras el fuego crepita en el fondo. Es una postal perfecta, exactamente como quería que se viera mi primera Navidad en mi primera casa. Sin embargo, no puedo deshacerme de un vacío que perdura en el fondo; un sentimiento extraño de... nostalgia. ¿De qué? No estoy segura, pero si soy completamente honesta conmigo misma, tengo una idea.

No es que importe. No puedo hacer nada al respecto. Tengo la clara impresión de que no soy tan bienvenida como pensaba; que me estoy entrometiendo, alterando el equilibrio.

Supongo que lo hago, en cierto modo. Hace dos semanas, Archie no tenía idea de que yo existía. Y luego entré a sus vidas, invitándolos a decorar mi árbol, queriendo ayudar con el de ellos... Pienso en el viaje en auto desde y hacia la casa de Alice y Jasper; sentada junto a Archie en la mesa de la cena; acurrucada en el sofá de Edward viendo películas navideñas; jugando con oropel y riendo con ellos.

Supongo que es mucho. Repentinamente.

Decido que ya que le hice a Archie sus galletas, se las entregaré. Sin embargo, no me entrometeré. Envuelvo una docena más o menos en papel, las empaqueto en una caja navideña y lleno un termo con chocolate blanco de menta caliente.

Escribiendo una nota, la ato a la caja.

¡Feliz día del árbol de Navidad!

Como prometí, disfruta de las galletas.

Bella.

Toco la puerta suavemente, esperando que solo Edward escuche, y me retiro rápidamente, sin mirar atrás.

—¿Bella?

Su voz me detiene cuando abro la puerta. Me recuesto, mitad dentro, mitad fuera de la casa y sonrío cortésmente. Está de pie en su porche, caja de galletas y frasco de chocolate en la mano.

—Puedes tocar el timbre, ¿sabes? —sugiere, levantando una ceja—. Funciona.

—No, yo... lo sé. Simplemente no quería entrometerme, y le prometí a Archie galletas... antes. Así que... sí. Que las disfruten.

Qué elocuente, Bella.

—¿Estás bien? —pregunta, luciendo preocupado.

Asiento con la cabeza. Temblando de frío.

—¿Quieres entrar? ¿Ayudarnos con esto? —Levanta las galletas y el frasco.

—No, está bien. —Realmente, realmente quiero hacerlo. Pero no puedo. Tanto Edward como su madre me han hecho dudar hoy, y necesito dar un paso atrás. Autoconservación, supongo—. Ten un buen fin de semana.

No me quedo ahí ni espero a que me responda. No pienso en Archie y su cara cuando se dé cuenta de que he sido una cobarde, entregando las galletas y huyendo.

En cambio, me arrojo en el sofá y sirvo más vino en mi copa. La televisión está encendida, algún espectáculo navideño de mal gusto resuena por toda la habitación.

Cuando suena mi teléfono, contesto sin mirar para ver quién llama.

—¿Hola?

Hola —responde Rose, sonando tan indiferente como de costumbre—. Entonces, cena en nuestra casa mañana. Bueno, cena temprana... almuerzo.

—Bien. —Me río—. ¿Necesitas que lleve algo?

En realidad sí. A Edward y Archie. El chico se está alejando de nuevo, insistiendo en que no los necesitamos allí, sea lo que sea que eso signifique.

—Sí... —respiro entre dientes—, no creo que sea la mejor persona para convencerlo.

Por supuesto que lo eres. Lo lograste la última vez.

—Sí, bueno... las cosas cambiaron.

Oh, no. —Ella suspira—. ¿Qué pasó?

—¿Qué? Oh, nada... Solo tengo un presentimiento.

Ella permanece en silencio por unos segundos, y espero pacientemente, mis ojos mirando las llamas del fuego.

¿Qué presentimiento? —pregunta finalmente.

Me muerdo el labio, sin saber cómo responder. ¿Qué presentimiento? No . Estoy siendo patética.

—Supongo, yo solo… estaba hablando con Archie esta mañana, él quería que lo ayudara a decorar su árbol porque ellos ayudaron con el mío, pero fue incómodo. Esme estaba allí, Edward no dijo nada, y yo... Yo solo...

¿Esme estaba ahí? —cuestiona.

—Sí. —Mi voz es débil, derrotada.

Eso lo explica —susurra, casi para sí misma.

—¿Eh?

La buena señora Cullen. —Casi puedo oírla poner los ojos en blanco—. La mujer piensa que los está protegiendo, como si fuera la mejor mamá oso de la ciudad, pero en realidad... los está jodiendo.

—No te estoy entendiendo.

Nos lo ha hecho a Alice y a mí también. Toda calculadora y fría cuando interactuamos con Archie y Edward. Lo juro, está a un paso de gruñir cada vez que una mujer mira a sus muchachos. Pero Edward le debe tanto a sus padres, y no ve muy bien cómo su madre lo manipula, manteniéndolo alejado de sus amigos, posibles relaciones... es triste. Es triste tanto para él como para Archie —suspira—. Por lo general, Edward no interactúa mucho con sus padres. Deja a Archie con ellos los lunes por la mañana y lo recoge tarde el viernes por la noche. Pero cada maldita vez que ella pasa un día con ellos, él se retrae y se aleja de nosotros. Es muy frustrante.

—Tal vez ella es simplemente... superprotectora —sugiero.

Oh, sí, es así. Pero también los está obstaculizando a ambos. Es trágico, pero ¿qué podemos hacer, sabes? Edward necesita que ella cuide de Archie durante la semana. Así que se resigna a mantenerla feliz y apaciguada. Siendo justos, no creo que él se dé cuenta de lo que ella está haciendo, simplemente...

—Sí, lo entiendo. —Tomo un sorbo de vino para distraerme de la conversación.

Solo... no dejes que se interponga entre lo que podrían tener, Bella, ¿por favor?

—No creo que tengamos nada.

Mierda —se burla—, todos lo hemos visto. Todos lo sentimos.

—No empieces —gimo.

Ella ríe.

No te detengas—advierte en broma—. No dejes que Esme Cullen vuelva a joder a su hijo. No es justo. Sé la mejor mujer, Bella.

—Lo intentaré —ofrezco, es lo mejor que puedo hacer. Sin embargo, no quiero invadir el territorio de nadie. No quiero crear ninguna animosidad. Me aterroriza.

Está bien, bien —chirría—. Mañana a las dos de la tarde; trae a los chicos. —Y luego cuelga. Miro mi teléfono con incredulidad. Tiene demasiada fe en mí y en mis habilidades.

Termino la botella de vino, algo que no tenía la intención de hacer pero... lo que sea. Sin duda mi cabeza me recordará mi indiscreción en la mañana.


¿Qué opinan de Esme Cullen y su actitud sobreprotectora con Edward y Archie?