Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de LozzofLondon, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from LozzofLondon, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


―¿Cuándo es la fiesta? ―pregunta Archie, extendiendo la mano y metiendo un malvavisco en mi boca.

―Manana ―murmuro con la boca llena, tratando de no reír cuando él se arroja sobre su espalda, riendo de lo tonta que sueno.

Estamos tumbados en el suelo de la sala, bebiendo chocolate caliente y viendo una película. Más temprano, Edward fue llamado a trabajar, una emergencia que necesitaba a todos manos a la obra. Así que Archie y yo estamos en su casa, holgazaneando en pijama y comiendo demasiada comida. Prometió que no se lo diría a su padre.

―¿Para qué es? ―pregunta, rodando sobre su vientre, apoyando la barbilla en la palma de la mano.

―Año Nuevo ―explico―, celebrando el comienzo de un nuevo año.

―¿Y puedo quedarme despierto más allá de mi hora de dormir?

Asiento con la cabeza.

―Sí. Solo por esta vez.

―¿Y hay fuegos artificiales?

―Muchos, muchos ―indico, sonriendo ampliamente.

―¡Sí! ―grita emocionado, golpeando el aire. Rodeando con sus manos su taza, trata de tomar un sorbo de su bebida caliente, pero está boca abajo y toda la posición es precaria.

―Siéntate y usa ambas manos ―le indico a la ligera, tomando la taza mientras se acomoda. Lo sorbe ruidosamente cuando está de vuelta en sus manos, chasqueando los labios después―. ¿Cómo te lo metiste en el pelo? ―No puedo evitar reírme, estirándome para sacar un trozo de malvavisco derretido de su caótica cabeza.

―No es mi culpa. ―Él se ríe.

―¿No? ¿De quién es la culpa?

―¡Suya! ―Señala hacia la televisión donde un reno gruñendo corre a través de una ventisca.

―¡Esos molestos renos! ―exclamo con horror fingido.

Se ríe de nuevo, echando la cabeza hacia atrás y casi cayendo de espaldas. Me las arreglo para atraparlo, apenas, con una mano firme en su espalda.

Así es como transcurre nuestra noche: reír, bromear, comer y ser infantil entre momentos de silencio mientras enfocamos nuestra atención en la película. Pero para cuando Archie se ha cepillado los dientes, está haciendo todo lo posible por distraerme del hecho de que es su hora de dormir. No funciona.

―No te voy a leer otra historia. Tenemos que dormir en algún momento.

―¿Una más? ―ruega, mirándome desde su cama, su dedo meñique apuntando hacia arriba―. ¿Solo una pequeña?

―No.

―¿Y si solo charlamos?

―¿Charlamos? ―cuestiono, luchando por ocultar mi sonrisa.

Él asiente con la cabeza. Mirándome y sonriendo, sabe exactamente lo que está haciendo, y tengo que darle crédito al niño: es bueno.

»¿Charlar sobre qué? ―inquiero, eligiendo complacerlo y sentándome en el suelo junto a su cama. Cruzando los brazos sobre su colchón, apoyo la barbilla en ellos y lo miro mientras piensa mucho.

―Serás mi mami ―afirma de la nada, tomándome por sorpresa. Mis ojos se abren, pero él ni siquiera se inmuta, tan seguro de sus palabras.

Decidiendo mantener el estado de ánimo ligero esta vez, tomo un camino diferente.

―¿Lo seré? ―Se gira hacia mí, su atención se ha centrado en las luces parpadeantes en su techo hasta ahora. Extendiendo la mano, empuja mi ceja levantada, riendo y retirando su mano rápidamente cuando chasquea los dientes en su dedo.

―Síp ―asiente, metiendo las manos debajo de la almohada.

―Está bien ―sonrío.

―Bien.

―Ya veremos.

―Sí. Y luego... ¡entonces viviremos felices todos los días! ―El tono de su voz aumenta con cada palabra que habla; al final de su pequeña diatriba, sus manos se han lanzado hacia afuera en una exhibición exagerada de emoción.

―¿Lo seremos? ―pregunto de nuevo, incapaz de contener mi risa.

