Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Gimo contra la luz aguda de la mañana, volviendo mi rostro hacia mi almohada. Quiero desaparecer. Quiero café. No puedo decidir qué es más importante, pero estoy despierta, no importa cuánto trate de ignorar la luz brillante que me regaña a través de la ventana de mi habitación. En algún momento durante la noche, me quité el edredón y el aire está frío, muy frío. Me quedo en ese limbo entre el sueño y la vigilia, pensando en formas de prepararme un café sin levantarme de la cama. Es inútil; no importa cuánto lo manifieste, mi café no se hará solo.

Para cuando me arrastro a la cocina, me siento miserable. Mi cerebro golpea contra mi cráneo y no puedo encontrar nada que pueda ayudar. Descanso mis codos en el mostrador, entierro mi cabeza en mis manos, agarrando mi cabello, deseando que el café se prepare más rápido.

Maldito vino.

Cuando suena el timbre, no se registra durante mucho tiempo; en lo único que puedo concentrarme es en la forma en que el ruido estridente agrava mi dolor. Estoy pensando en cien formas de matar a esa maldita cosa cuando finalmente abro la puerta.

Los ojos de Edward se agrandan y da un paso atrás.

—Um, ¿es un mal momento? —pregunta, luciendo preocupado.

Niego con la cabeza pero no hablo. No puedo, y no porque se vea tan hermoso sin esfuerzo que casi lo odio; no, es porque todavía no he hablado esta mañana y mi garganta se siente como papel de lija. Creo que dormí con la boca abierta.

Sostiene mi termo hacia mí, sonriendo tímidamente.

—Quería devolver esto. Gracias, por cierto... los amamos.

—Gracias —gruño—, me alegro.

Esta es mi oportunidad de hacer lo que Rose me dijo, ¿no es así? Sin embargo, no sé exactamente qué implica eso: cómo invitarlos a cenar.

Ah, al diablo con eso.

—Rose dijo que el almuerzo es a las dos.

Pasa una mano por su cabello, suspirando suavemente.

—Sí, um... no vamos.

Asiento, mirándolo de cerca, y luego me encojo de hombros.

Entonces me doy cuenta, mientras él está allí, luciendo incómodo, de que Edward y su actitud cálida y fría, me molestan. Probablemente no debería; no debería permitirlo. No debería importarme. Pero lo hago. No debería tomármelo tan personalmente, pero lo hago.

Es el tipo que besa mi mejilla con ternura y me ayuda a decorar mi árbol; el tipo que me trae la cena para agradecerme por cuidar a su hijo con tan poca antelación; el tipo que confía en mí para cuidar a su hijo cuando está en apuros, cuando no hay una alternativa rápida. Pero también es el tipo que constantemente me hace sentir mal, como si me entrometiera cuando hablo y me río con su hijo; el tipo que atrae mi mirada a través de la ventana y ni siquiera sonríe; el tipo que me hace sentir como si no pudiera tocar el timbre de su puerta y darle a su hijo las malditas galletas que le prometí.

Podría estar aterrorizado, nervioso, de que lastime a Archie, pero no puede estar tan a la defensiva todo el tiempo porque no solo me hace sentir como una mierda; tampoco es forma de vivir. No es justo para nadie involucrado, especialmente para su hijo, porque maldita sea, le agrado al chico. Y no voy a distanciarme y hacer que Archie piense que no me agrada solo para proteger a Edward del daño que nunca pretendo infligir.

—Bien. —Me encojo de hombros, luchando contra mi ira y mi resaca. Estoy de mal humor y no estoy de humor para hablar dulcemente o convencer a nadie de que haga algo—. Gracias por traer esto de vuelta.

Doy un paso atrás, con la intención de cerrar la puerta cuando Edward habla.

—Bella, ¿te… te he molestado?

Lo miro con frialdad, sin saber qué decir, cómo empezar, por dónde empezar.

—¿Qué te da esa impresión? —inquiero, mi voz tranquila, aunque mi corazón late con fuerza.

Sacude la cabeza, se mete las manos en los bolsillos y frunce los labios. Se encoge de hombros. Lo espero.

