¡PRIMER CAPÍTULO DEL AÑO! A mis lectores: espero que lo disfruten uwu


5. Un suceso extraño

Cuando Spitfire me dio la autorización de ir a Crisa para investigar la falta de agua, me detuve por unas horas en las colinas rocosas al oeste de Equestria, donde llegaban la mayoría de refugiados de aquella ciudad. Se trataba del primer páramo al que llegaban, y aquello era más que nada un decir, pues aunque casi no había agua, sin duda les iba mejor que allá.

Sus aspectos demacrados eran algo de no creer; labios partidos y sangrantes, delgadez anormal, ojos rojos, pelaje y piel seca, sin mencionar que algunos alucinaban y otros más caían desfallecidos. Los pocos médicos del pueblo no se daban abasto, incluso preguntaban a los policías del sitio cuándo llegaría más ayuda, pero ninguno contestaba algo con certeza.

Sin mencionar la indiferencia de algunos habitantes, muchos de ellos juraban que los cabecillas del pueblo hacían lo que podían por conseguir ayuda, pero no recibían respuesta, y esto me dejó algo intrigada. Así pues, decidí investigar un poco, lo que no fue muy difícil.

A todos lados donde miraras había enormes rocas, y una familia minera se encargaba de dirigir todo el lugar, sin mucho rebuscar, todos daban señales de quiénes eran: La Familia Pie.


Laysip le regaló su botella de agua a una pony que cargaba a su potrillo en brazos, los dos tenían un aspecto tan desmejorado que la reportera sintió una terrible ansiedad al mirarlos, pero ellos agradecieron y se apresuraron a tomar un poco. De la oficina salió una yegua delgada de color rosa, con una melena lacia y aspecto indiferente y sobrio.

—¿Usted quería hablar con alguien de la familia Pie?

—Sí señora —dijo la pegaso extendiendo una tarjeta de contacto—, me llamo Laysip Page, reportera de La Gaceta de Cloudsdale.

La yegua tomó la tarjeta y no la miró por más de un segundo antes de alzar la ceja con incredulidad.

—¿Una reportera? Vaya sorpresa, eso me agrada —luego la miró a los ojos y sonrió sin mucho entusiasmo—, yo soy Pinkamena Diane Pie, la menor de la familia. Hoy me toca hacerme cargo de la oficina, camine conmigo por favor, tengo algo que mostrarle.

Las dos caminaron a la par, pero Laysip se quedó un poco confundida por sus palabras, era como si ella la estuviera esperando. Salieron de la oficina y caminaron de nuevo. Pinkamena miraba a todos lados, observando las actividades de quienes trataban de ayudar trayendo agua de los pozos y los médicos tratando a los deshidratados.

—Es una vista deprimente, ¿no? Mi pueblo nunca fue muy bonito, pero esto lo ha convertido en un auténtico desastre. Tratamos de ayudar, incluso hemos pedido ayuda, pero nadie parece recibir nuestras noticias. Mis hermanas y yo hacemos lo que podemos, dejar la mina sin supervisión sería un terrible error con tantos ponys allá abajo.

—¿Muchos trabajadores?

—Aumentaron cuando llegaron los migrantes de Crisa —Pinkamena suspiró con cansancio—. Mi papá es el encargado de la mina, cuando vio la oportunidad de tener más empleados no lo pensó demasiado. Muchos quisieron quedarse porque había trabajo y agua, luego la noticia se corrió, pero no la llevo a ver eso.

Se dirigieron a un gran silo cercado, desde lejos se podían ver varios obreros manchados con algo color negro en la cara, lo cual extrañó bastante a Laysip, quien no dudó en tomar una foto. Lo que traían no parecía nada hecho por la naturaleza, era como un líquido impregnado en la piel.

—¿Por qué están manchados, señora Pinkamena? No son minas de carbón. Ni siquiera son manchas de tierra o sudor.

