Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Cuando mi teléfono me alerta sobre un mensaje de texto entrante el martes por la tarde, casi me caigo de bruces tratando de llegar a él. No estoy tan desesperada. Lo juro. Pero ha sido difícil pensar en otra cosa que no sea ese beso desde que sucedió.

¿Estas libre esta noche? E

Sonrío ampliamente, mi corazón acelerado mientras leo sus palabras. Actúa con calma, Bella.

No. Estoy realmente ocupada... haciendo cosas... ocupadas. B

Presiono responder antes de que pueda dejar que mi chica desesperada interior se abra paso. Su respuesta no tarda mucho en iluminar mi pantalla.

Bueno. Supongo que saldré a comer un bistec solo. E

¿Dijiste bistec? Mi cosa ocupada acaba de cancelarse. B

Eso es conveniente. ¿Te recojo a las 7? E

¡Suena genial! B

Tocaré tu timbre. E

Suena sucio. Estoy dentro. B

No... ese es mi plan. E

Oh, touché, Edward. Gimo, tratando de ahogar el grito caliente que amenaza con liberarse. Ha pasado mucho tiempo desde... bueno, desde que participé en algo remotamente sexual con otra persona. Hasta este momento, he estado tan ocupada con la mudanza y la preparación para la Navidad que no he pensado mucho en mis… necesidades. Pero ahora que he probado a Edward Cullen, ha sido difícil pensar en otra cosa.

Paso demasiado tiempo preparándome para nuestra cita, pero una chica tiene que pasar el tiempo de alguna manera, y un baño extra largo, un mimo completo y una sesión prolongada de peinado parecían ser la oportunidad perfecta para pasar ese tiempo.

A las siete suena el timbre de la puerta y no pierdo tiempo en abrirla de par en par; una amplia sonrisa aparece en mi rostro tan pronto como estoy frente a Edward. Me tomo mi tiempo, realmente aprecio cada aspecto de él mientras me hago a un lado y lo dejo entrar a mi casa. Está recién duchado y huele deliciosamente limpio; su cabello todavía está un poco húmedo, pareciendo más oscuro; sus ojos son brillantes. Es devastador. Me contengo, apenas, luchando contra el impulso de agarrarlo por el cuello de su grueso suéter gris y besarlo.

—Te ves hermosa —susurra en mi oído, presionando un beso burlón en mi mejilla acalorada y señalando mis vaqueros ajustados y mi suéter tejido de ochos que cae sobre mis hombros.

—Tú también —gimo, inclinándome en su delicado beso. Se ríe, su mano rozando mi cintura cuando pasa a mi lado. De repente, el bistec no tiene mucho atractivo, pero desnudarse definitivamente sí. Sus piernas, envueltas en vaqueros oscuros, me ofrecen un indicio burlón de lo fuertes y largos que son sus muslos, y su grueso suéter abraza su fuerte torso en todos los lugares correctos.

—¿Estás listo para irnos? —pregunta, levantando una ceja. Pongo los ojos en blanco ante su sonrisa, jugando con el hecho de que me ha pillado comiéndomelo con los ojos. Tarareo, deslizando mis pies en mis botines y agarrando mi bolso y mi abrigo del sofá.

—Yo conduzco —le digo mientras cierro la puerta.

—No lo harás.

—Lo hago —sentencio, girándome hacia él en el porche, cruzando los brazos. Sacude la cabeza, discutiendo en silencio. No decimos nada más, pero antes de que pueda parpadear, él está de pie junto a su coche y yo me apoyo en el mío.

—Ven aquí, Bella.

Niego con la cabeza con petulancia, frunciendo los labios. Intento no reírme cuando sus ojos se entrecierran, pero es tan malditamente hermoso, incluso cuando está molesto.

—No nos hagas llevar autos separados —bromeo—, eso sería realmente lamentable.

—Entonces ven aquí —resopla.

—Siempre conduces tú —discuto, alzando la voz un poco para que pueda oírme—, y te ves exhausto, sin ofender.

—Esto es ridículo —suspira, pasando una mano por su cabello.

—¿Verdad? ¡Así que ven aquí!

—No, yo te estoy invitando a salir, por lo que yo conduzco. Esas son las reglas.

—¿Según quién? —No puedo evitar reírme.

Lo escucho gruñir, pero se dirige a mi auto a regañadientes, arrastrando los pies todo el tiempo.

»Gracias —le susurro una vez que está en el auto. Inclinándome, le doy un casto beso en la mejilla. Está tratando de estar enojado, puedo notarlo. No me mira cuando lo beso, y aprieta la mandíbula, pero se inclina hacia mi toque, lo que me dice que no está realmente molesto—. Pero sí te ves exhausto —le digo suavemente porque lo hace. Seguro, es dolorosamente hermoso, pero está cansado. Lo puedo ver en los círculos más oscuros debajo de sus ojos, la barba que adorna su mandíbula y su comportamiento.

