Estaba sedienta, agotada, no había comido nada en casi dos días, y para colmo era perseguida por la corona. No estaba segura si el malestar que sentía se debía solamente a su fuerza física o también se sumaba el hecho de haber visto a su padre y hermana ser asesinados frente a sus ojos. Claro, el dolor emocional fue muy grande al principio, pero cuando no duermes, comes, bebes o te bañas apropiadamente en días, el dolor emocional pasa a ser un lujo del cual te olvidas.

A lo lejos pudo ver el fuego de una chimenea que sobresalía entre la maleza del espeso bosque, se debía tratar de una posada. Contó las pocas monedas que le quedaban, tres monedas de cobre para ser precisos. Inhaló profundamente y avanzó entre desanimada y esperanzada.

- ¿Tiene habitaciones? - Preguntó a una mujer regordeta con cara de pocos amigos que se encontraba detrás de la barra. La mujer la miró de arriba abajo y optó por ignorarla. ¡Una tabernera ignorando a una dama noble! - Pregunté si tenía habitaciones - Insistió Lucy Weasley con una valentía que no sabía que poseía, o tal vez solo se debía a que no sabía ser ignorada.

- ¿Tienes cómo pagar, muchacha? - Se burló la señora.

- Una moneda de cobre por noche - Contestó Lucy levantando la barbilla.

La mujer la miró nuevamente y dibujó una sonrisa falsa.

- Dos monedas de plata por noche y te quedas en una habitación compartida.

La noble abrió los ojos completamente ¡aquello era un abuso en todo sentido de la palabra!

- Yo podría pagar - Dijo un soldado que se encontraba en una mesa cercana con sus amigos - Pero tendrías que trabajar por ello.

- ¡Claro! - Aceptó Lucy sin saber que le estaban ofreciendo una propuesta indecorosa - Puedo cocinar, cuidar a los caballos…

Antes de que pudiese continuar, toda la mesa del soldado e incluso unas mesas más comenzaron a lanzar carcajadas escandalosas, hasta la mujer de la barra comenzó a reír.

- No es ese el tipo de trabajo que harías, muchacha - Se burló el soldado - Te quiero calentando mi cama, y si me aburres te vas a la calle y me busco a otra. ¿Entiendes?

Apretó los labios fuertemente. No se acostaría con alguien por un par de monedas de plata, ella era una dama de alta cuna y ese soldado era un… No pudo ocultar la sorpresa de su rostro cuando reconoció su uniforme, era un soldado de los Nott, con el Runespoor blindado en la armadura.

Agachó la mirada, esperando que los Malfoy no hubiesen dado muchas instrucciones a sus allegados de cómo lucía ella físicamente.

- Gracias - Le dijo a la mujer de la barra - Buscaré otro lugar.

Otro hombre de la mesa del soldado se levantó, mirándola con curiosidad.

- Y puedo preguntar, pequeña joven ¿Dónde pasarás la noche? Esta es la única posada a kilómetros de distancia. ¿Por qué tanta prisa por huir?

Sintió que su corazón latió con fuerza. Tal vez aquel hombre de cabello negro y barba de pocos días solamente se burlaba de ella, de que temiera acostarse con alguien por dinero… O tal vez sospechaba que una joven de cabello rubio haya empalidecido al ver soldados aliados a los hombres que mataron a lord Percy Weasley y su hija mayor.

- Tres monedas de cobre por una habitación compartida - Ofreció Lucy a la señora, ignorando al hombre que la miraba con gran curiosidad.

La mujer se quedó en silencio unos segundos, disfrutando de torturar a la pobre chica pues tres monedas por una noche era un precio exageradamente alto, finalmente aceptó con un asentimiento de cabeza y le indicó donde dormiría esa noche.

Subió los escalones de la posada, sintiendo la mirada de aquel hombre pelinegro en su cabeza. Finalmente llegó a la habitación y cerró la puerta con fuerza, respirando con dificultad.

- ¿Qué diablos…? - Preguntó una muchacha de su misma edad, pero quien claramente no había vivido sus mismas condiciones. Era una prostituta, se veía a leguas de distancia - Niña, parece que huyes de un fantasma.

