Greer llegó furiosa, cerró la puerta con un golpe y se lanzó en la cama levantando el polvo que había en ella.
Lucy no pudo evitar toser a causa del polvo que había levantado su "amiga" en la pequeña habitación de esa taberna.
- ¿No tuviste suerte? - Preguntó a pesar de saber la respuesta.
- ¡Los capitanes de ejército son unos idiotas! ¿Cómo que no soy "lo suficientemente guapa" para interesarle? Esta así porque ganaron la batalla, pero juro que cuando me busque lo mandaré a cogerse una cabra.
Sintió una punzada en el estómago. En la taberna festejaban la muerte de Roxanne a vivas voces, y si bien le dolía, Lucy había sido testigo de la decapitación de su hermana y desmembramiento de su padre. Era como si a esas alturas habría muy pocas cosas que podían afectarla.
- Los capitanes tienen altos rangos y contactos - Opinó Lucy - Es como querer atraer un caballero de la corte. Debes lucir más… - La mirada de Greer la obligó a elegir las palabras correctas para no ofenderla - Más distinguida.
- ¿Distinguida?
- Son hombres que deben ver cómo sus superiores se pavonean con duquesas, ladys y reinas. Desean a las mujeres que no pueden tener. Apuesto que tendrías más suerte si lucieras como una mujer de alta cuna.
- ¿Apuestas? - Retó Greer - ¿Qué tan segura estás?
- ¿Qué?
- Si estás tan segura de lo que dices, demuéstralo.
- Sabes que no tengo nada para apostar - Dijo Lucy frunciendo el ceño. ¿Qué acaso las prostitutas no podían recibir un simple consejo? ¡Lucy sabía mucho más de hombres de la nobleza que ella!
- Dos monedas de cobre - Insistió Greer - Puedes ganarlas aseando tabernas por un tiempo.
La miró por unos segundos. El desafío estaba puesto, y tal vez se debía a que no quería perder contra alguien de baja cuna o que se encontraba aburrida, pero finalmente…
- De acuerdo - Aceptó Lucy con una sonrisa divertida - Pero debes dejar que yo te vista, te peine y te maquille, y debes recordar todas las normas sociales que diga.
- Sí, sí. Hazme una dama, lady Aylee - Se burló Greer metiéndose el dedo a la nariz inmediatamente después.
Lucy negó con la cabeza divertida, pero comenzó a prepararla. Escogió el vestido más decente de Greer y lo cosió un poco para que sea más recatado. Luego se ocupó de peinarla y borrar el excesivo maquillaje que siempre llevaba, repitiendo las normas básicas de buenos modales mientras la alistaba. Para esa misma noche, Greer parecía una persona completamente distinta. Le tendió un espejo y su compañera lanzó una carcajada.
- ¡Nadie va a cogerme!
- Solo vete - Pidió Lucy, agotada por el trabajo.
No había remendado los vestidos de la esposa del dueño de la taberna, y le había prometido arreglar tres vestidos para la mañana siguiente a cambio de una habitación. Resopló sabiendo que tendría que pasar toda la noche trabajando por culpa del estúpido juego con Greer, y una vez que estuvo a solas puso manos a la obra. Trabajó toda la noche, durante muchas horas hasta que finalmente el sueño la venció y quedó dormida.
¡Pam!
Lucy se sobresaltó con el ruido y levantó la cabeza. Greer la miraba desde arriba con una media sonrisa y le había lanzado una bolsita con monedas.
Frunciendo el ceño, cogió el pequeño saco y vio que debía tener al menos 20 monedas, incluyendo plata y oro.
- ¿Qué es esto? - Preguntó, sospechando que lo había robado de algún lado.
- Tú parte - Indicó Greer - Más dos monedas de cobre.
- ¿Qué…?
- Toda la noche estuve ocupada. Caballeros, generales… Todos bastante generosos y agradecidos, por cierto.
Su amiga dio media vuelta y comenzó a desnudarse para colocarse el camisón de dormir, pero alguien tocó la puerta y tuvo que abrir la puerta. Una morena pasó, a quien su compañera reconoció inmediatamente.
- ¿Lola? ¿Qué haces aquí? - Le preguntó a su compañera de rubro.
- ¿Es ella? - Preguntó mirando a Lucy - ¿Podrías ayudarme? Greer me contó que tú la peinaste y todo eso. Por supuesto te pagaría…
Lucy la miró sorprendida, asintiendo con la cabeza lentamente, e inmediatamente tuvo una idea. Una idea loca, disparatada, ridícula e inimaginable.
- Chicas, ¿Qué tal si…? ¿Qué tal sí se vuelven mis socias? Mañana compraré vestidos y accesorios. Todos los hombres nobles y ricos de la capital las aceptarían sin lugar a dudas…
Lola entrecerró los ojos pero finalmente dibujó una sonrisa y asintió con la cabeza. Greer la miró sorprendida, no pudiendo creer las palabras de su amiga.
- ¿Estás diciendo que quieres ser una Madame?
¿Era eso lo que estaba haciendo? ¿Manejar un negocio de prostitutas? ¿Lady Lucy Weasley se convertiría en algo tan bajo?
- Sí - Dijo Lucy - Es exactamente lo que estoy diciendo.
A la mañana siguiente, Lucy uso cada centavo que Greer le había dado la anterior noche, en comprar vestidos de buen gusto. Al regresar se esmeró en peinar y maquillar a Lola y Greer, repitiendo las normas de conducta y los protocolos esperados de las damas. Una vez listas, las chicas salieron a buscar clientes, y Lucy pudo comprobar el éxito de su idea. Era casi ridículo pero todos los hombres mostraban mucho más interés en sus chicas que en cualquier otra.
- ¿Tú eres la Madame? - Preguntó una prostituta mientras Lucy observaba contenta que Lola se llevaba de la mano a un general.
- ¿Por qué lo preguntas?
- Quiero ser tu socia.
- Yo también - Dijo una chica que había escuchado su conversación y se acercaba a ellas.
Al terminar la noche estaba agotada. Sin embargo sus esfuerzos habían dado frutos: sus chicas habían ganado bastante bien y le dieron parte del dinero, lo suficiente como para poder ampliar el negocio rápidamente.
Así, en pocas semanas Lucy Weasley pasó de ser una fugitiva de la corona sin dinero, poder ni amigos; a ser Aylee, la dueña de una pequeña pero reconocida casa del placer a las afueras de la capital.
