Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Las mañanas de Navidad en el pasado siempre han sido asuntos apacibles y melodiosos.

Normalmente estoy con mis padres. Me despierto con el olor a tocino, sabiendo que la mitad del mundo ya está despierto. Desayunamos en silencio, envueltos en una pequeña charla incómoda, antes de abrir nuestros pequeños grupos de obsequios y darnos las gracias tímidamente. Papá ve un juego en la televisión por la tarde, mientras mamá y yo preparamos y cocinamos una comida mediocre.

Siempre ha sido así, y estuvo... bien, supongo. No tenía idea de cuál era la alternativa; de lo que me estaba perdiendo.

Hasta la mañana de Navidad con Edward y Archie.

—¡SANTA!

Me despierto instantáneamente, sobresaltándome. Ante la risa burlona pero atontada de Edward, le envío una mirada de muerte, cubriéndome con el edredón, sabiendo que Archie está a punto de irrumpir por la puerta.

Afortunadamente, puedo agarrar algo de ropa tirada del piso y vestirme solo un segundo antes de que la puerta de la habitación de Edward se abra y un Archie emocionado se arroje a la habitación, casi cayendo sobre sí mismo en su prisa.

—¡Feguiz Navidad! —grita, arrojándose sobre la cama—. ¡Vamos! ¡Santa!

—Feliz Navidad, amigo —se las arregla Edward a través de un bostezo, estirándose.

Me acerco, tomo a Archie en mis brazos y nos lanzo a ambos hacia atrás para que estemos acostados, riendo mientras él lucha contra mi agarre.

—Tengo sueño —me quejo, haciendo reír a Archie.

Se gira en mi abrazo para mirarme, su sonrisa y sus ojos brillantes. Cierro los ojos, fingiendo dormir, abrazándolo tan cerca como puedo. Cuando abre mis ojos con sus dedos, me río a carcajadas.

—Navidad, Bells. Es Navidad.

—Lo sé. —Suspirando, miro su cara feliz, acurrucándome más profundamente en el colchón cuando siento el pecho de Edward contra mi espalda, sus brazos rodeando a Archie y a mí.

Su pequeña palma en mi mejilla me calienta hasta los dedos de los pies.

—Santa, Bells —susurra, acariciando mi mejilla.

—Ajá. —Cierro los ojos de nuevo y él gime, es adorable.

—¡Papá! Haz que Bells despierte.

—Es demasiado pronto, amigo. —Edward suspira—. Cinco minutos más. —Entierra su cabeza en mi espalda, haciéndome sonreír más, aunque estoy tratando de fingir que estoy durmiendo.

—¡Es de mañana! —Y luego arroja su cuerpo sobre mí, sobre Edward, sus piernas pateando y retorciéndose, sus chillidos emocionados rebotan en todas las paredes y en mi cráneo.

—¡Está bien! —declaro, tirando el edredón—. ¡Estoy despierta!

—¡SÍ! —exclama Archie, luchando por seguirme mientras me paro, estirando mis brazos por encima de mi cabeza. Me siento muerta a pesar del día que es.

Bajando las escaleras, Edward murmura algo sobre café, y yo murmuro de acuerdo, mirándolo caminar hacia la cocina, su espalda, esos brazos mientras pasa una mano por su cabello... ese trasero. Dios, incluso medio dormida, lo quiero.

Feliz Navidad a mí.

En lugar de seguir a Edward a la cocina y seducirlo furtivamente con su hijo a unos metros de distancia, me dirijo a la sala de estar, hacia Archie.

Sus brillantes ojos azules están muy abiertos, su cabello caótico, su sonrisa contagiosa. Juro que todo su cuerpo vibra de emoción mientras mira hacia la montaña de regalos junto al árbol, la mayoría de los cuales son suyos.

Y de repente, ya no estoy exhausta. Ahora lo entiendo; entiendo por qué los padres soportan las despertadas estúpidamente tempranas de Navidad de sus hijos emocionados. Porque observar a Archie, verlo mientras todo su rostro se ilumina de asombro, alimentándose de su emoción... es todo lo que nunca supe que me estaba perdiendo.

Me siento en el sofá mientras Archie se deja caer frente al árbol y Edward coloca un café en la mesa, por lo que le envío una sonrisa de agradecimiento.