—¿Pareces… enojada?

Alzo las cejas, todavía sin saber qué decir. Quiero gritarle, sacudirlo y soltar mis entrañas, pero eso sería inapropiado. Tomo el camino del cobarde, casi esperando que me presione a contarle más. Quiero reír; quiero que él me haga ser honesta, pero también quiero que él sea honesto. Me estoy confundiendo.

—No importa —replico—, lo superaré. —Lo haré, supongo. Siempre lo hago.

Su rostro se suaviza; parece casi... cabizbajo.

—Si hice algo. Lo... lo siento. Por lo que sea.

Desorientado. Jodidamente despistado.

—No te preocupes por eso. —Él no hace ningún movimiento para irse, ni yo tampoco. Estamos en silencio; está pensando profundamente en algo. Bien. Ahora sabe cómo me siento, sin entender lo que se dice, lo que no se dice y lo que se implica. Sin saber dónde se encuentra o si lo quieren, únete al club; es solitario y confuso.

—¿Se trata de... el árbol? —pregunta, frunciendo el ceño, aunque no me mira. Sus ojos permanecen en el suelo a mis pies, su expresión confusa—. No pensé que querrías ayudar. Pensé que Archie te estaba molestando, y no quiero que te sientas obligada a pasar tiempo con él. Con nosotros. Yo solo... no nos debes nada y te estaba dando una salida...

—Eso no fue una salida —interrumpo. Sus ojos se encuentran con los míos, tan verdes y tentadores—, no me diste nada. —Suspiro, frunciendo los labios—. Mira, lo entiendo. Eres protector con él, y tu mamá es protectora con los dos, con razón, pero nunca me había sentido tan... desgarrada antes. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Se suponía que debía interpretar tus miradas en blanco y tu silencio? Ambos me hicieron sentir como si estuviera haciendo algo mal. —Abre la boca para hablar, pero lo interrumpo de nuevo—. Déjame decirte esto, ¿por favor? —Asiente con tristeza, dejando caer la cabeza—. Estoy loca por Archie. Es increíble, y me encanta pasar tiempo con él. Con… ambos. No hay motivo ulterior; créeme. Sí, he tenido un enamoramiento por ti desde siempre... —Sus ojos se levantan para encontrarse con los míos, y parece genuinamente sorprendido. Casi pongo los ojos en blanco, pero estoy en medio de una tangente, y tengo la intención de decirle lo que pienso antes de perder los nervios—. Pero daré un paso atrás porque ¿esta actitud fría y caliente que tienes? Es agotadora, y si tú y tu mamá no aprecian mi presencia, lo respetaré.

—¿Mi mamá? —pregunta con el ceño fruncido—. No entiendo.

—Está bien. —Me encojo de hombros—. No esperaba que te dieras cuenta. Realmente no espero que lo entiendas. ¿Por qué lo harías? Son solo mis sentimientos, y los de todos los demás son igualmente válidos, solo... me estoy desahogando, lo siento. No te preocupes por eso.

Dios, soy un desastre.

—Por supuesto que me voy a preocupar por eso —me dice con la voz tensa—. No me di cuenta... yo... Joder. Soy un idiota.

—No lo eres. —Me río entre dientes—. Tu vida es frenética. Lo entiendo. Yo solo... preguntaste, ¿sabes? —Pongo los ojos en blanco, abrazando mi sudadera con capucha más cerca de mi cuerpo porque ¿realmente me preguntó? No creo que lo hiciera. No he hecho más que desahogar mi frustración, terriblemente—. Ah, mierda. Esto no nos lleva a ninguna parte. Lo he empeorado. Está bien... voy a... volver adentro y... golpearme la cabeza con algo duro... esto es incómodo.

Él se ríe, y yo también. No puedo evitarlo. Pero el breve momento de humor pasa, y luego se ve triste de nuevo.

