Les deseo una muy feliz navidad desde un autobús hacia un nuevo lugar. Que disfruten su lectura, y aunque sea bastante oscura, les mando un fuerte abrazo.
4. Segregados
Desde que nací he sido consciente de que no todos podemos tener una vida fácil o acomodada como la de los unicornios y demás ponys que viven en Canterlot. Me negaron la entrada a la escuela regular después de que la escuela de vuelo cerrara, y mi contacto en Ponyville, una unicornio de vida modesta, me habló de los sucesos escalofriantes que vio la semana pasada.
Tal como lo dijo Spitfire, Ponyville es uno de esos lugares en Equestria a los que no te gustaría acercarte; asaltantes, estafadores, ladrones y un ocasional asesino eran los que deambulaban por sus calles, además de unos cuantos pandilleros a la espera. Por mi parte, ya me conocen por esos rumbos, así que voy sin mucho miedo. Eso sí, trato de no irme durante la noche.
Incluso cuando vas bajando del tren te das cuenta de la mala reputación del pueblo, pues la basura y las calles sucias son lo primero que te dan la bienvenida; con el tiempo aprendes a sortear todo esto, es parte del oficio del reportero, aunque tomando en cuenta las noticias que mi contacto me dio por correspondencia, dudé mucho en venir.
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El olor de la cerveza inundó el olfato de Laysip, quien buscó con la mirada a su contacto, que tanto le urgía verla, y no fue muy difícil encontrarla, pues siempre la esperaba en la barra, justo en la esquina antes de llegar a la puerta de la cocina. Ella le sonrió cuando la vio acercarse.
—Laysip, qué bueno que viniste. —dijo la yegua dando un sorbo a su trago, donde yacían unos cuantos hielos a medio derretir.
—También me da gusto verte Rarity, ¿cómo estás?
—Meh, lo de siempre —contestó la yegua con una menguante sonrisa—, ¿te apetece algo? Yo invito esta vez.
Conociendo la situación económica de su contacto, Laysip declinó la oferta y Rarity no insistió, aunque sí fue una sorpresa no verla con el mismo brillo de siempre. No traía un vestido o mucho maquillaje, sólo su cabello suelto y tapando uno de sus ojos, nada habitual para ella que le gustaba peinarse diferente cada día.
—Quisiera decirte que tengo buenas noticias para ti, pero no lo son.
—Lo sé, leí tu carta, ¿en serio las cosas fueron…?
—Horribles… sigo sin sacármelo de la cabeza, ¿sabes?
La mirada de Rarity se perdió por un momento en su trago. Laysip no la apresuró porque sabía -por experiencia- que un trauma no era fácil de poner en palabras. Rarity había usado esa palabra: TRAUMA.
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La noche estaba un poco fría, Rarity salía de un restaurante con una orden de 3 hamburguesas y papas fritas para compartir con alguien muy especial que siempre veía de camino a casa; para los lugareños más experimentados, Ponyville durante la noche era un patio de juegos, y fuera de unas cuantas miradas lascivas y "piropos" muy inapropiados, ella encontró fácilmente lo que buscaba en una calle solitaria y poco iluminada.
Cuando llegó cerca de la escuela, apenas pudo ver su silueta gracias a los vestigios de niebla que había por los alrededores; la pequeña pegaso estaba sentada y sujetándose la barriga, así que se acercó, esperando que ella aceptara la comida. Aunque cuando estuvo cerca, pudo escucharla quejarse y toser un poco.
—¿Scootaloo? ¡Mira, traje un poco de comida! Creo que…
Sin embargo, Rarity se quedó mirando el aspecto demacrado y sucio de la potranca, y si bien la suciedad no era rara en ella, verla sangrar por la nariz sí que lo fue; apresuró un poco el paso, la luz de la farola era la única iluminación que les permitía verse en las penumbras, apartando la niebla, aunque daba un aire de ultratumba.
—¡Scootaloo, dime qué pasó! —gritó de forma alterada, preocupada de que alguien le hubiera hecho daño.
—Yo… —su voz fue interrumpida por una tos que le hizo salivar de color azul, que poco a poco se tornaba violeta por la sangre de su boca— no me siento… nada bien.
El horror escaló por el cuerpo de Rarity cuando la pequeña niña alzó la cara, mostrándole sus ojos a medio consumir por cientos de insectos que la devoraban desde adentro. La unicornio un dio grito que se perdió en la oscuridad de la noche al ver el repugnante aspecto de Scootaloo.
Las hamburguesas fueron a parar al suelo cuando ella se apresuró a recogerla del sitio donde estaba sentada. No alcanzaron a ir muy lejos de la luz de la farola cuando la niña murió dando una arcada que liberó un capullo azul por su boca. Rarity la dejó caer, estaba asqueada de ver cómo aquel bulto se movía, y unas patas parecidas a las de una mosca luchaban por salir.
La cara de Scootaloo se perdía entre las sombras, pero Rarity todavía alcanzó a ver cómo su escuálido cuerpecillo era invadido y devorado por aquellos minúsculos insectos. No pudiendo resistir todo el terror y el asco, salió corriendo sin siquiera avisarle a nadie, sintiendo un millón de cosquilleos asquerosos recorriéndole el cuerpo.