Me quedo atrás mientras Edward se une a Archie, sin querer entrometerme demasiado, solo… disfrutando de este momento, contemplándolos, apreciándolo.

Durante mucho tiempo, Edward y yo nos reímos cuando Archie comienza a desgarrar sus regalos, "oh" y "ah" y agradece a su padre, y a Santa, por todo lo que recibe. Es un torbellino abrumado, que se manifiesta como... carnicería. Pero es tan divertido y demasiado entrañable para ser molesto. Es ruidoso, bullicioso, errático y exuberante más allá de lo creíble, y me encanta cada segundo.

Cuando la sala de estar es un mar de papel de regalo y cintas desechadas, y las pilas de juguetes y ropa nueva de Archie crean una fuerte barricada entre nosotros y el resto del mundo, Edward se inclina para susurrarle al oído a Archie, quien asiente con vehemencia y mete la mano debajo del árbol por un pequeño paquete de regalos.

—Estos son para ti, Bells.

Y así, estoy llorando. Silenciosamente, por supuesto. No soy un desastre de sollozos. No, mis lágrimas caen en silencio, y mi sonrisa es amplia cuando Archie se sienta cerca de mí, entregándome los regalos uno a la vez.

En primer lugar, hay una cartera de cuero grande y de aspecto caro que Archie me dice rápidamente que es para mi nuevo trabajo. Es perfecta. Se lo digo a ambos, inclinándome para besar la mejilla de Archie, lo que lo hace sonreír aún más. Esta vez, Edward nos observa, dándome este momento con Archie, mirando desde su lugar frente al árbol, sonriendo suavemente.

Me río cuando abro la tarjeta de regalo. ¡Es tan yo!

—Para tus boígrafos y papel y cadernos y capetas porque papá dijo que te encantaban esas cosas.

—Sí —coincido, riendo—. Gracias. —Envío una mirada fingida en dirección a Edward cuando Archie no está mirando, pronunciando las palabras "esto es demasiado". Él pone los ojos en blanco, sonriendo. Aunque realmente es demasiado; el valor de la tarjeta de regalo mantendrá mi material de oficina surtido durante… ¡años!

—¡Esto también! —grita Archie y me entrega una caja. Mordiéndome el labio, abro el último regalo y no puedo evitarlo, las lágrimas han vuelto.

Dentro hay un marco, plateado y elegante, con una foto de nosotros tres que tomamos en el mercado navideño. Estamos envueltos en bufandas y sombreros, nuestras mejillas y narices sonrosadas por el frío, nuestras sonrisas tan amplias, felices. Pero eso no es lo único. Inscritas en el marco, justo debajo de nuestras imágenes, hay palabras que me dejan sin aliento.

Cuenta los amores.

Mi cabeza se levanta, mirando directamente a Edward con mis propios ojos muy abiertos. Parece un poco avergonzado, con un ligero rubor en las mejillas.

—¿Escuchaste eso? —pregunto, mis palabras un poco ahogadas.

Él asiente.

—Nunca te di las gracias por eso... no sabía cómo.

Inhalando profundamente, enrollo mis labios en mi boca y me paro, llevando a Archie conmigo mientras me dirijo hacia donde Edward está sentado.

Y luego Archie y yo estamos en su regazo, los tres abrazándonos con fuerza, las extremidades enredadas y riendo.

—¡Amor! —chilla Archie, enterrándose más entre Edward y yo.

—Hablando de... —interrumpo, mirando a Archie—, tengo algo para ti.

—¿Lo tienes? —pregunta, una nueva ola de emoción evidente en su pequeño rostro, la perspectiva de más obsequios claramente robando su atención una vez más.

Extendiendo la mano detrás de mí, coloco la gran bolsa de regalo frente a nosotros tres.

Ante mi asentimiento, Archie se sumerge, alejándose de Edward y de mí. Intento moverme del regazo de Edward, pero él me sostiene firme, y no discuto, me acomodo en su regazo, tratando de no moverme sobre su entrepierna, pero es tan tentador.

Chillando, Archie se pone de pie de un salto, sosteniendo su diminuto mono de astronauta contra su cuerpo.