—Lo siento tanto, Bella, yo... —Se pasa la mano por el cabello de nuevo, haciéndolo aún más salvaje. Es una distracción—. No sé qué decir. No me di cuenta de que lo tomaste de esa manera... No quise decirlo de esa manera. Lo prometo, pero... sí, puedo ver por qué lo hiciste. Mierda, probablemente pienses que soy un idiota. Supongo que tendrías razón en pensar eso porque lo soy, claramente. Fue solo... no fue la intención de esa manera. Lo juro. No sabía qué hacer, cómo actuar, así que simplemente... no lo hice. No hice nada, y eso es peor.

—¿Edward?

—¿Sí? —suspira, tirando de la parte delantera de su cabello y mirándome por debajo de sus pestañas, su rostro tan dolido y en conflicto.

—Está bien —le aseguro.

—Sí, definitivamente no lo está.

Mordiéndome el labio, mirándolo a él y su lucha interna, casi me siento mal. No quiero crear ninguna animosidad entre nosotros, pero tenía que sacar eso de mi pecho también. No creo que nos conozcamos lo suficiente, que nos conozcamos lo suficientemente bien como para crear un delicado equilibrio en nuestra dinámica, pero he dicho lo que quería decir, y tal vez he complicado las cosas, pero tal vez también le hice darse cuenta de que sus acciones y reacciones también tienen consecuencias.

Solo el tiempo lo dirá.

Aun así, me siento más ligera cuando cierro la puerta; libre de una densa nube que se cierne sobre mí desde ayer por la mañana. Este sentimiento, júbilo, se traslada a la tarde, y paso más tiempo del que normalmente pasaría preparándome para ir a casa de Rose y Emmett.

Una vez que he subido la cremallera de mis botas de cuero marrón hasta la rodilla, me dirijo a la cocina para tomar el postre que hice. Emmett es un fanático del pudín de caramelo, algo que aprendí a hacer cuando pasé un año estudiando y trabajando en Inglaterra. Es Navidad, y mi objetivo es complacer, así que rápidamente agarro la salsa de caramelo que hice para complementarlo, orgullosa de mí misma por ser tan organizada.

Mientras abro la puerta, haciendo malabarismos con el postre y mi bolso, me enfrento a una vista que me calienta el corazón.

Archie está parado en mi porche, demasiado lindo con sus vaqueros oscuros, sus Converse rojas y su suéter gris de punto trenzado. Su cabello está perfectamente desordenado, al igual que el de su padre, y sus ojos azules brillan mientras sostiene una flor de pascua en su manita.

—¿Qué es esto? —le pregunto, sonriéndole.

—Una for para una chica linda —responde, frotando su mejilla contra su hombro, adorablemente tímido.

—Es hermosa. Gracias. —Sonrío, agachándome para recibirla mientras cambio la comida en mis brazos para acomodar la flor—. ¿Quieres ayudarme a ponerla en agua? —le pregunto.

Él asiente con una amplia sonrisa y me sigue adentro. Mantengo la puerta abierta, dejando que el aire frío penetre en mi casa. No importa; para cuando llegue a casa, debería estar caliente de nuevo.

Con cuidado, coloco mi bolso y el pudín en la encimera y alcanzo la alacena donde estoy segura de que tengo un jarrón. Levanto a Archie para que pueda verter un poco de agua en el pequeño frasco de vidrio y dejo que coloque la flor en él. Es tan cuidadoso, como si tuviera miedo de romperlo, pero se ríe y aprecia su trabajo cuando lo coloco delicadamente sobre la chimenea.

—¿Bien? —pregunto.

—Síp. —Él sonríe, aplaudiendo una vez.

Extiende sus manos, ofreciéndose a llevar algo para mí, y le doy la jarra de salsa de caramelo, suplicándole que tenga cuidado. Me río mientras toma mis palabras demasiado literal y camina de puntillas hacia la puerta, observando cada paso que da, su lengua asomándose en concentración, y no se atreve a apartar los ojos de su preciosa carga.

—¡Vamos, amigo, deja de coquetear! —llama Edward mientras se abre camino hacia nosotros. Lo callo y señalo a Archie mientras da pasos lentos y vacilantes en nuestra dirección. Edward frunce los labios para evitar reírse, pero ambos miramos a su hijo, cautivados y en adoración.