―Síp. ―Su sonrisa es amplia, llena de dientes, y Dios, este niño es demasiado adorable para describirlo en palabras.

―Estás loco. ―Me río, estirando la mano para alborotar su cabello.

―Síp.

―¿Estoy loca?

―Sí ―chirría, riendo de nuevo.

―Estoy loca por ti ―confieso.

Poniendo los ojos en blanco y tratando de ocultar un bostezo, dice inexpresivo:

―Duh.

No puedo evitarlo. Lanzo una carcajada.

―¿Papá también está loco?

Sus ojos se están cerrando, cada parpadeo más lento que el anterior.

―Sí ―se las arregla a través de otro bostezo―, por mí. ―Se señala a sí mismo―. Y por ti. ―Con el mismo dedo, me señala―. Por nosotros dos.

Pasando mi mano por su cabello, moviéndolo hacia atrás de su frente, observo como sus ojos se cierran. Una parte de mí se siente aliviada de que finalmente esté dormido; una parte más grande de mí quiere despertarlo de nuevo. Aun así, es más agradable sentarme en su sala sola, sabiendo que Archie está dormido arriba y Edward está en el trabajo, que estar sentada en mi sala, que siempre se siente tan… vacía, figurativa y literalmente.

Solo he vuelto a mi casa un par de veces desde la fiesta de los Cullen, y eso es solo porque es más rápido para mí ducharme y cambiarme en mi propia casa que esperar mi turno en la ducha de Edward, y luego ir a casa de todos modos para cambiarme de ropa.

Me despierto con el sonido de las llaves en la puerta. Sentándome erguida, estiro mis brazos por encima de mi cabeza, bostezando, mientras Edward entra en la habitación.

―Buenos días. ―Se ríe, se dirige hacia mí y se inclina para besarme.

Tarareo y profundizo el beso, moviéndome, así que cuando él retrocede, lo sigo. Han pasado diez horas desde la última vez que lo besé y eso es demasiado.

Sonriendo contra mis labios, se empuja sobre el brazo del sofá hasta que se estira sobre mí.

―Esa es una bienvenida a la que podría acostumbrarme. ―Se ríe, besando mi sien.

―¿Qué hora es? ―pregunto entre besos.

―Tarde o temprano, dependiendo de cómo lo mires. Deberías haberte ido a la cama.

Niego con la cabeza en desacuerdo. ¿Qué es la cama sin él? Además, su sofá es mucho más cómodo que el mío.

―¿Cuánto tiempo tenemos hasta que Archie se despierte? ―inquiero, pasando mis dedos por su cabello.

Mira el reloj en su muñeca.

―Aproximadamente seis horas. ¿Te duchas conmigo?

―De acuerdo. ―Me río, empujándolo lejos de mí y corriendo hacia las escaleras. Lo escucho reír, pero sé que me está siguiendo. Mientras me muevo, tratando de no despertar a Archie, me desvisto.

Para cuando estoy en el baño, abriendo la ducha, estoy desnuda de la cintura para arriba. Escucho a Edward gemir un segundo antes de que sus brazos se envuelvan alrededor de mi cintura por detrás, y sus labios se peguen a mi cuello. Dejando que mi cabeza caiga sobre su hombro, sus manos exploran, encontrando mis pezones mientras sus dientes muerden la piel de mi mandíbula.

―¿Cómo te fue en el trabajo? ―Me las arreglo para preguntar.

―Bien ―susurra en mi oído, sus dedos encuentran el botón de mis vaqueros.

―¿Nada grave? ―pregunto entre respiraciones profundas mientras me baja los pantalones por las piernas.

―No.

Girando para enfrentarlo, casi le arranco la sudadera, se la quito junto a la camisa y la tiro al suelo. Sus vaqueros no toman tiempo, con su ayuda, y en un abrir y cerrar de ojos, estamos completamente desnudos, y Edward me empuja hacia atrás en el cálido rocío de la ducha.

No perdemos el tiempo lavándonos uno a otro, no cuando hay asuntos "más urgentes" que atender. Como su pene gloriosamente erecto contra mi estómago mientras toma mi cara y me besa con fuerza.