—Lo que quiero mostrarle es algo relacionado a eso —luego se detuvo y volteó a mirarla con seriedad, Laysip incluso sintió un escalofrío al ver sus inexpresivos ojos azules—, por favor llámame Pinkie, a lo mejor no se nota, pero tenemos casi la misma edad.

Pasaron el silo, el cual era la entrada a la mina, tomando un sendero hacia dentro de una cueva que le dio un poco de mala espina a Laysip, hasta que vislumbró un poco de luz y un ascensor que era cuidado por una unicornio que se apresuró a encender el mecanismo; abrieron la puerta y después de un traqueteo comenzaron a descender.

—Esta parte de la mina es nueva, ni siquiera la hemos cercado y tenemos una muy buena razón para eso. Si comienzas a sentir calor, sólo dímelo y te daré algo para refrescarte.

—Descuida, creo que puedo soportarlo, sólo me incomoda un poco la oscuridad, supongo que ya estás acostumbrada.

—Sí… aunque eso no mejora el sitio a donde vamos —Pinkie carraspeó y se limpió unas gotas de sudor de la frente—. Hace dos meses fallecieron diez empleados cuando sucedió un derrumbe, cosa que jamás había pasado cuando recolectamos cristales y gemas. Fue lo primero que notificamos, pero ahora lo llamo un gran casualidad, porque ¿sabes? La carta jamás llegó, fue la única que quedó en el buzón del pueblo, y me alegra que nos hayamos dado cuenta antes de mandar otra. Para entonces, ya teníamos una extraña noción de lo que sucedía.

Conforme siguieron descendiendo, el calor se volvía más y más fuerte, Laysip comenzó a limpiarse el sudor de los ojos y se agarró el cabello con una liga, cosa que también hizo Pinkie, aunque resultaba un poco difícil por la oscuridad.

—¿Qué fue lo que causó el derrumbe? —preguntó Laysip.

—Una burbuja de aire caliente, como sabrás, eso no es normal a tantos metros debajo del nivel del suelo. Cuando se liberó ese aire, mató seis ponys. Los otros cuatro murieron cuando se abrió la entrada hacia la burbuja de aire, ahí es a donde nos dirigimos ahora. Descuida, ya no es peligroso, pero sí puedo decirte que ahora esto se convirtió en… bueno, no lo sé.

Minutos después, el ascensor se detuvo y una luz azul se hizo presente. Laysip tuvo problemas por acostumbrarse a la oscuridad y Pinkie la ayudó a caminar sin mucho problema. Sin embargo, un terrible espanto subió por la garganta de la reportera cuando pudo ver lo que había en la cueva subterránea a donde llegaron.

Eran miles y miles de osamentas, tantos huesos que ella no podía creerlo; todos flotaban en un líquido espeso y luminiscente de color azul, había tantos que a muchos cráneos ni siquiera podía verles la forma, aunque algunos tenían cuernos, otros no, y algunos estaban incompletos.

—Hemos sacado huesos que creemos son de minotauros, algunos de changelings, grifos, unos pocos dragones, pero la mayoría son de ponys.

—¿Saben de dónde provienen?

Pinkie negó con la cabeza, su aspecto serio se volvió asqueado y quizá un poco molesto, pero continuó hablando.

—No, no lo sabemos, y muchos trabajadores tampoco, la cuadrilla que descubrió este sitio es la única que lo sabe. No queremos sembrar el pánico hasta tener algo concreto. Por eso dije que fue una gran casualidad que se haya quedado la carta, si el Reino se hubiera enterado de esto, no sé qué habrían hecho.

—Y esto… ¿qué tiene que ver con las manchas negras en los ponys?

Pinkie volteó a mirarla de nuevo con una amigable sonrisa.

—¡Nada, era la sala de mantenimiento! —le dijo para luego caminar con ella hacia el ascensor—. Deberías revisarte los ojos, reportera, se ve que eso es aceite a leguas de distancia, me la pusiste fácil.