Finalmente, Edward se rinde, admite la derrota y levanta a Archie. Probablemente vamos a llegar tarde, pero ¿a quién le importa? Archie abraza la salsa contra su cuerpo como si fuera el artefacto más precioso del mundo y pudiera romperse en cualquier momento.

Asintiendo con la cabeza hacia su coche, sigo a Edward sin una palabra y me siento en el asiento del pasajero.

—¿Estás bien ahí, amigo? —le pregunto a Archie, mirando por encima del hombro hacia el muchacho mientras Edward lo sujeta a su asiento. Él asiente, sonriendo a la salsa en su regazo.

Cuando Edward se une a mí en la parte delantera del auto, me mira y sonríe. Mi corazón se salta un latido.

—Cambiaste de opinión —murmuro, sonriéndole con aire de suficiencia.

—Lo hice. —Él asiente, dando marcha atrás en su camino de entrada—. Sucede de vez en cuando. —Mantiene sus ojos en el camino por delante, pero su sonrisa suave permanece, sus ojos brillan en el resplandor de la nieve que aún reside en las calles.

—Rose estará encantada. —Sonrío, apartando mi rostro de él, mirando por el parabrisas en lugar de distraerme con las líneas angulosas de su perfil.

—Rose, ¿eh? —bromea. Me muerdo el labio, asintiendo con la cabeza, sabiendo que me está mirando. Creo que me estoy sonrojando.

—Deja de ser tan arrogante —mascullo después de un segundo, luchando contra mi propia sonrisa—. Es la compañía de Archie lo que quería. —Se ríe y mi sonrisa se ensancha; echa la cabeza hacia atrás y se ríe de verdad. Es glorioso.

—¿Yo? —pregunta Archie emocionado, su voz casi un chillido.

—Sí, tú. —Me río entre dientes, moviendo mi mano hacia atrás y haciéndole cosquillas en las piernas. Su risa hace que mi cara casi se parta en dos mientras agita sus piernas felizmente, tratando, pero no realmente tratando, de alejarse de mí.

Rose intenta, pero falla miserablemente, de ocultar su sorpresa cuando los tres llamamos y entramos en su casa.

—¿Cómo? —susurra en mi oído mientras pongo el postre en el enorme refrigerador de Emmett.

—Tienes tan poca fe. —Sonrío, tomando la copa de vino que me ofrece.

—Realmente, realmente la tenía. —Se encoge de hombros—. No me llenaste de mucha esperanza anoche cuando hablamos.

Nuestra atención se dirige rápidamente a los chillidos emocionados de Archie cuando Emmett lo hace girar, apenas evitando su enorme árbol de Navidad. Edward ya se ve agotado y preocupado. Me acerco a él lentamente y coloco mi mano suavemente en su espalda; estaba destinada a tranquilizarlo, pero cuando sus ojos se mueven y se encuentran con los míos, la intensidad de su mirada casi hace que mis rodillas se doblen, y dejo caer mi mano, aclarando mi garganta mientras tomo un trago de vino.

Me mira en silencio, el tiempo suficiente para que Rose se dé cuenta y me dé una sonrisa de complicidad. Pongo los ojos en blanco pero no discuto. Realmente no quiero.

Para cuando la mesa está puesta y una Rose de aspecto agotado nos lleva a nuestros asientos, tres adornos navideños han sido rotos por las bulliciosas payasadas de Archie y Emmett.

—Relájate —le susurro al oído a Edward mientras toma asiento. Me mira con incredulidad pero sonríe con timidez. Realmente está tratando de no asustarse, y eso me rompe el corazón.

—Yo me siento aquí —chilla Archie, tratando de empujar a su padre del asiento a mi lado. Trato de no reírme, pero Edward realmente ha perfeccionado la "mirada de papá", y Archie retrocede de inmediato, luciendo suficientemente reprendido.

—Oye, Archie —Jasper finge susurrar—, me moveré y puedes sentarte en este asiento junto a Bella.

Archie sonríe y corre hacia Jasper, trepando al asiento a mi izquierda. Edward abre la boca para hablar, pero le doy un codazo en el hombro juguetonamente y digo que está bien.

