Scorpius Malfoy había llegado en la mañana, luego de utilizar el desmembramiento de Percy Weasley como un pequeño mensaje a los nobles que aún no juraban lealtad a la corona, y se reunió con su primo (y su inseparable guarda) en la taberna menos precaria que pudo encontrar, para ponerse al tanto de las novedades del reino.

- ¿Aún no encuentran a Lucy Weasley? - Preguntó Garrick dejando caer con fuerza su tarro de cerveza sobre la mesa.

- Eso no importa - Contestó Scorpius evitando observar a su alrededor. Una cosa era que su primo se sintiera cómodo en lugares de mala muerte, pero como príncipe debía valorar más su posición - ¿A qué hora se marcha?

La partida de Atenea lo tenía en un intenso malestar. Al parecer su padre lo había enviado a una misión de bajo riesgo solamente para alejarlo de la Capital y que no arruine el compromiso entre su amante y el salvaje del Bosque.

Antes de que su primo o Dolohov pudieran responder, un mensajero del reino ingresó al lugar para contestar su pregunta. Debían dirigirse al palacio para despedir a los nuevos aliados de la corona, los Weasley del Bosque.

Todo el camino hasta los límites de los jardines reales Scorpius se mantuvo en silencio, posiblemente era la primera vez que Scorpius se mostraba más taciturno que su primo y Dolohov, pero estaba demasiado impactado y frustrado como para formar palabra. Al llegar al lugar encontraron a los salvajes a punto de marchar con Atenea, quien se despedía de su hermano y su padre. A su vez, los Weasley y sus soldados se despedían de Rose y Lily Potter.

- Buena fortuna - Le deseó Garrick a Atenea una vez que ésta se separó de Blaise, y rápidamente dejó espacio a Scorpius para que se despidiera de ella.

Como estaba frente a sus padres y el padre de ella no podía hacer nada estúpido, nada que delate que Atenea ya no era doncella pues la deshonraría, así que optó por mirarla a los ojos e intentar transmitirle todo lo que sentía; amor, devoción, deseo, admiración, respeto…

- Espero verla pronto nuevamente, lady Atenea - Dijo con honestidad.

La pelinegra asintió, mientras sus ojos se humedecían.

- Espero lo mismo, Alteza.

Antes de que ninguno pudiese hacer algo más comprometedor, lord Blaise Zabini la animó a subir a los carruajes de los Weasley. No pudieron decirse más, fue una despedida demasiado insípida para los sentimientos que Atenea le generaba, era su mejor amiga y amante. Sentía que algo se iba con ella, que le estaban arrebatando parte de su ser, la parte más noble, y un inmediato deseo de venganza surgió, debía vengarse de los familiares de quienes lo separaban de Atenea.

- Su Majestad, es de mi agrado hacerle saber que la misión que me fue encomendada fue un éxito - Comentó Scorpius lo suficientemente alto como para llamar la atención de todos, incluido la prima y la hermana del futuro esposo de Atenea - Percy Weasley fue descuartizado por sus hombres, su hija mayor decapitada, y todos los campesinos están en busca de la menor para asesinarla.

Tanto sus padres como los padres de Garrick e inclusive Blaise Zabini, lo miraron con sorpresa, como si no supieran que Scorpius estaba encomendado de instaurar la paz a la fuerza.

- Lleven al príncipe a sus habitaciones, debe estar cansado por su viaje - Ordenó el rey a los guardias del lugar, sin siquiera contestar a su hijo.

Nadie se atrevió a intervenir por el príncipe. Los aliados de los Malfoy, incluido Albus Potter, se quedaron en silencio, optando por mirar entre Scorpius o a las familiares de los recientemente asesinados.

Una vez que Scorpius se retiró. Todos centraron su atención en Rose y Lily.

- Lady Potter, la espero esta noche para cenar - Invitó el rey - Los Zabini y su hermano también nos honrarán con su compañía.

- Será un honor, su Majestad - Contestó Lily con voz compungida, se encontraba tan pálida que parecía capaz de desmayarse de un momento a otro. Claramente le había afectado la noticia que regaló su prometido.

- ¿Nos acompañan, mi lord? - Preguntó Draco a Theodore y Daphne Nott.

- Gracias, Majestad. Me temo que preparamos una cena con nuestra futura nuera - Negó Theodore sin dar paso a discusiones, demostrando ser uno de los pocos hombres del reino que podrían negarse a una invitación directa del rey.

Dicho eso todos se dispersaron. Rose y Lily fueron escoltadas por guardias de confianza de sus futuras familias políticas, por lo que no tuvieron oportunidad de hablar en privado.

Cuando llegó la hora de la cena los sirvientes encargados buscaron a las futuras novias para sus respectivas cenas en la Capital.

- Lady Potter, luce radiante - Alagó Blaise Zabini con descaro, pues la pobre muchacha lucía como un cadáver salido de ultratumba tras escuchar que su prometido había asesinado a su tío y primas.

- Es muy amable, mi lord.