De pie bajo el chorro de agua, sus manos recorren mi cuerpo hasta que agarra la parte posterior de mis muslos con sus manos grandes y me levanta en el aire.

―Joder, te amo ―me dice, moviéndonos para que mi espalda esté contra la pared.

―Yo también te amo ―gimoteo, sintiéndolo allí mismo, justo donde lo anhelo.

Mueve una de sus manos, apoyándose contra la pared, besándome lo suficientemente fuerte como para tragar mi gemido mientras entra en mí de un solo golpe. Es una sensación deliciosa: su cuerpo contra el mío, mis piernas alrededor de su cintura, uno de sus brazos abrazándonos mientras el otro sostiene mis piernas alrededor de él, nuestras bocas juntas mientras jadeamos a tiempo el uno con el otro, y su polla llenándome tan completamente.

El agua podría estar helada por lo que sé, estoy demasiado consumida cuando él comienza a embestir para incluso preocuparme. Los ruidos que hace, la forma en que su cabello mojado cae sobre su frente y brilla en el agua, sus hombros fuertes mientras me abraza con fuerza... Nunca quiero ser así con nadie más. Jamás. Él es todo para mí.

―Tócate, nena ―me ordena en voz baja, abrazándome con fuerza mientras sus dientes se aprietan en mi hombro. Obedezco, moviendo mi mano entre nosotros, encontrando mi clítoris―. Mierda ―gime, acelerando sus embestidas.

No pasa mucho tiempo antes de que los dos estemos cerca, nuestros orgasmos se avecinan, impulsados no solo por nuestras atenciones físicas, sino también emocionales. El sexo con alguien a quien realmente amas es completamente diferente, y es mucho más poderoso que cualquier cosa que haya sentido antes.

Mi cabeza cae hacia atrás contra las baldosas, su frente cae sobre mi hombro, y luego ambos gemimos y maldecimos, nuestros labios se encuentran una vez más mientras mi orgasmo me recorre, y él se libera, derramándose dentro de mí pocos segundos después.

Nuestros pechos se agitan juntos, nuestra respiración profunda y entrecortada mientras nos calmamos, pero Edward no me deja ir. El ruido de la ducha es repentinamente fuerte, el vapor del agua tibia es una manta que cubre la habitación, haciéndola congestionada, no es que quiera moverme. Estoy perfectamente contenta.

―Sí, definitivamente una bienvenida a la que podría acostumbrarme. ―Edward se ríe, apretándome con fuerza en sus brazos una vez más antes de bajar suavemente mis pies al suelo.

―Estoy más que feliz de darte la bienvenida a casa todas las noches, si así es como se hace.

―Podemos convertirlo en una regla ―ofrece, arqueando una ceja como si me estuviera desafiando.

―Suena perfecto. ―Me pongo de puntillas para besar sus labios suavemente antes de alcanzar el champú. Necesita doblar un poco las piernas, pero me las arreglo para lavarle el pelo a pesar de sus manos errantes.

―Entonces, ¿es como… una cosa familiar? ―pregunto, entregándole a Edward su bufanda.

―Sí, algo así. Pero no realmente.

―¿Qué significa eso? ―Me giro para mirarlo, empujando mis brazos a través de las mangas de mi abrigo.

―Habrá mucha gente allí, no solo nosotros.

Asiento, agachándome para sostener los zapatos de Archie por él. Se estabiliza, sosteniendo mis hombros mientras mete los pies en sus botas de nieve. Edward me entrega un pequeño gorro y lo pongo sobre la cabeza de Archie, burlándome de él poniéndolo sobre sus ojos. Se agita, aleja mis manos mientras se ríe, descubriendo sus ojos.

El plan para esta noche es ir a la playa. Es la víspera de Año Nuevo y, aparentemente, la última tradición en Forks es pasar la noche congelándote el trasero rodeado de familiares y amigos. Edward me aseguró que la exhibición de fuegos artificiales hace que valga la pena el frío.

No es que no me guste. Es solo... Esme. Estaba esperando darle un amplio margen de tiempo, pero el universo parece estar conspirando contra mí; y aparentemente, Edward puede leerme como un libro.

―¿Qué ocurre? ―cuestiona tan pronto como estamos todos abrochados en el coche.