Durante la siguiente hora, nos reímos y nos burlamos el uno del otro, y se siente nostálgico, como en los viejos tiempos, excepto que ahora somos adultos y estamos solos en el gran mundo. Ayudo a Archie a cortar su comida, asintiendo con la cabeza ante el silencioso agradecimiento que Edward susurra por encima de mi hombro y disfrutando la forma en que su respiración en mi nuca hace que mi columna se estremezca. Emmett se traga de la mayor parte del postre que traje, accediendo a regañadientes a compartir después de una oportuna mirada de Rose. Hacemos planes para el día de Navidad y hago todo lo posible por ocultar mi decepción cuando Edward le dice a Rose que él y Archie pasarán la Navidad con sus padres. Quiero ver la carita de Archie en la mañana de Navidad, y la cara arrugada, exhausta y desaliñada de Edward… pero trato de no leer demasiado en eso.

A las diez de la noche, Archie se ha desmayado, boca abajo en la gran alfombra de felpa de la sala de estar, y le pregunto a Edward si quiere irse.

—No necesitas irte con nosotros. Puedes quedarte y divertirte —me dice, inclinándose hacia mí. Sonrío, mirándolo desde mi lugar en el sofá.

—Estoy lista para irme —le aseguro—. Él también. —Me río, señalando a Archie.

—Él hace eso. —Edward se ríe—. De cero a cien millas por hora en dos segundos. Y cien millas por hora a cero en el mismo período de tiempo.

—Es adorable. —Estoy mirando a Archie, dormitando, en todo su lindo esplendor, pero levanto la mirada cuando siento el peso de la mirada de Edward—. ¿Qué? —pregunto, ocupándome con lo último de mi vino, esperando que aguante mi sonrojo.

—Nada —afirma con indiferencia, pero sus ojos no se apartan de los míos; son brillantes, el reflejo del fuego brilla intensamente dentro de ellos. No sé por qué, no sé cómo, pero mi cuerpo se mueve instintivamente hacia él; el suyo se inclina hacia el mío. Y luego estamos cara a cara, nuestras respiraciones se mezclan, nuestras narices casi se tocan. La habitación es cálida, el ambiente pesado; en la cocina, puedo escuchar a Rose y Alice charlando animadamente mientras Emmett intenta defenderse verbalmente contra... algo, pero todo es un ruido de fondo silenciado.

—¿Bella? —pregunta Edward, su voz baja y ronca, su aliento rozando mi cara.

—¿Mmm? —No puedo verbalizar nada en este momento.

—Deberíamos irnos.

Gimo cuando él se echa hacia atrás, poniéndose de pie en toda su estatura, luciendo casi arrepentido. No sé lo que hice o no hice. Lucho contra el dolor, diciéndome a mí misma que estoy leyendo demasiado sobre su cortés rechazo.

Conducimos a casa en silencio mientras mi mente recrea nuestro casi beso. Fue casi un beso, ¿no? Y pienso demasiado en todo. Archie no se mueve, su cabeza inclinada hacia un lado mientras duerme profundamente. Unas cuantas veces, me arriesgo a mirar en dirección a Edward, sus rasgos afilados resaltados por las farolas que pasan, un brillo cálido se mueve a través de su rostro molesto y perfecto mientras mantiene sus ojos en la carretera.

—¿Puedes entrar un segundo? —pregunta Edward cuando estaciona el auto en el camino de entrada.

Frunzo el ceño, tratando de averiguar qué podría necesitar o qué querría decirme. Oh, no. Automáticamente, mi mente adopta de forma predeterminada el peor de los casos. Me decepcionará suavemente cuando no haya nadie más cerca para presenciar mi mortificación. Supongo que es casi... encantador de su parte. Muy caballeroso. A pesar de mi aprensión, asiento con la cabeza y salgo del coche, siguiéndolo al interior.

—Solo tardaré un par de minutos —me dice, llevando a Archie aún dormido hacia las escaleras—, siéntete como en casa.

Casi me burlo. Sí, claro.

Camino por la cocina en la oscuridad porque, aparentemente, lo hago ahora. Mi corazón está martilleando en mi pecho, y no puedo evitar preguntarme por qué me estoy sometiendo a esto. Debería correr. Definitivamente debería huir antes de que pueda decepcionarme, lamentablemente.