—Acostúmbrate —bromea a la ligera, aunque hay una pizca de tristeza bajo su tono.

Durante el resto del viaje, estamos relativamente callados y no hablamos de mucho más que de nuestro día. Nunca es incómodo, ni siquiera por un minuto, y es difícil creer que apenas nos conocemos. Me siento contenta con su presencia, que es un gran alivio, no ser de las persona que llenan el silencio con conversaciones tensas e inútiles.

—¿Para dos? —pregunta la camarera mientras entramos en el restaurante con poca luz.

Edward asiente, tomando mi mano con seguridad mientras navegamos hacia nuestra mesa. Es la primera vez que nos tomamos de la mano y me siento como una adolescente emocionada mientras caminamos uno al lado del otro hacia nuestra mesa.

Hay un ambiente italiano en el restaurante: inmaculados manteles a cuadros y velas parpadeantes. Todos los muebles son de madera oscura, cálidos en su impresión, con un toque de vegetación esparcida por todo el espacio. Es acogedor... romántico.

Edward no pierde tiempo diciéndome que este lugar es famoso localmente por su bistec.

Ninguno de los dos pide una bebida alcohólica.

—Estoy conduciendo, pero deberías haber pedido una copa de vino o una cerveza —comento, pero rápidamente niega con la cabeza.

—Me quedaría dormido. —Se ríe, pasando una mano nerviosamente por su cabello. Al instante, me siento mal. El pobre probablemente no quiera nada más que dormir temprano, un descanso.

—No necesitábamos salir esta noche, sabes —le digo en voz baja. Su cabeza se levanta bruscamente, sus ojos muy abiertos se fijan en los míos—. Probablemente deberías haber pasado un par de horas libres poniéndote al día con el sueño.

—Dios, Bella, lo siento —gime, su mano agarrando su cabello de nuevo—, no quise hacerte sentir mal. Quiero estar aquí contigo. Yo solo... Ah, mierda, soy tan malo en esto.

Sonrío suavemente, levantando la mano para quitarle la mano del cabello. Entrelaza nuestros dedos, manteniéndolos agarrados mientras nuestros brazos descansan sobre la mesa.

»Por favor, no creas que hay otro lugar en el que preferiría estar ahora —afirma suavemente, con ojos suplicantes.

Antes de que pueda responder, la peculiar camarera aparece con nuestras bebidas y toma nuestro pedido de comida.

—No es necesario que te disculpes por estar cansado, ¿sabes? —Le guiño un ojo, esperando sonar alegre. Lo último que haré es hacerle sentir mal por estar exhausto.

—Lo sé —suspira—. Gracias por ser tan... comprensiva.

Por un tiempo, estamos en silencio, apreciando la compañía del otro y sin necesidad de fingir ser nadie más que nosotros mismos. Estar en compañía de Edward es relajante; es como ninguna otra primera cita en la que he estado.

Para cuando llega nuestra comida, Edward está mucho más relajado y, sin darse cuenta, habla sobre la mamá de Archie. Mi interés se despierta instantáneamente.

—Entonces, ¿abandonó la universidad después del primer año, quería ser una mujer mantenida, pero no una madre? —cuestiono, mi mandíbula casi en el suelo.

Edward sonríe tímidamente, como si estuviera avergonzado.

—Eso es correcto. —Asiente—. Nunca fue la persona más motivada cuando se trataba de una carrera o de estudios. Lo cual está bien. No estaba segura de lo que quería de la vida además de estar cómoda.

—Pero seguramente, quiero decir... ¿pensaría que tener un bebé aseguraría la vida cómoda que ella siempre quiso?

Parece pensativo por un momento, masticando lentamente su bistec. Sea lo que sea con lo que esté luchando por dentro, obviamente decide que está bien decírmelo.

—Me dijo que la guardería y los cambios de pañales probablemente afectarían su horario de compras y spa.

Inhalo mi Coca-Cola, ahogándome. Estoy tan estupefacta que no puedo decidir si me estoy riendo o si estoy tratando de reírme a carcajadas. Edward se ríe y se inclina para palmear mi espalda con cuidado. Finalmente, me las arreglo para recomponerme, sentándome hacia atrás en mi silla y entrecerrando los ojos, no hacia él, ante la situación.

—Perdóname por ser presuntuosa aquí, pero... ¿qué viste en alguien así?

Se ríe de nuevo, sacudiendo la cabeza como si no tuviera una respuesta.

—Era joven. Lo creas o no, Bella, no siempre fui... inteligente.

Me río, poniendo los ojos en blanco.

—Claramente. Déjame adivinar... ella era hermosa.

—Soy así de transparente, ¿eh? —suspira, pero está sonriendo, aceptando mis bromas por lo que son.