―Nada ―miento. Realmente no quiero poner tensión en la relación de nadie, especialmente la de Edward y su madre. Debería haber fingido estar enferma. Luego internamente me doy una bofetada, eso me haría caer en el juego de Esme.

―Bella. ―Edward suspira, suplicándome.

Me muerdo el labio, sabiendo que no debería ocultarle nada. No quiero ocultarle nada, pero este es un tema delicado que podría causar un sinfín de angustias, y no tengo ni idea de qué hacer.

―Tu mamá me odia ―le susurro rápidamente, consciente de Archie en el asiento trasero.

―¿Qué? ―farfulla Edward, volviéndose hacia mí brevemente. Me escuchó, sé que lo hizo, pero está rezando por haberme escuchado mal―. No lo hace. ¿Cómo podría... por qué lo haría?

Me encojo de hombros. Su conjetura es tan buena como la mía, y ya hemos hablado de esto antes. Ella es protectora. No es que eso disculpe la forma en que me habló hace un par de noches. Si tuviera que adivinar, pensaría que se siente amenazada: ha sido la principal figura femenina en la vida de Archie durante tanto tiempo y ahora...

―¿Ella te dijo algo? ―pregunta Edward, mirándome en su periferia.

―No importa ―suspiro. Sigo intentando decirme eso. Pero no puedo evitar esta sensación de aprensión que se está sintiendo como en casa en mis entrañas. Si la ignoro, ¿le estoy dando un pase gratis para que me trate como una mierda tan pronto como Edward le dé la espalda? ¿Es realmente así de dos caras? ¿Quiero averiguarlo?

Claro, puedo tomar el terreno moral, pero tengo la sensación de que ella lo hará difícil, y si arroja veneno en el oído de Edward, ¿a quién le creerá? Si se reduce a eso, ¿a quién elegirá? El pensamiento me hace sentir mal.

Edward se da cuenta.

―Dime ―advierte―, sea lo que sea, dímelo. Por favor.

Suspiro, sin saber cómo empezar esta conversación.

―Ella solo... me odia. Por defecto.

―No te estoy siguiendo. ¿Te dijo eso?

―No necesitaba hacerlo. ―Me giro para mirar por la ventana en lugar de mantener mi atención en Edward porque, no importa lo que diga, esto lo lastimará y tal vez afectará negativamente su relación con su madre. Esa es una carga increíble.

Las casas y negocios de Forks dan paso a árboles altos y abrumadores a medida que nos alejamos de casa hacia la vasta extensión de tierra en la que se asienta la playa. El cielo es negro, las estrellas titilan brillantemente en lo alto.

―Estoy entrando en pánico aquí, Bella. Tienes que hablar conmigo.

La aprensión y la confusión en su voz me rompen el corazón.

―La escuché hablando con una amiga.

―¿Qué dijo? ―pregunta lentamente, e incluso sin mirarlo, sé que tiene los dientes apretados y que está agarrando el volante con más fuerza de lo necesario.

Tomando una respiración profunda, trato de concentrarme en los árboles a medida que pasan y no en la sensación de pesadez que se instala en mi estómago.

―Ella piensa que yo... me iré cuando las cosas se pongan demasiado difíciles. No confía en que no romperé sus corazones. Piensa... que solo quiero intentar jugar a ser mami.

Está en silencio durante mucho tiempo. Cada segundo que pasa pesa más en el aire que el anterior. De repente, tengo demasiado calor, está demasiado oscuro y soy demasiado claustrofóbica. Aun así, no puedo mirarlo.

No me doy cuenta de que estoy llorando hasta que siento su mano contra mi mejilla.

―Oye ―susurra, limpiando la humedad de mi cara.

―Lo siento mucho ―lloriqueo―. Nunca quise abrir una brecha entre ustedes dos. Quería ignorarlo, pero no puedo hacer eso si vamos a estar en la misma zona con regularidad. ―Tomando una respiración profunda, dejo que mis manos caigan pesadamente sobre mis piernas―. No debería haber venido esta noche. Debería haberme quedado... en casa.