Justo cuando estoy escaneando la habitación, buscando la salida más visible, Edward entra y enciende la luz.

A medida que mis ojos se adaptan, juro que se puede oír caer un alfiler. Los ojos verdes se encuentran con los marrones del otro lado de la habitación. Apoyo la espalda contra la encimera y respiro hondo.

—Está bien, golpéame con eso. Solo... sácalo.

Inclina la cabeza y frunce los labios, completamente confundido.

—¿Eh?

—La razón por la que me invitaste a entrar. —Agito mi mano, golpeándola contra el mostrador—. Soy una chica grande. Prometo que no lloraré.

—Bella... no tengo idea de lo que estás hablando. —Lentamente, atraviesa la habitación y se para frente a mí. Está cerca, tan cerca. Mis ojos se posan al nivel de su amplio pecho, pero no puedo mirarlo mientras muerdo el interior de mi mejilla.

—Me invitaste aquí para… —gimo, negando con la cabeza, tratando de aclararla—. Joder. ¡Me conviertes en una… chica! Odio esto.

—Todavía estoy perdido —afirma con calma, aunque hay un toque de burla en su voz.

Poniendo los ojos en blanco, finalmente lo miro, inclinándome un poco hacia atrás para encontrarme con sus ojos.

—Eres un provocador. —Él se burla y niega con la cabeza, de repente luciendo avergonzado—. Estás a punto de darme excusas de por qué no me besaste allí, y no hay absolutamente ninguna razón por la que debas estar tan cerca si ese es el caso.

—Ese... definitivamente ese no es el caso.

—¿Eh? —Ahora soy la que está confundida.

Suspira y se muerde el labio, es exasperantemente atractivo.

—Bella, ¿de verdad crees que la primera vez que te bese, querría que fuera en la sala de Rose y Emmett? Cuando tengo un ojo en mi hijo, asegurándome de que no inhale uno de los bloques de construcción que está usando como almohada, y mis oídos en la cocina, preguntándome cuándo nos van a interrumpir.

—Yo… ¿qué? —Mi corazón late con más fuerza y, de repente, puedo sentir el calor que irradia de su cuerpo.

Soy brevemente consciente de que sus brazos se mueven, encerrándome. Sus manos descansan junto a las mías en la encimera, su fuerte cuerpo apoyado en el mío. No puedo apartar la mirada de él mientras me mira. Está esperando, aunque no tengo ni idea de para qué.

Realmente, realmente quiero actuar bien, pero no hay forma. Está tan cerca, tan alto, tan malditamente hermoso, y me mira como si quisiera comerme. Es bienvenido, en sentido figurado. Dios, le dejaría hacer cualquier cosa cuando me mira como lo está haciendo ahora.

Mi respiración se entrecorta cuando baja la cabeza, deteniéndose justo frente a mí, nuestros labios tan cerca, toques fantasmales.

—Me tomó todas mis fuerzas no besarte en esa habitación, rodeados de todos. —Su voz es baja, apenas un susurro. Espero que no esté esperando alguna forma de reacción verbal porque no tengo nada. No puedo pensar con claridad en este momento.

En cambio, respiro profundamente y dejo que mis acciones hablen en mi nombre, moviendo mi cabeza hacia adelante para que nuestros labios finalmente hagan contacto. Respira hondo por la nariz mientras nuestros labios se tocan, rodeando con un brazo mi cintura y acercándome. Me muevo de buena gana, mis manos encuentran su camino alrededor de su cuello mientras nuestros cuerpos se encuentran y nuestro beso se profundiza. Sus labios son suaves, gentiles, pero exigentes, contra los míos. Es la mezcla perfecta de vacilación y hambre.

Puedo escuchar mi pulso en mis oídos. Nuestros corazones palpitan al ritmo. Respiramos con dificultad, nuestros labios se juntan, sin cesar nunca, ni por un segundo. Cuando siento su lengua contra mi labio inferior, no me detengo, dándole acceso completo y desenfrenado al resto de mi boca. Empujo mi cuerpo más cerca del suyo, pero no puedo acercarme lo suficiente. Su brazo me sostiene firmemente contra él; mis manos agarran sus hombros y el suave cabello en su nuca. Cuando gime en mi boca, quiero treparlo como un árbol, despojándolo de su ropa en el camino.