Las dos subieron de nuevo, aunque antes Laysip le pidió a Pinkie tomar algunas fotos y ella no se opuso, lo cual le seguía pareciendo extraño. Sobre todo porque Pinkie parecía cambiar de humor muy rápido, y vaya que su intento de broma la puso bastante tensa el tener que subir juntas de nuevo, y no era como que el ascensor fuera muy espacioso.

—Te estaba esperando, ya lo sabes —dijo Pinkie luego de unos minutos de silencio—. Conozco a una traficante que se hace llamar "La Hechicera". Desde que comenzaron a llegar los refugiados, le pedí que me trajera periódicos de toda Equestria, a veces se tarda un par de meses en venir, pero vale la pena, porque me ha hecho darme cuenta de quiénes se preocupan de verdad, y la Gaceta de Cloudsdale parecen ser de los más honrados.

—Lo tomaré como un halago.

—¡Lo es, por eso te dejé tomar fotos! Pero las excavaciones no han terminado, y bueno, sé que mi palabra no es mucho, pero…

Laysip sintió una terrible opresión en el pecho y la sensación de ansiedad en su estómago de nuevo. Estaba segura de que venía una petición.

—Dime un lugar seguro en Cloudsdale, me gustaría mandarte cartas con La Hechicera y mantenerte al tanto de esto. Te traje a este lugar porque sé que es algo grande y… me da la sensación de tú lo publicarías.

—Por supuesto, aunque me tomará algo de tiempo. Ahora mismo sólo hacía una escala para ir hasta Crisa, debo reportear la sequía que sucede allá, creo que les pasa algo parecido a tu pueblo.

Pinkie lo pensó por un momento, hasta que subieron de nuevo a la refrescante superficie y salieron de la cueva, fue como un respiro helado que hasta las hizo temblar por el brusco cambio de temperatura.

—Haré que dos polis te acompañen, te daré unos bidones de agua.

—¿Eso para qué? Digo, no planeo estar mucho allá.

—Para que no te coman viva —aclaró con un deje de preocupación—. Traes una cámara, algunas pertenencias, y eres una yegua. No importa que seas reportera, eres presa fácil para los oportunistas. El agua es la moneda de cambio en ese sitio, y como no hay, muchos se han desplazado hacia el interior de Equestria. Los que se han quedado quieren agua, comida… o un pago en especie, si sabes a lo que me refiero. Aunque eso sólo se lo piden a las yeguas, nunca falta un rarito que lo pida también a otros machos.

Laysip quedó estupefacta con lo dicho por Pinkie, así que se fue en el primer tren a la mañana siguiente, con una maleta extra llena con bidones de un litro de agua.


No imaginaba que la situación en Crisa fuera tan crítica, pero ya no hay vuelta atrás. Y además de mis amigos, ahora también tengo un compromiso con Pinkie Pie y La Hechicera, esa cueva llena de huesos no puede ser algo natural; y si bien hay muchos sitios de Equestria sin explorar, puedo jurar que ese líquido azul lo he visto en otro lado. Aunque la ansiedad ahora mismo no me deja recordar en dónde.

Desearía haberle dicho algunas palabras cariñosas a Derpy antes de venir en vez de una escueta despedida temporal. Me asusta el lugar a donde voy, suena incluso peor que Ponyville. Sé que es el oficio del reportero, pero por primera vez, lloré por haber insistido tanto en cubrir una noticia… además, ¿vale la pena? ¿Algo cambiaría si traigo noticias, fotos, un testigo o algo más?

Supongo que nunca lo sabré si no lo intento, o si no vuelvo. Ahora mismo, lo único que quiero es un abrazo. Todo parece tan irreal, y también tan horrorosamente cierto, sólo me queda confiar en que habrá alguien dispuesto a decirme algo. Tengo que ser rápida y muy inteligente si quiero salir de esto… o tener un golpe de suerte.


Con eso terminamos por esta vez, espero que les haya gustado. Les deseo un muy feliz año nuevo, y les mando un gran abrazo desde atrás de mi celular xD