Hombres de más de dos metros de alto, salvajes con tatuajes en el rostro, otros que lucían como duendes por su delgadez y agilidad, tres mujeres con los pechos descubiertos, un jabalí, bárbaros con cascos hechos de huesos… Sí, estaba lejos de la capital.

- ¡Hogar dulce hogar! - Exclamó Hugo con los brazos levantados, caminando campante por el salón de la fortaleza del Bosque Prohibido - ¡La Capital apesta a esclavitud!

La gente del salón vitoreó las palabras de su prometido, quién siguió avanzando satisfecho ante las sonrisas de sus padres y admiración de su gente… si a ello se le podía llamar gente.

Atenea había escuchado historias sobre el Bosque Prohibido antes, incluso más cuando se concretó su compromiso, pero aquellas historias no se comparaban con la realidad. "Son salvajes peligrosos, solo se dejan gobernar por la familia directa de Ronald Weasley" le dijeron, pero era bien sabido que ningún hombre se atrevió a invadir esos terrenos y explorar más al respecto. Los rumores de carnívoros, paganos, sacrificios humanos y magia oscura, eran utilizados como historias para asustar a los niños pequeños de alta cuna, "si no terminas el entremés vendrán los hombres del Bosque a llevarte" o "si no cumples con el protocolo, los hombres del Bosque vendrán a comerte" pero claro, los rumores tenían que comenzar de algún lugar.

- ¿Es ella? - Preguntó una anciana apestosa, quien se acercó a Atenea hasta el punto de tocar su cabello y sujetar un liso mechón en sus arrugados dedos - No pertenece al Bosque.

Atenea intentó alejar las garras de la anciana de su sedosa cabellera con el movimiento menos perceptible que pudo. Sí, estaba ofendida pero también aterrada.

- Una engreída débil - Añadió uno de los hombres que lucía como duende, escupiendo en el suelo.

- No será una dama del Bosque - Negó un niño que solamente vestía con un pantalón marrón desgastado.

Uno a uno, todos parecieron empecinados en mostrar su descontento con ella, lo que curiosamente la ofuscó más. ¿Quiénes se creían esos salvajes para menospreciarla? ¡Por supuesto que no pertenecía allí, ella era una dama de alcurnia y esa era una tierra de bárbaros! ¿Por qué los Weasley no los silenciaban? ¿Acaso no tenían respeto?

- ¡No se compara a lady Rose! - Gritó una mujer robusta que llevaba los senos al aire. Si, aquello llegaba al absurdo.

- Suficiente, suficiente - Reía Hugo quien parecía encantado con ello.

- Entiendo sus preocupaciones, pero Lady Atenea tendrá tiempo para adaptarse - Prometió Ronald Weasley a su gente - Mañana mismo comenzaremos a mostrarle la realidad de la gente libre.

Los salvajes parecieron conformes con ello, pero continuaban mirándola con desconfianza. Gracias al cielo fue Hermione Weasley quien interrumpió su incomodidad y la invitó a dormir a su nueva habitación.

Dos muchachas, de quienes dudaba si eran doncellas pero al menos lucían normales, la escoltaron hasta sus aposentos. Al parecer no tendría guardas ni doncellas personales, pero supuso que eso al menos le permitiría no convivir demás con esos salvajes.

Recorrió su habitación con la mirada. Era amplia, con piedras grises que decoraban suelos y paredes, una mullida alfombra para dar la sensación de calor y una cama sin doseles. Se veía casi normal, al menos estaría relativamente cómoda.

- Esto apesta - Murmuró para sí misma cuando se encontró a solas.

Tras un suspiro resignado se acercó a su bacín para orinar, una vez que terminó notó el color amarillento que indicaba que todo estaba completamente normal. Lamentablemente normal. Tenía la esperanza de retrasar un poco su noche de bodas, pero no había rastro de sangre, ni…

Sangre. ¿Cuántas lunas que no sangraba?

Sintió que el tiempo se detenía mientras se daba cuenta de que ya hacían dos lunas que no utilizaba compresas. Sintió que el peso se le escapaba con lo delicado de la situación. Al parecer estaba embarazada de Scorpius Malfoy… Embarazada del príncipe y a punto de casarse con el heredero del Bosque Prohibido.