—¿En ese entonces? Sí... lo eras —confieso, luchando por ocultar mi sonrisa.

—¿Ahora? —pregunta, levantando una ceja.

—¿Ahora? Ya no veo mucho de ese tipo en ti. Eso es algo bueno —le aseguro cuando frunce el ceño.

—¿Sí?

Asiento, masticando lentamente un hongo.

—Siempre fuiste un poco... arrogante.

—¡No lo era! —farfulla, sacudiendo la cabeza con vehemencia, lo que me hace reír más fuerte.

—¡Sí, lo eras! El señor-importante-en-el-campus.

—Ahh, eso es correcto —sonríe y siento la vergüenza inminente que está a punto de desatar sobre mí. Hago todo lo posible por advertirle con una mirada severa, pero todo lo que consigue es una risa—. Estabas demasiado aterrorizada para decirme que estabas enamorada de mí.

—Touché —río—. Lo estaba.

—No deberías haberlo estado.

—Eh, sí, debería haberlo estado. Te habrías reído de mí.

—Dios —gime—, no era tan arrogante, ¿verdad?

Asiento con la cabeza, tomando un sorbo de mi bebida esta vez. Me estoy burlando de él, algo así. No creo que se hubiera reído en mi cara, pero Edward Cullen podría hacer que cualquier chica se bajara las bragas con una mirada, una simple sonrisa en su dirección. Estaba tan lejos de su radar. No es que haya cambiado tanto físicamente. Estoy segura de que todavía podría conseguir a cualquier mujer que quisiera con un guiño y una sonrisa. Pero ahora parece tan diferente mentalmente. Incluso sentada aquí en su compañía, con él luciendo tan dolorosamente hermoso, no siento que se vaya o me abandone por una opción mejor y más bonita.

A pesar de la cantidad de clientes en el restaurante, solo me ha quitado los ojos de encima para comer y darle su pedido a la mesera. Es relajante. Pensé que mantendría su pasado en su contra, incluso inconscientemente, pero no es así. Es una confianza profundamente arraigada que proviene de él y quién es ahora lo que me mantiene a gusto. Está tan lejos de ese chico adolescente arrogante que una vez conocí, es como si se hubiera dado cuenta de que hay más en la vida que jugar. Un hijo tendría ese efecto, supongo.

Decido cambiar de tema, mi curiosidad se apodera de mí.

—Entonces, Tanya solo te entregó a un Archie bebé y... ¿se fue?

Edward frunce los labios y baja la vista por un segundo antes de mirarme directamente.

—No exactamente —suspira.

Metí la pata. Esta es la parte de la historia que claramente no está tan dispuesto a discutir, y es obvio que hay mucho más que aún no me está contando. Me disculpo y trato de seguir adelante, pero él niega con la cabeza.

—No es de extrañar que quieras saber.

—Sí, pero en realidad no es de mi incumbencia, y probablemente me estoy adelantando, considerando que esta es nuestra primera cita.

—¿Es esta tu forma de insinuar que no habrá una segunda? —pregunta, haciendo pucheros. Es la maldita cosa más linda que he visto en mi vida. Por supuesto que Edward Cullen es sexi incluso cuando hace pucheros.

No puedo evitar reírme y levantarme de mi silla. Me mira con ojos muy abiertos y preocupados. Como si pudiera irme alguna vez. Inclinándome hacia adelante sobre la mesa, sonrío y me acerco a él. Afortunadamente, se da cuenta de mi intención y avanza para encontrarme, sus labios se levantan cuando se encuentran con los míos.

No es demasiado caliente para un entorno público. Nuestros labios son ligeros el uno contra el otro, ambos sonriendo, toques ligeros como plumas y respiraciones mezcladas.

Me aparto antes de dejarme llevar demasiado, manteniendo mis manos plantadas a cada lado de mi plato mientras me siento de nuevo.

—Besarnos en una primera cita —sonríe—. Eres una rebelde, Bella Swan. ¿Dónde estaba esa chica en la escuela secundaria?

—Enterrada bajo una montaña de inseguridad y ropa incómoda —me río.

—Realmente hemos crecido, ¿eh? —Él se ríe.

El resto de la cita pasa demasiado rápido para mi gusto. Parece que apenas ha pasado el tiempo cuando ya estamos de regreso en el auto, de camino a casa, a pesar de que estuvimos en el restaurante por más de dos horas.

Hablamos de todo y de nada. Nos reímos y nos burlamos mutuamente de quiénes éramos en la escuela secundaria y la universidad, recordando el pasado y chismorreando como ancianas. Habla animado y felizmente sobre Archie, desde historias de terror sobre hacer malabares con un recién nacido y sus estudios, hasta sus hitos, como su primer diente y su primer paso. Estoy sonriendo tanto que me duelen las mejillas.