Alcanzó a dar un vistazo antes de dar vuelta en la avenida, y aunque parecían imaginaciones suyas, claramente vio cómo el cuerpo seguía moviéndose, no porque Scootaloo siguiera aferrándose a vivir, sino porque su cadáver estaba infestado de insectos.
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Laysip no dio crédito a lo que escuchaba, incluso dejó de apuntar cuando mencionó la parte de sus ojos, pero cuando vio su gesto asqueado, aterrorizado, y que unas lágrimas le habían corrido el rímel, supo que no estaba mintiendo. La sola idea de imaginar lo que vio le hizo temblar ahí donde estaba sentada. Rarity seguía perdida en su trago.
—Y… ¿qué pasó después?
Rarity se encogió de hombros, moqueando.
—En el periódico leí que su cuerpo fue retirado de la calle por la brigada de salubridad en la mañana —le dio un trago a su bebida antes de continuar hablando—. Je, toda la semana me he preguntado: ¿y si la hubiera llevado a vivir conmigo y Sweetie Belle? ¿Ella seguiría viva? Siento que pude haber hecho más por ella… por una niña de la calle.
—Eso es un pensamiento muy generoso —contestó Laysip recordando el detalle de las hamburguesas. Pero Rarity carraspeó con amargura.
—¿De qué sirve la generosidad si no tienes recursos? Apenas puedo mantenerme a mí y a Sweetie Belle.
De la nada, aparecieron dos unicornios más, dueños de una tienda de empeño que Laysip conocía muy bien por sus baratos precios… y por la basura que vendían. Flim y Flam.
—Hola, preciosa ¿estás disponible? —le preguntó el del bigote a Rarity.
—Hoy no trabajo, piérdanse —contestó de forma hosca.
Los dos hermanos se retiraron lejos de ellas, hasta el otro lado de la barra donde el cantinero les pasó una cerveza a cada quien. La reportera estaba un poco incómoda, y Rarity bastante apenada.
—Es cumpleaños de Sweetie Belle, sólo espero que salga de la escuela para poder ir a comer —le aclaró a Laysip.
Hubo un largo silencio incómodo en el que Laysip sacó un billete de 200 bits que puso sobre la barra y lo deslizó hacia ella con una sonrisa.
—Estuve muy ocupada, pero no me olvidé de ella, cómprale algo bonito, ¿sí? Lamento no haber traído nada.
Rarity sonrió y, porque también era una yegua de buenos modales, no rechazó el obsequio. Un poco de dinero de buena fe nunca viene mal.
—Perdona, me distraje —se aclaró la garganta con el último sorbo de su bebida—. Te digo, no puedo sacarme eso de la cabeza, pero fue el destino de una pequeña abandonada a la suerte en las calles… y yo no pude hacer nada. Jamás puedo hacer nada.
Una vez más las lágrimas, pero hizo hasta lo imposible por reprimirlas. Laysip la conocía muy bien para saber que hablaba con la verdad, pero la situación tan terrorífica no ameritaba para menos.
—Los fumigadores llegaron, como siempre, muy tarde ¿a quién le importan los ponys de Ponyville de todos modos? Sólo quiero ahorrar lo suficiente para irnos de esta cloaca. Mi hermana merece crecer en un sitio mejor que este lugar.
—Si necesitas un poco de dinero…
—¡No, no! Jaja, no te preocupes, si me veo muy apretada lo pediré, te lo prometo —se apresuró a decir con una sonrisa—. Necesitaré esa ayuda, pero no es ahora, te lo aseguro.
Unos minutos más tarde, las dos fueron a recoger a Sweetie Belle en la escuela y de paso charlar un poco, hasta la estación de tren. Para entonces ya eran las 4 de la tarde, se despidieron en la estación con un abrazo que Rarity estrechó con ganas.
—¿Prometes publicar esto? —preguntó.
—Lo prometo, lo que pasó con Scootaloo no quedará en el olvido.
—Gracias —dijo ella aguantando el llanto—, gracias por ser mi amiga.
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Una pequeña pegaso olvidada en las calles, una unicornio obligada a entregarse a extraños todos los días para darle una vida digna a su hermana menor. El bienestar no es para todos por igual, algunos tuvimos la suerte de nacer más o menos bien, pero otros no son tan afortunados.
Son muy pocos los que notan que algo va mal, otros tantos lo resienten, pero por su ritmo de vida no se detienen a cuestionarse los motivos. Todos los días me levanto, esperando nunca leer en los periódicos que Rarity o Sweetie Belle, o cualquiera de mis amigos ya no están conmigo. Y aún así, de verdad la admiro por aferrarse a esa generosidad. El simple hecho de darle de comer un marginado dice mucho de quién es un pony.
Al menos me queda el consuelo de que esta noche estarán las dos juntas, pasando el cumpleaños de Sweetie Belle con una rebanada de pastel para las dos.
Y con eso terminamos el capítulo de esta noche, y quizá también el último del año. Aprovecho para decirles que no se les olvide alcoholizarse en compañía de sus amigos y seres queridos, también coman hasta reventar y no olviden bloquear el número de sus exparejas para no iniciar el año con el pie izquierdo xD
Ya nos leemos después, muchas gracias por pasarse a leer un rato. Hasta la próxima.