Oye ―susurra de nuevo, usando su dedo índice para girar mi cabeza hacia él, a pesar de que sus ojos todavía están en el camino por delante―. Nunca, Bella... Nunca dejes que nadie te haga sentir así. ¿Me escuchas? ―Se gira para mirarme brevemente, su mandíbula apretada, sus ojos intensos―. Si ella tiene un problema contigo, es solo... su problema. No es tuyo, no es mío, y no es de Archie. No hay garantía en ninguna relación, y si eso es lo que ella está buscando... buena suerte para ella. Pero no es lo que yo estoy buscando. Es un riesgo que tomamos, y yo, por mi parte, creo en nosotros. Mientras tú también lo hagas, nada más importa.

Asiento con la cabeza, sonriendo mientras me limpio las pocas lágrimas que quedan en mis mejillas y en mi barbilla.

―Gracias. ―Extendiendo la mano, agarro la suya con fuerza, tratando de expresar cuánto significan sus palabras para mí―. Te amo tanto.

―Bien. ―Sonríe―. Porque yo también te amo, y nadie cambiará eso. Ni siquiera mi dominante madre.

No puedo evitar reírme mientras me mira, su sonrisa tan amplia y feliz, haciendo todo lo posible por animarme. Funciona. Siempre lo hace. Sin duda siempre lo hará.

―¡Estamos aquí! ―grita Archie emocionado mientras Edward encuentra un espacio en el concurrido estacionamiento.

―¿Estás lista? ―pregunta Edward, inclinándose para tomar mi rostro.

―Lo estoy ahora ―le digo, poniendo mi propia mano contra la suya.

―Bien.

Y con eso, me besa rápidamente y sale del auto para desabrochar a su ansioso hijo del asiento trasero.

El viento frío azota mi cara cuando salgo del asiento del pasajero, cerrando la puerta detrás de mí.

―Jesús ―grito, envolviendo mis brazos alrededor de mí y sin ofrecer resistencia cuando Edward me empuja contra su costado. Archie en su otro brazo, envuelto entre tantos gorros, bufandas y capuchas como Edward y yo pudimos encontrar, no es que le importe; está demasiado emocionado por la gran hoguera en la playa y la promesa de los fuegos artificiales como para preocuparse por algo tan insignificante como el frío.

Aunque ha caído la noche, la playa está viva, iluminada por las llamas, la luna se refleja brillantemente sobre el agua que choca contra la orilla. Las familias y los amigos se agrupan, bebiendo y comiendo, riendo y bailando en la arena.

Mientras caminamos, finalmente entiendo el atractivo. Las dunas detrás de nosotros ofrecerán una vista perfecta sobre el agua durante los fuegos artificiales; el ambiente es exuberante y lleno de promesas de celebración, el amanecer de un nuevo año y nuevos recuerdos.

Rose, Emmett, Alice y Jasper nos ven, nos hacen señas y nos gritan. Reímos, cambiando de dirección lentamente y acercándonos al grupo.

Emmett empuja una bebida en mi mano tan pronto como estoy lo suficientemente cerca, sacándome del agarre de Edward.

―¡Bells! ―llama a modo de saludo―. ¡Tardaron tanto tiempo en venir!

Todos los hombres les chocan los puños a Archie y Edward, las mujeres bañan al primero en besos, para consternación de Archie. A los cinco minutos de llegar, el frío se olvidó hace mucho y todos nos reímos.

Ya pasó la hora de dormir de Archie, pero no lo está afectando en absoluto. Se está riendo, saltando entre nuestros amigos, charlando alegremente, muy lejos del chico tranquilo de la noche de la fiesta de los Cullen.

De pie a un lado, les cuento a Rose y Alice lo que sucedió en la fiesta hace unos días, comenzando desde el principio.

―Siempre es así con su abuela ―explica Alice, frunciendo el ceño.

―¿Tenso? ―pregunto, incrédula.

Rose asiente y yo giro la cabeza hacia ella.

―Su casa es tan grande; son tan extravagantes y exigentes con los modales. ¿No recuerdas cómo era cuando éramos más jóvenes?

Niego con la cabeza porque en realidad no lo recuerdo.

―Supongo que nunca le presté mucha atención.