Cada parte de él asalta todos mis sentidos: sus labios, tan cálidos y suaves contra los míos; su pecho, tan firme y fuerte, al mismo nivel que el mío; los ruidos que se nos escapan a los dos llenan el silencio de la casa; y sus brazos me abrazan con fuerza. Es todo.

Gimo cuando él rompe el beso, inclinándose, deseando más. Él obedece una vez, un pequeño y casto beso contra mis labios hinchados, y se aparta un poco más para mirarme.

—Nunca hubiéramos podido hacer eso en una casa llena de gente. —Sonríe, moviendo su mano para meter un mechón de cabello detrás de mi oreja.

—No, probablemente no. —Me río entre dientes, mordiéndome el labio—. Eso valió la preocupación.

—¿Estabas preocupada? —Echa la cabeza un poco hacia atrás, mirándome como si estuviera loca.

—Bueno, sí —replico inexpresiva—. ¡Te lo dije! Me haces sentir como una chica estúpida, toda insegura y esa mierda... —me interrumpo cuando él comienza a reír, mirándolo como advertencia, lo que solo lo hace reír más—. ¡No es gracioso! —me quejo, pero no puedo evitar reírme con él.

—Es un poco gracioso. —Sonríe—. Mujer hermosa y tonta. He querido besarte por tanto tiempo.

—Bueno, podrías haberme dado una pista y, ya sabes, besarme —bromeo—, para sacarme de mi miseria, en todo caso.

—De ahora en adelante… —se inclina para susurrarme al oído, su aliento tan cálido y acogedor que me hace temblar—… te besaré cuando quieras. Por favor, no dudes de cuánto te deseo.

—¿Me deseas? ¿Como… todo de mí? —pregunto, levantando una ceja y mordiéndome el labio mientras lo contemplo. Gime, niega con la cabeza y sonríe. Tómame.

—Por favor, no me mires así, Bella. Ha pasado mucho tiempo desde que… —se calla, mirando por encima de mi hombro.

Lentamente, levanto mi mano y la coloco en su pecho. Vuelve a mirarme, sus ojos arden en su intensidad.

—Lo entiendo. —Sonrío, empujando hacia arriba los dedos de mis pies para besar la parte inferior de su mandíbula ligeramente. No necesita explicar dolorosamente cuánto tiempo ha pasado desde que estuvo con una mujer. Entiendo que entre el trabajo y Archie, no tiene exactamente mucho tiempo libre—. Pero, por si sirve de algo, sigue besándome así y no será mucho más.

Gime de nuevo y se inclina para besarme una vez más. Por un momento, nos perdemos el uno en el otro, nuestros labios ahora se conocen bien y verdaderamente.

Cuando nos detenemos a respirar, deja caer la cabeza y apoya su frente contra la mía.

—¿Puedo invitarte a salir esta semana?

—¿En una cita? —inquiero esperanzada.

—En una cita —confirma, besando la delicada carne debajo de mi oreja. Gimo, dejando que mi cabeza caiga hacia atrás para darle más acceso.

—Sí —respondo sin aliento—. Pero trabajas toda la semana.

—Convenceré a alguien para conseguir un par de horas libres.

—Bien —gimo mientras sus labios, lengua y dientes recorren mi cuello.

Finalmente, me desenredo de su cuerpo, aunque es una tarea dura, y me dirijo a mi casa. No puedo evitar sonreír a mi teléfono, que ahora tiene su número.

Estoy nada menos que vergonzosamente eufórica mientras me preparo para ir a la cama, cayendo en un sueño profundo y tranquilo con una sonrisa en mi rostro, anticipándome a nuestra cita.


¡Y ya tuvieron su primer beso! Por un momento yo también creí que Edward le iba a dar alguna excusa de por qué no podían estar juntos, pero me alegré de leer que no fue así. ¿Qué opinan de ese primer beso?