Lucy Weasley no podía dormir bien esa noche, daba vueltas en la cama pero extrañamente no había forma de conciliar el sueño. Finalmente se rindió y decidió levantarse. La luz que entraba por la ventaba era suficiente como para iluminar su habitación de forma que no chocase con los muebles, por lo que no fue necesario prender velas.

Salió de su habitación para dirigirse a las cocinas y pedirles a las sirvientas que le prepararan leche tibia que le ayude a dormir. No había guardias en su puerta puesto que su padre no tenía grandes ejércitos de hombres, pero como estaba en su hogar no corría peligro dentro.

A veces envidiaba las riquezas de su tío Bill quien como hijo mayor heredó toda la fortuna de los Weasley, o el poder de su tío Ronald quien como mano derecha del antiguo rey se hizo de un vasto territorio lleno de temibles hombres que lo veneraban, o incluso el carisma de su tío George quien consiguió tantos amigos y aliados que su hija Roxane tendría hombres fieles que protegieran sus tierras aun siendo ella una mujer. En cambio su padre no había heredado fortunas ni había sabido cómo hacerlas, solamente tenía un apellido famoso y era el cuarto hijo directo en la línea de sucesión (eso porque había muerto un hermano mayor y si no se contaban a los hijos de sus relativos). Solamente poseían tierras para cultivar, ser señor de unos pocos granjeros y vivir de lo que cosechaban de la tierra. Simplemente tenía un apellido famoso y el título de noble.

- ¿Mi lady? - Preguntó un muchacho de la cocina al verla - ¿Qué hace despierta?

Estaba a punto de decirle que un joven de servicio no debería hablar con tanta familiaridad a la noble del castillo. Sin embargo un extraño ruido la interrumpió. Algo demasiado extraño, como sí…

- Están atacando el castillo - Dijo el muchacho de la cocina para sí mismo - Mi lady, debe huir.

¿Atacando el castillo? Pero eso no tenía sentido. Nunca los habían atacado y habían vivido allí desde… Lucy empalideció de repente y cayó en cuenta de que habían estado a salvo porque el rey Harry los mantenía a salvo. Ahora el rey era otro, uno a quien su padre se había negado a jurar lealtad.

- Mi hermana - Masculló ella - Mi padre.

- No hay tiempo - Gritó el muchacho mientras el sonido de los hombres atacando la puerta de entrada respaldaba sus palabras - Sígame.

El cuerno que indicaba el ataque resonó en sus oídos, estaba aterrada. Dejó que el muchacho de la cocina tomara su mano y la guiará por los recovecos donde se instalaban los sirvientes. El sonido de la puerta derrumbándose a lo lejos le heló la sangre. Tal vez no podía verlo, pero podía asegurar que los pocos hombres que protegían el castillo estaban siendo masacrados o huían despavoridos en ese momento.

Entraron a una habitación y el muchacho le tendió ropas de sirvienta. El plan no era huir, era disfrazarse.

- ¡Vístase! - Ordenó el joven de la cocina. Estatura mediana, nariz larga, cejas espesas y castañas, cabello ondulado y una pequeña cicatriz en la ceja. Tenía el rostro bondadoso y aterrado, pero a la vez destilaba valentía al cometer tal acto de imprudencia. Salvar a la noble que sería ejecutada, implicaba la muerte si lo descubrían.

No pudo evitar sonrojarse mientras se despojaba de sus ropas y se colocaba las prendas de servicio. Una tela más tosca y sin gracia, pero que podría ser la diferencia entre la vida o la muerte.

Una vez que estuvo lista, ocultaron sus ropas debajo de la cama y casi en ese mismo instante entraron dos hombres. Dos soldados con las espadas en alto que portaban el basilisco blindado en su armadura… Soldados de los Malfoy.

- Tomamos el castillo, salgan ahora - Ordenó uno con voz gruesa.

Estaba tan aterrada que agachar la cabeza y fingir ser de baja cuna no le resultó difícil. Si bien estaba demasiado aseada para ser alguien de servicio, los soldados no sospecharon en ningún momento que estaban frente a una valiosa rehén.

Pronto todos los sirvientes y campesinos de las tierras de su padre estuvieron reunidos a las puertas del castillo, rodeados de cientos de soldados Malfoy. Lucy se atrevió a levantar la mirada y reconoció algunos rostros aun a la luz de las antorchas. Los campesinos que trabajan para su padre a quienes habrían regalado en pequeño pedazo de tierra, pero no había rastro de…

- Padre… - Murmuró con voz ahogada.

Afortunadamente el muchacho de la cocina, quien continuaba a su lado, fue el único que la escuchó, por lo que nuevamente osó tomar su mano y apretarla con fuerza como una advertencia de que no debía decir nada. No debía delatarse.

Su padre y su hermana estaban siendo fuertemente sujetados por soldados de los Malfoy, y toda pequeña llama de esperanza se apagó cuando vio al mismísimo príncipe acercarse a ellos sobre un caballo blanco.