—¡Para mis naves espaciales!

Me río, y Edward aprieta su agarre, jalándome contra su pecho y envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura. Cuando posa su barbilla en mi hombro, alcanzo detrás de mí para pasar mi mano por su cabello, disfrutando cada minuto de esto, especialmente cuando su cabeza se inclina, y me da un ligero beso en el cuello.

—¡Fotos! —Edward mira hacia abajo, arqueando una ceja hacia mí, pero le doy un codazo en lugar de responder, haciendo un gesto con la cabeza para mirar las fotos.

—Veamos, amigo.

Archie obedece, regresando hacia nosotros, agarrando el gran marco de fotos en sus brazos. Edward se lo quita y lo observa. No puedo ver a ningún lado más que a la cara de Edward mientras Archie está a su lado, mirando las fotos por encima del hombro de Edward.

—Vaya —susurra Edward, inhalando profundamente.

El marco grande contiene diez fotos, todas con Archie con todos los que ama: Rosalie, Alice, Emmett, Jasper y, por supuesto, Edward. En el medio, hay una cita: rodeado de amor y familia, ahora y siempre.

—Pensé que podrías ponerlo encima de tu cama para que puedas ver algunos de los amores antes de irte a dormir —le explico a Archie, nerviosa.

—Y contarlos —agrega Archie, asintiendo con la cabeza y sonriendo.

Edward no ha mirado hacia arriba, ni una vez desde que le pusieron el marco en las manos.

—Hay más —le digo al joven, que no pierde el tiempo investigando sus regalos.

—Bella —susurra Edward, aclarándose la garganta—. Esto es…

—No es demasiado, ¿verdad? —cuestiono cuando deja que sus palabras se desvanezcan, girando mi cuerpo para verlo mejor.

Sacude la cabeza, sin levantar la mirada.

—Es perfecto.

Exhalo una ráfaga de aire, más aliviada que cualquier otra cosa. Saber que Edward escuchó nuestra conversación, sobre el deseo de Archie de tener una mamá, hace que el peso detrás del regalo sea un poco más pesado.

Dejando las fotos con suavidad, aprieta sus brazos alrededor de mí una vez más, nuestra atención se dirige hacia su hijo, que se ríe y chilla de alegría con cada regalo que revela.

Una vez que los regalos están fuera del camino, recogemos los envoltorios dispersos. Cuando digo "recogemos", me refiero a Edward y a mí porque Archie todavía está corriendo, rodeado de juguetes y ropa nueva, mientras más café se prepara y contemplamos el desayuno.

—¡Panqueques! —exclama Archie en voz alta.

Ni Edward ni yo discutimos, decidiendo que los panqueques suenan perfectos para la mañana de Navidad.

Al entrar en la cocina, lleno dos tazas recién hechas para Edward y para mí.

—¿Bella? —Mirándolo por encima del hombro, tarareo para decirle que estoy escuchando—. Yo... voy a decir algo... —Ahora tiene toda mi atención, su voz baja, tímida y vacilante. Es una reminiscencia de cómo era cuando lo conocí por primera vez, de nuevo, y lo inseguro que estaba de sí mismo. Dándome la vuelta por completo, inclino la cabeza, frunciendo el ceño en confusión—. Necesito que me prometas que no te asustarás.

—Um... —Está bien, ahora estoy pensando que me voy a asustar.

—¡Es Navidad! —agrega rápidamente—. No puedes huir. ¿Me lo prometes?

Quiero reírme, pero no sé si el momento se presta bien a la risa. Estoy nerviosa, mi corazón late con fuerza en mi pecho, pero se ve tan… adorable en este momento, y sé, en el fondo, que este es Edward, y no es de los que rompen el corazón de una chica el día de Navidad. Con vacilación, respondo.

—Está bien.

Dando un paso más cerca, continúa agarrándose el cabello, inclinando levemente la cabeza, mirándome por debajo de sus pestañas.

—Sé que realmente no nos conocemos tan bien. En realidad, eso es una mentira. Me conoces mejor que la mayoría de las otras personas, y normalmente no soy alguien que actúe tan rápido sobre mis sentimientos, o sea tan libre con ellos, porque... —Sus palabras se escapan a gran velocidad, y me estoy concentrando mucho, solo tratando de seguirle el ritmo.