- El hombre… de abajo - Tartamudeó Lucy mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y sus manos comenzaban a temblar - El que lleva el emblema del Runespoor

- ¿Emblema de qué? - Preguntó la prostituta que, claramente, tampoco había recibido educación formal como Lucy y no debía saber las insignias de cada familia noble.

- La serpiente de tres cabezas es un Runespoor, es el emblema de la familia Nott - Explicó Lucy aun agitada - Hay un hombre que no es soldado, pero compartía su mesa y…

- ¿Duncan? - La interrumpió nuevamente.

- ¿Se llama Duncan? ¿Cómo lo sabes? - Preguntó Lucy recelosa.

- Porque follamos anoche. Los hombres hablan cuando están contentos, ¡y vaya que lo dejé contento! Duncan es el hijo bastardo de un tal lord Nott.

- ¿Theodore Nott tiene un hijo bastardo?

Antes de que su compañera de habitación pudiera responder, alguien tocó la puerta de la habitación con violencia, logrando que el corazón de la única hija viva de Percy Weasley latiera con fuerza.

- Ayúdame - Suplicó Lucy a la prostituta - Quieren asesinarme porque soy de cuna noble, no dejes que me encuentren.

- ¿Qué ganaría yo? - Preguntó su compañera cruzando los brazos y levantando una ceja, lo cual de cierta forma resaltaba más su tan exagerado maquillaje - Si te entrego ganaría el favor de esos soldados y…

- Si me entregas no ganarás nada - Contradijo Lucy desesperadamente mientras tocaban con más fuerza a su puerta - Sabes que esos hombres no recompensarán a una prostituta por hacerles un favor, pero yo te debería mi vida y no tengo donde huir. No tendría otra razón de vivir que pagártelo con creces.

Con desesperación vio a la muchacha meditar sus palabras, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Finalmente, luego de lo que le parecieron días, obtuvo respuesta.

- Escóndete bajo la cama.

Lucy obedeció sin saber si la mujer que acababa de conocer preferiría el favor de unos soldados o el de una noble sin riquezas, sin embargo no tenía más opción que esconderse, era eso y tener una mínima esperanza de salir viva de todo ello, o entregarse y ser probablemente asesinada por el medio hermano del hacha del infierno.

Una vez que se encontró completamente escondida bajo la enmohecida madera y la sucia frazada, la prostituta abrió la puerta de la habitación.

- ¿Sí? - Preguntó con naturalidad ocultando la habitación con su cuerpo.

- ¿Dónde está la rubia? - Preguntó un hombre, quien seguramente era Duncan, con voz peligrosa.

- No vi a ninguna rubia. Estoy sola desde la mañana, y si quieres que eso cambie debes pagar, querido.

El hombre la ignoró y entró a la habitación con otros dos soldados, Lucy sintió el corazón latir con tal fuerza que probablemente la delataría, afortunadamente su salvadora parecía estar empinada en ayudarla.

- ¡No puedes entrar a mi habitación…!

¡Plaf! Uno de los hombres, no supo decir cuál pues solamente veía pies, le plantó una cachetada a la mujer, logrando que cayera contra el suelo.

- Cállate, golfa - Ordenó Duncan - No está aquí, registren todas las putas habitaciones del lugar. Encuéntrenla y tráiganla a mí.

Los hombres salieron, no sin antes patear en el estómago a la prostituta, quien gimió de dolor y se cubrió el vientre con las manos. Una vez que estuvieron a solas, Lucy salió arrastrándose de su escondite y tomó la mano de su salvadora.

- No puedo agradecértelo lo suficiente. Me salvaste la vida… Yo te lo pagaré, lo prometo, yo…

- Lo harás - Sentenció la mujer aun con las manos sobre el vientre - Debemos irnos ahora, buscar al menos una granja donde dormir, y pensar en cómo mi nueva amiga me pagará este favor.

- Salgamos por la ventana - Sugirió Lucy.

- Ayúdame a sacar las sabanas - Ordenó la prostituta.

- ¿Robar?

La mirada que le dedicó fue suficiente como para entender que en ese mundo no había cabida para ese tipo de moralidad. Lucy enrolló las sábanas en silencio, hasta que ya no pudo aguantarlo.

- Gracias por salvarme… Soy Lucy Weasley y…

- Te llamaras Aylee y yo soy Greer - Interrumpió nuevamente la muchacha - Iremos a las aldeas que rodean la capital, allá hay más trabajo.