Intentaron hablar sobre temas alternos, pero era claro que el elefante de la habitación debía salir en algún momento. Fue Albus Potter el encargado de sacarlo. No lo hizo por mala intención, sino porque agarrar el toro por las astas muchas veces era la mejor manera de hacer entrar en razón a la gente, y hacer entrar en razón a la gente era la mejor manera de garantizar la paz.

- ¿Es demasiado atrevimiento preguntar los detalles del ataque contra el cobarde de mi tío? - Preguntó Albus.

Lily no pudo evitar un quejido de llanto el cual, a pesar de no sonar muy fuerte, fue lo suficientemente llamativo como para que todos sean conscientes de ella.

- No creo que sea un tema apropiado para discutir con damas presentes - Intervino la reina mirando directamente a Lily.

- Gracias, Majestad - Murmuró ella genuinamente agradecido.

- ¿Agradecer por no mencionar como terminan los traidores? - Preguntó Artemis, lo suficientemente molesto porque su hermana era rehén del Bosque Prohibido, como para cuestionar la palabra de la reina.

- Supongo que Artemis tiene razón - Dijo el rey para sí mismo, agitando la copa de vino - La lealtad no está garantizada por un matrimonio, ¿es que acaso no te agrada que la corona haga justicia contra quienes piensan traicionarla, niña?

Lily se sintió increíblemente turbada en ese momento. No pudo responder a pesar de que quería hacerlo. Quería mentir y salvar su pellejo, sabía que debía hacerlo, pero las palabras no salían de su boca. Todos la miraron por unos breves segundos, hasta que Astoria nuevamente abogó por ella.

- No creo que sean temas para mujeres, mi rey. Estoy segura que lady Potter demostrará su lealtad cuando tenga que parir los hijos del príncipe.

Y así se escapó el poco color que quedaba en el rostro de la hija de Harry Potter… En menos de dos meses se casaría con Scorpius Malfoy y tendría que parir a sus hijos.

En la sala este del castillo se ubicaba la torre asignada a la familia Nott, donde se presentaba una cena un poco más personal. Theodore Nott, su esposa, su hijo, el leal guarda Dolohov, y Rose Weasley.

Theodore y Daphne eran listos, querían ver lo que se uniría a sus familias. Sabían el poder que tenía el Bosque Prohibido, pero no conocían a la mocosa, y la mejor forma de conocerla era colocándola entre la espada y la pared; talento que tanto padres como hijo poseían.

- Eres una verdadera belleza, querida – Alagaba Daphne falsamente tras ordenar que sirvieran vino – Espero que la noticia de la muerte de tus primas no resulte demasiado dolorosa. Una mujer compungida no está en las mejores condiciones de casarse.

- Descuide, mi señora. Una noticia así jamás entorpecería mi compromiso – Respondió Rose con una leve risa – Si debo ser honesta mis primas nunca fueron muy agraciadas, la vida no hubiera sido amable con ellas de cualquier manera, así que una muerte rápida es un destino más misericordioso de lo que hubieran podido esperar.

Los hombres de la mesa se mostraron algo intrigados con la respuesta. Aunque posiblemente fuera Dolohov quien estaba más sorprendido por la indiferencia de la dama.

- Nunca encontraron a la menor - Intervino Daphne, esta vez mirando fijamente a su futura nuera.

- De haber llevado a Lord Garrick no hubiera pasado eso. Me temo que fue una mala decisión del rey no llevar al guerrero más diestro de reino.

- Me alegra que piense así, dulce niña - Felicitó Theodore Nott viendo que su mujer no lograba perturbar a la dama del Bosque – Deseo que hablemos con honestidad, no es nuestra intensión que se sienta incómoda en ningún momento, así que pensé en mantener esta conversación en privado. Imagino que debe ser complicado para usted tener que estar entre su familia y quien será su esposo. Por ejemplo, la buena relación que tenía Edward Lupin con su familia no es ningún secreto, el hecho de que fuera mi hijo quien lo asesinó con sus propias manos debe resultar perturbador.

Daphne, Garrick y Dolohov dibujaron leves sonrisas, como si estuvieran seguros de que eso lograría quebrar a la joven Weasley. En cambio, el patriarca la continuó mirando completamente sereno, pendiente de la mínima reacción de su futura nuera.

- ¿Perturbador? – Se atrevió a repetir Rose con una sonrisa traviesa – Agradezco su honestidad, mi señor; y debo pagar de la misma manera. Me temo que los rumores del Bosque son ciertos. Prácticamente soy la dama de una horda de salvajes. Admito que no es propio de una joven de alta cuna, pero me resulta imposible no admirar a un hombre con el poder de asesinar. Saber que mi futuro esposo es capaz de tomar una vida con sus propias manos, resulta casi divino. Un hombre que asesina es como un Dios al que se le debe suplicar misericordia, ¿no lo cree?

Daphne miró a lady Weasley con recelo, como si no le agradara que no temiera por su vida. En cambio, los hombres parecían más que complacidos con la respuesta, lucían sonrisas arrogantes y el mentón en alto. Theodore asintió con la cabeza, Dolohov brindó por ello, mientras que Garrick se permitió ver por primera vez a quien sería su prometida, alguien que prácticamente le había llamado un Dios.