- ¿Comprometido? - Repitió Atenea furiosa - ¿Comprometido?
- Al parecer padre se nos adelantó - Se burló Artemis, divertido de ver a su siempre taciturna hermana perder los estribos.
Scorpius tenía la mirada perdida, Garrick el mismo semblante serio y peligroso de siempre. Claramente el único que la estaba pasando bien en ese momento era su hermano, con esa estúpida sonrisa que nunca borraba.
- ¿Cómo pueden comprometer al príncipe heredero con la hija del enemigo? - Insistió Atenea sin importarle sonar celosa e insegura. Scorpius era suyo, lo amaba desde siempre, y ahora estaba comprometido con una chiquilla cualquiera. ¡No era justo!
- La hija del enemigo tiene un buen apellido - Contradijo Artemis seriamente - Albus Potter es nuestro aliado pero si Lily decide revelarse, sus hombres se unirían a ella. Por lo que veo, si es prometida del heredero Malfoy no hay manera en que la traicionen. Esos hombres ya no tienen por quién luchar para vengar la muerte de Harry Potter.
- No pueden casarme - Murmuró Scorpius, quien sonaba demasiado ensimismado en sus pensamientos, lo cual solamente logró ofuscarla más.
- El rey puede - Contradijo Garrick con indiferencia, como si estuviera por encima de esos asuntos - Y como tu padre ya firmó el acuerdo, creo que no tienes opción.
- ¡No! - Gritó Atenea con impotencia.
- ¿Cómo es ella? - Preguntó Artemis disfrutando verla perder sus cabales - Todavía no tuve oportunidad de conocer a la pequeña florecita de Gryffindor.
- No es fea. Una cara redonda y pecho plano - Contestó su letal amigo encogiéndose de hombros – Una niña que acaba de sangrar, será fácil de controlar.
- ¿Y la cabeza de los Potter? - Indagó Artemis refiriéndose a James y Ginny.
- Colgadas de una pica en el castillo de Gryffindor - Dijo Garrick poniéndolos al día con todas las novedades - Albus pensó que sería bueno para que su gente recuerde cuál Potter está vivo y cual está muerto.
No podía escucharlos un segundo más. Estaba a punto de perder la cordura y a sus amigos no parecía importarles. Prácticamente se habían criado juntos; Garrick, Scorpius, su hermano y ella. Atenea estuvo toda su vida enamorada del Scorpius Malfoy. Su padre servía a Draco Malfoy y un matrimonio con él siempre estuvo mencionado más nunca concretado. Ahora todas sus esperanzas se venían debajo, debía soportar que el hombre a quien le entregó su virtud se case con una virgen enemiga.
- Déjenos solos - Pidió Atenea a su hermano y a Garrick. Ambos se miraron y luego miraron a Scorpius quien seguía con la mirada perdida.
- Estaremos en la casa del placer por sí nos necesitas - Dijo su hermano antes de despedirse.
Idiotas, solo pensaban en burdeles y prostitutas. Scorpius no, Scorpius pensaba en ella. Y muy pronto solo tendría cabeza para su nueva esposa.
- Te casarás con ella – Rompió el silencio sin saber que decir luego.
- Tengo que hacerlo - Contestó él.
Al menos la consolaba saber que se escuchaba desanimado, como si la idea no le agradase del todo. Tal vez había esperanza.
- ¿Te enamorarás de ella?
La miró como si estuviera loca, como si hubiera dicho algo ridículo, y eso terminó por alentarla. Al parecer si había luz al final de ese horrible túnel.
Scorpius dio un paso hacia ella y sujeto sus mejillas con ambas manos, juntando sus frentes.
- Nunca amaré a otra mujer - Prometió el rubio - Eres la única dueña de mi corazón, de mi cuerpo y de mi alma…
- Esa mujer será tu dueña ante los demás - Se burló la pelinegra despechada.
- Nunca. Me encargaré de que el resto del mundo sepa a quien le pertenezco. Podré casarme con Lily Potter, pero todos sabrán que ella no significa nada para mí. Te lo prometo.
Eran palabras dulces, palabras que le gustaba oír, pero había aprendido que los hombres tienen una mejor habilidad para endulzar el oído que para cumplir sus promesas.
- Demuéstralo - Pidió ella.
Esa misma noche se armó un gran festín de festejo. Habían ganado la rebelión sin necesidad de ir a la guerra, una verdadera razón para celebrar. Una docena de hombres, y James Potter no era más que una cabeza sobre una pica en el castillo que su hermano menor gobernaría. Su padre Blaise era verdaderamente un genio.
- Lady Atenea - Saludó Albus Potter, inclinándose para besar su mano - Un gusto conocerla.
- El gusto es mío, mi señor - Respondió mirando a quien había vendido a su hermano. Un jugador maquiavélico y listo sin lugar a dudas. Alguien que se adaptaría perfectamente a la vida de la Capital si lo desease - Espero que disfrute de la Capital.
- Por supuesto, yo…
- Lord Potter - Saludó Scorpius acercándose - ¿Me permite un momento? Me gustaría hablar con usted a solas.
Miró con curiosidad cómo ambos hombres se alejaban. Intentando leer sus labios para descifrar lo que decían. Estaba tan sumergida en sus pensamientos que ni siquiera notó cuando Garrick se acercó a ella por detrás.
- Le está pidiendo permiso para humillar a su hermana - Reveló su amigo, logrando que Atenea diera media vuelta y olvidara mirarlos.
- ¿Cómo lo sabes? - Preguntó, asegurándose de que solamente Garrick y Dolohov (su inseparable guarda) sean quienes escucharan.
- Porque tu hermano tuvo que convencerlo de hacerlo. No parecía diplomático golpear a la hermana de alguien cuando acabas de firmar la paz.
- ¿Scorpius planea golpearla?
- Mencionó algo de humillarla sin quitarle la virtud - Explicó su amigo encogiéndose de hombros - Nos pidió a mí y a tu hermano que nos encargáramos de ello personalmente.
- ¿Y? – Inquirió con impaciencia.
- Considerando que está estrechando las manos con Albus Potter en este momento, creo que no tienes por qué temer de que roben el corazón de tu amante.