Claramente no logró conciliar el sueño esa noche. A la mañana siguiente ni siquiera esperó a la sirvienta (en parte porque no estaba segura si una doncella pudiese cumplir tal rol en dicha tierra), bajó al comedor vestida con un compuesto sencillo y se encontró con su prometido y sus suegros.

- Buenos días, quisiera escribir a mi padre e informarle que llegué a salvo - Mintió ella pues su verdadera intención era escribirle a Scorpius e informarle que llevaba un bastardo en el vientre.

- Lo siento, querida - Negó Ronald Weasley pelando un huevo duro sin mirarla - Los mensajeros que salen del Bosque cumplen órdenes muy específicas, y resulta imposible comunicarse de otra manera con el exterior, pero descuida, nosotros nos pondremos en contacto con la Capital para informar que llegaste a salvo.

Perfecto, era rehén de estos salvajes y nadie en el reino sabría lo que le harían.

Desayunó con dificultad y Hugo la invitó a recorrer el Bosque. En un principio iba a negarse, pero no ganaba nada quedándose encerrada, tal vez si conocía el exterior del castillo podría ver la manera de huir.

- ¿No vamos en caballo? - Preguntó Atenea al ver que su prometido tenía la intención de recorrer los terrenos a pie.

- Deja que te conozcan, mi gente es desconfiada con los invasores pero cuando te vean como parte del Bosque te protegerán con su vida - Explicó Hugo con un tono increíblemente amable, casi no parecía el idiota que amenazó con quitarle dientes si maltrataban a Lily Potter.

- Hay mucha vegetación - Comentó Atenea sin saber que decir. Habían pasado casi 40 minutos caminando en silencio, solamente deteniéndose para beber agua. Estaba aburrida y frustrada. Escapar de ese laberinto sería imposible.

- Es un bosque - Se burló Hugo divertido. Unos niños delgados se acercaron a ellos, y su prometido se alejó para atender asuntos con sus padres, quedándose Atenea bajo la fría mirada de los delgados infantes que solamente vestían con pantalones desgastados.

- Si lo traicionas te envenenaremos - Prometió uno de los niños luego de mirarla en silencio.

- ¿Qué? - Preguntó sorprendida mientras elevaba las cejas.

- Pétalo de Liz - Explicó el niño - Lo pondremos en tu bebida y morirás.

- ¿Pétalo de Liz? - Repitió Atenea con astucia, quizá esos niños pensaban que la espantaban, pero en realidad le estaban dando armas para defenderse en ese horrible lugar.

- Esas - Señaló el niño - Crecen en todo el Bosque, no dudaremos en utilizarlas.

Hugo llegó antes de que los niños continuaran amenazándola, y ambos retomaron la marcha. Aprovechando el mínimo momento de distracción de su captor, Atenea cogió una flor y la escondió entre sus ropas.

- ¿Regresamos? - Le preguntó Hugo.

- Seguro, estoy exhausta - Contestó ella. Hugo la miró con sorpresa, pero claro, no sabía que su prometida estaba embarazada.

Una vez que regresaron a las puertas del castillo se encontró con una escena verdaderamente terrorífica, mucho peor que la idea de niños escuálidos amenazando con envenenarla. Todo estaba listo para una ceremonia, una boda.

- Yo, yo… No tengo vestido - Intentó excusarse para evitar el matrimonio.

- Usarás ropas del Bosque - Explicó Hermione amablemente - Este compuesto es del clan Koi, este collar es de la tribu de Manhue, las tobilleras…

No, no, no. Se casaría con el señor de los salvajes en tierra de salvajes y usando ropa de salvajes… y tenía al hijo del príncipe en su vientre. ¿Cómo había llegado a esto? ¿Por qué Blaise Zabini la castigaba así? ¿Qué había hecho mal?

Una anciana, casi moribunda, fue quien ofició la ceremonia, uniendo barro en la frente de los novios y terminando con un canto ceremonial a quien todos se le unieron. Una vez que terminó el procedimiento, comenzó la fiesta… Una fiesta en la que sacrificaron animales y usaron su sangre para bendecir la unión… Una fiesta en la que sacerdotisa y hombres guerreros tuvieron relaciones sexuales frente a todos. Una fiesta en la que estaban ebrios y drogados probando plantas alucinógenas… Una fiesta muy distinta a las de las personas civilizadas.