A mitad de camino a casa, siento los dedos de Edward sobre los míos, toques ligeros que prenden fuego a mi cuerpo. Lo veo de reojo, pero él está viendo sus dedos trazar los míos. Muerdo mi labio contra la sonrisa que surge y giro mi mano hacia arriba. Sin perder el ritmo, entrelaza nuestros dedos, una pequeña sonrisa jugando en las comisuras de su boca. Si no estuviera conduciendo, lo besaría mucho, sin lugar a dudas.

Él hace estragos en mi boca contra el lado del conductor del auto cuando estaciono afuera de nuestras casas. El aire frío contra mi cara y el cuerpo caliente de Edward contra el mío es un delicioso contraste. Sus brazos me enjaulan, descansando a cada lado de mi cuerpo, mientras mis manos agarran su suave cabello, tirando suavemente. Sus gemidos y mis gemidos llenan el aire, especialmente cuando mueve sus caderas más cerca, y tengo la primera sensación verdadera de su erección. Casi me desmayo de la sensación. Es tan sólido y grande, y… necesito detenerme antes de caer de rodillas en medio de la calle en pleno invierno. Claro, las mamadas son divertidas y juguetonas hasta que uno de nosotros sufre hipotermia. Menos mal que es doctor, supongo.

Es una pena que la vieja y entrometida señora Mallory probablemente nos esté mirando desde el otro lado de la calle. ¿Quizás podríamos hacer que valga la pena su tiempo? Darle algo para mirar, a la vieja murciélago. Me río en la boca de Edward cuando me imagino el disgusto y el horror en su rostro mientras me ve caer de rodillas frente a Edward. Tal vez se lo diría a su chismosa hija y se echaría atrás. Rose me dijo que la señora Mallory ha estado tratando de emparejar a Edward con su hija desde hace un par de años.

—Me vas a dar un complejo —gime Edward en mi boca—. ¿Qué es tan gracioso?

—La señora Mallory —río. Echa la cabeza hacia atrás y me mira con horror, lo que me hace reír con más fuerza—. Oh, vamos. ¡Sabes que ella está mirando! Solo me estaba imaginando su cara si cayera de rodillas aquí mismo.

Joder —gime Edward, dejando caer su frente para descansar contra la mía—. No puedes decirme cosas así en este momento.

Mordiendo mis labios, trato de no reírme, pero no puedo evitarlo. Inclinándome, beso su boca ligeramente una vez más y no tan accidentalmente rozo mi mano contra el bulto de sus vaqueros.

—Estás tratando de matarme —gruñe.

—No —susurro, besando su mandíbula suavemente—, estoy siguiendo las reglas de las citas desde que rompí una en el restaurante, "déjalos con ganas de más".

—No tomará mucho más, te lo puedo asegurar.

Lanzo una carcajada al oscuro cielo nocturno y lo empujo ligeramente, quitando su cuerpo del mío.

—Buenas noches, Edward. Me divertí mucho. —Inclina su mejilla en mi beso mientras rozo mis labios contra la barba incipiente de su mandíbula.

Alejarse de él es difícil. Lucho conmigo misma constantemente, mis pies se arrastran, mi corazón me dice que me dé la vuelta y me entierre en Edward e… ¿hibernar? No sé. Mi mente evoca imágenes de leños gruesos, fuegos crepitantes, los brazos de Edward y Archie. Niego con la cabeza para mí misma, porque... es demasiado, y muy pronto, ¿verdad?

Cuando llego a mi puerta y me doy la vuelta, él todavía está parado junto a mi auto, observándome. Mordiéndome el labio, sonrío y le mando un pequeño saludo, metiéndome en la casa y cerrando la puerta detrás de mí antes de ceder a la imperiosa necesidad de correr hacia él.

Con un ruido sordo, mi cabeza cae hacia atrás contra la puerta una vez que se cierra detrás de mí. Esto me sobrepasa.

Mi casa se siente vacía, aunque al menos es acogedora; saco un poco de consuelo de eso mientras miro el árbol, centelleando intensamente desde el otro lado de la habitación, proyectando un resplandor navideño, un feliz contraste con la tenue iluminación más oscura.

Pienso en Edward y en lo vacía que debe sentirse su casa sin Archie. Me pregunto si encuentra consuelo en sus momentos de paz, pero conociéndolo, no puedo ver que ese sea el caso, Archie es su mundo.

Durante el resto de la noche, me acurruco en la esquina de mi sofá, viendo la luz brillante de mi árbol desigual brillar dentro de la habitación oscura, rebotando en las paredes como pequeñas hadas festivas y alegres.


Ahora ya sabemos qué pasó con la mamá de Archie... Tanya no quería ser madre, solo quería que alguien pagara todo por ella y no quería ninguna responsabilidad. Pobre Archie :(