―Tiene buenas intenciones ―continúa―, pero Archie se asusta, creo. ―Ante mis ojos muy abiertos, se apresura a corregirse―. No tiene miedo de ser regañado o lastimado, joder, no, no son tan malos. Simplemente no creo que él sepa cómo actuar, así que se queda callado. Es mucho más sensible de lo que deja ver. A menudo veo ese lado de él porque, supongo, siente que puede ser él mismo con nosotros.

Asiento con la cabeza, mirando hacia donde los chicos están sentados en la arena, a una distancia segura de las llamas crepitantes. Pero Edward no está ahí. Archie está sentado entre Emmett y Jasper, gesticulando salvajemente con los brazos mientras habla. Observo a mi alrededor, mis ojos exploran la oscuridad de la playa.

Cuando lo encuentro, me muerdo el labio, notando con quién está hablando. Está más cerca de la costa, más iluminado por la luna que por la hoguera, pero no hay duda de que es él y con quién está. Está hablando con sus padres, su cuerpo se inclina más hacia su madre, su lenguaje corporal me dice todo lo que necesito saber. Le está reclamando por lo que le dije en el auto. Sus ojos fríos se encuentran con los míos brevemente antes de volver a mirar a su hijo, dándole la impresión de que está escuchando con atención. Cuando Edward pasa una mano por su cabello, luciendo más y más exasperado con cada segundo que pasa, Rose se ríe.

―Oh-oh ―canta, tomando un largo trago de su cerveza―. Nunca llegaste a esa parte de la historia, ¿verdad?

―No ―bromeo, desviando la mirada de esa escena y decidiendo contarles el resto de la historia.

Mientras hablo, Alice y Rose se ríen apropiadamente, sorprendidas por el comportamiento y las palabras de Esme.

―¿Estás bromeando? ―inquiere Alice, con los ojos muy abiertos, la incredulidad evidente en su tono.

―Maldita perra ―agrega Rose, negando con la cabeza―. Cruzó la línea.

Me encojo de hombros, diciéndome a mí misma que no me importa. Realmente no lo hace, a pesar de mi pequeño lloriqueo en el coche. No es Esme quien me importa o su opinión sobre mí. Son Edward y Archie, y el problema que puede causar: la brecha que puede abrir entre nosotros. Eso es lo que me preocupa.

Le doy la espalda a Edward y sus padres, quitando la tentación de mirar. Me lo dirá cuando esté listo; sacar mis propias conclusiones probablemente no sea la mejor idea en este momento.

―Tengo que decir, chica… ―Alice se ríe entre dientes—. Nunca pensé que serías tú quien regresara a la ciudad y causara un drama.

Todos nos reímos porque ella tiene razón. Siempre he rehuido al drama, sin embargo, aquí estoy, con un novio que en este momento está discutiendo verbalmente con sus padres por mis sentimientos heridos, y con un niño al que me he vuelto tan ridículamente apegada y que no puedo imaginar mi vida sin él, es para morirse. Este es el dominio de Rose, todos lo sabemos; nos reímos más fuerte cuando digo eso.

Finalmente, Edward se acerca y, convenientemente, Rose y Alice desaparecen.

―¿Estás bien? ―pregunto mientras se detiene frente a mí. Él asiente, inclinando la cabeza para besarme suavemente.

―Lo estoy ahora ―responde, besando mi frente ligeramente.

―¿Quieres hablar de ello?

―Más tarde ―suspira, jalándome a sus brazos. Voy de buena gana―. Solo necesito que sepas que nada de lo que ella diga o haga cambiará lo que siento por ti. Te amo y su comportamiento ha sido repugnante. Lo siento.

Niego con la cabeza contra su pecho.

―Está bien ―le aseguro, aunque mi voz se ahoga contra su grueso abrigo―. Ella no me asusta.

―Bien. ―Aprieta su brazo alrededor de mí, y por un segundo, me pierdo en él―. Te amo.

―Te amo más. ―Sonrío, miro hacia arriba y apoyo la barbilla en su pecho.

―No es posible ―argumenta a la ligera, sonriéndome.