- ¡Copular! - Gritó una mujer con la cabeza rapada y huesos perforados en su cuerpo.

- ¡Copular, copular! - Gritaron los demás, sin que Atenea supiera bien a que se referían.

- Es tradición que los novios tengan la primera relación sexual bajo las estrellas - Explicó su suegra.

- ¿Frente a todos? - Preguntó Atenea espantada.

- Frente a todos. Ellos no lo ven como una forma de adoración a la divinidad, el acto que permite el inicio de vida…

Genial… Sencillamente genial. Sintió las lágrimas acumularse en sus ojos. Estaba a punto de ser humillada frente a una horda de animales.

Hugo se acercó a ella y comenzó a desnudarla. Atenea sintió que salía de su cuerpo y veía todo desde afuera, fue como si se tratara de un sueño. Al menos tuvo el consuelo de saber que ese no sería el recuerdo de su primera vez, no, su primera vez fue con el hombre que amaba en la privacidad de una alcoba, como debe ser.

Una vez que Hugo acabó todos vitorearon, aplaudieron, incluso las mujeres se peleaban por quién tendría el honor de asearla. Extraño, realmente extraño. Todo aquello no podía ser real… pero al menos había terminado.

Esa noche durmió mejor, con una preocupación menos: su embarazo. Esperó dos semanas para dar la noticia y no causar sospechas.

- Estoy esperando un niño - Comentó en el desayuno.

Benjy se arrodilló, su suegro aplaudió extasiado, su esposo la besó casi con dulzura. Eran imbéciles y si no fuera por un pequeño detalle todo habría salido a la perfección.

Esa misma tarde, utilizando el embarazo como excusa, pidió descansar en sus aposentos. Pensaba que tal vez podría tener una tarde de paz en ese Bosque de bestias, sin embargo no contó con que hubiera una persona con cerebro en aquel horroroso lugar.

- ¿Podemos hablar? - Preguntó su suegra ingresando a su habitación sin siquiera tocar la puerta.

- Por supuesto - Contestó molesta por no tener guardias en las puertas. ¡Era una dama de alta cuna, no debería recibir visitas de esa forma!

- Curioso embarazo el tuyo - Mencionó Hermione yendo directo al grano - Tienes relaciones con mi hijo y dos semanas después esperas a su hijo…

- Sí, soy más fértil de lo que pensábamos - Se defendió Atenea mordiéndose la lengua para no rebajarse al nivel de la mujer que tenía en frente.

- Más curioso aún porque tu doncella de la Capital me aseguró que tus sábanas no se manchaban desde hace varias semanas…

Atenea cambió la expresión de molestia por una de susto. ¿Hermione Weasley sabía su secreto?

- Tuve muchas doncellas - Mintió ella - Y sangré en el camino hacia aquí…

- Escucha, linda. No te satanizo por no ser doncella antes de casarte - Interrumpió ella, utilizando un tono sospechosamente amable – Sin embargo, como madre, es mi deber proteger a mi hijo, y él está en su derecho de saber que no es el padre de esa criatura.

- Me mataran…

- Querida, eres una rehén demasiado valiosa - Aseguró Hermione - La muerte no te espera. Aunque debiste ser honesta desde un inicio, la gente del Bosque no es conservadora pero si honesta, y es un valor que buscan en sus líderes.

Hermione salió de la habitación sin decir más, dejando a Atenea en la penumbra de la situación. ¿Acaso esa demente esperaba que Atenea confesara que llevaba al bastardo del príncipe en el vientre? ¿Realmente sugirió que ese era el camino que debió optar?

Respiró profundamente y logró tranquilizarse. Una vez más calmada, tomó una decisión. Si querían jugar con ella, ella podía jugar mejor.

Atenea Zabini era peligrosa.

Atenea Zabini era inteligente.

Atenea Zabini… era la madre del hijo de Hugo Weasley, y nadie diría lo contrario. Al menos nadie vivo, pensó mientras sacaba la flor de Liz del escondite.

Al día siguiente, todo el Bosque estaba consternado: Hermione Weasley había muerto. Nadie podía entender cómo. La lealtad de los hombres del Bosque era incuestionable pero, de alguna forma, alguien la había envenenado en la noche.