- Mis señores - Dijo Scorpius Malfoy sin necesidad de levantar la voz - Percy Weasley ha negado la paz al negar una alianza con mi familia. Mi padre me ha encomendado llevarle la cabeza de todos los traidores que lleven la sangre de Percy Weasley, pero aquí solo veo a una de sus hijas. Entréguenme a Lucy Weasley y serán recompensados. Quien me diga donde esta Lady Lucy, recibirá todas las posesiones de Percy Weasley junto con sus títulos.

No bastaron ni dos segundos para darse cuenta de que no tenía aliados tan leales como su tío George o su tío Ron.

- ¡Las caballerizas! - Exclamó uno.

- Déjeme buscar en el castillo, mi príncipe.

- ¡Yo la traeré!

- No debe estar muy lejos.

Scorpius Malfoy sonrió complacido, y con una seña de cabeza uno de sus hombres se acercó con la espada en alto y otro obligó a su hermana Molly a arrodillarse.

- Me alegra ver su lealtad para con la corona, mis señores - Dijo Scorpius complacido - Los Weasley han sido injustos con ustedes, viviendo a costa de su trabajo y sin pagarles un precio justo. Esos tiempos han cambiado y el reino se encargará de que todo el pueblo reciba lo que merece por su trabajo.

Escuchó espantada como algunos apoyaban al príncipe entre susurros, mostrando su acuerdo con las palabras que recibían. Y más espantada estuvo cuando agacharon la cabeza de su hermana a fuerzas e hicieron un ademán de bajar la espada.

- ¡Mi príncipe! - Lloraba su padre desconsolado - ¡Doblaré la rodilla, seré leal a su familia por perpetuidad, lo juro! ¡Deje a mi hija y haré lo que me ordene, pero no la lastime!

El príncipe ignoró las palabras de su padre, quien entre gritos desgarradores y llanto, tuvo que ver como decapitaban a su primogénita frente a sus propios ojos.

- ¡Quien encuentre a Lucy Weasley y me la entregue viva o muerta recibirá la recompensa! - Prometió el príncipe - Mientras tanto dejaré las tierras en manos de quien me entregue la cabeza de este cobarde.

Como lobos hambrientos los vasallos de su padre corrieron para atacarlo. Lanzándose sobre él como si se tratara de su única oportunidad para ver la luz luego de años de oscuridad.

Lucy no pudo moverse, no pudo apartar la vista, no pudo darse cuenta que las lágrimas corrían por sus mejillas desde que vio a su hermana ser decapitada y que no pararon mientras veía a su padre ser descuartizado. Ni siquiera fue capaz de darse cuenta que una mano aun la sostenía con fuerza. El muchacho de la cocina aun no la entregaba.

- ¡Busquen a Lucy Weasley! - Ordenó el príncipe con diversión, al ver la horda de campesinos que se movían al compás de sus órdenes.

El joven jaló de su mano, aprovechando el tumulto que había y el caos que se manejaba a su alrededor. Seguramente parecían una joven pareja de enamorados que desesperadamente buscaban el favor de la corona. Extrañamente nadie parecía mirarse a los ojos, como si esperaran que Lucy estuviera escondida detrás de un árbol utilizando las finas sedas con las que solía vestir.

Llegaron a la orilla del río, junto a las canoas que utilizaban para la pesca, había unos pocos hombres a metros de ellos buscando con la ayuda de la luz del amanecer que osaba con cernirse sobre sus cabezas.

- No puedo - Dijo Lucy mientras el muchacho de la cocina preparaba el pequeño bote de pesca. No entendía por qué la ayudaba ni tampoco le importaba, solamente quería deshacerse del hoyo negro en su corazón que crecía y crecía. ¿Para qué huir? ¿Para qué vivir? Lo había perdido todo.

- Lo hará - Aseguró el joven con determinación, clavando sus ojos color miel sobre ella. ¿Por qué la ayudaba? ¿Por qué no reclamaba el favor de la corona por su cabeza? Una palabra suya y sería el nuevo lord de las tierras. Una palabra suya y el estandarte de Murtlap pertenecería a sus hijos y los hijos de sus hijos.

- ¡Ahí está!

Sintió como la empujaban sobre la canoa, por lo que Lucy cayó sin poder apoyar sus manos en la madera. Una vez que levantó la cabeza encontró al joven luchando como podía contra un hombre mucho más grande y más fuerte.

No supo bien qué fue lo que la impulsó, pero tomó la piedra más grande que encontró cerca de la orilla y, aun sobre el bote, golpeó al campesino en la cabeza, salvando a su salvador.

- ¿Cuál es tu nombre? - Le preguntó al joven mientras intentaba subir a la canoa.

Sin obtener respuesta escucharon que más hombres se acercaban a ellos. Esta vez demasiados como para poder vencerlos con una simple piedra y un ayudante de cocina.

- Nigel, mi lady - Contestó antes de empujar la canoa, dejando que se la llevara el río.

El cielo estaba teñido de un tono naranja, ya amanecía y las cosas parecían ser más claras. Al alejarse por la fuerza del agua, solamente pudo ver a Nigel quien huía de los hombres que veían la canoa que se llevaba su recompensa. Pocos minutos después Nigel no fue más que un recuerdo, lo único real eran las cabezas de su padre y de su hermana, siendo arrancadas de sus cuerpos.