―Sabes ―comienzo, arriesgándome y esperando que valga la pena. Y tal vez me esté sobrepasando, pero vale la pena intentarlo―. Hay un gran preescolar enfrente de donde estaré trabajando.

―Lo hay ―confirma, levantando una ceja. Estoy bastante segura de que sabe a dónde voy con esto, a juzgar por su sonrisa.

―Y terminaré de trabajar todos los días antes de que cierre. Estaré trabajando de lunes a viernes... y estaré en casa a las cuatro de la tarde.

―Qué lindo. ―Asiento, de repente tímida, enterrando mi cabeza en su suave pecho, gimiendo de vergüenza―. ¿Bella? ―Levanto la mirada, mordiéndome el labio―. ¿Estás sugiriendo lo que creo que estás sugiriendo?

―Creo que sí. ―Mis dientes tienen un agarre muy fuerte en mi labio inferior. Edward levanta su mano, liberando mi labio de los confines de mis dientes.

―¿Quieres que Archie vaya a esa escuela y… —respira hondo—… lo recogerás todos los días?

Asiento con la cabeza.

―Tiene sentido, ¿verdad? De esa manera, él pasará todos los días en casa, y tú volverás a casa sabiendo que está allí, y te verá todas las mañanas y... ―divago―. Simplemente tiene sentido, pero entiendo por qué no querrías interrumpir su rutina actual también, y está bien. Lo entiendo; fue solo una sugerencia.

¡Cállate la boca, Bella!

―¿Realmente harías eso? ―cuestiona, su voz tensa, sus ojos brillando intensamente, incluso en la oscuridad. De nuevo, asiento con la cabeza y cierro los ojos mientras acaricia mi fría mejilla con el pulgar―. Jesús, Bella. ―Y luego sus labios están sobre los míos, con fuerza. Él vierte todo en ese beso y yo lo tomo todo, sintiendo lo mucho que esto significa para él―. No tienes idea… ―bufa cuando nos separamos, dejando que su frente descanse contra la mía—, cuánto significa eso para mí. Lo que eso significa para mí.

―Lo quiero, Edward ―le aseguro―, lo quiero todo.

―Lo tienes ―se ahoga, su voz tan llena de emoción que mis ojos se llenan de lágrimas―. Lo tienes ―suspira, besando mi rostro por todas partes, haciéndome reír―. Te amo mucho.

―Yo también te amo, loco.

Cuando faltan diez minutos para que suene la medianoche, todos nos dirigimos hacia las dunas. La elevación ofrece la vista perfecta.

Archie se deja caer al suelo frente a mí y yo envuelvo mis brazos alrededor de él, jalándolo contra mi pecho para que esté sentado entre mis piernas. Se ríe, echando la cabeza hacia atrás para mirarme. Sonrío ampliamente y hago un escándalo para besar su frente, lo que lo hace reír más fuerte.

No me pierdo la forma en que Esme nos observa desde su lugar a unos metros de distancia, pero no dejo que eso me moleste. Archie podría haberse sentado en cualquier lugar y eligió sentarse aquí.

Siento a Edward caer detrás de mí y me apoyo en él mientras estira las piernas a ambos lados de mí. Cuando deja caer su barbilla sobre mi hombro y envuelve sus brazos alrededor de Archie y de mí, giro mi cabeza para besar su mejilla rápidamente.

―¿Dónde están? ―se queja Archie, inclinándose hacia mí, sus manos en las espinillas de Edward.

―Paciencia, amigo ―responde Edward―, en cualquier momento.

Y luego todos en la playa están contando en voz alta, gritando mientras los segundos se acercan al Año Nuevo.

DIEZ

Los brazos de Edward se aprietan alrededor de Archie y de mí.

NUEVE...

Me recuesto en su fuerte pecho, apretando a Archie, haciéndolo reír a través de su emoción.

OCHO...

Archie rebota en el acto, apretando los vaqueros de Edward con más fuerza.

SIETE...

Los labios de Edward contra mi mejilla envían ráfagas de fuego por mis venas.

SEIS...

La cabeza de Archie cae hacia atrás, su sonrisa amplia mientras mira a su papá y a mí. Ambos le devolvemos la sonrisa, igual de grande.

CINCO...