—Porque eres cauteloso —agrego, asintiendo una vez, terminando la oración por él.

—Correcto. —Él asiente, todavía agarrándose el cabello con nerviosismo, y quiero detenerlo, su pobre cabello—. Pero, Bella, estoy tan seguro de esto, y lo he estado por más tiempo del que me gustaría admitir. Y eres tan genial, y estoy loco por ti... y Archie está loco por ti.

—¿Edward? —Está divagando, y es doloroso de ver, y está tan nervioso que me pone nerviosa.

—¿Sí?

—Me estás asustando —admito con cautela, conteniendo la respiración.

—Te amo. —Las palabras se le escapan a través de un suspiro, y de repente, la casa está en silencio, inquietantemente. No creo que ninguno de los dos estemos respirando. Nos miramos el uno al otro, ni siquiera parpadeando, pero mi visión está borrosa, distraída.

Todo lo que ha sucedido entre nosotros durante las últimas seis semanas pasa por mi mente en rápida sucesión. Verlo por primera vez en años, conocer a Archie por primera vez, decorar mi árbol de Navidad, ver películas con Archie, hornear galletas y escapar, compartir la cena con Edward en la mesa del comedor, consolar a Edward, besar a Edward, nosotros tres en el mercado navideño, haciendo el amor con Edward, abrazando a Archie y diciéndole lo amado que es, comiendo panqueques con los dos en el restaurante, la víspera de Navidad, hoy... se siente como una vida de recuerdos enrollados en un corto período de tiempo, pero rápidamente me doy cuenta de que desde el momento en que me mudé al lado de estos dos chicos, así es como iba a ser, no tenía otra opción, e incluso si la tuviera, no cambiaría ni una sola cosa de lo que sucedió. Tal vez todo se desarrolló exactamente de la manera que se suponía. Destino.

El hombre de pie frente a mí, tan inseguro, tan tímido, presa del pánico. No cambiaría ni un pelo de la sexi cabeza de ese hombre. Es tan hermoso por dentro como por fuera, y eso es raro, verdaderamente raro. Es el hombre que se rompe el culo para mantener a su hijo, no solo ahora, sino también para el futuro; es el hombre que prende fuego a mi cuerpo con una simple mirada, un toque ligero como una pluma; es el hombre con el que quiero estar, en todo momento; el mismo hombre cuya presencia extraño tan pronto como se va. También es el padre del niño que, en mi corazón, desearía que fuera mío; el niño que me calienta de adentro hacia afuera, al que adoro con todo lo que soy. Ambos son fácilmente las personas más importantes de mi vida en este momento, y quiero que lo sean, siempre.

Nunca había pensado tanto en eso, pero ahora es tan obvio.

Mi casa que ya no se siente como un hogar; la forma en que mi mente vaga constantemente hacia ellos cuando no están cerca; las semanas que pasé contando los días hasta que los volvería a ver... es amor. Un amor tan profundo por Edward que mi corazón da un vuelco y mi rostro estalla en una amplia sonrisa tan pronto como lo veo. Un amor maternal por Archie que hace que su dolor sea mío, y sé, sin vacilar ni un segundo, que lo protegería con todo lo que soy, con todo lo que tengo. Los protegería a los dos, sin lugar a dudas. Es familia, pero es mucho más, es esperanza, es adoración, es un vínculo tan arraigado que duele imaginar mi vida sin él.

—Por favor di algo. —Su voz es tan baja que apenas la escucho, y me doy cuenta de que me he distraído y ahora está realmente preocupado.

Hombre tonto…

Dando un paso hacia adelante para que estemos parados directamente uno frente al otro, me acerco, coloco mi mano en su mejilla, sonriendo suavemente ante su expresión preocupada, sabiendo que esto, esto es realmente el comienzo, y estoy tan lista para ello.

Nuestras miradas se encuentran, la suya tan profunda, suplicante; su mejilla tan cálida bajo mi palma.

—Yo también te amo.


¡Y ya dijeron que se aman! Edward no debería haberse preocupado, Bella ha estado enamorada de él desde la secundaria, aunque el amor que siente ahora es real, y recíproco, que es lo más importante.