―Te amo ―susurra Edward. Nunca me cansaré de escucharlo.

CUATRO...

»Los amo a los dos ―declara Edward lo suficientemente alto como para que Archie también lo escuche.

TRES...

―Te amo ―le digo a Edward, mirando hacia arriba, reflejando su sonrisa.

DOS...

»Yo también los amo a los dos ―le informo a Archie, besando su mejilla con fuerza.

UNO...

―¡Te amo! ―grita en dirección a Edward, volviéndose rápidamente hacia mí―. ¡Y te amo! ―grita emocionado, mirándome directamente.

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Pero no escucho nada. Entre la conmoción, los gritos y la celebración, todo lo que escucho son las palabras de Archie que resuenan con fuerza en mis oídos. Todo lo que siento es la frente de Edward contra mi hombro y la forma en que sus brazos me sostienen.

Cuando finalmente aparto la mirada de Archie, que está saltando, apuntando hacia el cielo y diciendo "oh" mientras las luces brillantes de los fuegos artificiales rebotan en su rostro, encuentro los ojos de Edward y mi respiración se entrecorta. Una lágrima rueda por su mejilla, sus ojos reflejan tanta emoción que es difícil de descifrar. Pero cuando su cabeza se inclina y sus labios se encuentran con los míos, me dice todo lo que espero escuchar.

Él está feliz. Está abrumado, pero feliz. Con mi boca, trato de devolver el sentimiento.

Los fuegos artificiales que estallan en el cielo no son nada comparados con lo que está sucediendo entre nosotros mientras nos sentamos en la arena en la oscuridad, rodeados de gente, la mayoría de los cuales son extraños.

Pero Archie está aquí, y constantemente somos conscientes de dónde está exactamente, por lo que nos separamos, a regañadientes. Sus fuertes brazos me acercan más mientras volvemos nuestra atención al niño que todavía está saltando, completamente inconsciente de su padre y de mí, observando el cielo y las luces brillantes explotando sobre él.

Y no es la primera vez que me deleito en la compañía de ambos chicos, sabiendo que somos una familia. Una verdadera familia. Porque la familia es lo que haces; no es necesariamente sangre, es un vínculo, es amor y es incondicional. Está tan arraigado y es tan fuerte que no hay nada que puedas hacer para detener su crecimiento.

Hace solo seis semanas, dos chicos entraron en mi vida desde la casa de al lado, y nunca miré hacia atrás. No pienso hacerlo nunca. Encontré todo lo que nunca supe que necesitaba, y si mi vida no me ofrece nada más, estaré perfectamente contenta. Si es así, moriré como la mujer más feliz que jamás haya existido.

Cuando lo sabes, lo sabes. El tiempo no importa, la edad no importa, tu pasado no importa. Es modesto; consume y lo abarca todo. Es perfecto.

Todo lo que puedo esperar es que Archie sepa que obtuvo su deseo de Navidad. No podría amarlo más de lo que ya lo amo, incluso si lo hubiera dado a luz.

¿En cuanto a su papá? Puede que haya estado enamorada de él desde siempre, pero ahora puedo decir, sin la menor duda, que lo amaré para siempre.

Este no era solo el deseo de Archie, también era mío, y tal vez incluso de Edward, solo que a los adultos les tomó un poco más de tiempo ponerse al día.

Mirando hacia el cielo, sonrío ampliamente cuando Archie se deja caer frente a mí ahora que los fuegos artificiales terminaron, feliz de que una familia sea de por vida, no solo por Navidad... porque nunca voy a dejar ir a estos dos.

FIN.


Bueno, llegamos al final de esta hermosa historia, espero que les haya gustado tanto como a mí. Quiero pedirles de nuevo que vayan a dejar Review a la historia original, para agradecerle a la autora que autorizara la traducción, les dejo aquí una opción, pero ya saben que en la publicación marcada en el grupo hay más, el enlace a la historia está en mi perfil, no les va a tomar más que un par de minutos copiar el review, abrir el enlace y pegarlo, y significará mucho para la autora y para mí.

"I want to thank you for allowing Sarai the translation of this beautiful, romantic and sweet story. I loved every chapter of it. Again, thanks. Greetings from XX"